¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

11 consejos para lograr que tu hijo te haga caso

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

Esto implica que, si bien hace algunas décadas la obediencia a los padres ni se dudaba, actualmente los niños sí cuestionen las órdenes paternas y deciden no cumplirlas -o retrasar al máximo su cumplimiento-.

Esto no es negativo; de hecho, es bueno para la madurez psicológica de los niños y adolescentes comprender el sentido de las normas y reflexionar y opinar sobre ellas, en lugar de guiarse por la obediencia ciega a la autoridad. Lo que ocurre, eso sí, es que para los adultos es más difícil de gestionar.

En el momento en que el niño empieza a controlar sus esfínteres (a la edad de 18-24 meses) descubre su capacidad de independencia con respecto a su cuidador. Es una de las primeras decisiones que puede tomar: cuándo hacer sus necesidades -e incluso dónde- es algo que depende totalmente de él.

A partir de aquí, el pequeño empieza a explorar los límites de su entorno: desde sus primeros “no”, pasando por el descubrimiento de la fantasía y las mentiras, hasta llegar a la rebeldía y el negativismo adolescente.

Poco a poco va explorando cómo sus actos afectan al entorno, hasta qué punto pueden influir en él, cómo cambian las cosas en función de sus decisiones… Va realizando experimentos ambientales prácticamente inconscientes, entre ellos descubrir qué ocurre si se transgreden ciertas normas.

La reacción de los padres ante estas pequeñas transgresiones irá condicionando sus comportamientos futuros.

Los niños no son una extensión de los adultos

La sociedad está progresando: los niños adquieren un papel social cada más relevante, en la medida que los adultos toman conciencia de la importancia de la psicología de los menores y su educación.

Sin embargo, suele seguir existiendo una cierta incomprensión por parte de los adultos al mundo infantil. La inmadurez y el infantilismo propios de la niñez no implican un menor valor de lo que el niño opina, piensa, siente, hace, decide o cree.

A veces, lo que falla es la concepción de algunos padres que creen que sus hijos son una extensión suya: deben ser y comportarse como ellos lo hacen. Respetar la individualidad del niño es un paso fundamental para no desvalorizarle inconscientemente.

Comprender que el pequeño es una persona diferente y única también implica reconocer que no va a cumplir a pies juntillas todo lo que se le diga, precisamente porque no es un robot programable.

Por supuesto que los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, y nunca nada de lo que se les pida o exija será con maldad, sino todo lo contrario: será por su bien. Pero hay que intentar aplicar un justo equilibrio entre actuar por su bien y dejar que ellos descubran por sí mismos lo que es bueno para ellos.

1. No le des órdenes ni le pidas nada cuando esté muy entretenido (por ejemplo, jugando a algún videojuego). Es muy probable que te conteste, pero realmente no te habrá prestado ninguna atención. Esa orden o petición no se almacenará en su memoria.

Haz que pare lo que esté haciendo el suficiente rato para que te preste atención, o bien espérate a que esté disponible.

2. Tenemos memoria para lo que nos interesa (a ti también te pasa). Es muy probable que se le olvide lo que le has pedido porque hay otras cosas más interesantes e importantes para él en las que está pensando.

Puedes ponerle recuerda-memorias a su vista (como post-it en su habitación o en el baño) o elaborar juntos un calendario donde apuntéis las cosas más importantes que debe hacer, y así crear el hábito de mirarlo en algún momento del día.

3. Dale cierta libertad para que decida cosas que sí están a su alcance, en lugar de mandarle lo que debe hacer por ahorrar tiempo o porque sabes que va a ser lo mejor para él (por ejemplo, decirle qué ropa se ha de poner cada mañana).

Deja que tu hijo se organice ciertas cosas y tome algunas decisiones sobre su propio mundo, como su material escolar, su ropa, sus aficiones… Así, irá descubriendo poco a poco su autonomía.

4. Que tus peticiones sean concretas. No confundas el razonamiento infantil con el razonamiento adulto: el infantil es mucho más concreto. Los niños comprenden peor lo abstracto. Incluso aunque ya tengan edad de comprenderlo, es mucho más difícil para ellos llevar a cabo una petición que no tiene un principio y un fin bien delimitados.

Por ejemplo, puedes cambiar la petición “limpia tu habitación” por “recoge las cosas que tienes encima del escritorio y guárdalas en el armario de forma ordenada”. 

5. Dale determinada amplitud de tiempo para que haga lo que le has pedido, pero que esa amplitud no sea ni muy corta (cinco minutos) ni muy larga (una semana o incluso dos días puede ser demasiado tiempo en el mundo de un niño).

Decirle: “Por favor, haz X cosa antes de la hora de cenar” está bien, si tiene toda la tarde por delante.

6. Si no hace lo que le has pedido, él mismo ha de ver las consecuencias. Tú puedes remarcárselas con cariño y tranquilidad. Por ejemplo, si le pides que eche a lavar los calcetines y no lo hace, llegará un momento en el que se quedará sin calcetines limpios.

Resiste el impulso de ir a recogerlos todos y a lavarlos mientras te quejas a gritos y le sueltas un sermón. Simplemente, cuando llegue el momento de ponerse calcetines y no tenga limpios, coméntale: “No tienes calcetines limpios porque no los has echado a lavar en toda la semana, como te pedí que hicieras. ¿Ahora qué vas a hacer?”. Espera a que él te dé una solución, no se la pongas tú.

Posiblemente le tocará ir un día a la escuela con los calcetines tremendamente sucios (suena dramático, ¡pero no lo es tanto!), pero lo más seguro es que esa misma tarde los eche a lavar. No se volverá a quedar sin calcetines limpios.

7.

Prueba durante una temporada a reducir el número de órdenes y peticiones que le haces a tu hijo, dejando sólo las que sean estrictamente necesarias y eliminando todas las que son prescindibles. Órdenes prescindibles son, por ejemplo, “no te manches con la merienda”, “¡No corras!”, “¡Cuidado! No te caigas”, etc. Son expresiones que, aunque suenan a órdenes, son advertencias.

El niño no las toma como órdenes, y por tanto no las cumple. “¡Le he dicho que no corra y sigue corriendo! ¡No me hace caso!…”. Es normal: no es que no desee hacerte caso, ¡simplemente quiere correr! Y no va a dejar de hacerlo porque tú le digas que no lo haga. Por tanto, en esta situación, tu orden se queda como una voz de fondo.

8. Prémiale cuando cumpla lo que le has pedido u ordenado. Preferiblemente, que esos premios consistan en halagos verbales, cariño y pequeñas acciones agradables (ir a una excursión, leerle su cuento favorito, salir al parque…).

9. Analiza tu forma de pedir y de ordenar. ¿Lo haces de forma agresiva o calmada? ¿Amenazas con castigo si no lo cumple? ¿Se lo pides por favor o lo exiges con superioridad? ¿Lo repites cansinamente hasta la saciedad hasta que se te acaba la paciencia? Si te das cuenta de algunos errores en tu forma de pedir y de ordenar, cambia de forma.

No hay mejor manera de provocar un cambio en el otro que cambiando uno mismo. Detectar tu cambio le llamará la atención, y esa llamada de atención ya es un primer paso.

10. Si tu hijo ya tiene más de 7 años, cuando le pongas normas explícale el sentido de las mismas. Esto no significa que si él no está de acuerdo con alguna norma tengas que cambiarla, ni mucho menos. Los límites son muy importantes. Pero sí es bueno que, aunque determinada norma sabéis que es inamovible, se pueda hablar sobre ella y justificarla.

Por ejemplo, muchas órdenes incumplidas están relacionadas con dos temas: lo escolar (“Cómo hacer que los deberes escolares no se conviertan en una pesadilla”) y las labores del hogar.

Lo mejor es estipular de forma clara un horario de labores que realizará cada miembro del hogar, para que el niño entienda por qué debe colaborar (por ejemplo, porque los papás no dan abasto para todo, necesitan su ayuda, y además así él aprende a hacer pequeñas faenas y se siente útil).

Explícale que se necesitan 21 días para consolidar un hábito. Esos primeros días serán difíciles, pero cuando lo haya hecho 21 días (especialmente si se sigue una rutina para ello), hacerlo le saldrá sólo.

11. Haz explícita tu preocupación por su falta de obediencia: en algún momento que los dos estéis tranquilos, háblalo con él tranquilamente. Dile que últimamente estás notando que no te hace nunca caso; dile lo que sientes cuando se comporta así.

Preferiblemente, que esta charla no sea inmediatamente después de haber discutido por una orden incumplida; si no, se lo tomará como una reprimenda más. Pregúntale por qué lo hace y qué puedes hacer tú para que asuma las cosas que le pides de buen grado.

Si hablamos de obediencia, es importante hablar de edades.

La edad de tu hijo es muy relevante a la hora de entender por qué no te hace caso. Si está en la rebeldía y la transgresión de la adolescencia, el tema de las normas es más complicado de gestionar que si es más pequeño. En general, los consejos de este artículo están pensados para niños más pequeños, pero también pueden ser útiles para adolescentes.

Y tú, ¿qué opinas de la disciplina en el hogar? ¿De qué manera crees que los padres pueden comportarse para que sus hijos hagan caso?

¡Anímate a dejar tu comentario! Estaré encantada de escuchar tu punto de vista.

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Источник: http://www.elportaldelhombre.com/con-hijos/item/970-11-consejos-para-lograr-que-tu-hijo-te-haga-caso

8 maneras de impartir disciplina y que tus niños te hagan caso a la primera

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

Por supuesto que quieres explicar a tu hijo los porqués de todo en esta vida, pero quizás cuando estáis a punto de salir para ir a la escuela no es el mejor momento. Así que ahorra los discursos elaborados para cuando tu pequeño necesite de un apoyo más profundo.

Cuando necesites obtener una respuesta rápida, sé claro y específico, sugiere Richard Bromfield, Ph.D., psicólogo en Harvard Medical School y autor de How to Unspoil Your Child Fast.

Los niños necesitan información concreta así que, en lugar de decir “prepárate para ir a la escuela”, da instrucciones directas: “Es hora de que te pongas el abrigo y la mochila”.

Conviértelo en un desafío

Como a los niños les encantan los pasatiempos, convertir el buen comportamiento en un juego es una forma muy inteligente de obtener su complicidad.

¿Tienes un hijo que da problemas cada vez que tiene que ponerse las zapatillas? Prueba a decirle: “Te apuesto que no eres capaz de ponerte tus deportivas en 45 segundos”.

 ¿Tu hijo nunca quiere cepillarse los dientes? Dile: “Me pregunto quien puede limpiarse los dientes por más tiempo, tú o yo”.

Conecta con tu hijo y personaliza el mensaje

Hay dificultades de ser mamá, como educar a un niño de 2 años, que parecen imposibles. A veces parece que tu pequeño no quisiera “comprar” lo que le “vendes”, cuando lo que realmente está sucediendo es que no puede procesar bien lo que dices.

 “Los niños no son buenos a la hora de hacer más de una cosa a la vez”, explica Jim Taylor, Ph.D., y autor de Positive Pushing: How to Raise a Successful and Happy Child.

Es prácticamente imposible para tu pequeño asegurarse que su trenecito de juguete no se descarrile al mismo tiempo que te escucha y se preocupa por comprenderte. En lugar de esperar una atención completa, prueba a decirle que deje de jugar por unos minutos para que podáis hablar.

Entonces, explícale lo que sucede mirándolo a los ojos, utilizando su nombre y preguntándole si te ha entendido cuando termines.

Disciplina positiva: sustituye los malos hábitos

La mejor manera de acabar con un comportamiento no deseado es sustituirlo por una alternativa o el “contrario positivo” de ese mal gesto, dice Alan E. Kazdin, Ph.D.

, profesor de psicología y pediatría de Yale University, y director del Yale Parenting Center.

En lugar de centrarte en lo que no quieres que tu hijo haga (“odio cuando es un respondón”) dale importancia a lo que si te gustaría que hiciese (“cuando llega el momento de limpiar, me gustaría que sencillamente lo hicieras”).

Una forma segura de que tu hijo opte por portarse bien son las alabanzas. Cuando actúe adecuadamente, expresa tu sincera emoción (“¡wow!”).

 Después, hazle saber porqué estás tan contenta (“estabas enfadado, pero decidiste decirlo en lugar de ponerte a pegar”). Finalmente, añade algún gesto físico, como un abrazo o high five.

“Cada vez que refuerzas un éxito parcial, te acercas un poco más al objetivo final”, dice Dr. Kazdin.

Corta el drama

Los hijos tienen mucha más resistencia que tú y pueden discutirte, montarte un berrinche y oponerse tanto tiempo como les dejes (¿a alguna le suenan las batallas campales para conseguir que se vayan a la cama?). “Cada vez que participas de este intercambio de discusiones, le das la oportunidad de volverse más fuerte y mejor en ello”, dice Dr. Bromfield.

En lugar de dar repetidos avisos y recordatorios, dale uno (“te quedan 10 minutos para jugar, es hora de dormir”) e ignora cualquier enfado después de ello. Si todo lo demás falla, utiliza el clásico “porque lo digo yo”. De esta manera también aprenderá a respetar a los demás y a que las cosas siempre salen bien: lo importante, a la larga, es educar en valores.

Explica las dinámicas de causa-efecto

Cuando tu pequeño se niega a ponerse un sombrero o a abrigarse y luego se queja de que hace frío, simplemente cuéntale cómo las prendas de ropa que no quiso ponerse le habrían ayudado. La próxima vez que no quiera ponerse una chaqueta o gorro, recuérdale lo que pasó la última vez.

Ofrece alternativas

A los niños les reconforta sentirse en control. Así que, en lugar de preguntarle si puede recoger los juguetes, donde realmente solo hay una posible respuesta, proponle diferentes opciones incluso si no hay una diferencia monumental entre ellas. Dile, por ejemplo, “por favor recoge esos dos juguetes o aquella caja cerca de la cama”. De esta manera evitas recibir un “no” directo.

Cambia las formas

“Cuando tu hijo escucha las palabras ‘no’ o ‘para’, estás desencadenando una respuesta casi pavloniana que consiste en que el pequeño dejará de prestarte atención”, dice Jane Nelsen, Ed.D., autor de una colección de libros sobre disciplina positiva. En lugar de decirle “no tires de la cola del perrito”, dile: “trata al perro con cariño”.

¿Quieres que tu hijo te preste atención? Susurra. Nada genera mayor interés que un secreto.

 Foto: Getty 

Источник: https://serpadres.com/ninos/impartir-disciplina-ninos/40146/

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

La conducta se aprende desde los primeros momentos de vida del niño, con lo que educarle desde pequeño nos permitirá evitar problemas que puedan influir negativamente en su desarrollo personal.

Indice

  • La personalidad del niño y la educación
  • ¿Cómo lograr que el niño haga caso?

La personalidad del niño y la educación

La personalidad de un niño y su comportamiento viene determinado por factores innatos, es decir, biológicos; y adquiridos o aprendidos según la educación, su experiencia, etc.

Es cierto que hay niños más rebeldes que otros, pero hay que tener en cuenta que la mayor parte de las conductas humanas son aprendidas a lo largo de la vida, por lo que la forma de comportarse de un niño dependerá, en su mayor parte, de la educación que le demos desde que nace.

Aunque resulte complicado para un padre regañar a su bebé de 1 año, es necesario no dejarlo para más adelante, si bien adecuando las normas y los límites a la edad del pequeño. Intentar meterle en cintura cuando tenga 5 o 6 años será más complicado porque el niño va afianzando su personalidad, pero no desesperes, siempre se está a tiempo de reconducir su conducta.

¿Cómo lograr que el niño haga caso?

Por muy obediente que sea, casi todos los niños pasan por una etapa de rebeldía. Forma parte de su desarrollo y es totalmente normal, aunque te desespere. En estos momentos, puedes seguir una serie de pautas:

Marca unos límites que nunca puedan traspasarse. Hay que ser muy estricto siempre con ciertas normas. No importa si un día de fiesta se acuesta a las 22 h en vez de a las 21 h, pero nunca consientas que pegue a otro niño o se vaya a la cama sin ducharse. Si permites que consiga lo que quiere un día, intentará obtenerlo siempre mediante llantos, pataletas, rabietas…

Todas las normas que establezcáis deben estar consensuadas por ambos. Si el niño ve que mamá le deja hacer una cosa que papá le ha prohibido, acudirá a mamá para conseguir siempre lo que quiere y no hará caso a ninguno de los dos. Nunca mostréis desacuerdo delante de él.

– Asimismo, debes ir adaptando las normas a su edad. Debe comprender lo que tiene que hacer y ser capaz de realizarlo. Emplea órdenes sencillas y claras, y nunca le des dos írdenes a la vez.

– Si te pregunta por qué debe hacer algo, nunca le respondas “¡Porque lo digo yo!”. Enséñale que cada orden se debe a un motivo y busca mejorar vuestra convivencia, su comportamiento, su desarrollo, etc.

– La atención de los padres, las palabras de elogio y aprobación, las caricias o los premios en general, dispensados por la realización de una conducta correcta, aumenta la probabilidad de que esa conducta se repita y se perfeccione.

– Por el contrario, si un comportamiento erróneo no va seguido de consecuencias desagradables, es menos probable que vuelva a ocurrir en el futuro.

– Si ves que vacila a la hora de obedecer, déjale bien claro de antemano las consecuencias (negativas o positivas) que puede obtener si hace caso o no.

– Mejor que castigar, una buena manera de reconducir una situación inadecuada es ignorando su conducta (nunca al niño, solo su comportamiento). Los niños buscan constantemente llamar la atención con sus actos. Si ven que no lo consiguen, dejarán de hacer lo que estuvieran haciendo.

– Siempre, educa con el ejemplo.

Los comportamientos adquiridos por el niño vienen de la mano de lo que ve a su alrededor: de sus padres, amigos, en la televisión… Por eso es importante cuidar también la programación que ve el niño y los amigos con los que se relaciona. Si presencia conductas equivocadas, explícale qué han hecho mal y dile lo que le pasaría a él si actuara así.

– Cuando se haga el remolón para hacer alguna tarea que le hayas ordenado, como bajar a comprar el pan, ten paciencia; si ves que tarda un poco y bajas tú a hacerlo, habrá ganado. Dale un tiempo para que piense las consecuencias de sus actos y decida hacer lo correcto.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/educacion/como-hacer-que-mi-hijo-me-haga-caso-4548

Mi hijo no hace caso. 6 Pautas para niños desobedientes

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?
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Además, para que el niño o la niña obedezca es necesario llamarle muchas veces la atención, gritarle o tomar otro tipo de medidas.

Suele generar como he dicho, un desgaste continuo en los padres y sentimientos de ineficacia ya que piensan que están perdiendo su autoridad, que no son capaces de manejar el comportamiento de su hijo, que lo están haciendo mal… La situación empeora cuando además comienzan los reproches entre uno y otro miembro de la pareja.

En muchas ocasiones es un comportamiento que sorprende a los propios padres. Su hijo o hija era más o menos dócil y hacia los 3 o 4 años comienza a comportarse de esa manera y a cuestionar la autoridad paterna.

Causas del mal comportamiento de los hijos

Las causas de ese comportamiento pueden ser muy diferentes. En primer lugar, debo decir que hasta cierto punto, es normal que aparezca.

Sí, es una forma de mostrar su autonomía e independencia, una forma decirles “yo ya no soy un bebé como hasta ahora, y quiero hacer las cosas a mi manera”.

Una manifestación, por cierto, inadecuada, y que poco a poco los padres tendrán que reconducir.

En todo caso, me suelo encontrar un “factor común”: sin quererlo los padres “RECOMPENSAN” ese comportamiento, lo premian,  por tanto, lo refuerzan y lo consolidan. Sí, aunque les parezca complicado efectivamente eso sucede y les explico cómo lo hacen:

  • Cuando el niño no hace caso, obtiene la recompensa de seguir efectivamente con lo suyo durante más tiempo, librarse de algo que, en ese momento no les apetece… De esta forma comprueba que “no hacer caso resulta efectivo” para librarse de lo que los padres le están pidiendo.
  • En segundo lugar, muchos padres ya admiten como premisa que su hijo se va a negar a lo que le pidan y realizan las llamadas de atención con poca convicción y esperanza. Esto vuelve a reforzar el comportamiento de su hijo que ve que efectivamente da resultado.
  • Por último, cuando “no hacen caso”, consiguen un premio excelente: que le presten durante unos segundos o minutos una atención especial. Efectivamente, comprueban que este comportamiento hace que los padres dejen lo que están haciendo para centrarse solo en él, aunque sea para regañarle, pero sentirse el centro de atención durante unos minutos es un “premio” que vale la pena para ellos, sobre todo cuando han comprobado que solo consiguen con ese comportamiento.

Como muchos podrán comprobar, este tipo de refuerzos hace que la conducta se consolide y sea complicada de modificar.

A continuación paso a dejarles algunas orientaciones para afrontar el tema.

Pautas para niños desobedientes

  1. En primer lugar deben pensarse muy bien lo que le piden al niño. No se pueden hacer demandas a discreción. Es lo que los especialistas llaman distinguir entre “órdenes duras y órdenes blandas”. Pídanle al niño solo lo que es estrictamente necesario y que no hay alternativa, es decir, reduzcan sus órdenes lo más posible a “órdenes duras”.

    En ocasiones, hacemos demandas a los niños sin sentido, contradictorias o les ignoren. Antes de dar una orden hay que pensar lo que se pide.

  2. Cuando lo hagan, es muy importante acercarse al niño y asegurarse que nos atiende, escucha y que comprende la orden.
  3. En tercer lugar, se deben dar con un tono de SEGURIDAD y firmeza.

    No hace falta gritar, ni amenazar; basta con el niño compruebe que vamos en serio. Si responde diciendo que no quiere, entonces ustedes, sin enfadarse y sin entrar en demasiadas negociaciones, le vuelven a repetir una vez más la orden.

  4. Reduzcan las llamadas de atención a tres como máximo.

    En la segunda llamada de atención le anticiparemos las consecuencias si no obedece.

  5. Después de la tercera llamada de atención si continúa “sin hacer caso”, actuaremos. La actuación debe ser firme, sin prestar demasiada atención, sin muchos comentarios ni reproches.

    Es importante que su mal comportamiento no obtenga la recompensa de prestarle mucha atención, se trata de actuar como si estuviéramos pensando en otra cosa. Posteriormente no haremos demasiadas alusiones al comportamiento negativo, ya que sería otra forma de prestar atención.

  6. Por el contrario, elogiaremos y prestaremos una especial atención siempre que el niño obedezca y efectivamente nos haga caso. De esta forma, comprobará que le prestan más atención cuando se porta bien que cuando se porta mal. Entiendo que pensarán que esa forma de actuar es demasiado complicada y costosa.

    Es posible, pero es la que se me ocurre y la que recomiendan muchos especialistas.

En cualquier caso, si tienen alternativas a estas pautas para niños desobedientes, les animo a comentarlas y compartirlas con no nosotros.

Vídeo niños desobedientes

© 2018 Pautas para niños desobedientes. Escuela de padres. Educapeques

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Источник: https://www.educapeques.com/escuela-de-padres/consejos-educacion-hijos/pautas-para-ninos-desobedientes.html

“Mi hijo no me hace caso”. Por qué y soluciones

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

Cuando usamos la frase ‘Mi hijo no me hace caso’ o ‘Pasa de mí’, estamos describiendo lo que entendemos por una relación de desobediencia. Ahora que estamos en verano, los niños se nos antojan más desobedientes que nunca. En este artículo quiero contarte por qué los niños se rebelan y cómo podemos mejorar su respuesta a nuestras peticiones.

Te advierto que la crianza es de todo menos cómoda y no existen soluciones mágicas que impliquen menos de cinco minutos de tu tiempo. Pero si tu nivel de compromiso con la educación de tus hijos es grande, aquí tienes las pautas que buscas.

¿Por qué mi hijo no me hace caso?

Cuando decimos que el niño desobedece, nos referimos a que el niño no acata nuestras directrices. Esto es información incompleta porque cuando el niño no obedece es posible que:

  • No nos estemos explicando correctamente.
  • Estemos pidiendo algo por encima de sus capacidades (como la concentración o la habilidad a determinada edad).
  • Sea una petición desde nuestra comodidad sin contemplar las necesidades y emociones del niño.
  • Sea una exigencia.

Ten en cuenta que cuando exiges algo (sea a un niño o a un adulto), das a la otra persona dos únicas opciones: doblegarse o rebelarse. La exigencia solo consigue que tu hijo bien se someta, bien se resista a obedecerte, pero ninguna de esas variables son un buen resultado.

Aunque consigamos que el niño nos obedezca de forma inmediata, estaríamos educando a un futuro joven que agacha la cabeza y acata las normas de las personas con poder. Este tipo de niño, cuando llega a adolescente, hace cosas que no quiere con tal de conquistar al líder del grupo o para contentar a su pareja.

Sé que no quieres un niño obediente, quieres un niño que sepa negociar y que discierna entre lo correcto y lo incorrecto.

La solución nunca será exigir, sino hacer peticiones

No es lo mismo decir a tu hijo ‘A la bañera’, que decir ‘¿Te parece si nos vamos al baño?’. Cuando das opciones al niño, estás respetando su identidad y le das la opción de decirte que no.

Pero ‘Si le doy opción a decirme que no, ¡puede que no me obedezca!’ Cierto. Lo que ocurre es que un niño que se siente respetado y cuya voz es importante en casa, un niño con la capacidad de negociar, es un niño que ofrece menos resistencia ante las peticiones lógicas y bien explicadas.

Cuando el niño dice ‘no’, existen unas razones detrás del ‘no’. En lugar de etiquetar al niño como desobediente o rebelde, podemos intentar interpretar cuál es el nacimiento de esa negación.

¿Por qué el niño desobedece?

Veamos aquí las razones más frecuentes por las que los niños dicen NO:

  1. La palabra más escuchada por el niño es ‘NO’. Si constantemente hacemos negaciones al niño del tipo ‘no toques’, ‘no cojas’, ‘no te subas’ o ‘no sigas’, tenemos a un niño cuyo espíritu explorador está siendo constantemente frustrado. A menudo decimos ‘no’ por nuestra propia comodidad. Por ejemplo, advertimos al niño con un ‘no’ cuando pensamos que va a manchar algo o romper algo que después tendremos que arreglar los adultos. Otras veces decimos ‘no’ por un miedo infundado que nace de nuestros propios fantasmas. Sea como fuere, el niño oye ‘no’ demasiadas veces al día y contrarresta con eso que ha aprendido: Si tú me ofreces el ‘no’, yo te devuelvo el ‘no’. Y ten presente que no es una venganza, sino el resultado de una frustración sostenida en el tiempo.
  2. No jugamos con el niño. Aunque parezca sorprendente, la falta de juego común (sea cual sea la edad del niño y el tipo de ocio favorito) hace que el niño se muestre en desacuerdo con nuestras órdenes. Por la sencilla razón de que no se siente respetado. El trabajo más importante del niño es el juego y si esa faceta no está siendo compartida por los padres, el niño se siente una parte menor en el hogar. No hace falta dedicar todas las horas del día a jugar con el niño. Ni siquiera hace falta que el juego con ellos sea muy largo –es importante que el niño desarrolle sus propias ensoñaciones. Te aseguro que un niño que juega con sus padres se siente lo suficientemente respetado como para no negar una petición de ese padre que lo respeta.
  3. Tenemos mucha prisa con nuestras peticiones. De nuevo por comodidad, acabamos imprimiéndole velocidad a nuestros mandatos: ‘Quiero que lo hagas y quiero que lo hagas ahora’. Con esto nos olvidamos de un enfoque de crianza a largo plazo y nos centramos en los trucos para el corto plazo. Por ejemplo, en un berrinche en el supermercado, la vergüenza ajena hace que queramos salir cuanto antes de ese atolladero. La premura del corto plazo nos hace optar por frases tipo y soluciones que no servirán para educar al niño pero harán que nos obedezca rápido. Por ejemplo ‘Si te callas, te lo compro’. La crianza incondicional no son los trucos de SuperNany y nosotros no resolvemos nada en 50 minutos de primetime. Si quieres que un niño abandone las respuestas rebeldes a largo plazo, no puedes enfrentar con prisas cada duelo entre los dos. Si la gente del supermercado mira, que miren.
  4. Damos demasiadas órdenes. De hecho, los avasallamos con discursos muy largos y con muchos ‘tienes que’. Cuando vemos un cuarto desordenado empezamos a atropellar el discurso con un ‘haz la cama, recoge los libros, mira cómo está el suelo, ¿esto lo vas a dejar así?, echa la ropa a lavar’… Mientras nos calentamos y encolerizamos, proyectamos miles de mandatos que con toda certeza van a sobrepasar la capacidad de atención del niño (y su paciencia). Céntrate en lo que quieres del niño, sé claro en tus peticiones y reduce tu discurso. La charla larga solo sirve para encenderte más y más y poner distancia entre vosotros. El amor es calmado y habla con claridad.
  5. Olvidamos sus necesidades. Se nos olvida ponernos en el lugar del niño y es común que interrumpamos sus juegos y actividades obteniendo una mala respuesta por su parte. Desafiamos su necesidad de calma, concentración o expansión con muchas peticiones adultas. Cuando el niño nos responde de mala forma, se nos olvida contemplar que pueda estar cansado, hambriento, aburrido o ansioso. Las necesidades no satisfechas del niño están detrás de las malas respuestas y desaires. Así que cabe preguntarse ¿qué necesita mi hijo cuando me dice que ‘no’ a mi petición? ¿Serías capaz de tener este compromiso con tu pequeño?

¿Por qué te enfadas cuanto tu hijo ‘desobedece’?

También nosotros nos enfadamos con su ‘no’ o su desobediencia por nuestras propias necesidades no satisfechas. Si estamos cansados y el niño nos reta con un ‘no’, nuestra necesidad de descanso y de paz sigue sin cubrir. Y entonces sacamos las uñas. Recuerda lo siguiente:

Esto es, el niño no te enfada. La respuesta del niño solo hace saltar la alarma sobre la causa de tu enfado, que puede estar en tu cansancio, tu estrés, tus ganas de divertirte o tu necesidad de un abrazo:

  • Quizá necesitas seguridad, tranquilidad, confianza en que tu hijo ‘no la va a liar’.
  • O necesitas saber que no corre peligro.
  • O te enfada y te desestabiliza pensar que no estás haciendo todo lo que puedes y que eres un mal padre/madre.
  • Tienes una necesidad de espacio o de reconocimiento por lo que haces que no se realiza cuando el niño se rebela. Esta necesidad de reconocimiento no la puede satisfacer tú hijo pequeño y tendremos que buscar otra forma de hacerlo: con la pareja, en el trabajo, los amigos, familiares… y sobre todo con uno mismo.

Hasta las personas que nos dedicamos a la crianza, nos frustramos. No desesperes.

Algunos detalles que mejorarán estas situaciones:

  • Haz peticiones, no exigencias.
  • Háblale a su altura y con calma. Respeta su posición.
  • Cuando grite, baja tú el volumen. Esto es muy efectivo porque él tendrá que bajar su intensidad si quiere escuchar lo que le dices.
  • Mantente en tu petición. Que el corto plazo no te ciegue. Si lo que pides tiene sentido y respeta a ambas partes (a ti y al niño), sé firme.
  • Explícate cuantas veces hagan falta. Sé claro y da una buena razón al niño. El ‘Porque lo digo yo’ o ‘Porque soy tu padre’ no valen.

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Libros recomendados:

Crianza incondicional, Alfie Kohn.

Educar a los niños desde el corazón, Marshall Rosenberg.

*PD: Hoy es mi cumple y con este artículo me marcho a descansar el mes de agosto. Nos vemos en septiembre y en mi Instagram.

Источник: https://www.mamavaliente.es/2019/07/25/mi-hijo-no-me-hace-caso-por-que-y-soluciones/

Diez consejos básicos para que tu hijo te obedezca

¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?

Lograr que nuestro hijo obedezca no requiere perder la calma. Tampoco hay que recurrir a los chantajes ni aún menos a las amenazas. En realidad, que los niños nos hagan caso a la primera y respondan a nuestras demandas de manera efectiva, necesita de un trabajo diario basado en la constancia, las normas firmes y una adecuada comunicación emocional.

Así, y por mucho que esté anunciado en el título de este artículo, no hay recetas mágicas para conseguir que el niño obedezca.

Los pequeños son personas con decisiones propias, y esas decisiones suelen entrar en colisión frontal con las órdenes de los mayores.

Lo que sí es posible es evitar que sean ellos quienes nos ganen a pulso todas las batallas e intentar lograr un clima en casa en el que las calmas ganen a las tormentas.

Como bien decía la antropóloga Margaret Mead, en materia de crianza y educación, las reprimendas no tienen tanta efectividad como pensamos. Lo más pedagógico y adecuado en todos los casos es hacer uso de la coherencia, la paciencia, el ejemplo y el ingenio psicológico. Veamos más datos a continuación.

“Las raíces de la educación son amargas, pero la fruta es dulce.”

-Aristóteles-

¿Qué debo hacer para que mi hijo obedezca?

Hay un primer aspecto que debemos entender para que nuestro niño obedezca. La obediencia no debe basarse en el autoritarismo firme y absoluto. Lo ideal es fijar la crianza en un objetivo claro: dar al mundo niños respetuosos, capaces de pensar por sí mismos, personas capaces de cooperar, entender y actuar siempre con equilibrio y de manera madura.

La obediencia que se basa en el grito y la amenaza no educa, hiere. Debemos hacerle entender a nuestros hijos que cada norma tiene una finalidad, que cada demanda que les hacemos, así como cada prohibición, responde esas normas de convivencia a las que debe atenerse.

Es más, estudios como el llevado a cabo en la Universidad por parte del doctor Duane F. Alwin, por ejemplo, nos recuerdan algo interesante. La obediencia que se basa en la educación democrática, favorece poco a poco una independencia más responsable del niño al entender las normas sociales y las consecuencias de sus acciones.

Conozcamos seguidamente, qué claves pueden ayudarnos para que el niño obedezca.

Consejos pedagógicos para favorecer la obediencia

1. La exigencia de obedecer debe hacerse de forma gradual. No se puede pasar de cero a cien. Es adecuado empezar pidiendo obediencia en tareas que para ellos son fáciles y agradables y, cuando esto se haya asentado, ir subiendo poco a poco a otro nivel de exigencia. Pequeños pasos que ayudarán a conseguir el objetivo final.

2. Las instrucciones sobre lo que el niño debe hacer deben ser sencillas y claras. Deben expresarse siempre en un tono normal y a su nivel, nunca desde la habitación de al lado y gritando.

3. Dichas instrucciones deben darse de una en una. Es mejor evitar dar muchas indicaciones al mismo tiempo.

4. El niño debe acostumbrarse a recibir las órdenes una o dos veces para ser obedecidas. Si pasamos de ahí, lo único que conseguiremos será alterarnos emocionalmente. A partir de la tercera orden “no oída”, tendrá la consecuencia a su desobediencia, y el niño debe saberlo.

5. Hay que acompañar la buena conducta del niño con elogios y, ocasionalmente, con pequeños premios. Ensalzarlo y ofrecerle cariño cuando hace las cosas bien y obedece son, de cualquier modo, el mejor de los premios que puede recibir.

6. De la misma forma, las situaciones en las que el niño no obedece deben tener una consecuencias (como por ejemplo, privarle de algo que le gusta) pero nada más, sin que obtenga una atención extra de la mala conducta y se esté toda la jornada aludiendo a ella.

7. En muchas ocasiones funciona bien emplear técnicas conductuales como la economía de fichas o el carné por puntos.

En lugar bien visible, se pondrán las normas a cumplir (pocas y sencillas) y los días de la semana: se darán puntos positivos cuando lo haga bien, pero también negativos cuando lo haga mal.

Según el recuento semanal sea positivo o negativo, habrá premios o no.

8. Evitar el castigo continuo. Llega un momento en el que los niños se hacen inmunes a él. Por eso es más adecuado el valor positivo a la buena conducta y la ignorancia a la mala, que una riña constante.

9. Intentar evitar en lo posible inferencias de otros familiares, hay que informarles de lo que está intentando conseguir y ser tajante con el plan. Es importante evitar siempre que otros desautoricen ante los niños lo que se está haciendo para intentar que obedezcan.

10. ¿Y el décimo? El décimo consejo bien podría ser el primero, el segundo, el tercero… En resumen, hablamos cómo no de la paciencia, paciencia y paciencia. Recordemos que la razón es que un adulto autocontrolado es el mejor espejo en el que un niño puede mirarse.

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