¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

Contents
  1. Nueve rasgos que definen la personalidad de un niño
  2. 2. Regularidad
  3. 3. Adaptabilidad
  4. 4. Reacción a la novedad
  5. 5. Intensidad de reacción
  6. 6. Atención y persistencia
  7. 7. Distracción
  8. 8. Sensibilidad sensorial
  9. 9. Tipo de humor
  10. ¿Cuál es el temperamento de tu bebé?
  11. El temperamento de tu bebé
  12. Niños de temperamento fácil
  13. Niños de temperamento difícil
  14. Niños de temperamento apático
  15. 7 rasgos que pueden definir la personalidad de un niño
  16. Factores que pueden determinar la personalidad de un niño
  17. La personalidad de nuestros hijos es única: conocéla lo antes posible
  18. Nivel de actividad
  19. Regularidad
  20. Reacción ante estímulos nuevos
  21. Intensidad de reacción
  22. ¿Cuánto dura su nivel de atención?
  23. Sensibilidad sensorial
  24. ¿Qué humor predomina en tu bebé?
  25. El desarrollo de la personalidad durante la infancia
  26. Los factores de la personalidad
  27. Desarrollo afectivo en la primera infancia
  28. El proceso de formación del apego
  29. La conquista de la autonomía
  30. La autoconciencia, la autoestima y la autovaloración infantil
  31. El papel de la autoestima en niños y niñas
  32. ¿Son equivalentes la personalidad, el carácter y el temperamento?
  33. Referencias bibliográficas:
  34. Descubre la personalidad de tu bebé (y qué hacer al respecto)
  35. Bebé explosivo (mal temperamento + poca gestión emocional)
  36. ¿Cómo cuidar de un bebé explosivo?
  37. Bebé sensible (temperamento sensible + gestión emocional regular)
  38. ¿Cómo cuidar de un bebé sensible?
  39. Bebé intenso (temperamento retador + poca gestión emocional)
  40. ¿Cómo cuidar de un bebé intenso?
  41. Bebé tranquilo (temperamento relajado + buena gestión emocional)
  42. ¿Cómo cuidar de un bebé tranquilo?
  43. ¿Estas personalidades son de por vida?

Nueve rasgos que definen la personalidad de un niño

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

Si el niño es muy activo, habrá que darle muchas oportunidades para moverse. Necesita espacio, tanto dentro de casa como fuera de ella. Con este tipo de niños hay que procurar reducir, en la medida de lo posible, las salidas largas que les obliguen a estar mucho tiempo quietos.

Y si no consigue parar ni un minuto, es mejor sacarle de la situación que intentar que se tranquilice. No es que se porte mal, es que es así. Cuando madure se adaptará mejor, pero por ahora no puede controlarse. Si nosotros somos tranquilos, quizás soportemos peor a un niño muy activo.

Pero pensemos que tendrá sus ventajas cuando crezca.

Si, por el contrario, el niño es tranquilo y nosotros somos muy activos, puede extrañarnos o frustrarnos su pachorra, pero es mejor aceptarle como es y disfrutar de las ventajas de su modo de ser. Digamos para terminar que un verdadero exceso tanto de actividad como de pasividad puede indicar problemas.

2. Regularidad

Se refiere a la regularidad de funciones biológicas como el hambre, el sueño o las deposiciones, entre otras.

  • Los niños muy regulares facilitan a los padres la organización del día, aunque también, como contrapartida, es difícil cambiar sus rutinas ante viajes u otros imprevistos.
  • Los irregulares comen o duermen mal hasta que los padres se dan cuenta de que les falta un ritmo estable. Conviene imponerles suavemente un horario. Acostarse y comer a horas fijas les hará sentir que la vida es predecible, aunque sus ritmos internos no lo sean. Estos niños pueden tardar más en aprender a controlar el pis y la caca, por lo que hay que ser especialmente tolerantes con ellos.

3. Adaptabilidad

Los niños que se adaptan fácilmente a los cambios son una bendición, pero los padres deben recordar que, como todos los de esta edad, también ellos necesitan estabilidad y rutinas.

Para los que soportan mal los cambios, lo mejor es mantener lo más posible las rutinas diarias.

Pero como un cierto nivel de cambios y novedades es inevitable y hasta conveniente, el truco está en graduar esos cambios. Las comidas nuevas, por ejemplo, se harán poco a poco y de una en una.

Si les damos oportunidades fáciles y frecuentes de probar cosas nuevas, les ayudamos a tolerar mejor los cambios.

4. Reacción a la novedad

La facilidad de algunos niños para aceptar personas y situaciones nuevas allana muchas dificultades, aunque el problema puede ser su excesiva sociabilidad con extraños o la tendencia a alejarse solos.

Los que se retraen no han de ser presionados por ello, sino todo lo contrario: conviene prepararlos y darles su tiempo. Es fundamental informarlesde antemano de los cambios y circunstancias nuevas.

Tenemos que comprenderles en este rasgo de su carácter y no hacerles sentir que los valoramos menos por eso.

5. Intensidad de reacción

Es la intensidad con la que el niño expresa sus emociones. Se manifiesta, por ejemplo, en la fuerza de su risa y de su llanto.

  • Con los niños más intensos, hay que distinguir, por ejemplo, cuándo se les ha de consolar porque su desesperación está justificada, o cuándo hay que ignorarles porque sus estallidos de rabia son más teatrales.
  • Con los niños más suaves, el peligro puede estar en que sus necesidades resulten ignoradas. Si no arman jaleo y no protestan, puede que no reciban la atención que merecen. Hay que diferenciar los matices más sutiles con los que expresan sus sentimientos y animarles a ser más firmes y hacerse valer.

6. Atención y persistencia

A esta edad, la atención es inestable, pero mientras algunos niños pasan de una actividad a otra en menos de un minuto, otros pueden dedicarse a un objeto o actividad durante cinco, diez, quince minutos e incluso más.

  • Los más inestables necesitan que les acompañemos en sus juegos, les hablemos sobre ellos y les animemos a persistir. No es bueno ofrecerles demasiados juguetes a la vez.
  • Los más persistentes tienen más autonomía para pasar ratos entreteniéndose solos. Como contrapartida, será más difícil distraerles cuando se empeñen en hacer o tocar algo que no deben.

7. Distracción

  • La gran actividad y capacidad de distraerse de muchos niños de un año lleva a muchos padres a pensar que su hijo es hiperactivo, circunstancia difícil de diagnosticar a una edad tan temprana. En cualquier caso, siempre conviene mantener a su alrededor un ambiente tranquilo, bajo en estímulos. Tienen la ventaja de que es fácil hacerles pasar de una actividad a otra sin que se opongan (del baño a la cena, por ejemplo).
  • Los más difíciles de distraer pueden ser más testarudos y oposicionistas, por lo que conviene avisarles con antelación de los cambios. Por contra, son más autónomos.

8. Sensibilidad sensorial

Los niños muy sensibles reaccionan con fuerza a las variaciones (incluso las más leves) de sabores, texturas, luces, olores y temperaturas, con lo que son más propensos a las manías. Como contrapartida, más tarde serán personas muy detallistas y sensibles. Por ahora no les torturemos imponiéndoles muchos más cambios de los que pueden soportar.

Los que tienen un nivel bajo de este tipo de sensibilidad dan muchos menos problemas, aunque como toda cara tiene su cruz, también se darán menos cuenta de si necesitan un cambio de pañales o de si una ropa áspera les irrita la piel.

9. Tipo de humor

En unos predomina la alegría, en otros la seriedad y en otros el enfado. Es muy fácil descubrir de qué tipo es nuestro hijo:

  • Los alegres son una delicia, pero conviene estar alerta para ver cuándo tras sus sonrisas hay alguna frustración o malestar, ya que no lo expresan tan fácilmente como los malhumorados.
  • Con aquellos en los que predomina el mal humor hay que echarle filosofía para admitir este detalle como una característica suya y no culparles ni culparnos (salvo que ese mal humor responda a alguna causa ambiental que esté afectando a su vida).
  • A los serios hay que hacerles sentir que los queremos y valoramos como son, que nos parecen encantadores sin que necesiten hacer monerías todo el rato.

Источник: https://www.serpadres.es/1-2-anos/educacion-estimulacion/articulo/rasgos-caracter-ninos-1-ano

¿Cuál es el temperamento de tu bebé?

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

Maya Angelou decía, y tal vez no sin razón, “tengo un monumento en este mundo, es mi hijo”. Sin embargo, por muy bonita que sea la frase, lo cierto es que en la realidad a veces nos tiramos de los pelos porque son demasiado revoltosos o, todo lo contrario, demasiado calmados. En este sentido cada bebé nace con un temperamento, al que nos tendremos que acostumbrar…

No olvidemos que los bebés muestran su temperamento desde muy pequeños. Pese a que la educación y las características del contexto social en que crezca irán moldeando este temperamento, su personalidad no dejará de tener una buena parte de este temperamento con el que ha nacido, y que a la vez ha heredado.

El temperamento de tu bebé

Conocer el temperamento de tu bebé es básico ya que nos puede dar una valiosa información de cómo, por ejemplo, podemos enseñarle mejor.

De hecho, desde bien pronto podemos saber cómo será en el futuro el pequeño (“De mayor va a tener un genio…”, “Pero qué tranquilorro es”).

Por más que pueda evolucionar, habrá ciertos aspectos que no cambiarán o que se modificarán muy poco.

Así las cosas, encontramos según la ciencia tres tipos de temperamentos muy específicos. Por un lado tenemos a los “niños fáciles”. Luego están los “bebés difíciles”. Y por último encontramos a los “chicos apáticos”.

Obviamente, hablar así es generalizar mucho. Es decir, estos tres tipos de personalidad de los bebés no son absolutos. Un chico puede tener un porcentaje alto de apatía mezclado con un tanto por ciento pequeño de carácter difícil, por poner un ejemplo.

Así pues, encontrarás que tu niño es un chico fácil, un poco revoltoso y a veces apático, o bien apático y a ratos cómodamente entendible, etc. Pero pese a no ser esta una clasificación absoluta, nos sirve como guía para entender al pequeño y aprender a tratarlo según en función de las particularidades de su temperamento.

Niños de temperamento fácil

Según los estudios, un 40% de los bebés son fáciles. Es decir, se les educa con sencillez, no suelen presentar problemas de temperamento, adquieren hábitos saludables con simpleza, etc.

Estos niños se adaptan muy bien a los cambios y aprenden a obedecer órdenes desde bien pequeños. Suelen ser muy sonrientes, tanto con los conocidos como con los desconocidos. Tienen el temperamento que en un principio todo padre querría para sus hijos.

Niños de temperamento difícil

Los niños de personalidad difícil representan al 10% del total de los bebés. En este caso necesitan que los padres se armen de paciencia a todas horas porque son chicos de trato muy complejo. De hecho, son auténticos expertos en poner a prueba la paciencia de los padres.

En general, estos bebés se irritan con mucha facilidad y no adquieren hábitos sanos con sencillez. Así pues, es necesario usar los límites firmes, la didáctica y el amor para lograr que su conducta se suavice, ya que tienen tendencia a no sentirse seguros y queridos, lo que les hace algo desconfiados en su forma de ser.

“Un bebe es un cheque en blanco para la raza humana”

-Barbara Christine Seifert-

Niños de temperamento apático

En tercer lugar encontramos a los niños de personalidad apática. Representan al 15% de los bebés y su singularidad se establece en su tranquilidad. No es fácil verles protestar y se adaptan a los cambios perfectamente.

De hecho, este tipo de bebé presenta cierta indiferencia hacia los estímulos exteriores, lo que no es necesariamente preocupante.

Son chicos que no suelen conceder un gran importancia al mundo exterior, al que conciben como predecible y poco sorprendente (al menos como más predecible y menos sorprendente de lo que lo es para otros niños de su edad).

Por otro lado, su indiferencia hacia lo que les rodea no indica que les guste, más bien es un indicador de conformismo.

Así pues, estos bebés deben ser tratados como cualquier otro, intentando contener aquellos aspectos de su temperamento que sean más problemáticos y potenciando aquellos que no lo son.

En este sentido, conocer su temperamento va a ser importante cuando queremos enseñarles algo.

Por ejemplo, los niños muy dinámicos vana a aprender mejor si dejamos que lo intenten y les vamos corrigiendo mientras lo hacen, a los niños tranquilos vamos a poderles enseñar varios ejemplos antes y después permitir que ellos lo intenten.

Por último, encontramos a un 35% de niños que no atienden exclusivamente a estos patrones, por lo que poseen una personalidad mixta. Es decir, tal como hemos dicho, muestran características de unos y otros en diversos porcentajes.

Es decir, que si bien un niño puede ser tranquilo generalmente, ante ciertas situaciones o en estados concretos podría reaccionar de forma difícil o mostrarse apático. No hay un patrón concreto ni estático al 100%, aunque sí en todos los bebés podríamos identificar uno que predominase.

“Un bebe es algo que llevas dentro de ti nueve meses, en tus brazos tres años y en tu corazón hasta que mueres”

-Mary Mason-

Ahora, tomando este artículo como base, ¿sabrías cuál es el tipo de personalidad de tu bebé? Si bien no son datos absolutos, te pueden ser muy útiles como guía. En este sentido, aprender a entender a nuestros pequeños es básico si queremos contribuir de una manera inteligente a su desarrollo.

Источник: https://lamenteesmaravillosa.com/tipo-de-personalidad-de-tu-bebe/

7 rasgos que pueden definir la personalidad de un niño

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

La personalidad de los niños ha sido desde siempre un tema de gran interés para psicólogos, pedagogos, médicos y psiquiatras. Ahora bien, a quien más le intriga esta dimensión es sin duda a las familias, a los padres… ¿Se parecerá la niña a su padre? ¿Habrá heredado el carácter rebelde de la abuela?

Lo primero que debemos saber es que la personalidad no es algo puntual, no es algo que aparece de la noche a la mañana en nosotros. Tampoco debemos caer en el error de pensar que un bebé «carece de personalidad».

Hay factores genéticos, biológicos, químicos e incluso ambientales que van a determinar ya en los primeros meses que intuyamos ciertos rasgos que nos pueden dar buenas pistas sobre el genio de nuestros niños.

En «Madres Hoy» te lo explicamos.

Factores que pueden determinar la personalidad de un niño

Tal y como te hemos señalado antes, hay aspectos que escapan por completo a nuestro control, y que van a determinar en mayor parte el que una persona desarrolle un tipo de personalidad y no otra.

  • Existe un componente genético.
  • Tampoco podemos descartar elementos bioquímicos. Un ejemplo de ello sería un cerebro donde existe una sobreexcitación el neurotransmisor de la dopamina: en este caso, desarrollamos un comportamiento orientado a la búsqueda, la recompensa contínua… Serián rasgos claramente extrovertidos.
  • Otro aspecto a tener en cuenta, es que la personalidad es un constructo psicológico que se constituye día a día a través de las experiencias, y las valoraciones que nosotros hagamos de ellas.

Partiendo de estos principios que como puedes intuir nadie puede controlar, orientar ni determinar (de ahí la magia de la individualidad humana, y la necesidad de considerar a cada niño como único y especial), cabe considerar una serie de pilares que nos pueden ayudar a asentar una personalidad más segura y madura en nuestros niños.

  • El primer vínculo que el niño va a desarrollar con nosotros es el apego. Es un lazo emocional que proporciona seguridad en nuestros hijos, y que les ayuda a desarrollar ese primer vínculo social con la que es su familia.
  • Es necesario que el apego sea saludable, que le ofrezca cobijo, seguridad, confianza, a la vez que un progreso empuje hacia la autonomía.
  • Es decir, hay padres que desarrollan o bien un «desapego» y una frialdad emocional que puede determinar en mayor parte la personalidad de un niño, o por otro lado, cabe el riesgo de excedernos y crear «niños burbuja», niños excesivamente dependientes.
  • Otro aspecto a tener en cuenta, es la forma en que socializamos a nuestros hijos, por decirlo de algún modo: «la forma en que los introducimos al mundo». Aquí, una vez más es importante ofrecer siempre estrategias para que el niño sea autónomo, para que encuentre felicidad y comodidad abriéndose a los demás, jugando, explorando y descubriendo.
  • Debemos desarrollar también un estilo educativo democrático, evitando autoritarismos. Es algo esencial que puede ayudar mucho a nuestros hijos el día de mañana.

La personalidad de nuestros hijos es única: conocéla lo antes posible

Muchos padres creen, erróneamente, que la personalidad de un niño se asienta llegada la adolescencia. Y no es cierto.

El carácter de un niño se ve y se siente día a día desde que viene al mundo, es más, bebés de sólo unos meses ya se diferencian unos de otros, hay quienes demandan más atención, quienes lloran más y menos, quienes se fijan más y quienes reaccionan peor ante nuevos estímulos.

Todo ello son pistas, bases que más tarde irán edificando con nuevos aspectos gracias a las experiencia y a la interacción con ese mundo próximo que los rodea. Y algo que debemos entender los padres es que no podemos cambiar su carácter, un niño no será nunca el reflejo de sus padres.

Cada uno de nuestros hijos es único y especial, y nuestra labor está en comprender, orientar y guiarles siempre en felicidad, apertura para que el día de mañana, sea adultos independientes capaces de alcanzar los objetivos que ellos mismos se propongan.

Por ello, ya desde bien temprano podemos intuir su personalidad a través de estos aspectos.

Nivel de actividad

Esto es algo que percibimos fácilmente ya en los primeros meses. Hay niños que nos es casi imposible sacarlos de casa. Los llevas en brazos o en el carrito y nunca dejan de moverse, «necesitan espacio» movilidad, a penas paran quietos y siempre van llamando la atención.

En cambio otros, se duermen con facilidad, y son muy adaptables y tranquilos a la hora de sacarlos de casa. Ahora bien, no pensemos que porque un niño es muy movido puede traernos problemas el día de mañana, en ocasiones, el nivel de actividad va relacionado con la curiosidad. No tiene por qué ser algo que nos preocupe.

Regularidad

Los niños muy regulares nos facilitan a los padres muchas cosas: son previsibles, podemos adaptarnos a sus hábitos y organizar cosas como salidas, viajes… Tenemos claro que van a comer a sus horas, que duermen bien sus siestas…

Por otro lado, tenemos esos otros bebés que tardan mucho en dormirse, que no quieren comer cuando les toca y que por ejemplo, tampoco acaban de «adaptar sus ritmos biológicos», es decir, te cuesta mucho quitarles el pañal, controlar la orina… etc.

Con ello, ya puedes intuir quien va a necesitar más atención y energías de tu parte.

Reacción ante estímulos nuevos

A los bebés, por lo general, no les va bien los cambios y los estímulos imprevistos. Prefieren la rutina y lo predecible. Ahora bien, su entorno no va a ser estable toda la vida, y es común que reacción de forma muy variada a factores nuevos como invitados, personas que los cogen, músicas, sonidos, luces, mascotas nuevas, excursiones…

Hay niños más complicados que reciben muy mal esas nuevas situaciones, y algo que es esencial por nuestra parte es advertirlo cuanto antes para gestionar mejor esas situaciones aportándoles calma y seguridad. Algo básico para que el día de mañana se adapten bien al día a día y a su desarrollo social.

Intensidad de reacción

¿De qué manera reacciona ante las cosas? Los bebés pueden reaccionar ante los nuevos estímulos mediante gritos, lloros o una callada curiosidad. Todo ello dice mucho de ellos, los hay que se enfurecen, otros guardan tímido silencio.

Sea como sean sus reacciones es conveniente a que los ayudes siempre a expresar sus emociones.

¿Cuánto dura su nivel de atención?

Todo ello variará sin duda con el tiempo a medida que maduren, pero hay bebés que mantienen muy poco la atención ante los estímulos, otros en cambio persisten en ese nuevo objeto, figura, juguete…

Vale la pena que les hablemos a los niños sobre esos objetos para incentivar su interés, para focalizar su atención y que no se disperse. Recuerda que vale la pena darles un solo juguete que muchos a la vez.

Sensibilidad sensorial

Hay niños más sensibles que otros ante los sabores, luces, texturas, sonidos y temperaturas. En ocasiones, esa sensibilidad sensorial tiene mucho que ver con su carácter, con su forma de sentir e interaccionar con el mundo.

Atiende siempre el nivel de sensibilidad de tu hijo para poder gestionar día a día todos los estímulos con los que interaccionan.

¿Qué humor predomina en tu bebé?

Hay bebés que ríen por nada, otros que reaccionan con rabietas, otros que son más tímidos… Lo creas o no, ello ya son pistas claras sobre su personalidad, algo que nos hará comprenderlos mejor y ayudarles a gestionar de forma más óptima, las emociones día  día.

Si tu bebé es llorón y reacciona tirándote del pelo o gritando ante lo que no quiere o no le gusta, es necesario controlar y canalizar dichas reacciones. Por lo contrario, si el humor de tu hijo es algo apagado, anímalo a exteriorizar, a interaccionar, a tocar, a sentir… Haz que el contacto físico sea el vehículo de la emoción de la risa y la sorpresa.

Cultiva su felicidad cotidiana, y descubre cómo se desarrolla su personalidad para entenderlo y ayudarlo cuando así lo necesite.

Источник: https://madreshoy.com/8-rasgos-que-ya-pueden-definir-la-personalidad-de-un-nino/

El desarrollo de la personalidad durante la infancia

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

El concepto de desarrollo de la personalidad puede describirse como el proceso vital por el que transcurre todo individuo donde se establecen unas bases y directrices de carácter y comportamiento determinadas a partir de las cuales se conforman los rasgos, valores y formas de funcionamiento organizados y estables en el tiempo de dicha persona.

Estos mecanismos devienen como referencia para la persona en sus interacciones con el contexto (ambiental o físico e interpersonal o social) en el que se desenvuelve habitualmente.

Los factores de la personalidad

Así, el desarrollo se entiende como el resultado de la confluencia bidireccional entre unos factores más biológicos o internos (herencia genética) y otros factores contextuales o externos (ambiente).

Entre los primeros se incluye el temperamento, que se define por una disposición emocional y motivacional intrínseca e innata que moviliza al sujeto por intereses de carácter primario.

Por otra parte, los factores ambientales pueden clasificarse en influencias comunes (normas, valores, creencias sociales y culturales externamente originadas) y las influencias personales (experiencias y circunstancias vitales particulares de cada sujeto, como por ejemplo, una enfermedad).

Puede decirse, por tanto, que a medida que el sujeto va madurando biológicamente y va incorporando nuevas experiencias y vivencias externas, va teniendo lugar el proceso de desarrollo de la personalidad propia. ¿De qué manera se va produciendo este desarrollo de la personalidad durante la infancia?

Desarrollo afectivo en la primera infancia

El fenómeno más importante que caracteriza el desarrollo afectivo del niño o niña en los primeros años de vida es la formación del apego o vínculo emocional/afectivo establecido entre el pequeño y una o varias figuras de referencia (usualmente sujetos pertenecientes al sistema familiar, aunque puede no serlo en todos los casos). El apego se compone de tres elementos: las conductas de apego, las representaciones mentales y los sentimientos generados a partir de los dos anteriores.

La función principal de la elaboración del vínculo afectivo es tanto facilitar un desarrollo adaptativo en el área emocional la cual permita al sujeto poder establecer futuras relaciones interpersonales afectivas funcionales y adecuadas, como asegurar un desarrollo de la personalidad general equilibrado. Sin este apoyo, los pequeños no son capaces de establecer vínculos afectivos necesarios para desarrollar todas sus competencias.

Al mismo tiempo, el apego genera un contexto en el que los niños y niñas pueden aprender y a explorar su entorno sintiéndose seguros, lo cual es fundamental para descubrir sus propias capacidades.

Esta clase de descubrimientos darán forma a sus actitudes y a una parte de su personalidad, dependiendo de si se sienten más o menos competentes en los ámbitos que les toca vivir de manera habitual.

El proceso de formación del apego

En el proceso de formación del apego pueden distinguirse varias fases en función de la distinción que va aprendiendo a hacer el bebé sobre las personas de su entorno social.

Así, en los primeros dos meses su incapacidad de discriminación entre figuras de apego y otras personas motiva que sienta buena predisposición para la interacción social en general, independientemente de la persona de que se trate.

A partir de los 6 meses, esta diferenciación se va volviendo más acusada, de manera que el niño o niña muestra su preferencia por las figuras más cercanas de proximidad afectiva.

A los 8 meses tiene lugar la fase de “angustia del octavo mes” en la cual el bebé muestra su rechazo a los desconocidos o a las personas que no forman parte de su circulo de apego más próximo.

Con la consolidación de la función simbólica, a los 2 años de edad, se es capaz de interiorizar la permanencia del objeto, aun no siendo este físicamente visible, lo cual posibilita la consolidación del vínculo afectivo.

Posteriormente, el niño comienza una etapa caracterizada por una búsqueda constante de aprobación y afecto del adulto, experimentando cierta dependencia emocional y mostrando nuevamente buena predisposición para la interacción social general.

Finalmente, entre los 4 y los 6 años, el interés del niño se centra en su relación con los iguales, lo cual afianza el inicio de la etapa de socialización en otros ambientes distintos al familiar, como por ejemplo, el escolar.

La conquista de la autonomía

La adquisición de la capacidad de autonomía tiene lugar en los primeros años de la infancia del niño o niña, una vez se ha empezado a consolidar el proceso de autoconcepto (como diferenciación de los demás sujetos) y comienza a superarse la dependencia afectiva del adulto para orientarse a la experimentación del mundo de forma independiente.

Al descubrir que pueden interactuar siguiendo las primeras nociones de normas, valores y creencias interiorizadas (no siempre coincidentes con la de los adultos entendidos como modelo de aprendizaje) a partir de experiencias vitales tempranas, su motivación se orienta a regir su comportamiento en función de sus propias decisiones. Así, se genera una fase de ambivalencia constante entre la necesidad de depender del adulto y la búsqueda de autonomía respecto de él, lo cual puede derivar en la manifestación de rabietas u otras alteraciones conductuales como muestra de la intención de preservar su independencia.

Este es un proceso delicado, puesto que añadido a que el pequeño puede resultar muy difícil de manejar, requiere que el adulto marque unas pautas educacionales estrictas y claras sobre el camino de desarrollo conveniente a tomar. Esta es una de las ideas fundamentales a destacar en lo referente al desarrollo de la autonomía del niño o niña.

Es importante recordar que debe existir ese equilibrio entre la libertad de acción cada vez más amplia que va adoptando el niño y el papel permanente de guía y orientación que deben desempeñar las figuras de apego y educacionales con las que cuenta el primero.

Otro punto fundamental recae en la relevancia que posee el contexto ambiental en el que se desarrolla el individuo, el cual moldea e influye considerablemente en el proceso de adquisición de la autonomía indicado.

Por ello, cada individuo posee sus particularidades y no puede establecerse un patrón universal que explique este proceso de forma general.

Como la mayoría de aspectos referentes al desarrollo de la persona se caracteriza por su individualidad y por la diferenciación cualitativa respecto de otros sujetos.

La autoconciencia, la autoestima y la autovaloración infantil

El inicio de la adquisición de la autoconciencia o autoconcepto se relaciona intrínsecamente con la consecución de la fase de desarrollo cognitivo de permanencia del objeto.

El niño interioriza que permanece como el mismo ser en diferentes momentos o situaciones gracias a la proliferación y desarrollo lingüístico que se da a partir del segundo año de vida.

A partir de ese momento el sujeto empieza a verse como ser distinto a los demás individuos y reconocer las ideas, valores, creencias, sentimientos, intereses motivaciones propias. Es decir que comienza a relacionar el medio en el que se sitúa con su yo.

Este es un proceso que se inicia en este momento cronológico; por lo tanto, esta diferenciación y establecimiento de la identidad individual no es completa en todo momento y pese a que se van asimilando los aspectos que son inherentes a su persona (personalidad) es posible que algunos procesos cognitivos y/o emocionales se produzcan de forma inconsciente.

Así, se trata de un proceso por el cual lo que los demás expresan y lo que uno interpreta a partir de sus acciones conforma una imagen de uno mismo. A su vez, esta imagen está asociada a una valoración moral de esta, lo cual hace que sea más o menos positiva dependiendo de las expectativas y preferencias del niño o niña.

El papel de la autoestima en niños y niñas

Con la aparición del autoconcepto surge de forma simultánea su componente valorativo, la autoestima. La autoestima es un fenómeno que se vincula muy estrechamente a la consecución de un desarrollo psicológico equilibrado y adaptativo.

Por ello, si la evaluación que el individuo realiza sobre el propio valor como ser humano en interacción con los aspectos y cualidades más cognitivos relativos al autoconcepto es positiva, este hecho actuará como factor protector en el futuro en la prevención de alteraciones emocionales intensas, dificultades a nivel psicológico y, en mayor medida, problemas en la interacción social con otras personas.

Es muy relevante que no exista una discrepancia muy elevada entre el yo real (aquello que el individuo representa) y el yo ideal (aquello que al individuo le gustaría representar) para consolidar un desarrollo psíquico y emocional adaptativo y adecuado o equilibrado).

Otro aspecto fundamental es el papel que juegan las evaluaciones externas sobre el nivel de autoestima que presenta cada sujeto. Así, la imagen que los demás poseen de uno mismo y la valoración que realizan sobre sus competencias o conductas influyen notablemente en la percepción del pequeño sobre sí mismo.

A partir del tercer o cuarto año, la búsqueda de la aprobación por parte del adulto se relacionaría con esta cuestión, ya que esta motivación se realiza con la finalidad última de establecer un nivel aceptable de autoestima.

Tal y como se ha comentado anteriormente, en esta etapa pueden surgir conflictos, a nivel de conductas de oposición del niño ante las figuras educacionales y otros adultos, derivados de la contraposición entre la protección del adulto y la búsqueda de autonomía del pequeño.

Por ello, un aspecto fundamental a tener muy en cuenta deviene el estilo educativo que los padres ejercen sobre el niño.

Un estilo educativo caracterizado por una combinación equilibrada entre control/disciplina/autoridad y afecto/comprensión parece fomentar un elevado nivel de autoestima y, además, una menor probabilidad de manifestación de rabietas y comportamiento negativista.

De esta manera, es indispensable que los educadores entiendan la importancia del aumento progresivo de autonomía por parte del niño y que a medida que tiene lugar su maduración como ser humano, debe disminuirse paulatinamente el control exhaustivo de todas aquellas decisiones relativas al niño.

¿Son equivalentes la personalidad, el carácter y el temperamento?

Aunque de forma indiferenciada se han utilizado estos tres términos de forma indiferenciada, lo cierto es que no son equivalentes conceptuales.

La definición de personalidad como disposición o conjunto de rasgos estables y permanentes que guían tanto la conducta, como el raciocinio y la expresión emocional de forma genérica, englobaría tanto el concepto de temperamento como el de carácter.

Es decir, que tanto el temperamento como el carácter son elementos que forman la personalidad interaccionando conjuntamente. No pueden ser aislados de manera individual, pero ayudan a comprender nuestros patrones de comportamiento de forma global y en todas las áreas de la vida.

El temperamento hace referencia a la predisposición emocional y motivacional innata cuyas manifestaciones se deben a origen biológico o hereditario, más primitivo.

Es un fenómeno considerablemente estable en el tiempo y se halla sujeto en menor proporción a interferencias étnicas o culturales.

Por el contrario, el carácter, de naturaleza más cognitiva e intencional, deriva de la influencia ambiental y cultural y es el producto de las experiencias vitales externas.

Referencias bibliográficas:

  • Irwin G. Sarason, Psicología anormal, problema de la conducta inadaptada, Séptima edición.
  • Neil R Carbon, Psicología Fisiológica, editorial México tercera edición.
  • Galileo Ortega, J.L. y Fernandez de Haro, E (2003); Enciclopedia de la educación Infantil (vol2). Málaga. Ed: Aljibe.
  • Delval, Juan (1996). El desarrollo humano. Siglo Veintiuno de España Editores, S.A.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/desarrollo-personalidad-infancia

Descubre la personalidad de tu bebé (y qué hacer al respecto)

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

¿Sabías que puedes conocer cuál es la personalidad de tu bebé desde el primer año? Pediatras como el Dr. Harvey Karp, profesor adjunto de pediatría en la Escuela de Medicina Keck, en la Universidad de Carolina del Sur, así lo piensan.

Para ellos, la personalidad del bebé se compone en dos elementos: su temperamento natural (el cual describen como el tipo de mar en el que tu bebé navegará toda su vida) y su capacidad innata de autogestionar sus emociones (el tipo de barco que usarán).

Con estos dos criterios, el Dr. Harvey Karp nos propone 4 diferentes personalidades distintivas en los bebés. ¿Cuál es la de tu bebé?

Bebé explosivo (mal temperamento + poca gestión emocional)

Durante los primeros meses de nacido, todos los bebés experimentan episodios de frustración. Ya sea al tener hambre, al sentirse incómodos o al no tener su juguete favorito a la mano. 

Mientras que la mayoría de los bebés puede tener estos episodios explosivos de forma esporádica, los bebés explosivos, o “apasionados”, lo pueden llevar a otro nivel de frecuencia e intensidad. Estamos hablando de llantos desgarradores que colocan a los padres en un estado permanente de alerta ante las exigencias y necesidades de su pequeño.  

Incluso, en situaciones extremas, los bebés con esta personalidad preferirán aferrarse a su episodio de llanto antes que satisfacer naturalmente la necesidad que lo disparó, por lo que es importante que uno como padre o madre, se enfoque en persistir (alimentándolos o cambiándolos, según sea el caso) sin caer en la desesperación.

¿Cómo cuidar de un bebé explosivo?

Los padres de este tipo de bebés deben practicar la paciencia, el desapego, la constancia y la practicidad. Debido a que un bebé explosivo con hambre puede negarse a comer o moverse tanto que es casi imposible limpiarlo, uno como padre debe controlar primero sus propias emociones.

Para lograrlo, ármate de toda la paciencia que puedas y confronta a tu bebé. Mantén un tono de voz neutro y enfócate en llevar a cabo la solución a la incomodidad de tu pequeño. Esto puede ser persistir en darle tu pecho a tu bebé o tomarte más tiempo del acostumbrado para cambiar un pañal.

Recuerda ser estratégico y constante, pero, más importante, recuerda darte un tiempo fuera, seas papá o mamá.

Este tiempo fuera puede ser antes o después del evento, y consiste en alejarte de tu bebé hacia otra habitación o saliendo al patio de tu casa mientras tu pareja actúa.

Durante este periodo busca enfocar tu mente y centrarte en la solución. Respira profundamente y, una vez que te hayas concentrado mentalmente, regresa a la acción.

Bebé sensible (temperamento sensible + gestión emocional regular)

Así como algunas personas pueden tener un sentido del olfato muy desarrollado o escuchar sonidos en la otra habitación con muy poco esfuerzo, existen recién nacidos con sus sentidos muy sensibles al nacer. Siempre alertas y atentos, estos bebés pueden reaccionar negativamente ante olores, luces y sonidos de todo tipo, lo que generalmente resulta en algunos episodios de llanto.

¿Cómo cuidar de un bebé sensible?

Este tipo de personalidad reacciona directamente a su espacio personal y a sus sentidos, los cuales se encuentran aún en desarrollo y por lo tanto pueden continuar sensibles durante meses.

No te preocupes, si en alguna ocasión tu bebé se aleja de ti o mira hacia otro lado. No se trata de un signo de enojo o de desamor, simplemente es una reacción instintiva generada por sus sentidos (quizás te acercaste muy rápido o tienes un aroma que le lastima su olfato). Retrocede un poco para permitir algo de espacio entre ustedes o, en su defecto, inténtalo después de tomar un baño. 

Entre más estés consciente de los aromas, sonidos, sabores y texturas que desagradan a tu pequeño, más tranquilidad le podrás proporcionar.

Bebé intenso (temperamento retador + poca gestión emocional)

Este tipo de bebés son aquellos que suelen pasar de plena alegría, al llanto intenso en cuestión de segundos. Un bebé intenso es un reto para cualquier madre o padre, pues pocas cosas ayudan a calmarlos.

Su personalidad es tan grande e intensa que pareciera que solo tienen tres modalidades: llorar, reír y dormir.

Reconoce qué cosas ayudan a mitigar los episodios de llanto en tu bebé y en muy poco tiempo te llevarás una grata sorpresa.

¿Cómo cuidar de un bebé intenso?

La mejor manera de cuidar de este tipo de personalidad es de manera estratégica. Recuerda que las mismas emociones de tu pequeño rebasan su control emocional, por lo que es importante que no desesperes. Prepara múltiples estrategias para arrullar o distraer a tu bebé apenas identifiques un llanto en el horizonte, y mantén siempre a la mano su juguete favorito.

Es importante que consideres que estos bebés también pueden desarrollar cierta dependencia hacia algunas de las tácticas más efectivas (como los peluches con luces y sonidos), por lo que te recomendamos no abusar de ellas y complementarlas con otras técnicas, apenas tengas oportunidad.

Bebé tranquilo (temperamento relajado + buena gestión emocional)

Para muchos padres, la personalidad ideal que todo bebé debería tener. Estos bebés suelen ser muy suaves en sus modos de comunicación y casi nunca lloran, incluso desde sus primeros días.

Los sonidos y las luces normales no los intimidan, a menos que sean demasiado violentos. En este caso, lo ideal es prepararse para calmar esa tormenta tomándolo en brazos para arrullarlo o distrayéndolo con su juguete preferido.

Al final de cuentas, siguen siendo bebés.

¿Cómo cuidar de un bebé tranquilo?

Un bebé tranquilo sigue requiriendo de los cuidados y atenciones de cualquier recién nacido. Si eres afortunado de que tu bebé tenga esta personalidad, lo ideal es que disfrutes cada momento al máximo con él o ella, ya que su desarrollo psicomotriz y cognitivo aún depende de tus interacciones.

Una buena idea puede ser combinar juguetes de primeras actividades, con juegos que estimulan su movimiento y coordinación. A la hora de dormir, puedes establecer una rutina que integre algunas canciones de cuna que lo arrullen, o puedes estimular sus sentidos de la vista y el oído al compás de las suaves melodías de un móvil con proyector de estrellas.

¿Estas personalidades son de por vida?

Afortunadamente, incluso los bebés más explosivos e intensos aprenden, con el tiempo, algunas habilidades de regulación emocional que les ayudan a balancear sus temperamentos. Alrededor de los 3 meses, tu bebé aprenderá a sonreír, agarrar, masticar y arrullarse a si mismo. Estas habilidades le ayudarán a manejar mejor sus emociones como la felicidad o la incomodidad.

Tras unos meses más, reír, morder y caminar serán parte del repertorio de tu bebé por lo que tendrá más herramientas para lidiar con esas grandes emociones que pueda sentir. Así que, si tienes un bebé “difícil” o “intenso”, no desesperes. ¡Pronto puede cambiar!

Источник: https://www.chicco.com.mx/Osservatorio-Chicco/Articulos/cuidado-y-bienestar/diferentes-personalidades-en-los-bebes.html

Embarazo y niños
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