¿A qué edad empiezan las rabietas?

Las rabietas, cómo superarlas con amor y sin volverse loco

¿A qué edad empiezan las rabietas?

“Mi hijo llora enseguida cuando no hago lo que él quiere”, “mi hija se tira al suelo y grita cuando se enfada”, “cuando le digo que no pega y grita”, etc.

 Estas son algunas dudas que recibimos en Edúkame de padres preocupados por la conducta de sus hijos.

 Estos comportamientos corresponden a las típicas rabietas que los niños y niñas tienen entre los 18 meses y los 4 años de edad, debido a su poca tolerancia ante las frustraciones.

Nuestra experiencia nos dice que cuando los padres aprenden cómo manejar esta etapa, el resultado son niños más tranquilos y equilibrados emocionalmente.

Por lo tanto, niños felices y con más habilidades emocionales.

Edúkame tiene un gran interés en formar a los padres, ofreciéndoles información práctica y clara sobre el periodo de los berrinches, como podeis ver en el contenido premium SOS Tiene rabietas.

La etapa de las rabietas en la infancia es una fase normal en el desarrollo del niño, además de necesaria –aunque sea incómoda y difícil para los padres– para que los niños puedan aprender a tolerar la frustración, y a expresar y canalizar sus emociones negativas (ambas son buenas habilidades emocionales).

Un aprendizaje vital para vivir en una sociedad en la que tendrán que lidiar con normas, límites y renuncias, pues cuando sean adolescentes o adultos verán que no siempre las cosas serán como ellos deseen.

Como padres nos gustaría que estuvieran preparados para afrontarlos y gestionarlos de la mejor manera, ofreciéndoles felicidad.

La etapa de las rabietas le permiten al niño ir practicando para ganar en tolerancia ante sus propias frustraciones, desilusiones, reveses, pérdidas, errores, equivocaciones, etc. Por lo tanto, son oportunidades que tenemos los padres para enseñarles habilidades emocionales que les ayudarán a ser adolescentes y adultos con madurez interna.

¿Qué es una rabieta?

La rabieta es una explosión emocional, que sirve como canal para expresar emociones negativas de rabia o enfado.

Esta puede darse porque el niño no ha conseguido lo que deseaba, como por ejemplo: quedarse jugando en el parque y no irse a casa (como muestra el cuento La rabieta de Julieta), ponerse esa chaqueta y no la que le dice mamá, comerse una chocolatina y no el bocata, ir en brazos y no caminar, etc. También puede ser porque algo no le ha salido como él quería. Por ejemplo, una torre de construcciones que se cae, el castillo de arena que no ha quedado bien, el dibujo que no ha resultado como él quería, su coche de carreras que se acaba de romper, un puzle que no sabe cómo hacerlo y además no se deja guiar por mamá, querer comer o tal vez escribir solito y enfadarse porque no le sale bien, etc.

Tanto estas situaciones como otras ponen al niño pequeño en contacto con emociones negativas y de forma intensa –pues toda emoción en la infancia se vive de forma intensa–, que además todavía no sabe regular. Por eso se da la rabieta, porque expresa con todo el cuerpo su enfado ante el disgusto que siente, sin saber todavía cómo tolerar esa frustración.

Las rabietas infantiles son una parte normal del desarrollo y no se tienen que considerar algo negativo. Según sea el temperamento del niño o la niña, la rabieta se darán de forma regular, frecuente e intensa, o en pocas ocasiones.

¿Por qué surge?

A partir de los 18 meses y, sobre todo, de los 2 años en adelante, el niño ha ganado ciertas habilidades y madurez que le hacen ser más independiente: sabe caminar por sí solito, incluso correr, subir y bajarse de muchos lugares, sabe expresarse con palabras o pequeñas frases, etc.

Esta reciente autonomía le da un cierto poder que quiere empezar a practicar. Ya no depende tanto del adulto como en la etapa anterior de bebé en la que ni siquiera podía comer por él mismo o trasladar sus juguetes.

Ahora sabe expresar lo que quiere –o lo que no quiere– con gestos y palabras (aunque sea de forma rudimentaria) e incluso desplazarse por donde él quiere.

Así que ahora el pequeño de 18 meses o de 2 años y medio empieza a expresar sus deseos y espera obtener una respuesta inmediata y positiva por parte de sus padres o del adulto que esté a su cargo a sus voluntades. Cuando no es así, el niño siente una intensa frustración que por la inmadurez propia de la edad no sabe aún gestionar.

Es propio de la infancia que el niño quiera que se satisfagan siempre sus deseos, y además, sin espera, de forma rápida e inmediata (sobre todo antes de los 3 años).

Puede ser motivo de rabieta que le digas a tu niño: “sí, ahora te acompaño a tirarte por el tobogán”, pero que se enfade por esperar solo unos segundos.

De nuevo, le vence la rabia porque su deseo no es cumplido de forma inmediata.

Otro motivo de rabieta puede ser que el niño no tenga cubierta alguna necesidad. El hambre, el cansancio, el aburrimiento, el sueño, el sentirse solo o no atendido suelen desencadenar rabietas porque el niño siente una emoción desagradable y negativa y no sabe cómo gestionarla adecuadamente (ni sabrá, de momento, por la inmadurez de su edad).

¿Cuándo surge?

Las rabietas generalmente comienzan alrededor de la edad de 12 a 18 meses, empeoran entre los 2 y 3 años, luego disminuyen hacia los 4 años, y ya casi no se vuelven a presentar.

Entre los 2 y 3 años se suelen dar la mayoría de ellas, y, por tanto, son momentos de aprendizaje para nuestros pequeños. Necesitan aprender a regular la intensidad de sus emociones negativas y esto lo lograrán con entrenamiento. Por eso este periodo, aunque nos parezca largo y algo incómodo, es necesario para que puedan aprender a tolerar sus frustraciones y a autorregularse

Cómo superar la etapa de las rabietas

Tal y como hemos destacado en este póster -que en Edúkame hemos diseñado de forma exclusiva-los padres y educadores debemos saber qué podemos hacer antes de la rabieta, durante la rabieta y después de la rabieta.

La actuación recomendable antes de la rabieta es la prevención. Si reducimos los efectos que las provocan, nos permitirá tener que lidiar con menos escenas de rabietas, pero no evitarlas del todo (repito que tampoco es lo deseable, pues es un mecanismo sano de sacar una emoción desagradable y aprender a autorregularse).

Ofrecerles pautas claras para que se sepan qué deben hacer y que es lo que se espera de ellos; ajustar las normas y expectativas a su edas; mantener los objetos prohibidos fuera de su vista y de su alcance; atender sus propios limites de sueño y hambre; ofrecerles pocos «no» pero claros y darles tiempo de calidad son aspectos que suelen reducir considerablemente la intensidad y duración de esta etapa.

Durante la rabieta, hemos de vigilar que la expresion de enfado no se vuelva en contra del niño, es decir, que se cumplan estas tres reglas:

  1. No se hagan daño a ellos mismos: golpeándose la cabeza, tirándose fuertemente al suelo, pellizcándose, tirándose del cabello, arañándose los brazos o la cara, etc.
  2. No hagan daño a nadie: mordiendo, empujando, pegando a los demás, ya sea su amigo, su hermano, su madre, su padre, etc.
  3. No dañen nada: rompiendo objetos o golpearlos fuertemente.

Durante la rabieta hemos de protegerles para que no se hagan daño a ellos mismos, ni a nadie, ni a nada.

Después de la rabieta

Una vez pasada la explosión emocional que viene acompañada de llanto, gritos, pataletas, y una vez que el niño se haya calmado, es el momento de utilizar las palabras, la lógica o la razón (antes no).

Ahora sí podemos hablarle de cuál era la conducta adecuada, los motivos por los que no le hemos dejado hacer una cosa u otra, o cómo puede responder adecuadamente la próxima vez que se enfade: “ya veo que te ha enfadado que no te dejara ir descalzo por el parque, te puedes enfadar y llorar por ello pero no pegarme, cariño. Si pegas haces daño y eso no está bien”.

Poner palabras a sus emociones y acciones de forma sencilla, les ayuda a ir aprendiendo a identificarlas y nombrarlas y también a expresarlas de forma correcta. Es decir, les permite a aprender a gestionarlas.

El cuento La rabieta de Julieta permite tanto al niño como al adulto ir potenciando esta identificación emocional, fomentando el diálogo, la comunicación emocional sobre escenas de enfado o rabietas.

Además es un cuento divertido cuyas ilustraciones encantan a los más pequeños, ofrece preguntas de caracter emocional para que los niños las contesten y hablen padres e hijos sobre lo que les ocurre cuando se enfadan y de sus posibles soluciones.

Enseñarles cómo expresar la rabia

Debemos permitir la expresión de esta emoción pero también debemos enseñarles de qué forma la pueden descargar y de qué manera no lo deben hacer.

Las hojas del enfado son un recurso educativo y terapéutico que hemos diseñado en Edúkame para que podáis enseñar a vuestros hijos pequeños a expresar sus enfados a través de los colores y de acciones liberadoras como:  pisar estas hojas, arrugarlas fuertemente, romperlas, rasgarlas, agujerearlas con fuerza, etc. Acciones todas ella válidas con un material preparado para ello. De esta forma, se valida la emoción del niño mientras se le ofrecen recursos para canalizarla de forma sana.

Jugando, la mejor forma de aprender

En Edúkame sabemos que, durante la infancia, la mejor forma de aprender es a través del juego.

Por ese motivo, hemos creado el Juego Pim pam peta la rabieta de Julieta, para que los padres jueguen con sus hijos pequeños (a partir de los 2 años), a la vez que les sirve de recurso para mostrar a sus hijos maneras de canalizar la rabia de forma sana sin dañar a nada ni a nadie, maneras de calmarse tras la explosión emocional, ir ganando vocubulario emocional y todo ello en un ambiente relajado y lúdico y en familia.

Источник: https://edukame.com/las-rabietas-infantiles

Cómo actuar ante una rabieta, pataleta o berrinche

¿A qué edad empiezan las rabietas?

¿Cuántas veces hemos sido testigos de reacciones descontroladas y desmedidas por parte de los niños cuando no obtienen lo que quieren? En esos casos, lo que sucede es que están pasando por un episodio de pataleta o rabieta infantil, también conocido como berrinche.

Es normal que muchos padres se asusten o molesten por lo que está sucediendo, además de no saber cómo actuar ante tal situación, pero deben saber que no es algo atípico, que sucede con todos los niños en su primera infancia, y que siguiendo unos sencillos consejos se pueden encontrar fáciles soluciones para superar el momento incómodo.

Las rabietas o berrinches son reacciones por las que atraviesan todos los niños al inicio de la primera etapa de su infancia, que se manifiesta con molestias, llantos, gritos y pataletas que ni el niño ni sus padres pueden controlar, y que tiene una duración promedio de aproximadamente 15 minutos.

No todas las reacciones agresivas de un niño son una rabieta. Por lo general, los niños suelen molestarse cuando no se les complace sus exigencias, pero una rabieta en realidad va mucho más allá. Dependiendo del niño, esta alcanza un nivel superior cuando es:

  • motivada por la frustración acumulada de no haber satisfecho una serie de necesidades con el paso del tiempo, su reacción es exagerada, descontrolada y desmedida, cargada de altos niveles de ansiedad y desesperación.
  • motivada por una frustración inmediata, muchas veces esa inmediatez se debe a no saber decirle al niño “NO” antes determinadas situaciones, danto lugar a que el niño haya aprendido que con el lloro se consigue todo y tenga una reacción negativa cada vez que se le antoja algo. Puede darse el caso que los padres se nieguen a una petición de su hijo, y este proceda a iniciar de inmediato el arranque o berrinche, tirándose al suelo y comenzando a llorar, gritar y patalear, tal como podría ocurrir cuando pide que le compren un dulce en su visita al mercado, o un juguete en una tienda, y su demanda no es atendida. Por tanto el tiempo en que cada niño inicia ese proceso de pataleta está en función de sus características y aprendizaje anterior.

Usualmente, las rabietas comienzan a manifestarse entre los 12 y 18 meses de edad, y suelen intensificarse entre los 2 y 3 años, momento en el que comienzan a disminuir hasta que el niño cumpla los 4 años de edad.

El motivo por el cual surgen es que el infante empieza a desarrollar su propia personalidad y a declarar sus diversas necesidades, pero no cuenta con el control que este requiere para sentir que sus objetivos han sido satisfechos.

Además, la falta de vocabulario propia de su edad podría aumentar la frustración que siente al no poder comunicarse abiertamente, empeorando su reacción al sólo poder contar con los gritos, llantos y un lenguaje no verbal descontrolado. No hay que asustarse, los berrinches son normales en la edad en que suceden.

Aunque las pataletas puedan sentirse como algo desagradable para los padres, para los niños es mucho peor. Los niños que manifiestan una rabieta se encuentran en un estado que ellos mismos no pueden entender. Sus sentimientos les abruman a tal punto que se sienten realmente asustados.

Las rabietas actúan como medio para descargar toda la tensión acumulada, pero en el transcurso, el niño se encuentra fuera de sí mismo, aspecto que debe ser considerado por los adultos para saber cómo actuar; deben entender que ese comportamiento es un reflejo de su frustración, que ocurre de manera espontánea, y el niño muy probablemente no esté totalmente consciente de lo que sucede.

Cuando un niño tiene una rabieta, las reacciones pueden ser de lo más diversas, pero generalmente siguen un mismo patrón en todos los individuos.

Pueden comenzar a gritar con mucha fuerza, cada vez con más intensidad, hasta quedar sin voz, o correr y lanzarse al suelo dando golpes o patadas a todo lo que encuentre a su paso, por lo que los objetos a su alrededor deben ser retirados; en casos extremos pueden pasar largo rato sin poder respirar a causa del llanto, aunque no represente un grave peligro debido a que su mismo organismo obligará al niño a inspirar el aire necesario de vuelta a los pulmones. Ocasionalmente puede ocurrir sangrado en la nariz, a causa de la presión generada en la cabeza.

¿Cómo actuar ante una rabieta o berrinche?

Cuando un padre o madre se encuentra en la desagradable situación de tener que enfrentar una rabieta, lo más importante es tener en cuenta dos detalles: primero, el berrinche será simplemente imposible de manejar o controlar voluntariamente, y segundo, se debe mantener la calma hasta que el niño culmine el episodio espontáneamente.

Por otra parte, se deben evitar los regaños violentos, como pegarles o gritarles, ya que esto lo que hace es alimentar los sentimientos negativos que el niño tiene en ese momento y puede empeorar la situación.

Además, con el paso del tiempo, irá acostumbrándose a la idea de que los castigos físicos son algo normal, por lo que cada vez más surtirán un menor efecto.

Sencillamente no se debe discutir con el niño, debido a que este se encuentra fuera de los límites de la razón.

Todas estas situaciones obedecen a sentimientos de frustración por parte del infante al no poder conseguir algo que desean sin que, a su vez, puedan manifestar su inconformidad de alguna otra manera. Los padres deben procurar saber qué es lo que ha impulsado a sus hijos a tener ese comportamiento, para así conocer cómo actuar mientras ocurre el berrinche.

La mejor alternativa es ignorar al niño que se comporta de esta manera cuando no se cumple con sus exigencias; continuar realizando las labores que se venían haciendo le hará saber a su hijo que de nada sirve tener esa actitud, y poco a poco este se irá calmando, hasta que recupere el control. No obstante, en el transcurso de esta situación, el adulto debe procurar mantener al niño vigilado, de manera que pueda intervenir ante cualquier riesgo de peligro, especialmente en lugares públicos, donde pueden ser llevados a un lugar apartado, como un baño o al automóvil, para que puedan desahogarse con libertad y sin molestar a nadie más. En la mayoría de los casos, los protagonistas de la rabieta pueden actuar violentamente hacia otras personas, objetos e inclusive hacia sí mismos. Nunca se debe dejar al niño solo.

Cuando los niños no son tan pequeños, como por ejemplo, cuando ya han comenzado a ir a la escuela, estos tienen un mayor nivel de comprensión y es bastante acertado utilizar la táctica de mandarlos a su habitación hasta que se calmen. Se debe hacerles entender, que mientras mantengan esa actitud, no será atendida ninguna de sus peticiones, y que sólo cuando se comporten serán escuchados.

Lo más importante de todo cuando ocurre una rabieta, es que jamás se debe complacer la exigencia del niño para lograr calmarlo.

Esta respuesta sólo le hará establecer la certeza de que su actitud ha sido la causante de haber logrado su objetivo y se irá acostumbrando a recurrir a una pataleta, cada vez más con mucha mayor vehemencia, siempre que quiera algo.

Si esta conducta se convierte en algo inherente a su personalidad por esta causa, los padres deben estar conscientes de que han sido los primeros responsables.

¿Qué ocurre después de una rabieta o berrinche?

Al igual que no se debe complacer las exigencias de los niños durante una rabieta, lo mismo debe ocurrir después de ella. Si un padre recompensa a un niño atendiendo la misma solicitud que originó el berrinche, esta sería prácticamente la misma respuesta que el niño estuvo esperando durante su arranque de rabia, por lo cual se estaría reforzando ese comportamiento.

Al contrario, los padres deben conversar con su hijo y hacerle saber que lo que ha hecho no ha estado bien, y que con esa actitud no lograrán nada, tal como ha sucedido en esa oportunidad.

El niño debe comprender que esa no es la mejor alternativa que tiene para logar algo, y así se da un paso muy importante para ir evitando estos episodios.

Un abrazo y un mensaje de aliento ayudan al niño a sentirse querido y a saber que existen otras vías para obtener lo que desea.

¿Cómo evitar una rabieta o berrinche?

Existe una estrategia ideal a la hora de querer evitar que ocurra una rabieta, y esta es procurando que no existan.

Siempre es posible que los padres se mantengan atentos a las actitudes que sus hijos van desarrollando durante su crecimiento, de manera que puedan conocer las cosas que le hacen feliz, así como aquellas que le desagradan, para poder tomar las medidas correctivas a tiempo.

En este sentido, muchos niños comienzan a tener pataletas porque no se sienten atendidos, es decir, porque creen que sus padres no les prestan la atención suficiente. Este es un desencadenante de sentimientos negativos, debido a que justamente obtienen la atención que requieren cuando hacen algo malo.

Entonces, en estos casos, el berrinche no es más que una forma de comportamiento que los niños han encontrado para que sus padres volteen la mirada hacia ellos, ya que prefieren llamar la atención con una conducta negativa, que no obtener ningún tipo de estímulo, por ello es de suma importancia ofrecer comentarios positivos a los niños cuando estos se estén portando bien.

Otra buena manera de mantener a los hijos de buen humor es hacerles sentir que tienen el poder de tomar decisiones sobre lo que les afecta.

Esto se puede lograr, por ejemplo, haciéndoles preguntas sobre el momento en el que les gustaría hacer las cosas, mas no si les gustaría hacerlas o no.

¿Cómo se logra esto? En lugar de preguntarles si desean comer algo en específico, a lo que probablemente responderán que no, se les puede dar opciones a escoger, para que sientan que han decidido por sí mismos y se mantengan contentos.

También es válido mantener distraídos a los niños de aquellas cosas que puedan ser consideradas una fuente de problemas. Esto puede suceder cuando van juntos al mercado y pasan por el pasillo de los dulces.

Inevitablemente el niño va a pedir que le compren algunos, por lo que evitar pasar por allí es necesario.

Si no se puede evadir cruzarse con situaciones de este tipo, entonces se puede intentar ofrecer algo a cambio, pero esta alternativa debe cumplirse, porque la frustración en caso contrario por parte del niño en caso de no llevarse a cabo, podría ser aún peor y nada podrá impedir un episodio desagradable.

Siempre se debe estar atento a los sentimientos de los niños y a las necesidades que requieren ser cubiertas.

En muchas ocasiones son exigidos por los padres a realizar ciertas tareas, cuando estos tienen hambre o sueño y lo que desean fervientemente es comer algo o irse a dormir.

La solución para ellos en esos casos es muy fácil, comenzar a gritar y patalear hasta el cansancio, todo porque sus padres no se dieron cuenta de que realmente no estaban en condiciones para hacer otras cosas.

La constante comunicación entre padres e hijos es fundamental para que puedan conocerse mutuamente y saber cuáles son los límites a los que se puede llegar.

Los niños, a medida que van creciendo, también van aprendiendo a evaluar hasta dónde pueden llegar en sus exigencias, pero esto sólo será posible si sus padres les prestan la atención suficiente y saben hacer llegar las respuestas a los requerimientos de sus hijos de manera adecuada.

Ayuda especializada en caso de rabietas o berrinches

Aunque las rabietas o berrinches son consideradas como algo normal en el desarrollo de los niños, no siempre debe pasarse por alto una atención profesional, cuando así se amerite. Varias son las áreas de la medicina, como la pediatría, la puericultura o la psicología infantil, que pueden atender aquellos casos especiales en los que la situación se escapa de las manos.

El escenario más común y evidente se presenta cuando el niño se ha hecho daño durante una rabieta o berrinche. En muchos casos la atención médica es ineludible, debido a que es común que ocurran golpes, rasguños o algún otro incidente que requiera una revisión.

También es posible que el niño tenga algún problema de salud que sea el causante de la frustración, como afectaciones en la visión u otras patologías que no han sido descubiertas y hacen que se sienta mal, por lo que los controles pediátricos podrían responder a muchas interrogantes en torno a este tema.

Es posible que algunos padres no puedan controlar las rabietas de sus hijos, y ellos también pierdan el control ante tal situación.

Evidentemente esta actitud es absolutamente negativa y lejos de ayudar a controlar la situación, lo que hace es aumentar el problema.

En escenarios como este, no está de más buscar ayuda profesional que permita guiar a los padres hacia una buena manera de atender lo que ocurre.

Ahora bien, si las rabietas van en constante aumento en cuanto a su frecuencia e intensidad, es recomendable acudir a un psicólogo o terapeuta experto en niños.

Lo normal es que, con el paso del tiempo, las rabietas o berrinches tienden a ir disminuyendo hasta desaparecer, alrededor de los 4 años de edad, pero si esto no sucede, un especialista podría ayudar a encontrar las causas de esta situación y sugerir las acciones a tomar para que todo vuelva a la normalidad.

Se debe comprender que los niños no son culpables de protagonizar una rabieta o berrinche, por ello se hace necesario aplicar los consejos descritos en este artículo para superar el mal momento y que todo vuelva a la normalidad. Brindar mucho amor a sus hijos reforzará las actitudes positivas, y con el paso del tiempo ya verán que sólo ha sido una etapa de su desarrollo, que pronto quedará atrás.

Autor: © PSIGUIDE

Источник: https://www.psicologoschile.com/psicologia/como-actuar-ante-una-rabieta-pataleta-o-berrinche/

Rabietas y berrinches de los niños en los terribles dos años: qué son y cómo actuar para ayudar a tu hijo

¿A qué edad empiezan las rabietas?

¿Qué son las rabietas o berrinches?

Las rabietas son parte del proceso evolutivo de los niños a partir de 1 año en adelante. En su segundo año de vida el niño comienza a desafiar la autoridad de sus padres, poniéndoles a prueba, negándose a hacer lo que le piden y haciendo las cosas que le han dicho que no debe hacer.

Estos desafíos forman parte de un comportamiento que les ayuda a reafirmar su personalidad y su autonomía, y que es normal en esta fase del desarrollo emocional de los niños de 1-2 años.

Las rabietas son un hito en los llamados «terribles dos años». Antes de este periodo, las rabietas se manifiestan cuando alguna necesidad del bebé no está satisfecha (hambre, frío, sueño…).

LEER MÁS: El desarrollo emocional de los niños de 1 a 2 años

Si los padres comprenden las causas y la función de estos molestos berrinches y rabietas, podrán responder de una manera más empática a estas explosiones y ayudar a su hijo a superar esta etapa más fácilmente.

Hacia el final del segundo año, algunos niños respondan de manera encolerizada cuando reciben una respuesta negativa a sus desafíos o cuando se les obliga a hacer algo que no desean hacer: chillan, gritan, dan patadas, se tiran al suelo o lanzan objetos con furia. El niño está teniendo un berrinche o rabieta en toda regla.

En general, las rabietas se producen siempre en presencia de la madre o el padre o de la persona que cuida al niño habitualmente. Casi siempre se producen en casa o en momentos en que la madre está ocupada con otra cosa, cuando hay algo de tensión en el ambiente, vienen visitas… etc.

Algunos niños tienen más rabietas que otros. Un recurso útil frente a las rabietas es establecer normas y límites claros. A continuación respondemos algunas de vuestras dudas y os ofrecemos información útil para manejar las rabietas.

1. ¿Por qué se producen las rabietas y berrinches en los niños de 1 a 2 años?

2. ¿Cómo actuar ante las rabietas de los niños de 1 a 2 años?

3. 4 recursos para evitar las rabietas o berrinches de los niños

4. Lo que NO debes hacer ante las rabietas de los niños

1. ¿Por qué se producen las rabietas y berrinches en los niños de 1 a 2 años?

Los niños empiezan a tener rabietas y berrinches en la edad en que se despierta su necesidad de autonomía y ésta choca con los límites que le imponen sus padres y el medio social.

El deseo de independencia del niño choca con los límites que establecemos los padres. Los niños a partir de 1 año en adelante necesitan reafirmar su personalidad.

La necesidad de reafirmar su personalidad es una característica del desarrollo emocional de los niños de 1 a 2 años.

Los berrinches son la forma de expresar sus emociones en forma de gritos, llanto encolerizado…

Cuando los bebés son más pequeños, tienen otro tipo de rabietas, motivadas por la frustración de no poder lograr algo (pues no tienen suficiente habilidad) o cuando no les entienden los adultos (pues su lenguaje es aún inmaduro). Desde los 9 meses se pueden dar este tipo de “berrinches”.

El modo en que los padres van manejando estas primeras manifestaciones de la frustración del bebé y el tipo de relaciones familiares, van a condicionar que las rabietas se mantengan, vayan desapareciendo o … aumenten.

Entre los motivos de las rabietas pueden estar:

  • La frustración del niño por no poder hacer algo “inmediatamente”.
  • Su deseo de controlar el ambiente, su deseo de “omnipotencia”.
  • El deseo de llamar la atención, de ser el centro, para recibir cariño. Algunos niños descubren que “portándose mal” reciben mucha atención y cuando “son buenos” nadie les hace caso.
  • Cuando las normas de comportamiento son poco claras o incoherentes, el niño trata de descubrir dónde están los límites.
  • Cuando los padres dan otras muestras de incoherencia o inconsistencia.

2. ¿Cómo actuar ante las rabietas de los niños de 1 a 2 años?

A veces, la solución más sencilla para calmar una rabieta es desviar la atención del niño.

Puedes distraerle con un cuento, una canción, un baile, un juego. Es preferible algo divertido o sorprendente y, cuanto antes, mejor.

Algunas estrategias que también dan buenos resultados, aunque a veces cuesta mucho ponerlas en práctica, son:

  • No dar importancia a la pataleta
  • No prestar atención al niño

Es muy importante que seais coherentes. Si el niño sabe cuáles son los límites, no intentará luchar contra ellos. Recuérdale el límite: por ejemplo, “ya sabes que antes del almuerzo no se toman chocolatinas”.

Durante una rabieta, el adulto debe mantener la calma hablando al niño con suavidad pero con firmeza, tratándole con cariño pero sin dejar que el niño se salga con la suya.

Algunas veces hace falta contener al niño, sujetarle físicamente (por ejemplo, en el supermercado, ya que puede hacerse daño o golpear a otras personas). Lo mejor es hacerlo sin hablarle ni mirarle y sujetándolo con firmeza.

Cuando el niño se haya calmado, debemos hablar con él de las causas de la rabieta y explicarle sus límites (las normas familiares), sus expectativas (que las cumpla porque ya es mayor), sus sentimientos.

LEER MÁS: ¿Cómo tratar una rabieta de forma respetuosa?

3. 4 recursos para evitar las rabietas o berrinches de los niños

  • Poner normas claras. No sirve decir “tienes que portarte bien”. Es muy ambiguo. Debemos especificar: «No se tiran las macetas al suelo, no se puede pegar a las personas, no se puede …»
  • Fortalecer la autoestima del niño, proporcionándole amor, cariño, seguridad. Si el niño recibe mucha atención cuando está tranquilo, no necesitará recurrir a los berrinches o pataletas.
  • Desviar la atención del niño. Por ejemplo, cuando el niño se calma podemos iniciar un juego y esperar que el niño lo continúe.
  • Hablar de los sentimientos antes de que se lleguen a descontrolar. La tristeza y la rabia conducen a menudo a rabietas. Algunas circunstancias, como la llegada de un hermano pueden hacer que el niño se sienta desplazado. En este caso tu hijo necesita atención.

4. Lo que NO debes hacer ante las rabietas de los niños

Determinadas actitudes por parte de los padres no solo no ayudarán a calmar la rabieta del niño, sino que de manera indirecta le volverán más vulnerable a sus propios arrebatos de ira.

Es natural inquietarse o alterarse ante la rabieta de un niño, más aún si se trata de nuestro hijo.

Sin embargo, estas son las reacciones que, ante todo, debemos evitar:

  • Darle un cachete. En general solo ayudará a que empeore la rabieta. Indica que el niño ha perdido el control y sus padres también.
  • Gritarle. Serán dos personas gritando a dúo, sin escucharse. Subirán el tono.
  • Ceder al capricho, “para que no monte el numerito”. Esto equivale a premiar al niño por el berrinche. Y por tanto aprenderá que, la próxima vez, solo tiene que llorar un poquito más. Y volverá a intentarlo.
  • Ceder por las presiones de la pareja, los abuelos o las personas que estén presentes. Es una situación incómoda, pero somos los padres los que debemos manejarlas ahora y en el futuro.

Источник: https://www.elbebe.com/ninos-1-ano/rabietas-y-berrinches-terribles-dos-anos

Las rabietas

¿A qué edad empiezan las rabietas?

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Las rabietas pueden ser frustrantes para cualquier padre.  Pero, en vez de verlas como pequeños desastres, trate las rabietas como oportunidades para educar. 

¿Por qué los niños tienen rabietas?

Las rabietas van desde los quejidos y los llantos hasta los gritos, chillidos, patadas, golpes y aguantarse la respiración. Son igual de frecuentes en los niños que en las niñas, y suelen ocurrir entre las edades de 1 y 3 años. 

Algunos niños tienen rabietas a menudo, y hay otros que solo las tienen muy de vez en cuando. Las rabietas son una parte normal del desarrollo de un niño. Son la forma que tienen los niños pequeños de mostrar su malestar o su frustración. 

Las rabietas pueden ocurrir cuando los niños están cansados, hambrientos, molestos o incómodos. Pueden ocurrir cuando no pueden conseguir algo (como un juguete o la atención de un padre) que desean. Aprender a afrontar la frustración es una habilidad que los niños van desarrollando con el paso del tiempo.

Las rabietas son frecuentes durante el segundo año de la vida, cuando los niños están empezando a desarrollar las habilidades lingüísticas.

Puesto que los niños de 1 a 3 años aún no pueden expresar con palabras lo que quieren, sienten o necesitan, las experiencias frustrantes le pueden provocar rabietas.

Conforme van mejorando en sus habilidades lingüísticas, las rabietas tienden a disminuir.

Los niños de entre 1 y 3 años desean tener más independencia y más control sobre su entorno, de hecho, más de los que ellos son capaces de asumir. Esto puede desembocar en luchas de poder, mientras el niño piensa «lo puedo hacer yo solo» o «quiero eso ya: dámelo». Cuando los niños descubren que no lo pueden hacer solos o que no pueden tener todo lo que desean, aparecen las rabietas. 

Cómo evitar las rabietas

Trate de evitar las rabietas en primer lugar, siempre que sea posible. He aquí algunas ideas que lo pueden ayudar: 

  • Dedique a su hijo mucha atención positiva.  Desarrolle el hábito de fijarse cuándo su hijo se porta bien. Recompense a su pequeño con atención y elogios ante comportamientos positivos. 
  • Conceda a su hijo cierto control sobre cosas pequeñas.  Permítale hacer elecciones de poca importancia como «¿Quieres jugo de naranja o de manzana?» o «¿Prefieres lavarte los dientes antes o después de bañarte?». De este modo, usted no le tendrá que decir «¿Quieres lavarte los dientes ahora?», lo que inevitablemente llevaría aparejada la respuesta «no».
  • Mantenga los objetos prohibidos fuera de la vista y del alcance de su hijo.  Esto reducirá las probabilidades de que luche por alcanzarlos. Obviamente, esto no siempre es posible, sobre todo fuera de casa, donde no se puede controlar el entorno.
  • Distraiga a su hijo.  Aprovéchese de la brevedad del alcance de la atención de un niño pequeño y ofrezca a su hijo algo distinto a lo que él quiere pero no puede tener. Empiece con una nueva actividad que sustituya a la actividad frustrante o prohibida. O limítese a cambiar de ambiente. Lleve a su hijo a un interior o a un exterior, o bien cámbiense de habitación.
  • Ayude a su hijo a aprender nuevas habilidades y a tener éxito.  Ayude a su hijo a prender a hacer cosas nuevas. Elógielo para ayudarlo a sentirse orgulloso de lo que es capaz de hacer. Así mismo, empiece por cosas sencillas antes de avanzar hacia tareas más desafiantes. 
  • Cuando su hijo le pida algo, considere atentamente su petición.  ¿Es intolerable? Tal vez no lo sea. Elija sus batallas. 
  • Conozca los límites de su hijo.  Si sabe que su hijo está cansado, no es el mejor momento para ir al supermercado ni para hacer a toda prisa el último recado. 

Tácticas para afrontar las rabietas

Mantenga la calma cuando responda a una rabieta. No complique el problema con su propia frustración o enfado. Recuérdese a sí mismo que su tarea consiste en ayudar a su hijo para que aprenda a calmarse. Por lo tanto, usted también necesita calmarse. 

Las rabietas se deben manejar de una forma distinta en función de cuál sea la causa que haya alterado a su hijo. A veces, solo necesitará consolar a su hijo. Si el niño está cansado o tiene hambre, lo mejor es que se eche una siesta o que se tome un tentempié. Otras veces, lo mejor será ignorar la rabieta y distraer a su hijo con una actividad nueva. 

Si la rabieta ocurre porque su hijo quiere llamar su atención, una de las mejores formas de reducir esa conducta consistirá en ignorarla. Si la rabieta ocurre porque su hijo no puede conseguir algo que desea, mantenga la calma y no le dé muchas explicaciones sobre los motivos por los cuales no puede tener lo que desea. Y cambien a otra actividad. 

Si la rabieta ocurre después de haberle dicho a su hijo que haga algo que él no quiere hacer, es mejor que ignore la rabieta.  Pero asegúrese de que su hijo completa la tarea después de que se haya tranquilizado. 

Los niños que se pueden hacer daño a sí mismos o hacérselo a los demás durante una rabieta se deben llevar a un lugar silencioso y seguro para que se tranquilicen. Esto también es aplicable a las rabietas que ocurren en lugares públicos. 

Si hay cuestiones de seguridad implicadas y el niño repite el comportamiento prohibido después de que le digan que pare, utilice la pausa obligada o «tiempo fuera» o bien contenga al niño con firmeza durante varios minutos. Sea coherente y consistente.  No ceda en cuestiones de seguridad. 

Los niños en edad preescolar o más mayores tienen más probabilidades de utilizar las rabietas para salirse con la suya si han aprendido que este comportamiento funciona. Para los niños en edad escolar, es adecuado enviarlos a su cuarto para que se tranquilicen, al tiempo que se presta poca atención a su comportamiento. 

En lugar de establecer un límite de tiempo específico, dígale a su hijo que se quede en su habitación hasta que haya recuperado el control.

Esto le otorgará cierto poder: podrá modificar el resultado por medio de sus propias acciones y, así, recuperará la sensación de control que había perdido durante la rabieta.

De todos modos, si «la pausa obligada» (o tiempo fuera) se debe a una conducta negativa (como pegar), añadida a la rabieta, establezca un límite de tiempo. 

Después de la tormenta 

No recompense la rabieta de su hijo cediendo a sus peticiones. Esto solo probará a su pequeño que la rabieta funciona. En lugar de ello, elogie verbalmente a su hijo por haber recuperado el control. Dígale frases como: «Me gusta cómo te has sabido tranquilizar.» 

Además, los niños pueden sentirse especialmente vulnerables después de tener una rabieta, porque saben que se han portado mal. Entonces (cuando su hijo ya se haya calmado) será el momento de darle un abrazo y de tranquilizarle diciéndole que lo quiere, haga lo que haga. 

Asegúrese de que su hijo esté durmiendo lo suficiente. Cuando un niño no duerme lo suficiente, puede estar hiperactivo, antipático, irritable y tener conductas extremas.

El hecho de que un niño empiece a dormir lo suficiente puede reducir de forma considerable sus rabietas. Averigüe cuánto tiempo de sueño es necesario para la edad de su hijo.

Las necesidades de sueño de la mayoría de los niños caen dentro de unos márgenes basados en la edad, pero cada niño tiene sus propias necesidades de sueño específicas. 

Cuándo llamar al médico 

Hable con el médico de su hijo si:

  • Usted suele reaccionar a las rabietas de su hijo con enfado o perdiendo el control.
  • Usted continúa cediendo ante las rabietas de su hijo.
  • Las rabietas de su hijo despiertan muchos sentimientos negativos entre usted y su hijo. 
  • Tiene dudas y preguntas sobre cómo se está comportando usted o su hijo. 
  • Las rabietas de su hijo aumentan en frecuencia, intensidad o duración.
  • Su hijo se hace daño a sí mismo o a otras personas con frecuencia. 
  • Su hijo está muy irritable, discute mucho y apenas coopera.

Su médico también puede averiguar si hay algún problema de salud que podría estar contribuyendo a las rabietas de su hijo, aunque se trata de algo poco frecuente. A veces, un problema en la vista o en la audición, una enfermedad crónica, un retraso en el lenguaje o un trastorno del aprendizaje pueden favorecer las rabietas.

Recuerde que las rabietas no suelen ser un motivo para preocuparse y que suelen desparecer por sí solas. Conforme los niños maduran, ganan auto-control. Aprenden a cooperar, a comunicarse y a afrontar la frustración. Menos frustración y más control equivale a menos rabietas y a unos padres más felices. 

Revisado por: Lauren M. O'Donnell, PsyD

Fecha de revisión: junio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/tantrums-esp.html

S.O.S. Berrinches, pataletas y rabietas a partir de un año

¿A qué edad empiezan las rabietas?

Da igual cómo sea tu pequeño o con qué frecuencia le den los berrinches. A partir del año de vida, todos los bebés comienzan a forjar su propia personalidad y a desarrollar su autonomía.

Las rabietas son una manifestación de los esfuerzos del niño por imponer sus preferencias, deseos y necesidades. Y suelen manifestarse hasta los 3 ó 4 años.

Son naturales y no hay que ignorarlas, pero también deben ser controladas.

Qué son los berrinches

Las rabietas, los berrinches y los caprichos corresponden a una etapa normal del desarrollo infantil. Son las primeras manifestaciones de la búsqueda de autonomía.

Aproximadamente a partir de los 12 meses, los bebés comienzan a esforzarse por construir y diferenciar su identidad de la de sus padres, por hacer valer su criterio, deseos, gustos y necesidades. Pueden ser fácilmente confundidas por muchos padres como actitudes desafiantes por parte de sus hijos.

Pero detrás de cada una de ellas hay un intento por manifestar su independencia. Incluso son sanas, en la medida en la que enseñan a los niños a mantener la frustración dentro de los límites de su tolerancia. Como educadores, los padres debemos reconducir esas ansias de autonomía, consintiendo o no determinadas conductas.

Marcando límites claros y manifestando nuestra autoridad. Nuestro papel será clave para un desarrollo saludable de la personalidad de los peques.

La mayor responsabilidad que tenemos como padres frente a la crianza de los hijos es ejercer la autoridad.

Inculcamos valores, protegemos, cuidamos y amamos a nuestros hijos incondicionalmente. Esa es la parte amable de la maternidad/paternidad. Pero también debemos enseñar rutinas, normas, patrones de referencia, roles y orden.

Todas ellas tareas menos agradables pero igualmente necesarias para lograr una convivencia saludable, armoniosa y enriquecedora. Porque de eso se trata en última instancia la vida en sociedad. Debemos criar y educar a personas que en un futuro deben ser adultos felices e integrados. ¡Los hijos no son bebés para siempre y nadie dijo que esa fuera fácil!

Y también depende en buena medida de cada niño. Cada bebé es una persona única y hay niños que se adapten con mayor facilidad a las normas, mientras otros se resisten a aceptarlas y a cumplirlas.

Ahí es donde los adultos debemos mantener las normas establecidas, el límite impuesto que les enseña que no todo es posible.

 ¡Sin retroceder por causa del agotamiento o el mal comprendido amor!

Ser padre no es una tarea fácil. La crianza es relativamente sencilla y muy intuitiva… ¡Pero la educación es bastante complicada! Leeréis teorías y más teorías de expertos y algunas se contradirán entre sí. Al final todo se reduce a una cuestión de lógica.

Cómo actuar frente a los berrinches

Se educa dando y también no dando. Si no permitimos aquello que nuestro pequeño desea, puede que éste se angustie y todos pasemos un mal momento.

Pero como sus padres, tenemos la responsabilidad de sostener nuestras decisiones por duras que éstas sean.

Lo hacemos por su propio bien, ¡y esto sí que es amor!

Para hacer frente a los berrinches infantiles podemos utilizar ciertos recursos:

  • Desvío de atención. Consiste en apartar al niño de la fuente del conflicto centrando su interés en otra cosa o actividad que le resulte más interesante. Es un recurso fácil y eficaz que resuelve la situación, pero no enseña al pequeño a aceptar las normas y los límites. La distracción puede consistir en llevar al niño a otra habitación, ofrecerle un juguete más seguro o iniciar una actividad con él. A Diego, por ejemplo, siempre le calma jugar un poco en el bidé con sus muñecos para el agua. ¡Y siempre le hace olvidarse de todo lo anterior!
  • Negociación. Nos esforzamos por encontrar un punto intermedio entre la posición del pequeño y la nuestra. Es una buena opción que enseñará al niño a negociar en su futuro como adulto, pero no todos los temas incluyen esta posibilidad. Además, si su uso es muy frecuente, pierde eficacia y podría ser utilizada por nuestro hijo para conseguir sus verdaderos propósitos. Durante un berrinche, dele control al niño sobre cosas pequeñas. Por ejemplo, puede que tenga que ponerse el abrigo obligatoriamente para salir a la calle en invierno, ¿pero realmente es necesaria una bufanda?
  • Elige bien las batallas librar y adáptate cuando puedas. A veces hay que ceder un poco para llegar a un acuerdo. Es imprescindible que el peque se acostumbre a ir a clase sin tener una pataleta cada mañana, pero no es necesario imponer todas las actividad lúdicas.
  • Fundamentación. Es bueno para el aprendizaje de nuestros hijos comprender los motivos de las normas a seguir, pero si no conseguimos hacerle razonar, deberá acatar nuestras normas igualmente porque es más importante su bienestar que la opinión que éste pueda tener sobre nosotros.
  • Elogia a tu niño cuando se esté portando bien. Es un estímulo tan sencillo como eficaz. A los niños les agrada conseguir el beneplácito de sus padres.
  • Date un respiro cuando lo necesites. Túrnate con tu pareja u otro familiar cuando sientas que tu frustración aumenta y vas a perder el control de la situación.

Lo que no debes hacer

  • Ignorarle. Es un mal hábito muy arraigado. Eso de «ignórale hasta que se le pase» no tiene ninguna base médica ni psicológica y además resulta antinatural. Los bebés no tienen la capacidad lógica ni expresiva necesaria para expresar lo que les sucede.

    Sentimiento como la frustración, la pena, la decepción o la contrariedad son expresados en forma de berrinche porque no tienen otra vía de comunicación posible para hacer entender con rapidez a sus padres que se sienten mal.

  • Premio y Castigo.

     Dar premios como recompensas y aplicar castigos como correctivos es un recurso tan antiguo como poco recomendable. Los niños se acostumbran pronto a basar sus acciones a la espera de uno o evitando el otro sin aprender nada en absoluto. No des ninguna recompensa ni apliques castigo por una rabieta.

    Muchos niños prefieren ser regañados con el fin de conseguir la atención de sus padres. Hazle ver que las rabietas no cambian nada, ni a favor ni en contra… Y que lo único que consigue con ellas es pasar un mal rato él. Si tiene una rabieta porque no dejas jugar en la mesa, mantente firme. No cambies de opinión y dejes que lo haga cuando se haya calmado.

    Si ibáis a dar un paseo antes de que tuviera la rabieta, mantén el plan tan pronto como se calme.

  • No intentes discutir con tu hijo. Mientras la rabieta dura, tu pequeño está más allá de la razón. Espera a que pase la tormenta para sentarte a charlar con él.
  • No le contestes gritando.

     Los gritos y las rabietas nos hacen sentir enojados y frustrados. ¡Es natural! A nadie le agradan, pero intenta no participar en la rabieta. Conseguir mantener la calma puede resultar complicado en ocasiones, pero si no lo haces probablemente prolongarás la rabieta ya que la rabia y el enojo son muy contagiosos.

  • No dejes que las rabietas en público te hagan sentir mal. Si tu hijo se da cuenta de que sus enojos tienen un efecto en tu comportamiento hacia él o son capaces de controlar tus planes, aprenderá a usarlos y entrará en un círculo vicioso de rabietas semi-deliberadas típicas de niños cuyas rabietas no se han manejado con eficacia.

    Actúa frente a cada berrinche como si fuera el primero. Ármate de paciencia y trátalas como a algo desagradable, pero completamente irrelevante en el curso de los acontecimientos de un día ordinario. ¡Sí, ya sé que no es tan sencillo como parece!

Algunos niños no soportan estar en brazos durante una rabieta. A mi propio hijo la restricción física le enojar aún más.

¡Y con 14 meses y más de 10 kgs. de peso resulta difícil sostenerle mientras patalea! Lo mejor en estos casos es no intentar dominarlos físicamente. Es mucho más fácil sujetarlo con suavidad si nos sentarnos junto a él. A medida que se va calmando, los gritos se transforman en llanto y éste en agotamiento.

Cuando pasa la furia, se va relajando gradualmente hasta quedar exhausto. ¡Llegó la hora de consolarlo!

Por supuesto, esto puede ser más difícil de practicar si la rabieta tiene lugar en la calle o en un centro comercial. A muchos padres les pone furiosos que sus hijos les hagan pasar vergüenza. Bueno, por duro que sea o difícil que se nos haga, nuestros hijos son una responsabilidad exclusivamente nuestra y debemos actuar de la mejor manera para ellos. Con o sin público de por medio.

No debemos ignorar comportamientos violentos o agresivos como golpear, patear,  morder o lanzar cosas. Debemos aplicar una política de cero tolerancia para este tipo de conductas consultando con un especialista en caso de prolongarse éstas en el tiempo o no saber actúar frente a ellas.

¿Se pueden evitar los berrinches?

En algunas ocasiones sí, pero no en todas. Podemos prevenir muchos de los berrinches de nuestros hijos basándonos en la predicción de su comportamiento. Les conocemos y sabemos cómo actúan frente a determinadas situaciones, pero siempre habrá nuevas ocasiones en las que estaremos a la expectativa.

Nuevas reacciones aparecerán con el tiempo a medida que nuestros hijos se enfrenten a nuevas situaciones. Por ejemplo, si el hambre provoca rabietas en tu niño, ten una merienda saludable lista a tiempo incluso cuando os encontráis fuera de la casa.

Si las provoca el cansancio, da prioridad a su descanso o a su siesta incluso si te impida hacer otras cosas. ¡A veces vale la pena y resulta mejor para todos! Nosotros sabemos que a nuestro enano le disgusta mucho ir de compras. Evidentemente, tiene que acompañarnos cuando vamos al supermercado.

 Pero solucionamos el problema turnándonos para entretenerle mientras hacemos la compra. Podemos prevenir estas rabietas porque ya tenemos experiencia previa en esta situación.

Pero, por ejemplo, nos sorprendió mucho que le diera un fuerte berrinche la segunda vez que le llevamos a la piscina… ¡Porque la primera vez se lo había pasado pipa jugando en el agua con sus primas! En resumen, debemos intentar evitar las rabietas sin comprometer nuestros propios límites porque esto no aportará nada positivo para ninguna de las partes. Cuando debamos forzar a nuestros hijos a que hagan algo que no le resulta agradable, o prohibirles hacer algo que le gusta, debemos hacerlo con el mayor tacto posible. Si vemos que se están enojando o alterando acerca de algo, lo lógico es que tratemos de hacer que les sea más fácil aceptarlo.

Si el niño está enfermo, debe tomarse la medicina. Pero tal vez podamos dársela junto a su comida favorita para que le sea más fácil aceptarla. No hay ninguna ventaja en desafiar a nuestro hijo con cosas que hay que «hacer» o «no hacer». Así sólo conseguimos ponerle entre la espada y la pared y su única salida es explotar de rabia. Recuerda que la pataleta le hace sentir mal y le hace sufrir a él también.

Paciencia y comprensión ante los berrinches infantiles

No es fácil ser un niño pequeño y no entender muchas de las emociones que nos embargan a los seres humanos.

 Pasar sin control de esos estados de ansiedad a explosiones de rabia resulta confuso y agotador a partes iguales.

Tampoco es fácil ser madre/padre y tener que convivir con ese estado emocional tan variable y mantener el equilibrio. El tiempo y la paciencia ayudan.

La mayoría de los niños dejan de tener berrinches al alcanzar la edad preescolar. A medida crecen, desarrollan las habilidades y la comprensión necesarias para gestionar mejor las situaciones. Como consecuencia, sentirá menos frustración en su vida diaria. También podrá conocer y comprender más, y su vida tendrá menos novedades que lo asusten.

El desarrollo del lenguaje juega un papel fundamental en la desaparición de los berrinches. Los bebés lloran y patalean cuando necesitan o quieren algo porque no saben pedirlo. ¡Y tampoco pueden expresar sus sentimientos mejor de otra manera!

Источник: https://www.unamamanovata.com/2016/07/21/berrinches-pataletas-rabietas/

Embarazo y niños
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