¿Cómo tratar al hijo de mi pareja?

Trucos para sobrevivir a un novio con hijos |

¿Cómo tratar al hijo de mi pareja?

No sé si hay trucos para sobrevivir a un novio con hijos. A veces recuerdo esas palabras de Diana de Gales en su entrevista a la BBC: «En mi matrimonio somos tres», se lamentaba. Bueno, pues en el mío también, pero con otros roles (a dios gracias porque solo me faltaba).

Una de las cosas más complicadas de ser madrastra no es lidiar con los niños, en este caso la niña, sino mantener tu pareja sin que parezca que llevas 8 años casada. Esto es algo de lo que no suelo hablar, pero quizás sea lo más importante.

Cuando mi chico y yo comenzamos a salir no podía imaginar lo que iba a suponer esto a nivel de pareja.

Todavía recuerdo cuando él intentaba hacerme ver, en los inicios de la relación, lo que implicaba tener un hijo, pero yo, que en aquellos momentos tenía la sensación de vivir en un festival hormonal, no le daba demasiada importancia.

Sin embargo, mantener una relación con alguien que tiene hijos cuando tú no los tienes no es fácil, entre otras cosas porque tienes que renunciar a muchas cosas a nivel de pareja. Hoy voy a hablar de eso porque quizás, gestionarlo bien, sea la clave de la supervivencia.

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Tener una novio con hijos significa estructurar tu pareja de una forma totalmente distinta y eso afecta a todos los aspectos de tu relación, desde las cosas más cotidianas y superficiales hasta a los cimientos.

Cuando nosotros comenzamos a salir, por ejemplo, nos veíamos en función del régimen de visitas. Eso, al principio de una relación, es una faena. Ahora nos vemos cuando queremos, pero la niña se despierta a media noche y se viene a dormir entre los dos y se acabaron los momentos chachis de cama mañaneros. En fin, cada etapa tiene sus cosas.

No obstante, nosotros intentamos que esto no impacte en nuestra relación, aunque a veces es tremendamente difícil.

Ponte en su lugar

Una de las primeras cosas que me dijo mi madre cuando le dije que estábamos juntos fue: «Ten en cuenta que lo que más se quiere en el mundo es un hijo». Y eso lo tengo siempre presente.

Es más, me alegra que sea así.

De hecho, si en algún momento hubiese intuido o percibido que él no quería hacerse cargo de la niña o intentaba escaquearse de sus responsabilidades, no habría continuado con esta relación.

Esto, a nivel de gestión diaria de la pareja implica muchos sacrificios: no puedes dedicarte todo el tiempo que quieres, tu tiempo libre se organiza en función de los horarios de la niña, del régimen de visitas… pero yo intento apoyarle en todo lo que necesita y le facilito su labor de forma incondicional.

Buscar tiempo en pareja de calidad

Cuando me veo con el pelo en una coleta mal hecha e intentando que la niña se meta en la bañera o se vista o recoja la habitación, me siento como una señora que lleva casada ocho años.

Y eso me da más miedo que una vara verde.

Es más, aunque tengo una relación fabulosa con la niña, la quiero a rabiar y disfruto muchísimo de ella, echo mucho de menos no poder estar más tiempo a solas con mi pareja.

Por eso, momento que estamos sin la niña, momento que dedicamos a estar juntos, aunque solo sea hablando de chorradas.

Y, mientras tanto, intentamos buscar huecos para mandarnos un mensaje, dejarnos una nota romántica en la nevera o hablar un rato cuando hemos conseguido que se duerma.

Es cierto que a veces nos deja tan agotados que nos metemos en la cama y no nos decimos ni buenas noches, pero tratamos de que sean las menos.

Habla, habla, habla…

La comunicación es esencial en cualquier pareja, pero en estos casos más. Que tu pareja tenga hijos hará que tengas que enfrentarte a situaciones que, de no ser así, nunca vivirías.

A veces son preciosas porque tener la oportunidad de criar a un niño es maravilloso (yo estoy disfrutando mucho), pero esto conlleva también muchos problemas, no tanto con el niño, sino con su entorno que pueden ser complicados de gestionar.

Además, como pareja también te enfrentas a situaciones que, de estar solos, no existirían.

Nosotros hablamos mucho y yo, desde luego, no me corto en decirle lo que pienso o lo que siento, ya sea bueno o malo. Y él también. Esto nos ayuda a entendernos, a ponernos en el lugar del otro (tanto él en el mío como yo en el suyo) y a hacer las cosas mejor. Al fin y al cabo, en nuestro caso no tenemos solo que aprender a convivir dos, sino tres.

Olvídate de la madre de las criaturas

Esto es quizás lo más complicado. Siempre he dicho que lo complicado de ser madrastra no es lidiar con los niños, sino lidiar con la madre.

Si es conflictiva, que afortunadamente no siempre es así, ella será tu principal fuente de quebraderos de cabeza. En nuestro caso, tiene totalmente vetado el acceso a nuestra pareja.

Aunque lo ha intentado, jamás me he dejado influir por comentarios, apreciaciones, etc. Sin embargo, el conflicto como progenitores, al final, salpica a todos.

Yo he optado por mantenerme al margen y no tener ningún tipo de relación con ella, siendo mi chico quien mantiene el 100% de contacto. Aun así, yo estoy al tanto del día a día de ambos y de su relación como padres y termino sufriendo igual que él.

Eso puede ser muy peligroso porque lo pasas realmente mal por tu pareja. Por eso, yo intento tomar distancia e intentar que el día a día con la madre de la niña no influya en nuestra relación, ni en nuestra vida.

No hay que darle ni un segundo más del estrictamente necesario.

Tú eres lo primero

Tu pareja es importante, su hija es importante, intentar ayudarle y que le afecte lo menos posible la última movida con su ex es importante, pero tu bienestar es más importante que todo eso.

Estas situaciones desgastan mucho: vives en permanente conflicto, tienes que tratar con una niña, meterte en un rol que desconoces y que, generalmente, no es agradecido; estar ahí para apoyar a tu pareja que es, sin duda, quien peor lo pasa… Por eso es importante que no olvides que tu bienestar está por encima de cualquier otro.

A veces tengo la sensación de que en mi mano está poder sacarlos a los dos de donde están; poder hacer que mi pareja se sienta mejor, que la niña sobrelleve mejor la situación… Y no es así.

No es así ni debe ser así. Es normal tener estas sensaciones, pero no puedes dejarte la piel.

Igual que en los aviones, ante una bajada de presión, tienes que ponerte primero la mascarilla y después ponérsela al otro, aquí es lo mismo.

Toma distancia, relativiza, no te creas una superheroína, no eres la madre de esa niña, tampoco la madre de tu pareja… Tómate tiempo para ti, para preocuparte por tus cosas, para tener una vida aparte de esta (que es muy absorbente). Si conocer ciertos temas te hace daño: dilo.

No estás fallando a tu pareja, no estás dejando de apoyarle porque prefieras que no te los cuente… Para sobrevivir como madrastra tienes que dejarte el corazón en todo, pero siempre con cabeza. Y, por supuesto, tu pareja tiene que apoyarte de forma incondicional. Si no, estás vendida.

En fin, espero que os haya servido. Hay más cosas… hay tantas cosas que es muy difícil ponerlas en un post, pero creo que estas cinco son importantes.

Una relación con una persona que tiene hijos, cuando tú no tienes hijos propios, es complicada, pero también puede ser muy bonita. Como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

Yo, si soy sincera,  soy incapaz de imaginarme nuestra relación sin que esta Pispajilla nuestra nos trajera de cabeza. Aunque sé que sería fabulosa igualmente.

Источник: http://mamadrastra.com/trucos-sobrevivir-novio-hijos

¿Qué hago con los hijos de mi pareja?

¿Cómo tratar al hijo de mi pareja?

Muchos cuentos y más prejuicios han influido para que nos formemos una idea negativa sobre las madrastras y los padrastros, que no es del todo cierta.

Hablando específicamente de los padrastros, puedo decir que he tenido la fortuna de conocer a muchos que son todo lo contrario a lo que dice el estereotipo: papás sensibles, comprometidos y realmente amorosos con sus hijos, aunque no haya una relación de sangre entre ellos.

Y es justo a ellos a quienes quiero dirigirme esta vez (o a quienes aspiren serlo), porque el hecho de estar en la mejor disposición de asumir una paternidad activa con sus hijastros, no significa que sepan cómo hacerlo.

El rechazo inicial

El primer gran desafío que enfrenta un padrastro es ganarse la aceptación del hijo o los hijos en cuestión.

Desde que se hace presente para ocupar la posición que antes perteneció al papá biológico, lo más probable es que sea visto como una especie de intruso por el niño, no solo porque llega a reemplazar a la figura paterna, sino porque es claro que está acaparando la atención de su mamá, y esto es algo que él percibe como una amenaza y le genera ansiedad.

Como adulto, es muy importante que seas consciente de esta situación por la que estará atravesando el hijo de tu pareja, y trates de ser empático, ya que no la va a estar pasando bien. Tú y su mamá deben tomar en cuenta que esto va a afectar su conducta, por lo que deben ser especialmente comprensivos y un poco más tolerantes.

Conoce: ¿Cómo le afectan los gritos a tus hijos?

Intenta ir reduciendo poco a poco esa ansiedad ganándote su confianza. Déjale claro que siempre vas a respetar el lugar que él quiera darle en su corazón a su papá biológico, y que no estás ahí para competir con él por su madre. Dependiendo de su edad y madurez puedes optar por hablar con él sobre esto, aunque lo más importante es que se lo demuestres con tus acciones.

¿Debo regañar a los hijos de mi pareja?

Uno de los puntos más delicados y que más inquietudes genera en estos casos es el rol que debe jugar el padrastro al momento de disciplinar. Muchos piensan que por no ser el papá biológico de un niño no deben llamarle la atención ni poner límites a su conducta, ya que no les corresponde.

Esto es absolutamente falso. Los niños necesitan límites, no solo para moldear su conducta, sino para contar con una estructura que les dé seguridad, y estos límites deben ser establecidos por diferentes figuras de autoridad.

En primer lugar están los padres, por supuesto, pero no son los únicos.

En distintos momentos y situaciones, resulta también muy importante que ejerzan esta función los maestros, los tíos, los abuelos y tú, como padrastro, definitivamente no puedes quedarte al margen; menos, considerando que has llegado a formar parte de su familia nuclear y que conviven día con día.

Ahora bien, si en todas las parejas es fundamental que ambos adultos se pongan de acuerdo respecto a los criterios que van a utilizar en la educación de los hijos, hay que decir que en estos casos esta condición se vuelve aún más importante. La razón es simple: los hijos de tu pareja ya están acostumbrados a un estilo de crianza que podría ser diferente al tuyo.

Y… ¿Tienes un amor tóxico con tus hijos?

Dense el tiempo para conversar detenidamente sobre cómo van a educar a los hijos, entendiendo que tu participación en este sentido es tan importante como la de tu pareja. Así como debes aprender a ser un papá comprensivo y amoroso, también debes aprender a ser un papá firme de este nuevo hijo según requieran las circunstancias.

Tus hijos, mis hijos

Hasta el momento solo me he enfocado en darte recomendaciones para llevar las cosas de la mejor manera posible con el hijo o los hijos de tu pareja, sin embargo, también es importante hacer algunas consideraciones, en caso de que tengas tus propios hijos de sangre.

Independientemente de que planees llevártelos, o no, a vivir contigo y con tu nueva pareja, las consideraciones que debes tener con ellos son similares a las que te comenté anteriormente, en relación con los hijos de tu pareja.

Toma en cuenta que también ellos podrían sentirse incómodos, incluso estar molestos, con quien, desde su perspectiva, ha llegado a sustituir a su mamá y acaparar la atención de su papá.

Para colmo, resulta que ella tiene sus propios hijos, por quienes también podrían sentir celos.

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Como verás, se trata de una situación compleja, en la que resulta fácil herir susceptibilidades sin querer. ¿Qué pueden hacer al respecto?

  • En principio, es muy importante que tú y tu pareja estén conscientes de ello y pongan el debido cuidado para reducir el impacto
  • Sí, es trillado, pero no por ello menos cierto: traten de crear un ambiente de confianza y de mantener siempre la mejor comunicación posible entre todos
  • Definan claramente qué se vale y qué no se vale. Dediquen a esta actividad el tiempo que sea necesario para que queden las menos dudas y vacíos posibles
  • Comuníquenlo claramente y asegúrense de aplicar siempre los mismos criterios con cada uno
  • Reserven momentos y espacios idóneos para conversar con cada uno de sus hijos de manera individual. Háganles sentir que siempre están y estarán ahí para lo que necesiten

Haz lo posible por establecer y mantener una buena relación con el papá biológico de tu hijastro. Lo mejor es entender que ahora todos son equipo y, aunque no vivan juntos, sí educaran juntos, así que sería conveniente mantener una buena comunicación para poder estar atentos a las necesidades del niño.

Por último, recuerda que cada niño debe vivir su propio proceso. Respétalo y evita tratar de acelerarlo o atrasarlo. Que tú y tu pareja estén listos para formar un nuevo sistema familiar, no significa que los niños lo estén.

Dale el tiempo y el espacio necesario para adaptarse y para expresarse y, si no sabes cómo hacerlo, busca ayuda profesional para que les ayude a establecer las nuevas reglas.

A veces la mezcla de tantas emociones dificulta ver las cosas con claridad.

Источник: https://www.bbmundo.com/mamas-papas/pareja/que-hago-con-los-hijos-de-mi-pareja/

¿Qué hacer para que un hijo no boicotee una nueva relación?

¿Cómo tratar al hijo de mi pareja?

Los hijos de padres separados no asimilan de la misma manera la aparición de una nueva pareja. “Las actitudes de los niños dependen, en buena medida, de la manera en la que sus progenitores trasmiten y gestionan la noticia de una nueva pareja.

La edad puede ser relevante, pero sobre todo serán determinantes aspectos como la percepción del niño de que se le está excluyendo, que no se cuenta con él, la sensación de que debe proteger al otro padre y evitar esa nueva relación en beneficio del otro, la necesidad de marcar límites a la nueva pareja para que no invada su intimidad…”, explica Fernando Azor, director del centro GabinetedePsicologia.com

Este psicólogo comenta que la edad del hijo es determinante en cuanto al tipo de problemas que pueden plantearse, ya que las necesidades emocionales o de cuidado físico son diferentes en cada franja.

Para Ángel Luis Montejo, vocal de la Comisión Ejecutiva de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), una cosa está clara: “La oposición de los hijos es capaz de dinamitar cualquier nueva relación. En cambio, si la relación entre los padres separados es buena desde el principio, todo es más fácil.

Si la custodia es compartida y de mutuo acuerdo, también lo llevan mejor, puesto que mantienen los lazos afectivos por ambos lados. Para los niños de 5 o 6 años, o incluso preadolescentes, la nueva situación es más llevadera, siempre y cuando no lo vean como una amenaza para su relación con el otro progenitor”.

¿Cómo influye la personalidad de la nueva pareja en la relación con los hijos?

La nueva pareja y el niño “son personas y, como tales, surgirá o no la química entre ellos. Por tanto, la extroversión, la capacidad para ayudar o escuchar serán algunas de las variables a tener en cuenta en el resultado final”, opina Azor. Mientras que Montejo dice que si el nuevo novio o novia es cercano, cariñoso y tiene paciencia, facilita las cosas.

¿Y si la nueva pareja también tiene hijos?  “Esta condición familiar suma a la relación un punto de estrés mayor”, señala Azor, ya que cada progenitor ha de hacerse cargo de sus propios hijos y, como añadidura, habrá que favorecer la integración de las dos familias. “Será necesario mediar entre los niños y ayudar a que cada uno encuentre su sitio en el nuevo orden. Además, a veces allí no acaba la cosa. Si los dos padres tienen nuevas parejas con hijos y hay una custodia compartida, es posible que los niños tengan que adaptarse a los dos entornos, en donde convivan con otras dos familias en semanas alternas. Algo que puede ser especialmente estresante, sin embargo, es una excelente oportunidad para aprender a compartir y enriquecerse con lo que cada uno aporta”, añade el psicólogo.

En este tipo de relaciones, “es más fácil si los hijos de ambos son de la misma generación.

Hay que tener en cuenta que no es lo mismo vivir en una casa pequeña y que les toque compartir habitación. También se producen peleas por el mando de la televisión.

Son ejemplos de luchas territoriales. Asimismo, se dan conflictos de intereses económicos”, señala el psiquiatra.

En ocasiones, el hecho de que los padres separados cambien constantemente de pareja hace que “los hijos tomen menos en serio esas nuevas relaciones e intenten hacer menos vínculos con una persona que creen que van a perder rápidamente.  Incluso, si se vincularon emocionalmente con una pareja anterior tienden a rechazar a la siguiente”, indica Montejo.

Consejos para mejorar la aceptación de una nueva pareja

Para Azor, lo primero que hay que matizar es que “no siempre se consigue tener la calma o incluso los recursos económicos para dar todos los pasos de la manera más correcta posible”. Dicho esto, algunas ideas a tener en cuenta, según este psicólogo y Montejo, serían:

  1. No coincidir en planes con el otro progenitor. Es recomendable que la nueva pareja haga actividades que no entren en competencia con el otro progenitor, de esta manera se hace más sencilla la diferenciación y los roles de cada uno. Si con la madre hace manualidades, es bueno que con la pareja del padre practiquen deporte o cualquier otra tarea que sea agradable, pero que normalmente no se comparte con el otro. “Es fundamental pensar en actividades que unan, como las vacaciones y hobbies, para que los hijos vean que esa nueva situación puede ser positiva”, puntualiza el psiquiatra.
     
  2. “Dejar transcurrir unos meses, o hasta un año, desde que se presenta la pareja a los niños hasta que se inicie la convivencia. Esto ayuda a que fluya la relación y se puedan limar los conflictos o malestares que vayan a producirse de forma normal”, dice Azor. Montejo, sin embargo, plantea que “puede ser una buena opción la convivencia parcial, ya que esta fórmula -cada vez más habitual- funciona bien porque aparecen menos situaciones de conflicto”.  
     
  3. Cuanto mayor sea al niño, más necesidades emocionales tendrá. Es muy importante saber escuchar y no imponer nuevas maneras de hacer las cosas. La pareja deberá ser especialmente cuidadosa en ese sentido.
     
  4. No hay que querer ocupar roles que no corresponden. Si el niño no desea recibir consejos de la nueva pareja, hay que dosificarse y canalizar esa ayuda por medio del progenitor. Forzar un papel que no se ha concedido todavía por parte del niño solo tensará más las cosas.
     
  5. “Es importante que se pacten con la nueva pareja las pautas educativaspara los temas principales, de este modo no se producirán malos entendidos ni fricciones extra. No es fácil acordar maneras de gestionar que satisfagan a los dos adultos, y a la vez se vean siempre bien por parte de los niños”, destaca Azor. Este aspecto requiere paciencia y capacidad de negociación cotidiana.
     
  6. Lo ideal sería hablar mucho con los hijos, ir resolviendo las pequeñas situaciones conflictivas según se produzcan.
     
  7. Por último, pero no menos importante, suele ser mejor que los padres se separen con tranquilidad. Aquí es aconsejable la figura del mediador familiar. De hecho, los juzgados deberían recomendar esta mediación.

¿Deja huella una situación así?

Si no se gestiona bien, pasar por una situación así de niño puede dejar huellas que marquen la manera de relacionarse con el entorno.

No genera un trastorno psiquiátrico como tal, pero puede influir sobre la autoestima, la capacidad para afrontar la frustración y la manera de enfrentarse a las adversidades”, comenta Azor.

“Se trata de conflictos de estresores crónicos que pueden poner de manifiesto algún trastorno que esté dormido. A veces, puede despertar trastornos de ansiedad, depresión o de adaptación”, concluye, por su parte, el psiquiatra.

Cuando los que inician una nueva relación ya tienen hijos en la edad adulta, las reacciones son algo diferentes. Por un lado, “pueden tener miedo a la pérdida de la herencia, como sucedió en el caso de la Duquesa de Alba.

Ahí aparece de una manera más caricaturesca el conflicto de intereses”, dice Montejo. “Otras veces lo ven como una ayuda para la familia, porque alivia la soledad del padre o madre que se ha quedado viudo o lleva mucho tiempo separado”.

 

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Источник: https://cuidateplus.marca.com/bienestar/2017/12/16/-hijo-boicotee-nueva-relacion-148017.html

Los 8 consejos para saber cómo tratar a los hijos de tu pareja y sobrevivir en el intento

¿Cómo tratar al hijo de mi pareja?

Partamos de que la palabra “sobrevivir” ya sería indicativa de ciertas connotaciones negativas sobre cómo tratar a los hijos de tu pareja. Olvidémoslas. Hagamos borrón y cuenta nueva en todo cuanto nos hayan metido en la cabeza. Vamos a hacerlo bien porque queremos.

Hemos hablado con el terapeuta de parejas Raúl Padilla para que nos ayude a salir triunfales de esta nueva situación personal y para que, ante los pequeños obstáculos que puedes encontrarte, te sobrepongas y te sientas, cuanto antes, parte de la familia.

Paso 1. El día de la presentación: ojo con la comunicación no verbal

“La presentación de una nueva pareja a los hijos es algo que debería cuidarse sobre todo en la forma”, explica Padilla. “Es fundamental que los niños sepan desde el principio que esa persona es importante para el progenitor, que tienen un vínculo que va más allá de la amistad y que son felices juntos”.

Pero ¿cuándo sería un buen momento para que se diera este encuentro? “Un evento como un cumpleaños o una celebración pueden ser un buen momento para invitar a nuestra nueva pareja y presentársela a nuestros hijos.

Antes de la presentación puede hablarse a los niños sobre la invitación a una persona muy especial que quiere que conozcan”.

Y ojo a los consejos que también van dirigidos hacia ella, la madre de las criaturas: “Es básico controlar la comunicación no verbal para que no parezca algo negativo ni amenazante”.

Sobre todo porque “los nervios, el anticipar que no les va a gustar no es buena forma de introducir a una nueva persona en la vida de los niños”.

Para ese primer día, Raúl Padilla te recomienda “mostrarte abierto y cercano pero dejando el espacio que los niños necesiten y sin invadirles. Ellos son los que darán su espacio y se acercarán curiosos”.

Paso 2. Compartir con ellos tiempo de calidad: el objetivo es ser una familia

Desde luego “debemos adaptar nuestra forma de introducir a la nueva pareja a los hijos dependiendo de la edad de estos. En el caso de niños pequeños, el juego es una forma de crear un espacio en común donde crear la confianza y el respeto común así como en última instancia la cordialidad y el cariño.

En adolescentes, se pueden compartir momentos de calidad buscando los puntos en común de la nueva pareja y los hijos, y teniendo en cuenta que el objetivo no es que nos amen ni amarles.

El objetivo es ser una familia operativa en la que poder crecer, tanto niños como adultos”, explica el terapeuta.

Paso 3. Pensando en vivir con tu pareja y sus hijos: poquito a poco

Hay una pregunta que siempre sobrevuela estas relaciones. “¿Nos vamos a vivir juntos?” “¿Funcionará?” “¿Cuándo es recomendable hacerlo?”.

Según Padilla, “cuando por logística y por preparación de todos los miembros, la pareja puede acoger a una persona más… Entonces es el momento de que la familia crezca”.

Antes de dar este paso, te habrás ocupado muy seriamente de crear vínculos sanos con los hijos de tu pareja.

Para ello, explica el terapeuta “primero tienes que saber cuál es tu sitio y luego tienes que buscar la ayuda necesaria en tu pareja para poder encajar tu situación sentimental con tu situación vital, es decir, vivir en pareja y vivir en familia”.

Has de tener muy presente que “cualquier cambio requiere de una inversión energética para ser implantado, porque genera una resistencia equivalente a la magnitud esperada del mismo”.

Por esto es conveniente que “la inclusión de la nueva pareja en la dinámica familiar sea paulatina y asociada a situaciones agradables con los hijos”.

Es decir “no se busca que surja un amor a primera vista, basta con que exista una aceptación por parte de los hijos del derecho a tener una vida sentimental más allá de la pareja que se rompió. Por parte de los hijos es algo duro en caso de que el divorcio no haya sido suficientemente trabajado y siga presente con toda su fuerza la esperanza de reconciliación”.

Paso 4. Roles de convivencia: cuidado, no eres su padre

Hay que tener claro algo básico para tener un lugar en la familia como nuevo miembro, como pareja de… Nunca serás “ni madre, ni padre, que ya tienen los suyos”.

Por eso, Padilla insiste en que “quien viene de fuera debe tener en cuenta algo evidente que a veces se diluye, y es que los hijos de su pareja ya tienen otro progenitor, y no son suyos”.

Es decir, que “las decisiones importantes sobre esos pequeños o no tan pequeños asuntos las toman los padres, y así debe ser, aunque en el otro lado, a veces, la autoridad y la dedicación al día a día de los niños corresponda a la tercera persona”.

Y es que quien viene de fuera realmente está en tercer lugar para muchas cosas. “Primero fue la primera pareja, luego sus hijos y finalmente entró en escena en una estructura familiar en la que es habitual que los hijos quisieran vivir junto con ambos padres”.

Además, según nos explica Padilla “esta realidad no tiene tanto que ver con la edad que tengan los niños como con su estado frente al divorcio de sus padres o la puesta en peligro de su relación simbiótica por alguien ajeno a esa célula nutricia creada en el hogar con su madre/padre”.

Paso 5. Problemillas en el día a día: límites infranqueables

Según el terapeuta, lo que no hay que hacer bajo ninguna circunstancia es “llevar a cabo acciones con los niños a espaldas de los padres o cuestionar su autoridad en presencia de los niños. Es posible hablar sobre los desacuerdos en torno a la educación de los pequeños, pero en última instancia es lo que dicen los padres lo que impera”.

Otras situaciones que suelen traer algunos roces en la convivencia son los casos de celos de la nueva pareja hacia los hijos.

“En el caso de que la madre esté muy volcada con los pequeños y descuide su relación de pareja, ésta se puede resentir, y es normal.

La reivindicación de un espacio propio para la pareja es completamente legítima y deseable, más que nada porque es posible que la pareja no se haya dado cuenta de lo que está pasando, al realizar correctamente su rol… de madre”.

Para controlar estas situaciones Raúl Padilla recomienda “dejar fuera a los niños, ya que el problema no es con ellos sino con la pareja, que no es lo suficientemente reforzante para un miembro.

Hacer una descripción en primera persona sobre lo que está pasando y cómo lo está viviendo, evitando culpabilizar a la pareja y, sobre todo, a sus hijos, puede conseguir que se dé cuenta de lo dejada que tenía su relación de pareja.

Si no basta con este darse cuenta, podremos sugerir formas de crear espacios exclusivamente de pareja donde poder estar cómodos en un espacio para dos”.

Paso 6. Quiero que me llamen “papá”: eso nunca

Por mucho que puedas sentirlos como tuyos “nunca debería llamarse mamá o papá a la nueva pareja… los niños ya tienen, o han tenido en caso de viudedad, el suyo.

El uso de estos nombres puede ser negativo para la pareja porque igual que la inviste de un halo de amor casi divino, también lo hace de una responsabilidad casi divina, y en realidad ni lo uno ni lo otro es cierto.

En el caso de los hijos, llamar a alguien más que a su propia madre 'mamá' o 'papá' puede confundirlos afectivamente y crear un sentimiento de ambivalencia al destronar a una persona para encumbrar a otra. Si es vivida como una especie de traición puede traer problemas”.

Mucho mejor para saber cómo tratar a los hijos de tu pareja es entablar con ellos una relación que tampoco tiene que ser ni de amigos ni de colegas. Según Padilla “la relación que se establece entre dos personas es siempre distinta.

Esta relación debería ser asimétrica, ya que hay alguien en una posición de cuidador/a y alguien en la de cuidado/a; de confianza, porque comparten un espacio físico y sentimental, y el resto de cualidades mínimas deseables para cualquier relación humana: cordialidad, respeto…”.

Paso 7. Todo funciona… ¿Seguro?

Como cualquier relación humana, es mejor no relajarse y pensar que ya está todo hecho. De hecho, Raúl Padilla explica que “la relación debería verse más como una carrera de fondo que como una necesidad de sentir que todo funciona.

Los niños –o no tan niños– necesitan tiempo para adaptarse al cambio, y también la nueva pareja para adaptarse a la cultura familiar que le acoge. Este proceso mutuo necesita mucho tiempo de forja para llegar a producir algo parecido a una familia, pero con tesón y dedicación es sencillo…

y con el apoyo incondicional del progenitor y pareja, que hace de puente que une y separa las realidades de su vida.

Paso 8. Poner límites cuando sea necesario

Parte de las labores de la nueva pareja es ejercer la autoridad cuando no está el progenitor presente, y de ahí la necesidad de que “el progenitor haya consensuado qué conductas son o no admisibles y los límites y cómo ponerlos

En caso de que esto no se haya hecho, en su situación de cuidador debería poner límites y luego hablarlo con el progenitor para ajustar su forma de proceder. Los niños tienen sus padres ya… pero si se encuentran bajo la responsabilidad de un adulto, el adulto debe poner límites por la seguridad del niño”.

Para transmitirlos, lo mejor es hacerlo “como haría con alguien en la misma situación sin esa vinculación tan especial que tiene con el hijo de su pareja”.

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Источник: https://www.revistagq.com/noticias/articulo/como-tratar-hijos-pareja-consejos

Embarazo y niños
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