¿Dejar llorar al bebé o no?

¿Por qué no debes dejar que tu bebé llore a la hora de dormir?

¿Dejar llorar al bebé o no?

Muchos padres enseñan a sus bebés a conciliar el sueño dejando que lloren hasta que se quedan dormidos por el cansancio. De hecho, hay pediatras que recomiendan esta estrategia para templar el carácter de los niños y enseñarles a obedecer a los adultos.

El Método Ferber, por ejemplo, creado por un neurólogo y pediatra graduado de la Universidad de Harvard, afirma que dejar que los bebés lloren durante cinco minutos les ayuda a conciliar antes el sueño y les enseña a dormir solos.

Sin embargo, dejar que los bebés lloren para que aprendan a dormir puede ser contraproducente.

¿Cómo afecta el llanto el desarrollo infantil?

Un estudio realizado en la Johns Hopkins University en conjunto con otras universidades evaluó el nivel de cortisol, la hormona del estrés, en los bebés y sus madres, quienes les dejaban llorar hasta que se durmieran. Los resultados mostraron que durante el primer y segundo día de llanto incontrolable, tanto los bebés como sus madres registraron niveles elevados de cortisol.

Sin embargo, al tercer día, cuando los bebés dejaban de llorar, los niveles de cortisol en las madres disminuían ya que no escuchaban a sus hijos llorando. Lo curioso es que, aunque los bebés apenas lloraban, seguían teniendo niveles elevados de cortisol, es decir, que aunque parecían tranquilos en sus cunas, en realidad seguían sintiéndose muy estresados.

Otros estudios han demostrado los efectos negativos del estrés en el desarrollo infantil. Se ha encontrado que cuando los bebés se estresan mucho, los niveles de cortisol se disparan y afectan la actividad de las neuronas. Como consecuencia, también podrían afectarse algunas funciones del desarrollo neurológico infantil.

De hecho, investigaciones realizadas en el campo de la neurociencia afirman que dejar que los bebés lloren hasta que el cansancio les venza no solo puede provocarles alteraciones en el sueño sino que también puede afectar su capacidad para relacionarse con quienes les rodean y aumenta las probabilidades de que sufran síntomas ansiosos y depresivos en el futuro.

No debemos olvidar que el llanto de los bebés es su principal fuente de comunicación con los adultos, la forma a través de la cual expresan sus sentimientos y necesidades.

Por eso, cuando los padres pasan por alto el llanto de sus hijos, laceran su confianza y fomentan una visión hostil del mundo, así como una profunda sensación de indefensión, miedo e inseguridad.

No debemos olvidar que el primer año de vida es un período crítico para la formación de la confianza y la seguridad del niño en el mundo.

1. Tiene más probabilidades de estresarse

Una investigación realizada por expertos de la Universidad de Notre Dame analizó la atención que recibieron unos 600 niños durante sus primeros meses de vida, así como el desarrollo de su capacidad para gestionar el estrés.

Los resultados mostraron que los niños cuyos padres les atendían y consolaban cada vez que lloraban, solían contar con mejores herramientas de afrontamiento al estrés, en comparación con los pequeños cuyos progenitores les dejaban llorar desconsoladamente.

Esto se debe a que cuando los niños lloran hasta el agotamiento sus cerebros liberan adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés, lo que hace que se sientan más irritables e incómodos de lo normal.

2. Su desarrollo cerebral se afecta

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Yale, en Estados Unidos, halló que cuando los niños se exponen a un estrés mantenido, como el que les genera llorar desconsoladamente, se producen cambios en la estructura bioquímica del cerebro, sobre todo en los neurotransmisores.

Los niveles elevados y mantenidos de adrenalina y cortisol pueden pasarle factura a las conexiones entre las neuronas, limitando el desarrollo de determinadas regiones cerebrales.

De hecho, se ha demostrado que estar sometido a un estrés mantenido puede provocar la muerte de algunas neuronas.

3. Tiene un riesgo mayor de sufrir TDAH

¿Sabías que dejar llorar a tu bebé puede aumentar el riesgo de que desarrolle TDAH? Así lo ha comprobado un estudio realizado por investigadores de la University of Hertfordshire en el que se correlacionó la atención que los niños recibían durante sus primeros meses de vida y sus probabilidades de desarrollar TDAH. Los investigadores encontraron que los niños a los que sus padres les dejaban llorar mucho durante los primeros meses de vida tenían un riesgo hasta 10 veces mayor de desarrollar TDAH.

4. Le cuesta más regular sus emociones

Neurocientíficos de la Universidad de Pensilvania encontraron que los niños cuyos progenitores les dejan llorar hasta el cansancio, presentan problemas para regular sus emociones, a la vez que son más difíciles de calmar.

Los expertos explicaron que esto se debe a que el estrés al que están sometidos estos pequeños provoca una sobreestimulación de algunas regiones cerebrales, sobre todo las relacionadas con el análisis y la regulación emocional.

De esta manera, los niños desarrollan un sistema nervioso hiperactivo, que produce una gran cantidad de adrenalina, lo que les lleva a reaccionar de forma extrema ante los estímulos del medio.

5. Puede convertirse en una persona ansiosa e insegura

Los científicos han demostrado que los genes que controlan la ansiedad se suelen activar durante los primeros meses de vida.

Por tanto, el hecho de que los bebés estén angustiados, estresados y que lloren desconsoladamente puede convertirse en un detonador para que estos genes se activen y se empiecen a desarrollar los rasgos ansiosos que les acompañarán durante el resto de la vida. Asimismo, dejar que los niños lloren hasta el agotamiento puede hacer que se conviertan en personas demandantes, dependientes e inseguras.

Como colofón, ten en cuenta que la atención y el cariño no malcrían a los niños sino todo lo contrario, contribuyen a desarrollar un apego seguro, haciendo que se sientan más protegidos. Por tanto, cuando tus hijos lloren, acude a su encuentro, intenta averiguar qué les sucede y, sobre todo, tómalos en brazos para que consolarles.

3 consejos para dormir a tu bebé sin dejar que llore

  1. Crea un entorno seguro. Un ambiente seguro no solo ayudará a que tu bebé concilie más rápido el sueño sino que contribuirá a que descanse mejor. Para conseguirlo puedes poner en práctica diferentes estrategias, como colocar su cama contra la pared para que se sienta más tranquilo, dejar una luz tenue encendida o poner una música relajante de fondo.
  2. Aliméntalo antes de ir a la cama. Uno de los motivos más frecuentes por el que los bebés no concilian el sueño es el hambre. Por eso, antes de acostar a tu bebé debes asegurarte de que está saciado. Cerciórate además de que haya expulsado todos los gases ya que estos pueden ser molestos y le impedirán conciliar el sueño.
  3. Tómalo en brazos siempre que sea necesario. No existe ningún lugar en el mundo en el que tu bebé se sienta más seguro que en tus brazos. Así que, si quieres que concilie pronto el sueño, tómalo en brazos y acúnalo hasta que sus párpados se empiecen a cerrar. Colócalo luego en su cuna y, si se despierta, no dudes en volverlo a mimarlo.

Источник: https://www.etapainfantil.com/no-dejar-bebe-llore-hora-dormir

¿Es bueno o malo dejar llorar al bebé?

¿Dejar llorar al bebé o no?

Hambre, frío, necesidad de contacto o incluso algún malestar son algunos de los motivos por los cuales el bebé llora. Con esta acción, nos queda claro que el niño está comunicando sus intenciones, pero entonces, ¿es bueno o malo dejar llorar al bebé?

Este cuestionamiento resulta controvertido, pues ambas posturas conviven: la que afirma que es algo absolutamente negativo, como la de otros especialistas que exponen que, por el contrario, el bebé puede ir aprendiendo sobre la espera y el control de su comportamiento.

Para no dejar ninguna de las posturas por fuera del debate, quisimos que veas las dos caras de la moneda y cuáles son los pros y contras sobre dejar o no llorar al bebé.

Como adelantamos previamente, existen dos posturas sobre este tema. Por una parte, se afirma que dejar llorar al bebé por un tiempo prolongado puede desencadenar en una situación de estrés tan elevada en el pequeño que podría conducirlo a padecer problemas neurológicos.

Por otro lado, un grupo diferente de pediatras afirma que no existen estudios que certifiquen realmente que el llanto prolongado afecte de alguna forma al bebé. De hecho, creen que dejarlos llorar les permite abrirse al mundo, ser más independientes y aprender a ser pacientes.

Por supuesto, esta acepción tiene en consideración el hecho de que el niño no llore por una necesidad, sino más bien por capricho.

Para ilustrar mejor las dos posturas, a continuación desglosaremos los aparentes beneficios y las contraindicaciones sobre qué hacer frente al llanto del bebé.

El lado negativo

Sobre el método de dejar llorar al bebé, hay muchas posturas negativas. Aunque no existen estudios concretos que realmente puedan demostrar que el niño puede sufrir un daño, la verdad es que varios factores van a incidir para poder afirmar taxativamente que esta acción es negativa.

Se parte de la idea de que no es lo mismo que un niño recién nacido o menor a seis meses llore de forma prolongada a que un niño de dos años llore por capricho. La edad y el por qué del llanto serán, en parte, el factor decisivo para realizar juicios de valor con respecto a este tema.

Específicamente, los argumentos en contra de dejar llorar a un bebé señalan que el pequeño puede sufrir los siguientes daños:

  • El niño puede tornarse menos inteligente.
  • Puede volverse nervioso o sufrir de ansiedad.
  • Pueden tener problemas para vincularse con otras personas.
  • Puede convertirse en un niño inseguro.
  • En el campo de la medicina psicosomática, se afirma que el niño puede sufrir problemas psicológicos.
  • El niño puede sentirse abandonado y arraigar ese sentimiento en su mente.
  • Los niños que lloran y no son atendidos pueden desarrollar apego evitativo.

Finalmente, un último argumento expone que, al contrario de lo que muchos piensan, si el niño es atendido pronto, su llanto va a parar; si se le deja llorar, el pequeño va a intensificar más sus gritos y frustración.

“La edad y el por qué del llanto serán, en parte, el factor decisivo para realizar juicios de valor con respecto a este tema”

Posturas neutras

Debemos comenzar este apartado exponiendo que los especialistas que toman una postura neutra no ven mayor problema con el hecho de que los padres dejen llorar al bebé en ausencias cortas, por ejemplo si tuvieron que ir al baño o si están preparando el biberón.

Esto no significa que estén a favor de que un niño llore por tiempo prolongado o por ser desatendido intencionalmente. Su postura está más bien ligada al apego a la ciencia y creen que no hay pruebas contundentes que sirvan de argumento válido para llegar a conclusiones definitivas.

Por otra parte, sostienen que el no complacer de inmediato una actitud caprichosa del pequeño los tornará más pacientesytolerantes en la convivencia y comunicación con sus padres. A estas ventajas, también se le suman:

  • Si se atiende de inmediato un llanto caprichoso, el niño va a manipular a sus padres.
  • A los niños mayores de seis meses que no tengan ningún dolor, hambre o sueño, se les puede permitir llorar unos instantes.
  • Cualquier niño puede llorar, pero esa situación nunca debe exceder los cinco minutos de duración.

Para concluir, es importante aclarar que cada situación de llanto es particular. No es lo mismo que el bebé llore porque no le guste la sillita del coche y no lo podamos ubicar allí a que llore por hambre o porque necesite un cambio de pañal y no sea atendido. En todo caso, siempre debe privar el sentido común, la paciencia y el amor hacia el pequeño.

Te podría interesar…

Источник: https://eresmama.com/es-bueno-o-malo-dejar-llorar-al-bebe/

Dejar llorar o no: el falso debate sobre cómo dormir a los niños

¿Dejar llorar al bebé o no?

«Si lo quieres dejar llorar y hacerle eso a tu hijo, tú verás» [sic]. Amenazas veladas como ésta se han convertido en algo relativamente habitual cuando se inicia una discusión sobre la forma de dormir a los bebés.

Por un lado, están los que aseguran que dejar llorar a los niños es una tortura innecesaria que les dejará «secuelas» psicológicas. Por otro, los que creen que los niños que practican colecho serán «más dependientes de los padres».

 Sin embargo, la realidad es que apenas hay evidencias científicas que sostengan ninguna de estas afirmaciones, que no hacen sino confundir a los padres y generarles sentimientos de culpa.

Mujeres juzgadas por dar biberón: «Hay algunos que te insinúan que si no das el pecho eres mala madre»

La frase que abre este artículo es una afirmación del pediatra Carlos González, uno de los principales representantes en España de la crianza con apego, junto a la psicóloga Rosa Jové.

En el otro extremo de la balanza se sitúa el especialista en medicina del sueño Eduard Estivill, defensor de un método conductual que lleva su nombre.

Los tres son autores de grandes superventas sobre el sueño infantil y bajo su paraguas se han creado legiones que defienden con saña sus dogmas y se apresuran a realizar juicios sumarios a quien no comulgue con la doctrina oficial.

La también escritora Carolina del Olmo se refiere a esta situación en su libro ¿Dónde está mi tribu?, en el que asegura que «la intervención de los expertos tiende a polarizar los debates en el campo de la crianza, exagerando discrepancias y fomentando un tipo de argumentación basada en dogmas inamovibles». El resultado, dos extremos que han terminado transformando el debate en una burda caricatura de la realidad y que cada vez está más alejado de la vida diaria de la mayoría de los padres.

Ningún método es perjudicial a largo plazo

Una de las principales preocupaciones de los cuidadores a la hora de abordar el sueño de los niños se centra en los efectos dañinos que pueden tener, tanto a corto, como a largo plazo, los métodos conductuales basados en dejar llorar al bebé, cuyos opositores consideran que es prácticamente una forma de maltrato.

El método Estivill, basado en lo que se conoce como método de extinción gradual, es uno de los muchos métodos conductuales desarrollados para que los bebés aprendan a dormir solos. Uno de los principios más controvertidos de esta técnica es que parte de la idea de que si los niños necesitan un adulto para conciliar el sueño es porque tienen insomnio por hábitos incorrectos.

Para resolver este supuesto problema se deja solo al bebé durante periodos cortos de tiempo, atendiendo su llanto cada cierto número de minutos.

Algunas críticas se han centrado en que dejar llorar al niño puede causarle problemas, ya que el estrés que sufre el bebé al verse desatendido podría elevar los niveles de la hormona cortisol, lo que podría tener efectos perjudiciales a largo plazo.

Sin embargo, uno de los estudios más recientes sobre esta cuestión, publicado el pasado año en la revista de la Asociación Americana de Pediatría, y en el que se tomaron medidas de cortisol en la saliva de los bebés, concluyó que los métodos de extinción gradual no solo «proporcionan beneficios de sueño significativos», sino que «no producen respuestas de estrés adversas, ni efectos a largo plazo en las emociones, ni en el comportamiento del niño».

No es el único estudio que ha llegado a esta conclusión. Según ha explicado a eldiario.

es la investigadora de la Universidad de Miami, Tiffany Field, «las preocupaciones sobre los efectos a largo plazo de los métodos que se utilizan para dormir son exageradas».

Field ha sido la autora de una reciente revisión de la bibliografía científica sobre los distintos métodos que se utilizan en la actualidad y concluye que «no se ha observado ningún efecto adverso a largo plazo» para ninguno de ellos.

Que sea eficaz no quiere decir que sea aceptable

Sin embargo, el hecho de que este tipo de métodos sean seguros e incluso eficaces a la hora de conseguir que un bebé duerma casi toda la noche, no quiere decir que su aplicación sea necesariamente aceptable.

Las evidencias disponibles muestran que los bebés de menos de un año no tienen capacidad para entender que sus cuidadores siguen existiendo aunque no estén a la vista, con lo que el hecho de que desaparezcan les causa angustia y, aunque esto no afecte a su desarrollo, está claro que va en contra de las recomendaciones generales de atender las necesidades emocionales del niño.

Ahí es donde se apoyan los críticos que, como González, consideran que es un error negar a los bebés la presencia de sus padres cuando la necesitan y que niegan la hipótesis inicial de Estivill sobre los supuestos problemas de insomnio de los niños. En esencia, lo que plantean es que es «natural» que los niños no sean capaces de dormir toda la noche hasta pasados los 4 años y, por tanto, hay que asumir que la calidad del sueño va a empeorar cuando se tienen hijos.

Sin embargo, es importante señalar que, independientemente de si se considera algo «natural» o no, la falta de sueño puede llegar a plantear problemas serios tanto a los propios bebés, como al resto de los habitantes de la casa, ya sean los propios padres u otros hermanos o familiares. Según la Asociación Americana de Pediatría, no dormir lo suficiente cada noche se asocia con un aumento de las lesiones, la hipertensión, la obesidad y la depresión.

Cuando no dormir no es una opción

El asumir que tener hijos implica sí o sí una pérdida importante en la calidad del sueño y que las alternativas conductuales son poco menos que una forma de maltrato es una de las críticas que se le hacen a los partidarios más extremistas de la crianza con apego, ya que obvian la realidad social en la que viven muchas familias, que no disponen de tiempo, ni de recursos, como para ajustarse a la doctrina oficial.

La necesidad de tener dos salarios, las exiguas bajas de maternidad y paternidad o tener jornadas laborales largas son circunstancias que «apenas se toman en consideración cuando se discute de estos temas, ni siquiera cuando entran en contradicción manifiesta con las prescripciones de los expertos», explica del Olmo.

Al final, aunque los estudios científicos nos ayuden a ir estableciendo unos mínimos, no hay que perder de vista que las diferentes opciones de crianza tienen un marcado carácter ideológico y no se pueden identificar como correctas o incorrectas en base a los datos disponibles, dado el enorme número de factores que intervienen.

Queda en manos de los padres valorar las circunstancias que rodean al bebé y a la familia para decidir qué tipo de crianza se ajusta más a su forma de ver la vida y a sus posibilidades, una cuestión que no es tan fácil de responder como parecen afirmar algunos expertos. Como dice del Olmo, «puede haber un millón de datos relevantes, pero ninguno por si solo, ni todos ellos reunidos, pueden sustituir a la decisión de qué vas a hacer cuando tu bebé llora con sueño».

Existen otros métodos conductuales para los padres a los que no les parece aceptable la extinción gradual. El bedtime fading consiste en dejar solo al bebé de forma progresiva.

Los cuidadores deben colocarse cada día un poco más lejos de la cuna cuando el bebé se va a dormir.

También están los despertares programados, que se basa en evitar el despertar espontáneo del bebé, despertándole entre 15 y 30 minutos antes de la hora a la que se suele despertar solo. Luego se le ayuda a dormirse de nuevo.

Источник: https://www.eldiario.es/nidos/crianza-con-apego-metodo-estivill-ciencia_1_3042172.html

Por qué NO debes dejar llorar a tu bebé

¿Dejar llorar al bebé o no?

Desde que nuestro bebé nace podemos comunicarnos con él a través del tacto, las miradas, los sonidos, a través de estos canales transmitimos al recién nacido que su mamá está ahí para protegerle y cuidarle.

Otras de las, que los bebés emplean, es a través del llanto.

Es importante entender el llanto como el sistema de supervivencia del bebé, ya que a través de éste nos informa de sus necesidades físicas y emocionales: tengo hambre, tengo frío, me siento solo, tengo dolor.

Es cierto, que en ocasiones este llanto intenso puede sobrepasarnos, porque hagamos lo que hagamos no se calma. Por tanto, vamos a entender el llanto como el lenguaje del bebé a través del cual intenta transmitirnos que necesita de nuestros cuidados.

Es importante que tengamos en cuenta que cómo nosotros reaccionamos al llanto y a las necesidades que el bebé tiene va a influir en su posterior desarrollo.

Si nosotros reaccionamos con ansiedad ante este llanto y nos desesperamos porque ya no sabemos que más hacer, el niño no conseguirá calmarse tampoco, ya que nosotros somos sus reguladores principales.

Una de las principales dudas que suelo encontrarme es, “¿Qué hago cuando llora? ¿Voy siempre a cogerle? He oído en ocasiones que si siempre le cojo le estoy malcriando” La respuesta ante estas preguntas es rotundamente sí. Por supuesto, que cada vez que nuestro bebé llore tenemos que acudir a él y dar una respuesta.

Cómo comenté anteriormente a través del llanto nos está informando de sus necesidades, por lo que si respondemos de una manera intermitente no estaremos dotando a nuestro hijo de la seguridad que necesita y la ausencia de actos le llevará a entender que sus necesidades no son importantes.

Nuestros hijos nos necesitan, dependen de nosotros y somos nosotros los encargados de gestionar su malestar físico y emocional.

Es por ello que dejarle llorar para que se calme él sólo no es una buena idea, ya que no tienen la capacidad de autorregularse, si no de co-regularse a través del contacto con sus figuras principales, lo único que conseguiremos de esta forma será un sentimiento de abandono en el pequeño.

Es decir, somos los adultos los encargados de calmar al bebé. Es importante tener en cuenta que coger al bebé en brazos y mantener un contacto físico es una de las conductas principales a través de la cual se forma el vínculo y la seguridad entre el niño y los progenitores.

Cada vez que nuestro bebé llore tenemos que acudir a él y dar una respuesta

Imaginad que llegáis muy nerviosos a casa por algo que os ha ocurrido, en este momento es complicado que os calméis solos, por lo que acudís a vuestra pareja, madre o amigo para contarles aquello que os ha pasado.

Vosotros buscáis una respuesta de consuelo, de tranquilidad y de calma, pero por el contrario la otra persona reacciona diciendo que será mejor que os calméis solos y que ya después habláis.

¿Qué ocurrirá? No sólo no podréis calmaros sino que además el malestar aumentará por no haber sido atendidos.

Esta situación es semejante a cuándo dejamos a nuestro bebé en la cuna llorar y llorar hasta que para él solo por el cansancio generado, pensando que esto es beneficioso para él y le hará más autónomo en el día de mañana.

En consulta, también me encuentro con esta situación en la que los papás me cuentan que mandan a su hijo a la habitación a que se calme y que hasta que no lo haga no podrá salir a cenar. Seguro que más de uno lo ha intentado poner en marcha y ¿os ha resultado eficaz? Seguramente vuestra respuesta es no.

Si esta situación se alarga en el tiempo, lo que ocurrirá es que nos encontraremos ante un trauma temprano relacional. Dónde las necesidades del bebé no se han visto atendidas, apareciendo un sentimiento de abandono profundo, inseguridad, sentimiento de poca valía y una autoestima sumamente daña.

¿Qué ocurre internamente en el bebé cuando llora?

En nuestro cerebro tenemos un sensor sumamente potente, conocido como amígdala, la cuál será la alarma interna que nos avise de que hay una amenaza externa o interna. Cuando nuestra alarma se activa nuestro cuerpo se va a preparar para hacer frente a esa amenaza, es decir, el bebé se prepara para dar una respuesta de lucha o huida.

En este momento todos sus sistemas de alarma se activan y se encontrará en un modo hiperactivado.

Nuestra función es devolverle a un estado de calma y tranquilidad, ya que si estas necesidades no son cubiertas puede surgir una hiperexcitación en el niño desarrollando trastornos de tipo emocional: ansiedad, depresión, generando además una gran cantidad de estrés en el niño con consecuencias negativas para su desarrollo neurológico.

Por el contrario, también puede aparecer un estado de hipoactivación en el niño, dándose una ausencia relativa de sensaciones, congelación de las emociones o reducción de los movimientos físicos.

En este caso, parecerá que nuestro bebé se ha calmado, pero la realidad es otra. Lo que ocurre es lo siguiente: El bebé llorar activando así el sistema de apego, pero al no ser atendido, pasará al sistema de defensa.

Muchos creen que no acudir a coger al niño es correcto para fomentar la autonomía del bebé y futuro adulto. Desde siempre nos han enseñado que debemos ser seres autónomos y no depender de nadie, pero esto no es del todo beneficioso.

¿Por qué es necesaria una dependencia sana?

En primer lugar, las personas somos seres sociales, por lo que necesitamos del contacto con los demás y esto es decir que somos los seres más dependientes del planeta. Necesitamos sentirnos queridos, vistos, reconocidos. Esto formará poco a poco la autoestima del niño, y esto sólo podemos tenerlo a través de los otros.

Ser una persona totalmente dependiente, es un problema y estaríamos ante una patología. Por ello es importante que entendamos que lo que hacemos no es pasar de la dependencia de la niñez a la independencia de la adultez, sino que la forma de dependencia cambia.

En la niñez sólo una de las partes, el cuidador, es la que provee y cubre las necesidades, nos encontraríamos ante la dependencia vertical. Por el contrario, una vez que somos adultos nuestro objetivo es alcanzar la dependencia horizontal, donde ambas partes proveen y reciben.

Es por ello, que el educar a los niños en la autonomía absoluta no es beneficioso ni saludable emocionalmente para ese niño y futuro adulto.

¿Cuáles son las consecuencias de atender el llanto de nuestro bebé?

  • Le estamos enseñando que sus necesidades y emociones son reconocidas, importantes y atendidas.
  • Estaremos estableciendo un vínculo y apego seguro y de confianza con nuestro bebé, siendo este la base principal en su futuro desarrollo y en sus futuras relaciones.
  • Aprenderá la importancia que tiene expresarnos que no se siente bien y además siente la confianza de que nosotros vamos a escucharle y podemos ayudarle.
  • Aprenderá que es aceptado completamente y no sólo cuándo nos complace.
  • Aprenderá que sus estados de ánimo no nos molestan y que son aceptados.
  • Desde el nacimiento estaremos estableciendo las bases de su desarrollo. Si nosotros no hemos sintonizado con nuestro bebé, será difícil que este en la adolescencia confié en nosotros.

Es importante tener en cuenta que no debemos ignorar a un niño cuando llora, porque nos está hablando, igual que no ignoraríamos a un adulto cuándo nos está contando un problema que ha tenido. Tenemos que protegerle y cuidarle.

Recuerda las primeras interacciones con el pequeña van a ser determinantes en su desarrollo y en la futura relación que tengamos con ellos y en las futuras relaciones del pequeño.

Lidia García Asensi
Psicoterapeuta
MásQuePsicología

ConsejosSalud InfantilBebé (0-2 años) Llorar

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/salud-infantil/no-dejar-llorar/

Por qué no hay que dejar llorar a un bebé – Estación bambalina

¿Dejar llorar al bebé o no?

Me comentaba ayer mi hermana que el otro día, en una reunión de ocho amigos (ninguno de ellos con hijos), hablaron de lo poco que importa dejar llorar a los bebés. Ella era la única que pensaba que no era bueno, los demás lo tenían claro.

A veces, simplemente por creencia popular, uno piensa que no es malo dejar llorar a un bebé, pero no es así.

No voy a entrar en detalles ni voy a enrollarme. No voy a hacer apología de la lactancia, ni del porteo, ni del colecho. Lo que quiero es escribir una reflexión para dejar la puerta abierta a una segunda opinión o, por encima del caiga quien caiga.

Es perjudicial dejar llorar a un bebé

No hay ningún estudio que demuestre que es bueno dejar llorar a un bebé. Es más, los últimos avances de neurociencia afirman que es perjudicial para su desarrollo psicológico.

Sé que es común pensar que los niños que pasan mucho tiempo con su mamá o que están todo el tiempo en brazos se vuelven más ñoños y dependientes. Es una creencia muy extendida, al igual que pensar que los niños «nos torean» para conseguir lo que quieren y que si les damos la mano nos cogen el brazo, y que por eso no podemos ceder.

Pero al margen de las evidencias científicas ¿alguna vez os habéis parado a pensar en lo indefenso que es un bebé? Meditadlo un segundo. Al menos hasta que aprenden a desplazarse, dependen de nosotros para alimentarse, para moverse y para sentirse protegidos y seguros. Nos necesitan.

Los adultos que tienen problemas psicológicos y carencias afectivas nunca se quejan de que sus padres les hubieran malcriado por cogerles demasiado en brazos, o besarles, abrazarles, escucharles y atenderles afectivamente, sino más bien todo lo contrario, conviven con una especie de frustración interna.

El vínculo emocional que el bebé establece con sus cuidadores será uno de los pilares básicos en el desarrollo de su personalidad. Si sus necesidades son atendidas, se sentirá seguro. Si su llanto es desoído, el estrés le provocará miedo e inseguridad.

Eso de que no pasa nada si lloran y que además se terminan durmiendo «de puro agotamiento» es absolutamente desastroso para su desarrollo.

Y si finalmente se quedan dormidos es simplemente porque, el estrés que sufren es tan grande, que su propio organismo lo utiliza como método de defensa. ¡¡Es terrible!!

Ellos no entienden por qué se desatienden sus necesidades, no tienen capacidad para gestionarlo y eso les produce una ansiedad brutal. Si con el tiempo terminan dejando de llorar es por pura resignación. Asumen que su cuidador no va a atenderles si lo necesitan. ¿No os parece horrible? A mí se me parte el alma…

Imaginaos que, por ejemplo, cualquier día os sentís tristes y necesitáis un abrazo pero vuestra pareja os dice «Uy no, que si te abrazo te vas a acostumbrar. Mejor gestiónalo tú solo o sola». Y así un día tras otro.

¿Cómo os sentirías? ¿Eso reforzaría la relación o haría que os sintiérais defraudados? Pues además los bebés son pura emoción y no tienen capacidad para gestionarlo, con lo que figuraos el terrible desengaño y la sensación de abandono que les produce.

¿Qué es eso de que «se van a malacostumbrar»? A qué, ¿a los besos? ¿a los abrazos? ¿a sentirse seguros y queridos? Pues entonces, según esa regla de tres, ¿¿no se acostumbrarán siempre a llorar también??

Además, ¿sabéis el placer que supone resguardar a un bebé entre tus brazos, acariciarlo, darle cobijo y hacerle sentir seguro?

Si no cogemos a nuestros niños en brazos, sino que les domesticamos para que sean independientes (algo totalmente contradictorio), tendrán siempre esa carencia y se frustrarán o se sentirán defraudados y enfadados en el futuro. Sí, siempre. Muchas de las experiencias de la infancia se arrastran en el subconsciente durante toda la vida.

Creedme si os digo que los niños que menos caricias, brazos y atención de la que piden reciben son menos seguros de sí mismos y más dependientes. Resignados, vale, pero en el fondo con un sentimiento muy profundo de rabia y desilusión. Van a estar buscando siempre lo que no han recibido.

Otra cosa es que pensemos antes en nuestras necesidades de adultos que en las suyas.

¿Sabíais que hasta los dos o tres años los niños solo tienen desarrollado su cerebro emocional? ¿Por qué nos empeñamos en razonarles motivos si todavía no han llegado a esa fase? Tenemos la mala costumbre de no escucharles ni de pararnos a entender la etapa en la que se encuentran, sino buscar nuestra mayor comodidad y su sometimiento.

Falsos mitos

Creo que muchas personas piensan que si les «consentimos» todo a nuestros pequeños, después nos exigirán siempre y terminaremos «dominados». Bueno, hay que matizar esto.

En primer lugar, cuando son muy pequeños, todo lo que piden es porque lo necesitan. Que les cojamos en brazos, que no les dejemos solos, tirar cinco mil veces un juguete al suelo… Tenemos que entender que no lo hacen con maldad, sino que están experimentando y jugando para aprender.

Me encantan las soluciones que nos propone Yolanda González en su libro «Amar sin miedo a malcriar». Lo que podemos hacer es, con mucho ingenio, intentar distraer su atención con otra cosa para que no se hagan daño o no alcancen algo que no quermos que cojan. Ése es el truco.

En lugar de decirles que no, desviar su atención hacia otra cosa y así todos contentos.

Según vayan creciendo, y si tienen satisfechas las necesidades propias de su etapa evolutiva, dejarán de pedir que les llevemos en brazos o que durmamos a su lado ¿o acaso pensáis que querrán dormir toda la vida con nosotros? ¿seguro? ¿cuando tengan dieciséis años también? Cuanto menos cubiertas tengan esas necesidades, más se alargará cada etapa.

En segundo lugar, cuando ya son más mayores, está claro que no podemos o no queremos darles siempre todo lo que piden, bien porque sea peligroso, porque no se pueda o por lo que sea. Aquí la clave es llegar a acuerdos con ellos; tienen que ceder pero nosotros también.

La negociación es todo un arte que debemos desarrollar. A nadie le gusta que le impongan las cosas «porque sí», «porque lo digo yo y punto». Eso es una dictadura.

Lo que hay que hacer es, siempre desde el respeto y la empatía (porque también tienen derecho a enfadarse ¿no?), procurar encontrar la forma más adecuada de solucionar problemas sin tener que entrar en conflictos.

Los niños a los que se suele tachar de «mimados» no son aquéllos que han recibido muchos mimos, sino justamente al revés. Esos niños que no reciben suficiente atención intentan suplirla con cosas materiales y por eso piden muchas veces que les compremos algo.

Intentan encontrar en lo material las carencias emocionales.

O cuando se dice que se quejan constantemente «para llamar la atención» lo que nos están diciendo en realidad es que no hemos cubierto sus necesidades afectivas y esa etapa se les ha quedado a medias, insatisfecha, y por tanto van a arrastrarlo después. Es una pena.

El problema que yo le veo es que, además de todas estas creencias infundadas, existe mucha información que se divulga con fines comerciales para vender más papillas, o más libros, o más chupetes, o más biberones sin tener en cuenta nada más que sus propios beneficios y olvidando a esos bebés indefensos y la angustia que supone para sus papás verles sufrir pensando que están haciendo lo correcto.

Desde aquí os invito a que reflexionéis un poco todo esto y a que le déis una oportunidad a la dulzura y el apego hacia nuestros bebés y niños. Es imposible malcriar a un bebé por exceso de cariño.

¿O qué pensáis vosotros? ¡Me interesa mucho conocer vuestra opinión!

Источник: https://estacionbambalina.com/por-que-no-hay-que-dejar-llorar-a-un-bebe/

Embarazo y niños
Deja una respuesta

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!: