Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

¿Cuál es el mejor método para enseñar a leer y escribir a los niños? • Escuela Bitácoras

Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

La lectura y la escritura están entre los primeros grandes aprendizajes que los niños afrontan en la escuela. Es natural que el tema genere interés, incluso cierta preocupación, entre mamás y papás. Sin embargo, por lo general el qué nos interesa mucho más que el cómo.

No solemos dedicar tiempo ni esfuerzo a comprender en qué consiste el proceso de lectoescritura, qué requisitos previos necesita o qué sucede en el cerebro cuando estamos leyendo.

Por eso nos sorprende descubrir, por ejemplo, que existen relaciones entre gateo y lectoescritura; o que hay múltiples métodos para enseñar a leer y escribir.

Porque la lectura y la escritura se enseñan. Lo explica Laura Estremera en el curso «Lectoescritura». «Otros procesos, como el desarrollo motor o el control de esfínteres, son madurativos. Hagamos lo que hagamos, culminan al llegar cierto momento.

La lectura y la escritura, en cambio, no se producen si no se da ese aprendizaje», dice la maestra. La clave es entender la diferencia entre aprendizaje y maduración. A partir de ahí, existen muchos métodos. Conocerlos es importante para tomar decisiones desde el conocimiento.

«Todos tienen ventajas y desventajas», apunta Laura, «aunque día de hoy sabemos que algunos favorecen más el aprendizaje inicial que otros».

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Métodos para enseñar a leer y escribir

En líneas generales, podemos dividir los distintos métodos en varios grandes bloques. Algunos parten de la palabra completa. Se presenta al niño vocablos íntegros: MANO, MAMÁ, MARIPOSA. Con el tiempo, los niños acaban percibiendo las coincidencias.

La M de MANO es la misma que la de MAMÁ; el MA- de MARIPOSA es igual al MA- de MANO. Para Laura Estremera, esta clase de método es más apropiado para idiomas opacos. Son aquellos en los que existen distintos grafemas para un solo fonema, o al revés.

En inglés, por ejemplo, una misma letra puede suponer varios sonidos. La 'o' no suena igual en dog que en house.

En otros métodos se propone aprender primero el alfabeto, memorizar el nombre de las letras, para pasar después a las palabras. Laura Estremera opina que esto puede suponer aprender para desaprender.

La letra 'm' se llama 'eme', pero si tenemos que leer la palabra MANO no diremos eme-a-ene-o. También hay estrategias que apuestan por partir de sílabas.

Sin embargo, la cantidad de combinaciones de sílabas posibles en castellano implica que esta vía exija grandes esfuerzos de memorización.

El castellano, como el italiano y muchos otros, es un idioma transparente. Cada grafema corresponde casi siempre a un único fonema. La 'a' siempre suena del mismo modo.

Para esta clase de idiomas, Laura Estremera recomienda los métodos que parten de fonemas, representados por letras. Las últimas investigaciones señalan que los niños alcanzan antes los requisitos madurativos precisos para abordar este aprendizaje.

Eso sí, se trata de una vía más lenta que otras. Requiere conocer cada letra hasta construir la combinación más compleja, la palabra.

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¿Qué actividades y materiales son adecuados para aprender a leer y escribir?

«A veces pensamos que cualquier actividad con letras supone trabajar lectura o escritura», advierte Laura Estremera, «cuando veo materiales de lectoescritura, me imagino que en lugar de una letra que conozco hay una letra del alfabeto chino. Entonces puedo valorar si ese material está favoreciendo algo relativo a la lectoescritura o no». Aquí te proponemos un ejemplo.

Las propuestas similares a la que puedes ver sobre estas líneas son frecuentes. Damos por hecho que colorear esa letra V resultará útil para el aprendizaje de un niño. Pero, ¿es realmente así? En primer lugar, la letra no se ve al completo. El dibujo de Coco cubre una buena parte.

Además, asociar la letra V con esa imagen supone asumir que el niño sabe y entiende que el vínculo entre ambos elementos es un instrumento llamado violín.

Y al margen de todo esto, ¿qué aporta a la lectoescritura colorear esta composición? Hay muchas otras actividades comunes que suelen asociarse a estos procesos y que en realidad tienen que ver con otro tipo de destrezas.

En el curso «Lectoescritura» analizamos materiales y estrategias empleadas para enseñar a los niños a leer y escribir. También aportamos alternativas, principalmente basadas en el trabajo de María Montessori.

La italiana reivindicó una nueva mirada hacia la infancia, considerando a los niños constructores de sí mismos y responsables de su propio aprendizaje. «El hombre aprende no solamente con la cabeza y el cerebro, aprende también con la mano, si se considera el tacto como el agente intelectual que debe cooperar con la vista», dijo Montessori.

Sus propuestas permiten a padres y educadores acompañar a los niños a través de los caminos del aprendizaje, siempre desde el respeto y la confianza en su potencial.

Foto: StockSnap [CC0 1.0]

Источник: https://escuela.bitacoras.com/2020/01/21/cual-es-el-mejor-metodo-para-ensenar-a-leer-y-escribir-a-los-ninos/

Los métodos para que los niños aprendan a leer

Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

Aunque cada vez menos, son todavía muchos los profesores que siguen creyendo en la eficacia del enfoque tradicional –también llamado sintético– para enseñar a leer y escribir. Este enfoque se basa en una premisa básica: empezar el aprendizaje por las estructuras más simples y, una vez memorizadas, fusionarlas en otras más complejas.

Ese es el esquema que siguen los métodos fonético, alfabético y silábico.

  • El método fonético. Parte del sonido de la letra como unidad mínima –por ejemplo, la s no se aprende como ese, sino como sssss– para, posteriormente, relacionarlo con la grafía. Este método tiene un importante número de defensores, que consideran que ayuda a los niños a comprender más fácilmente la relación entre fonema y letra –en definitiva, entre habla, lectura y escritura– y a articular las palabras de forma correcta y sin errores. Sin embargo, también se critica que a los 4 o 5 años, cuando se empieza a leer, los pequeños todavía no tienen interiorizado el concepto de fonema en el que se basa toda la técnica.
  • El método alfabético. Es el más antiguo de todos –nació antes de Cristo– y posiblemente el más popular en España. Casi todos los mayores de 30 años hemos aprendido a leer y escribir con este sistema que se basa en trabajar la forma y el nombre de cada una de las letras de manera independiente para, después, combinarlas creando sílabas y palabras. Se empieza con las vocales, en el orden i, o, a, e, u, se sigue con las consonantes, generalmente con la p o la m que resultan más fáciles para los niños, y con ellas se van formando las primeras sílabas y palabras.
  • El método silábico. Es un derivado del fonético y el alfabético, con la variante de que toma a la sílaba como unidad mínima, lo que permite a los niños captar mejor este sonido y aprender a leer con más facilidad.

No son estas las únicas ventajas del enfoque tradicional de la lectoescritura. Los especialistas le reconocen –más el silábico y el fonético que el alfabético– algunos beneficios sobre el aprendizaje.

Así, ayuda a la memorización de las grafías, a la correcta articulación de las sílabas y palabras, al aprendizaje de las reglas gramaticales y a la precisión en la lectura y la escritura.

Tanto es así que algunos países, como Francia, se están planteando volver a aplicarlo en sus colegios y desterrar el método global, que, en opinión de sus autoridades, ha favorecido el aumento de la dislexia.

Los expertos tampoco obvian las importantes desventajas pedagógicas que provocaron que estas técnicas se fueran desterrando de nuestro sistema educativo.

La principal es que el sistema tradicional no respeta el ritmo madurativo de los niños, les fuerza a leer y escribir de forma mecánica, sin comprender lo que están haciendo.

¿Y qué pasa si un niño ya está capacitado para empezar a leer a los 3 años, mientras que su compañero es incapaz de seguir el ritmo que el profesor impone en clase? Además, al insistir tanto con letras y sílabas, los niños asimilan muy bien el código, pero no entienden el concepto, no comprenden que la sílaba aprendida solo tiene sentido si va dentro de un conjunto con significado completo, como ‘Pepito’ o ‘el perro tiene rabo’.

El enfoque global

Para superar estos inconvenientes, las últimas leyes educativas aprobadas en España empezaron a preconizar unas nuevas técnicas de enseñanza de la lectoescritura, denominadas analíticas y que se caracterizan por partir de unidades con significado completo, ya sea una palabra o una frase. Quizá el más utilizado en nuestros colegios sea el llamado método global, que trabaja con palabras apoyándose en las imágenes que las identifiquen para que el niño comprenda el concepto desde el principio.

Este sistema tiene la ventaja de que permite comenzar la enseñanza de la lectura y la escritura a partir de los 3 años.

Para ello, los profesores llenan la clase de carteles con palabras –el nombre de cada alumno escrito en su mesa y en su perchero, el nombre identificativo de cada objeto del aula, el título de los dibujos que han realizado los niños y que están colgados en las paredes…– que tengan relación con el mundo de los pequeños.

Así, gracias a su memoria visual, los niños reconocen letras, incluso frases –¿a qué tu hijo lee con soltura Coca-Cola en la lata de refresco?–, y las relacionan con las imágenes.

Tras muchas, muchas repeticiones, los niños ya están preparados para leer frases o, incluso, textos con esas palabras aprendidas.

El resto de los elementos de la oración, como los verbos, los reconocen por deducción, a través de las relaciones que existen entre todos los componentes de la frase.

De esta forma, los niños aprenden por curiosidad y por comprensión y entienden perfectamente lo que leen.

Sin embargo, el sistema global también presenta algunos problemas, fundamentalmente las faltas de ortografía, a pesar de que a los niños también se les enseña a copiar las palabras que leen en los carteles.

Y es que, aunque ellos comprenden globalmente un texto, no conocen el código de escritura y la estructura de sílabas y palabras.

 Otro problema es que en el mundo existen más palabras que las que le presenta su profesor, lo que limita su vocabulario y provoca que, si al leer no reconocen alguna de ellas, se la inventen.

Métodos mixtos y sistema constructivo

Pero como no todo lo global es negativo y no todo lo tradicional “está pasado de moda”, en los últimos años muchos colegios han empezado a implantar métodos mixtos que recogen lo mejor de ambos.

Así, ahora se combina la presentación de palabras y frases enteras con el análisis minucioso de las letras y las sílabas que las forman.

Un ejemplo: una vez que los niños conocen la palabra ‘perro’, el profesor escribe una frase que la contenga y le anima a que la encuentre en el texto, le enseña cada una de las letras que la forman, le explica que la p con la e es pe, la pronuncia repetidamente para que capte su sonido y le muestra otras palabras que empiezan por la misma sílaba.

A pesar de tantos métodos y técnicas diferentes, hay algunos expertos que apuestan por obviarlas y buscar un aprendizaje más natural de la lectoescritura. Eso es precisamente lo que preconiza el sistema constructivista, que respeta el ritmo madurativo del niño y que parte de la base de que aprendemos a leer y escribir para comunicar.

Desde el primer día, al niño se le invita a leer y a escribir “como los mayores”. Y él lo hace, apoyándose en imágenes e interpretando el texto a su manera. Por supuesto, luego el profesor se pone a su lado y lo hace correctamente.

También se le anima a que busque las letras que conoce –el abecedario siempre está presente en clase– y las palabras que ya ha visto antes, como su nombre –es lo primero que aprende en casa y se trabaja en clase– o una marca comercial que ha visto impresa en cualquier producto de consumo.

Y así, poco a poco –según el ritmo de maduración de cada niño– y a base de leer todos los días –, aprenderá las claves y códigos de escritura. De hecho, hay niños que ya leen con sólo 3 años de edad.

El aprendizaje de la escritura es también muy natural para los pequeños.

De hecho, todos siguen las mismas pautas: Si se le pide a un niño que escriba su nombre, primero dibujará un garabato, luego unas bolitas, después unos palotes, y más tarde las pseudoletras, que son parecidas a las letras, pero ‘mal escritas’, tumbadas, puestas al revés.

Las primeras que aprenden son las vocales. Por eso, no te extrañes si ves un cuaderno de tu hijo con un dibujo de un gato y debajo pone ao o gaot. Terminará haciéndolo bien. Recuerda que así fue como aprendió a hablar.

A qué edad empezar y cómo ayudarle desde casa

¿A qué edad deben empezar a leer y escribir los niños? Nuestra legislación dice que en Primaria, es decir, a los 6 años. Eso no significa que antes no puedan conocer las bases de la misma.

De hecho, tanto el método tradicional –que a los 3 años comienza con la grafomotricidad para practicar los movimientos de la escritura– como el global y el constructivista –que enseñan palabras y textos desde los 3– trabajan esta materia en Preescolar.

De cualquier forma, y partiendo de la base de que no todos los alumnos progresan a igual ritmo ni tienen la misma madurez mental y de que la enseñanza, por tanto, debe ser individualizada, los especialistas consideran que un niño estará preparado para leer y, sobre todo, para escribir cuando adquiera el nivel intelectual adecuado, una capacidad lingüística satisfactoria, un desarrollo sensorial y psicomotor correcto –coordinación entre mano y ojo– y una estimulación familiar y escolar apropiada.

Pero el verdadero interés por la palabra escrita puede retrasarse si no lo despiertas desde casa. Estas son algunas medidas:

  • Los niños imitan a su padres. Si te ven leyendo el periódico todos los días, es posible que un día descubras que él también hace lo mismo.
  • Lee diariamente un cuento con el niño: Primero hazlo tú y después anímale a que lo intente él. Si aún no sabe, lo interpretará a su manera. Jugad a descubrir en el texto letras y palabras que conozca.
  • Despierta su curiosidad por los mensajes escritos. Explícale lo que aparece escrito en cualquier objeto de su entorno: en la caja de cereales, en su jarabe para la tos, en una valla publicitaria… Así le enseñas nuevas palabras y fomentas su curiosidad. Terminará preguntándote continuamente “¿qué pone ahí?”
  • Repasad juntos sus trabajos de clase. Valora su esfuerzo y evita presionarle.
  • Fichas y cartilla también en casa. Pregunta a su profesor por el material más adecuado para trabajar con tu hijo. Cada uno de los sistemas de lectoescritura usa herramientas distintas. La cartilla es el instrumento clásico del método tradicional y las fichas que identifican las imágenes con sus nombres, uno de los más adecuados para seguir el método global en casa.

Asesoramiento: Gema Aguado, profesora de Educación Infantil y especialista en Pedagogía, y Mª Jesús Álava, especialista en psicología educativa y clínica.

Gema Martín

Источник: https://www.guiadelnino.com/educacion/el-nino-de-6-a-10-anos/los-metodos-para-que-los-ninos-aprendan-a-leer

Diez consejos para ayudar a los niños a aprender a leer (si es que quieren aprender) (I)

Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

Tengo un hijo de 5 años que está a punto de cumplir 6, que sabe leer desde hace más de un año, siendo el primero de la clase en hacerlo.

Mucha gente nos pregunta cómo lo hemos hecho, incluso la profesora cuando un buen día se acercó a nosotros y nos dijo “¡sabe leer!”.

No supimos qué responder porque pensábamos que todos los niños de la clase leían más o menos como él, pero al decirnos esto nos dimos cuenta de que no, era el único y además ella estaba impresionada.

La respuesta es muy simple: mi hijo aprendió a leer porque quería aprender a leer.

Se fijaba en las letras, observaba cómo leíamos, preguntaba por ellas y preguntaba “qué pone aquí” y cosas similares.

Viendo su interés decidimos ayudarle a aprender y, entre hoy y mañana, os daré diez consejos para ayudar a vuestro hijo a aprender a leer, si es de los que os pide aprender.

Hubo gente que al verle leer con 4 años (estaba cerca de cumplir cinco) nos recriminó el haberle enseñado tan pronto porque hay quien dice que “es tan malo que aprendan tarde como que aprendan pronto”.

La frase no está mal, porque no es bueno forzar a los niños a que aprendan a leer si no están motivados para ello, pero si los niños preguntan, si tienen curiosidad y te piden que les eches una mano, lo contraproducente es no respetar su curiosidad y no responder a sus inquietudes (a no ser que queramos que dejen de ser curiosos y que dejen de preguntar para aprender).

Con esto quiero decir que si mi segundo hijo, Aran, que tiene ahora 3 años cumplidos ayer mismo, no nos pregunta por las letras ni nos dice “qué pone aquí”, aprenderá a leer cuando le enseñen en clase y con los cuentos que leemos en casa, porque papá y mamá no van a forzar nada (aunque sí seguiremos algunos de los consejos que os ofrezco, porque son inherentes a nuestra forma de ver la lectura).

La importancia de saber leer

Saber leer es una de las cosas más agradables que existen, porque gracias a que sabemos leer entendemos la mayoría de nuestro entorno (hay letras, rótulos, frases, instrucciones y palabras por todas partes), porque así podemos leer libros y al hacerlo adquirir vocabulario y conocimientos, descubrir nuevos mundos, personajes e historias que podemos saborear poco a poco y cuya magnitud es mucho mayor que la de una película, que en menos de dos horas concluye.

Fijaos si es importante la lectura que en Finlandia, el país que mejores resultados académicos ha venido mostrando en los últimos años en el informe PISA, los niños no empiezan a leer hasta los 7 años.

Dicho así suena un contrasentido, pues lo lógico parece ser que cuanto antes aprendan a leer mejor para los niños, pues antes descubrirán el placer de la lectura, sin embargo lo hacen por un motivo evidente: quieren que los niños aprendan a leer cuando de verdad quieran leer y no cuando los mayores queramos que lean, a riesgo de que lo hagan demasiado pronto, no estén motivados para ello, les parezca aburrido y acaben detestando las letras, las palabras y en definitiva el mágico mundo de la lectura.

Se ha observado que los niños que más tiempo dedican a la lectura son los niños que mejor comprensión lectora tienen y también los que acaban captando conceptos de manera más rápida, hecho que acaba por verse reflejado en los resultados académicos. Es decir, los niños que leen más son los niños que de media acaban sacando mejores notas.

Repito, mi intención con esta entrada no es hacer que los padres consigan que sus hijos lean con 3 años, ni con 4 ni con 5, sino ofrecer consejos y pautas para aquellos padres con hijos que les preguntan y tienen curiosidad por aprender a leer, viéndose ellos en la duda de qué hacer, pues lo enseñado en clase no satisface su curiosidad.

1. El mejor ejemplo está en casa

Está claro que el primer consejo tiene que ser este: el ejemplo. Nosotros los padres somos sus máximos referentes y las personas en que más se fijan.

Si nosotros no cogemos un libro, si apenas tenemos en casa y si no nos ven leer es más difícil que ellos quieran leer, porque les sonará raro que insistamos en que lean cuando nosotros no lo hacemos.

Es más, los niños muchas veces llegan a la conclusión de que si insistimos demasiado en algo es que muy divertido no es (nadie les insiste en que vean la televisión, por ejemplo).

2. Que tengan libros, claro

Siempre recordaré a la madre de una niña de casi dos años que me preguntó una vez si ya era buen momento para comprarle cuentos a su hija.

Me quedé sorprendido, descolocado, desconcertado… “¿Dos años y aún no tiene cuentos ni libros? ¿Nadie se ha sentado con ella para leerle un cuento?”, pensé.

Evidentemente le respondí que sí, que por supuesto era un buen momento para contarle cuentos y que, de hecho, era una de las mejores cosas que podía hacer para entretener, divertir, estimular e instruir a su hija.

Por eso los niños tienen que tener cuentos y libros tan pronto como se pueda. De pequeños sirven los de ropa, para el baño los hay impermeables, luego llegan los de páginas gruesas, con las letras, números y colores para ir luego siendo más completos, más extensos y con páginas menos gruesas.

No sé cómo lo haréis vosotros, pero en mi casa siempre que ha habido regalos, han caído cuentos y libros. Siempre. Insustituibles. Nunca han faltado libros.

3. Que los tengan en un lugar accesible

Que tengan no es indicativo de que los vayan a tocar. Conozco personas que apenas leen que tienen (diversos) libros en casa (sorprendentemente), probablemente como adorno o como elementos acumuladores de polvo. Los niños pueden tener también un montón de libros, pero si están guardados en una caja, o en una estantería elevada, no ganamos nada.

Deben estar accesibles, a su altura, en alguna estantería donde estén de pie (si están tumbados cogerán el primero y a lo sumo el segundo, pero no los de debajo) y los puedan ir cogiendo y dejando según vaya interesando.

4. Que elijan los libros que quieren

No todos los libros que tengan deben llegar a través de regalos, porque así serán todos elegidos por los demás (y los adultos normalmente leemos antes los que compramos nosotros que los que nos regalan y desconocemos).

De vez en cuando, sin motivo aparente (sin cumpleaños, sin que sea Navidad ni haya motivo para regalar), está bien acercarte con tu hijo a la librería y estar un rato con él.

Los libros infantiles son coloridos, divertidos, dan ganas de mirarlos todos y estar ahí para ellos es como entrar en un pequeño parque de atracciones cultural.

Miran libros, los abren, los dejan (nosotros siempre controlando para que los respeten, claro), y al final que elijan el que quieran.

Nosotros en casa tenemos un par de libros de Geronimo Stilton porque fuimos a ver la obra, conocen el personaje y los libros son chulísimos, pese a que son extensos y están destinados a niños de a partir de 7 años.

Jon los eligió con 5 años recién cumplidos y de vez en cuando lee una parte, luego nosotros continuamos con otro párrafo, sin prisa, para saborearlo y para que él no se frustre viendo que va más despacio, y sigue él con un nuevo párrafo hasta que él decide que por hoy ha leído suficiente.

Evidentemente también tienen que tener libros adecuados a su edad (de hecho, prácticamente todos deben serlo), con menos texto, más cortos y dinámicos y que les permita acabar la historia en un día y no en varios.

5. Que conozcan el alfabeto

Lo ideal para empezar es que conozcan un poco el alfabeto, o sea, que reconozcan las letras. Que sepan qué letra es cada una, porque a partir de que las conocen pueden luego combinarlas fonéticamente al leer sílabas: “La B con la A no se dice BE-A, sino BA”.

Para que las aprendan, debemos decirles qué letra es cada una y luego añadir el fonema (precisamente para favorecer que al leer “PAPA” no se queden diciendo “PE-A-PE-A”, sino “Pppp-A-Ppp-A”, que al ganar velocidad se convierte en “PA-PA”).

Es decir, cuando aprendan la “B”, decir, “BE, Bbbbb”, cuando aprendan la “S” decir, “ESE, Ssssss”, cuando aprendan la “M” decir, “EME, Mmmmmm”.

Para que conozcan las letras sin que aprenderlas sea aburrido puede ir bien jugar directamente con letras físicas.

Un buen recurso (un grandísimo recurso, diría yo) son las letras imantadas, para la nevera, por ejemplo, o para las pizarras que admiten imán.

Con ellas pueden jugar a colocar las piezas e incluso puede ser interesante hacerles un “encajable” en una cartulina Din-A3 para que las coloquen ahí.

Esto no es más que coger una cartulina blanca y repasar letra por letra dibujando el contorno (si queréis en el mismo color que la letra), sujetándolo después a la pizarra con imanes (o como queramos) para que luego ellos vayan poniendo las letras en su lugar.

Si no queréis comprar letras de imán siempre podéis imprimir unas letras, recortarlas y jugar con ellas (pintándolas, poniéndoles pegamento, haciendo manualidades con ellas, etc.). En Bebebibobú, Andrea nos ofreció hace unos meses unos juegos de letras para imprimir, con fundas para guardarlas y todo (para que luego no digáis que no os lo pongo fácil).

Es recomendable, tanto si las imprimís en casa como si las compráis, que os hagáis con al menos dos juegos del abecedario completo, para poder hacer palabras con las letras.

Cuando ya conocen el alfabeto podemos jugar a crear palabras del mismo modo, dibujando la silueta “PAPA”, “MAMA”, “BOB”, “PATRICIO”, “DORA”, para que ellos coloquen las letras y vayan dándose cuenta de que están construyendo palabras.

Mañana seguimos

Nos quedamos en el consejo número cinco para que la entrada no se haga excesivamente extensa y mañana seguimos con el resto de consejos para que nuestros hijos se familiaricen con las letras y la lectura y disfruten de un mundo apasionante de manera divertida.

Antes de acabar os dejo con un consejo extra: sin prisas. Si hemos decidido enseñarles porque tienen curiosidad, no matemos su curiosidad agobiándoles o agotándoles. Debemos ofrecer recursos para que puedan ir saciando sus ganas de saber, pero siendo ellas (las ganas), las que controlen el cuándo y el cuánto.

Fotos | ThomasLife, Eyeliam en Flickr (CC)

Источник: https://www.bebesymas.com/educacion-infantil/diez-consejos-para-ayudar-a-los-ninos-a-aprender-a-leer-si-es-que-quieren-aprender-i

Ejercicios de lectoescritura para niños de 5 años

Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

Te presentamos una serie de ejercicios de lectoescritura para niños de 5 años. Se trata de actividades dirigidas a niños de ciclo de educación infantil y hechas por profesores de infantil y primaria.

Son tareas extraescolares que refuerzan el conocimiento aprendido en el colegio. Con estos ejercicios podrán reconocer las letras del alfabeto y aprenderán a escribirlas. Son unas fichas muy útiles para que los niños aprendan a escribir ya que con 5 años han de terminar el curso sabiendo leer y escribir.

Divertidos ejercicios de lectoescritura para niños de cinco años

A la edad de cinco años, los niños han ganado habiliades motrices, por lo tanto, son capaces de tomar el lápiz y realizar trazos, curvas, ondas e incluso algunas letras. Es, por lo tanto, un estupendo momento para estimularles en la iniciación a la lectoescritura.

Los niños de cinco años, generalmente ya conocen las vocalesmayúsculas y, durante el último curso de preescolar, aprenderán a escribir las vocales en minúscula. También realizarán una aproximación a las consonantes, conociendo su grafía y su sonido.

Es muy importante que, si quieres ayuda a tu hijo a practicar la lectoescritura en casa lo hagas como un juego, en períodos cortos de tiempo y sin atosigarle o regañarle. Es posible que, de un día para otro, haya olvidado alguna grafía ya aprendida, o realice una caligrafía inversa de alguna letra.

 Estos primeros fallos a la hora de escribir son absolutamente normales, puedes ayudarle a mejorar su conocimiento del alfabeto con las fichas de Conmishijos.com para niños de cinco años.

Han sido elaboradas por profesores de infantil y primaria, por lo tanto, conocen el nivel evolutivo en el que se encuentran los niños, y las habilidades que poseen. 

Recuerda que, presionar al niño solo conseguirá que se bloquee antes este aprendizaje tan importante. Estamos sentando las bases para que, cuando pase a Primaria con 6 años, pueda ya conocer bien todas las letras e incluso leer algunas sílabas o palabras cortas.

Si tu hijo no está preparado, coméntalo con su profesora en el colegio, pero no le obligues a hacer algo para lo que no ha alcanzado su madurez. Estas fichas de lectura y escritura son para practicar, repasar, mejorar y, sobre todo, para divertirse.

 

Ejercicios de lectoescritura para niños de 5 años: Las vocales

En Conmishijos, hemos preparado una serie de ejercicios para que tu hijo conozca las letras del alfabeto y pueda iniciarse en la lectoescritura. Comenzaremos por las vocales:

 Ficha para aprender la letra A:  Esta ficha sirve para aprender a reconocer y escribir la letra A en mayúscula y minúscula.

 Letra E: Esta ficha sirve para aprender a reconocer y escribir la letra e y, para practicar su escritura.

 Aprender las vocales: letra I: Esta actividad ayudará a tu hijo a reconocer y escribir la letra i, reconocer palabras que incluyen la letra i y a practicar la escritura de la letra i

 Letra O: ficha de lectoescritura: Esta ficha sirve para que el  niño pueda aprender a reconocer y escribir la letra O en mayúscula y minúscula.

 Ejercicio con la letra U: En esta ficha, el niño deberá seguir los puntos para escribir la letra u y además detectar esta letra en algunas palabras.

 Fichas de escritura para que los niños aprendan las consonantes

Los niños comienzan aprendiendo las vocales para después pasar a un nivel superior y adentrarse en el mundo de las consonantes. Conociendo vocales y consonantes, ya podrán comenzar a leer pequeñas palabras o a escribir sílabas: 

 Letra M: Actividad para niños de 5 años. que trata de enseñar de forma divertida la letra M.

 Letra P: Esta actividad está dirigida a que los niños reconozcan la letra P y practiquen la escritura de la letra P. 

 Ejercicio con la letra L:se trata de aprender su grafía, su sonido y las palabras que la contienen.

 Actividad con la letra D: ejercicio para que los niños practiquen la escritura de la letra d.

 Letra S: una actividad dirigida a niños de 5 años, para que aprendan de forma divertida la letra S.

 Ejerccio de lectoescritura: letra T: imprime estas fichas para trabajar con tu hijo la consonante T. 

 Letra N: Actividad para niños de preescolar, ficha con ejercicios de la letra N.

 Ficha de escritura con la letra F: ¿cómo se escribe la letra F? Tu hijo aprenderá a hacerlo en mayúscula y minúscula.

  Actividad para niños: aprender la letra B: estas fichas ayudarán a tu hijo a practicar la escritura de la letra B.

  Letra V:  Esta actividad está dirigida a que los niños reconozcan la letra V y practiquen la escritura de la letra V. 

 Ficha para practicar la letra R: imprime ests fichas y ayuda a tu hijo a recordar cómo se escribe esta consonante.

 Letra C: Actividad para niños de 5 años. Se trata de aprender la letra C.

 Letra Q: Ejercicios para niños de 5 años. Aprendiendo la letra Q. 

 Ficha para aprender la letra G: ejercicios para aprender jugando. Más adelante aprenderán los distintos sonidos de la G, según la letra a la que acompañen.

 Letra H: es una letra complicada para los niños ya que no tiene sonido pero comenzaremos aprendiendo su grafía. 

Letra J: Ficha divertida de lectoescritura para niños de 5 años. Aprender la letra J

 Letra Ñ: Una letra parecida a la n, pero con un sonido diferente, y única en el lenguaje español. 

 Letras z: Escribir la letra z. Ficha para niños de 5 años.

  Actividad para practicar la letra x: ejercicios para niños de 5 o 6 años.

 Letra k: Ejercicio para niños de 5 años. Aprender la letra K en mayúscula y minúscula

 Letra w: una letra poco usada en español, pero que también hay que aprender. 

Más ejercicios de lectoescritura para niños de preescolar

Los niños han de aprender que, algunas letras, pueden ir acompañadas de otras. En estas fichas que te presentamos, podrán practicar la grafía y el sonido de este tipo de casos como: ll, ch, ge, je, etc. Además te ofrecemos otra serie de fichas para mejorar la capacidad escritora y lectora de los niños que están comenzando con la lectoescritura.

Источник: https://www.conmishijos.com/tareas-escolares/lectoescritura/ejercicios-de-lectoescritura-para-ninos-de-5-anos/

Cómo y cuándo enseñar a leer y a escribir

Cómo enseñar a leer a un niño de 4 años

El proceso de aprender a leer y a escribir se conoce con el nombre de lectoescritura. Leer implica la comprensión de un texto y escribir supone la producción de un mensaje con un determinado propósito. Se trata, por lo tanto, de acciones con aspectos comunes pero que requieren de algunas habilidades distintas.

La mayoría de niños siente deseo de empezar a leer y a escribir porque esto significa entrar en el mundo de los mayores. No obstante, no siempre los adultos sabemos acompañar este proceso para que sea satisfactorio y se dé adecuadamente.

¿En qué momento empezar?

En un contexto social como el nuestro, es habitual que el niño vea experiencias de lectura y de escritura en acciones cotidianas y que se relacione de una u otra manera con el código escrito.

Observar atentamente las páginas de un libro, imitar el acto de leer o de escribir, escuchar a los adultos que leen en voz alta, hacer deducciones o hipótesis de lo que pasará en un cuento o reflexionar sobre lo que se debe escribir en un mensaje son aspectos que, sin necesidad de dominar el código escrito, ya forman parte de este aprendizaje.

Este tipo de actividades son muy relevantes y suponen, en muchos casos, una gran diferencia entre aquellos que han disfrutado de ellas con la familia y los que no han tenido esta oportunidad. La escuela debería tenerlo en cuenta y ofrecer situaciones que generen un vínculo afectivo con este aprendizaje.

Ahora bien, la adquisición del mecanismo de lectura y de escritura de manera autónoma se produce entre los cuatro y los ocho años y dependerá de la madurez del niño.

Para empezar a leer y a escribir es necesario haber desarrollado habilidades como: tener control del movimiento (del cuerpo y de la mano); coordinación y agilidad visual (para discriminar las letras y seguir correctamente la línea); una buena oralidad (articulación de los sonidos, vocabulario rico, estructura correcta del discurso) y atención, concentración y capacidad de escucha.

Así pues, para empezar la lectoescritura es indispensable reconocer que hay necesidades previas que hay que atender, que cada niño tiene ritmos e intereses diferentes y que se debe acompañar el proceso sin presiones que puedan ser contraproducentes.

Acompañar en el proceso

En el aprendizaje de la lectoescritura es clave combinar la sistematización con la creatividad y la espontaneidad, partiendo siempre de las vivencias del niño y de su necesidad de explorar, jugar y compartir.

Una característica de los niños es su conexión con las palabras: les gusta jugar con los sonidos, hacer rimas, etc.

Estas actividades son importantes en este proceso, ya que les permiten desarrollar la conciencia fonológica, es decir, la capacidad de reconocer los elementos que forman el lenguaje (palabras, sílabas y fonemas) y reflexionar sobre ellos. Se trata de una capacidad relevante para aprender el código escrito.

Para guiar la adquisición de la lectura y la escritura es pertinente recuperar y renovar las aportaciones de pedagogos de referencia como M. Montessori o C. Freinet.

Autores que nos ofrecen materiales, experiencias y una manera de entender el aprendizaje del niño y su naturaleza que, al lado de aportaciones más recientes en el ámbito de la psicología o de la neuroeducación, nos dan la posibilidad de acompañar este proceso teniendo en cuenta la particularidad de cada niño.

Materiales que ayudan

En este sentido, es necesario disponer de materiales para que cada niño, de manera autónoma, pueda desarrollar habilidades distintas, y con gradación de dificultad.

Nos referimos, por ejemplo, a utilizar letras de lija, pizarras individuales donde trazar letras o alfabetos móviles; materiales que, ordenados y utilizados de forma adecuada, sirven para conocer el código (asociar sonido y grafía) de una manera sensorial, ayudando a hacer visible este lenguaje abstracto.

Vídeo que muestra el sistema Montessori de aprendizaje de lectoescritura.

Siempre que sea posible, es mejor ofrecer materiales autocorrectivos que permitan al niño comprobar aspectos como si ha compuesto correctamente la palabra. Se trata de dar oportunidades de aprendizaje, promover la autonomía y evitar que la mirada evaluadora del adulto pese constantemente sobre el alumno.

Facilitar la comprensión y la expresión

En cuanto a la lectura, es necesario empezar a leer palabras conocidas y asociarlas a dibujos o a acciones. Debemos asegurarnos que el lector podrá dar sentido a lo leído desde el inicio del proceso y que tendrá cerca distintos materiales para leer (carteles, palabras con dibujos, etc.), sin olvidar las obras literarias con variedad y riqueza textual para que explore la lectura.

La escritura deberá surgir de las frases vivas del niño, de sus ganas de expresarse. Por este motivo, debe haber espacio para la escritura libre, vinculada al dibujo y a la expresión oral. En la línea de lo que afirmaba Freinet, el niño puede escribir de lo que quiera y cuando quiera, expresando en una frase o un texto sus deseos o vivencias.

Primero pueden ser escritos por el adulto al lado del niño y más adelante ya podrá hacerlos solo. Para que esto sea posible, es necesario que el niño tenga espacios y materiales para escribir sin prescripción del adulto, para hacer garabatos y tantear su escritura o tener una libreta para hacer sus anotaciones en el espacio exterior, en momentos de juego, etc.

Escribir con sentido

En la escuela también hay muchas situaciones de escritura donde es necesario que los niños puedan participar. Elaborando pequeñas noticias, carteles, escribiendo listas de aspectos para recordar, de normas para jugar, de cuentos, de rimas, etc. Se trata de que, con el acompañamiento del adulto, el niño se dé cuenta de la función práctica, comunicativa o creativa del lenguaje escrito.

Cuando se escribe con un objetivo y teniendo en cuenta un destinatario real, en mensajes breves para familiares u otros compañeros, tiene más sentido el proceso de planificar lo que se quiere escribir, textualizarlo y revisarlo.

Esta revisión es una oportunidad para valorar lo que ha querido expresar el niño y, después, ofrecerle materiales claros para que, de forma visual, pueda corregir su escrito.

Pasar el texto a ordenador

No es necesario corregirlo siempre todo, no se trata de focalizar en el error, ahora bien, el texto debe ser totalmente correcto si se va a exponer, si lo vamos a mirar frecuentemente, porque la ortografía se adquiere básicamente mediante memoria visual. En este caso, pasar el texto al ordenador puede ser un buen ejercicio.

En resumen, el proceso de lectoescritura se debe acompañar, requiere de un adulto que ejerza de modelo de lectura y de escritura e implica tiempo.

Conviene dar voz al niño, escucharle y darle oportunidades de crecimiento con materiales y experiencias variadas.

Una vez adquirido el mecanismo, es decir, cuando el niño ya sabe el funcionamiento de la lectura y la escritura, deberá continuar perfeccionando estas habilidades.

Es importante no dejarle solo, continuar compartiendo lecturas en voz alta y favorecer la escritura con finalidades distintas. Iniciar este aprendizaje de manera adecuada es clave para que alrededor de los ocho años no decaiga el interés por leer y escribir y el niño pueda consolidar este aprendizaje.

Источник: https://theconversation.com/como-y-cuando-ensenar-a-leer-y-a-escribir-118941

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