¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

La pereza infantil: 6 consejos para evitarla

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

La pereza infantil es uno de los temas que más preocupa a los padres. Se trata de un hábito adquirido en el cual la clave es el tipo de educación que se proporciona a los hijos. Ten en cuenta que, como madre, tu responsabilidad es establecer límites de tiempo en cuanto a sus distracciones.

Para combatir la pereza infantil debes mostrar al pequeño la importancia del sacrificio para conseguir las cosas. No debes facilitar al máximo la vida de tu hijo, ya que con ello contribuirás a que sea un niño perezoso.

A pesar de ser algo transitorio, lo cierto es que la desmotivación de los niños es una constante. Esta falta de actitud puede considerarse como algo habitual en ellos, siempre que permanezca enmarcado por un diálogo abierto madre-hijo que evite la condena y la preocupación excesiva.

Acostumbrados a convivir con la tecnología, suelen recibir todo sin mucho esfuerzo. Eso también puede ser un problema. La tecnología tiende a entretener a los niños con facilidad y favorece la aparición de la pereza infantil.

Posibles consecuencias

La pereza infantil puede tener consecuencias como:

  • Retraso en elaprendizaje.
  • Pérdida del hábito del trabajo regular.
  • Desafección por los estudios.

6 consejos para combatir la pereza infantil

Para evitar este tipo de conductas, te presentamos algunos consejos que te ayudarán a que hagas frente a algunas actitudes perezosas de tu hijo:

1.- Evalúate a ti mismo

Si eres perezoso, lo más probable es que tengas niños vagos. Evalúa tu ética de trabajo; la forma en la que trabajas es, exactamente, cómo tu hijo aprenderá a trabajar.

2.- Trabaja con ellos

La mejor manera de enseñar a trabajar a tu hijo es hacerlo junto a él. Enséñale cómo se hacen las cosas de una manera entretenida y cómo lograr los objetivos.

Muestra a tu hijo la importancia del trabajo duro: una ética de trabajo firme le beneficiará durante toda su vida. Es importante que tomes tiempo en enseñarle cómo trabajar y que le ayudes a realizar sus proyectos.

3.- Fomenta el compromiso

El compromiso es una característica valiosa en el individuo. Cuando un niño se compromete con algo, ya sea una meta, una tarea o incluso un trabajo, es más probable que se esfuerce con más ganas.

La falta de compromiso es uno de los primeros pasos hacia un trabajo flojo o incompleto, lo que contribuye a la pereza.

4.- No le des todo lo que pide

Una de las mejores lecciones que puedes enseñar a tu hijo es que debe esforzarse para conseguir las cosas. Ello conlleva que, en muchas ocasiones, debas tener un “no” por respuesta a muchas peticiones que recibirás por parte del pequeño.

A pesar de que es siempre difícil decirle no a tu hijo, no debes hacer realidad sus peticiones si no existe un compromiso o esfuerzo para obtener la meta. En ocasiones, un “no” será la mejor respuesta; evitará que el niño se relaje y que aprecie tus esfuerzos.

5.- Asigna tareas

Ayudar en las tareas de casa es una de las mejores maneras de enseñar al pequeño el valor del trabajo, incluso a una edad temprana. Tu hijo debe contribuir a algunas tares domésticas, como puede ser hacer la cama o lavar los platos. Si como madre haces todo por él, privarás a tu hijo de aprender tareas básicas.

“Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen”
—Goethe—

6.- Paciencia y prudencia

Ante la falta de motivación de tu hijo, debes ser prudente y mantenerte firme. Si lo ves sumergirse peligrosamente en el vacío y sin encontrar resultados, con prudencia, no tengas miedo a ofrecerle tu ayuda.

Motivación

Por otro lado, existe la idea errónea de pensar que los niños son vagos, aunque en ocasiones se trata de una cuestión de motivación. Incluir recompensas y castigos en sus trabajos puede tener un efecto a corto plazo en el esfuerzo del pequeño.

Debes tener en cuenta que, muchas veces, las recompensas no pueden crear intereses ni objetivos a largo plazo.

¿Qué puedes hacer para motivar a tu hijo?

  • Apoya sus intereses.
  • Convéncelo de la necesidad del trabajo y esfuerzo.
  • Ánima a tu hijo y aprecia sus logros.
  • Reivindica sus fortalezas.
  • Dale tiempo.

Como ves, la clave está en una correcta educación desde la niñez. Inculcar malos hábitos o facilitar demasiado las cosas solo llevará a la incapacidad de esforzarse por conseguir lo que se desea. Para evitarlo, nada mejor que tu compañía y asesoramiento.

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Источник: https://eresmama.com/la-pereza-infantil/

El método japonés infalible para motivar a niños perezosos

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

Existe un método japonés para combatir la pereza que podemos aplicar para cuando nuestros hijos llegan a casa después de un largo día en el colegio y suelen traer los temibles deberes.

Están cansados y no tienen ganar de hacerlos, ni hacer nada que les represente un esfuerzo.

Si nuestro hijo además es de los que tardan más de diez minutos en contestar por escrito una pregunta o terminar una multiplicación sencilla, tenemos que buscar alguna solución.

A los padres nos preocupa el origen de esa pereza o lentitud.

¿Tiene dificultades o es un poco vago? ¿Cómo podemos conseguir que nuestro hijo no sea tan perezoso? La apatía es un sentimiento negativo que conduce a la inactividad y que afecta cada vez más a los niños y los adolescentes.

“Uno de los problemas más frecuentes entre los adolescentes es el desinterés por participar en actividades conjuntas, así como la reducción de sus interacciones sociales, lo que afecta considerablemente su forma de vida”, explican en un estudio realizado en adolescentes de México.

¿Cómo sabes si tu hijo es perezoso o en realidad tiene miedo al fracaso?

La causa por la que unos niños son perezosos y otros no, es complicada de averiguar. A veces puede ser porque la tarea que tiene que realizar le parece a primera vista compleja y piensa que no lo logrará.

Antes de comenzar a hacerla decide no empezar esta tarea para prevenir el posible fracaso o el error. Se trata de niños con baja tolerancia al fracaso que prefieren no hacer las cosas a hacerlas mal.

Incluso pueden preferir hacer tareas más sencillas con las que están seguros de que van a tener éxito.

También puede ser que a nuestro hijo esa tarea no le guste o no le motive nada. Por ejemplo, los problemas de matemáticas o la lectura de un libro que le han mandado en el colegio y que le parece a primera vista aburrido. Incluso nuestro hijo puede pensar que no pasa nada por no hacer esa tarea, ya que no le va a suponer ni siquiera un castigo por nuestra parte.

La solución es comenzar a cambiar la situación y motivar a nuestro hijo a hacer aquellas cosas que le dan pereza. Al principio nos resultará muy complicado porque buscará todas las excusas posibles para no hacerla.

Los padres y los profesores tendremos que utilizar estrategias como el juego, la creatividad y la imaginación para lograr que nuestro hijo no tire la toalla.

Nuestro hijo tendrá que afrontar a lo largo de su vida muchas situaciones en las que la pereza no puede ser la solución.

La regla del minuto, método japonés contra la pereza

Educar es una tarea complicada para todos los padres, pero cuando los hijos son un poco perezosos o les cuesta hacer una tarea podemos caer en la desesperación.

Necesitaremos mucha paciencia para intentar que hagan todos los días los deberes sin protestar y sin tardar demasiado.

Las tareas del colegio, arreglar su habitación o tener preparada la mochila la noche anterior para no llegar tarde a clase pueden convertirse para ellos en tareas complicadas e inabordables.

Una buena idea es aplicar la regla del minuto o el Método japonés Kaizen. Su nombre oriental se puede traducir como “sabiduría para cambiar” y su objetivo es conseguir que los niños dediquen un sólo minuto a alguna actividad o tarea que les dé pereza y se conviertan en perseverantes.

Este método japonés para combatir la pereza mejora los hábitos ya que consiste en destinar solo un minuto a la tarea que más les cuesta. La única condición es que realicen esta tarea siempre a la misma hora para así crear una rutina.

 Por ejemplo, si les resulta complicado recoger y ordenar su habitación, fijaremos una hora específica para que la realicen todos los días. Para ello podemos poner una alarma diaria a las seis de la tarde para que no se olviden de hacerlo nunca.

Seguro que podrán empezar a ordenar su habitación dedicándole solo un minuto sin que les resulte complicado.

Un método eficaz para cambiar hábitos

Aunque parezca imposible, este pequeño y sencillo paso puede ser el comienzo de un cambio profundo en los hábitos de nuestro hijo. La constancia le ayudará a mejorar y cambiar esa actitud perezosa.

El siguiente paso será ir aumentando el tiempo de forma progresiva. Por ejemplo, ese primer minuto a cinco y unos días más tarde a diez.

Los padres iremos viendo como llegará un día en el que no le costará ordenar su habitación y además no le importará el tiempo que tienen que dedicarse a ello.

Aplicar este método japonés para combatir la pereza resultará sencillo y muy eficaz para lograr de forma progresiva que nuestros hijos vayan cambiando su actitud hacia aquellas tareas que hacen con pereza. Una actitud que les ayudará a afrontar cualquier reto en el futuro y les beneficiará en su vida de adulto.

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Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/metodo-japones-combatir-pereza-ninos/

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

Los hijos flojos son así por “culpa” de sus padres. Si preguntas a cualquier psicólogo o educador sobre cómo hacer que un niño no sea flojo y perezoso, todos te dirán lo mismo: “Edúcale con el ejemplo”. 

Indice

  • ¿Cómo evitar la «flojera» en niños?
  • ¿Cómo hacer niños fuertes?

¿Cómo evitar la «flojera» en niños?

Los niños suelen ser como sus padres y desarrollan una serie de características en base a la educación que les dan sus papás. Si estos los sobreprotegen y no les dejan hacer nada, de mayores no serán capaces ni de buscar trabajo sin ayuda de sus papis. Fomentemos la autonomía y la independencia en nuestros hijos para que no sean flojos.

La sobreprotección está a la orden del día. Los padres tenemos poco tiempo para pasar con los hijos y eso nos hace sentir mal, así que, cuando estamos con ellos, intentamos darles todo lo que piden.

Además, todos los padres buscan la felicidad de sus hijos, lo cual es normal, pero eso hace que, muchas veces, intentemos evitar cualquier problema, trastorno o contratiempo, por lo que no enseñamos a nuestros hijos cómo afrontar los problemas que seguro tendrán a lo largo de su vida.

Este estilo de educación tiene como resultado niños inseguros, dependientes, manipulables e irresponsables. En definitiva, niños flojos que esperan que mamá y papá lo arreglen todo y lo hagan todo por ellos ya que, desde bebés, es a lo que se les ha acostumbrado.

Actualmente, es normal ver niños de 4 años que siguen yendo en la sillita de paseo a todas partes, niños de 6 años a los que visten sus padres, niños de 8 años que no saben comer solos o niños de 12 años que van al instituto de la mano de sus papás.

Y eso es un grave problema porque si no damos autonomía y libertad a nuestros hijos (siempre dentro de sus posibilidades, su edad, su madurez, etc.

) y no los dejamos nunca hacer nada, no aprenderán a hacer nada y, cuando llegue la adolescencia, serán niños flojos y manipulables, con el riesgo que eso conlleva.

La sobreprotección es muy perjudicial porque no enseña a los niños a aceptar y superar el sufrimiento, algo de lo que no podemos proteger a nuestros hijos.

Por supuesto nos encantaría meterlos en una burbuja de cristal y que nada malo los pasara nunca, pero incluso así podrían enfermar o tener que hacer frente a la muerte de un ser querido. Las cosas malas y los contratiempos forman parte de la vida, y enseñar a nuestros hijos a afrontarlos los hará más felices y exitosos en el futuro.

La cultura del éxito fácil y el dinero rápido es peligrosa e irreal, debemos enseñar a los niños desde pequeños que lo bueno cuesta esfuerzo y trabajo, así evitaremos que de mayores sean flojos.

¿Cómo hacer niños fuertes?

La educación es un trabajo que empieza desde que los niños nacen y continúa hasta que estos son adultos y vuelan lejos del nido de papá y mamá. Por lo tanto, es importante que eduques a tu hijo en la fortaleza y la resiliencia desde que nazca. Y si aún no lo has hecho, nunca es tarde para cambiar unas cuantas cosas, piensa que todo es por el bien de tu hijo.  

1- Permítele hacer las cosas por sí solo. Desde bebé, tienes que intentar no inmiscuirte todo el rato en sus acciones y dejarle que pruebe solo.

Si intenta alcanzar un juguete que está muy alto, no se lo des al momento, deja que intenta ingeniárselas para cogerlo (siempre cuidando que no sea nada peligroso, claro). En cuanto pueda coger una cuchara, deja que coma solo.

Y en cuanto pueda ponerse los pantalones o los zapatos, que lo haga. Fomenta su autonomía y libertad no solo en temas físicos, sino también a la hora de tomar ciertas decisiones.

No se trata de que él mande en casa y sea el que decida qué hacer o qué comer, sino que escuches sus opiniones y le permites elegir a qué quiere jugar, con quién, cómo hacer los deberes, etc. No lo hagas todo por él, es un flaco favor. Puedes ayudarle o guiarle, pero no hacer las cosas por él.

Como explica la psicóloga Silvia Álava: “El problema de educar de esta forma es que estamos impidiendo que el niño aprenda, estamos haciendo que crezca sin herramientas, sin recursos para desenvolverse con éxito en la vida”.

2- Ayúdale a desarrollar estrategias para enfrentarse a los problemas y dificultades, pero no los resuelvas por él.

Si cada vez que tiene un problema con un amigo corres a regañar al amigo y a decírselo a sus padres, nunca aprenderá a defenderse solo ni a resolver conflictos.

Explícale qué debe hacer en cada caso y deja que sea él quien lo arregle, potenciando, por supuesto, las soluciones pacíficas y el diálogo.

3- No lo sobreprotejas. No puedes ser un padre helicóptero que sobrevuele todo el tiempo encima de tu hijo, ni atosigarle con advertencias y peligros. Si bien es cierto que debe aprender a tener cuidado con ciertas cosas, no podemos meterle el miedo en el cuerpo.

Como dice Silvia Álava: “La sobreprotección crea en el niño una sensación de que el mundo es peligroso, refuerza comportamientos de evitación y limita las oportunidades del niño para desarrollar sus habilidades y su confianza en sí mismo.

A los niños les gusta hacer las cosas por ellos mismos y se sienten muy bien y muy felices “siendo mayores. Dejémosles”.

4- Aprende a decir “no”.

Muchos padres tienen miedo a negar algo a sus hijos por temor a que se frustren o se enfaden, pero ceder siempre a sus caprichos y concederles todo al momento es mucho más perjudicial para ellos.

“Satisfacer sus necesidades en exceso, no dejar que se frustren, que sufran, que se queden sin algo que les guste, que luchen por sus objetivos… será más perjudicial que beneficioso”, Álava.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/educacion/como-ayudar-a-mi-hijo-flojo-9790

Si su hijo pertenece a la Generación F (de flojos), la culpa es de usted

¿Cómo ayudar a mi hijo flojo?

Hemos traspasado a nuestros hijos las cotas de bienestar más elevadas jamás vistas en el mundo occidental.

Pero los adolescentes de hoy, con sus pasaportes atestados de sellos, con sus tres horas de guitarra a la semana y un armario de zapatillas de deporte que usted de crío ni soñó, no parecen mostrar las aptitudes necesarias para coger las riendas de las empresas, mercados y gobiernos del mundo. Ni lo que es más importante: el timón de sus vidas. Ya se habla de una Generación de cristal.

La enseñanza más valiosa que uno puede legar a sus descendientes es la destreza para encajar los avatares del día a día, la capacidad para enfrentarse a los problemas (graves y menores) que se interpongan en su camino y la habilidad para transformar las realidades presentes en su versión más positiva. Esto exige la intervención de sujetos instruidos.

El problema es que, lamentablemente, todo parece indicar que los nacidos en los albores del siglo XXI forman una generación que flaquea en ciertos aspectos clave de su formación emocional. Valores como la entereza, la empatía o el espíritu de superación solo emiten leves y débiles destellos, abocando a la sociedad actual a un alarmante estado de inmadurez.

En este sentido, expertos como Alejandro Néstor García Martínez, profesor y doctor en Sociología de la Universidad de Navarra, explica: “Ante cualquier complicación, muchos padres y educadores ven necesaria la intervención directa y, en demasiadas ocasiones, ahorran a sus hijos las dificultades y, a la postre, les protegen de los problemas que tratan de resolver por ellos”.

Tales síntomas, una vez detectados, recopilados y analizados, conducen a un diagnóstico común, unánime y sin fisuras: vivimos inmersos en una sociedad infantilizada.

El sociólogo describe este escenario como “aquel en el que sus miembros son fácilmente manipulables y no son capaces de mantener un discurso coherente”.

Un panorama ciertamente desalentador que el profesor vincula “al miedo o a la incapacidad de las personas para exponer y mantener una posición razonada y fundamentada, sobre todo, cuando esta es contraria a la del resto”.

La culpa es de los padres

Una sociedad con el perfil descrito no surge de la noche a la mañana, requiere de la confluencia de diversos elementos y circunstancias.

Pero, ¿cuáles? ¿qué factores han propiciado que hoy estemos hablando de una Generación de cristal que se rompe en mil pedazos con tan solo mirarla? El doctor en Psicología y autor del libro Fortalece a tu hijo (Planeta), Javier Urra, encuentra en la actual paternidad o maternidad tardía y en el hecho de que se tengan pocos hijos, dos de las razones que explican la conducta sobreprotectora generalizada de los progenitores: “Estas circunstancias hacen que varíe notablemente la perspectiva y la forma de educar. Muchos padres se atontan cuando tienen hijos y cometen un grave error que consiste en que no quieren que su retoño sufra, lo cual es imposible”.

“La sociedad ha vendido a los jóvenes que hay que ser felices sí o sí. Y cuando su pareja les deja o pierden el trabajo, se vienen abajo” (Javier Urra, psicólogo)

Por su parte, García Martínez abunda en la misma opinión y recalca desde su visión sociológica que “la supuesta perfección del Estado de bienestar ha traído consigo la idea de que alcanzar ese confort significa no tener ningún problema.

Por eso, en general, se procura que las nuevas generaciones no se vean en la necesidad de enfrentarse a contratiempo alguno. Sin embargo, esta decisión les aboca a una carencia formativa y de autonomía en su proceso para alcanzar la madurez”.

Errores bienintencionados

“En el ámbito educativo los padres pensamos que somos grandes expertos mundiales”, reconoce Rafael Manuel Hernández Carrera, director en los centros de aprendizaje Kumon, doctor en Ciencias de la Educación y profesor de la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).

Una arrogancia que el propio experto atribuye a que su generación sea, probablemente, la que mayor nivel instructivo ha tenido en la historia: “Y esto nos hace creer que sabemos de todo”. A ese atrevimiento se suma el afán de los tutores por evitar el sufrimiento de los hijos, como apunta Urra, lo que trae consecuencias imprevistas.

“La creación de un espacio seguro está siendo más dañino de lo que los padres y profesores creen”, insiste Sonia Martínez Requejo, profesora del área de Educación de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad Europea (Madrid), quien defiende la tesis de que “un comportamiento sobreproctector impide a nuestros jóvenes la oportunidad de hacerse con las herramientas necesarias para salir adelante en la vida”.

Mireia Cabero, profesora de Educación y Psicología de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), se reafirma en que este empeño de los padres por encerrar a sus hijos en una urna sagrada es misión imposible. Pero, sobre todo, es contraproducente.

“Cuando no se permite a los adolescentes que de forma controlada vivan sus propias dificultades, decidan y se equivoquen, se les está protegiendo en exceso”.

¿Resultado? “Inmadurez emocional”, responde; “para que un joven pueda recorrer en bici y con una mochila el Camino de Santiago, hace falta que unos años antes sus padres le quitaran a su bici las ruedecitas de apoyo y que le permitieran caerse para vivir el dolor del traspiés y así aprender la urgencia de sostenerse”.

Urra, por su parte, defiende una educación en la que los padres “lleven a sus hijos a campamentos de verano para que descubran la austeridad o que realicen visitas a un hospital para ver a otros niños enfermos con el fin de que conozcan la existencia del sufrimiento”.

Con la propuesta de este tipo de actividades, el que fuera Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid persigue hacer frente a la idea de que hay que ser felices sí o sí. Una entelequia que, añade Urra, la sociedad ha vendido a los jóvenes y que estos han comprado.

El problema es que “cuando un día su pareja les deja, pierden el trabajo o caen enfermos, se vienen abajo. Se rompen.

Son una generación hecha de cristal y deberían ser como una pelota de tenis, que al ser lanzada contra la pared se deforma, pero después se recupera”, apunta.

Hay que llorar… un poco

Para llegar a ser “una pelota” y no una frágil figurita es fundamental aprender que los días no son solo de color de rosa, también los hay verdes, azules, amarillos y, por qué no, grises y negros.

Esto equivale a aceptar que los conceptos alegría, diversión o satisfacción coexisten con los de esfuerzo, sacrificio y decepción.

“Si acostumbramos a los niños desde pequeños a obtener de forma inmediata todo lo que piden, les estaremos haciendo un flaco favor”, sostiene el director de Kumon, Hernández Carrera, quien cree que “es importante formar niños resilientes, con capacidad para sobreponerse de los fracasos y con tolerancia a la frustración, ya que estas competencias serán fundamentales en sus vidas adultas”. Y añade: “Pasarlo mal y conocer el valor que tienen las cosas es importante para saber que la vida no es un camino de rosas”.

Tenemos los niveles de susceptibilidad en máximos históricos y la capacidad para encajar las verdades bajo mínimos. Ambos rasgos describen una sociedad infantilizada que se nutre de actitudes, discursos y comportamientos políticamente correctos.

Esta realidad alberga no pocos riesgos, siendo el más grave “la pérdida de la opinión propia o incluso la posibilidad de llegar a creer que es preferible no posicionarse ni opinar, ya que eso puede traer debates y confrontaciones públicas con otros”, se lamenta el sociólogo Alejandro Néstor García, profesor y doctor en Sociología en la Universidad de Navarra.

Ahora bien, aunque la profesora Martínez Requejo admite que este mundo no es un remanso de paz, también considera que la vida no es solo un valle de lágrimas y que hay que educar buscando el equilibrio entre el sacrificio y la diversión. “No creo que basar todo el sistema educativo en los conceptos de esfuerzo y renuncia sea muy productivo. Las aulas deberían reflejar la realidad, en la cual sin duda hay privaciones, pero no siempre, ni en todos los casos”, sostiene.

Ahora bien, ¿quién, dónde y cómo se ha de inculcar a los adolescentes las competencias que necesitarán para llegar a la edad adulta lo mejor pertrechados posible? ¿padres o docentes? ¿en el hogar o en la escuela? “Sin duda, debería ser una misión compartida.

Tanto los progenitores como los profesores tienen a su cargo una parte de la educación emocional del niño”, afirma la profesora. Sin embargo, existe una traba y es que “muchos padres, a día de hoy, carecen de los conocimientos pertinentes sobre gestión emocional.

De modo que, en el fondo, es un problema que afecta tanto a la generación de jóvenes como a la que integran los adultos”, avisa.

Leer filosofía ayuda

Por otro lado, atendiendo a lo que actualmente está ocurriendo en la escuela, el profesor Hernández Carrera se lamenta de que “aunque se está trabajando mucho en la tolerancia y el respeto a las ideas y opiniones distintas a las habituales, no se está obteniendo mucho éxito”.

Un fracaso que atribuye a lo que en sociología se llama pensamiento único y que podría neutralizarse “si se propiciara entre los alumnos el pensamiento divergente complejo, entendido este como la capacidad de razonar críticamente ante verdades absolutas desde una construcción elaborada y basada en argumentos”.

El profesor propone que “la escuela se valga de ciertas técnicas didácticas como puede ser el role playing (puesta en escena), los coloquios o los debates. Iniciativas donde el diálogo sea la herramienta que ha de servir para comprender a los demás, y no únicamente como un turno de palabra para refutar inmediatamente con una batería de convicciones y apriorismos”.

Además, recuerda que la inteligencia convencional que desarrollamos con el estudio también es esencial para forjar a las personas, es decir, empaparse de materias como filosofía o historia.

“Si no somos capaces de entender cómo los grandes pensadores analizaban situaciones similares que han afectado al ser humano desde sus orígenes, estaremos renunciando a un magnífico legado y patrimonio cultural y educativo”, alerta, a la vez que subraya que “un individuo que ha leído, se ha formado y ha sido educado, sabe desenvolverse en el mundo, pero también con los demás y consigo mismo”. Ana García Vázquez, consultora en práctica filosófica y coorganizadora del Día Mundial de la Filosofía, da tres nombres: Platón para cuestionárselo todo, Aristóteles para valorar la experiencia y Descartes para no dejar de dudar. Todos duros como rocas.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2017/02/22/buenavida/1487752461_293320.html

¿Cómo tratar a un joven rebelde de 18 años?

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Todos nosotros hemos sido (o bien somos o seremos) adolescentes en algún momento de nuestras vidas. Sabemos y hemos experimentado una gran cantidad de cambios, y algunos incluso habrán pasado por una fase de rebeldía para con sus padres, incluso una vez llegados a la mayoría de edad.

Y lo cierto es que aunque en su momento tal vez pudiera parecer la manera lógica de proceder, lo cierto es que este comportamiento puede ser frustrante para el adulto, como pueden descubrir cuando a su vez tienen sus propios hijos.

En este contexto puede surgir la duda respecto a cómo reaccionar, a qué hacer. ¿Cómo tratar a un joven rebelde de 18 años? En este artículo vamos a intentar dar diez consejos básicos para hacer frente a esta situación.

La rebeldía en la postadolescencia

La adolescencia, el paso de la niñez a la adultez, es un proceso que implica una gran cantidad de cambios tanto físicos como psíquicos y sociales.

Además de los propios del desarrollo, nos enfrentamos a un gran aumento en lo que la sociedad nos demanda, algo especialmente visible cuando alcanzamos la mayoría de edad: legalmente ya somos adultos y se nos exigen responsabilidades como tales, a pesar de que madurativamente aún no hemos acabado de pasar la adolescencia (de hecho, algunos autores proponen incluso que seguimos siendo adolescentes hasta los 25). Seguimos experimentando e intentando encontrarnos, así como probar nuestra recién adquirida identidad.

Es por lo tanto una edad difícil para el que la vive, pudiendo ser una etapa angustiante y frustrante. Asimismo, suele persistir aún un cierto alejamiento respecto a las figuras de autoridad propia de los años anteriores, derivada de ella búsqueda de una identidad separada y de la búsqueda y aumento de la importancia de otras relaciones sociales.

Todo ello puede llegar a hacer que surjan conductas oposicionistas y rebeldes, algo que también puede suponer una fuente de angustia y de una falta de comprensión entre el ahora ya legalmente adulto y su entorno familiar.

Estos fenómenos persisten durante la etapa final de la adolescencia, la postadolescencia, con la característica de que a esta edad la capacidad de desobedecer es mayor, dado que se dispone de más recursos para ello.

10 consejos para tratar a un joven rebelde

Afrontar la adolescencia y la llegada a la adultez (legalmente hablando, al menos en nuestro país) puede ser complicado tanto para el propio joven como para sus progenitores, pudiendo llegar a aparecer actitudes de rebeldía. En este sentido, a continuación os mostramos diez consejos para tratar a un joven rebelde de 18 años.

Ahora bien, hay que tener en cuenta que estamos hablando de adolescentes rebeldes, no incluyendo la presencia de actitudes agresivas y violencia intrafamiliar.

1. Estableced una buena comunicación

Quizás lo más importante en cualquier tipo de relación, y especialmente en una en que existe cierta rebeldía y resistencia a las figuras parentales, es la de establecer una comunicación fluida.

Es importante que esta tenga en cuenta los posibles conflictos que pueda tener nuestro hijo, y que no se lleve a cabo como un interrogatorio sino como una conversación cabal en que se aprecie un interés genuino.

Puede ser útil aproximarse a partir de las aficiones del joven de cara a producir un acercamiento entre ambos.

2. Dale su espacio, escucha y respeta su opinión

Nuestro hijo o hija ya tiene 18 años, y aunque nos sigue necesitando en su vida también necesita tener su propio espacio. Ello no quiere que no nos interesemos por él, pero sí que aceptemos que quiere y necesita tener privacidad.

Al igual que ocurre con el espacio el joven de 18 años tiene su propio criterio que, aunque un tanto inexperto, sigue siendo válido y debe respetarse y tenerse en cuenta. Debemos escucharles atentamente y sin interrumpirlos: se trata de no ignorar su punto de vista sino de validarlo y considerarlo.

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3. Ojo con la expectativas y con comparar

Pueden darse muchos conflictos debido a la propia exigencia con respecto a lo que el ahora adulto debería hacer. Hemos de comprender que estamos ante una persona autónoma con sus propias ideas y convicciones.

Es importante no intentar forzarles a vivir la vida que nosotros hubiésemos querido llevar y no exigirles cumplir nuestras expectativas o llevarles por el camino que nosotros hubiésemos querido llevar. Por encima de todo no compararlos con los demás: son seres valiosos por sí mismos, tan válidos como cualquiera.

4. Prohibido prohibir y sobreproteger

Prohibir y censurar sin más es, especialmente cuando hay rebeldía, totalmente contraproducente.

De hecho es probable que lo prohibido resulte más apetitivo al por el hecho de serlo y a la vez por contravenir la norma impuesta.

Además hay que tener en cuenta de que ya es mayor de edad y tiene la capacidad de tomar sus propias decisiones, hemos de considerar que debemos aconsejarle y guiarle sin ser una presencia que actúe mediante coacción o imposición.

Por otro lado, sobreproteger a nuestro hijo tiene consecuencias negativas y lleva también a un cierto alejamiento, al no sentirse el joven validado y observar que se le considera incapaz de tomar sus propias decisiones. Siempre y cuando no se excedan ciertos límites es necesario permitir que experimente e incluso que se equivoque.

5. Establece límites claros

Hemos dicho en el punto anterior que es necesario no prohibir pero tampoco hemos de pecar de sobrepermisivos. Hemos de establecer límites claros, coherentes y consistentes en la conducta, los cuales debemos mantener firmes sin que por ello sean vistos como coercitivos.

Se trata de que los propios actos tengan consecuencias y que estas sean conocidas por el joven. Esto incluye por supuesto el trato otorgado a los progenitores, y la no aceptación de actitudes violentas o tratos degradantes.

6. Da ejemplo

Un joven de 18 años ya es perfectamente capaz de observar cuando se le dice algo mientras se hace lo contrario.

Así, no podemos exigirle a nuestros hijos algo que nosotros no le mostramos: necesitamos ser capaces de dar ejemplo de tal forma que el joven vea una coherencia entre lo dicho y lo hecho.

Eso sí, no deja de ser una persona distinta así que debemos tener cuidado con las exigencias y expectativas que tenemos respecto a él.

7. No pierdas los papeles y ten empatía

Aunque puede ser difícil, es necesario mantener la calma incluso ante actitudes rebeldes e intentar comprender el punto de vista del adolescente/joven.

Al fin y al cabo se está enfrentando a una realidad mucho más exigente de lo que estaba acostumbrado hasta ahora, cuando ha o está a punto de entrar en el mundo adulto.

La rabia, los gritos o las discusiones van a generar malestar y un alejamiento de posturas.

8. Dale voz y voto

Este punto es importante dado que permite por un lado establecer una comunicación y darle cierta autonomía (no en vano ya es legalmente adulto) y a la vez respetar una serie de límites.

Debemos darle no solo la capacidad de manifestar su opinión sino también de tenerla en cuenta, siendo el ya legalmente adulto capaz de tomar decisiones respecto a su propia vida.

No se trata de que el joven se haga siempre con la suya, sino que seamos capaces de negociar una alternativa válida para todos en los aspectos en que no haya consenso.

9. Refuerza conductas positivas

Un error frecuente en el paso al mundo adulto es el de centrarse en lo que el menor hace mal, siendo la actitud de los padres generalmente correctiva.

Por mucho que ya sea mayor de edad, todos necesitamos que nos aprueben y nos feliciten las cosas que hacemos bien.

Así pues es recomendable reforzar y felicitar los logros del ahora ya legalmente adulto, especialmente los que sean importantes para él.

También es de gran utilidad que toda conducta positiva sea bien vista y reciba reforzamiento, sin entrar en críticas ni exigencias.

10. Hazle saber que le quieres

Este último punto puede parecer obvio, pero probablemente es uno de los más importantes: por mucho que nuestro hijo ya sea legalmente un adulto, ahora y siempre va a necesitar saber que su familia va a ser un núcleo de apoyo, que le quiere y aprecia independientemente de lo que ocurra.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/como-tratar-joven-rebelde-de-18-anos

Embarazo y niños
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