¿Cómo tratar a los niños impulsivos?

Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad

¿Cómo tratar a los niños impulsivos?

Este es el primer post de una serie de cuatro dedicados a un tema recurrente en la Psicologóa Infantil y que roba muchas horas a la tranquilidad de los padres mientras piensan: Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad.

El origen de la impulsividad en los niños es dispar, al igual que cada niño y cada familia es diferente, los motivos que se esconden detrás de la conducta impulsiva de un niño también lo son.

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En cualquiera de los dos casos, estos términos, nos evidencian la más que posible mediación de factores orgánicos en la génesis de la impulsividad. Esta activación supone la liberación de una serie de sustancias (neurotransmisores, hormonas) que dotan al cuerpo para una reacción motriz inmediata.

La energía, está ahí y debe “liberarse” de alguna manera. La más habitual (según la edad): las rabietas, los gritos, las agresiones, la conducta desafiante, etc.

Si bien es cierto que se ha descrito el factor hereditario como uno de los relacionados con la aparición de la impulsividad en menores y que la vía genética o herencia determina cierta predisposición a manifestar los síntomas en hijos de padres también con caracteres fuertes, impulsivos o con poca tolerancia a la frustración, no debemos olvidar que la impulsividad no es tan solo algo que podemos heredar, es también una manifestación cognitiva y conductual que puede potenciarse o disminuir en función del entorno.

Es por ello que en ocasiones vemos la impulsividad, asociada o no, a otros trastornos.

Digamos que la impulsividad de tipo primario es aquella que estuvo presente desde el momento de nacer el niño e incluso antes (excesivos movimientos fetales) y es la que suele tener un componente genético más evidente.

En otras ocasiones la impulsividad es de tipo secundario. Que es la que aparece o se potencia en un momento dado del desarrollo y habitualmente está asociada a factores de inestabilidad afectiva, cambios imprevistos, traumas, separaciones, etc.

La impulsividad es un rasgo del temperamento (niños) o personalidad (adultos) que ha estado presente, en un u otro grado, a lo largo de toda la evolución del ser humano. Al igual que en otros post hemos hablado del estrés o la ansiedad como factores adaptativos de la especie humana y que no siempre deben ser vistos como negativos en el caso de la impulsividad se repite esta máxima.

Sin embargo cuando cualquiera de estos rasgos interfieren en los ámbitos familiares, escolares y/o de convivencia pasan a ser un problema para la familia y el niño en cuestión.

Hoy en día es más habitual que la impulsividad se manifieste en muchos niños con una gran intensidad y frecuencia, llegando a alterar la convivencia y condicionar la vida de toda la familia, todo ello, unido al ritmo vertiginoso de vida que llevamos, hace que padres y educadores busquen ayuda en los profesionales.

Algunas pistas para detectar el niño impulsivo:

  • Primero hace, luego piensa.
  • Contesta antes de acabar de oír la pregunta.
  • Dificultades para aguardar el turno en los juegos.
  • Mal perder. No soporta que le ganen.
  • Interrumpir o estorbar a los demás.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Poco autocontrol.
  • Desobediencia, negativismo.
  • El niño reconoce su problema pero no puede controlarlo y reincide.
  • Puede involucrarse en actividades físicas peligrosas sin valorar sus consecuencias.
  • En niños pequeños se dan fuertes rabietas incontroladas.

¿Cómo ayudar a mi hijo a controlar su impulsividad?

1. Hay algo que me gustaría dejar claro desde un principio, es el hecho de que los niños impulsivos tienen dificultades para regular su estado de activación y su comportamiento.

Como bien he dicho antes esto es un hecho, es real y debemos aceptarlo.

 A pesar de que resulta difícil para los padres y educadores encontrar «el equilibrio entre juzgarle y permitirle», es vital que entendamos que ese no es el camino.

En ningún caso es que «el niño no quiera autocontrolarse sino que tienen dificultades reales para hacerlo”. Una vez que se activan (descargas hormonales conjuntamente con emociones intensas de frustración) el niño siente la necesidad de efectuar alguna acción (rabietas, huída, agresión, lanzamiento objetos, etc.).

Si estás leyendo este artículo y has visto retratado a tu hijo/a  hasta aquí, entonces coincidirás conmigo en este punto:

    • La mayoría de niños impulsivos suelen luego arrepentirse y se comprometen a no volver a hacerlo cuando se razonamos con él/ella sobre su comportamiento. No obstante, vuelven a recaer en los mismas conductas disruptivas al tiempo que manifiestan una cierta perplejidad o inquietud al verse superados por sus propios actos y no saber por qué vuelve a ocurrir ni cómo evitarlo.

En este sentido es importante que entiendas que si bien es cierto que para los padres es agotador mantener unas normas, pautas y horarios claros y constantes, para los niños impulsivos es la mejor manera de ayudarles, ya que de lo contarrio puede suceder, que estos episodios se refuercen si con ello el niño consigue lo que quiere, y por tanto, puede aprender a manipularnos a través de ellos.

Otra cuestión importante a tener en cuenta:

    • El niño no es un manipulador, no existen niños manipuladores. Los seres humanos niños o adultos aprendemos a manipular cuando a cambio obtenemos la recompensa que esperamos, si el niño consigue su objetivo, aprende, que tiene que hacer para ello y por eso repite la conducta que le ha dado el resultado que esperaba.

2. Cuando se produzca un episodio de impulsividad extrema (rabieta, insultos, gritos, agresiones, etc.) los padres, maestros o adultos a cargo de la educación del niño deben manter la calma. No chille, ni intente razonar nada en esos momentos. Muéstrese sereno y tranquilo, a la vez que contundente y decidido.

Por ejemplo: Ante una rabieta podemos decirle: “ X (adulto ya sea mamá, papá, abuelos) están ahora tristes con tu comportamiento y no queremos estar contigo mientras estés así”. De esta forma el adulto se retira y propicia una cierta distancia física y afectiva. El mensaje que transmitimos al niño con nuestra actitud es muy claro: Así no vas a conseguir las cosas.

3. No es suficiente con actuar de forma adecuada ante sus conductas impulsivas. Los niños impulsivos necesitan que les expliquemos qué es lo que les pasa y qué pueden hacer. Estos razonamientos o reflexiones sobre los hechos o sus comportamientos en ningún caso deben realizarse en el momento de la conducta impulsiva, sino cuando las cosas se han tranquilizado.

Debemos encontrar un buen momento, en el que estemos tranquilos y en una actitud relajada y de cierta complicidad.

En las familias donde la costumbre es acompañar a los niños a la cama en el momento de acostarse y compartir con ellos un cuento o un ratico de conversación antes de ir a dormir, ese sería un momento ideal.

4. A pesar de entender y aceptar al niño tal y como es, debemos enseñarle que sus actos tienen consecuencias. En ocasiones los niños aprenden lo contrario, a escudarse en su incapacidad para controlarse por lo que también hay que explicarles que si bien es cierto que les resulta difícil no es imposible para él conseguirlo.

Para conseguir que entiendan las consecuencias de sus actos podemos:

Luego de una conducta disruptiva, rabietas, conductas desafiantes, agresiones u otros, el niño debe ver que hay unas consecuencias inmediatas (retirada de reforzadores- estímulos o premios, tiempo fuera, retirada de atención, castigo, etc.).

Por ejemplo si ha pegado o insultado a alguien deberá pedir disculpas. Primero esperaremos a que se calme y luego le exigiremos que cumpla con lo que le decimos, en este caso pedir disculpas.

Un error que en ocasiones se comete es que ante una conducta determinada, los padres aplican un arsenal de correctores a la vez, digamos que en el caso anterior como respuesta al insulto, lo primero es esperar a que se tranquilice, no intentar razonar en ese momento y luego la consecuencia es pedir disculpas. No se debe pedir al niño/a  que pida disculpas, castigarle sin tele, sin cromos, sin, sin, sin…..

Es claro, conducta – consecuencia, nunca el ya conocido «Estás castigado sin todo»… Insisto en la necesidad de mostrarnos tranquilos delante del niño cuando corrijamos sus actos.

Si él percibe en el adulto inseguridad, discrepancias entre los padres, vergüenza ante una situación, percibirá que tiene mayor control sobre nosotros y la conducta inadecuada se incrementará.


De allí la importancia de que su hijo/a no le vea descontrolado, chillando o llorando a raíz de una de sus conductas.

5. Exprésele a su hijo/a que la conducta es inadecuada y que se ha comportado mal, haciendo referencia al conducta concreta y que eso puede arreglarlo en un futuro si se empeña en ello, no calificando al niño.

Imaginese que usted es un niño pequeño y el adulto que le cuida y le quiere, su padre/madre,  le dice que no sabe que hacer con usted: ¿Qué pensaría?:

– Sospecho que como poco el niño, (en este caso usted de pequeño), se quedará perplejo «se supone que es el adulto quién debería saber»

No compare a su hijo/a con otros niños/as  haciéndole ver que el otro/a es más tranquilo/a  y se porta bien.  Su hijo/a  ya  sabe  eso, necesita que le ayuden a superarlo no que se lo recuerden a cada instante. Por el contrario recuérdele sus puntos fuertes y hable con  él/ella  sobre lo que debe mejorar, pero sin compararle.

Hasta completar este ciclo dedicado a la impulsividad, cada semana dejaré un artículo con estrategias para corregir la impulsividad. Espero que éstas le hayan servido de ayuda.

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Источник: http://www.psico-vida.com/2015/04/como-ayudar-mi-hijo-controlar-su-impulsividad/

TDAH

¿Cómo tratar a los niños impulsivos?

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TDAH significa trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Se trata de un trastorno médico. El desarrollo y la actividad del cerebro de las personas con TDAH presenta algunas diferencias que afectan la atención, la capacidad de sentarse quieto y el autocontrol. El TDAH puede afectar a un niño en la escuela, en el hogar y con los amigos.

¿Cuáles son los síntomas del TDAH?

En algún momento, a todos los niños les cuesta prestar atención, escuchar y seguir instrucciones, sentarse quietos o esperar su turno. Pero en los niños con TDAH, las dificultades son mayores y ocurren más a menudo.

Los niños con TDAH tal vez tengan síntomas de una, dos o tres de las siguientes categorías:

  • Falta de atención. Los niños con falta de atención (se distraen con facilidad) tienen dificultad para centrar su atención, concentrarse y mantenerse enfocados en una tarea. Tal vez no escuchen bien las instrucciones, se pierdan detalles importantes y no terminen lo que comenzaron. Es posible que sueñen despiertos o pierdan el tiempo. Quizás parezcan distraídos u olvidadizos y no recuerden dónde dejaron sus cosas.
  • Hiperactividad. Los niños hiperactivos son inquietos, movedizos y se aburren con facilidad. Tal vez tengan dificultad para sentarse quietos o permanecer callados cuando es necesario. Es posible que hagan las cosas a las apuradas y cometan errores por descuido. Quizás trepen, salten o jueguen violentamente cuando no deberían hacerlo. Sin querer, es posible que actúen de formas que molesten a los demás.
  • Impulsivo. Los niños impulsivos actúan demasiado rápido antes de pensar. Con frecuencia interrumpen, quizás empujen o agarren a otros y tengan dificultad para esperar. Es posible que hagan cosas sin pedir permiso, tomen cosas que no les pertenecen o actúen de forma arriesgada. Tal vez tengan reacciones emocionales que parezcan demasiado intensas para la situación.

A veces, los padres y maestros notan síntomas de TDAH cuando el niño es muy pequeño. Pero es normal que los niños pequeños sean distraídos, inquietos, impacientes o impulsivos; estas características no siempre indican que un niño tiene TDAH.

La atención, la actividad y el autocontrol se desarrollan poco a poco a medida que los niños crecen. Los niños aprenden estas habilidades con la ayuda de los padres y los maestros.

Pero algunos niños no mejoran mucho en los aspectos de prestar atención, calmarse, escuchar o esperar.

Cuando estas características continúan y comienzan a causar problemas en la escuela, el hogar o con los amigos, es posible que se trate del TDAH.

¿Cómo se diagnostica el TDAH?

Si cree que su hijo tiene TDAH, programe una cita con el médico de su hijo. Él le hará a su hijo una evaluación, que incluye la vista y el oído, para asegurarse de que los síntomas no se deban a otra cosa. Si es necesario, el médico puede remitir a su hijo a un psicólogo o psiquiatra.

Para diagnosticar el TDAH, los médicos comienzan haciendo preguntas sobre la salud, el comportamiento y la actividad del niño. Hablan con los padres y los niños acerca de las cosas que han notado. Es posible que el médico le pida que complete una lista de verificación sobre el comportamiento de su hijo y que le pida que también le dé una lista al maestro.

Después de reunir esta información, los médicos diagnostican TDAH si resulta claro lo siguiente:

  • La distracción, hiperactividad o impulsividad del niño superan lo habitual para la edad.
  • Los comportamientos han estado presentes desde que el niño era pequeño.
  • La distracción, hiperactividad e impulsividad afectan al niño en la escuela y en el hogar.
  • El chequeo médico demuestra que estas dificultades no se deben a otro problema de salud ni a un trastorno del aprendizaje.

Muchos niños con TDAH también tienen problemas de aprendizaje, conductas oposicionistas y desafiantes, o problemas de ansiedad o mal humor. Los médicos suelen tratarlos junto con el TDAH.

¿Cómo se trata el TDAH?

El tratamiento para el TDAH suele incluir lo siguiente:

  • Medicamentos. Esto activa la capacidad del cerebro para prestar atención, calmarse y usar más el autocontrol.
  • Terapia conductual. Los terapeutas pueden ayudar a los niños a desarrollar las habilidades sociales, emocionales y de planificación que aún no tienen debido al TDAH.
  • Entrenamiento para los padres. Por medio del entrenamiento, los padres aprenden mejores maneras de responder a las dificultades de comportamiento que forman parte del TDAH.
  • Apoyo en la escuela. Los maestros pueden ayudar a los niños con TDAH a que les vaya bien y disfruten más de la escuela.

El tratamiento adecuado ayuda a mejorar el TDAH. Los padres y maestros pueden enseñarles a los niños más pequeños a controlar mejor su atención, su comportamiento y sus emociones. A medida que crecen, los niños deben aprender a mejorar su atención y autocontrol.

Cuando el TDAH no se trata, a los niños les resulta difícil salir adelante. Esto puede derivar en baja autoestima, depresión, comportamiento oposicionista, fracaso escolar, comportamientos de riesgo o conflictos familiares.

¿Qué pueden hacer los padres?

Si a su hijo le diagnostican TDAH:

  • Involúcrese. Aprenda todo lo posible sobre el TDAH. Siga el tratamiento que le recomiende el profesional del cuidado de la salud de su hijo. Acuda a todas las citas recomendadas de terapia.
  • Dele los medicamentos de manera segura. Si su hijo está tomando medicamentos para el TDAH, déselos siempre en el horario y las dosis recomendadas. Conserve los medicamentos en un lugar seguro.
  • Trabaje con la escuela de su hijo. Pregúnteles a los maestros si su hijo debería tener un IEP. Reúnase frecuentemente con los maestros para averiguar cómo le está yendo a su hijo. Trabajen juntos para ayudar a su hijo a salir adelante.
  • Criar a un niño objetivamente y con cariño. Aprenda qué enfoques de crianza son los mejores para los niños con TDAH; y cuáles pueden empeorar el TDAH. Hable de forma abierta y alentadora acerca del TDAH con su hijo. Céntrese en las fortalezas y las cualidades positivas de su hijo.
  • Conéctese con otros para recibir apoyo y conocimiento. Únase a una organización de apoyo para el TDAH para obtener novedades sobre tratamientos y otra información.

¿Cuáles son las causas del TDAH?

No está claro qué es lo que provoca las diferencias del TDAH en el cerebro. Existen evidencias claras de que el TDAH es casi siempre hereditario. Muchos niños con TDAH tienen un padre o un pariente con TDAH.

El TDAH no se debe a que el niño pasa demasiado tiempo delante de una pantalla, a una mala crianza ni a la ingesta excesiva de azúcar.

El TDAH puede mejorar cuando los niños reciben tratamiento, comen alimentos saludables, hacen ejercicio físico, duermen lo suficiente y tienen padres que los apoyan y saben cómo responder al TDAH.

Revisado por: Shirin Hasan, MD

Fecha de revisión: noviembre de 2017

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/adhd-esp.html

3 claves para tratar con niños impulsivos

¿Cómo tratar a los niños impulsivos?

Pongámonos en esta situación. Imaginemos que un niño está jugando a las canicas con otro amigo. Justo cuando ve que va a perder, pega patadas para estropear el lugar del juego, se enfada, llora, grita o se marcha airado. ¿Crees que es una forma de actuar que podríamos definir como de niños impulsivos?

La respuesta es sí. De hecho, este dato y otros muchos que veremos a continuación nos permiten detectar al niño impulsivo. De esta forma, podremos trabajar sobre dicha cuestión para que el pequeño sea más calmado y piense mejor sus reacciones y actuaciones.

¿Qué caracteriza a los niños impulsivos?

Según expertos como Bob Cunningham, de EdM, la impulsividad es característica del temperamento infantil y también de la personalidad del adulto. Además, está y siempre estará presente en mayor o menor grado en el ser humano, pues no es algo nuevo.

De hecho, la impulsividad, el estrés e incluso la ansiedad no tienen que verse siempre como rasgos negativos. Son factores evolutivos de la especie humana que han surgido en su adaptación al medio y, bien aprovechados, pueden ser muy positivos para la supervivencia.

No obstante, si la impulsividad se manifiesta de forma constante, puede acabar por ser un problema de convivencia. Así que, antes de que pueda alterar o condicionar la vida de toda una familia, es interesante que padres, educadores y profesionales busquen la mejor solución.

Así pues, el primer paso siempre es detectar el problema. En este caso, los niños impulsivos suelen mostrar características muy específicas que podemos observar con claridad:

  1. Siempre actúan antes de pensar.
  2. Contestan antes siquiera de haber escuchado la pregunta.
  3. Tienen problemas para aguardar su turno cuando juegan.
  4. No soportan que les ganen. Son malos perdedores.
  5. Estorban a los demás y los interrumpen constantemente.
  6. Apenas muestran tolerancia a la frustración.
  7. No tienen autocontrol.
  8. Desobedecen casi siempre.
  9. Son muy negativos en su actitud.
  10. Aunque reconozcan su problema, no tienen autocontrol y son reincidentes.
  11. No valoran las consecuencias de sus acciones en ningún caso, ni a nivel social ni a nivel físico.
  12. Se dan rabietas incontroladas muy fuertes.

¿Cómo ayudar?

Ayudar a niños impulsivos y muy temperamentales no siempre es sencillo, pero sí resulta necesario. Cuanto antes se actúe, más rápido se podrán atajar los problemas, lo que redunda en beneficio del pequeño y también de toda la familia.

Debemos ser siempre firmes

Lo hemos dicho. Los niños impulsivos apenas tienen autocontrol. De hecho, es muy común que después de actuar se arrepientan. No obstante, hemos de tener claro que ellos no pueden controlarse; sienten verdaderas dificultades para hacerlo.

Como padres, docentes o educadores debemos ser firmes. Es cierto que es agotador, pero no hay que desfallecer. Mantendremos las normas y las pautas, hablaremos con ellos tanto como haga falta y siempre seremos muy claros, pacientes y constantes.

Si desfallecemos, gritamos o perdemos el control, no solo se dificulta la ayuda, sino que podemos provocar que el pequeño vaya a peor o nos manipule si observa que no somos seguros y que dudamos si con ello considera que puede obtener un beneficio.

Debemos actuar siempre con calma

Incluso en situaciones de impulsividad extrema, con insultos, rabietas y agresiones, el adulto se tiene que obligar a mantener la calma. De hecho, en esos momentos es cuando más sereno y tranquilo se debe mostrar.

No obstante, esta serenidad debe ir acompañada de un comportamiento decidido y contundente. Es así como podemos transmitir al niño que no va a lograr su objetivo con esa actitud.

Dar una explicación a los niños impulsivos

Una vez el pequeño se ha calmado, el adulto debe hablar con él de forma sosegada y sensata. En ese momento se le explicará el porqué de su comportamiento y lo innecesario de profundizar en esa conducta impulsiva que no lo conducirá a nada positivo.

Si el niño ha insultado o pegado a otro pequeño, por ejemplo, es necesario que entienda la importancia de pedir disculpas, de comprender que su comportamiento no es adecuado y que actuar así tiene consecuencias muy negativas para él.

En definitiva, los actos siempre tienen consecuencias. Si un niño actúa de forma impulsiva, debe entender que no es la mejor manera de proceder. Si con estos consejos no logramos que se calme y piense antes de hacer algo, tal vez podríamos estar ante un problema más grave, para lo que es conveniente acudir a un profesional de la psicología infantil.

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Источник: https://eresmama.com/3-claves-tratar-con-ninos-impulsivos/

Embarazo y niños
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