Dolor de episiotomía

Contents
  1. Cómo la episiotomía cambió mi vida
  2. Qué es la episotomía
  3. Consecuencias de la episiotomía
  4. La solución a todos mis males
  5. Me regaló una nueva vida
  6. Autor/a
  7. Dolor de episiotomía
  8. Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo
  9. Cuidados locales de la episiotomía
  10. Consejos para un mejor tratamiento de la herida
  11. ¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?
  12. ¿Cuándo acudir al médico?
  13. Cómo la episiotomía cambió mi vida
  14. Qué es la episotomía
  15. Consecuencias de la episiotomía
  16. La solución a todos mis males
  17. Me regaló una nueva vida
  18. Autor/a
  19. Dolor de episiotomía
  20. Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo
  21. Cuidados locales de la episiotomía
  22. Consejos para un mejor tratamiento de la herida
  23. ¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?
  24. ¿Cuándo acudir al médico?
  25. Cómo la episiotomía cambió mi vida
  26. Qué es la episotomía
  27. Consecuencias de la episiotomía
  28. La solución a todos mis males
  29. Me regaló una nueva vida
  30. Autor/a
  31. Dolor de episiotomía
  32. ¿En qué consiste una episiotomía?
  33. Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo
  34. Cuidados locales de la episiotomía
  35. Consejos para un mejor tratamiento de la herida
  36. ¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?
  37. ¿Cuándo acudir al médico?
  38. Cómo la episiotomía cambió mi vida
  39. Qué es la episotomía
  40. Consecuencias de la episiotomía
  41. La solución a todos mis males
  42. Me regaló una nueva vida
  43. Autor/a
  44. Dolor de episiotomía
  45. ¿En qué consiste una episiotomía?
  46. Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo
  47. Cuidados locales de la episiotomía
  48. Consejos para un mejor tratamiento de la herida
  49. ¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?
  50. ¿Cuándo acudir al médico?
  51. Источник: https://atempocare.com/la-cicatriz-de-episiotomia-o-desgarro/

Cómo la episiotomía cambió mi vida

Dolor de episiotomía
Dolor de episiotomía

Hoy escribo, probablemente, uno de los posts más personales y más difíciles, para mí. Hace tiempo que quería escribir sobre mi experiencia con la episiotomía, pero hay heridas que hay que cicatrizar bien antes de sentarse a escribir sobre ellas.

Mi primer parto fue para mí, por muchos motivos, traumático. Tal vez algún día me atreva a escribir sobre él, pero esa es una herida emocional que aún no he cerrado del todo.

La cuestión es que durante ese primer parto me practicaron una episiotomía.

Qué es la episotomía

La episiotomía es una incisión quirúrgica que se realiza en la vulva, justo en la entrada de la vagina, durante el parto para facilitar la salida del bebé.

Vaya por delante que no soy ninguna experta en obstetricia ni tengo formación sanitaria. Solo soy una mujer que ha tenido dos hijos y a la que, en su primer parto, le cortaron la vagina. Ya sé que dicho así suena un poco gore, pero igual llamar a las cosas por su nombre y dejar a un lado los tecnicismos ayuda a crear conciencia.

A pesar de no ser una profesional del tema en cuestión, he tratado de documentarme para escribir este post y he llegado a varias conclusiones:

  1. La episiotomía se empieza a usar de manera sistemática en prácticamente todos los partos en un momento de la historia en que el parto se medicaliza y se abusa de la instrumentalización.
  2. A día de hoy, la ciencia parece haber demostrado que la episiotomía es perjudicial y conlleva grandes riesgos para la salud de la mujer. En palabras de Mardsen Wagner, Ex Director del Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS: “La ciencia ha constatado que causa dolor, aumenta el sangrado y causa más disfunciones sexuales a largo plazo. El índice de episiotomías del 89% en España constituye un escándalo y una tragedia” (1999). Han pasado casi 20 años y el porcentaje, según las estadísticas, parece arrojar datos que apuntan a que la episiotomía se sigue practicando aproximadamente en el 40% de los casos.
  3. Por lo tanto, a pesar de las evidencias científicas, la episiotomía sigue siendo una práctica frecuente en los hospitales españoles.

También he intentado encontrar algún manual o guía oficial de la OMS o la SEGO en la que indicara en qué casos sí está indicada la episiotomía. Difícil.

Casi todos los documentos que he encontrado se limitan a decir que hay que reducir el número de episiotomías y que no se deben practicar de manera rutinaria.

Las únicas supuestas ventajas de la episiotomía son evitar que la mujer se desgarre sola y facilitar la salida del bebé.

Se me antoja absurdo (permítanme la expresión) practicar una episiotomía para evitar un desgarro. Algo así como decir «ten cuidado que estoy viendo que te vas a caer, ya te empujo yo y acabamos antes y además, de paso, decido en qué dirección te caes».

Señores obstetras, dejen que mi cuerpo se rompa por donde necesite, si es que acaso lo necesita, y en ese caso, si la naturaleza me ha roto, cósanme. Bendita medicina que nos ayuda a sanar cuando las cosas están mal. Pero la medicina preventiva no debería ser agresiva.

Sobre todo porque esa episiotomía, no lo obvien, tiene consecuencias.

El segundo motivo que se alega es el de facilitar la salida del bebé.

Si de verdad el parto no está progresando y el bebé está sufriendo en el canal del parto, por favor, ábranme en canal si es necesario; pero en ninguno de mis dos partos he tenido la sensación de que mi vagina (elástica y flexible) fuera un problema ni dificultara la salida de mis hijos al mundo exterior. Y las cifras cantan, señores, practican ustedes más episiotomías de las «necesarias».

Ya sé que no tengo su formación sanitaria y que ustedes debieron estudiar muy a fondo en la universidad sobre el aparato genital femenino, el parto y sus posibles complicaciones.

Yo solo tengo una matriz que ha albergado a dos hijos y una vagina (cortada) que ha abierto el camino a esos hijos hacia la vida. Ya sé que dos partos no son nada con la cantidad de partos que ustedes atienden en sus carreras.

Si no quieren escucharme a mí, escuchen a sus colegas de la OMS con los datos científicos actuales y abandonen las prácticas obstétricas obsoletas.

Y entiendo que, seguramente, en la mayoría de los casos, lo hacen ustedes pensando que hacen un bien o, al menos, de los males, el menor. Tal vez, cambiaran de opinión si supieran que los males de la episiotomía no son menores. Déjenme que les cuente.

Consecuencias de la episiotomía

En enero de 2013 me sacaron a mi hija en un parto instrumentado con ventosa (si era necesaria o no es otro tema). Durante el parto me practicaron una episiotomía y sufrí una laceración vaginal.

Las consecuencias de aquel parto fueron múltiples pero de algunas de ellas (incontinencia urinaria, miedos varios…) no podría asegurar que fueran exclusivamente fruto de la episiotomía.

Lo que sí tengo claro que pasó como consecuencia de esta episiotomía fue la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

Cuando en la revisión post-parto el ginecólogo me revisó, me dijo que me habían cosido muy bien, que la cicatriz era casi imperceptible.

Le dije que sentía mucho dolor durante la exploración (al borde del llanto) y me dijo que aún era pronto, que se me iría pasando.

Así que me fui a mi casa, con mi vagina cortada y cosida, pensando que al menos me habían hecho un pespunte mono y pronto pasaría el dolor.

Pero no. Pasaban los meses y el dolor era insufrible. Es fácil imaginar que mantener relaciones sexuales con penetración era lo último que me apetecía.

Volví al ginecólogo, que se limitó a decirme que la cicatriz se veía bien y que debía relajarme.

Como si fuera una cuestión psicológica, sin entender que yo quería dejarme llevar pero el dolor era físico, real e insoportable.

Un año y medio. Se dice pronto. Un año y medio después de haber tenido a mi hija seguía todo igual. Las consecuencias de ese corte sin importancia que ustedes practican aún en casi la mitad de los partos, en mi caso, se tradujo en un dolor insoportable en la zona de la cicatriz que me impedía mantener relaciones sexuales.

Me sentía mutilada. Literalmente. Me habían robado el placer.

Traté de aceptar la situación, de asumir que yo ya no era la mujer de antes, que era una mujer distinta con una disfunción sexual. Con 35 años. Con todo el dolor emocional que eso conlleva.

Pensando que debía enterrar parte de mi sexualidad y no me quedaba otra que asumirlo. De tener más hijos, por supuesto, ni hablar.

La solución a todos mis males

Un día, dándole vueltas al tema en mi cabeza, me dio por pensar en cuántas mujeres mutiladas habría a mi alrededor sin que nadie lo supiera. No creo que todas las episiotomías acaben igual pero yo no podía ser la única. Decidí buscar en internet. Debí teclear en Google algo así como «dolor en la cicatriz de la episiotomía».

Y de repente, allí estaba ella. Una fisioterapeuta del suelo pélvico, especializada en atender a mujeres con secuelas tras los partos, entre ellas, las cicatrices de episiotomía. Sentí ganas de llorar. Miento, lloré.

¿Sería posible que algún profesional sanitario tuviera conocimiento de lo que me pasaba y no se limitara a decirme que me relajara? Tenía la consulta a escasos 30 kilómetros de mí casa.

La llamé inmediatamente y concerté una cita.

Aquel primer día hablamos mucho, casi todo el tiempo de la consulta. Lloré. Le conté. Me escuchó. Le dije que tenía mucho miedo de que me tocase. Me dijo que la primera regla de su trabajo era que la paciente no podía sentir dolor. Con dolor no había forma de sanar. Música para mis oídos.

Me exploró con sumo cuidado y el diagnóstico fue rápido. Además de una contractura muscular (sí, en la vulva) como fruto de tanta tensión sobre la zona; la cicatriz, que por fuera había quedado tan mona, por dentro era un auténtico desastre.

Estaban todos los tejidos adheridos unos a otros, formando un bloque, sin permitir ninguna flexibilidad ni movimiento.

Me contó que debía tratarlo para ir liberando los tejidos pero que aplicaría lidocaína en crema para anestesiar la zona antes de cada sesión, durante el tiempo que fuera necesario. Lo tenía clarísimo. Ante el dolor yo me contraía y la contractura solo complicaba aún más la situación.

Estudió a fondo mi suelo pélvico. Tenía un prolapso de vejiga, producido también durante el parto instrumentado, el cual era el origen de los problemas de incontinencia urinaria.

Me enseñó a hacer los ejercicios de kegel, que yo ya conocía, pero establecimos una tabla de ejercicios como si del gimnasio se tratara.

Me advirtió que no hacía magia, que si yo no era constante y hacía los ejercicios durante la semana, no mejoraría solo con 45 minutos semanales de sesión.

Me regaló una nueva vida

No soy (ni seré) la mujer que era antes de la episiotomía, pero he tenido un segundo hijo, así que sí, el dolor cesó en gran parte.

El dolor físico, porque el emocional ahí seguía, hasta el punto de que exigí que durante mi segundo parto nadie me tocara.

Aún recuerdo a mi ginecóloga acercándose durante el expulsivo y cómo se detuvo en seco cuando le grité «¡No me toques!».

Lo habíamos hablado previamente. Conocía mi historia. Me dijo que se me estaba poniendo muy blanca la zona de la cicatriz y que pensaba que podía desgarrarme y me pidió permiso para ponerme un poco de lubricante en la zona para ayudar. Accedí. Era mi cuerpo, mi parto, mi hijo… no era tan difícil explicar la situación y pedir permiso para tocarme.

¿Por qué no es así en todos los partos? Fue una experiencia maravillosa. Y sí, me desgarré mínimamente. Mi ginecóloga dijo que se había abierto la cicatriz, pero que solo necesitaba un punto.

Al abrirse la cicatriz me confirmó que los tejidos se habían cosido juntos la primera vez. Me dio tres puntos, procurando separar bien los tejidos de dentro hacia fuera. Me dijo que iba a intentar arreglarme un poco el estropicio anterior. Y así fue.

Después de mi segundo parto el dolor descendió hasta un nivel casi imperceptible.

No sé cuántas mujeres más sufrirán dispareunia a consecuencia de una episiotomía. Solo he escrito este post para contarles, si aún no lo saben, que existe la fisioterapia del suelo pélvico y puede ayudarlas.

A los ginecólogos que siguen practicando episiotomías injustificadas, solo puedo apelar a su conciencia. Hay muchas formas de mutilación genital; y esta es una de ellas.

Autor/a

Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/como-la-episiotomia-cambio-mi-vida/

Dolor de episiotomía

Dolor de episiotomía

Este corte, cuya práctica debe estar justificada por una emergencia, se realiza en ángulo entre la vagina y el recto, y se cose tras el alumbramiento.

La matrona o el ginecólogo se encargarán de unir todas las capas del corte (pared posterior de la vagina, capa de músculo del perineo y capa de piel) con una única sutura absorbible. Como podemos imaginar esta intervención suele tener efectos posteriores dolorosos.

No es extraño, por lo tanto, que se recomiende la administración de analgésicos y antiinflamatorios para aliviarlos.

Pero incluso si no se ha practicado una episiotomía, es normal que el perineo esté dolorido y sensible en los días posteriores al parto, debido a la distensión de la zona y la irritación de la mucosa, causadas por el paso del bebé al nacer.

Por regla general, esta molestia, cuando no ha habido episiotomía, suele remitir al cabo de pocos días, no más de 3 o 5. Pasado este tiempo, las recientes mamás afirman sentirse mucho mejor.

Sin embargo en los casos en los que sí se ha necesitado intervenir, la recuperación llevará un poco más de tiempo. Igualmente este proceso suele ser más doloroso, o cuanto menos algo molesto, especialmente pasada la primera semana. Además, obliga a adoptar una serie de cuidados diarios durante los primeros días, para su perfecta curación.

Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo

Desgarros del perineo en el parto. En los partos vaginales existe el riesgo de que el tejido del perineo, la zona entre la vagina y el ano, no se estire lo suficiente para permitir la salida del bebé por la abertura vaginal y se produzca una dilaceración al no soportar la presión.

La comunidad médica distingue varios tipos de desgarros naturales según las capas de tejido afectadas y la gravedad de los mismos. Los más frecuentes son aquellos que implican la capa de piel y suelen ocurrir en el primer parto. Este tipo de desgarro ni siquiera necesita puntos de sutura.

Pero si las capas dañadas son el músculo o el esfínter anal, tendrá que ser reparado quirúrgicamente. Afortunadamente la incidencia de estos últimos es bajísima en los partos hospitalizados.

Sea como fuere, sufrir un desgarro por pequeño que sea, supone padecer dolencias más o menos fuertes según haya sido la severidad del daño.

Desgarro con episiotomía: En algunos casos, a pesar de haberse realizado un corte de episiotomía, se produce también un desgarro adicional que necesita suturarse para reparar la zona. Esta cicatrización, obviamente, será más larga que la de la episiotomía, y las molestias pueden ser mayores, o más duraderas.

Trombo vulvar: No es extraño que la salida del niño provoque la ruptura de alguna vena, y como consecuencia se forme un hematoma. Además del dolor, otro síntoma característico es la aparición de equimosis azulada, es decir, sangre depositada bajo la superficie de la piel. El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión.

Presión y peso sobre el periné: El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que soportan algunos órganos de la mujer tales como la vagina, la vejiga o el recto.

Ciertas posturas, como permanecer de pie o estar sentada, favorecen que el peso de estos descanse totalmente sobre el periné, que ahora está afectado tras el parto.

Evita estas posiciones y mantente tumbada siempre que puedas.

Infección: La episiotomía, como cualquier otra herida, puede infectarse. Generalmente las infecciones son producidas por falta de higiene. Entre sus síntomas están el enrojecimiento y endurecimiento de la zona, secreción de pus, dolor, mal olor…

Puntos tirantes: Aunque no es necesario retirar los puntos, ya que se caerán solos o el propio cuerpo los absorberá en unos días, algunas suturas pueden haber quedado demasiado oprimidas, con lo que los puntos pueden tirar, ocasionando molestias o dolor, especialmente al caminar o cambiar de postura. Una revisión con la matrona puede confirmarlo y esta puede retirarlos si están incomodando.

Micción: El contacto de la orina con la herida aún sin cicatrizar puede causar escozor o dolor. Una solución es verter a la vez que se orina, un chorro de agua templada por la zona. No aguantes las ganas por miedo al dolor. La retención de orina puede favorecer las infecciones.

Relaciones sexuales: Durante las 4 o 6 semanas días posteriores al parto se recomienda no practicar sexo con penetración, para, entre otras cosas, evitar empeorar la zona dañada y permitir la curación.

Tras este periodo es común que aún se sienta cierta sensibilidad o molestias leves al mantener relaciones sexuales, incluso varios meses después del parto.

No obstante, esta insatisfacción sexual es transitoria y debería remitir cuando la herida cicatrice por completo.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aumentar las molestias en la zona y comprometer la correcta cicatrización. Evítalo con una dieta rica en fibra.

Cuidados locales de la episiotomía

Los cuidados que lleves a cabo tras el parto son fundamentales para combatir las molestias derivadas de la cicatrización de la episiotomía.

Si no tienes ninguna complicación la manera más eficaz de sobrellevar el proceso de curación es con higiene, reposo y medicamentos.

Asimismo los ejercicios y medidas de prevención (ejercicios de Kegel) que hayas practicado antes del parto contribuirán sin duda, a una mejor recuperación de la zona.

Medicinas: Los supositorios antiinflamatorios después de la sutura suelen ser muy eficaces. Posiblemente, tras coserte la episiotomía te los apliquen. Igualmente te prescribirán una pauta de administración de analgésicos y antiinflamatorios, para calmar el dolor y disminuir la hinchazón.

– Higiene diaria: Mantener el área limpia es esencial para una óptima recuperación. El aseo íntimo debe hacerse suavemente con agua tibia y jabón neutro. Después seca la zona al aire naturalmente o con una toalla, sin frotar, dando pequeños toquecitos.

Puede utilizarse un secador de pelo con aire frío, pero solo para secar ligeramente los restos de agua. Recuerda que es una zona fisiológicamente húmeda. Los secadores pueden resecarla en exceso, lo que sería muy perjudicial. Además se corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Asegúrate bien, por lo tanto, de que el aire sea frío.

Reposo: Los movimientos bruscos o el esfuerzo excesivo pueden separar los puntos o abrir la herida. Intenta evitarlos, descansar y mantenerte tumbada todo el tiempo que puedas. Si estás dando el pecho, adopta posturas que te resulten cómodas y que no  obliguen a poner el peso del bebé sobre ti.

Consejos para un mejor tratamiento de la herida

– Está desaconsejado totalmente el uso de tampones. Del mismo modo, las compresas para las pérdidas de sangre deberán ser transpirables. Rechaza las fabricadas con materiales plásticos y cámbialas a menudo para mantener la zona seca.

–  Tras la micción y las deposiciones es importante limpiarte bien, siempre de delante hacia atrás para evitar arrastrar las bacterias del ano, que podrían infectar la cicatriz. Es conveniente, después de la defecación lavar la zona con agua y jabón.

– Procura, después de la ducha, no vestir la zona y dejarla al aire. Lo ideal es que permanezcas tumbada desnuda durante varios minutos antes de vestirte.

– Elige ropa holgada que no ajuste o apriete la parte del periné. Opta además por tejidos transpirables de fibras naturales como el algodón. Aparta por un tiempo las braguitas de lycra, con encaje o los tangas que pueden irritar la zona.

–  Es aconsejable la observación diaria del perineo con un espejo, para descubrir posibles complicaciones y constatar la adecuada evolución de la cicatriz.

¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?

Cuando el dolor o las molestias son intensos puedes aliviarlos con medidas como estas:

–  Date un baño de agua tibia.

–  La aplicación de frío calma, refresca y favorece la cicatrización. Recuerda no aplicar hielo directamente sobre la piel, ya que podrías quemarte. Envuelve el hielo en un paño antes de ponerlo en contacto con la piel, o utiliza chorros de agua fría, o compresas previamente enfriadas en el frigorífico.

–  Una almohada, un cojín hinchable o un flotador, ayudan a que resulte más cómodo estar sentada temporalmente, si bien no conviene abusar de esta postura ya que favorece que la zona perineal soporte todo el peso y se resienta, además se corre el  peligro de que la sutura se abra.

Del mismo modo ocurre al estar mucho tiempo de pie. La mejor forma para favorecer la recuperación, sin duda, es permanecer tumbada el mayor tiempo posible. Un truco: Al sentarte sobre superficies duras, contrae las nalgas y apoya la espalda sobre el respaldo del asiento.

De este modo los glúteos ejercerán de amortiguamiento y los puntos de la cicatriz no se separarán.

¿Cuándo acudir al médico?

Si tras 2 o 3 semanas las molestias o los dolores de la cicatriz de la episiotomía no remiten, especialmente cuando estás sentada, conviene que te vea un especialista. Tal vez tengas un edema que puede tratarse. Igualmente puede ser necesario volver a intervenir y rehacer la episiotomía.

Ante cualquier signo de infección (enrojecimiento, dolor agudo a la palpación, endurecimiento de la cicatriz, secreciones malolientes y purulentas…) acude al médico o la matrona. Si la herida está infectada necesitará tratamiento urgente.

Suturas

Definición:

Las líneas que, en la vida fetal y primeros meses de la vida, separan a los huesos constituyentes del cráneo.

Síntomas:

Ninguno.

Tratamiento:

Ninguno.

Hematoma

Definición:

Acumulación de sangre bajo la piel debido a la rotura de pequeños vasos sanguíneos.

Tratamiento:

Aplicar hielo (nunca directamente sobre la piel) o gasas frías en la zona. Administrar un analgésico si duele mucho. También se puede colocar un apósito que comprima la zona para evitar que el hematoma se expanda.

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Источник: https://www.todopapas.com/embarazo/parto/dolor-de-episiotomia-5876

Cómo la episiotomía cambió mi vida

Dolor de episiotomía
Dolor de episiotomía

Hoy escribo, probablemente, uno de los posts más personales y más difíciles, para mí. Hace tiempo que quería escribir sobre mi experiencia con la episiotomía, pero hay heridas que hay que cicatrizar bien antes de sentarse a escribir sobre ellas.

Mi primer parto fue para mí, por muchos motivos, traumático. Tal vez algún día me atreva a escribir sobre él, pero esa es una herida emocional que aún no he cerrado del todo.

La cuestión es que durante ese primer parto me practicaron una episiotomía.

Qué es la episotomía

La episiotomía es una incisión quirúrgica que se realiza en la vulva, justo en la entrada de la vagina, durante el parto para facilitar la salida del bebé.

Vaya por delante que no soy ninguna experta en obstetricia ni tengo formación sanitaria. Solo soy una mujer que ha tenido dos hijos y a la que, en su primer parto, le cortaron la vagina. Ya sé que dicho así suena un poco gore, pero igual llamar a las cosas por su nombre y dejar a un lado los tecnicismos ayuda a crear conciencia.

A pesar de no ser una profesional del tema en cuestión, he tratado de documentarme para escribir este post y he llegado a varias conclusiones:

  1. La episiotomía se empieza a usar de manera sistemática en prácticamente todos los partos en un momento de la historia en que el parto se medicaliza y se abusa de la instrumentalización.
  2. A día de hoy, la ciencia parece haber demostrado que la episiotomía es perjudicial y conlleva grandes riesgos para la salud de la mujer. En palabras de Mardsen Wagner, Ex Director del Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS: “La ciencia ha constatado que causa dolor, aumenta el sangrado y causa más disfunciones sexuales a largo plazo. El índice de episiotomías del 89% en España constituye un escándalo y una tragedia” (1999). Han pasado casi 20 años y el porcentaje, según las estadísticas, parece arrojar datos que apuntan a que la episiotomía se sigue practicando aproximadamente en el 40% de los casos.
  3. Por lo tanto, a pesar de las evidencias científicas, la episiotomía sigue siendo una práctica frecuente en los hospitales españoles.

También he intentado encontrar algún manual o guía oficial de la OMS o la SEGO en la que indicara en qué casos sí está indicada la episiotomía. Difícil.

Casi todos los documentos que he encontrado se limitan a decir que hay que reducir el número de episiotomías y que no se deben practicar de manera rutinaria.

Las únicas supuestas ventajas de la episiotomía son evitar que la mujer se desgarre sola y facilitar la salida del bebé.

Se me antoja absurdo (permítanme la expresión) practicar una episiotomía para evitar un desgarro. Algo así como decir «ten cuidado que estoy viendo que te vas a caer, ya te empujo yo y acabamos antes y además, de paso, decido en qué dirección te caes».

Señores obstetras, dejen que mi cuerpo se rompa por donde necesite, si es que acaso lo necesita, y en ese caso, si la naturaleza me ha roto, cósanme. Bendita medicina que nos ayuda a sanar cuando las cosas están mal. Pero la medicina preventiva no debería ser agresiva.

Sobre todo porque esa episiotomía, no lo obvien, tiene consecuencias.

El segundo motivo que se alega es el de facilitar la salida del bebé.

Si de verdad el parto no está progresando y el bebé está sufriendo en el canal del parto, por favor, ábranme en canal si es necesario; pero en ninguno de mis dos partos he tenido la sensación de que mi vagina (elástica y flexible) fuera un problema ni dificultara la salida de mis hijos al mundo exterior. Y las cifras cantan, señores, practican ustedes más episiotomías de las «necesarias».

Ya sé que no tengo su formación sanitaria y que ustedes debieron estudiar muy a fondo en la universidad sobre el aparato genital femenino, el parto y sus posibles complicaciones.

Yo solo tengo una matriz que ha albergado a dos hijos y una vagina (cortada) que ha abierto el camino a esos hijos hacia la vida. Ya sé que dos partos no son nada con la cantidad de partos que ustedes atienden en sus carreras.

Si no quieren escucharme a mí, escuchen a sus colegas de la OMS con los datos científicos actuales y abandonen las prácticas obstétricas obsoletas.

Y entiendo que, seguramente, en la mayoría de los casos, lo hacen ustedes pensando que hacen un bien o, al menos, de los males, el menor. Tal vez, cambiaran de opinión si supieran que los males de la episiotomía no son menores. Déjenme que les cuente.

Consecuencias de la episiotomía

En enero de 2013 me sacaron a mi hija en un parto instrumentado con ventosa (si era necesaria o no es otro tema). Durante el parto me practicaron una episiotomía y sufrí una laceración vaginal.

Las consecuencias de aquel parto fueron múltiples pero de algunas de ellas (incontinencia urinaria, miedos varios…) no podría asegurar que fueran exclusivamente fruto de la episiotomía.

Lo que sí tengo claro que pasó como consecuencia de esta episiotomía fue la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

Cuando en la revisión post-parto el ginecólogo me revisó, me dijo que me habían cosido muy bien, que la cicatriz era casi imperceptible.

Le dije que sentía mucho dolor durante la exploración (al borde del llanto) y me dijo que aún era pronto, que se me iría pasando.

Así que me fui a mi casa, con mi vagina cortada y cosida, pensando que al menos me habían hecho un pespunte mono y pronto pasaría el dolor.

Pero no. Pasaban los meses y el dolor era insufrible. Es fácil imaginar que mantener relaciones sexuales con penetración era lo último que me apetecía.

Volví al ginecólogo, que se limitó a decirme que la cicatriz se veía bien y que debía relajarme.

Como si fuera una cuestión psicológica, sin entender que yo quería dejarme llevar pero el dolor era físico, real e insoportable.

Un año y medio. Se dice pronto. Un año y medio después de haber tenido a mi hija seguía todo igual. Las consecuencias de ese corte sin importancia que ustedes practican aún en casi la mitad de los partos, en mi caso, se tradujo en un dolor insoportable en la zona de la cicatriz que me impedía mantener relaciones sexuales.

Me sentía mutilada. Literalmente. Me habían robado el placer.

Traté de aceptar la situación, de asumir que yo ya no era la mujer de antes, que era una mujer distinta con una disfunción sexual. Con 35 años. Con todo el dolor emocional que eso conlleva.

Pensando que debía enterrar parte de mi sexualidad y no me quedaba otra que asumirlo. De tener más hijos, por supuesto, ni hablar.

La solución a todos mis males

Un día, dándole vueltas al tema en mi cabeza, me dio por pensar en cuántas mujeres mutiladas habría a mi alrededor sin que nadie lo supiera. No creo que todas las episiotomías acaben igual pero yo no podía ser la única. Decidí buscar en internet. Debí teclear en Google algo así como «dolor en la cicatriz de la episiotomía».

Y de repente, allí estaba ella. Una fisioterapeuta del suelo pélvico, especializada en atender a mujeres con secuelas tras los partos, entre ellas, las cicatrices de episiotomía. Sentí ganas de llorar. Miento, lloré.

¿Sería posible que algún profesional sanitario tuviera conocimiento de lo que me pasaba y no se limitara a decirme que me relajara? Tenía la consulta a escasos 30 kilómetros de mí casa.

La llamé inmediatamente y concerté una cita.

Aquel primer día hablamos mucho, casi todo el tiempo de la consulta. Lloré. Le conté. Me escuchó. Le dije que tenía mucho miedo de que me tocase. Me dijo que la primera regla de su trabajo era que la paciente no podía sentir dolor. Con dolor no había forma de sanar. Música para mis oídos.

Me exploró con sumo cuidado y el diagnóstico fue rápido. Además de una contractura muscular (sí, en la vulva) como fruto de tanta tensión sobre la zona; la cicatriz, que por fuera había quedado tan mona, por dentro era un auténtico desastre.

Estaban todos los tejidos adheridos unos a otros, formando un bloque, sin permitir ninguna flexibilidad ni movimiento.

Me contó que debía tratarlo para ir liberando los tejidos pero que aplicaría lidocaína en crema para anestesiar la zona antes de cada sesión, durante el tiempo que fuera necesario. Lo tenía clarísimo. Ante el dolor yo me contraía y la contractura solo complicaba aún más la situación.

Estudió a fondo mi suelo pélvico. Tenía un prolapso de vejiga, producido también durante el parto instrumentado, el cual era el origen de los problemas de incontinencia urinaria.

Me enseñó a hacer los ejercicios de kegel, que yo ya conocía, pero establecimos una tabla de ejercicios como si del gimnasio se tratara.

Me advirtió que no hacía magia, que si yo no era constante y hacía los ejercicios durante la semana, no mejoraría solo con 45 minutos semanales de sesión.

Me regaló una nueva vida

No soy (ni seré) la mujer que era antes de la episiotomía, pero he tenido un segundo hijo, así que sí, el dolor cesó en gran parte.

El dolor físico, porque el emocional ahí seguía, hasta el punto de que exigí que durante mi segundo parto nadie me tocara.

Aún recuerdo a mi ginecóloga acercándose durante el expulsivo y cómo se detuvo en seco cuando le grité «¡No me toques!».

Lo habíamos hablado previamente. Conocía mi historia. Me dijo que se me estaba poniendo muy blanca la zona de la cicatriz y que pensaba que podía desgarrarme y me pidió permiso para ponerme un poco de lubricante en la zona para ayudar. Accedí. Era mi cuerpo, mi parto, mi hijo… no era tan difícil explicar la situación y pedir permiso para tocarme.

¿Por qué no es así en todos los partos? Fue una experiencia maravillosa. Y sí, me desgarré mínimamente. Mi ginecóloga dijo que se había abierto la cicatriz, pero que solo necesitaba un punto.

Al abrirse la cicatriz me confirmó que los tejidos se habían cosido juntos la primera vez. Me dio tres puntos, procurando separar bien los tejidos de dentro hacia fuera. Me dijo que iba a intentar arreglarme un poco el estropicio anterior. Y así fue.

Después de mi segundo parto el dolor descendió hasta un nivel casi imperceptible.

No sé cuántas mujeres más sufrirán dispareunia a consecuencia de una episiotomía. Solo he escrito este post para contarles, si aún no lo saben, que existe la fisioterapia del suelo pélvico y puede ayudarlas.

A los ginecólogos que siguen practicando episiotomías injustificadas, solo puedo apelar a su conciencia. Hay muchas formas de mutilación genital; y esta es una de ellas.

Autor/a

Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/como-la-episiotomia-cambio-mi-vida/

Dolor de episiotomía

Dolor de episiotomía

Este corte, cuya práctica debe estar justificada por una emergencia, se realiza en ángulo entre la vagina y el recto, y se cose tras el alumbramiento.

La matrona o el ginecólogo se encargarán de unir todas las capas del corte (pared posterior de la vagina, capa de músculo del perineo y capa de piel) con una única sutura absorbible. Como podemos imaginar esta intervención suele tener efectos posteriores dolorosos.

No es extraño, por lo tanto, que se recomiende la administración de analgésicos y antiinflamatorios para aliviarlos.

Pero incluso si no se ha practicado una episiotomía, es normal que el perineo esté dolorido y sensible en los días posteriores al parto, debido a la distensión de la zona y la irritación de la mucosa, causadas por el paso del bebé al nacer.

Por regla general, esta molestia, cuando no ha habido episiotomía, suele remitir al cabo de pocos días, no más de 3 o 5. Pasado este tiempo, las recientes mamás afirman sentirse mucho mejor.

Sin embargo en los casos en los que sí se ha necesitado intervenir, la recuperación llevará un poco más de tiempo. Igualmente este proceso suele ser más doloroso, o cuanto menos algo molesto, especialmente pasada la primera semana. Además, obliga a adoptar una serie de cuidados diarios durante los primeros días, para su perfecta curación.

Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo

Desgarros del perineo en el parto. En los partos vaginales existe el riesgo de que el tejido del perineo, la zona entre la vagina y el ano, no se estire lo suficiente para permitir la salida del bebé por la abertura vaginal y se produzca una dilaceración al no soportar la presión.

La comunidad médica distingue varios tipos de desgarros naturales según las capas de tejido afectadas y la gravedad de los mismos. Los más frecuentes son aquellos que implican la capa de piel y suelen ocurrir en el primer parto. Este tipo de desgarro ni siquiera necesita puntos de sutura.

Pero si las capas dañadas son el músculo o el esfínter anal, tendrá que ser reparado quirúrgicamente. Afortunadamente la incidencia de estos últimos es bajísima en los partos hospitalizados.

Sea como fuere, sufrir un desgarro por pequeño que sea, supone padecer dolencias más o menos fuertes según haya sido la severidad del daño.

Desgarro con episiotomía: En algunos casos, a pesar de haberse realizado un corte de episiotomía, se produce también un desgarro adicional que necesita suturarse para reparar la zona. Esta cicatrización, obviamente, será más larga que la de la episiotomía, y las molestias pueden ser mayores, o más duraderas.

Trombo vulvar: No es extraño que la salida del niño provoque la ruptura de alguna vena, y como consecuencia se forme un hematoma. Además del dolor, otro síntoma característico es la aparición de equimosis azulada, es decir, sangre depositada bajo la superficie de la piel. El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión.

Presión y peso sobre el periné: El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que soportan algunos órganos de la mujer tales como la vagina, la vejiga o el recto.

Ciertas posturas, como permanecer de pie o estar sentada, favorecen que el peso de estos descanse totalmente sobre el periné, que ahora está afectado tras el parto.

Evita estas posiciones y mantente tumbada siempre que puedas.

Infección: La episiotomía, como cualquier otra herida, puede infectarse. Generalmente las infecciones son producidas por falta de higiene. Entre sus síntomas están el enrojecimiento y endurecimiento de la zona, secreción de pus, dolor, mal olor…

Puntos tirantes: Aunque no es necesario retirar los puntos, ya que se caerán solos o el propio cuerpo los absorberá en unos días, algunas suturas pueden haber quedado demasiado oprimidas, con lo que los puntos pueden tirar, ocasionando molestias o dolor, especialmente al caminar o cambiar de postura. Una revisión con la matrona puede confirmarlo y esta puede retirarlos si están incomodando.

Micción: El contacto de la orina con la herida aún sin cicatrizar puede causar escozor o dolor. Una solución es verter a la vez que se orina, un chorro de agua templada por la zona. No aguantes las ganas por miedo al dolor. La retención de orina puede favorecer las infecciones.

Relaciones sexuales: Durante las 4 o 6 semanas días posteriores al parto se recomienda no practicar sexo con penetración, para, entre otras cosas, evitar empeorar la zona dañada y permitir la curación.

Tras este periodo es común que aún se sienta cierta sensibilidad o molestias leves al mantener relaciones sexuales, incluso varios meses después del parto.

No obstante, esta insatisfacción sexual es transitoria y debería remitir cuando la herida cicatrice por completo.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aumentar las molestias en la zona y comprometer la correcta cicatrización. Evítalo con una dieta rica en fibra.

Cuidados locales de la episiotomía

Los cuidados que lleves a cabo tras el parto son fundamentales para combatir las molestias derivadas de la cicatrización de la episiotomía.

Si no tienes ninguna complicación la manera más eficaz de sobrellevar el proceso de curación es con higiene, reposo y medicamentos.

Asimismo los ejercicios y medidas de prevención (ejercicios de Kegel) que hayas practicado antes del parto contribuirán sin duda, a una mejor recuperación de la zona.

Medicinas: Los supositorios antiinflamatorios después de la sutura suelen ser muy eficaces. Posiblemente, tras coserte la episiotomía te los apliquen. Igualmente te prescribirán una pauta de administración de analgésicos y antiinflamatorios, para calmar el dolor y disminuir la hinchazón.

– Higiene diaria: Mantener el área limpia es esencial para una óptima recuperación. El aseo íntimo debe hacerse suavemente con agua tibia y jabón neutro. Después seca la zona al aire naturalmente o con una toalla, sin frotar, dando pequeños toquecitos.

Puede utilizarse un secador de pelo con aire frío, pero solo para secar ligeramente los restos de agua. Recuerda que es una zona fisiológicamente húmeda. Los secadores pueden resecarla en exceso, lo que sería muy perjudicial. Además se corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Asegúrate bien, por lo tanto, de que el aire sea frío.

Reposo: Los movimientos bruscos o el esfuerzo excesivo pueden separar los puntos o abrir la herida. Intenta evitarlos, descansar y mantenerte tumbada todo el tiempo que puedas. Si estás dando el pecho, adopta posturas que te resulten cómodas y que no  obliguen a poner el peso del bebé sobre ti.

Consejos para un mejor tratamiento de la herida

– Está desaconsejado totalmente el uso de tampones. Del mismo modo, las compresas para las pérdidas de sangre deberán ser transpirables. Rechaza las fabricadas con materiales plásticos y cámbialas a menudo para mantener la zona seca.

–  Tras la micción y las deposiciones es importante limpiarte bien, siempre de delante hacia atrás para evitar arrastrar las bacterias del ano, que podrían infectar la cicatriz. Es conveniente, después de la defecación lavar la zona con agua y jabón.

– Procura, después de la ducha, no vestir la zona y dejarla al aire. Lo ideal es que permanezcas tumbada desnuda durante varios minutos antes de vestirte.

– Elige ropa holgada que no ajuste o apriete la parte del periné. Opta además por tejidos transpirables de fibras naturales como el algodón. Aparta por un tiempo las braguitas de lycra, con encaje o los tangas que pueden irritar la zona.

–  Es aconsejable la observación diaria del perineo con un espejo, para descubrir posibles complicaciones y constatar la adecuada evolución de la cicatriz.

¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?

Cuando el dolor o las molestias son intensos puedes aliviarlos con medidas como estas:

–  Date un baño de agua tibia.

–  La aplicación de frío calma, refresca y favorece la cicatrización. Recuerda no aplicar hielo directamente sobre la piel, ya que podrías quemarte. Envuelve el hielo en un paño antes de ponerlo en contacto con la piel, o utiliza chorros de agua fría, o compresas previamente enfriadas en el frigorífico.

–  Una almohada, un cojín hinchable o un flotador, ayudan a que resulte más cómodo estar sentada temporalmente, si bien no conviene abusar de esta postura ya que favorece que la zona perineal soporte todo el peso y se resienta, además se corre el  peligro de que la sutura se abra.

Del mismo modo ocurre al estar mucho tiempo de pie. La mejor forma para favorecer la recuperación, sin duda, es permanecer tumbada el mayor tiempo posible. Un truco: Al sentarte sobre superficies duras, contrae las nalgas y apoya la espalda sobre el respaldo del asiento.

De este modo los glúteos ejercerán de amortiguamiento y los puntos de la cicatriz no se separarán.

¿Cuándo acudir al médico?

Si tras 2 o 3 semanas las molestias o los dolores de la cicatriz de la episiotomía no remiten, especialmente cuando estás sentada, conviene que te vea un especialista. Tal vez tengas un edema que puede tratarse. Igualmente puede ser necesario volver a intervenir y rehacer la episiotomía.

Ante cualquier signo de infección (enrojecimiento, dolor agudo a la palpación, endurecimiento de la cicatriz, secreciones malolientes y purulentas…) acude al médico o la matrona. Si la herida está infectada necesitará tratamiento urgente.

Suturas

Definición:

Las líneas que, en la vida fetal y primeros meses de la vida, separan a los huesos constituyentes del cráneo.

Síntomas:

Ninguno.

Tratamiento:

Ninguno.

Hematoma

Definición:

Acumulación de sangre bajo la piel debido a la rotura de pequeños vasos sanguíneos.

Tratamiento:

Aplicar hielo (nunca directamente sobre la piel) o gasas frías en la zona. Administrar un analgésico si duele mucho. También se puede colocar un apósito que comprima la zona para evitar que el hematoma se expanda.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

Источник: https://www.todopapas.com/embarazo/parto/dolor-de-episiotomia-5876

Cómo la episiotomía cambió mi vida

Dolor de episiotomía
Dolor de episiotomía

Hoy escribo, probablemente, uno de los posts más personales y más difíciles, para mí. Hace tiempo que quería escribir sobre mi experiencia con la episiotomía, pero hay heridas que hay que cicatrizar bien antes de sentarse a escribir sobre ellas.

Mi primer parto fue para mí, por muchos motivos, traumático. Tal vez algún día me atreva a escribir sobre él, pero esa es una herida emocional que aún no he cerrado del todo.

La cuestión es que durante ese primer parto me practicaron una episiotomía.

Qué es la episotomía

La episiotomía es una incisión quirúrgica que se realiza en la vulva, justo en la entrada de la vagina, durante el parto para facilitar la salida del bebé.

Vaya por delante que no soy ninguna experta en obstetricia ni tengo formación sanitaria. Solo soy una mujer que ha tenido dos hijos y a la que, en su primer parto, le cortaron la vagina. Ya sé que dicho así suena un poco gore, pero igual llamar a las cosas por su nombre y dejar a un lado los tecnicismos ayuda a crear conciencia.

A pesar de no ser una profesional del tema en cuestión, he tratado de documentarme para escribir este post y he llegado a varias conclusiones:

  1. La episiotomía se empieza a usar de manera sistemática en prácticamente todos los partos en un momento de la historia en que el parto se medicaliza y se abusa de la instrumentalización.
  2. A día de hoy, la ciencia parece haber demostrado que la episiotomía es perjudicial y conlleva grandes riesgos para la salud de la mujer. En palabras de Mardsen Wagner, Ex Director del Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS: “La ciencia ha constatado que causa dolor, aumenta el sangrado y causa más disfunciones sexuales a largo plazo. El índice de episiotomías del 89% en España constituye un escándalo y una tragedia” (1999). Han pasado casi 20 años y el porcentaje, según las estadísticas, parece arrojar datos que apuntan a que la episiotomía se sigue practicando aproximadamente en el 40% de los casos.
  3. Por lo tanto, a pesar de las evidencias científicas, la episiotomía sigue siendo una práctica frecuente en los hospitales españoles.

También he intentado encontrar algún manual o guía oficial de la OMS o la SEGO en la que indicara en qué casos sí está indicada la episiotomía. Difícil.

Casi todos los documentos que he encontrado se limitan a decir que hay que reducir el número de episiotomías y que no se deben practicar de manera rutinaria.

Las únicas supuestas ventajas de la episiotomía son evitar que la mujer se desgarre sola y facilitar la salida del bebé.

Se me antoja absurdo (permítanme la expresión) practicar una episiotomía para evitar un desgarro. Algo así como decir «ten cuidado que estoy viendo que te vas a caer, ya te empujo yo y acabamos antes y además, de paso, decido en qué dirección te caes».

Señores obstetras, dejen que mi cuerpo se rompa por donde necesite, si es que acaso lo necesita, y en ese caso, si la naturaleza me ha roto, cósanme. Bendita medicina que nos ayuda a sanar cuando las cosas están mal. Pero la medicina preventiva no debería ser agresiva.

Sobre todo porque esa episiotomía, no lo obvien, tiene consecuencias.

El segundo motivo que se alega es el de facilitar la salida del bebé.

Si de verdad el parto no está progresando y el bebé está sufriendo en el canal del parto, por favor, ábranme en canal si es necesario; pero en ninguno de mis dos partos he tenido la sensación de que mi vagina (elástica y flexible) fuera un problema ni dificultara la salida de mis hijos al mundo exterior. Y las cifras cantan, señores, practican ustedes más episiotomías de las «necesarias».

Ya sé que no tengo su formación sanitaria y que ustedes debieron estudiar muy a fondo en la universidad sobre el aparato genital femenino, el parto y sus posibles complicaciones.

Yo solo tengo una matriz que ha albergado a dos hijos y una vagina (cortada) que ha abierto el camino a esos hijos hacia la vida. Ya sé que dos partos no son nada con la cantidad de partos que ustedes atienden en sus carreras.

Si no quieren escucharme a mí, escuchen a sus colegas de la OMS con los datos científicos actuales y abandonen las prácticas obstétricas obsoletas.

Y entiendo que, seguramente, en la mayoría de los casos, lo hacen ustedes pensando que hacen un bien o, al menos, de los males, el menor. Tal vez, cambiaran de opinión si supieran que los males de la episiotomía no son menores. Déjenme que les cuente.

Consecuencias de la episiotomía

En enero de 2013 me sacaron a mi hija en un parto instrumentado con ventosa (si era necesaria o no es otro tema). Durante el parto me practicaron una episiotomía y sufrí una laceración vaginal.

Las consecuencias de aquel parto fueron múltiples pero de algunas de ellas (incontinencia urinaria, miedos varios…) no podría asegurar que fueran exclusivamente fruto de la episiotomía.

Lo que sí tengo claro que pasó como consecuencia de esta episiotomía fue la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

Cuando en la revisión post-parto el ginecólogo me revisó, me dijo que me habían cosido muy bien, que la cicatriz era casi imperceptible.

Le dije que sentía mucho dolor durante la exploración (al borde del llanto) y me dijo que aún era pronto, que se me iría pasando.

Así que me fui a mi casa, con mi vagina cortada y cosida, pensando que al menos me habían hecho un pespunte mono y pronto pasaría el dolor.

Pero no. Pasaban los meses y el dolor era insufrible. Es fácil imaginar que mantener relaciones sexuales con penetración era lo último que me apetecía.

Volví al ginecólogo, que se limitó a decirme que la cicatriz se veía bien y que debía relajarme.

Como si fuera una cuestión psicológica, sin entender que yo quería dejarme llevar pero el dolor era físico, real e insoportable.

Un año y medio. Se dice pronto. Un año y medio después de haber tenido a mi hija seguía todo igual. Las consecuencias de ese corte sin importancia que ustedes practican aún en casi la mitad de los partos, en mi caso, se tradujo en un dolor insoportable en la zona de la cicatriz que me impedía mantener relaciones sexuales.

Me sentía mutilada. Literalmente. Me habían robado el placer.

Traté de aceptar la situación, de asumir que yo ya no era la mujer de antes, que era una mujer distinta con una disfunción sexual. Con 35 años. Con todo el dolor emocional que eso conlleva.

Pensando que debía enterrar parte de mi sexualidad y no me quedaba otra que asumirlo. De tener más hijos, por supuesto, ni hablar.

La solución a todos mis males

Un día, dándole vueltas al tema en mi cabeza, me dio por pensar en cuántas mujeres mutiladas habría a mi alrededor sin que nadie lo supiera. No creo que todas las episiotomías acaben igual pero yo no podía ser la única. Decidí buscar en internet. Debí teclear en Google algo así como «dolor en la cicatriz de la episiotomía».

Y de repente, allí estaba ella. Una fisioterapeuta del suelo pélvico, especializada en atender a mujeres con secuelas tras los partos, entre ellas, las cicatrices de episiotomía. Sentí ganas de llorar. Miento, lloré.

¿Sería posible que algún profesional sanitario tuviera conocimiento de lo que me pasaba y no se limitara a decirme que me relajara? Tenía la consulta a escasos 30 kilómetros de mí casa.

La llamé inmediatamente y concerté una cita.

Aquel primer día hablamos mucho, casi todo el tiempo de la consulta. Lloré. Le conté. Me escuchó. Le dije que tenía mucho miedo de que me tocase. Me dijo que la primera regla de su trabajo era que la paciente no podía sentir dolor. Con dolor no había forma de sanar. Música para mis oídos.

Me exploró con sumo cuidado y el diagnóstico fue rápido. Además de una contractura muscular (sí, en la vulva) como fruto de tanta tensión sobre la zona; la cicatriz, que por fuera había quedado tan mona, por dentro era un auténtico desastre.

Estaban todos los tejidos adheridos unos a otros, formando un bloque, sin permitir ninguna flexibilidad ni movimiento.

Me contó que debía tratarlo para ir liberando los tejidos pero que aplicaría lidocaína en crema para anestesiar la zona antes de cada sesión, durante el tiempo que fuera necesario. Lo tenía clarísimo. Ante el dolor yo me contraía y la contractura solo complicaba aún más la situación.

Estudió a fondo mi suelo pélvico. Tenía un prolapso de vejiga, producido también durante el parto instrumentado, el cual era el origen de los problemas de incontinencia urinaria.

Me enseñó a hacer los ejercicios de kegel, que yo ya conocía, pero establecimos una tabla de ejercicios como si del gimnasio se tratara.

Me advirtió que no hacía magia, que si yo no era constante y hacía los ejercicios durante la semana, no mejoraría solo con 45 minutos semanales de sesión.

Me regaló una nueva vida

No soy (ni seré) la mujer que era antes de la episiotomía, pero he tenido un segundo hijo, así que sí, el dolor cesó en gran parte.

El dolor físico, porque el emocional ahí seguía, hasta el punto de que exigí que durante mi segundo parto nadie me tocara.

Aún recuerdo a mi ginecóloga acercándose durante el expulsivo y cómo se detuvo en seco cuando le grité «¡No me toques!».

Lo habíamos hablado previamente. Conocía mi historia. Me dijo que se me estaba poniendo muy blanca la zona de la cicatriz y que pensaba que podía desgarrarme y me pidió permiso para ponerme un poco de lubricante en la zona para ayudar. Accedí. Era mi cuerpo, mi parto, mi hijo… no era tan difícil explicar la situación y pedir permiso para tocarme.

¿Por qué no es así en todos los partos? Fue una experiencia maravillosa. Y sí, me desgarré mínimamente. Mi ginecóloga dijo que se había abierto la cicatriz, pero que solo necesitaba un punto.

Al abrirse la cicatriz me confirmó que los tejidos se habían cosido juntos la primera vez. Me dio tres puntos, procurando separar bien los tejidos de dentro hacia fuera. Me dijo que iba a intentar arreglarme un poco el estropicio anterior. Y así fue.

Después de mi segundo parto el dolor descendió hasta un nivel casi imperceptible.

No sé cuántas mujeres más sufrirán dispareunia a consecuencia de una episiotomía. Solo he escrito este post para contarles, si aún no lo saben, que existe la fisioterapia del suelo pélvico y puede ayudarlas.

A los ginecólogos que siguen practicando episiotomías injustificadas, solo puedo apelar a su conciencia. Hay muchas formas de mutilación genital; y esta es una de ellas.

Autor/a

Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/como-la-episiotomia-cambio-mi-vida/

Dolor de episiotomía

Dolor de episiotomía

Indice

¿En qué consiste una episiotomía?

Este corte, cuya práctica debe estar justificada por una emergencia, se realiza en ángulo entre la vagina y el recto, y se cose tras el alumbramiento.

La matrona o el ginecólogo se encargarán de unir todas las capas del corte (pared posterior de la vagina, capa de músculo del perineo y capa de piel) con una única sutura absorbible. Como podemos imaginar esta intervención suele tener efectos posteriores dolorosos.

No es extraño, por lo tanto, que se recomiende la administración de analgésicos y antiinflamatorios para aliviarlos.

Pero incluso si no se ha practicado una episiotomía, es normal que el perineo esté dolorido y sensible en los días posteriores al parto, debido a la distensión de la zona y la irritación de la mucosa, causadas por el paso del bebé al nacer.

Por regla general, esta molestia, cuando no ha habido episiotomía, suele remitir al cabo de pocos días, no más de 3 o 5. Pasado este tiempo, las recientes mamás afirman sentirse mucho mejor.

Sin embargo en los casos en los que sí se ha necesitado intervenir, la recuperación llevará un poco más de tiempo. Igualmente este proceso suele ser más doloroso, o cuanto menos algo molesto, especialmente pasada la primera semana. Además, obliga a adoptar una serie de cuidados diarios durante los primeros días, para su perfecta curación.

Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo

Desgarros del perineo en el parto. En los partos vaginales existe el riesgo de que el tejido del perineo, la zona entre la vagina y el ano, no se estire lo suficiente para permitir la salida del bebé por la abertura vaginal y se produzca una dilaceración al no soportar la presión.

La comunidad médica distingue varios tipos de desgarros naturales según las capas de tejido afectadas y la gravedad de los mismos. Los más frecuentes son aquellos que implican la capa de piel y suelen ocurrir en el primer parto. Este tipo de desgarro ni siquiera necesita puntos de sutura.

Pero si las capas dañadas son el músculo o el esfínter anal, tendrá que ser reparado quirúrgicamente. Afortunadamente la incidencia de estos últimos es bajísima en los partos hospitalizados.

Sea como fuere, sufrir un desgarro por pequeño que sea, supone padecer dolencias más o menos fuertes según haya sido la severidad del daño.

Desgarro con episiotomía: En algunos casos, a pesar de haberse realizado un corte de episiotomía, se produce también un desgarro adicional que necesita suturarse para reparar la zona. Esta cicatrización, obviamente, será más larga que la de la episiotomía, y las molestias pueden ser mayores, o más duraderas.

Trombo vulvar: No es extraño que la salida del niño provoque la ruptura de alguna vena, y como consecuencia se forme un hematoma. Además del dolor, otro síntoma característico es la aparición de equimosis azulada, es decir, sangre depositada bajo la superficie de la piel. El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión.

Presión y peso sobre el periné: El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que soportan algunos órganos de la mujer tales como la vagina, la vejiga o el recto.

Ciertas posturas, como permanecer de pie o estar sentada, favorecen que el peso de estos descanse totalmente sobre el periné, que ahora está afectado tras el parto.

Evita estas posiciones y mantente tumbada siempre que puedas.

Infección: La episiotomía, como cualquier otra herida, puede infectarse. Generalmente las infecciones son producidas por falta de higiene. Entre sus síntomas están el enrojecimiento y endurecimiento de la zona, secreción de pus, dolor, mal olor…

Puntos tirantes: Aunque no es necesario retirar los puntos, ya que se caerán solos o el propio cuerpo los absorberá en unos días, algunas suturas pueden haber quedado demasiado oprimidas, con lo que los puntos pueden tirar, ocasionando molestias o dolor, especialmente al caminar o cambiar de postura. Una revisión con la matrona puede confirmarlo y esta puede retirarlos si están incomodando.

Micción: El contacto de la orina con la herida aún sin cicatrizar puede causar escozor o dolor. Una solución es verter a la vez que se orina, un chorro de agua templada por la zona. No aguantes las ganas por miedo al dolor. La retención de orina puede favorecer las infecciones.

Relaciones sexuales: Durante las 4 o 6 semanas días posteriores al parto se recomienda no practicar sexo con penetración, para, entre otras cosas, evitar empeorar la zona dañada y permitir la curación.

Tras este periodo es común que aún se sienta cierta sensibilidad o molestias leves al mantener relaciones sexuales, incluso varios meses después del parto.

No obstante, esta insatisfacción sexual es transitoria y debería remitir cuando la herida cicatrice por completo.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aumentar las molestias en la zona y comprometer la correcta cicatrización. Evítalo con una dieta rica en fibra.

Cuidados locales de la episiotomía

Los cuidados que lleves a cabo tras el parto son fundamentales para combatir las molestias derivadas de la cicatrización de la episiotomía.

Si no tienes ninguna complicación la manera más eficaz de sobrellevar el proceso de curación es con higiene, reposo y medicamentos.

Asimismo los ejercicios y medidas de prevención (ejercicios de Kegel) que hayas practicado antes del parto contribuirán sin duda, a una mejor recuperación de la zona.

Medicinas: Los supositorios antiinflamatorios después de la sutura suelen ser muy eficaces. Posiblemente, tras coserte la episiotomía te los apliquen. Igualmente te prescribirán una pauta de administración de analgésicos y antiinflamatorios, para calmar el dolor y disminuir la hinchazón.

– Higiene diaria: Mantener el área limpia es esencial para una óptima recuperación. El aseo íntimo debe hacerse suavemente con agua tibia y jabón neutro. Después seca la zona al aire naturalmente o con una toalla, sin frotar, dando pequeños toquecitos.

Puede utilizarse un secador de pelo con aire frío, pero solo para secar ligeramente los restos de agua. Recuerda que es una zona fisiológicamente húmeda. Los secadores pueden resecarla en exceso, lo que sería muy perjudicial. Además se corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Asegúrate bien, por lo tanto, de que el aire sea frío.

Reposo: Los movimientos bruscos o el esfuerzo excesivo pueden separar los puntos o abrir la herida. Intenta evitarlos, descansar y mantenerte tumbada todo el tiempo que puedas. Si estás dando el pecho, adopta posturas que te resulten cómodas y que no  obliguen a poner el peso del bebé sobre ti.

Consejos para un mejor tratamiento de la herida

– Está desaconsejado totalmente el uso de tampones. Del mismo modo, las compresas para las pérdidas de sangre deberán ser transpirables. Rechaza las fabricadas con materiales plásticos y cámbialas a menudo para mantener la zona seca.

–  Tras la micción y las deposiciones es importante limpiarte bien, siempre de delante hacia atrás para evitar arrastrar las bacterias del ano, que podrían infectar la cicatriz. Es conveniente, después de la defecación lavar la zona con agua y jabón.

– Procura, después de la ducha, no vestir la zona y dejarla al aire. Lo ideal es que permanezcas tumbada desnuda durante varios minutos antes de vestirte.

– Elige ropa holgada que no ajuste o apriete la parte del periné. Opta además por tejidos transpirables de fibras naturales como el algodón. Aparta por un tiempo las braguitas de lycra, con encaje o los tangas que pueden irritar la zona.

–  Es aconsejable la observación diaria del perineo con un espejo, para descubrir posibles complicaciones y constatar la adecuada evolución de la cicatriz.

¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?

Cuando el dolor o las molestias son intensos puedes aliviarlos con medidas como estas:

–  Date un baño de agua tibia.

–  La aplicación de frío calma, refresca y favorece la cicatrización. Recuerda no aplicar hielo directamente sobre la piel, ya que podrías quemarte. Envuelve el hielo en un paño antes de ponerlo en contacto con la piel, o utiliza chorros de agua fría, o compresas previamente enfriadas en el frigorífico.

–  Una almohada, un cojín hinchable o un flotador, ayudan a que resulte más cómodo estar sentada temporalmente, si bien no conviene abusar de esta postura ya que favorece que la zona perineal soporte todo el peso y se resienta, además se corre el  peligro de que la sutura se abra.

Del mismo modo ocurre al estar mucho tiempo de pie. La mejor forma para favorecer la recuperación, sin duda, es permanecer tumbada el mayor tiempo posible. Un truco: Al sentarte sobre superficies duras, contrae las nalgas y apoya la espalda sobre el respaldo del asiento.

De este modo los glúteos ejercerán de amortiguamiento y los puntos de la cicatriz no se separarán.

¿Cuándo acudir al médico?

Si tras 2 o 3 semanas las molestias o los dolores de la cicatriz de la episiotomía no remiten, especialmente cuando estás sentada, conviene que te vea un especialista. Tal vez tengas un edema que puede tratarse. Igualmente puede ser necesario volver a intervenir y rehacer la episiotomía.

Ante cualquier signo de infección (enrojecimiento, dolor agudo a la palpación, endurecimiento de la cicatriz, secreciones malolientes y purulentas…) acude al médico o la matrona. Si la herida está infectada necesitará tratamiento urgente.

Suturas

Definición:

Las líneas que, en la vida fetal y primeros meses de la vida, separan a los huesos constituyentes del cráneo.

Síntomas:

Ninguno.

Tratamiento:

Ninguno.

Hematoma

Definición:

Acumulación de sangre bajo la piel debido a la rotura de pequeños vasos sanguíneos.

Tratamiento:

Aplicar hielo (nunca directamente sobre la piel) o gasas frías en la zona. Administrar un analgésico si duele mucho. También se puede colocar un apósito que comprima la zona para evitar que el hematoma se expanda.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

Источник: https://www.todopapas.com/embarazo/parto/dolor-de-episiotomia-5876

Cómo la episiotomía cambió mi vida

Dolor de episiotomía
Dolor de episiotomía

Hoy escribo, probablemente, uno de los posts más personales y más difíciles, para mí. Hace tiempo que quería escribir sobre mi experiencia con la episiotomía, pero hay heridas que hay que cicatrizar bien antes de sentarse a escribir sobre ellas.

Mi primer parto fue para mí, por muchos motivos, traumático. Tal vez algún día me atreva a escribir sobre él, pero esa es una herida emocional que aún no he cerrado del todo.

La cuestión es que durante ese primer parto me practicaron una episiotomía.

Qué es la episotomía

La episiotomía es una incisión quirúrgica que se realiza en la vulva, justo en la entrada de la vagina, durante el parto para facilitar la salida del bebé.

Vaya por delante que no soy ninguna experta en obstetricia ni tengo formación sanitaria. Solo soy una mujer que ha tenido dos hijos y a la que, en su primer parto, le cortaron la vagina. Ya sé que dicho así suena un poco gore, pero igual llamar a las cosas por su nombre y dejar a un lado los tecnicismos ayuda a crear conciencia.

A pesar de no ser una profesional del tema en cuestión, he tratado de documentarme para escribir este post y he llegado a varias conclusiones:

  1. La episiotomía se empieza a usar de manera sistemática en prácticamente todos los partos en un momento de la historia en que el parto se medicaliza y se abusa de la instrumentalización.
  2. A día de hoy, la ciencia parece haber demostrado que la episiotomía es perjudicial y conlleva grandes riesgos para la salud de la mujer. En palabras de Mardsen Wagner, Ex Director del Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS: “La ciencia ha constatado que causa dolor, aumenta el sangrado y causa más disfunciones sexuales a largo plazo. El índice de episiotomías del 89% en España constituye un escándalo y una tragedia” (1999). Han pasado casi 20 años y el porcentaje, según las estadísticas, parece arrojar datos que apuntan a que la episiotomía se sigue practicando aproximadamente en el 40% de los casos.
  3. Por lo tanto, a pesar de las evidencias científicas, la episiotomía sigue siendo una práctica frecuente en los hospitales españoles.

También he intentado encontrar algún manual o guía oficial de la OMS o la SEGO en la que indicara en qué casos sí está indicada la episiotomía. Difícil.

Casi todos los documentos que he encontrado se limitan a decir que hay que reducir el número de episiotomías y que no se deben practicar de manera rutinaria.

Las únicas supuestas ventajas de la episiotomía son evitar que la mujer se desgarre sola y facilitar la salida del bebé.

Se me antoja absurdo (permítanme la expresión) practicar una episiotomía para evitar un desgarro. Algo así como decir «ten cuidado que estoy viendo que te vas a caer, ya te empujo yo y acabamos antes y además, de paso, decido en qué dirección te caes».

Señores obstetras, dejen que mi cuerpo se rompa por donde necesite, si es que acaso lo necesita, y en ese caso, si la naturaleza me ha roto, cósanme. Bendita medicina que nos ayuda a sanar cuando las cosas están mal. Pero la medicina preventiva no debería ser agresiva.

Sobre todo porque esa episiotomía, no lo obvien, tiene consecuencias.

El segundo motivo que se alega es el de facilitar la salida del bebé.

Si de verdad el parto no está progresando y el bebé está sufriendo en el canal del parto, por favor, ábranme en canal si es necesario; pero en ninguno de mis dos partos he tenido la sensación de que mi vagina (elástica y flexible) fuera un problema ni dificultara la salida de mis hijos al mundo exterior. Y las cifras cantan, señores, practican ustedes más episiotomías de las «necesarias».

Ya sé que no tengo su formación sanitaria y que ustedes debieron estudiar muy a fondo en la universidad sobre el aparato genital femenino, el parto y sus posibles complicaciones.

Yo solo tengo una matriz que ha albergado a dos hijos y una vagina (cortada) que ha abierto el camino a esos hijos hacia la vida. Ya sé que dos partos no son nada con la cantidad de partos que ustedes atienden en sus carreras.

Si no quieren escucharme a mí, escuchen a sus colegas de la OMS con los datos científicos actuales y abandonen las prácticas obstétricas obsoletas.

Y entiendo que, seguramente, en la mayoría de los casos, lo hacen ustedes pensando que hacen un bien o, al menos, de los males, el menor. Tal vez, cambiaran de opinión si supieran que los males de la episiotomía no son menores. Déjenme que les cuente.

Consecuencias de la episiotomía

En enero de 2013 me sacaron a mi hija en un parto instrumentado con ventosa (si era necesaria o no es otro tema). Durante el parto me practicaron una episiotomía y sufrí una laceración vaginal.

Las consecuencias de aquel parto fueron múltiples pero de algunas de ellas (incontinencia urinaria, miedos varios…) no podría asegurar que fueran exclusivamente fruto de la episiotomía.

Lo que sí tengo claro que pasó como consecuencia de esta episiotomía fue la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales).

Cuando en la revisión post-parto el ginecólogo me revisó, me dijo que me habían cosido muy bien, que la cicatriz era casi imperceptible.

Le dije que sentía mucho dolor durante la exploración (al borde del llanto) y me dijo que aún era pronto, que se me iría pasando.

Así que me fui a mi casa, con mi vagina cortada y cosida, pensando que al menos me habían hecho un pespunte mono y pronto pasaría el dolor.

Pero no. Pasaban los meses y el dolor era insufrible. Es fácil imaginar que mantener relaciones sexuales con penetración era lo último que me apetecía.

Volví al ginecólogo, que se limitó a decirme que la cicatriz se veía bien y que debía relajarme.

Como si fuera una cuestión psicológica, sin entender que yo quería dejarme llevar pero el dolor era físico, real e insoportable.

Un año y medio. Se dice pronto. Un año y medio después de haber tenido a mi hija seguía todo igual. Las consecuencias de ese corte sin importancia que ustedes practican aún en casi la mitad de los partos, en mi caso, se tradujo en un dolor insoportable en la zona de la cicatriz que me impedía mantener relaciones sexuales.

Me sentía mutilada. Literalmente. Me habían robado el placer.

Traté de aceptar la situación, de asumir que yo ya no era la mujer de antes, que era una mujer distinta con una disfunción sexual. Con 35 años. Con todo el dolor emocional que eso conlleva.

Pensando que debía enterrar parte de mi sexualidad y no me quedaba otra que asumirlo. De tener más hijos, por supuesto, ni hablar.

La solución a todos mis males

Un día, dándole vueltas al tema en mi cabeza, me dio por pensar en cuántas mujeres mutiladas habría a mi alrededor sin que nadie lo supiera. No creo que todas las episiotomías acaben igual pero yo no podía ser la única. Decidí buscar en internet. Debí teclear en Google algo así como «dolor en la cicatriz de la episiotomía».

Y de repente, allí estaba ella. Una fisioterapeuta del suelo pélvico, especializada en atender a mujeres con secuelas tras los partos, entre ellas, las cicatrices de episiotomía. Sentí ganas de llorar. Miento, lloré.

¿Sería posible que algún profesional sanitario tuviera conocimiento de lo que me pasaba y no se limitara a decirme que me relajara? Tenía la consulta a escasos 30 kilómetros de mí casa.

La llamé inmediatamente y concerté una cita.

Aquel primer día hablamos mucho, casi todo el tiempo de la consulta. Lloré. Le conté. Me escuchó. Le dije que tenía mucho miedo de que me tocase. Me dijo que la primera regla de su trabajo era que la paciente no podía sentir dolor. Con dolor no había forma de sanar. Música para mis oídos.

Me exploró con sumo cuidado y el diagnóstico fue rápido. Además de una contractura muscular (sí, en la vulva) como fruto de tanta tensión sobre la zona; la cicatriz, que por fuera había quedado tan mona, por dentro era un auténtico desastre.

Estaban todos los tejidos adheridos unos a otros, formando un bloque, sin permitir ninguna flexibilidad ni movimiento.

Me contó que debía tratarlo para ir liberando los tejidos pero que aplicaría lidocaína en crema para anestesiar la zona antes de cada sesión, durante el tiempo que fuera necesario. Lo tenía clarísimo. Ante el dolor yo me contraía y la contractura solo complicaba aún más la situación.

Estudió a fondo mi suelo pélvico. Tenía un prolapso de vejiga, producido también durante el parto instrumentado, el cual era el origen de los problemas de incontinencia urinaria.

Me enseñó a hacer los ejercicios de kegel, que yo ya conocía, pero establecimos una tabla de ejercicios como si del gimnasio se tratara.

Me advirtió que no hacía magia, que si yo no era constante y hacía los ejercicios durante la semana, no mejoraría solo con 45 minutos semanales de sesión.

Me regaló una nueva vida

No soy (ni seré) la mujer que era antes de la episiotomía, pero he tenido un segundo hijo, así que sí, el dolor cesó en gran parte.

El dolor físico, porque el emocional ahí seguía, hasta el punto de que exigí que durante mi segundo parto nadie me tocara.

Aún recuerdo a mi ginecóloga acercándose durante el expulsivo y cómo se detuvo en seco cuando le grité «¡No me toques!».

Lo habíamos hablado previamente. Conocía mi historia. Me dijo que se me estaba poniendo muy blanca la zona de la cicatriz y que pensaba que podía desgarrarme y me pidió permiso para ponerme un poco de lubricante en la zona para ayudar. Accedí. Era mi cuerpo, mi parto, mi hijo… no era tan difícil explicar la situación y pedir permiso para tocarme.

¿Por qué no es así en todos los partos? Fue una experiencia maravillosa. Y sí, me desgarré mínimamente. Mi ginecóloga dijo que se había abierto la cicatriz, pero que solo necesitaba un punto.

Al abrirse la cicatriz me confirmó que los tejidos se habían cosido juntos la primera vez. Me dio tres puntos, procurando separar bien los tejidos de dentro hacia fuera. Me dijo que iba a intentar arreglarme un poco el estropicio anterior. Y así fue.

Después de mi segundo parto el dolor descendió hasta un nivel casi imperceptible.

No sé cuántas mujeres más sufrirán dispareunia a consecuencia de una episiotomía. Solo he escrito este post para contarles, si aún no lo saben, que existe la fisioterapia del suelo pélvico y puede ayudarlas.

A los ginecólogos que siguen practicando episiotomías injustificadas, solo puedo apelar a su conciencia. Hay muchas formas de mutilación genital; y esta es una de ellas.

Autor/a

Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/como-la-episiotomia-cambio-mi-vida/

Dolor de episiotomía

Dolor de episiotomía

Indice

¿En qué consiste una episiotomía?

Este corte, cuya práctica debe estar justificada por una emergencia, se realiza en ángulo entre la vagina y el recto, y se cose tras el alumbramiento.

La matrona o el ginecólogo se encargarán de unir todas las capas del corte (pared posterior de la vagina, capa de músculo del perineo y capa de piel) con una única sutura absorbible. Como podemos imaginar esta intervención suele tener efectos posteriores dolorosos.

No es extraño, por lo tanto, que se recomiende la administración de analgésicos y antiinflamatorios para aliviarlos.

Pero incluso si no se ha practicado una episiotomía, es normal que el perineo esté dolorido y sensible en los días posteriores al parto, debido a la distensión de la zona y la irritación de la mucosa, causadas por el paso del bebé al nacer.

Por regla general, esta molestia, cuando no ha habido episiotomía, suele remitir al cabo de pocos días, no más de 3 o 5. Pasado este tiempo, las recientes mamás afirman sentirse mucho mejor.

Sin embargo en los casos en los que sí se ha necesitado intervenir, la recuperación llevará un poco más de tiempo. Igualmente este proceso suele ser más doloroso, o cuanto menos algo molesto, especialmente pasada la primera semana. Además, obliga a adoptar una serie de cuidados diarios durante los primeros días, para su perfecta curación.

Posibles complicaciones y causas del dolor del perineo

Desgarros del perineo en el parto. En los partos vaginales existe el riesgo de que el tejido del perineo, la zona entre la vagina y el ano, no se estire lo suficiente para permitir la salida del bebé por la abertura vaginal y se produzca una dilaceración al no soportar la presión.

La comunidad médica distingue varios tipos de desgarros naturales según las capas de tejido afectadas y la gravedad de los mismos. Los más frecuentes son aquellos que implican la capa de piel y suelen ocurrir en el primer parto. Este tipo de desgarro ni siquiera necesita puntos de sutura.

Pero si las capas dañadas son el músculo o el esfínter anal, tendrá que ser reparado quirúrgicamente. Afortunadamente la incidencia de estos últimos es bajísima en los partos hospitalizados.

Sea como fuere, sufrir un desgarro por pequeño que sea, supone padecer dolencias más o menos fuertes según haya sido la severidad del daño.

Desgarro con episiotomía: En algunos casos, a pesar de haberse realizado un corte de episiotomía, se produce también un desgarro adicional que necesita suturarse para reparar la zona. Esta cicatrización, obviamente, será más larga que la de la episiotomía, y las molestias pueden ser mayores, o más duraderas.

Trombo vulvar: No es extraño que la salida del niño provoque la ruptura de alguna vena, y como consecuencia se forme un hematoma. Además del dolor, otro síntoma característico es la aparición de equimosis azulada, es decir, sangre depositada bajo la superficie de la piel. El tratamiento dependerá de la gravedad de la lesión.

Presión y peso sobre el periné: El suelo pélvico es el conjunto de músculos y tejidos que soportan algunos órganos de la mujer tales como la vagina, la vejiga o el recto.

Ciertas posturas, como permanecer de pie o estar sentada, favorecen que el peso de estos descanse totalmente sobre el periné, que ahora está afectado tras el parto.

Evita estas posiciones y mantente tumbada siempre que puedas.

Infección: La episiotomía, como cualquier otra herida, puede infectarse. Generalmente las infecciones son producidas por falta de higiene. Entre sus síntomas están el enrojecimiento y endurecimiento de la zona, secreción de pus, dolor, mal olor…

Puntos tirantes: Aunque no es necesario retirar los puntos, ya que se caerán solos o el propio cuerpo los absorberá en unos días, algunas suturas pueden haber quedado demasiado oprimidas, con lo que los puntos pueden tirar, ocasionando molestias o dolor, especialmente al caminar o cambiar de postura. Una revisión con la matrona puede confirmarlo y esta puede retirarlos si están incomodando.

Micción: El contacto de la orina con la herida aún sin cicatrizar puede causar escozor o dolor. Una solución es verter a la vez que se orina, un chorro de agua templada por la zona. No aguantes las ganas por miedo al dolor. La retención de orina puede favorecer las infecciones.

Relaciones sexuales: Durante las 4 o 6 semanas días posteriores al parto se recomienda no practicar sexo con penetración, para, entre otras cosas, evitar empeorar la zona dañada y permitir la curación.

Tras este periodo es común que aún se sienta cierta sensibilidad o molestias leves al mantener relaciones sexuales, incluso varios meses después del parto.

No obstante, esta insatisfacción sexual es transitoria y debería remitir cuando la herida cicatrice por completo.

Estreñimiento: El estreñimiento puede aumentar las molestias en la zona y comprometer la correcta cicatrización. Evítalo con una dieta rica en fibra.

Cuidados locales de la episiotomía

Los cuidados que lleves a cabo tras el parto son fundamentales para combatir las molestias derivadas de la cicatrización de la episiotomía.

Si no tienes ninguna complicación la manera más eficaz de sobrellevar el proceso de curación es con higiene, reposo y medicamentos.

Asimismo los ejercicios y medidas de prevención (ejercicios de Kegel) que hayas practicado antes del parto contribuirán sin duda, a una mejor recuperación de la zona.

Medicinas: Los supositorios antiinflamatorios después de la sutura suelen ser muy eficaces. Posiblemente, tras coserte la episiotomía te los apliquen. Igualmente te prescribirán una pauta de administración de analgésicos y antiinflamatorios, para calmar el dolor y disminuir la hinchazón.

– Higiene diaria: Mantener el área limpia es esencial para una óptima recuperación. El aseo íntimo debe hacerse suavemente con agua tibia y jabón neutro. Después seca la zona al aire naturalmente o con una toalla, sin frotar, dando pequeños toquecitos.

Puede utilizarse un secador de pelo con aire frío, pero solo para secar ligeramente los restos de agua. Recuerda que es una zona fisiológicamente húmeda. Los secadores pueden resecarla en exceso, lo que sería muy perjudicial. Además se corre el riesgo de sufrir quemaduras.

Asegúrate bien, por lo tanto, de que el aire sea frío.

Reposo: Los movimientos bruscos o el esfuerzo excesivo pueden separar los puntos o abrir la herida. Intenta evitarlos, descansar y mantenerte tumbada todo el tiempo que puedas. Si estás dando el pecho, adopta posturas que te resulten cómodas y que no  obliguen a poner el peso del bebé sobre ti.

Consejos para un mejor tratamiento de la herida

– Está desaconsejado totalmente el uso de tampones. Del mismo modo, las compresas para las pérdidas de sangre deberán ser transpirables. Rechaza las fabricadas con materiales plásticos y cámbialas a menudo para mantener la zona seca.

–  Tras la micción y las deposiciones es importante limpiarte bien, siempre de delante hacia atrás para evitar arrastrar las bacterias del ano, que podrían infectar la cicatriz. Es conveniente, después de la defecación lavar la zona con agua y jabón.

– Procura, después de la ducha, no vestir la zona y dejarla al aire. Lo ideal es que permanezcas tumbada desnuda durante varios minutos antes de vestirte.

– Elige ropa holgada que no ajuste o apriete la parte del periné. Opta además por tejidos transpirables de fibras naturales como el algodón. Aparta por un tiempo las braguitas de lycra, con encaje o los tangas que pueden irritar la zona.

–  Es aconsejable la observación diaria del perineo con un espejo, para descubrir posibles complicaciones y constatar la adecuada evolución de la cicatriz.

¿Cómo aliviar el dolor de la episiotomía?

Cuando el dolor o las molestias son intensos puedes aliviarlos con medidas como estas:

–  Date un baño de agua tibia.

–  La aplicación de frío calma, refresca y favorece la cicatrización. Recuerda no aplicar hielo directamente sobre la piel, ya que podrías quemarte. Envuelve el hielo en un paño antes de ponerlo en contacto con la piel, o utiliza chorros de agua fría, o compresas previamente enfriadas en el frigorífico.

–  Una almohada, un cojín hinchable o un flotador, ayudan a que resulte más cómodo estar sentada temporalmente, si bien no conviene abusar de esta postura ya que favorece que la zona perineal soporte todo el peso y se resienta, además se corre el  peligro de que la sutura se abra.

Del mismo modo ocurre al estar mucho tiempo de pie. La mejor forma para favorecer la recuperación, sin duda, es permanecer tumbada el mayor tiempo posible. Un truco: Al sentarte sobre superficies duras, contrae las nalgas y apoya la espalda sobre el respaldo del asiento.

De este modo los glúteos ejercerán de amortiguamiento y los puntos de la cicatriz no se separarán.

¿Cuándo acudir al médico?

Si tras 2 o 3 semanas las molestias o los dolores de la cicatriz de la episiotomía no remiten, especialmente cuando estás sentada, conviene que te vea un especialista. Tal vez tengas un edema que puede tratarse. Igualmente puede ser necesario volver a intervenir y rehacer la episiotomía.

Ante cualquier signo de infección (enrojecimiento, dolor agudo a la palpación, endurecimiento de la cicatriz, secreciones malolientes y purulentas…) acude al médico o la matrona. Si la herida está infectada necesitará tratamiento urgente.

Suturas

Definición:

Las líneas que, en la vida fetal y primeros meses de la vida, separan a los huesos constituyentes del cráneo.

Síntomas:

Ninguno.

Tratamiento:

Ninguno.

Hematoma

Definición:

Acumulación de sangre bajo la piel debido a la rotura de pequeños vasos sanguíneos.

Tratamiento:

Aplicar hielo (nunca directamente sobre la piel) o gasas frías en la zona. Administrar un analgésico si duele mucho. También se puede colocar un apósito que comprima la zona para evitar que el hematoma se expanda.

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Источник: https://www.todopapas.com/embarazo/parto/dolor-de-episiotomia-5876

Источник: https://atempocare.com/la-cicatriz-de-episiotomia-o-desgarro/

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