Crianza con apego ¿es buena o mala?

Crianza de apego: en qué consiste y sus 8 principios

Crianza con apego ¿es buena o mala?

El apego es el vínculo emocional que el bebé necesita por parte de sus cuidadores, ya que le proporciona la seguridad emocional indispensable para el correcto desarrollo de su personalidad e inteligencia. Por tanto, el apego es esa dependencia o necesidad del bebé de estar en brazos de su madre.

¿En qué consiste la crianza de apego?

Durante los tres primeros años de vida, el cerebro del niño alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de las estructuras que son responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico del resto de su vida. Por lo tanto, especialmente en estos años, el niño necesita sentirse seguro y equilibrado emocionalmente para tener un adecuado desarrollo. 

En este contexto, la crianza con apego por parte de los padres resulta fundamental para lograr la seguridad que el niño necesita.

La crianza con apego, ‘attachment parenting’ en inglés, es la filosofía impulsada por el pediatra William Sears que sigue las doctrinas de educación de la Teoría del Apego en la psicología del desarrollo, siempre teniendo en cuenta las necesidades de cada bebé y niño.

Según esta teoría, los lazos emocionales que surgen durante la infancia entre padres e hijos derivarán en relaciones empáticas cuando sean adultos.

 (Te interesa: El apego vs identidad)

Los 8 principios de la crianza con apego

Esta filosofía se constituye de ocho principios, las llamadas «8 B de la Crianza con Apego», basados en la cercanía, el respeto y la atención continua, necesidades que acompañarán al pequeño durante sus primeros años de vida. Son los siguientes: 

1. Mantener los lazos afectivos desde el nacimiento

Birth bonding

El primero de los principios está directamente relacionado con el nacimiento del pequeño, pues esta filosofía de crianza defiende que los partos deben ser más naturales y conscientes. Además, se debe producir el primer vínculo de la mamá con el bebé mediante el contacto piel con piel nada más nacer, pues son momentos de máxima sensibilidad para ambos.

2. Lactancia materna 

Breastfeeding

La crianza con apego defiende, junto con la OMS, que la lactancia materna debe ser el alimento único y exclusivo que tome el bebé durante sus seis primeros meses de vida, y debe ir combinada con otros alimentos hasta que la madre y el hijo quieran abandonarla.

(Te interesa: Lactancia materna y artificial)

3. Dormir cerca del bebé

Beding close to baby

A la hora de dormir, esta doctrina defiende que el colecho es la mejor práctica a la hora de dormir al bebé, pues aporta al pequeño la tranquilidad y seguridad que necesita para tener un sueño placentero. Ayuda a transformar la sensación de angustia que experimentan muchos niños durante la noche en un sentimiento agradable.

(Te interesa: Rutinas que favorecen su sueño)

4. Mantener el contacto corporal

Babywearing

Además de sentir a su mamá nada más nacer, el bebé tiene que estar en contacto con su madre en cualquier situación diaria para mantener una relación de cercanía. Por tanto, los besos, abrazos y caricias  son bienvenidos en esta crianza; así como el porteo, pues el pequeño se siente protegido en cualquier entorno.

(Te interesa: La importancia de cogerle en brazos)

5. Confianza en el valor de su llanto como lenguaje

Belief in the language value of your baby’s cry

El llanto es el medio principal que tiene el bebé para expresar que algo no va bien: se siente incómodo, inseguro, tiene hambre, tiene sueño, etc. Por ello, es primordial que los papás sepan interpretar el sollozo de sus pequeños para satisfacer esas necesidades, hasta el momento en el que el niño sea independiente para satisfacerlas por sí solo.

(Te interesa: Mi bebé llora mucho: aprende a interpretar su llanto)

6. Ser flexible a la hora de inculcar hábitos en el niño

Beware of baby trainers

Los padres deben ser flexibles con las necesidades del bebé y deben enseñarles a que ellos también deben serlo. Es decir, no es recomendable forzar al bebé a comer o a dormir cuando no lo desean, y hay que enseñarles a comer y a dormir en cualquier lugar.

(Te interesa: Disciplina: cómo poner límites)

7. Mantener un equilibrio

Balance

Como en todos los aspectos de la vida, a la hora de criar a los hijos, también hay que tener un equilibrio. Eso quiere decir que no hay que ser ni demasiado permisivo ni muy estricto a la hora de enseñarle disciplina. Por ello, es necesario enseñar al pequeño el valor del respeto y la educación.

8. Mamá y papá, ambos, abogan por el cuidado del bebé

Both

Para terminar, esta filosofía de crianza establece que es recomendable crear un ambiente de seguridad y confianza entre los padres o cuidadores y el pequeño.

De esta forma, cualquier momento que se comparta con los bebés estará basado en el respeto, el compañerismo y la responsabilidad.

Los papás deben transmitir al pequeño esos valores, mediante la relación y actitudes que compartan delante de su hijo.

(Te interesa: La mala relación de los padres, causa de falta de atención de los niños)

¿Qué te parece los valores que defiende la crianza de apego? ¿Qué otros métodos de educación conoces? ¿Cuál empleas tú? ¡Cuéntanoslo! 

Источник: https://mibebeyyo.elmundo.es/bebes/salud-bienestar/cuidados/crianza-de-apego

Crianza con apego, ¿sí o no?

Crianza con apego ¿es buena o mala?

¡Buenos días, amigos! Últimamente escucho muchas frases al estilo de ese niño es un malcriado, está muy mimado, le ha cogido la sobaquera… Mitos, confusiones o, simplemente, desconocimiento de lo que realmente significa la crianza con apego.

¿En qué consiste? Se trata de una filosofía de educación, durante los primeros años del bebé, basada en el continuo vínculo emocional con sus padres, al que llamamos apego. Durante los primeros años de vida, nuestros bebés necesitan sentirse seguros emocionalmente, de esa manera podrán tener un correcto desarrollo de su personalidad e inteligencia.

La base de la crianza con apego es entender qué necesitan tus hijos. Identificar qué es lo que necesitan, analizar si está dentro de las posibilidades de la situación y, si es así, respetar esa necesidad y darles la libertad necesaria para satisfacerla.

Crianza con apego o crianza natural no es sinónimo de 'pequeños tiranos' o 'malcriados'. No es lo mismo que maleducar, algo obvio para quienes lo practican, pero no para quienes lo observan desde fuera y desconocen el tema.

Un niño sólo se malcría por la educación buena o mala que tenga, no por el cariño y el apoyo que reciba por parte de sus padres. Este estilo de crianza, que está basado en la cercanía y la atención continua, se constituye de ocho principios básicos para responder a las necesidades fisiológicas y emocionales del bebé de la manera más cariñosa.

Paula e India, una relación madre-hija muy especial. / DM

Lo llaman las 8 «B» de la crianza con apego, porque todas las palabras en inglés comienzan por B:

'Birth bonding': Lazos afectivos desde el nacimiento

Ese primer momento, el piel con piel, crea un vínculo por contacto madre e hijo. Por eso es tan importante que tan pronto nazca el bebé, permanezca en contacto físico con su madre.

'Breastfeeding': Lactancia materna

La lactancia materna es el mejor alimento para el recién nacido. No lo digo yo, lo dice la OMS, que defiende que la lactancia materna debería ser el alimento único y exclusivo que tome el bebé durante sus seis primeros meses de vida y que debe ir combinada con otros alimentos hasta que la madre e hijo decidan abandonarla.

Pero no sólo desde el punto de vista nutricional, la lactancia materna es buena, también proporciona consuelo y un contacto único entre madre e hijo. Las mamás somos capaces de producir oxitocina simplemente con el contacto de nuestros bebés.

'Beding close to baby': Colecho

Yo siempre digo, si el bebé duerme tu dormirás. Al dormir acompañado se evita la angustia por separación que sufren algunos niños durante la noche. Aporta a los pequeños tranquilidad y seguridad evitando que se sientan solos y convirtiendo el sueño en un sentimiento agradable. Ellos descansarán más y tú dormirás más.

'Belief in the language value of your baby's cry': Confianza en el valor de su llanto como lenguaje

Los bebés no saben hablar, no saben expresarse. El llanto es la manera que tienen de comunicarse. Si está incomodo, si tiene hambre, si tiene sueño, si necesita un cambio de pañal, si tiene frío o si necesita seguridad a través de los brazos o contacto, el bebé llorará.

Un bebé no llorará sin razón, ni para manipular, llorará porque necesita algo. Criar con apego no significa correr apenas el niño abra la boca y emita el primer gemido, por eso es muy importante que los padres sepamos interpretar el llanto y confiar en la importancia que tiene esa forma de comunicación.

No significa darles todo lo que pidan, es entender qué te están pidiendo y por qué.

'Babywearing': Porteo

Llevar al bebé encima, ya sea en brazos o en portabebés, en contacto directo, hace que los niños se sientan más protegidos en cualquier entorno, les brinda confort y seguridad. Se estresan menos, lo que les permite asimilar mejor lo que sucede a su alrededor.

'Beware of baby trainers': Ser flexible a la hora de inculcar hábitos en el niño

Olvidarse de los relojes, los horarios y los calendarios.

Esto no quiere decir que no existan rutinas, estas son muy necesarias, pero no olvidemos que las necesidades de un bebé están por encima de los horarios y los deseos de los adultos.

Criar rígidamente con métodos de adiestramiento no es una forma natural de cuidar un bebé. Provoca desconfianza y alejamiento entre padres e hijos. Respetar sus ritmos no es lo mismo que descuidar.

'Balance': Mantener un equilibrio

Encontrar un equilibrio sano a la hora de criar a nuestros hijos. No hay que ser demasiado permisivos ni muy estrictos a la hora de enseñarles disciplina.

A ser padre se aprende y son los hijos quienes nos enseñan. No confundir priorizar las necesidades de los niños con dejarles hacer lo que quieran, sus necesidades no son más importantes que las tuyas.

Es conveniente buscar ese punto medio entre la crianza respetuosa y la crianza caprichosa.

'Both': Ambos, papá y mamá

Participación de padre y madre en el cuidado del bebé.

Que ambos estén involucrados en el cuidado y educación del niño creando un ambiente de seguridad y confianza, transmitir a nuestros pequeños valores como el respeto o responsabilidad mediante las actitudes que se compartan delante de ellos. La compenetración entre padres y madres es clave para crear un vínculo familiar saludable.

Jornada familiar en la playa. / DM

Puede que por varias razones no se puedan cumplir las ocho claves, lo que se intenta transmitir es una filosofía de crianza de conexión con el bebé, instintiva, con cariño, positiva, paciente y sensible. Por ejemplo, un bebé que no se haya amamantado no significa que no reciba una crianza con apego.

La crianza con apego no es hacerles todo a nuestros hijos, es permanecer a una distancia adecuada y estar disponibles para ofrecerles nuestra ayuda si la necesitan. Dejarles que se vistan o coman solos cuando van creciendo, ayudarles para que ganen confianza en sí mismos y consigan ser lo más autónomos posible con nuestra ayuda.

Nosotros estamos criando a nuestra hija, India, bajo esta filosofía y no sé si lo haremos bien o mal, pero sí que nos guiamos de nuestro propio instinto para hacerlo lo mejor posible y nos está funcionando. Lo sé porque nos sentimos a gusto. Pero lo que no se dice de la crianza con apego es que es tan sacrificada como adorable.

Termino el artículo con un texto de William Sears en su libro 'Tu hijo dormirá… y tú también' que me encanta y expresa muy bien lo que sentimos los que optamos por la crianza con apego.

«El tiempo de tener a su bebé en brazos, junto al pecho y en la cama es muy corto en relación con la vida total de su hijo. Aun así, el recuerdo de su amor y disponibilidad duran toda una vida», William Sears.

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Источник: https://www.elcorreo.com/bizkaiadmoda/salud/psicologia/crianza-apego-20190611132755-nt.html

Las ocho claves de la crianza con apego

Crianza con apego ¿es buena o mala?

¡Buenos días, amigos! Últimamente escucho muchas frases como ese niño es un malcriado, está muy mimado, le ha cogido la sobaquera… Mitos, confusiones o, simplemente, desconocimiento de lo que realmente significa la crianza con apego.

¿Qué es la crianza con apego? Se trata de una filosofía de educación, durante los primeros años del bebé, basada en el continuo vínculo con sus padres. A ese vínculo emocional le llamamos apego. Durante los primeros años de vida nuestros bebés necesitan sentirse seguros emocionalmente, de esa manera podrán tener un correcto desarrollo de su personalidad e inteligencia.

La base de la crianza con apego es entender qué necesitan tus hijos. Identificar qué es lo que necesitan, analizar si está dentro de las posibilidades de la situación y, si es así, respetar esa necesidad y darles la libertad necesaria para satisfacerla.

Crianza con apego o crianza natural no es sinónimo de 'pequeños tiranos' o 'malcriados'. No es lo mismo que maleducar, obvio para quienes lo practican, pero no para quienes lo observan desde fuera y desconocen el tema.

Un niño sólo se malcría por la educación buena o mala que tenga, no por el cariño y el apoyo que reciba por parte de sus padres. Este estilo de crianza, que está basado en la cercanía y la atención continua, se constituye de ocho principios básicos para responder las necesidades fisiológicas y emocionales del bebé de la manera más cariñosa.

Paula e India, una relación madre-hija muy especial. / DM

Lo llaman las 8 «B» de la crianza con apego, porque todas las palabras en inglés comienzan por B:

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Cuando a lo de criar con apego le llega la fecha de caducidad

Crianza con apego ¿es buena o mala?

Hace un par de días os comentaba lo difícil que puede llegar a ser seguir una filosofía de crianza con apego, o crianza respetuosa, cuando tienes tres o más niños, porque por la falta de tiempo para todos y lo intensos que pueden llegar a ser los niños nuestra paciencia puede llegar a pender de un hilo en más de un momento.

No quiero decir con eso que en mi caso personal el estilo educativo en el que me siento a gusto haya quedado desfasado, o que yo haya dejado de confiar en él, pero sí me he dado cuenta de que hay muchas parejas que han hecho bandera de la crianza con apego mientras su hijo era un bebé que luego, al crecer y cambiar las cosas, han cambiado mucho su manera de educar y han acabado haciendo muchas de las cosas que criticaron. Hoy quiero hablar de ello, de cuando a lo de criar con apego le llega la fecha de caducidad.

Pues sí, así es. Llevo siete años criando a mis hijos del mejor modo que sé y del modo que creo que es mejor.

Este modo es el que podría definirse como crianza con apego, crianza respetuosa o crianza natural, que vendría a ser algo así como respetar al niño y sus tiempos, tratar de entender por qué hace las cosas que hace y tratarle con el mismo respeto que te gustaría haber recibido cuando fuiste niño y con el mismo respeto que quieres que tenga hacia ti como padre.

Dentro de ese respeto está el darle lo que crees que necesita en cada momento, a todos los niveles: amamantarle (la madre, claro), por ser el mejor alimento posible y por ser mucho más, pasar mucho tiempo con él, hablarle, jugar con él, cogerlo en brazos cuando lo necesite y/o cuando lo necesites, dormir con él si así duerme mejor, utilizar el diálogo para solucionar los problemas, servir de ejemplo para que aprendan con nosotros, hacerles saber que son importantes para nosotros y hacerles sentir del mismo modo y, un poco en definitiva, hacerles partícipes de nuestras vidas, compartiéndolas juntos, porque al nacer un niño los padres dejamos de ser una pareja y pasamos a ser una familia.

En estos siete años he conocido a muchas parejas que han emprendido el camino más o menos a la par que nosotros (Miriam y yo) e incluso hemos compartido horas de charlas y risas, comentando lo bien que nos va y lo duro que es a veces criar de una manera que, a pesar de parecer la mejor para los bebés y niños, origina tanto conflicto.

No sé por qué, o quizás si lo sé, muchas de las personas con que he coincidido en persona, o a veces sólo he conocido de manera virtual, porque la red está muy viva y a veces compartes más con los «desconocidos» que con los de tu entorno directo, han acabado por bajarse del carro, por apearse, y han llegado a hacer cosas que no puedo llegar a entender.

Personas que han hablado de sus lactancias y de cuánto han luchado por ellas y que han acabado haciendo unos destetes terriblemente traumáticos para sus hijos, personas que han antepuesto el bienestar de sus hijos al suyo cuando eran bebés y que han defendido su posición de no llevar a los niños a la guardería a capa y espada y que han acabado por llevarlos para «poder descansar», personas que han hablado de lo importante que es pasar mucho tiempo con ellos y que con el tiempo han acabado por hacer miles de cosas sin ellos, cosas en las que ellos podrían estar presentes (como viajar, por ejemplo), personas que hablaban de lo bien que dormían con sus hijos y que han acabado por no aceptar que una vez están en su cama puedan volver a la cama grande o personas que no permitían que nadie hablara de premios ni castigos y que han acabado por premiar y castigar, igual que aquellos a los que criticaban. Son sólo ejemplos concretos, algunos de los que he visto y vivido.

La maternidad y la paternidad puede llegar a ser algo muy intenso

La mayoría de personas podríamos ser consideradas «del montón» en la mayoría de cosas que hacemos.

Unas cosas se nos dan mejor, otras peor, pero la mayoría no llegamos a la excelencia en ningún proyecto de los que llevamos a cabo.

La (p)maternidad es un arma de doble filo en este sentido, porque puedes llegar a sentirte excelente y acabar gastando más energía en ti y en tu lucha personal que en tu hijo (ahora me explicaré, o lo intentaré).

Estamos en un punto de transición, dejando atrás el estilo autoritario con el que nos educaron y empezando a abrazar uno mucho más respetuoso y democrático, y las personas que se acogen a él, las que educan a sus hijos según los principios de la teoría del apego ven enseguida que sus bebés están más tranquilos, lloran menos, son más felices y, en consecuencia, los padres también lo son.

Respetan las necesidades de sus bebés y eso quiere decir que la mayoría les da el pecho a demanda, acaba colechando, llevándoles en mochilas y fulares por gusto o para evitar los llantos del cochecito y haciendo varias cosas que mucha gente del entorno desaprueba.

Madres y suegras que te dicen que lo coges demasiado en brazos, pediatras y enfermeras que te dicen que le estás dando demasiado el pecho, que ya lo tienes que cambiar por el biberón, gente que te llama blanda por dejar que duerma en tu cama y madres que te explican lo bueno que sería para tu hijo que lo llevaras a la guardería a socializar.

Esto hace que educar a tu hijo se vuelva algo muy intenso, algo que debes defender, una batalla con todo el mundo que hace que te cierres y rechaces muchas relaciones porque no eres capaz de entender que lo hagan tan diferente con sus hijos…

que les dejen en la guardería y te digan eso de «y lo cojo a la tarde, y así me echo una siesta», que les dejen llorar por la noche porque «se despertaba dos veces y vaya noches…

«, cuando el tuyo se despierta más, que te cuenten que «al final le tuve que pegar, que si no, no hay manera», etc.

La maternidad, la paternidad, acaba siendo entonces una cruzada, una especie de batalla continua.

Tu hijo es lo primero para ti, y defiendes tu modo de hacerlo hasta el infinito y más allá, enfrentándote con los demás, quizás, sintiéndote poderoso, conocedor de una verdad que los demás no quieren ver, con ganas de difundir a los cuatro vientos que hay otro modo de hacer las cosas y buscando otras personas que compartan las mismas inquietudes, para explicarles lo genial que es esto de ser madre y padre y a la vez lo diferente que lo puede hacer la gente, que no parece querer abrir los ojos.

Entonces esto de ser madre o padre te transforma, y ahí, en la lucha por defender algo que crees que haces estupendamente bien, sientes por fin que en esto sí destacas, que sí llegas a la excelencia. El sentimiento, además, se intensifica y se hace más fuerte porque es algo que sólo hace una minoría.

Si todos educaran del mismo modo, si todos hicieran lo mismo por sus hijos, ya no destacarías, ya no te sentirías pletórico.

Sin embargo, quieres conseguirlo, quieres que tu mensaje llegue a los demás y quieres que eso suceda, que los niños de los demás reciban lo mismo que tu hijo, que sean respetados, que sus padres cambien.

Y sucede, parece que sucede, que algunos padres y algunas madres acaban dando más importancia a lo que el ser padre les aporta a ellos que a lo que aporta a sus hijos.

He estado en lugares y quedadas, encuentros de familias, semanas de la lactancia e incluso fuimos una vez a un encuentro de homeschoolers (donde fuimos a informarnos) donde he podido ver a niños jugando semiabandonados, algunos llorando solos por haberse caído o por no saber dónde están sus padres, otros salvados por mí antes de otro susto y otros pidiéndome cosas («tengo hambre», «me hago pipí»), y me he llegado a sentir solo como padre, al ver que ni siquiera ahí, ni siquiera donde se supone que los padres están por sus hijos, están realmente, pues algunos padres o madres están más preocupados por conocer gente o por explicar lo bien que lo hacen y lo mal que lo hacen los demás, que acaban por preocuparse, como digo, más por sí mismos que por sus hijos (ojo, no quiero generalizar, son casos puntuales, pero especialmente llamativos porque los encuentras ahí donde no esperas).

El bebé deja de serlo y las diferencias en el trato remiten

Pasa el tiempo y el bebé, ese al que le das todo lo que tienes crece. La lactancia pasa a un segundo plano, algunos se destetan solos, otros siguen mamando y otros dejan de mamar porque la madre decide dejarlo.

Empieza a dormir mejor, ya no se despierta tanto, y algunos dejan ya de colechar para pasar a dormir en sus camas. Entra al colegio y, aunque al principio la separación es tremendamente dura, a medida que pasan las semanas y los meses todos os vais acostumbrando a esa nueva rutina.

En definitiva, el bebé ya no lo es, y muchas de las cosas que hacías que te diferenciaban del resto de madres y padres (colecho, porteo, lactancia, tenerlo en casa cuando el resto les lleva a la guardería) ya no las haces, y ya no eres tan diferente al resto.

Cuesta seguir en la brecha, cuesta seguir al pie del cañón porque ya no lo estás tanto, tu bebé ahora es un niño, ya no te necesita del mismo modo y ya no tienes tantas cosas que defender.

Creo que es aquí, justamente aquí, el punto en el que para muchos padres lo de criar con apego caduca.

Quizás es porque, como digo, se han preocupado demasiado por hacer algo bien, algo que sanara su autoestima, algo en lo que fueran excelentes, y han acabado por dejar a su hijo en un segundo plano.

Al crecer el niño, al no tener tanto que defender, necesitan nuevas actividades que les llene, nuevos retos, nuevas cosas que hacer en las que intentar destacar y nuevos círculos en los que los niños no tienen cabida.

Quizás es porque no se han dado cuenta de que lo de criar con apego no es hacer una serie de cosas y ya está, no es marcar la lista de la compra (yo colecho, yo amamanto, yo porteo…

sí, ya crío con apego), sino que es una filosofía de vida, es tratar a los demás como quieres que te traten y es respetar para poder luego exigir respeto, algo que debes hacer con los adultos y con los niños, con tu hijo, pero también con el resto de la sociedad.

El caso es que para muchos padres la crianza con apego tiene fecha de caducidad y darme cuenta de esta realidad, a mí personalmente, me ha dejado un poco desilusionado.

¿Desilusionado?

Sí, porque para mí, como digo, no es sólo una manera de criar a tus hijos, sino más bien una manera de entender la vida y de relacionarte con los demás.

Porque a mí me habría gustado que me criaran de otro modo y por ese motivo intento hacerlo diferente con mis hijos, pues no me gusta verme reflejado en ellos ni me gusta ver en mí actitudes como padre que mamé como hijo.

Trato cada día de ser mejor persona para ser mejor padre, y trato de ser mejor padre para ser mejor persona.

Entonces quedas con gente, conoces otros padres que crees que son como tú, piensas que allí estarás a gusto, que allí puedes ser uno más sin tener que andar dando explicaciones y sin tener que ver cómo gritan, pegan o hacen llorar a sus hijos… y con el tiempo te das cuenta de que muchos no son como dicen ser.

Crees que vas a encontrar a alguien que también ha cambiado su manera de ver la vida y te llevas un chasco al darte cuenta de que ni es tan respetuoso con los demás, ni lo es realmente con sus hijos.

Quizás arrastramos tantas carencias de nuestra infancia como hijos que muchos siguen aún tratando de llenarlas, y ya se sabe, cuando sigues preocupado en el «recibir», es difícil dedicarse al «dar».

Fotos | Bring Back Words, Carly Lesser & Art Drauglis en FlickrEn Bebés y más | La crianza natural, los consejos gratuitos y cómo evolucionan los padres que crían con apego (I) y (II), ¿Pero qué tiene que ver la crianza con apego con dar homeopatía, no vacunar y no dar leche?, Las ocho “B” de la crianza con apego

Источник: https://www.bebesymas.com/ser-padres/cuando-a-lo-de-criar-con-apego-le-llega-la-fecha-de-caducidad

Apego sin velcro: enseñame a no depender siempre de ti

Crianza con apego ¿es buena o mala?

¿Cómo podemos construir un vínculo de apego sano con nuestros buenoshijos? Hoy nuestra colaboradora y experta Ana Kovacs nos ha preparado un post en el que nos da la receta con los ingredientes perfectos para que esto ocurra. La confianza de los padres, nuestro cariño y dedicación así como los límites que pongamos serán decisivos para que ellos cojan confianza y se puedan alejar creando nuevos lazos. ¡No os perdáis este post con tanto sentimiento!

*Podéis seguirla en ,  e instagram.

La “Teoria del Apego”  hace referencia a la relación entre seres humanos. El principio más destacable es que para que un niño se desarrolle (social y emocionalmente) necesita al menos un cuidador principal. La capacidad para estar disponible y accesible a las necesidades del niño dotará al niño de seguridad. A grandes rasgos, el tipo de apego que se desarrolle entre el niño y sus padres (o cuidadores principales) es uno de los principales predictores del modo en el que se relacionará de adulto. Aunque no el único. La “Crianza con Apego” es una corriente (basado en la Teoría del Apego) que se ha desarrollado posteriormente que “promueve prácticas de crianza que crean fuertes y sanos lazos emocionales entre los niños y sus padres para toda la vida”.

¿Por qué diferenciarlo?

Más allá de las elecciones en la crianza y la forma de educar, está nuestra manera de relacionarnos.  El vínculo con los hijos siempre existe (en mayor o menor medida).

Un apego sano ayuda a nuestros hijos a desarrollarse social y emocionalmente y les proporciona una base sobre la que relacionarse con los otros en el futuro.  Crianza con apego se ha convertido en algo muy leído en internet, en articulos y titulares.

Son muchas las mamás que en la consulta se ven angustiadas, temerosas y culpables por no poder atender a todos los mandatos necesarios para que nuestros hijos crezcan con un “apego seguro”.

Más allá de las teorías están las necesidades de cada familia, los momentos y las circunstancias de cada uno, la historia personal de cada madre y padre, las características de cada pareja… y lo que cada uno pueda elegir.

  • ¿Se puede construir un vínculo sano dando biberón? Sí
  • ¿Se puede construir un vínculo sano trabajando fuera de casa? Sí.
  • ¿Se puede construir un vínculo sano durmiendo en habitaciones separadas? Sí.

Y unas tantas opciones más siempre que construyamos una relación basada en el amor, el cuidado, la atención, el afecto y el respeto.

Ingredientes para un apego sano

  1. Estar disponibles emocionalmente.
  2. Escuchar sus necesidades.
  3. Poner límites y decir que no.
  4. Deja que entre un tercero (papá, abuelos,…).
  5. Disfruta de nuestra relación.

Qué paradoja tan grande se dijo hace tiempo.

El amor hacia nuestros hijos, en el que están volcados tantos sueños y esperanzas, donde damos lo mejor que tenemos incondicionalmente tiene como fin último que puedan alejarse y caminar solos como individuos independientes y diferentes.

Un bebé llega al mundo desvalido y, si bien tiene una tendencia innata a crecer y desarrollarse, necesita de otro para existir como ser humano. Unos cuidadores cercanos, afectuosos y disponibles que puedan sostenerlo en brazos y contener su angustia y su llanto.

En esta relación estable y previsible surge el llamado vínculo de apego seguro.

Estas necesidades, las de bebé, entrarán en conflicto a menudo con las nuestras ya que raramente coinciden. Como resultado, cansados y frustrados, caemos en el error de pedir de más a quienes más necesitan: menos “incordio”, más obediencia, menos quejas, menos lloros…

Escucho a las familias y la preocupación por educar en la autonomía y el temor de criar niños cómodos. Y también escucho a los niños, que a menudo cargan con responsabilidades que no entienden o no les corresponden.

Si, nuestro reto como madres y padres, tíos, abuelos, profesores es ayudarles a crecer con cierta autonomía.

Pero sin perder de vista que los abrazos, la empatía y una escucha amplia a las necesidades de nuestros hijos, siguen siendo necesarios aunque ya no sean bebés.

Un bebé nos cuenta su experiencia como recién nacido y también como niño que, si bien ha crecido, sigue necesitando del amor y la cercanía (sobre todo afectiva) de sus padres.

Grandes dosis de disponibilidad y escucha

Necesito tu disponibilidad constante para cogerme con paciencia, tolerar mi llanto, mi temor e inquietud cuando me despierto de noche. Necesito que me acunes, me abraces y me hables con calma. Estas sensaciones quedarán grabadas en mi mente y en mi cuerpo y me enseñarán después a tener calma cuando yo la necesite también.

Sé que vestirme, cambiarme, bañarme y darme de comer, una y otra vez en bucle es cansado, aburrido y parece no terminar nunca. Pero estos cuidados me dicen que me quieres, me muestran que te importo. Así construimos un apego sano.

Aún no sé hablar pero si estás ahí cuando lo necesito una y otra vez tendré la confianza suficiente para salir a explorar el mundo y separarme de ti. Y cuando crezca esto hará que tenga sentimientos muy positivos en mí. Porque el modo en el que los adultos os ocupáis y la forma que tenéis de hablarme también dejarán huella. Como tú me has visto, así me veré yo.

Necesito tu compañía, tu cercanía, tu mirada y tu sonrisa. Que intentes leer, como cuando era un bebé, qué me está pasando cuando te desafío, me quejo en exceso o soy demasiado obediente.

La disponibilidad existe también aunque tengas mucho por hacer y vuelvas tarde a casa. No siempre será necesario que estés físicamente a mi lado. Cuando estés mírame, préstame atención, escúchame. Responde ante mis gestos, mis miradas, mis llantos y mis sonrisas.

Algunos dicen, quizás con miedo, que esto me hará más dependiente. Saber que sois sensibles a lo que necesito me dará seguridad, sobre mí mismo y al relacionarme con los demás.

Límites: adecuados, claros, firmes

A veces sólo escucho NO. No tengo elección ni decisión. Desde que soy un bebé, soy alguien diferente de ti, con intereses y necesidades distintas a las tuyas.

Necesito que haya límites claros y adecuados en casa, que funcionen de una manera constructiva. Esto me da seguridad y tranquilidad cuando se dice NO con convicción, con firmeza. No es no, aunque no me guste escucharlo y proteste.

No es una tarea muy agradable. Por esa es vuestra tarea como padres. Si llego a tenerlo todo siempre, si no hay nada que me falte no tendré ganas ni motivos para movilizarme, crear y buscar soluciones a los problemas. Si sólo veo en un color no sabré cuál es ni dónde estoy hasta que no conozca otro distinto.

La psicóloga dice que mamá y papá son funciones, más allá de las personas que se encarguen de ese papel. Una función me sostendrá, mi cuerpo y mi emoción y “transformará el hambre en satisfacción, el dolor en placer, la soledad en compañía”.

La segunda función tendrá que intervenir en la relación tan estrecha que tenemos los dos: pondrá las reglas, señalará lo obligatorio de lo que puede elegirse, lo permitido y lo prohibido. Estas dos dimensiones, más que de personas, hablan de afectos y relaciones distintas que son imprescindibles que estén presentes.

A veces esto lo harán dos personas (mamá y papá, dos papas, dos mamás, una mamá y una abuela,…) y en otros casos ambas funciones las llevará sólo uno.

Poder sentir y relacionarme de modos diferentes me ayudará a desarrollar el sentido de mi identidad. Y si uno falla el otro podrá ofrecerme otras estrategias (a su estilo) pero también eficaces para tener seguir avanzando. Esto es un apego sano, un apego sin velcro.

Papá no sólo es quien te apoya. Deja que intervenga, a su manera. Si lo corriges continuamente, si les quitas el lugar, si te encargas de todo, se vuelve invisible e inútil. También los abuelos, los tíos y profesores nos mostrarán distintos modos de ser y actuar. Así aprenderé a aceptar lo diferente, a ser más flexible y tolerante.

Cuidar, educar y criar puede ser agotador y una tarea que nunca termina. Necesitas apoyo y ayuda para no acabar exhausto y frustrado. Madre, padres, tíos, abuelos, amigos, vecinos… Los vínculos importantes no sólo están en nuestra familia nuclear.

Y a pesar de tu cansancio, de llevarte al límite, de pedirte siempre más. A pesar de las dificultades, los miedos y los errores que cometamos por el camino, disfruta de nuestra relación. Porque también necesito ver alegría y emoción cuando me veas, y en el reflejo de tu mirada sentirme deseado. Esto es un apego sano.

Tu amor, tu cercanía, tu presencia y dedicación será lo que necesite para poder caminar solo, para poder alejarme poco a poco con seguridad y crear nuevos lazos. Quiéreme tanto como para dejarme ir. Entonces habremos logrado un apego más sano.

Y vosotras Malasmadres, ¿cómo entendéis un apego sano con los buenoshijos?, ¿tenéis los ingredientes necesarios?

Источник: https://clubdemalasmadres.com/crianza-apego/

Embarazo y niños
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