Cómo criar a un niño de 7 años

Pautas para educar a un hijo único

Cómo criar a un niño de 7 años

Son muchos los tópicos que giran en torno al hijo único. Tradicionalmente se ha considerado a los hijos únicos malcriados, egoístas, redichos o con dificultades para relacionarse con otros niños.

Pero realmente no siempre se cumplen estas premisas… La experiencia de ser hijo único conlleva de entrada una serie de ventajas e inconvenientes, que se pueden potenciar o mitigar.

Ser hijo único no determina en sí mismo el futuro del niño, sino que su evolución depende de la educación que reciba.

La educación del hijo único: ¿qué debemos evitar?

Es muy fácil caer en la tentación de mimar o proteger en exceso a nuestros hijos, tengamos uno o varios, pero, si se trata de hijos únicos, todo resulta más evidente y crucial. Pautas para educar a un hijo único.

1. La exuberancia material. Es fácil escuchar a los padres el deseo de que a sus hijos «no les falte de nada».

Darle a nuestro hijo todo lo que no tuvimos cuando éramos niños es uno de los errores más frecuentes. Los padres tenemos la obligación de evitar que nuestro hijo caiga en el consumismo.

Debe aprender a contenerse y vivir la experiencia del deseo y la espera para que pueda continuar soñando.

2. Atención excesiva. Dedicarle a nuestro hijo la atención que necesita para sentirse querido está muy bien, pero no hay que consentir que se convierta en un tirano exigente. No hace falta estar pendiente de él las 24 horas del día. Establecer unos límites y aprender a decir que no es fundamental.

3. Consentir demasiado. A veces, los padres están tan encantados con su hijo que apenas son capaces de negarle nada. De este modo, el niño pronto aprende que puede hacer todo lo que quiera.

4. Proteger demasiado. La mayoría de los padres de hijos únicos procuran estar siempre pegados a ellos para que no les ocurra nada malo y resolverles todas las dificultades. Pero el temor y la dedicación excesiva por parte de los padres limita el comportamiento del hijo y le vuelve temeroso, tímido y más cauto de lo normal.

5. Compensar demasiado.

Con frecuencia los padres, al sentirse culpables por no haber tenido más que un hijo, suelen verle como un niño especialmente solitario y con un fuerte deseo (frustrado) de tener un hermano, por lo que tratan a toda costa de suplir las posibles carencias, sobre todo, si pasan poco tiempo a su lado. Se puede disfrutar de la paternidad y criar sanamente a un hijo único, incluso más y mejor que personas que decidieron tener varios hijos simplemente porque se dejaron presionar por los demás.

6. Buscar excesivo perfeccionismo. Los progenitores de un hijo único pretenden que el niño sea perfecto y el mejor en todo momento porque tienen todas sus expectativas depositadas en él. Esto le suele suponer al niño una presión tal que en muchas ocasiones le impide actuar por miedo a quedar como un fracasado frente a sus padres.

7. Tratar al niño como un adulto. Muchas veces, por el modo en que se expresa, puede parecer que el hijo único está adelantado en relación a su edad y que es un portento. Esta imagen de madurez es debida a que el único modelo de lenguaje y comportamiento que tiene son sus padres, pero en realidad sigue siendo un niño.

Educar a un hijo único: ¿qué potenciar?

Entre las pautas para educar a un hijo único hay algunos aspectos que debemos potenciar:

1. Aprender a decirle no. A medida que el niño crece pone al adulto a prueba de todas las maneras posibles para obligarle a ceder. No se pueden satisfacer todos y cada uno de sus caprichos. Hay que establecer unos límites claros, la ambivalencia es nuestra perdición.

2. Integrarle en la sociedad. Al crecer sin hermanos y vivir sólo con adultos, les puede resultar más difícil compartir, relacionarse e integrarse con sus iguales. Por ello, los padres deben procurar que su hijo tenga contacto con otros niños desde muy pequeño, bien asistiendo a la guardería, invitando amigos a casa, llevándolo al parque o con miembros de su familia.

3. Descubrirle el valor de la soledad. Muchos padres de hijos únicos apuntan a sus pequeños a un sinfín de actividades para rellenar su agenda. Hay que buscar un equilibrio entre la relación social, el estímulo de las actividades y la oportunidad de aprender a emplear a su gusto su tiempo libre.

4. Animarle a investigar. Siempre y cuando no ponga en peligro su salud o bienestar, hay que dejar que experimente por sí mismo. Debemos ofrecerle oportunidades para que pueda explorar y tomar algunas decisiones por su cuenta.

Ventajas y desventajas de tener un hijo único

Las ventajas de tener un hijo único

– Se le puede dedicar más tiempo y más recursos. – Los conflictos de relación y autoridad se reducen, ya que no existen disputas por el espacio o la atención de los padres. – El niño vive con una carga menor de ansiedad y se siente muy querido, muy seguro de sí mismo y con una autoestima muy alta.

– Su desarrollo lingüístico es sorprendente y los resultados académicos suelen ser muy buenos debido a la intensa relación que tiene con los adultos y la gran atención y estimulación que recibe de sus padres.

– Desarrolla mucho su imaginación, aprende a entretenerse solo y favorece su afición por la lectura.

Desventajas de tener un hijo único– Todas las expectativas y exigencias familiares recaen exclusivamente sobre el hijo único.

– Se acostumbran a ser el centro de atención, lo que los hace más egocéntricos, impacientes y egoístas, ya que no están acostumbrados a compartir.

– Los padres se sienten culpables de no dar a su hijo un hermanito y tratan de protegerle en exceso para compensar las carencias que le haya podido ocasionar criarse en soledad.

– Al convivir sólo con adultos, pronto interiorizan el lenguaje, la forma de pensar y el comportamiento de las personas mayores, por lo que suelen madurar a una edad demasiado temprana.

Virginia González. Psicóloga

Источник: https://www.conmishijos.com/educacion/valores/pautas-para-educar-a-un-hijo-unico/

Los siete consejos definitivos para educar a tus hijos (según los psicólogos de Harvard)

Cómo criar a un niño de 7 años

El debate en relación a la educación y la crianza de los niños está últimamente más vivo que nunca porque nos encontramos en una época de transición.

Una transición en que estamos pasando de un estilo educativo autoritario y adultocentrista, en el que la razón la tiene siempre el adulto, que es quien emite los juicios, establece las normas y los castigos si no se cumplen, a uno más democrático, más inclusivo y respetuoso, que tiene más en cuenta las necesidades y libertades de los niños, así como sus motivaciones.

El debate lleva años, y seguirá activo mientras haya tanta diferencia: unos padres defienden lo que llaman «de toda la vida», que es el autoritarismo que sus padres ejercieron sobre ellos mismos (castigos, cachetes, obediencia ciega, disciplina, etc.), y otros defienden el estilo educativo más democrático en el que se acompaña más al niño en su desarrollo para que vaya descubriendo cuáles son sus deseos, motivaciones e intereses.

Ahora por fin, para arrojar un poco de luz en el debate, los psicólogos de Harvard han decidido añadir los últimos estudios al respecto y así han redactado los siete consejos definitivos para educar a los hijos.

1. Haz todo lo posible por establecer una relación de cuidado amorosa con tus hijos

Según los psicólogos de Harvard, los niños aprenden a ser amables y a cariñosos con los demás cuando son tratados de esa manera. Cuando nuestros hijos se sienten amados tienen una mejor relación con los padres y son más receptivos a nuestros valores y nuestras enseñanzas.

Para ello es necesario atender a sus necesidades físicas y emocionales, proporcionando un ambiente familiar estable, afectuoso y seguro, en el que tengamos respeto por su personalidad individual, nos interesemos por sus cosas y hablemos de aquello que consideran importantes.

Esto se logra pasando tiempo juntos, incluso programando el tiempo: por las noches mientras se les cuenta un cuento, el sábado por la tarde buscando tiempo en exclusiva para un hijo en concreto,… haciendo cosas en las que padre e hijo disfruten.

Además, mantener conversaciones en las que se pueda hablar de cosas significativas: qué ha aprendido en la escuela o fuera de ella, si alguien ha hecho algo agradable por ellos, o si se ha sentido bien haciendo algo por los demás, qué cosas le han resultado más difíciles de entender o asumir últimamente, etc.

2. Consigue ser un ejemplo válido para tus hijos

Los niños aprenden los valores éticos y los comportamientos observando las acciones de sus padres y las de aquellos adultos a los que respetan.

Para ser un ejemplo en el que los niños puedan fijarse debemos ser conscientes de que estamos siendo honestos, justos y capaces de resolver conflictos mediante el diálogo, así como capaces de gestionar la ira y otras emociones difíciles de manera efectiva.

Como a pesar de ello habrá veces en que nos equivoquemos, porque nadie es perfecto, lo ideal es que también conozcan esa parte de nuestro carácter, nuestra parte lógica de persona humana que se equivoca y comete errores, y nuestra reacción al respecto: la honestidad de ser capaces de pedir perdón, de intentar enmendar nuestros fallos y de comprometernos para intentar no repetirlos.

Los niños quieren ser como sus padres si los respetan, si los tienen en buena consideración por cómo les tratan y cómo les hacen sentir. En cambio, un padre alejado emocionalmente de sus hijos difícilmente será un ejemplo al que quieran seguir.

3. Hacer del cuidado por los demás una prioridad y establecer un compromiso ético elevado

Consideran importante que los niños vean que sus padres se preocupan por los demás y que para ellos es tan importante como su propia felicidad.

Que los niños vean que lo esencial en la vida es ser amable y a la vez ser feliz, que se comprometan como los padres por hacer lo correcto, lo que está bien, lo que es justo, incluso cuando eso puede hacerles infelices en algún momento, o si otras personas no se comportan de ese modo.

Sería algo así como aprender que lo justo está por encima de los deseos individuales de cada persona; enseñarles a buscar la felicidad a través de la bondad, de sentirse bien haciendo feliz a otra gente; dar valor al trabajo en grupo, en equipo, y animándoles a trabajar hacia lo de fuera, hacia aquellas personas que les rodean.

4. Ayudarles a ser agradecidos y amables

Cuando los niños son amables con los demás son más capaces de ver los gestos de amabilidad hacia ellos, y en general más agradecidos. Los estudios muestran que las personas que más suelen expresar su gratitud tienden a ser más generosas, compasivas y capaces de perdonar, y además más propensos a ser felices y saludables.

Para que un niño sea amable y agradecido debe simplemente vivir en un clima acorde a esto: que sea capaz de ayudar a los demás y de agradecer lo que hacen por él, que tenga oportunidad de pasar tiempo con otros niños de manera que se generen quizás conflictos en los que tengan que negociar y mediar.

Que esto suceda también en casa, permitiendo que los niños puedan dar su opinión cuando hay desacuerdos. Así aprenderán a ser justos, a escuchar, a debatir y a solucionar problemas.

De ese modo podrán ser partícipes también del buen funcionamiento de su familia, del camino por lograr la felicidad de su hogar.

Además, los niños deben tener responsabilidades reales: que participen en las tareas domésticas de manera rutinaria, pero sin que ello suponga un castigo ni provoque un gran agradecimiento por nuestra parte.

Cuando simplemente esperamos que lo hagan y no los premiamos, a menos que hagan actos de bondad poco comunes, es más habitual que dichas acciones se conviertan en su rutina (si lo agradecemos de manera muy efusiva siempre parecerá que es nuestro trabajo y que ellos sólo nos estaban echando una mano).

Cuando colaboran en casa también son más capaces de valorar lo que los demás hacen por ellos y lo que ellos mismos hacen por el bien de su hogar.

5. Ampliar el círculo de preocupación de los niños

Lo habitual es que los niños se preocupen y empaticen con un pequeño círculo de familiares y amigos. El reto de los padres es ayudarles a preocuparse también por aquellas personas que no forman parte de su círculo íntimo: un niño nuevo en el colegio, alguien que no habla su idioma, alguien que vive en otro país y lo está pasando mal.

Los psicólogos consideran importante que los niños aprendan a conocer lo que sucede con las personas conocidas, pero que consideren también aquellas cosas que suceden fuera de su control: lo que pasa en otros países, otras culturas, etc.

Desde ahí, ser capaces de reconocer la vulnerabilidad de los demás, los sentimientos de quienes tienen problemas: de ese niño que acaba de llegar y se siente solo, de un niño que está recibiendo abusos, etc., e incluso la repercusión que sus actos pueden tener sobre los demás, tanto para bien como para mal.

6. Promover el pensamiento crítico y la acción por el cambio

Los niños se interesan de manera natural por las cuestiones éticas porque tienen mucho interés en comprender por qué las cosas son como son, y por qué hay personas que actúan como actúan.

A menudo, ante una injusticia, consideran la posibilidad de emprender alguna acción y los padres debemos ser capaces de potenciar ese deseo de provocar cambios.

De hecho, muchos de los programas realizados en comunidades por el respeto y el cuidado, por el cambio social, han sido creado por niños y adolescentes preocupados.

Para ello recomiendan hablar sobre los diferentes dilemas que se producen a lo largo del día, cuando un niño le dice cosas negativas sobre otro niño, cuando ve a alguien copiar en un examen o le ve robar, cuando alguien tiene miedo de admitir que estaba equivocado o que hizo algo mal, cuando alguien maltrata a un animal, etc.

7. Ayudarles a desarrollar el autocontrol y a gestionar con eficacia los sentimientos

Enseñar a los niños que todos los sentimientos deben considerarse oportunos y válidos, pero que la reacción que provocan no siempre es la adecuada. De ese modo, podemos enseñar a los niños a lidiar con sus sentimientos negativos de manera productiva.

Para ello debemos hablar mucho de sentimientos con ellos, intentar poner nombre a esos sentimientos cuando los tengan: «creo que estás triste», «sé que estás enfadado», «te sientes frustrado porque»…

y animarles a que hablen de ello, a que intenten comprender su reacción, a que piensen sobre lo que les gustaría hacer y lo que pueden o no hacer, que comprendan por qué se sienten así y ofrecer alternativas para que vean que no hay una única manera de canalizar la ira, la rabia, la frustración o el enfado.

Recomiendan hacer uso de tres pasos para el autocontrol. Primero parar, luego coger aire de manera profunda por la nariz y finalmente exhalarla por la boca, contando hasta cinco. Hacerlo cuando estén tranquilos para que puedan repetirlo en algún momento de enfado.

Además, debemos ensayar con ellos la resolución de conflictos. Si somos testigos de uno, o si el niño lo ha sido, podemos hablar sobre ello para ver cómo reaccionaría, cómo considera que debería solucionarse.

Mostrar lo útil que es que ambas personas, las dos que están en conflicto, puedan hablar y expresar sus sentimientos, decir cómo se han sentido, para que el uno pueda entender el enfado del otro, hasta llegar a una comprensión mutua a partir de la cual pueda solucionarse el conflicto.

Finalmente, recomiendan establecer límites claros a los hijos, utilizando sabiamente la autoridad para expresar cuáles son las normas lógicas de convivencia cuando sea necesario. Explicarles que esas normas se basan en una preocupación razonable nuestra y que se comunican desde el amor por su bienestar y desde el respeto por ellos y los demás.

Más información | HarvardFotos | iStock

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Источник: https://www.bebesymas.com/ser-padres/los-siete-consejos-definitivos-para-educar-a-tus-hijos-segun-los-psicologos-de-harvard

7 claves para criar niños independientes y seguros de sí mismos

Cómo criar a un niño de 7 años

Criar niños independientes y seguros de sí mismos requiere ante todo saber cuándo intervenir y cuándo permitir espacios para que adquieran competencias propias, esas que asentarán tras enfrentarse a retos y dificultades. Además, este arte de la crianza y la educación requiere grandes dosis de paciencia, toneladas de afecto y una mirada sabia que intuye necesidades.

Hace solo unas semanas se publicó un interesante libro sobre educación titulado “Raising Independent, Self-Confident Kids” (criando niños independientes y seguros de sí mismos), donde dos psiquiatras infantiles, Wendy Moss y Donald Moses, reflexionan sobre el modelo de crianza que llevan a cabo muchas madres y muchos padres en la actualidad.

“Ayúdame a hacerlo por mí mismo”.

-María Montessori-

Hemos llegado a un punto en el que una de nuestras prioridades es resolver todo problema que presentan nuestros niños.

Es más, en ocasiones incluso nos anticipamos a ellos cuidando de que tengan una vida fácil, gratificante y siempre plácida.

De este modo, no solo les conferimos a ellos una aparente y casi mágica tranquilidad, sino que también nosotros experimentamos placer al saber que todo está en orden.

Todo ello es sin duda comprensible y en gran parte de los casos, hasta esperable. Ahora bien, cabe decir que hay quien lleva esta conducta al extremo. Al allanarles el camino cada día y en cada circunstancia, privamos al niño de una habilidad necesaria: el funcionamiento ejecutivo.

Los psiquiatras infantiles Wendy Moss y Donald Moses entienden el funcionamiento ejecutivo como ese conjunto de habilidades donde uno aprende a ser responsable de su mundo, a organizarse, a gestionar sus cosas, a aprender de sus errores y a desarrollar un sentido de autoeficacia. Veamos por tanto qué estrategias podemos llevar a cabo para criar niños independientes y seguros de sí mismos.

1. Criar niños independientes: saber cuándo intervenir y cuándo guiar desde lejos

La educación de un hijo es como un baile donde a instantes hay que abrazarlos y sujetarlos y al poco, permitir libertad de movimiento. Ahora bien, incluso en esos instantes donde la pareja de baile puede desprenderse para ejecutar sus propios pasos y movimientos en libertad absoluta, la otra parte sigue estando presente, guiando desde la distancia.

Saber cuándo actuar y cuándo alejarnos de nuestros hijos exige antes de nada, la aplicación de unas normas básicas de convivencia y un marco de actuación donde cada miembro en casa tiene sus responsabilidades.

Una responsabilidad asumida y diariamente ejecutada concede derechos y es en esa dinámica pactada entre los miembros de una familia donde los niños pueden ir creciendo en seguridad y felicidad sabiendo qué se espera de ellos en cada momento.

2. La confianza

Para criar niños independientes es necesario que les proveamos de confianza; confianza hacia nosotros como padres o educadores y confianza con ellos mismos.

Así, el pequeño que crece en un entorno donde se le nutre de forma constante, donde el afecto y la atención siempre es accesible y donde no hay miedos ni barreras a la hora de comunicar miedos y necesidades, tendrá mayor seguridad para saberse capaz de hacer casi cualquier cosa.

3. Aprender a tomar decisiones saludables

¿Qué entendemos por decisión saludable? Las decisiones saludables o enriquecedoras son aquellas que permiten a un niño ir aprendiendo, abriéndose camino al asumir responsabilidades donde entender que los actos tienen consecuencias y que las malas conductas impactan en uno mismo y en el entorno. Además, también son aquellas que enseñan que pedir consejo es bueno y que a veces, la elección que uno tome no tiene por qué coincidir con la de los demás.

Asimismo, y para criar niños independientes, es necesario tener en cuenta que cada niño tiene su personalidad, sus gustos, sus pasiones. Como adultos no podemos mediar en todas sus decisiones y elecciones, pero sí podemos guiar y aconsejar.

4. Enseñar a los niños a responsabilizarse de las tareas pequeñas y también de las grandes

Conseguir que un niño sea responsable requiere tres cosas: tiempo, paciencia y afecto. En la crianza, los principales enemigos son la necesidad de querer que los pequeños asuman de forma rápida un gran número de competencias y en ocasiones, nuestra falta de habilidades a la hora de gestionar esos desafíos cotidianos que surgen cuando menos lo esperamos.

Un modo de ir sembrando progresos es entender que los pequeños son capaces de asumir responsabilidades desde edades tempranas. A los 3 años, por ejemplo, ya pueden aprender a guardar sus juguetes e incluso, ayudarnos con pequeñas tareas domésticas como poner y quitar la mesa, regar las plantas, cuidar a las mascotas, etc.

La aplicación de normas, deberes y responsabilidades lo antes posible, facilitará que crezcan sabiendo que pueden hacer muchas cosas de las que piensan, que asumir responsabilidades es sinónimo de crecer y que llevarlas a cabo con éxito refuerza la autoestima.

5. La tolerancia a la frustración

Una estrategia esencial para criar niños independientes y responsables es ayudarles a desarrollar paciencia y la capacidad para manejar los pequeños obstáculos del día a día. Algo que no podemos perder de vista es que tengan la oportunidad de experimentar y tolerar la frustración para convertirse posteriormente en adolescentes y adultos seguros de sí mismos.

Por tanto, no dudemos nunca del poder de la palabra “no” cuando sea necesario. Una negativa a tiempo y en el momento preciso, genera grandes beneficios a largo plazo.

6. Desarrollar el autocontrol

Enseñar a los pequeños a mirarse desde dentro, a navegar y entender sus universos emocionales les capacitará para gestionar mucho mejor los problemas y desafíos del día a día. Para conseguirlo, nada mejor que inculcar en ellos una crianza y una educación basada en los recursos de la inteligencia emocional.

7. Las habilidades sociales, la importancia de desarrollar la competencia social en los niños

Desarrollar unas correctas habilidades sociales en los niños les ayudará a construir relaciones más satisfactorias, a tener una imagen de sí mismos más segura y a desarrollar una competencia social adecuada y enriquecedora.

No nos nos olvidemos tampoco de que algo tan básico como asentar una correcta empatía y una buena asertividad, les facilitará tener unos vínculos más positivos en su entorno donde evitar dinámicas de bullying y sobrevivir de forma más sana en su recorrido social y emocional.

Para concluir, en la aventura de criar niños independientes, seguros de sí mismos y ante todo, felices, no podemos descuidar un aspecto cardinal: nosotros mismos.

Es la madre, es el padre, los abuelos y todo agente social que forme parte de ese escenario próximo del niño, el que educa con su ejemplo, el que nutre o el que invalida, el que da impulso a las alas del pequeño o le aferra a una jaula donde solo habita la indecisión, la dependencia y la frustración.

Hagámoslo bien, recordemos que las palabras dejan huella, que los afectos nutren y que los ejemplos marcan los caminos.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/claves-criar-ninos-independientes/

Niños desafiantes y desobedientes ¿Qué podemos hacer?

Cómo criar a un niño de 7 años

Hay niños a los que les cuesta cumplir las normas, seguir órdenes y que, a menudo, desafían abiertamente a sus padres.

 Cuando les pedimos algo, la palabra que más escuchamos es “no”, “ahora voy”, “luego”.

 Tienen dificultades para tolerar la frustración, quieren salirse siempre con la suya, parece que se sienten cómodos en el conflicto, parece “que nos buscan” (y, a menudo, nos encuentran).

Y los papás nos preguntamos ¿Por qué mi hijo se comporta así? ¿Qué hago mal? ¿Cómo debo tratarle?Vamos a tratar de dar respuesta a estas preguntas.

¿Por qué se comporta así?

Puede haber muchas causas detrás del comportamiento desafiante y disruptivo de nuestro hijo. Por lo general, habrá más de una causa, ya que en psicología rara vez una única causa explica un comportamiento.

Es posible que nuestro hijo tenga un temperamento difícil, un carácter fuerte, o que tenga unos rasgos de personalidad determinados que favorecen este tipo de comportamientos.

Esto es algo con lo que el niño «nace», son factores hereditarios.

Por otro lado, está el estilo educativo de los padres. Generalmente, detrás de estos problemas de conducta hay un estilo educativo parental demasiado permisivo.

Papás a los que les cuesta hacer cumplir las normas, que tienen dificultades para manejar los retos y desafíos de los niños o que sucumben a menudo a las peticiones de los niños «por no oírles».

Los niños tienen una capacidad especial para llevar la perseverancia a su máxima expresión, y lo difícil es mantenernos firmes y ser más constantes aún que ellos.

Hay que tener en cuenta también si existe algún otro problema que pueda estar influyendo en la conducta de nuestro hijo. Por ejemplo, los niños con TDHA, en un alto porcentaje, presentan problemas de conducta. Los niños depresivos también pueden exhibir este tipo de comportamientos, ya que la depresión en niños no tiene los mismos síntomas que en el adulto.

Por otro lado, una baja autoestima o inseguridad pueden expresarse de esta manera, así como problemas con sus relaciones: sufrir bullying en el colegio, celos de algún hermanito, necesidad de más atención por parte de los padres. A veces, estas malas conductas son la manera en que los niños expresan la rabia que sienten por otras cosas que están sucediendo en su vida y sobre las que no tienen control.

Es importante pedir ayuda de un profesional si sospechamos que nuestro hijo pueda presentar cualquiera de estos problema. Por lo general, como decíamos, la causa suele ser la suma de varias.

Si hemos descartado que el niño necesite intervención psicólogica, y consideramos que se trata más bien de un problema relacionado con su temperamento y nuestro estilo de crianza, es el momento de ver qué podemos hacer.

¿Qué estoy haciendo mal?

No se trata de buscar culpables, pero si de asumir responsabilidades. Como padres tenemos que ser conscientes de esa responsabilidad.

Hay una parte que no depende de nosotros y que, cómo decíamos, puede estar relacionada con el carácter del niño o con circunstancias por las que atraviesa, pero hay otra parte que depende directamente de nosotros.

De si conocemos bien a nuestro hijo, del tiempo y la dedicación que le brindamos, de nuestra capacidad para informarnos y «aprender» a educar a nuestros hijos. De nuestro estilo educativo y nuestra dispobilidad emocional.

¿Qué podemos hacer?

Empezar a educar desde que nacen. A veces escucho a los papás decir que no ponen límites a sus hijos, o no les dicen cómo deben comportarse, o no les enseñan normas básicas de educación, «porque son demasiado pequeños» (y no se están refiriendo a un niño de un año). Los niños están aprendiendo SIEMPRE.

Son pequeñas esponjas con una capacidad grandísima de aprendizaje, de observación, de ensayo y error. Habrá muchas cosas que las aprenderán simplemente de vernos a nosotros. Otras irán aprendiéndolas a base de experimentar las consecuencias de sus actos. Otras por ensayo y error.

Y muchas otras, porque nosotros se las enseñamos directamente.

La frustración. El gran caballo de batalla

La frustración es el sentimiento desagradable que se experimenta cuando no se consigue lo que uno quiere. Aprender a tolerarla es muy importante, porque en la vida son muchísimas las ocasiones en que es necesario tolerar lo que no nos gusta, que las cosas no salgan como esperamos, etc.

¿Y cómo se aprende? Poco a poco, desde pequeños. En primer lugar, experimentándola. Los padres a veces no permitimos que eso suceda. Nos anticipamos a las consecuencias negativas de las cosas, sobreprotegemos. Damos a los niños todo lo que piden. Consentimos sus conductas inapropiadas.

 Así que no les estamos permitiendo experimentar la frustración.

Y aprender a manejarla. Este es el segundo aprendizaje que deben hacer nuestros hijos. Aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración, y saber qué hacer con ellas, cómo expresarlas.

La rabia es la emoción que suele aparecer. La rabia se puede expresar de muchas maneras, algunas mejores para nosotros que otras. Puede aparecer en forma de violencia ( pegar, insultar, golpear objetos), en forma de llanto y de gritos.

Como padres debemos favorecer una expresión adecuada de la ira, enseñando al niño a ir controlándola y manejándola, y permitiendo que esa emoción se exprese pero en formas más adaptativas. Se trata de dar salida a la ira, no se trata de evitarla o de anularla. Pero de la manera adecuada.

Poner límites claros, normas claras

Y hacerlas cumplir. Hay muchas formas. No es necesario ni mucho menos estar todo el día castigando. Hay que saber motivar, hay que hacer entender las consecuencias de sus actos, también permitir que las experimenten, hay que ofrecer consecuencias positivas a su buen comportamiento, y hay que predicar con el ejemplo.

Ser consecuente, y perseverante

No vale castigar y levantar el castigo a la media hora. No vale permitir hoy una conducta, y mañana no. No vale educar según tenga yo el día ni según mi grado de cansancio.

Elegir las batallas

Pocas pero con paso firme. No tolerar lo intorable. Y dejar pasar lo intrascende. A veces nos desfondamos en cosas sin importancia «lávate los dientes», » no pongas los pies en el sofá», pero permitimos insultos, agresiones y faltas de respeto.

Si ves que no sabes cómo hacerlo, pide ayuda

A veces los padres necesitan unas pocas sesiones de asesoramiento con un psicólogo para que les dé pautas. Otras veces es necesario también intervenir con el niño, pero no siempre. Ante la duda, consultar. También son muy importantes las escuelas de padres y los libros sobre educación.

«Cuando nace un niño, nacen un padre y una madre». Y no, no traen manual de instrucciones. Así que tomemos nuetro tiempo en aprender a ser buenos padres y madres, porque es de las tareas más bonitas y, a la vez, más difíciles que vamos a hacer en nuestra vida.

Úrsula Perona
Psicóloga infantil
Colaboradora de Sapos y Princesas

ConsejosEducación en casaConducta conflictiva Hiperactividad – TDAH Infantil (3-6 años) Límites Preadolescencia (11-12 años) Primaria (7-10 años) Rabietas Valores

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/educacion-en-casa/que-hacer-con-ninos-desafiantes-y-desobedientes/

Embarazo y niños
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