Dar de comer a tu hijo

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La alimentación de tu hijo debe basarse en una dieta saludable que le proporcione un crecimiento adecuado y que le ayude a desarrollar dientes sanos y huesos y músculos fuertes; además de aportarle energía necesaria para el ajetreado día a día de los pequeños.

No hagáis de las comidas un campo de batalla, intenta, por el contrario, que sea un rato relajado y placentero para ambos.

Especialmente, vas a tener que armarte de paciencia entre los 4 y los 18 meses, uno de los periodos de mayores cambios alimenticios en la vida de tu hijo y en la que resulta fundamental estimularle para tomar nuevos alimentos y sabores. 

Lactancia materna hasta los seis meses

Durante los primeros meses el bebé pasará a criarse exclusivamente con leche materna, la más recomendada por los pediatras. Aunque hay casos en los que la madre no puede suministrársela, bien porque la lactancia materna es insuficiente, bien porque debe incorporarse al trabajo y sólo puede darle de mamar en las tomas de la mañana y la noche.

Para estos casos, la madre puede extraerse la leche (preferiblemente por las mañanas) y dejarla en el frigorífico, hasta 72 horas; para que luego la cuidadora le dé al bebé la toma que le corresponde. Actualmente, en el mercado podemos encontrar numerosas marcas que disponen de sacaleches con distintas características en función de tus necesidades.

También hay casos en los que el niño rechaza la leche materna; así encontramos las leches de fórmula que pueden cumplir la función de la lactancia materna desde el primer día. Para ello, utilizaremos el biberón, como por ejemplo los de policarbonato con tetinas de silicona que reducen la ingestión de aire y que son resistentes a todos los métodos de esterilización.

En su primera semana de vida, el bebé está casi continuamente alimentándose, el número de tomas debe ser entre la s 6 y las 10 tomas; cantidad que se va reduciendo progresivamente, pasando de 6 a 8 de la primera a la cuarta semana, y de 5 a 6 entre la quinta semana y el tercer mes de vida del niño.

Además de la leche materna, a partir de los 6 meses, se pueden empezar a introducir otros alimentos en forma de papillas. Verduras o frutas, en cantidades muy pequeñas, muy triturados.

Aunque tardará en aceptar los nuevos alimentos y sabores, sed pacientes.

Seguid con el biberón, compradle aquellos que tengan asas o formas planas, adaptadas a las manos del bebé, para que vaya acostumbrándose a comer solo.
 

Los primeros alimentos del bebé

A los seis meses las funciones digestivas han madurado, las mandíbulas ya pueden mover alimentos dentro de la boca; es hora de introducir comida más consistente y pasar del biberón a la cuchara. Anímalo desde pequeño a probar cualquier sabor.

Ajustad su dieta a sus particularidades fisiológicas. En las primeras etapas debéis proporcionarle una dieta equilibrada para que forme su sistema inmunitario y evitar futuros problemas de obesidad.

El primer alimento que podéis introducir en las papillas son los cereales con gluten, seguidos de los purés de verdura; entre los 7 y 8 meses ya estará preparado para las proteínas de la carne o el pescado, triturados; aunque para introducir estos alimentos debéis, como siempre, consultar con el pediatra. Igualmente es recomendable esperar una o dos semanas cada vez que se introduce a la dieta del niño un nuevo producto.

Con la cuchara el niño comenzará a mover otros músculos distintos de los que utilizaba hasta ahora para succionar. Al principio sentirá cierto rechazo; ponedle la cuchara en la boca para que chupe la comida y se acostumbre a las nuevas texturas y sabores, serán experiencias increíbles.

Para que se vaya familiarizando con ella, en el mercado existen algunas cucharas de aprendizaje para facilitar esta transición. Escoge una de silicona muy suave y envase flexible, ayudarás a que no se derrame nada y que el bebé tenga su primer contacto con la cuchara para comprobar que no es tan diferente al biberón.

Luego pasa a las cucharas para niños de caucho muy suave, con doble punta, punta redondeada, de acero inoxidable, que no dañan las encías del bebé.

Comer como un adulto

A partir de los doce meses comerá con vosotros. Como padres, debéis estimularle a probar cualquier alimento, a cumplir un horario fijo en las comidas y a no picotear entre horas; evita los alimentos superfluos como caramelos o chucherías. Aunque a veces parezca que no se está alimentando bien porque tira la mitad de la comida, no hay que alarmarse es algo normal.

Cortad la comida en trocitos pequeños, para que los pueda tragar sin dificultad y así poco a poco, vaya haciéndolo solito.

No pongas mucha cantidad de una sentada, hasta el año y medio es mejor que el niño haga cinco o seis comidas pequeñas, a tres abundantes. Además, es el momento para pasar del biberón al vaso, mejor con tapa para que no lo derrame.

Ya pueden beber todo el agua que quieran y leche entera. También para este proceso de aprendizaje existen vasos especiales, ideales para facilitarlos el cambio.

Conforme vaya creciendo, hará las tres comidas como un adulto, sin saltarse el desayuno, ¡es la comida más importante del día y, probablemente, la que más disfrute!

Al compartir la mesa con vuestro hijo debéis dar ejemplo; el niño suele imitar los hábitos de sus padres y así si os ve rechazar un alimento, él hará lo mismo. Acostumbraos a que toda la familia coma sano y despacio, con refrigerios saludables como frutas o batidos naturales y reducid las grasas a la hora de cocinar.

Los padres debéis ingeniároslas para presentar la comida del niño de manera atractiva, haced figuras, alternad los colores de la comida… que comer verduras sea algo agradable no un suplicio. Ponedle alimentos fáciles de comer o cortádselos en pedazos pequeños, ya que le gustará comer solo, no que se lo deis.

También hará más agradable la comida utilizar vajillas especiales para niños con dibujos y colores divertidos; destacan las de platos térmicos que mantienen el calor durante más tiempo.

Desde el momento en que vuestro hijo se siente en la mesa erguido, comience a utilizar correctamente los cubiertos, no juegue con la comida, ni la tire por toda la mesa; habrá aprendido a comer. Sólo os queda encargaros de que su dieta sea sana, equilibrada y variada.

Dieta Equilibrada

– Verdura

– Fruta

– Pollo o Carne (primero ternera, luego las grasas como el conejo y el cerdo)

– Pescado blanco, cocido y sin sal (es menos alergénico)

– Productos lácteos (500 ml al día). Primero leche semidesnatada, luego entera.

– Huevos (de forma progresiva). Primero la yema y a partir del año la clara, cocida o en tortilla. Dos o tres veces por semana.

– Legumbres, sin piel y triturados, una o dos veces a la semana. A los 18 meses con piel.

– Arroz y pasta una vez por semana.

La cantidad de biberón que un bebé toma en un momento dado debe ser definida por el propio bebé tal y como se hace con la lactancia materna, que es a demanda. De esta manera, el bebé se regula en función de las necesidades de cada momento.

Obesidad

Definición:

Exceso de peso por encima del nivel saludable para la edad y la talla.

Síntomas:

Exceso de peso, dificultad para hacer ejercicio, problemas respiratorios.

Tratamiento:

Dieta sana y equilibrada, ejercicios moderados y adecuados a la edad.

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Источник: https://www.todopapas.com/bebe/alimentacion-bebe/dar-de-comer-a-tu-hijo-238

¿Por qué no se debe obligar a los niños a comer?

Dar de comer a tu hijo

Desde hace tiempo y aún hoy en día los padresobligan a sus hijos a comer toda la comida que se les sirve en el plato. Pero, ¿está bien exigirles esto?

No debemos forzar a los niños a comer, puesto que ellos mismos saben cuándo necesitan comer y cuándo no.

Los expertos coinciden en que al niño no hay que obligarle a comer. Como todo ser humano, ellos se dan cuenta también cuándo tienen que comer y cuándo es necesario parar. Sin embargo, si estamos constantemente presionándolos para que terminen el plato, no harán caso a su cuerpo, sino a lo que le impongamos.

Julio Basulto, dietista, nutricionista y escritor de varios libros, se refiere al respecto: “No debemos insistir para que nuestros hijos coman algo que no quieren, más cantidad de la que desean o más rápido de lo que pueden”. Si insistimos, solo lograremos resultados negativos.

Por otro lado, es importante que tengamos en cuenta que los niños son, precisamente, niños. Son más pequeños que nosotros y por eso su dieta será distinta a la nuestra. Sobre todo, cuando son más pequeños. Sus estómagos son más reducidos que los nuestros, por ende, no podemos esperar que sus raciones sean del mismo tamaño.

Consecuencias de obligar a los niños a comer

Creemos que le estamos haciendo un bien al niño cuando le insistimos para que coma algo que no le gusta o para que termine su plato. Pero no es así.

Insistir al niño puede generar rechazo hacia el alimento que intentamos que ingiera.

Por otro lado, si el pequeño continúa comiendo cuando se encuentra satisfecho, estará ingiriendo más alimentos de los que necesita. Cuando un niño come más de lo que necesita pueden aparecer los problemas de sobrepeso.

Te recomiendo que leas también “Alimentación saludable para niños”

¿Cuáles son las conductas habituales que debemos evitar?

  • Amenazar al niño con privarle de alguna actividad que le gusta
  • Hacerle sentir mal
  • Decirle mentiras
  • Presionarlo
  • Atemorizarlo
  • Maltratarlo psicológicamente

¿Qué podemos hacer para que coman?

  1. Darle tiempo: Cada persona come a su manera y a su ritmo. Ambos padres probablemente tengan distintos tiempos. Es importante comprender esto y no presionar al niño. Respetar su tiempo para cada comida hará que se sienta más tranquilo y cómodo al comer.
  2. Ofrecer poco a poco los alimentos nuevos: Los niños deben asimilar y acostumbrarse a cada nueva comida. Si les ofrecemos muchos ingredientes nuevos en una misma comida les resultará más difícil asimilarlo. Lo harán mejor si les sugerimos de poco en poco los nuevos platos, sin forzarles a comer alguno si en primera instancia no lo acepta.
  3. Evitar las distracciones: La hora de comer debe ser exclusivamente pare eso. Es preferible evitar la televisión y todo tipo de juguetes. De esta forma los niños se focalizarán sólo en los alimentos.
  4. Comer con la familia: Es importante que adquieran el hábito de comer mientras lo hacen los demás.

    Incorporarlo a la mesa en los horarios en los que habitualmente comemos mejorará su relación con el entorno y con la alimentación. Recuerda que a medida que van creciendo quieren sentirse incluidos y ser parte de todo lo que haces.

  5. Da el ejemplo: Si quieres que tu hijo coma algo, tú también debes comerlo.

    Si intentas darle de comer algo que tú no estás dispuesto a comer, ¡lo tienes difícil! Debes demostrarle al niño que eso que intentas que coma es rico y también te agrada.

  6. Evita poner caras de intriga o preocupación al dar un alimento nuevo: Lo mejor es que sea algo natural.

    Si no, el niño percibirá que algo no está bien y se alarmará, aumentando la probabilidad que rechace la comida.

  7. Evitar los dulces y otro tipo de alimentos antes de la hora de la comida: Si le permitimos comer bocados antes del horario de almuerzo o cena, el niño estará menos predispuesto a ingerir alimentos.

    Si le ofreces algo que no le tienta demasiado, le será más fácil rechazarlo puesto que ya habrá comido algo antes.

Recuerda que cada uno tiene su tiempo, y respetar el tiempo del niño ayudará a construir una mejor relación y brindará las herramientas para que le puedas ofrecer una alimentación más sana.

Источник: https://eresmama.com/no-se-obligar-los-ninos-comer/

Por qué no debes obligar a tu hijo a comer

Dar de comer a tu hijo

La maternidad y la paternidad marcan un antes y un después en la vida de todo ser humano. Desde el nacimiento de nuestro hijo, defendemos nuestras expectativas y nuestros deseos casi con ferocidad.

Lo tenemos muy claro: queremos que duerman como creemos que deben dormir, queremos que se comporten como consideramos que deben comportarse y, por supuesto, queremos que coman cómo, cuándo y cuánto estimamos que deben comer. Luego, la realidad.

Y es que, sobre todo en el tema de la alimentación, padres y madres nos pasamos los primeros años de crianza angustiados por la supervivencia de esos niños que tan injustamente etiquetamos de “malcomedores”, por lo poco que pensamos que comen o por los “nadas” que parecen servirles de sustento.

Tanto nos preocupamos que es un motivo recurrente de consulta en nuestras citas con el pediatra. Pero la respuesta no está en el ambulatorio sino que, casi siempre, se halla en nuestras expectativas. Obligarles a comer lo que esperamos que coman no debería ser nunca una posibilidad razonable. Una situación muy común y que merece una mención en este Día Mundial de la Alimentación.

Por qué no hay que obligar nunca a comer a un niño

“No obligue a comer a su hijo. No le obligue jamás, por ningún método, en ninguna circunstancia, por ningún motivo”. En 1999, el pediatra Carlos González ya explicaba en Mi niño no me come por qué nunca hay que obligar a un niño a comer.

El dietista-nutricionista Julio Basulto confirmaba en Se me hace bola, publicado en 2013, que no existía justificación nutricional alguna para obligar.

También insiste en ello a menudo en sus perfiles de redes sociales y lo reafirma al otro lado del teléfono a EL PAÍS: “Obligar a un niño a comer no es ético, ni educativo y es contraproducente.

El objetivo no es que el niño coma sino que quiera comer, y que quiera comer saludable, y eso no se consigue con la coacción, con la presión, con la insistencia ni con premios y castigos. El niño es el único que sabe cuánto tiene que comer, eso no lo sabemos los nutricionistas, ni los médicos ni lo saben los padres. Solo lo sabe el cerebro del niño”.

Comparte su postura María Manera Bassols, dietista-nutricionista y autora de diversas publicaciones en torno a la alimentación infantil, quien destaca que en nuestro medio la preocupación debería ser que más del 40% de los niños y niñas tiene un problema de exceso de peso.

También insiste en que obligar a comer a la fuerza, cuando se ha manifestado que no se desea o no se necesita, además de una falta de respeto hacia el niño, no es efectivo.

“Habitualmente se insiste para que el niño coma más cantidad o con la voluntad de que aumente la variedad de alimentos que toma, o de que consuma determinados alimentos supuestamente saludables y que “hay que comer”.

Si el niño no los quiere y le forzamos a que los coma, difícilmente los elegirá motu proprio en futuras ocasiones ya que precisamente forzar a comer suele provocar aversión y rechazo hacia los alimentos a los que se ha obligado a comer”, explica.

No obligue a comer a su hijo. No le obligue jamás, por ningún método, en ninguna circunstancia, por ningún motivo”

Recuerda Carlos Casabona, pediatra especializado en alimentación infantil, que la Academia Americana de Pediatría ya advertía a finales de los 70 en el Pediatric Nutrition Handbook, que el apetito del niño “es errático e impredecible”, y señala que no se debe forzar a comer en casa pero tampoco en el colegio. “Solo el niño sabe lo que necesita a través de un experimentadísimo mecanismo que lleva milenios funcionando a las mil maravillas: el hambre”.

Sobre las consecuencias de obligar a los niños a comer, María Vallejo Guardiola, psicóloga experta en obesidad y trastornos de la conducta alimentaria (TCA), explica que con esta acción alteramos la relación de los pequeños con la comida en el presente, pero también en el futuro, un hecho que influye también en la construcción del apego.

“Si la acción de comer se fuerza, se altera su función natural. Un niño obligado a comer desconecta de su cuerpo, no disfruta de la experiencia y ven la hora de las comidas como algo aversivo. Además, el adulto que fuerza a comer no está siendo empático y perjudica el establecimiento de un apego seguro basado en la mutualidad.

Un niño al que en su crianza se le ha forzado a comer tiene muchas más probabilidades de convertirse en un adulto con problemas con la comida”, cuenta.

Detrás de pacientes con sobrepeso y obesidad, Vallejo ha observado que suele haber “historias de horas interminables en la mesa, donde nadie se levantaba sin el plato totalmente vacío”, algo que provoca desajustes como llegar a la edad adulta con problemas para parar de comer cuando ya se está saciado.

El soborno, la forma más habitual

Según la Academia Americana de Pediatría la forma más habitual que emplean los padres para obligar a sus hijos a comer es el soborno. Pero no es la única.

En Se me hace bola, Basulto lo resume en ocho acciones: amenazas, chantaje emocional, hostilidad y despotismo, humillación, mentira, presión y/o coacción, terror, violencia y/o maltrato psicológico.

Y pone ejemplos de frases como “Si no te lo comes, te llevaré al hospital y tendrán que dártelo por sonda”, “No te levantas de la mesa hasta que no te lo comas” o “Te tapo la nariz por tu bien, para que te lo tragues”.

Sobre esa acción precisamente, Gloria Colli, pediatra y autora de Tu lactancia de principio a fin, advierte que hay que tener en cuenta que obligar a comer no es solo tapar la nariz al niño y “meterle la cuchara cuando la abra para respirar”, también recurrir a frases aparentemente inocentes como “Si no comes, mamá se va a poner triste”, “Si te lo comes todo te pondrás grande y fuerte” o “Si no te comes la verdura no hay postre”. “Son recursos igualmente desafortunados porque implican además una manipulación emocional. Incluso recurrir al típico avioncito puede ser una forma de obligar si deja de ser un juego y una de las partes ya no lo encuentra divertido”, declara.

Si no te lo comes, te llevaré al hospital y tendrán que dártelo por sonda”, “No te levantas de la mesa hasta que no te lo comas”

Carlos Casabona añade otras maneras encubiertas como «teatritos», alabar las virtudes de lo que se ofrece para comer o el empleo de pantallas (móvil con vídeos o la tablet con dibujos animados).

No obstante, también añade algo de optimismo: lo encuentra en los sistemas del Baby Led Weaning (BLW) o aprender a comer solo (ACS) que han llegado para quedarse.

“Muchas madres jóvenes están muy bien informadas y adoptan este sistema que respeta los signos de saciedad del bebé”, dice.

Pero no solo el hogar se convierte en el escenario habitual de las presiones por la comida. Los comedores escolares también lo son. María Manera Bassols ha participado en diversas guías acerca del rol de los adultos en las comidas que comparten con niños.

Hace un par de años la Agencia de Salud Pública de Catalunya publicaba el documento Acompañar las comidas de los niños. Consejos para comedores escolares y familias, que precisamente aborda este tema, tanto desde el ámbito escolar como del hogar.

El texto surgía de la necesidad expresada desde el colectivo de comedores escolares (AMPAs, monitores y coordinadores de los comedores) sobre cómo posicionarse ante situaciones como la negativa a comer o a probar determinados alimentos.

“El simple hecho de que se genere debate sobre cuál tiene que ser la actitud del adulto, que surjan dudas, que se pregunte a la administración que trabaja con los comedores cuál es su opinión y posicionamiento, que salga en los medios, etcétera, evidencia que algunas prácticas “tradicionales” de imposición, obligación o coerción están siendo cuestionadas”, plantea Manera.

Actualmente muchos comedores escolares están vinculados de forma directa a los proyectos pedagógicos de los centros, lo que fomenta la implicación, la participación y el aprendizaje de los niños con respecto a la alimentación.

“Es verdad que un comedor colectivo es más difícil de gestionar que un hogar, y que hay determinadas prácticas, como el permitir que no se coma algo que no apetece, requiere de un trabajo coordinado y profundo con los adultos responsables del comedor y también con los niños y niñas; pero si existe la voluntad de trabajar desde esta mirada, la experiencia de muchos comedores nos dice que es posible acompañar las comidas de los niños desde este prisma”, explica María Manera.

Los niños que no comen

La alimentación es una de las mayores preocupaciones de los padres durante los tres primeros años de vida de sus hijos. Lo ve Carlos Casabona en su consulta, a la que acuden padres preocupados no solo por la cantidad sino también por el qué y cuándo dar de comer a sus hijos.

“El entorno ha cambiado de manera espectacular y lo que dábamos antes con cuatro meses, ahora no se recomienda hasta los seis o siete meses. Lo que antes recomendábamos a los doce meses, ahora decimos que se puede ofertar a los seis.

Esto desorienta bastante a muchas familias, pero procuramos dar los consejos nutricionales más actuales y siempre en relación con la evidencia científica que exista, por encima de intereses comerciales que siempre han estado presentes.

Lo que sucede es que ahora estamos más atentos y la información corre más deprisa”, cuenta Casabona.

Considera “paradójico” el pediatra que nos preocupemos porque los niños de entre dos y cuatro años coman «poco» en la época de la humanidad en la que más sobrepeso y obesidad infantil hay: “Estamos «fabricando» los que serán adultos con obesidad, con todas las repercusiones que esto conlleva”. Insiste Casabona en que los padres “no deben preocuparse por lo que come su hijo, sino por si es feliz, corre y juega, sin coger excesivas enfermedades o cogerlas banales”, ya que no existe la desnutrición en España sino “malnutrición por exceso y por mala alimentación con calorías vacías y consumo exagerado de bollería”. No obstante, también añade que hay ocasiones en las que el pediatra deberá estudiar casos puntuales en los que haya síntomas asociados a la verdadera falta de apetito como apatía, debilidad, palidez o diarreas.

La alimentación es una de las mayores preocupaciones de los padres durante los tres primeros años de vida de sus hijos.

Gloria Colli considera que la preocupación por la alimentación de los niños es inherente a la maternidad y a la paternidad: “Siempre hay algo que nos preocupa. Si no toma suficiente leche o si toma demasiada, si come poca verdura, si no prueba la fruta, si no conseguimos que coma más sano…

Y es bueno que los padres se preocupen, porque conseguimos que se informen y que se impliquen en la tarea de hacer que toda la familia haga una dieta más saludable, pero hay que tener cuidado de que no se transforme en una obsesión que les impida disfrutar de agradables momentos en torno a la comida”.

¿Qué hacer para que la hora de la comida sea un momento agradable? Colli recomienda que lo primero que debemos hacer es apagar la televisión y así aprovechar ese tiempo para charlar en familia, evitando que el tema central sea la comida. “De la comida solo se habla para felicitar al cocinero.

Si a tu hijo no le gusta la verdura, por más que tú le digas 20 veces que está muy rica, seguirá sin gustarle. Si queremos que la comida sea un momento agradable, evitemos situaciones conflictivas. Y demos ejemplo.

Los niños aprenden por imitación por lo que si nosotros comemos bien, al final ellos también lo harán”.

Y cuando un niño no quiere comer, ¿qué podemos hacer? Responde María Manera Bassols que debemos respetarle, igual que haríamos con una persona adulta.

“Las señales de autorregulación de hambre y saciedad son innatas y, en los niños sanos son efectivas a la hora de cubrir sus requerimientos energéticos y nutricionales.

En nuestro entorno, con una disponibilidad abundante de alimentos a cualquier hora y en cualquier sitio, no existe justificación nutricional para forzar a comer a alguien que no tiene hambre o no quiere comer”, concluye.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2018/10/16/mamas_papas/1539677915_443370.html

Mi hijo no come: qué hacer y qué no hacer si tiene inapetencia

Dar de comer a tu hijo

Dos de mis tres hijos han tenido épocas de comer mal. Muy mal. Han sido, lo que mucha gente llama, «malos comedores» y, confieso que para los padres es muy agotador. Hay días en los que se lleva mejor, y te consuelas repitiéndote una y otra vez que si no comen es porque no tienen hambre, pero en otras ocasiones es inevitable no alarmarse ante la situación.

Si tú también tienes un peque al que le cuesta comer, te ofrecemos una guía práctica y sencilla con las cosas que debes y no debes hacer en esta situación.

Una de las mayores preocupaciones de los padres es la alimentación de sus hijos. Queremos que crezcan sanos, coman de todo y lo hagan de manera saludable. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro niño se niega a comer días tras día, o consideramos que lo que come no es suficiente?

Si realmente estamos preocupados, lo mejor es concertar una cita con el pediatra para que valore si existe algún problema de salud detrás de esa inapetencia. Pero si el médico nos dice que todo es normal y su crecimiento sigue estando dentro de su percentil, no habrá motivo de preocupación.

Respetar y entender al niño

Una vez descartado cualquier problema de salud, es importante que hagamos el ejercicio de intentar comprender a nuestro hijo, y no tomarnos su falta de apetito o rechazo a comer como algo personal.

Para ello, es aconsejable ponernos en su lugar y pensar que si a nosotros, como adultos, hay rachas en las que tenemos más apetito que otras, y alimentos que nos gustan más que otros, ¿por qué no habría de ocurrirle lo mismo a los niños?

Además, es importante saber que conforme van creciendo también varían sus necesidades energéticas. De este modo, cuando entran en una etapa de crecimiento lento lo normal es que su apetito descienda.

Así mismo, a partir de los dos años muchos niños entran también en una fase (completamente normal) llamada neofobia, que les lleva a rechazar alimentos que antes tomaban o a negarse a probar cosas nuevas.

Ofrecerle todo tipo de alimentos y no desistir si algo no le gusta

Una vez descartado cualquier problema y hecho el ejercicio de entender y respetar al niño, comencemos por ofrecerle todo tipo de alimentos, huyendo de las dietas monótonas.

En este sentido, recordemos la importancia que tiene la alimentación del bebé en su primer año de vida, pues está demostrado que los patrones alimenticios que siga el niño en sus primeros meses, persistirán en su cerebro durante bastante tiempo.

Así pues, desde que comience la alimentación complementaria, procuremos ofrecer al niño (casi) cualquier alimento, enmarcado dentro de una dieta variada y saludable. Además, ¡recuerda que no debes caer en el error de dejar de ofrecer a tu hijo aquello que a ti no te gusta!

Por otro lado, y aunque los niños se nieguen por sistema a probar nuevos alimentos, es importante no desistir, y seguir ofreciéndoselos de forma paciente y sin forzar, hasta que poco a poco vaya llegando su aceptación. Según los expertos, el niño podría empezar a aceptar el alimento tras haberlo probado entre 10 y 15 veces.

Comer en familia y en un ambiente agradable

Compartir la mesa en familia es fundamental para inculcar buenos hábitos alimentarios. El ejemplo de los padres y la educación nutricional que se realiza en la mesa juega un papel muy importante a la hora de educar a nuestros hijos y crear un ambiente positivo.

El momento de la comida debe ser agradable, sin prisas y sin interferencias. Bien sentados en la mesa, los padres enseñaremos a los niños a comer despacio, masticar bien y disfrutar de la comida.

Y si nuestro hijo no quiere comer, evitemos convertir el momento de sentarnos a la mesa en un problema. Dejemos el estres y la ansiedad a un lado, y no caigamos en los gritos, llantos y discusiones, que lo único que conseguirán será agobiarles aún más.

No forzar, ni engañar, ni chantajear

Numerosos estudios han determinado que forzar a los niños a comer es contraproducente, pues no sólo no ayuda a que la alimentación selectiva se reduzca, sino que podría ocasionar el efecto contrario, y provocar un mayor rechazo.

Pero forzar a comer todo el plato o parte del mismo también es:

  • Utilizar técnicas de entretenimiento o engaños para que abran la boca de manera autómata sin prestar atención a lo que están comiendo: por ejemplo, mientras les hacemos trucos de magia, les ponemos el chupete para obligarles a tragar, hacemos el avioncito o les entretenemos con otras historias)
  • Chantajearles o amenazarles, con frases del estilo: «si no comes no vas al cine», «hasta que no comas tres cucharadas más, no te levantas de la mesa», «tienes que comer para que los Reyes Magos te traigan muchos regalos»…

Fuera pantallas a la hora de la comida

Un móvil o una tablet interfiriendo a la hora de comer es contraproducente para los más pequeños, por más divertido que sea lo que proyecte.

Recordemos que la Academia Americana de Pediatría sugiere evitar la exposición de los bebés de hasta 18 meses a las pantallas, y añade que el uso de dispositivos antes de los dos años podría retrasar el desarrollo del habla en los niños.

No usar alimentos como premios, ni castigos

El alimento nunca debe ser un premio ni un castigo, es decir, no debemos premiar con chucherías la ingesta de pescado, por ejemplo, ni obligar al niño a tomarse un plato de brócoli si no nos ha obedecido en otros aspectos.

Haciendo esto, el niño asociará inconscientemente la ingesta de determinados alimentos a algo sacrificado, feo y desagradable. Además, estaremos contribuyendo a aumentar el consumo de azúcar en su dieta al utilizar las chucherías como recompensa o postre.

Dejar que los niños manipulen los alimentos

A la hora de comenzar con la alimentación complementaria, aprovechemos la curiosidad innata que tienen los bebés para explorar, experimentar e imitar a los adultos poniendo en práctica la alimentación autorregulada o Baby Led Weaning. De esta forma, el niño entrará en contacto con los alimentos de forma autónoma, y aceptará mejor sus diferentes sabores y texturas.

Mezclar en un plato alimentos que le gustan con los que no

Si por ejemplo, a nuestro hijo no le gustan las verduras, tratemos de combinarlas en el mismo plato con otros alimentos que sí acepten de buen grado. De este modo, es más fácil conseguir que las vayan incorporando a su dieta. No se trata de camuflar el alimento que rechazan, sino de presentárselo de forma agradable o combinarlo con otros ingredientes que le gusten más.

Platos grandes, menos comida

Si a un niño al que le cuesta comer, le ponemos delante un plato rebosante de comida, es fácil que llegue a agobiarse. Por eso es preferible ofrecer una racióm más pequeña y que el niño repita si se queda con hambre, que ofrecer de inicio gran cantidad de comida.

También podemos recurrir al truco de presentarle la comida en un plato o bandeja grande, de manera que visualmente el niño piense que la ración que tiene delante es más pequeña de lo que en realidad es.

La comida entra por los ojos

No se trata de hacer de cada plato una obra de arte, pero es importante recordar que la comida entra por los ojos por lo que una presentación atractiva de los alimentos puede convertirse en nuestro mejor aliado.

A veces basta con utilizar una vajilla con dibujos que motiven al niño, distribuir la comida por colores, presentar un plato variado con distintos tipos de alimentos, y jugar con la colocación de los ingredientes dentro del plato.

No acompañar las comidas con leche

La leche es muy importante en la dieta de los niños, pero no debemos olvidar que no se trata de una bebida sin más, sino de un alimento que aporta múltiples nutrientes y grasas.

Por ello, si ofrecemos al niño un vaso de leche antes de las comidas, o utilizamos la leche como bebida mientras comen o cenan, su apetito disminuirá y dejarán de consumir otros alimentos.

Planificar el menú, comprar y cocinar con ellos

Una forma de hacer entrar al niño en contacto con los alimentos de manera saludable es involucrarlos en todo el proceso: desde la planificación del menú familiar, hasta la adquisición de los alimentos en el supermercado y su posterior cocinado.

De este modo, podemos pedir a nuestro hijo que nos aporte alguna sugerencia para el menú, y nos acompañe a hacer la compra. Dejémosle que, por ejemplo, elija las verduras que desea tomar, las pese en la báscula y las meta dentro del cesto.

Una vez en casa, animaremos al niño a cocinar con nosotros los alimentos que hemos comprado. Esto generará en ellos una gran curiosidad, aumentarán sus expectativas y se sentirán orgullosos de su aportación.

¿Jarabes para abrir el apetito?

Ante la inapetencia de los niños a la hora de comer, muchos padres pueden pensar que la solución pasaría por ofrecerles un jarabe para abrir el apetito. Pero según podemos leer en este documento de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, este tipo de fármacos no está recomendado:

«En realidad no existen fármacos cuyo efecto sea aumentar el apetito. Moléculas como ciproheptadina o pizotifeno en realidad son sustancias que tienen como efecto secundario el incremento del apetito. Ninguna de las dos ha demostrado su utilidad y pueden producir otros efectos secundarios»

Si el pediatra no lo recomienda, tampoco es necesario dar a nuestros hijos un complejo multivitamínico, pues el exceso de vitaminas en la dieta puede ser contraproducente. En niños sanos, basta con ofrecer una alimentación saludable y variada, y no olvidar la práctica diaria de ejercicio físico al aire libre.

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En Bebés y más | ¿Tu hijo rechaza probar nuevos alimentos? No lo presiones

Источник: https://www.bebesymas.com/consejos/mi-hijo-no-come-que-hacer-que-no-hacer-tiene-inapetencia

¿Qué dar de comer a un bebé de 6 meses?

Dar de comer a tu hijo

Es fundamental que, hasta los 6 meses de edad, la alimentación del bebé se base en la lactancia materna exclusiva, ya que es la recomendada por la OMS al ofrecer al pequeño todo lo que necesita para su correcto desarrollo.

No obstante, a partir de los 6 meses, el bebé puede comenzar a tomar leche de continuación y alimentos sólidos como parte de una dieta diversificada, siempre bajo la recomendación del pediatra.

Es en este momento cuando todas las mamás se plantean qué dar de comer a un bebé a los 6 meses.

Este es un momento muy importante para la alimentación del bebé. Saber qué dar de comer es imprescindible para el correcto desarrollo del pequeño. Por ello, en este artículo te explicaremos qué come un bebé de 6 meses o cómo podría ser un menú para un bebé de 6 meses. 

¿Qué come un bebé de 6 meses?

A partir de los 6 meses de edad además de la leche se irán añadiendo a la dieta del bebé diferentes alimentos de forma paulatina. La adición de alimentos sólidos o líquidos es complementaria a la leche, pero no como sustituto. Pero recuerda consultar con el pediatra cualquier cambio en la alimentación del bebé.

Muchas madres deciden empezar con la leche de continuación, pero, ¿por qué introducir la leche de continuación? La vuelta al trabajo suele ser el motivo más recurrente por el cual las mamás deciden introducir esta leche en la dieta del bebé. Además, de esta forma, otros miembros de la familia pueden dar de comer al bebé y fortalecer el vínculo entre ellos, como es el caso de los padres. 

El menú de un bebé a los 6 meses

A pesar de que a partir de los 6 meses se pueden ir introduciendo alimentos sólidos de forma gradual, la leche sigue siendo el principal elemento de su dieta. En esta etapa, el pediatra te recomendará introducir alimentos sólidos en forma de papillas o purés. 

¿Cómo sería un menú básico de un bebé a los 6 meses?

  • Por la mañana: para empezar el día, ofrécele al pequeño la toma de leche que le corresponda, en caso de que hayas decidido continuar con la lactancia materna.

    A media mañana también puedes darle cereales con tu leche materna, pero si ya has comenzado con la leche de continuación, ofrécele una papilla ligera con cereales. La mejor opción es darle esta toma con el biberón durante los primeros días.

  • A medio día: hazle un puré con los alimentos que te haya recomendado el pediatra, que normalmente serán hortalizas como la patata y carne magra sin grasa. Es probable que los primeros días le cueste comer estos nuevos alimentos, pero se acostumbrará rápidamente.
  • A media tarde: por la tarde lo mejor es ofrecerle un puré de frutas, por ejemplo, de manzana, plátano, pera y naranja.
  • Por la noche: al igual que por la mañana, ofrécele un biberón con cereales.

     

  • A media noche: si se despierta, dale una toma de biberón.

En general, este es un menú básico para un bebé de 6 meses de edad. No obstante, recuerda consultar siempre con el pediatra la introducción de nuevos alimentos en la dieta de tu pequeño. 

Ideas y consejos para preparar un menú para el bebé

Muchos padres y madres dudan sobre qué alimentos introducir primero en la dieta del bebé de 6 meses. Además de los cereales, es importante añadir verduras (se recomienda evitar durante el primer año las verduras de hoja verde como la acelga, la espinaca, la borraja, etc. por su alto contenido en nitratos), frutas, carne y pescado.

En el caso de las frutas, siempre será mejor introducir primero las más jugosas, como la pera o el plátano, ya que suelen gustar mucho por su sabor dulce.

Frutas como la naranja, por ejemplo, se recomienda introducirlas poco a poco porque el sabor ácido puede hacer que el bebé no quiera el puré de frutas.

En cuanto a las hortalizas, a la carne y al pescado, la patata hervida y el pollo o la merluza suelen ser los alimentos que mejor aceptan a esta edad. Prueba con ellos en primer lugar.

Nuestra recomendación es que, además, plantees la hora de la comida como un juego con la cuchara. Así comerá mucho mejor que si lo obligas. 

Usar la cuchara e introducir sólidos a los 6 meses

A la hora de introducir la cuchara en la alimentación del bebé, siempre recomendamos que esta sea de silicona y no de metal porque son mucho más suaves y flexibles.

Además, las cucharas de silicona se asemejan a la boquilla del biberón, por lo que le resultará familiar y abrirá la boca más fácilmente para comer.

Tampoco dañan la dentición del bebé por posibles golpes, algo que puede suceder con las cucharas de metal.

Para que la hora de la comida sea mucho más sencilla, prueba a darle una cuchara a tu bebé mientras tú usas otra para darle de comer.

Si tienes dudas sobre el menú del bebé…

Si tienes dudas sobre el menú del bebé, acerca de qué dar de comer a un bebé de 6 meses o crees que algo no va bien, consúltalo con el pediatra para que pueda ayudarte.

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Advertencia importante: la lactancia materna proporciona la mejor nutrición a los bebés. El pediatra es el que mejor te puede asesorar sobe el cuidado y la alimentación de tu hijo, y sobre los alimentos que debes añadir a la dieta conforme va creciendo.

Источник: https://www.enfamil.es/blogs/alimentando-a-mi-bebe/que-dar-de-comer-a-un-bebe-de-6-meses

Embarazo y niños
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