Autismo infantil

Autismo: síntomas, diagnóstico y tratamiento

Autismo infantil

Los trastornos del espectro autista (TEA) se encuadran dentro de los trastornos del neurodesarrollo y se caracterizan por las alteraciones relacionadas con la comunicación y la interacción social, así como por presentar intereses fijos y conductas repetitivas.

Hace unos años se diferenciaban distintos tipos de autismo, pero ahora se tiende a considerarlos en su conjunto y distinguirlos en función de su gravedad y de las habilidades a las que afectan.

Partiendo de esa base, tal y como explica José Ángel Alda, jefe de Sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil del Hospital Sant Joan de Déu, de Barcelona, «lo que se valora es, sobre todo, si hay discapacidad intelectual porque muchas personas con TEA tienen problemas en este área».

También se evalúa si existen problemas del lenguaje y si hay una afección médica asociada. Alda reconoce, no obstante, que en muchos casos se sigue hablando de síndrome de Asperger para referirse a aquellas personas con TEA «con nivel intelectual alto», pero con rasgos distintivos como una escasa interacción social con los iguales.

Prevalencia

No existen cifras oficiales de prevalencia de los TEA en España, pero se estima que podrían llegar a afectar a 450.000 personas. Hay muchos más niños y hombres que niñas con TEA. Podría deberse a que la enfermedad afecta más al sexo masculino que al femenino, pero cada vez parece más claro que ha habido un alto infradiagnóstico en las mujeres.

«En la actualidad no es posible determinar una causa única que explique la aparición del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), pero sí la fuerte implicación genética en su origen», según explican desde la Confederación Autismo España.

«La gran variabilidad presente en este tipo de trastornos apunta también a la relevancia que puede tener la interacción entre los distintos genes y diferentes factores ambientales en el desarrollo del TEA, pero por el momento, estos elementos no se encuentran claramente identificados, y aún es necesaria mucha investigación al respecto».

Tampoco se sabe con certeza (salvo en casos muy concretos en los que se han identificado los genes responsables) en qué medida ese origen genético es hereditario (transmitido de generación en generación) o accidental (como consecuencia de una lesión genética producida en el momento de la fecundación o durante la gestación).

En los trastornos generalizados del desarrollo, como los TEA, se suele producir una amplia alteración de diversas funciones. De forma muy resumida, se podrían destacar los siguientes síntomas:

  • Movimientos corporales estereotipados.  
  • Anomalías en la emisión, forma y contenido del lenguaje.  
  • Marcadas anomalías en la comunicación no verbal.  
  • Insistencia irracional en el seguimiento de rutinas.  
  • Intereses o actividades restringidos.  
  • Déficits en la reciprocidad social o emocional

Debido al desconocimiento de las causas del autismo, en la actualidad es virtualmente imposible prevenir su aparición.

No obstante, un diagnóstico precoz, tener conocimiento de la enfermedad y, sobre todo, un entorno familiar comprometido con el problema, contando con la ayuda de los profesionales adecuados, puede contribuir de forma muy significativa al bienestar de las personas con TEA.

En consonancia con el manual de diagnóstico de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM-5, en la actualidad se tiende a abandonar la clasificación de los TEA en síndrome de Rett,síndrome de Asperger,trastorno desintegrado infantil o síndrome de Heller y trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Esas etiquetas o subgrupos no encajaban con la consideración del autismo como un continuum o espectro, en el que no siempre se pueden separar, por ejemplo, los síntomas sociales de los de comunicación, ya que se superponen.

Los TEA pueden ser difíciles de diagnosticar, porque no existen pruebas médicas, como los análisis de sangre, que ayuden a confirmar estos trastornos. Para hacer un diagnóstico, los profesionales evalúan aspectos como la conducta del niño y su desarrollo.

A veces se pueden detectar a los 18 meses o antes. Hacia los dos años de edad, el diagnóstico que haga un especialista se puede considerar bastante fiable.

 Sin embargo, muchos niños no reciben un diagnóstico definitivo sino hasta que tienen más edad y no son pocos los casos en los que el problema se detecta en la edad adulta.

Cuando hay discapacidad intelectual asociada se suele detectar antes el trastorno.

Señales de alarma

Hay una serie de señales de alarma que pueden hacer recomendable una valoración exhaustiva del desarrollo del niño.

Hacia los 12 meses de edad

  • No balbucea.  
  • No hace gestos como saludar con la mano, señalar para pedir alguna cosa o mostrar objetos.  
  • No reconoce su nombre ni responde cuando se le llama.  
  • No se interesa ni se implica en juegos interactivos sencillos, como el “cucú-tras” o similares.

Entre los 12 y los 18 meses de edad

  • No dice palabras sencillas.  
  • No responde a su nombre.  
  • Presenta un uso limitado o disminuido del contacto ocular.  
  • Ausencia de balbuceo social/comunicativo como si conversara con el adulto.  
  • Ausencia de imitación espontánea.  
  • No señala para pedir algo.  
  • No mira hacia donde otros señalan.  
  • No enseña o muestra objetos.  
  • Puede manifestar una respuesta inusual ante estímulos auditivos.  
  • Falta de interés en juegos interactivos simples.  

Hacia los 24 meses de edad

  • No dice frases de dos o más palabras, que sean espontáneas y no sólo repeticiones de lo que ha escuchado a los demás.  
  • Tiene dificultades para mantener el contacto ocular cuando se le habla, y no sigue objetos con la mirada.  
  • No se implica en juegos compartidos y parece no disfrutar de la relación compartida con otras personas.  

Los expertos de Autismo España resaltan que todo lo anterior es meramente orientativo y que cualquiera de esas señales, considerada de forma aislada, no tiene valor diagnóstico.

«También se recomendaría una valoración exhaustiva del desarrollo si a cualquier edad parece que el niño o la niña pierde habilidades que ya había conseguido, como el balbuceo o las primeras palabras», agregan.

No hay cura para el TEA; acompaña al individuo a lo largo de toda su vida. Las terapias e intervenciones conductuales están diseñadas para minimizar los síntomas específicos y pueden aportar una mejoría sustancial de la calidad de vida.

  El plan de tratamiento ideal coordina las terapias e intervenciones que cubren las necesidades específicas de los niños a nivel individual.

El tipo de intervención más efectiva es la psicoeducativa, proporcionada por psiquiatras, psicólogos, pedagotos, logopedas…

El tratamiento precoz mejora significativamente los síntomas en muchos casos y es esencial para que los niños desarrollen habilidades sociales y adapten su comportamiento. De hecho, un diagnóstico tardío está relacionado con la aparición de problemas asociados como trastornos de la alimentación, ansiedad o depresión.

Medicamentos

En el tratamiento de los TEA no se utilizan fármacos salvo en casos muy contados y solo para controlar las posibles complicaciones. José Ángel Alda, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital Sant Joan de Deu, de Barcelona, pone como ejemplo el antipsicótico risperidona «en niños que presenten problemas de comportamiento más autismo».

En cualquier caso, no existen fármacos que traten de forma específica los TEA.

La actitud de los padres es clave para el bienestar de las personas con TEA. En opinión de Noemí Velamazán, «lo más importante es que los padres (como con cualquier niño) acepten y quieran a sus hijos tal y como son, sin tratar de cambiarles y sin forzarles a hacer cosas que no quieren hacer, como asistir a una fiesta de cumpleaños».

También aconseja «anticipar las cosas que van a ocurrir a lo largo del día, y saber que si ocurre un imprevisto tu hijo se verá afectado, por lo que es importante conocer estrategias que le ayuden a sentirse mejor».

Investigación

El psiquiatra José Ángel Alda confía en que los numerosos proyectos de investigación sobre el autismo que están en marcha en la actualidad fructifiquen próximamente.

Uno de los mayores logros puede ser la obtención de marcadores biológicos que permitan el diagnóstico objetivo de los TEA, con el fin de instaurar un tratamiento efectivo incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Источник: https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/neurologicas/autismo.html

Trastorno del espectro autista

Autismo infantil

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El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno cerebral con el que se nace. Afecta a la comunicación y a la interacción social y va acompañado de patrones de comportamiento e intereses restringidos y repetitivos.

¿Cuáles son los signos y los síntomas de este trastorno?

Los niños con TEA tienen problemas en:

  • el lenguaje corporal y el contacto visual
  • las interacciones sociales
  • crear amistades y mantenerlas
  • las percepciones sensoriales
  • el comportamiento rígido
  • intereses intensos y poco habituales

En los niños de 1 a 3 años, los padres pueden notar:

  • retrasos en el habla
  • usar solo muy pocos gestos (saludar, dar palmas, señalar)
  • no responder cuando alguien los llama por su nombre
  • evitar el contacto ocular
  • no compartir la diversión ni los intereses con otras personas
  • formas inusuales de mover las manos, los dedos o el cuerpo entero
  • estar muy centrados o unidos a objetos inusuales
  • incapacidad para imitar o simular (o muy poca capacidad)
  • intereses sensoriales inusuales
  • rituales, tales como repetir algo una y otra vez o alinear objetos

Es posible que los síntomas leves no se reconozcan hasta que el niño sea mayor o tenga problemas:

  • al formar amistades
  • en el juego simbólico o de simulación (jugar a ser otra persona)
  • en saber cómo actuar en distintas situaciones sociales
  • por intereses inusuales e intensos en temas o actividades específicos

No hay dos personas con TEA que tengan los mismos signos y síntomas. Hay muchas cosas que pueden influir, como los retrasos en el lenguaje, los problemas de razonamiento y de aprendizaje y los desafíos en su forma de comportarse. Por este motivo, el autismo se describe como un «espectro.»

¿Cómo se diagnostica el trastorno del espectro autista?

La mayor conciencia social sobre los signos del autismo que existe en la actualidad y las nuevas herramientas de cribado facilitan la identificación precoz (temprana) del autismo.

Los médicos se fijan en los signos y los síntomas del TEA en cada nueva revisión médica, hacen preguntas a los padres sobre lo que les preocupa de sus hijos y hacen pruebas de cribado a los niños en las visitas de los 18-meses y de los 2 años.

Si detectan en el niño rasgos que les preocupan, sugerirán la evaluación completa del niño. Esta suele implicar la participación de un equipo de expertos. El equipo puede incluir a:

  • médicos que tratan trastornos del desarrollo
  • psicólogos
  • terapeutas ocupacionales y terapeutas del habla (terapeutas del habla)

Ellos observarán y evaluarán al niño para entender cómo se comunica, su lenguaje, su forma de pensar, sus emociones, su nivel de desarrollo, su salud física, sus habilidades sociales y sus habilidades para ayudarse a sí mismo. También preguntarán a la familia sobre lo que les preocupa, así como sobre el nacimiento, el crecimiento y el comportamiento del niño y los antecedentes médicos de la familia.

¿Cuál es la causa del TEA?

Nadie sabe exactamente cuál es la causa del TEA. Lo más probable es que se trate de una combinación de muchas cosas diferentes que conducen a cambios en la forma en que se desarrolla el cerebro antes de que nazca el bebé. Existen evidencias incuestionables que apoyan el papel que desempeñan los genes de la persona.

Otras cosas, como los problemas que ocurren durante el embarazo o en el parto, también podrían desempeñar un papel. Muchos niños con TEA también tienen discapacidades intelectuales.

Las vacunas no causan el autismo.

¿Cómo se trata el trastorno del espectro autista?

Cuanto antes se inicie el tratamiento en un niño con TEA, mucho mejor. En función de las necesidades del niño, su tratamiento puede incluir terapia de conducta, terapia del habla (logopedia), terapia ocupacional, medicación y ayudas adicionales en el aprendizaje escolar. La meta del tratamiento consiste en ayudar a los niños a:

  • comunicarse mejor
  • jugar con los demás y desarrollar sus habilidades sociales
  • reducir comportamientos como las conductas agresivas o repetitivas
  • mejorar el aprendizaje
  • saber estar seguros y cuidar de su propio cuerpo

Antes de los 3 años

Hasta los 3 años de edad, algunos niños se pueden beneficiar del tratamiento a través del programa de intervención precoz de su estado. Las familias trabajan junto con un equipo de expertos en un Plan de Servicio Familiar Individualizado (IFSP, por sus siglas en inglés). Este plan define las metas del tratamiento y desarrolla un plan de tratamiento.

Un equipo de terapeutas puede proporcionar terapia a domicilio a aquellas familias que cumplan los requisitos para beneficiarse de este servicio.

También puede haber servicios disponibles en clínicas asociadas a hospitales o en centros de la comunidad. Los seguros médicos pueden reembolsar muchos de estos servicios.

A partir de los 3 años

Los niños de entre 3 y 5 años con TEA que cumplan los requisitos, se pueden beneficiar de servicios de educación preescolar gratuitos gracias a la ley de educación para individuos con discapacidades (IDEA, por sus siglas en inglés). Los servicios de terapia y educación adicional se ofrecen a través de los distritos escolares de cada localidad o de otros centros educativos, sea en el domicilio del niño o en el aula.

Una vez que los niños comienzan Kindergarten, los padres pueden solicitar un cambio a un programa educativo individualizado (IEP, por sus siglas en inglés) a través del distrito escolar de su localidad. Un IEP puede incluir objetivos educativos, así como objetivos sociales, de comportamiento y de cuidado personal. Existen servicios de educación especial hasta que la persona cumple 21 años.

Los hospitales, los centros médicos y las clínicas que ofrecen servicios de salud a la población infantil suelen disponer de servicios para niños con TEA.

Tanto las clínicas de salud conductual públicas como las privadas pueden disponer de servicios específicos para niños con TEA.

Centros independientes para tratar el autismo ofrecen servicios de los que se pueden beneficiar los niños con TEA.

A veces se usan medicamentos para tratar síntomas como la agresividad, la hiperactividad, la falta de atención, la ansiedad, la depresión y los problemas relacionados con el sueño.

No hay muchas investigaciones que muestren los efectos beneficiosos de muchos enfoques para tratar el TEA, como los cambios en la dieta; los suplementos; la música, el arte y las terapias con animales.

Informe al médico y a otros miembros del equipo de su hijo sobre cualquier otro tipo de terapia o tratamiento que esté siguiendo o que se esté planteando seguir para comentar con ellos sus riesgos y sus posibles efectos beneficiosos.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?

Si su hijo recibe el diagnóstico de TEA, hay muchos recursos y servicios de apoyo que lo pueden ayudar. El médico y el resto del equipo que trata a su hijo los pueden orientar en la dirección adecuada.

Las siguientes listas de comprobación, específicas para cada grupo de edad, los pueden ayudar y guiar. Haga clic en cada vínculo para aprender más cosas sobre el TEA:

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/pervasive-develop-disorders-esp.html

Perfil de un niño con autismo según las edades

Autismo infantil

El autismo es un trastorno del desarrollo que altera profundamente la capacidad del niño para comunicarse y que limita su desarrollo cognitivo y emocional.

En la mayoría de los casos hace su aparición en edades muy tempranas, aunque en un pequeño porcentaje de los casos, sobre todo cuando no hay otros trastornos asociados, puede pasar desapercibido hasta que el niño alcanza la edad escolar.

Los signos que desvelan el autismo antes del primer año de vida

A partir de los 6 meses de vida ya es posible identificar los primeros signos que indican la presencia de un Trastorno del Espectro Autista (TEA).

A esta edad el niño se suele mostrar menos exigente y activo que sus coetáneos y por lo general no mantiene contacto ocular.

Asimismo, suele rechazar el contacto con los adultos por lo que es un bebé muy difícil de consolar y tranquilizar, sobre todo cuando está irritado.

A menudo el pequeño de menos de un año no tiene respuesta anticipatoria; es decir, no se anticipa a los acontecimientos de su entorno, es como si no le importara nada. Además, no suele desarrollar la ansiedad de separación, una respuesta instintiva de miedo que la mayoría de los niños experimenta cuando perciben que sus padres les dejarán solos.

También es frecuente que presente cierto retraso en su capacidad comunicativa. Al cumplir el primer año de vida la mayoría de los niños con autismo no imitan los sonidos, expresiones o gestos y aunque lloran con frecuencia, su llanto es difícil de interpretar. A esta edad muchos bebés comienzan a presentar movimientos repetitivos con las manos.

El niño con autismo entre los 1 y 3 años de vida

Después del primer año los signos del autismo suelen ser más evidentes, por lo que muchos padres se dan cuenta de que algo no va bien.

El niño se comunica muy poco con el resto de las personas y prácticamente no da señales de afecto.

Asimismo, suele mostrar poco interés por relacionarse con otros niños y aunque a veces puede expresar cierta simpatía hacia sus padres, prefiere pasar solo la mayor parte del tiempo.

A diferencia de sus coetáneos, el niño con autismo tiene muy poca curiosidad por conocer su entorno y a menudo utiliza los juguetes de manera inadecuada porque no comprende el simbolismo del juego.

De hecho, mientras que la mayoría de los pequeños comienzan a adentrarse en los juegos imaginativos y de roles, el niño con autismo prefiere los juegos manipulativos, sobre todo los que le permiten realizar movimientos repetitivos.

A esta edad su capacidad lingüística también se queda rezagada pues aunque puede repetir algunas frases, no tiene un lenguaje creativo y casi siempre utiliza combinaciones de palabras sin ningún significado. Además, no hace gestos o expresiones que le ayuden a comunicarse y no comprende el significado de los castigos.

El niño con autismo entre los 3 y 6 años

Entre los 3 y 6 años los signos del autismo infantil son tan evidentes que normalmente ya se puede hacer un diagnóstico en toda regla. En la edad preescolar el niño con autismo se muestra incapaz de utilizar la mirada, la postura y la expresión para comunicarse.

No es recíproco con los gestos de afecto que le profesan los demás y, solo en raras ocasiones, interactúa con quienes le rodean pues casi siempre está encerrado en su propio mundo. Por lo general, suele ser muy poco competitivo y no se relaciona con sus coetáneos.

A los 6 años el niño con autismo no logra comprender los gestos de los demás y los conceptos abstractos por lo que casi nunca hace preguntas.

De hecho, otro problema que se agudiza en esta etapa es el retraso en el lenguaje pues aunque puede decir algunas frases, casi siempre utiliza de manera incorrecta los pronombres y no comprende el significado de las palabras por lo que no puede mantener una conversación como cualquier otro niño de su edad.

Además, en este período también se suelen exacerbar algunos signos motrices: camina con cierta torpeza y mueve las manos de forma repetitiva, imitando un aleteo.

También aparece un apego inusual a determinadas rutinas que no tienen un significado o una función importante y a menudo, se suele preocupar de forma persistente por objetos que no tienen ningún valor afectivo.

De hecho, cualquier cambio en su rutina diaria es muy mal tolerado, por lo que a esta edad la frustración es pan cotidiano.

Источник: https://www.etapainfantil.com/autismo-infantil

Signos y síntomas

Autismo infantil

De acuerdo con la tabla siguiente, una persona puede tener una inteligencia promedio, poco interés en otras personas, utilizar un lenguaje verbal limitado, realizar conductas muy autoestimulantes como aletear con las manos, reaccionar poco al dolor y de manera exagerada a los sonidos, tener muy buenas destrezas motoras gruesas y ser menos hábil en las destrezas motoras finas.

Los trastornos del espectro autista (TEA) son una discapacidad del desarrollo provocada por diferencias en el cerebro. Los científicos desconocen exactamente qué provoca estas diferencias en la mayoría de las personas con TEA. Sin embargo, algunas tienen una diferencia conocida, como una afección genética. Existen muchas causas para los TEA, si bien aún la mayoría son desconocidas.

A menudo, no hay indicios en el aspecto de las personas con TEA que los diferencien de otras personas, pero es posible que se comuniquen, interactúen, se comporten y aprendan de maneras distintas a otras personas.

Las capacidades de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las personas con TEA pueden variar; hay desde personas con muy altos niveles de capacidad (dotadas, o gifted en inglés) y personas que tienen muchas dificultades.

Algunas necesitan mucha ayuda en la vida diaria, mientras que otras necesitan menos.

Actualmente, el diagnóstico de TEA incluye muchas afecciones que solían diagnosticarse por separado e incluyen el trastorno autista, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado de otra manera (PDD-NOS, por sus siglas en inglés) y el síndrome de Asperger. Hoy en día, a todas estas afecciones se las denomina trastornos del espectro autista.

Los TEA comienzan antes de los 3 años de edad y duran toda la vida de la persona; no obstante, los síntomas pueden mejorar con el tiempo. Algunos niños con TEA muestran indicios de problemas futuros en los primeros meses de vida. En otros casos, es posible que los síntomas no se manifiesten hasta los 24 meses o incluso después.

Algunos niños con un TEA parecen desarrollarse normalmente hasta los 18 a 24 meses de edad y después dejan de adquirir destrezas nuevas o pierden las que tenían antes.

Los estudios realizados han mostrado que entre un tercio y la mitad de los padres de niños con TEA observaron un problema antes del primer año de vida de sus hijos y entre el 80 % y 90 % de los padres detectaron problemas antes de los 24 meses.

Es importante destacar que algunas personas que no tienen un TEA también pueden presentar algunos de los síntomas. Pero, en el caso de las personas con TEA, los problemas hacen que la vida sea muy difícil.

Posibles “signos de alarma”

Las personas con un TEA pueden presentar las siguientes características:

  • No responder a su nombre para cuando tienen 12 meses de edad.
  • No señalar los objetos para demostrar su interés (no señalar un avión que pasa volando) para cuando tienen 14 meses de edad.
  • No jugar juegos de simulación (jugar “a darle de comer” a un muñeco) para cuando llegan a los 18 meses de edad.
  • Evitar el contacto visual y querer estar solos.
  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.
  • Presentar retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje.
  • Repetir palabras o frases una y otra vez (ecolalia).
  • Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.
  • Irritarse con los cambios pequeños.
  • Tener intereses obsesivos.
  • Aletear las manos, mecerse o girar en círculos.
  • Tener reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.

Destrezas sociales

Los problemas sociales son uno de los síntomas más comunes de todos los tipos de TEA. Los problemas sociales de las personas con un TEA no son simplemente “dificultades” sociales, como ser tímidos. Son dificultades sociales que pueden generar problemas graves en la vida diaria.

Algunos ejemplos de los problemas sociales relacionados con los TEA son los siguientes:

  • No responder al nombre para cuando tienen 12 meses de edad.
  • Evitar el contacto visual.
  • Preferir jugar solos.
  • No compartir intereses con los demás.
  • Interactuar únicamente para llegar a una meta deseada.
  • Tener expresiones faciales apáticas o inadecuadas.
  • No comprender los límites del espacio personal.
  • Evitar o resistirse al contacto físico.
  • No sentir el consuelo que le dan otras personas cuando están angustiados.
  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.

Los bebés con un desarrollo típico se interesan por el mundo y las personas que los rodean.

Para cuando cumplen el primer año de vida, los niños pequeños con desarrollo típico interactúan con los demás haciendo contacto visual, repitiendo palabras y acciones, y usando gestos simples como aplaudir y decir “adiós” con la mano.

Los niños con un desarrollo típico también muestran interés por los juegos sociales como las escondidas y las palmaditas con las manos. Pero los niños pequeños con un TEA pueden tener mucha dificultad para aprender a interactuar con otras personas.

Es posible que algunas personas con TEA no se interesen en absoluto en los demás. Otras, tal vez, quieran tener amigos pero no comprendan cómo entablar las relaciones de amistad. A muchos niños con un TEA les cuesta mucho aprender a turnarse y compartir, bastante más que a los otros niños. Esto puede hacer que los otros niños no quieran jugar con ellos.

Las personas que tienen un TEA pueden tener problemas para demostrar sus sentimientos o hablar de ellos. También es posible que tengan problemas para comprender los sentimientos de los demás. Muchas personas con un TEA son muy sensibles al tacto y, posiblemente, no quieran que se las abrace.

Los comportamientos autoestimulantes (p. ej., aletear con los brazos) son habituales en las personas con TEA. La ansiedad y la depresión también afectan a algunas personas que tienen un TEA. Todos estos síntomas pueden hacer que los otros problemas sociales sean aún más difíciles de manejar.

Comunicación

Cada persona con TEA tiene distintas destrezas de comunicación. Algunas personas pueden hablar bien. Otras no pueden hablar en absoluto o hablan muy poco.

Cerca del 40 % de los niños con un TEA no hablan nada. Entre el 25 % y el 30 % de los niños con TEA dicen algunas palabras entre los 12 y 18 meses de edad y después dejan de hacerlo.

1 Otros pueden hablar pero no hasta entrada la niñez.

Algunos ejemplos de problemas de comunicación relacionados con los TEA incluyen los siguientes:

  • Presentar un retraso en las destrezas del habla y el lenguaje.
  • Repetir palabras o frases una y otra vez (ecolalia).
  • Invertir los pronombres (p. ej., decir “tú” en lugar de “yo”).
  • Dar respuestas no relacionadas con las preguntas que se les hace.
  • No señalar ni responder cuando se les señala algo.
  • Usar pocos o ningún gesto (p. ej., no decir adiós con la mano).
  • Hablar con un tono monótono, robótico o cantado.
  • No jugar juegos de simulación (p. ej., no jugar “a darle de comer” al muñeco).
  • No comprender los chistes, el sarcasmo ni las bromas.

Las personas con TEA que hablan pueden usar el lenguaje de maneras poco habituales. Es posible que no puedan poner palabras en oraciones reales. Algunas personas con TEA dicen solo una palabra por vez. Otras personas repiten las mismas palabras o frases una y otra vez.

Algunos niños repiten lo que dicen los demás, una afección que se denomina ecolalia. Pueden repetir las palabras inmediatamente después de que las escucharon o después.

Por ejemplo, si le pregunta a alguien con un TEA: “¿Quieres jugo?”, es posible que la persona repita “¿Quieres jugo?” en lugar de responder la pregunta.

Si bien muchos niños que no tienen TEA atraviesan una etapa en la que repiten lo que escuchan, habitualmente se les pasa para cuando tienen tres años. Algunas personas con un TEA pueden hablar bien pero podrían tener dificultades para escuchar lo que dicen los demás.

Las personas con TEA pueden tener dificultades para usar y comprender los gestos, el lenguaje corporal o el tono de voz. Por ejemplo, las personas con TEA pueden no comprender qué significa decir adiós con la mano. Es posible que las expresiones faciales, los movimientos y los gestos no coincidan con lo que están diciendo. Por ejemplo, es posible que sonrían cuando dicen algo triste.

Las personas con TEA podrían decir “yo” cuando quieren decir “tú” o viceversa. Es posible que su tono de voz suene monótono, robótico o agudo.

Las personas que tienen un TEA podrían pararse demasiado cerca de las personas con quienes hablan o hablar de un tema de conversación durante demasiado tiempo. Podrían hablar mucho sobre algo que les gusta, en lugar de tener una conversación recíproca con la otra persona.

Algunos niños con destrezas de lenguaje bastante buenas hablan como pequeños adultos, sin poder expresarse como se expresan comúnmente los niños.

Intereses y comportamientos poco habituales

Muchas personas con TEA tienen intereses o comportamientos poco habituales.

Algunos ejemplos de intereses y comportamientos poco habituales relacionados con los TEA incluyen los siguientes:

  • Formar líneas con juguetes u otros objetos.
  • Jugar con los juguetes de la misma forma todas las veces.
  • Mostrar interés por partes de los objetos (p. ej., las ruedas).
  • Ser muy organizados.
  • Irritarse con los cambios pequeños.
  • Tener intereses obsesivos.
  • Tener que seguir determinadas rutinas.
  • Aletear las manos, mecerse o girar en círculos.

Los movimientos repetitivos son acciones que se repiten una y otra vez. Pueden incluir una parte del cuerpo o todo el cuerpo, o incluso un objeto o juguete.

Por ejemplo, las personas con un TEA pueden pasar mucho tiempo aleteando los brazos de manera repetitiva o meciéndose de lado a lado. Pueden encender y apagar una luz o hacer girar las ruedas de un automóvil de juguete de manera repetida.

Estos tipos de actividades se conocen como autoestimulación o “conductas estereotipadas”.

Las personas con TEA frecuentemente se desenvuelven si tienen rutinas. Un cambio en la rutina habitual del día, como hacer una parada en el camino de la escuela al hogar, puede ser algo muy angustiante para las personas con TEA. Podrían “perder el control” y tener una “crisis” o berrinche, en especial si están en un lugar desconocido.

Algunas personas con TEA también podrían crear rutinas que parecen inusuales o innecesarias. Por ejemplo, mirar por todas las ventanas cuando pasan por un edificio o querer mirar siempre un video de inicio a fin, incluidos los anticipos y créditos. Si no se les permite seguir este tipo de rutina, esto puede provocar gran frustración y berrinches.

Otros síntomas

Algunas personas con TEA tienen otros síntomas. Estos pueden incluir los siguientes:

  • Hiperactividad (exceso de actividad)
  • Impulsividad (actuar sin pensar)
  • Corta capacidad de concentración
  • Agresión
  • Autolesionarse
  • Berrinches
  • Hábitos de alimentación y sueño poco habituales
  • Estado de ánimo o reacciones emocionales poco habituales
  • Falta de miedo o más miedo de lo esperado
  • Reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto o el tacto de las cosas

Las personas con TEA pueden tener respuestas poco habituales al tacto, el olor, los sonidos, el aspecto y el gusto de las cosas. Por ejemplo, es posible que tengan poca reacción o una reacción exagerada al dolor o a un ruido fuerte.

Podrían tener hábitos alimentarios anormales. Por ejemplo, algunas personas con un TEA limitan su alimentación únicamente a algunas comidas. Otros pueden comer cosas que no son comestibles como tierra o piedras (esto se denomina pica).

Además, podrían tener problemas como estreñimiento o diarrea crónicos.

Las personas con TEA pueden tener hábitos del sueño extraños. También pueden tener estados de ánimo o reacciones emocionales anormales.

Por ejemplo, es posible que se rían o lloren en momentos inusuales, o bien, que no demuestren una respuesta emocional en momentos en los que es de esperarse.

Además, es posible que no le tengan miedo a cosas peligrosas y que le tengan miedo a objetos o situaciones inofensivos.

Desarrollo

Los niños con TEA se desarrollan a ritmos distintos en áreas diferentes. Es posible que muestren un retraso en las destrezas del lenguaje, sociales y del aprendizaje, mientras que sus destrezas para caminar y trasladarse sean prácticamente iguales a las de otros niños de su edad.

Es posible que sean muy buenos para armar rompecabezas o resolver problemas de computadora pero que tengan dificultades con actividades sociales tales como hablar o hacerse amigos. Los niños con un TEA también podrían aprender una destreza difícil antes de aprender una más sencilla.

Por ejemplo, es posible que un niño lea palabras largas pero que no pueda decir qué sonido tiene la letra “b”.

Los niños se desarrollan a su propio ritmo, de modo que puede ser difícil predecir exactamente cuándo aprenderán una destreza en particular. Pero existen indicadores del desarrollo específicos para cada edad que se utilizan para medir el progreso social y emocional de un niño durante los primeros años de vida.

Para obtener más información más sobre los indicadores del desarrollo, visite “Aprenda los signos. Reaccione pronto.

” una campaña diseñada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ( CDC) junto con otros socios para enseñar a padres, profesionales de atención médica y proveedores de cuidado de niños sobre el desarrollo temprano de los niños, incluidos los posibles “signos de alarma” en torno a los trastornos del espectro autista.

Referencias

  1. Johnson, C.P. Early Clinical Characteristics of Children with Autism. In: Gupta, V.B. ed: Autistic Spectrum Disorders in Children. New York: Marcel Dekker, Inc., 2004:85-123.

Источник: https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/autism/signs.html

¿Qué es el autismo y cuáles son sus síntomas según la edad?

Autismo infantil

En España, con una estimación de 13.000 niños afectados, las estadísticas constatan que existen entre uno y dos casos por cada 1.000 niños. Debido a este aumento, la vigilancia y evaluación de estrategias para la identificación temprana, podría permitir un tratamiento precoz y unos mejores resultados.

Su origen se halla en una anomalía en las conexiones neuronales que es atribuible, con frecuencia, a mutaciones genéticas. Sin embargo, este componente genético no siempre está presente, ya que se ha observado que los trastornos que sufre una persona autista pueden tener diversos factores, dado que se ha descrito la implicación de varios elementos de riesgo que actúan juntos.

El grado de severidad del autismo varía mucho. Los casos más graves se caracterizan por una completa ausencia del habla de por vida y comportamientos extremadamente repetitivos, inusuales, autodañinos y agresivos.

Este comportamiento puede persistir durante mucho tiempo y es muy difícil de cambiar. Así, se convierte en un reto enorme para aquellos que deben tratar y educar a estas personas.

Las formas más leves de autismo pueden ser casi imperceptibles y suelen confundirse con la timidez, la falta de atención y la excentricidad.

Síntomas de un niño con autismo

Hasta la fecha una de las mayores dificultades a la que se enfrentan los médicos es un habitual retraso en el diagnóstico.

Aunque cada vez hay una mayor sensibilización por parte de los médicos y de la sociedad en general, hay ciertos factores que dificultan el diagnóstico precoz como son la variabilidad individual de cada niño, la variabilidad a lo largo del desarrollo, el miedo de los médicos a equivocarse (son niños de aspecto normal e incluso algunos niños tienen habilidades hipertróficas) y la ausencia de criterios diagnósticos consensuados para niños muy pequeños (menores de tres años). Además muchos profesionales de la pediatría no tienen formación especializada en estos rasgos y necesitan de una mayor familiarización con las herramientas diagnósticas.

Hablaremos de algunos signos precoces que pueden hacer sospechar del diagnóstico en este artículo.

Primeros meses de vida

Los niños nacen ya con algunas habilidades. Les gusta mirar las caras, imitar, presentan cierta sincronía motora y un llanto que resulta informativo de lo que les ocurre.  Se dice que los niños pequeños son “comunicativos antes que intencionales” y son sociales por naturaleza. Los niños antes de nueve meses ya pueden seguir la mirada de su madre.

En estas edades tan precoces ya hay unos signos tempranos de autismo. Los más tempranos son el pobre contacto ocular, es un contacto visual reducido, la sonrisa es escasa, no responden a su nombre, no hay un seguimiento visual… con frecuencia son niños “muy tranquilos”, “no demandantes”.

  Más adelante aparecen signos como la no imitación o simbolización (dar de comer a los padres, a los muñecos, ponerlos a dormir…), la ausencia de atención compartida (disfrutar, por ejemplo, de que un cuento se lea con la madre o el padre), la ausencia de juego con los demás (compartir con otros niños) o el dedicar pocas miradas a las personas.

 

Se trata de unos déficits tempranos que persisten en el tiempo, probablemente porque tienen que ver con el aprendizaje social que está alterado.

Entre los 18 y los 36 meses de edad

Así, entre los 18 y 36 meses de edad se pueden percibir signos como

  • Sordera aparente, no responde a llamadas o indicaciones. Parece que oye algunas cosas y otras no.
  • No persigue por la casa a los miembros de la familia ni alza los brazos cuando está en la cuna para que le cojan. Parece que nos ignora.
  • Cuando se le coge de la cuna o el parque no sonríe ni se alegra de ver al adulto.
  • No señala con el dedo y mira al adulto para comprobar que éste está también mirando donde él señala.
  • No señala con el dedo para compartir experiencias ni para pedir.
  • Tiene dificultades con el contacto ocular, casi nunca lo hace y cuando mira hay veces que parece que «atraviese con la mirada», como si no hubiera nada delante de él.
  • No mira a las personas ni lo que están haciendo.
  • Cuando se cae no llora ni busca consuelo.
  • Es excesivamente independiente.
  • Reacciona desproporcionadamente a algunos estímulos (es muy sensible a algunos sonidos o texturas).
  • No reacciona cuando se le llama por el nombre.
  • Prefiere jugar solo.
  • No dice adiós.
  • No sabe jugar con los juguetes.

A partir de los 36 meses

  • Tiende a ignorar a los niños de su edad, no juega con ellos ni busca interacción.
  • Presenta un juego repetitivo y utiliza objetos y juegos de manera inapropiada; como por ejemplo gira constantemente los objetos, juega con trocitos de papel delante de los ojos, alinea objetos,…
  • Puede presentar movimientos esteriotipados o repetitivos como aleteo con las manos, saltitos, balanceo, caminar de puntillas,…
  • Ausencia de lenguaje, o este es repetitivo y sin significado aparente, con tono de voz inapropiado. No dice cosas que antes decía.
  • No existe imitación.
  • Evita la mirada y el contacto.
  • Parece cómodo cuando está solo y tiene problemas para aceptar cambios en su rutina.
  • Tiene apego inusual a ciertos objetos.
  • Tiene muchas rabietas.
  • Está en su mundo.

En caso de presentar uno de los siguientes síntomas, es necesario consultar con el especialista:

  • No balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses.
  • No dice palabras aisladas con 16 meses.
  • No dice frases completas con 24 meses.
  • Cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Por último, FAROS recomienda la película «María y yo», una historia de un padre que se va junto a su hija autista de vacaciones a las Islas Canarias y en la cual, de una forma original, con sentido del humor y con un toque de sinceridad nos relatan cómo se convive con una discapacidad.

Si quieres aprender más sobre el trastorno y saber con más detalle qué se celebra y reivindica  el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, te aconsejamos visitar la web de este movimiento asociativo y sumarte a la campaña #DiaMundialAutismo.

Источник: https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/autismo-cuales-sintomas-segun-edad

Embarazo y niños
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