Cómo enseñarle a no ser egoista

Mi hijo es egoísta — Mejor con Salud

Cómo enseñarle a no ser egoista

No hay porqué preocuparse si observas que la conducta de tu hijo es egoísta: es normal que los pequeños la manifiesten. Sin embargo, lo mejor es que los padres traten de ayudar a sobrellevar y erradicar estas actitudes, ya que los niños desconocen que lo son.

La palabra egoísmo se define como un excesivo amor a uno mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, según apunta la RAE. Pero, ¿qué más sabemos sobre esto?

El egoísmo

Desde otro punto de vista, hay quien cree que en el egoísmo hay principalmente una falta de empatía, y la necesidad de poner en primer orden las propias necesidad.

Esto trae como consecuencia que alguien egoísta quiera quedarse con todo o apropiarse de lo que le guste. Por otro lado, no suelen pensar en el mundo que les rodea y cuando se relacionan con otros es porque solo buscan algún beneficio.

No obstante, la buena noticia es que las habilidades sociales, la empatía, el compartir y ser flexible son habilidades que se aprenden. Aún así, educar es necesario. Y educar conlleva su tiempo; un tiempo necesario.

Consejos para cuando un hijo es egoísta

Es importante tomar conciencia de la debilidad y los efectos nocivos que acarrea ser egoísta, por lo que te damos algunos consejos que podrían ser de ayuda para que tu hijo deje de ser egoísta.

Habla con tu hijo si es egoísta

Dile con palabras claras lo que le pertenece. Puedes indicarle lo que es de cada uno y las cosas u objetos que no debe utilizar. Esto se lo debes decir cuando salgas con el niño a visitar a un amigo o si recibes visitas. Además, debes enseñarle que es mejor compartir los juguetes y divertirse con sus compañeros, en lugar de jugar solo.

Lee también: 5 niveles de la comunicación con nuestros hijos

Establece turnos

Se recomienda establecer turnos para utilizar los objetos con tiempos justos para evitar conflictos. Esto es en el caso que tu hijo esté reunido con varios niños para distraerse y solo tengan pocos juguetes, libros o golosinas.

Activa iniciativas generosas

Cuando los adultos tengan iniciativas generosas se puede permitir que el niño forme parte de la actividad. En el momento en que estés realizando un acto altruista, explícale lo que estás haciendo y la satisfacción que se siente al ser generoso.

Estimula al pequeño para que seleccione algunos juguetes o ropa que ya no le quede bien. Así, la podrá regalar en ocasiones especiales como Navidad o eventos benéficos. De esta manera, otros niños podrán disfrutar de los presentes, tu hijo aprenderá a compartir y dejará a un lado el comportamiento egoísta.

Cuando le cueste compartir, recuérdale lo contentos que se pondrán las personas que reciban los presentes y lo orgullosa que te sentirás al saber que tu hijo es muy generoso.

Enseña con el ejemplo

Los padres son el ejemplo a seguir de los hijos. En este sentido, es genial crear un ambiente de generosidad en la familia por iniciativa de los padres. De esta manera, el niño podrá interiorizar esta virtud y comenzar a tener una apertura progresiva en su entorno. Recuerda que la educación se inicia en el hogar.

Las primeras iniciativas de compartir que muestran los niños son hacia sus padres, por lo que estas acciones deben ser reconocidas con mucho amor. Así, lo estarán motivando a que sea una práctica frecuente, incluso con personas fuera del hogar.

¿Tu hijo es egoísta? Fomenta el trabajo en equipo

Cuando un hijo es egoísta y lo pones a trabajar en equipo puede enriquecerse del intercambio de ideas y experiencias. Esto le permitirá aceptar críticas, ser más comunicativo, generoso, solidario y responsable. Por tanto, tendrá más confianza en él mismo.

La presencia de un adulto es fundamental cuando los grupos están formados por niños pequeños. Sin embargo, puede que lo mejor sea que este intervenga solamente si es necesario. Los podrá orientar y ayudar, pero es mejor que sean los niños quienes lleven la tarea principal de manera exitosa.

Una forma de explicarle al niño la importancia y los beneficios de trabajar en equipo es integrándolo en equipos de baloncesto, fútbol o cualquier tipo de deporte en el que dependan unos de otros para conseguir su objetivo. Así se darán cuenta que uno anota el punto, pero el partido lo gana todo el equipo.

Ver también: Criar hijos sola: todo lo que nos espera

Las personas son egoístas por naturaleza

Finalmente, se considera que las personas son egoístas por naturaleza, ya que de esto depende su supervivencia. En el caso de los niños, no significa que sean egoístas per se, sino que están en una etapa del desarrollo en la que ellos son los protagonistas debido a que aún no han desarrollado la empatía.

Por tal motivo, cuando tu hijo es egoísta se sugiere poner en práctica estos consejos y, si aún persiste este comportamiento, es recomendable que solicites un acompañamiento psicoterapéutico.

Esto permitirá aumentar su autoestima y comprender la importancia del mundo que le rodea. Y es que en la sociedad se obtienen mejores beneficios siendo altruistas y generosos.

Источник: https://mejorconsalud.as.com/mi-hijo-es-egoista/

Los niños egoístas no nacen… se hacen

Cómo enseñarle a no ser egoista

Los niños egoístas son el resultado de una mala crianza.

Esto, hay que tenerlo bien presente.

Egoístas por naturaleza

Alguna vez, todos hemos sido egoístas porque el ser humano perfecto no existe.

Cuando nos molesta prestar nuestras pertenencias, nos mortifica que otro se beneficie con algo que podría ser solo nuestro, si negamos una simple acción que ayude a mejorar la vida de otro… nos comportamos de forma egoísta.

Algunas investigaciones demuestran que el comportamiento de pensar siempre en uno por encima de los demás y aprovechar las debilidades de quienes nos rodean; es decir, ser egoístas, es consecuencia de un gen.

El descubrimiento del gen egoísta es un nuevo aporte a la teoría moderna de la evolución y nos expone por qué ese sentimiento está presente en los humanos.

Sin embargo, no porque nacemos diseñados para ser egoístas hay que tomar eso como pretexto para serlo.

Ayudar al prójimo es una de las premisas que deberíamos tener en la vida porque ser considerados y altruistas nos hace mejores personas.

Volvemos al inicio: Los seres humanos, por naturaleza, somos egoístas. Pero también amistosos y solidarios.

Estamos conformados por una mezcla de sentimientos y valores que afloran de vez en vez.

Es por eso que decimos que en las manos de los padres está la manera de encontrar un equilibrio en el comportamiento de sus hijos.

Roce social vs egoísmo

Si tienes varios hijos debes estar más que acostumbrada a mediar en sus discusiones.

Un juguete, una golosina, el puesto delante de la televisión, tu cariño y hasta la hoja amarilla que cayó del árbol encienden sus disputas.

Cuando dos niños quieren algo al mismo tiempo lo reclaman sin dudarlo.

Pero tener varios hijos también puede servir para mostrarles a los niños el valor y la importancia de compartir.

Cuando se tienen hermanos los niños crecen intercambiando todas sus pertenencias, compartiendo el amor de los padres y hasta un mismo panecillo se convierte en bocado para todos.

Algo similar sucede en el jardín de niños.

Un infante que se relacione diariamente con otros pequeños de su misma edad con los que juegue e intercambie los juguetes y el espacio de dicha área, se irá formando en la necesidad de compartir.

Ahora bien, enfatizamos en que el comportamiento de un niño está condicionado por la educación de sus progenitores.

A continuación, te exponemos una de las causas que conllevan a un niño a ser egoísta.

La sobreprotección

La sobreprotección en las primeras etapas de la vida genera grandes trastornos sentimentales y de conducta.

Pero el hecho de dejar de sobreproteger a un niño casi de golpe, digamos, por la muerte del padre sobreprotector o el nacimiento de un bebé enfermizo que necesite muchos cuidados puede despertar el sentimiento de abandono en el menor.

Los infantes desarrollan un sentimiento de pérdida que no pocas veces termina en despertar su egoísmo.

Cuando vuelven a conseguir, digamos, la atención desmedida de otro miembro de la familia, por ningún motivo, la comparten con nadie más.

Otra arista de la sobreprotección se pone de manifiesto cuando el niño en cuestión nace con algún trastorno físico.

Un niño sordo, por ejemplo, que se críe entre adultos y otros menores con plenas facultades auditivas puede sobreprotegerse.

Los demás miembros de la familia incluyendo los otros niños pueden darle un trato especial con el cual el menor va creciendo y se sentirá muy a gusto.

Va a llegar el momento en el que el niño discapacitado se sentirá con mayores privilegios dentro y fuera de casa y creerá que siempre debe recibir un trato especial por encima de los otros.

Esto, sin lugar a dudas, despertará su egoísmo.

Para contribuir con la crianza de tu pequeño y sobre todo, evitar que se convierta en un niño egoísta, tenemos algunos consejos que darte.

Lo primero es mostrarle la importancia de la amistad y cómo ser un buen amigo.

Luego cambia tu actitud y di ¡No! a la sobreprotección.

Si tu hijo presenta algún trastorno o padecimiento físico de nada va a ayudarle que lo críes debajo de tus faldas.

Tarde o temprano él deberá relacionarse con la sociedad y valerse por sí solo, acatar sus errores y aprender de ellos.

Quieras o no tomará decisiones sean o no las más correctas, amará, sufrirá, y experimentará todo lo que la vida tiene para darle o quitarle.

No eduques a un niño egoísta. Desde bien pequeñito enséñalo a compartir, amar a sus semejantes, ser empático y altruista.

Que aprenda a dar sin que espere recibir algo a cambio. Enséñale a hacer regalos y a disfrutar la alegría de los agasajados.

Источник: https://eresmama.com/los-ninos-egoistas-no-nacen-se-hacen/

Las 7 pistas que deja el egoísmo

Cómo enseñarle a no ser egoista

Si examinas la última semana, o simplemente el día de hoy, seguro que recuerdas algún momento en el que has hecho algo por alguien.

Algo que te ha supuesto un coste personal, ya sea en tiempo dinero u otro tipo de recursos.

Igual también recuerdas algún momento en el que has rechazado esta petición porque has considerado que este coste era demasiado alto.

Las personas no solemos ser una virtud de generosidad ni un continuo de comportamientos egoístas, más bien nos encontramos en un intermedio en el que nos movemos dependiendo de varios factores, entre ellos nuestro momento vital.

Infinidad de veces me he hecho la pregunta de “¿Soy egoísta si hago o no hago tal cosa?”. Esta pregunta surge cuando alguien nos hace una petición razonable y tenemos que valorar si accedemos o no.

Cuando acceder supone un coste, o cuando se nos ocurren formas de ayudar que pueden o no ser desmedidas para la responsabilidad que tenemos.

Seguro que a ti se te ocurren más situaciones en las que te has hecho esa pregunta y a menudo la respuesta no es sencilla.

8 rasgos de comportamientos egoístas

Por ello, os traigo estos 8 rasgos que os pueden ayudar en el camino a descubrir comportamientos egoístas, tanto propios como ajenos. Cuando se reproducen de manera constante podemos decir que son característicos de personas con exceso de ego:

1. No muestran sus debilidades y vulnerabilidades. 

Un motivo común y egoísta para no prestar ayuda es el temor a mostrar debilidad, a intentarlo y quedar en evidencia al sentir que nuestra acción en realidad no sirve de mucho. La persona piensa que, por echar una mano a la persona que la necesita, están mostrando debilidad e inseguridad interior.

Dejarán de lado la verdadera creencia de que todas las personas tenemos debilidades que nos convierten en humanos necesarias para aprender y evolucionar.

2. No aceptan las críticas constructivas.

Las personas con una actitud egoísta sostienen el pensamiento de que su entorno intenta menospreciar su trabajo y potencial. De este modo, intentarán a toda costa no reconocer una crítica constructiva. A menudo se defienden con la ironía y es muy complicado que reconozcan que están equivocados.

3. Consideran que merecen todo.

Las personas en una actitud egoísta se caracterizan por ser poco constantes a la hora de seguir sus metas. Podríamos decir que las cambian continuamente y demandan que cada una de sus ocurrencias sea valorada y tenida en cuenta de la misma forma que la de la persona que ya lleva una larga trayectoria.

Pueden llegar a pensar que el éxito estará siempre de su lado porque sí, dándoles igual a quien tengan que quitarse de en medio en su camino para conseguirlo.

4. No escuchan a los que están en desacuerdo con ellos.

Las personas egoístas sienten como enemigos a aquellos que son maduros e inteligentes, ya que estos son capaces de respetar y escuchar las opiniones ajenas.

Escuchar y aprender de las demás opiniones es una buena oportunidad de ampliar los horizontes y crecer. Selecciona con lo que quieres quedarte pero no dejes de escuchar, no ignores porque temes ni le vuelvas la espalda al mundo.

5. Critican a espaldas de los demás. 

Las personas en actitud egoísta prefieren la crítica fácil y por la espalda. En el fondo temen no tener razón y al hacen desde la distancia para que la realidad no pueda estropear su idea de como tienen dibujado el mundo en su cabeza.

Necesitan creer, por ejemplo, que todas las personas que son pobres lo son porque no quieren trabajar y prefieren vivir en la calle o porque no tienen la suficiente fuerza de voluntad y constancia para formarse. Sosteniendo estas explicaciones pueden separarse mentalmente de las personas que viven en condiciones precarias, descartando la idea de que un día un golpe de mala fortuna pueda llevarlas al mismo lugar.

En el fondo temen por su palacio de cristal…

6. Agrandan sus logros.

Una de las carencias más importantes y notorias de una persona en actitud egoísta tiene que ver con la falta de humildad. La humildad es una virtud preciosa y humana necesaria para crecer como seres humanos y personas sociables con nuestro entorno. Las personas egocéntricas únicamente taparán este potencial personal buscando resaltar y engrandecer sus logros.

Se adjudicarán más responsabilidad de la que les corresponde cuando el resultado ha sido un éxito y buscarán la salida de emergencia cuando le proyecto no haya terminado bien. Por otro lado, puedes contar con ellos para navegar, siempre y cuando el viento vaya a favor.

Los retos difíciles o desafiantes no están echos para ellas

7. Les da miedo arriesgarse. Pánico, terror. Enlazando con el punto anterior no consideran el fracaso porque nunca se exponen a él. Eso sí, no dudan en criticar de forma dura y severa cuando otros no consiguen aquello que pretenden. Son los primeros que te van a decir, si es que ya se veía venir…

Dentro de mi propio crecimiento personal, pude ser testigo de algunos de los rasgos anteriores y cuando te das cuenta de ello, de que no te estás responsabilizándote de tus acciones y comienzas a ver la luz de la madurez…

Es entonces cuando te das cuenta del daño que has hecho y que estabas haciendo a las personas que te quieren. Entonces es cuando comienzas a crecer y arriesgar. Y todo lo anterior comentado comienza a cambiar positivamente y florecer adecuadamente. Dejas de ser egoísta y dar amor a la vida y los demás.

El egoísmo desde la psicología budista

En el budismo el egoísmo viene de un aferramiento excesivo al Yo/Ego. El Yo sería nuestra identidad, lo que somos desde que nacemos hasta el momento presente. Cuanto más nos sintamos identificados con este Yo, tendremos una actitud más egoísta porque sólo actuaremos buscando aquello que nos beneficia sólo a nosotros.

Maestros budistas, como Lama Rinchen Gyaltsen, aseguran que todo es cambiante, por lo tanto el Yo también.

Es decir, si aceptamos que todo cambia nos desapegaremos del Yo y el mundo dejará de girar en torno a nosotros. No tiene sentido aferrarse a una identidad única cuando todo a nuestro al rededor cambia, incluido nosotros.

Aquellos con más aferramiento un Yo estático, serán los que presenten conductas más egoístas y al mismo tiempo tolerarán peor los cambios.

Así pues, según el budismo la clave para dejar de ser egoístas sería desapegándonos del Yo. De esta forma nos restamos importancia a nosotros y comenzamos a tener más en cuenta a los demás.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/las-7-pistas-que-deja-el-egoismo/

Cómo dejar de ser egoísta y comenzar a disfrutar de la vida

Cómo enseñarle a no ser egoista
March 13, 2017 7 min read Las opiniones expresadas por los colaboradores de Entrepreneur son personales.

Escrito originalmente para Cultura Colectiva

Por Edith Gomez

En algún momento de nuestra vida, sea a mayor o menor escala, todos somos egoístas. No obstante, hay personas que lo son en exceso, tanto que su comportamiento sobresale de forma negativa. Cuando los demás son egoístas lo detectamos inmediatamente, pero cuando nosotros lo somos, nos cuesta reconocer estas actitudes, y mucho más cambiarlas.

Este comportamiento puede afectar de manera negativa nuestras relaciones interpersonales. Si piensas que tal vez actúas de forma egoísta, vale decirte que lo más importante en la vida es estar bien, y para esto es adecuado alimentarnos de buenos consejos.

Características de una persona egoísta

Las personas egoístas difícilmente llegan a establecer buenas amistades o ganarse la confianza de otros. Algunas de las cualidades que caracterizan a los egoístas son:

*No son dadas a compartir; a menos, por supuesto, que deseen o puedan obtener algún beneficio a cambio.

*De cada situación tratan de sacar una recompensa.

*Cuando no consiguen lo que quieren son rencorosos y tienden a sentirse ofendidos.

*Sus esfuerzos son mínimos.

*Sólo demuestran interés por sí mismos, nunca por los demás.

*Siempre quieren más de lo que puedan tomar, son insaciables.

*No se detienen hasta obtener lo que desean.

Su actitud es “primero yo y después yo”, sus relaciones son tóxicas, ya sea sean en pareja, en lo laboral o con sus amistades; la mayoría de las veces no son conscientes de quiénes son y del daño que causan a quienes les rodean, pues manipulan su entorno para conseguir lo que quieren.

¿Qué hacer si eres egoísta?

Un comportamiento egoísta puede ser habitual; sin embargo, esto no quiere decir que no se puedan adoptar otras actitudes, aquellas que nos permitan ser más conscientes sobre cómo somos con los demás con el fin de lograr mejorar la calidad de las relaciones interpersonales.

Si crees que actúas de manera egoísta y deseas cambiar esta actitud, entonces debes tomar en cuenta los siguientes consejos:

1. Reflexiona y acéptalo

El primer paso es detectar y reconocer el problema, aquello que no te gusta y consideras que no te hace mejor persona. Esto es imprescindible para tomar acción y poder realizar una transformación en ti, de esos hábitos negativos a positivos.

Debes reflexionar sobre cómo es tu comportamiento y cómo afecta a los demás y a ti, ya que las actitudes egoístas contribuyen a deteriorar las relaciones, causan sufrimiento y sentimientos de malestar. Es posible que al reconocerte como una persona egoísta, la culpa se adueñe de ti; sin embargo, piensa que acabas de aceptar tu problema y estás en proceso de cambiar.

2. Cambia tu perspectiva

Cambiar de perspectiva quiere decir que comprendes y estás dispuesto a aceptar que existen otras personas, que tienen sus formas de pensar y que también cuentan. Es decir, que no sólo existen tus verdades ni tus razones.

Esto requiere de sumo esfuerzo, pero al hacerlo, la mitad de la batalla está ganada; cuando has entendido este punto, ya estás preparado para ofrecer algo a lo demás, al contrario de pensar todo el tiempo que sólo recibirás.

Un estudio basado en imágenes cerebrales, realizados por científicos de la Universidad de California, en Los Ángeles (UCLA), han concluido que ayudar a los demás es de gran beneficio también para quienes prestan ayuda, y no sólo para quien recibe; así que cuando das a otras personas, también te sentirás mejor.

3. Deja de creer que eres el centro del mundo

Hay una diferencia entre la egolatría, el egocentrismo y el egoísmo —aunque para muchos parezca lo mismo—, pues se puede ser egoísta sin necesidad de ser ególatra; sin embargo, estos conceptos muchas veces se relacionan.

En el caso del egoísta, éste quiere todo para sí mismo, y se trata de un comportamiento y una actitud; la egolatría consiste en quererse mucho; y el egocentrismo surge cuando las personas piensan que, tanto ellas como sus opiniones, conforman el centro del universo y todo lo demás está por debajo.

No aparecen siempre juntos, pero sí es posible que una persona piense mucho en sí misma, tanto que no tenga en cuenta a los demás, ni considere sus necesidades. Como resultado de esto, veremos personas que, además de egocéntricas, son también egoístas. Si abandonas esta forma de pensar, también podrás dejar de ser egoísta.

4. Debes ser empático

Para dejar de ser una persona egoísta es importante que aprendas a ponerte en los zapatos de los demás. Una persona capaz de sentir el sufrimiento de otra, tratará de aliviarle y no de causarle daño.

En algunas ocasiones, actuamos de forma negativa porque somos quienes estamos a la defensiva, pensamos que los demás nos quieren herir, o que somos víctimas de prejuicios, sin detenernos a pensar en el dolor que les pudiéramos causar a los demás.

Por tanto, ser empático se trata de comprender a los otros, estar abiertos ante sus sentimientos y emociones.

5. Escucha activamente

Para lograr ser empáticos es imprescindible escuchar a los otros, ya que prestamos atención a lo que los demás verbalizan, y a lo que expresa a través de su lenguaje no verbal y su comportamiento. A esto se le conoce como “escucha activa”, la cual consiste en un tipo de habilidad que puede ser adquirida y también desarrollada con la práctica.

6. No sólo recibas, también da

Una vez que has comprendido los sentimientos de los demás, así como sus necesidades, podrás entonces abrir tu corazón y ofrecer realmente una amistad. Para ser felices necesitamos estar rodeados de personas, así que por eso debemos demostrar que los otros también te importan de verdad.

7. Haz el esfuerzo

Lo que hemos expuesto no quiere decir que sea fácil actuar, en especial cuando se trata de comportamientos altruistas y compasivos, precisamente porque el egoísmo tiene que ver con la forma en la cual nos han educado, además de que la sociedad promueve este tipo de actitudes.

Es importante poner de tu parte, entender que no siempre obtendrás placer inmediato, ni beneficios de todo aquello a lo cual nos entreguemos, pues pensar así distorsiona la realidad y hace que actuemos sin tener en cuenta a los demás, ni considerar las consecuencias de nuestras acciones.

La vida consiste en acumular experiencias que nos marquen, nos hagan crecer y crear vínculos con otras personas, pero cuando se trata del amor, todo falla; así que descubre cuáles son los tipos de amores irresponsables que todos hemos tenido alguna vez en la vida.

Escrito originalmente para Cultura Colectiva

Источник: https://www.entrepreneur.com/article/290516

Cómo enseñar a los hijos a tener amor propio (sin ser egoísta)

Cómo enseñarle a no ser egoista

En muchas ocasiones existe una línea muy delgada entre el ser egoísta y tener amor propio. E incluso, es posible que los demás lo lleguen a confundir.

Pero entre estos conceptos existen diferencias muy significativas, ya que la persona egoísta solo piensa en sí misma.

Por el contrario, la persona que se tiene amor propio, se antepone a lo demás pero no deja de pensar los demás.

Es muy importante que los niños aprendan a tener amor propio, porque quererse a uno mismo es el primer paso parar vivir una vida plena y llena de felicidad.

Porque muchas personas lo olvidan, pero el primer amor que hay que fomentar es el que se siente por uno mismo.

Eso no significa que tus hijos vayan a ser egoístas, que puedan hacer daño tener amor propio o que no vayan a ser empáticos.

Al contrario, enseñar a los hijos a tener amor propio es la mejor manera de asegurarte de que saben valorarse y respetarse. Para que de esta forma, su autoconfianza se mantenga siempre reforzada.

Para que confíen en sí mismos y puedan luchar por lo que quieren, a sabiendas de lo que son capaces de hacer.

Sin embargo, es muy importante que les enseñes a diferenciar el amor propio del egoísmo, para que no crucen esa delgada línea a la que hacíamos referencia.

Qué es el amor propio

El amor propio es aceptarse, respetarse a uno mismo siendo consciente de las virtudes, así como de los defectos. Esto es algo que se consigue a base de trabajo, porque los pensamientos positivos son los que te ayudan a quererte.

A valorar todo lo que eres y todo lo que tienes que aportar al resto del mundo.

Porque si dejas de quererte, si tú mismo te castigas con pensamientos negativos hacia tu persona, dejas de ver todo lo bueno que hay en ti y por ende, dejas de reclamar que las otras personas te valoren como te mereces.

En ningún caso, el amor propio depende de tu relación con las personas que te rodean. Quererte y valorarte, saber reconocer toda tu valía y todo lo que puedes aportar a otras personas, eso es el amor propio.

Por ello, es muy importante que los niños aprendan este valor desde muy pequeños. Porque de esta forma, podrán darse a valer, podrán eliminar de su vida a las personas que no les tratan como se merecen.

Y con ello, podrán vivir una vida plena, no solo aceptándose a sí mismos, sino también a los demás.

Pautas para enseñar a los niños a tener amor propio

Tener amor propio también consiste en en ser solidarios, en tener empatía con los demás y la capacidad de escuchar a los demás. Porque el valor hacia uno mismo, no significa dejar de valorar a los demás.

Por ello, es muy importante enseñar a los hijos a tener amor propio sin caer en el egoísmo.

Estas son algunas pautas para comenzar, pero recuerda, la autoaceptación, la autoestima y amor propio, son valores que se deben trabajar con mimo durante toda la vida.

  • Aceptar las críticas: El amor propio se consigue a base de trabajar en uno mismo y en mejorar en aquellos aspectos en los que se flojea. Para ello, es necesario saber escuchar a los demás, aceptar las críticas para poder mejorar.
  • Tener empatía: Para ponerse en el lugar de los demás, porque pensar en uno mismo en primer lugar, no significa dejar de pensar en los demás.
  • Ser solidario y generoso: Los niños deben aprender a ser generosos sin esperar un reconocimiento a cambio, es decir, ser solidarios. Lo contrario sería egoísmo, por lo qué, compartir la merienda con otros niños o los juguetes con los hermanos, debe ser siempre un acto de generosidad, sin esperar una recompensa a cambio.
  • Saber perdonarse: Tener amor propio también depende de aceptar los errores y permitirse fallar, porque solo así, podrán aprender a perdonarse y por ende, perdonar a los demás.
  • Tener amor propio no significa ser siempre el mejor: esto es algo muy importante que se debe inculcar a los niños, no es lo mismo buscar la mejor versión de ti mismo que el buscar siempre ser el mejor entre todos los demás.

Con una autoestima fuerte y unos valores bien inculcados, los niños serán capaces de valorarse, amarse y respetarse y lo que es más importante, darse a valorar hacia los demás.

Источник: https://madreshoy.com/como-ensenar-a-los-hijos-a-tener-amor-propio-sin-ser-egoista/

¡No, eso es mío! Egoísmo en los niños de preescolar

Cómo enseñarle a no ser egoista

El egoísmo, en muchas culturas, es considerado un defecto. Aun cuando, para algunos pueda no serlo, por lo general conductas egoístas hacen más mal que bien. Hasta dónde es aceptado depende de muchos factores, pero casi invariablemente, al menos en algunas condiciones, es universalmente rechazado.

¿Qué es el egoísmo en niños?

El egoísmo se define como el negarse a compartir lo que se tiene en demasía, en relación a los demás. Los niños egoístas no solo se niegan a compartir con sus amigos, hermanos, e incluso con sus padres, sino que son capaces de adoptar conductas violentas para defender lo que tienen si son obligados a compartir.

Muchas familias, en dependencia de su nivel de vida, estimulan y tal vez con razón, conductas egoístas en el niño, le impiden o prohíben prestar o regalar lo que con tanto esfuerzo consiguieron para él. Por tanto, cierto grado de egoísmo es considerado aceptable por muchas personas. Siempre y cuando no rebase determinados límites.

De cualquier modo, independientemente de las condiciones y la calidad de vida, de las creencias, las formas de pensar y los valores individuales y familiares; el altruismo, como contrapartida del egoísmo, tiene mayor aceptación en general.

Al menos en mi consulta muchos padres han mostrado preocupaciones por la actitud egoísta de sus hijos, y coincidentemente la demanda de orientación o de ayuda por esta situación ocurre en edad preescolar, cuando los niños ya han cumplido los tres años y aún no rebasan los cinco.

¿Por qué los niños de 3 o 4 años frecuentemente se tornan egoístas?

Los seis primeros años de vida, a la luz de muchas corrientes de pensamiento psicológico, suelen ser un período trascendental en la formación del núcleo de la personalidad en los seres humanos.

En esta etapa se forma toda la base para el posterior desarrollo. De ese tiempo, en la formación del lenguaje, los cuatro primeros años son cruciales.

En esos cuatro años el niño llega a dominar a cabalidad el lenguaje oral.

La estructura del lenguaje de más tarde aparición en el desarrollo de la especie ha sido las posesiones y por consiguiente los pronombres posesivos (mío, tuyo, suyo, etc). Para su aparición fue necesario la aparición de la propiedad privada, lo cual indica que en la etapa más temprana del desarrollo de la humanidad no existían.

Un miembro de la comunidad primitiva no tenía incorporado en su comunicación tales estructuras. Hablaban en ese tiempo con la, él, los, nunca mí, tu, de él. Como frecuentemente el desarrollo del ser humano es en última instancia el desarrollo de la especie, representado en un individuo, las estructuras asociadas a las posesiones son las de más tardía adquisición.

Así, pasados los tres años los niños descubren que las cosas tienen dueño. Lo de mamá, lo de papá, lo de los abuelos, lo del hermano mayor.

Para ese entonces ensayan constantemente lo aprendido, se paran frente a una tendedera y o ropa colgada y van enumerando su posesión, “esto de mamá”, “esto de papá”. En la etapa en que el descubrimiento tiene lugar para ellos es un pecado mayor violar las posesiones.

Mamá no puede ponerse, ni por equivocación, las chancletas de papá, el niño cae en crisis, se les rompen sus esquemas mentales y se bloquea.

Pero el niño aprende rápido. Y los esquemas se flexibilizan sin renunciar a saber que todo tiene dueño. No demorará mucho en preguntarse y más que eso en saber, qué es lo de él. Cuando descubren lo que es ser dueño quieren ser dueños de todo (todo mío).

Recuerdo con gran aprecio que muchas veces usé, como broma sana esta característica del desarrollo en reuniones familiares.

Les decía a mis sobrinos refiriéndome s sus padres: “este es hermano”, haciendo énfasis en el y aun sin hacerlo, los niños no oían la palabra hermano, solo oían mí.

Automáticamente respondían: “NOOOOOO, es mí papá”. En el mismo tono en el que yo había hablado. Podía estarlo repitiendo toda una tarde, siempre tenía el mismo resultado.

¿Qué es lo correcto hacer para manejar el egoísmo en los niños?

A actitud egoísta del niño en la edad preescolar constituye un obstáculo a sus relaciones, fundamentalmente con los coetáneos y un motivo de bochorno para la familia.

Los padres se preocupan, y se quejan, no entienden por qué el niño asume estas conductas. En la familia nadie es así. Esto da pie a la inevitable confrontación.

Obligan al niño a compartir sus juguetes, sus golosinas o lo que fuese a que se hubiese negado y consecuentemente el berrinche del niño no se hace esperar.

Si a alguien se le ocurre pedirme un millón de dólares en este momento, de seguro que no se los prestaré o regalaré, aun cuando sea la persona más importante del mundo para mí, y no lo haré, no porque no quiera (vaya, que tampoco es que me gustaría hacerlo), sino porque yo en mi vida nunca he visto ese dinero. El mensaje es sencillo. Nadie puede dar lo que no tiene.

Con los niños pasa de manera similar. Sin tener no pueden compartir, primero hay que permitir que terminen de estructurarse bien las posesiones para después formar el altruismo. Díganle que todo es de él, no lo obliguen a compartir y cuando él ya esté saciado de tener, denle un par de razones para compartir. Como ya tiene, le será mucho más sencillo compartir.

Tal vez a esta altura ya hayan descubierto que hay puntos comunes con lo recomendado para el manejo de los celos entre hermanos, y tiene usted razón, no es exactamente el mismo problema, pero el manejo es parecido.

Si obliga al niño a compartir, si les quita las cosas por fuerza para dárselas a otro niño, en esta edad solo logrará aumentar la necesidad de tener, y con ella la avaricia del niño y su egoísmo, lo cual puede ser muy perdurable. Déjelo solo tener, ese es el primer paso para luego compartir.

¿Es usted de los padres que creen que sus hijos se lo merecen todo y le dan o le compran de todo lo que se les antoje? ¿Ha presenciado actitudes o comportamientos egoistas en sus hijos cuando se relaciona otros niños? ¿Cómo las ha manejado? ¿A qué otras causas atribuye usted el egoísmo infantil? Coméntenos sus ideas en la sección de comentarios más abajo.

Oriundo de Manicaragua, un pueblo de montaña en el centro de Cuba. Psicólogo de profesión, Máster en Salud Pública y Doctor en Ciencias de la Salud. Me desempeño como Profesor Titular de La Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara.

Источник: https://www.psicologiadeomar.com/antencion-a-ninos/egoismo-en-los-ninos/

Embarazo y niños
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