Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

Cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos. Algunos consejos

Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

diciembre 13, 2018

Reconozcámoslo: criar a los hijos es uno de los mayores (si no el mayor) reto que nos va a poner la vida y, curiosamente, nadie nos prepara para ello. Nadie nos explica cómo controlar la ira, tanto de nuestros hijos como la nuestra propia.

Contamos con la experiencia de cómo nos han educado a nosotros nuestros padres pero habrá cosas que queramos cambiar de cara a nuestros hijos, que no recordemos o que no sepamos cómo aplicar porque cada crianza es un mundo.

Cómo controlar la ira con tus hijos

Lo que está claro es que esta generación de padres y madres son padres conscientes y muchos se forman y se informan sobre cómo criar y educar a sus hijos desde el respeto, sin gritos etc. Quizá también es un buen momento para aprender técnicas sobre cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos.

Desde que nace, el bebé tiene su temperamento o carácter (más tranquilo, más nervioso, más o menos demandante, más risueño o más seriote etc) y, según va creciendo, los rasgos de su personalidad se irán definiendo. Nuestra interacción con ellos marcará las bases para el futuro. Por no decir que, según van creciendo también aumentará la dificultad de los retos a resolver en la convivencia y en el día a día.

Dejar a un lado nuestro pensamiento adulto para ponernos en el lugar de un niño que todavía no razona como nosotros puede resultar complicado y más con el ritmo de vida que llevamos, la falta de sueño nuestra y del bebé…

Para todos esos papás y mamás que os veis superados en algunas situaciones por vuestros hijos, os enfadáis con ellos, pero creéis que “las cosas se pueden hacer de otra manera” van estos consejos sobre cómo controlar la ira y enfadarte menos con tus hijos:

Técnicas de para enfadarte menos con tus hijos

PENSAR POR QUÉ TU HIJO HACE ESO, cuál es el objetivo de su conducta, qué quieren conseguir. La mayoría de las acciones de los niños tienen un fin que a nosotros, como adultos, lo más probable es que nos pase desapercibido.

Si les preguntamos “¿por qué estás pegando esos saltos?” en vez de refunfuñar “¡te he dicho mil veces que no saltes!” pueden explicarnos que juegan a ser caballos, por ejemplo y podemos buscar un sitio menos molesto para jugar a ser caballos o jugar a ser otra cosa más tranquila, ¿no os parece?

DISTINGUIR ENTRE LO PROHIBIDO Y LO NEGOCIABLE. La de peleas que esto ahorra. Muchas de las discusiones en casa vienen por la diferencia de opiniones entre el niño y los padres. Les hemos dicho mil veces que no jueguen con los cojines del sofá. Realmente es un rollo porque se manchan, hay que lavarlos y nos da más trabajo pero a ver… ¡es divertido! Y favorece su imaginación.

Y no es peligroso. Pues oye, si tenemos que lavarlos más a menudo pues los tendremos que lavar, en mi caso, personalmente es negociable (esto variará en cada familia) y les pido que jueguen sobre el sofá y no los bajen al suelo, por ejemplo. Eso sí, cruzar dando la mano no es negociable, es obligatorio. Y si no me das la mano no avanzamos.

O pasearse por casa con los zapatos de la calle, tampoco es negociable. Ahora, que quiera salir a la calle con la ropa que ella elija (aunque sea un atentado visual) pues mira, es negociable. Que yo preferiría que fuese mejor combinada sí, pero no me va la vida en ello.

Y así destinas tus energías para las discusiones verdaderamente importantes y no estamos todo el día peleando por cosas que, al final, son cosas de niños.

PENSAR QUE PARA ELLOS TODO ES UN JUEGO. Los niños son niños y no entienden de prisas, de normas sociales “adultas y aburridas” ni conocen las consecuencias de sus actos.

Esperar, estar quieto, vestirse… hay muchas cosas que hay que hacer pero que son aburridas.

Si lo transformamos en juego o lo hacemos divertido será más fácil que lo hagan y si no, siempre se puede negociar una actividad más divertida después de hacer “lo aburrido”.

RECORDAR CUANDO NOSOTROS ÉRAMOS NIÑOS… ¡que no hace tanto! No sé vosotros, pero cuando miro a mis niñas a veces me vienen como flashes de mi infancia.

Y recuerdo cómo me encantaba leer “el pequeño país” mientras comía (súper práctico todo, metiendo las esquinas del periódico infantil en el plato sin querer), la pereza que me daba dejar de jugar para ir a cenar, la de tiempo que podía tirarme mirando mi álbum de cromos de La Bella y la Bestia, lo que molaba inventar y jugar horas en el parque, el drama que suponía que mi vaso de La Sirenita estuviese para lavar y no pudiese usarlo… Como adultos muchas veces le quitamos importancia a lo que hacen los niños y recordar cómo disfrutábamos nosotros saltando en los charcos hará que les dejemos a ellos también disfrutar, y nosotros disfrutemos con ellos.

Y si todo lo anterior falla, una opción sobre cómo controlar la ira con nuestros hijos es tener la suficiente sangre fría como para parar y CONTAR HASTA 10 “Missisipis”. Si lo hacéis en alto hasta romperéis la dinámica del momento tenso y vuestros hijos (y vosotros) os partiréis de risa.

En definitiva, desterrar pensamientos como el “lo hace para fastidiarnos” o “este niño me está toreando” y tomarnos unos segundos para tratar de analizar lo que está pasando es la base para ponernos en su piel, ser más empáticos y resolver las situaciones de una manera más positiva para todos. ¿Os animáis a cambiar y reñir menos a vuestros hijos?

Источник: https://blog.bebup.es/como-controlar-la-ira-y-los-enfados-con-tus-hijos

Un enfado no modifica el amor

Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

«Intento no enfadarme» o «creo que no lo hice bien, porque al final me enfadé» «no me enfado nunca» Son algunas de las frases que suelo escuchar en nuestras sesiones de Consultoría familiar.

Siempre pienso de donde debe salir ese miedo al enfadarse, a sentir y reconocer la rabia cuando algo nos molesta. ¿De dónde hemos sacado que mostrar el enfado no nos está permitido? Supongo lo que queremos es decir es que nos gustaría tener más paciencia, no sobreactivarnos o perder los nervios por cosas sin importancia…

A demás, ni siquiera creo que sea el propio enfado lo que no nos gusta es sentir, es la sensación de que nos desbordamos. Sentir que nos podemos llegar a «descontrolar» emocionalmente. Y en este sentido, confluyen dos estilos educativos que van desde el no mostrarse nunca enfadado a tratar a los demás siempre con una actitud hostil.

Lo cierto es que la sensación de «culpa» sobre algunas familias que desean educar a sus hijos/as desde el amor y el respeto se da por ciertos discursos teóricos dentro de la crianza respetuosa que dicen que no nos deberíamos alterar ni sentir emociones intensas (como si éstas no formasen parte de la vida) y que es mejor no enfadarnos. Son los mismos discursos que defienden que no hay que poner límites a los niños/as.

Ya sabéis que mi palabra mágica en educación es EQUILIBRIO. Y en este tema más. ¿Se puede decir No y BASTA enfadados, de forma firme pero sin perder los nervios?

Acompañar las emociones

Bajo mi punto de vista, la rabia y la agresividad no son emociones «malas». Emociones de las que haya que huir o esconderse. Y mucho menos negar.

Están ahí y la rabia nos ayuda a luchar por aquello en lo que creemos.

Lo que sí podemos elegir es qué vamos a hacer con aquello que estamos sintiendo y pensar dónde lo vamos a colocar.

Para poder acompañar las emociones la tenemos que dejar ser, permitir que se den. Si negamos la rabia en nosotros y no dejamos que aparezca el enfado, nunca podremos ofrecer ejemplo a los niños/as de la gestión que hacemos cuando sentimos esas emociones.

La rabia bien comprendida

Ahora bien, que nos dejemos sentir el enfado, la molestia o el disgusto no significa que vayamos por ahí soltando explosiones de ira contra los demás. Es importante responsabilizarnos de nuestras emociones.

La rabia es una fuerza que nos ayuda a movilizarnos, a salir de lo que no nos gusta o no es bueno para nosotros. La rabia constructiva si la escuchas, te invita a amarte muy fuerte. Te da pistas de aquello que percibes como injusticia o te avisa cuando se ve amenazada tu dignidad personal.

Te da fuerzas para actuar. Es necesario enfadarse por las cosas que importan, cuando es debido y con quién es debido.

Es un recurso valioso que debemos transmitirle a los niños/a como tal. La rabia es una fuerza poderosa interna, un recurso personal que forma parte de ellos/as.

Observa qué te hace enfadar

En general, nos enfadamos cuando sentimos frustración u obstáculos frente a algo que queremos y deseamos.

Pero también nos enfadamos cuando se hiere nuestro sistema de valores, ante una injusticia, si se pone en juego nuestra autoestima, cuando percibimos que hay intención de hacer daño… Son muchos los factores que pueden hacer que sintamos ira en un momento dado. Conócete.

Observa también si tu percepción o interpretación de la realidad te está jugando una mala pasada. Si necesitas ayuda para reinterpretar las conductas de tu hijo/a pide una sesión de Consultoría.

Cultivar la serenidad

Comprender que enfadarse es natural y forma parte de la vida no significa que demos rienda suelta. Recordad que nuestro objetivo siempre es poner nuestro bienestar al servicio de la relación con el otro. A demás, resulta muy incómodo permanecer al lado de alguien que está continuamente enfadado.

Busca tu paz interior, la manera en que puedas estar en un estado interno de serenidad. Es la única manera de no sobreexcitarte, no dar respuestas impulsivas o tener más paciencia para lidiar con el día a día. Por eso, la importancia del autocuidado, para mí, es esencial.

¿Qué hacemos con nuestro enfado?

Y aquí viene el quid de la cuestión. El primer paso es dejarte sentir tu enfado, permitirte sentir la rabia y el segundo paso es no dirigirla hacia el otro, no responder de forma colérica. Puedes mostrarte enfadado, tu expresión facial le dará pistas al niño/a sobre tu desacuerdo con aquello que está pasando.

Pero es imprescindible que cada uno tenga sus recursos personales para canalizar el enfado sin llegar a sentirse dominado por él. No descargues tu ira contra nadie ni nada de forma destructiva.

Aprende a cómo puedes expresarla y dejarla salir. De este modo, te convertirás en ejemplo y referente de regulación emocional para tu hijo/a. Además, de poder acompañar mejor los momentos de ira de él o ella.

Es importante que cuando el niño/a haga algo que te haga enfadar sientas en lo más profundo de tu corazón el mensaje de que un enfado no modifica el amor. Mírale a los ojos y muéstrale que ante una conducta no adecuada lo que falla es la conducta nunca lo quién es él o ella.

Una mochila de recursos

Vamos a intentar compartir algunos recursos i ideas de inspiración para poder gestionar la rabia en momentos puntuales o en esos días en que necesitas cambiar tu estado anímico porque te sientes malhumorada.

  • Permítete expresar y liberar tensión (puedes cagarte en todo un ratito y NO PASA NADA)
  • Conecta con la energía de la comprensión y la compasión.
  • Busca de donde nace tu percepción de «amenaza». Qué te molesta exactamente.
  • Detecta cuando estás cansada y descansa. Es una prioridad.
  • Respirar y entrar en un estado más calmado para poder conversar sobre lo que nos molesta.
  • Hacer balance de las consecuencias de nuestras actuaciones. Decidir si vamos a actuar movidos por la rabia y cómo. Podemos aprovechar su fuerza para pasar a la acción.
  • Revisa cómo ha ido todo al finalizar la situación. Si el resultado te hace sentir bien, si has hecho una buena gestión o quizás la próxima vez podrías elegirlo hacer de otra forma.
  • En la medida que puedas, ayúdate del humor. Le quita hierro al asunto y hace que nos comuniquemos de una forma menos agresiva.
  • Pon palabras a lo que sientes y describe qué necesitas. Utiliza la Comunicación No Violenta para expresar tus deseos, intereses o emociones.
  • Haz ejercicio, sal a pasear, correr, ves a bailar…
  • Desahogarse con alguien de confianza. Hablar del tema ayuda a canalizar el malestar.
  • Respirar. Concentrarse en la respiración hasta que baje la intensidad emocional.
  • El arte. Pintar, dibujar, tocar un instrumento a veces ayuda a canalizar las emociones.

¿Y tú? ¿Tienes cargada tu mochila de recursos conscientes para la gestión emocional?

Источник: https://giselabaz.com/enfado-no-modifica-amor/

Los trucos de algunos padres para controlar la ira de sus hijos – NIUS

Cómo gestionar tu ira para no dirigirla a tus hijos

En realidad el titular de este artículo debería ser otro: el truco de algunos padres para que sus hijos controlen su ira…pero estarán de acuerdo conmigo en que dicho así es más confuso y podía dar lugar a malentendidos. ¿La ira de quién? ¿De los padres? ¿De los hijos?

Otros pensarán que tampoco es del todo correcto el término 'controlar' ya que muchas  personas creen que esto es justo lo que tiene la ira; su carácter incontrolable…pero en realidad hay una parte de la ira que sí se puede dominar.

Suspendemos en gestión emocional

Uno de los grandes obstáculos que nos encontramos los seres humanos en general y los padres en particular para aprender a gestionar las emociones, es que no sabemos diferenciar entre la emoción en sí misma y la expresión de la emoción. Habitualmente creemos que es lo mismo.

-“Pero no te enfades, no te pongas así por eso que te ha hecho tu primo, que tampoco es para tanto, no le puedes insultar y gritar así por esa tontería”…

Es una frase muy típica que denota nuestra deficiente cultura emocional. El enfado, como todas las emociones, es una respuesta neurofisiológica a un estímulo (interno o externo) y que predispone al cuerpo para una acción determinada: en el caso del enfado, nos llena de energía para poder defendernos.

Cuando nos enfadamos tenemos ganas de pegar, de gritar o de dar una patada al primero que se cruce en nuestro camino. Pero no debemos olvidar que esas acciones que a veces llevamos a cabo (conductas agresivas) no son el enfado en sí mismo. Son sólo una manera de expresarlo.

El enfado es una de las emociones básicas

El enfado está muy relacionado con nuestra supervivencia. Los seres humanos (al igual que el resto de mamíferos) nacemos con esta emoción de serie que nos sirve para hacernos respetar. Por eso, cuando nos enfadamos siempre podemos preguntarnos qué líneas rojas, qué limites han sido traspasados.

El esquema sería el siguiente: se produce un estímulo (por ejemplo, alguien nos empuja intencionadamente), nosotros sentimos que esa persona ha traspasado una línea roja (ha atentado contra mi seguridad personal) y nuestro cuerpo se llena de energía para responder a esa agresión.

A partir de este punto hay infinitas posibilidades: los que devuelven el empujón, los que insultan al agresor, los que se ponen a llorar, los que no hacen nada y se van de allí muy frustrados para luego volcar la furia en otra persona, los que contienen la ira pero al final acaba saliendo en forma de contractura en los hombros, los zen que reconocen su propia ira y eligen dejarla pasar…

Cuando nos enfadamos siempre podemos preguntarnos qué líneas rojas, qué limites han sido traspasados

Lo importante es tener muy claro que una cosa es el enfado (sentir que alguien ha traspasado una de mis líneas rojas) y otra cosa es lo que hacemos con la energía que genera el enfado. Esa es la parte que los adultos podemos aprender a gestionar.

¿Qué pasa con los niños?

Dos cosas importantes aquí:  primero que ellos también tienen sus propias líneas rojas. ¿Acaso no es una línea roja que otro niño haga trampas, que le quiten su bocata de la merienda o que le dejen de lado sus amigos? A veces, a nuestros ojos de adulto nos pueden parecer tonterías, pero para ellos no lo son.

Y segundo, que su cerebro, todavía en desarrollo, no está preparado para gestionar esa explosión de energía. Por eso los niños, cuando se enfadan, reaccionan de la única manera que saben porque es la que nos viene a todos de serie, la más primitiva: pegan, gritan, insultan, dan patadas, lloran…

Es muy incómodo y molesto presenciar un ataque de ira de un niño. Y es normal que muchos padres se sientan frustrados al ver a sus hijos en ese estado de secuestro emocional a veces por cosas que parecen absurdas.

Los niños, cuando se enfadan, reaccionan de la única manera que saben porque es la que nos viene a todos de serie, la más primitiva: pegan, gritan, insultan, dan patadas, lloran

Algunos padres se ponen en modo “resistencia” (no deberías reaccionar así por esa tontería) y tratan de cortar esas conductas a base de amenazas, castigos y reproches.

Pero hay otros padres que prefieren ponerse en modo “aceptación” y tratar de ver los enfados de sus hijos como oportunidades para enseñarles a gestionar sus emociones…y de paso conectar con ellos.

Esto es lo que hacen estos padres con maestría emocional para ayudar a sus hijos a controlar su ira:

Colocarse en un segundo plano

Esta es la diferencia que marca la diferencia. Antes de ponerse a disposición de sus hijos y así poder ayudarles a gestionar su ira, estos padres primero han tenido que gestionar su propia frustración por el simple hecho de ver a su hijo enrabietado por enésima vez…pedir a gritos a nuestro hijo que deje de gritar no tiene ningún sentido.

Tener maestría emocional no significa hacer magia. Este paso requiere mucho esfuerzo, mucho ensayo-error. Estos padres son capaces de anteponer el sufrimiento de sus hijos (por muy tonto que les parezca el motivo de su enfado) al suyo propio.

En este momento nos puede ayudar mucho decirnos frases como “no pierdas el foco porque él/ella es en realidad quien más está sufriendo” o  “es normal que yo me sienta frustrado, pero ahora él/ella necesite que le ayude”. 

En resumen se trata de conectar con el sufrimiento de nuestro hijo y reconocer y aceptar el nuestro para así poder dejarlo en un segundo plano.

En este momento nos puede ayudar mucho hacer un par de respiraciones profundas para salir del bucle de pensamientos que no nos ayudan en absoluto  “ya estamos otra vez con lo mismo, estoy harto, esto no debería estar pasando etc..

” También ayuda mucho elegir una postura corporal que nos conecte con la serenidad y la calma. Relajación con control.

Validar la emoción que están sintiendo

Aunque estén hasta el gorro de los enfados de su hijo, aunque sea el tercer berrinche que el niño coge en lo que va de mañana, aunque no sean capaces de comprender por qué se enfada, estos padres con maestría emocional siempre reconocen el derecho de sus hijos a enfadarse porque saben que los niños no eligen qué sentir en cada momento. La emoción simplemente llega.

Lo que no tiene sentido es que en el momento de la explosión emocional tratemos de hacer razonar a nuestro hijo sobre si lo que le hizo su primo es suficientemente grave como para enfadarse tanto

Una buena manera de crear para nuestros hijos ese espacio de libertad para sentir el enfado es repetirles frases de este tipo: “es normal que te sientas así, claro, te ha debido molestar mucho eso que te han dicho, ya veo que estás muy enfadado etc..” Si el niño se deja (no es lo habitual en un momento de estallido emocional) también podemos abrazarlo para darle consuelo y mostrarle nuestro apoyo.

Solo este gesto de dar espacio a esa emoción, de validarla, reconocerla y aceptarla, a muchos niños ya les ayuda a calmarse un poco porque se sienten comprendidos.

Lo que no tiene sentido es que en el momento de la explosión emocional tratemos de hacer razonar a nuestro hijo sobre si lo que le hizo su primo es suficientemente grave como para enfadarse tanto.

Esa conversación la tendremos en otro momento.

Ayudarles a canalizar su energía

Los padres con maestría emocional saben que el enfado genera mucha energía en el organismo y que en realidad esa energía es la causante de la explosión de ira: de los gritos, golpes, pataletas, insultos, amenazas etc…

No podemos hacer desaparecer esa energía por arte de magia. Es posible que con el hecho de validar su emoción hayamos contribuido a calmarla un poco, pero seguirá ahí y hay que ayudarles a canalizarla hacia otro lugar que no sea dañino para nadie.

Una vez vi a un padre corriendo alrededor de una cancha de baloncesto junto a su hijo. Los dos gritaban muy alto “estoy muy enfadado” y movían mucho los brazos…me pareció una maravillosa forma de sostener el enfado de un niño a la vez que le ayudas a canalizar la energía y le enseñas que entre el enfado (lícito) y la explosión emocional, hay mucho espacio.

En esta parte, por desgracia, no hay ideas que valgan para todo porque cada situación es diferente.

Si el niño se enfada en un parque es relativamente sencillo ayudarle a soltar la energía (corriendo, saltando, bailando, dando patadas a un balón…) pero ¿y si está dentro de un avión? comprenderán que no le podemos decir que se dé una carrerita por el pasillo. En estos casos conviene alejarle (si es posible) del estímulo que provocó su enfado.

Es posible que con el hecho de validar su emoción hayamos contribuido a calmarla un poco

Otra manera sencilla de gestionar la energía es simplemente darnos cuenta de ella. Por eso podemos pedirle que se siente a nuestro lado o cogerle en brazos y explicarle que vamos a jugar a explorar cómo el enfado ha invadido su cuerpo.

Es una manera de romper un estado de rabia y llevarle a otro de curiosidad.

Podemos guiarle nosotros pidiéndole que note cómo late su corazón, preguntándole si siente calor en el cuello y la cara, o cómo nota el estómago, encogido, tenso, relajado etc…

Hablar sobre sus líneas rojas

Es cierto que los niños tienen sus propias líneas rojas, pero eso no quiere decir que estas estén siempre bien calibradas.

Otra de las cosas que hacen estos padres con maestría emocional es invitar a sus hijos a reflexionar sobre esos límites porque a lo mejor les conviene revisarlos. Pero por supuesto nunca lo hacen en medio de un estallido de ira.

En ese momento está secuestrado por una emoción y es imposible que esté disponible para razonar nada. Todos nuestros esfuerzos por hacerle recapacitar en ese momento van a ser infructuosos.

Es conveniente dejar pasar unas horas, pero no demasiadas para que no se le olviden los detalles de la situación que le hizo saltar porque muchas veces ahí está la clave.

Hablar sobre esas situaciones que les hacen enfadar nos van a permitir entrar en el mundo de nuestros hijos y posiblemente a cuestionar sus propios límites. Quizás nuestro hijo necesita nuestra orientación para comprender que cuando sus amigos le gastan bromas no lo hacen para fastidiarle o quizás deba aprender que hay que respetar los turnos en algunos juegos.

Los padres que intentan llevar a la práctica estos cuatro pasos cada vez que sus hijos tienen rabietas o ataques de ira aseguran que los beneficios se notan desde el primer día. Los enfados llegan igual que antes, dicen, pero gestionarlos de esta manera, aunque suponga un esfuerzo enorme, aunque a veces no salga bien del todo, merece la pena.

MÁS

Источник: https://www.niusdiario.es/salud-y-bienestar/coaching/trucos-padres-controlar-ira-hijos_18_2875170209.html

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