El bebé rechaza la cuchara

Por qué no hay que obligar a los bebés a comer: ni el avión, ni el chupete ni engañar con otra cosa

El bebé rechaza la cuchara

Durante muchos años las pediatras y enfermeros han explicado el tema de la alimentación complementaria de una manera muy imperativa, un «debe» en vez de un «puede», y las madres han pensado que a partir de los seis meses los niños tenían que comer, sí o sí, lo que se les decía.

Si decían que a partir de los seis meses se introduce la verdura, la fruta, la carne, los cereales, etc., los padres insistían con la cuchara para que sus bebés se lo comieran, y además para que se lo comieran todo, «que el pediatra me ha dicho que tiene que comer 320 ml de papilla».

Así, los niños llevan décadas viendo cucharas que vuelan como si fueran aviones, dibujos de televisión para que abrir la boca fuera una cosa casi inconsciente e incluso recibiendo un chupete detrás de la cuchara a modo de tapón: cuchara-chupete-traga; cuchara-chupete-traga-respira; cuchara-chupete-traga; cuchara-chupete-traga-respira… todos métodos orientados a obligar a los niños a comer lo que los adultos pensaban que tenían que comer. Pero esto es un error: por qué no hay que obligar a los bebés a comer: ni el avión, ni el chupete ni engañar con otra cosa.

Qué no es la alimentación complementaria

Pues eso. La alimentación complementaria no es empezar a dar a los niños la comida de los mayores porque si no la reciben empezarán a sufrir carencias terribles. No es darles comida con vitaminas porque las necesitan.

No es darles verdura, fruta y carne porque ya necesita comer cada día todo ello, así, de un día para el otro. Y tampoco es hacer que se coma la cantidad que el pediatra dice que se tiene que comer porque dice que lo necesita.

Qué es la alimentación complementaria

Pues lo que su propio nombre indica: un complemento. Un complemento no es un vestido. Un complemento es un bolso. ¿Se puede salir a la calle sin un vestido? Sí, poderse se puede, pero lo mismo viene la policía y te llama la atención.

¿Se puede salir a la calle sin bolso? Sí, se puede, la policía no vendrá a decirte que te has dejado el bolso en casa, aunque sí es verdad que es más cómodo llevarlo para meter dentro la cartera, el móvil y otros útiles más o menos necesarios.

Pues la alimentación complementaria es toda aquella alimentación que tiene como objetivo acompañar a la alimentación principal de los bebés, que es la leche materna (o en su defecto la leche artificial). Esto es así hasta el año de vida, más o menos, momento en que el bolso es más importante porque pasa a ser la maleta con la que te irás de vacaciones con la ropa dentro.

Dicho de otro modo: sí, el bebé empieza a necesitar comida porque solo con leche no puede estar hasta el año de vida, pero no la necesita de la noche a la mañana, sino que puede irse añadiendo de manera progresiva. Tampoco necesita una cantidad determinada estándar para todos los bebés en plan «papilla de 300 ml», porque cada bebé sabe cuánto necesita.

Un estudio realizado en el año 2000 por Butte contabilizó las calorías que necesitaban los bebés entre los 6 y los 24 meses.

Como dato curioso, si observamos el máximo de energía que puede necesitar un bebé varón de seis meses, 779 kcal/día, y la mínima cantidad diaria que puede necesitar un niño varón de 2 años, 729 kcal/día, vemos que un niño de seis meses puede necesitar más cantidad de alimento que uno de 2 años.

Imaginad la hipotética situación en que un niño de 2 años y su primito de 6 meses se sientan juntos para comer y que ambos ingieren prácticamente la misma cantidad de comida. Lo más probable es que el de 2 años reciba un sermón porque “no comes nada” y sea incluso comparado con su primo: “Venga, come. Fíjate en tu primo. Sólo tiene seis meses y come lo mismo que tú».

Los niños y niñas, por lo tanto y pese a haber cumplido seis meses, tienen que segur comiendo a demanda porque siguen teniendo la capacidad de comer lo que necesitan y cuándo lo necesitan. Esta habilidad, llamada hambre, la tienen desde que nacen y la pierden el día que mueren.

Conocer, descubrir, tocar, probar..

La alimentación complementaria es ofrecer alimentos para que los bebés empiecen a probarlos, a conocer nuevas texturas, colores y sabores, y poco a poco ir pasando de la leche a la comida. Es, poco a poco, ir haciéndose niño; poco a poco, ir comiendo comida de verdad.

¿Verdura? Pues sí, si le gusta, sí. ¿Fruta? También, si le gusta, también. ¿Ternera? Sí le gusta, sí. Pero si no le gusta, pues ya la comerá… no hace falta torturar a un bebé con ello.

Se le ofrece un día, y si no le gusta ya se le dará otra vez otro día, y si tampoco, otro día, pasados unos cuantos en que coman otras cosas…

al final, a medida que van repitiendo un sabor, lo acaban aceptando.

Pero no todos, hay algunos que los odian igualmente porque de verdad no les gustan. Pues se apartan de la comida.

Comer tiene que ser estimulante y un momento de disfrute: ningún alimento es imprescindible y ningún bebé de 6 meses tiene que comer verdura porque de repente necesita comerla porque si no le faltarán vitaminas o algo así. Además, hay muchos tipos de verdura y muchas frutas diferentes… hay mucho que ofrecer.

A veces no quieren algo a los seis meses y luego al año empiezan a comerlo. A veces pasan años sin probar un alimento y luego, al ver que los mayores lo comemos, empiezan a comerlo también.

A veces no comen porque les estamos dando todo triturado y ellos preferirían pasar de la teta a los macarrones.

Y a menudo lo hacen, de repente comen, porque nadie les presiona, porque todos los consideran alimentos igual de buenos o válidos que el resto.

Por eso se recomienda que, para que acepten los alimentos, les dejemos a ellos que los cojan y los coman, sin que nadie les fuerce o engañe. Son más listos de lo que pensamos, y a la que los fuerzas, obligas o engañas, piensan que de verdad es algo que está muy malo y empiezan a negarse a comerlo.

Fotos | iStock, Gall en Flickr
En Bebés y más | Adelantar la alimentación complementaria para que los bebés engorden más es un error, A pesar de las recomendaciones la mayoría de bebés empieza la alimentación complementaria antes de tiempo, Expertos en nutrición alertan de que los padres tardan mucho en ofrecer comida no triturada a los bebés

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Mi bebé no come nada – Modo papillas

El bebé rechaza la cuchara

Hay diferentes maneras de ofrecer la alimentación complementaria: papillas, picados, mixtos, BLW, si te has informado sobre los distintos métodos para introducir los sólidos a los bebés, y has elegido las papillas o triturados, te vamos a explicar algunas cosas a tener en cuenta para alimentar a tu bebé.

La alimentación complementaria no tiene porqué empezar a los 6 meses y 1 un día, sino que deberíamos tener en cuenta ítems muchísimo más importantes para saber si está preparado para comer sólidos:

  • ¿Se mantiene sentado en una trona con ayuda sin tambalearse o caerse hacia los lados?
  • ¿Ha perdido el reflejo de extrusión de la lengua? (movimiento reflejo que permite al bebé expulsar de la boca cualquier objeto sólido que alcance la parte anterior de la lengua, es un movimiento reflejo de autoprotección que evita atragantamientos por cuerpos extraños y que desaparece entre los 5 y 8 meses de vida aproximadamente).
  • ¿Muestra interés por la comida?
  • ¿Es capaz de mostrar hambre o saciedad con gestos? Sabe decir que no, o señalar, etc…
  • ¿ Su desarrollo psicomotor le permite mirar un objeto, agarrarlo con la mano y llevárselo a la boca?

Si alguna de estas respuestas es no, significa que aún no está preparado para comer sólidos, con lo cual aquí tienes una posible señal de porqué no come, si es vuestro caso.

“Ya pero antes se empezaban a dar las papillas a los 3 o 4 meses, ¿no?

Correcto, pero “antes” fue la época en la que no se sabía nada de lactancia y las madres no daban el pecho.

Fue el boom de la leche de fórmula, pero ésta no aportaba los nutrientes que aportan las fórmulas de hoy y se debían complementar con alimentos, que por narices tenían que ser en formato muy líquido, pues los bebés, a esa edad, aún no estaban preparados para otras texturas,

“La superioridad de la leche materna sobre cualquier otro alimento hace que deba ser el alimento aconsejado y recomendado para el recién nacido y lactante sano durante los 6 primeros meses de vida, ya que su composición se adapta a las limitaciones fisiológicas del tubo digestivo, del metabolismo intermediario y de la función renal. Aportando una serie de ventajas: nutricionales, inmunológicas, psicológicas y económicas.“ – AEPED

“Ya, pero yo le doy fórmula y el pediatra me ha dicho que debo empezar con sólidos cuando cumpla 4 meses”

Esta es una recomendación habitual, pero no está alineada ni actualizada con las recomendaciones oficiales de organismos internacionales y nacionales como la OMS o Nacionales como la AEPED:

“Cuando no sea posible la alimentación al pecho materno se realizará con las llamadas leches para lactantes o fórmulas de inicio. Son leches elaboradas a partir de la leche de vaca y sustituyen a la leche materna para los lactantes sanos durante los 6 primeros meses de vida y pueden ser utilizadas junto a otros alimentos hasta el año de vida.”

A tener en cuenta…

  • La comida sólida complementa la lactancia hasta el primer año.

Eso significa que el bebé de esta edad debe alimentarse con leche para entrar en un periodo transicional en el que se inicia la diversificación alimentaria.

Al fin y al cabo, es una manera de empezar a incorporar colores, texturas, olores, nutrientes… Es una manera de aprender, de probar, de experimentar, de ver cómo reacciona el cuerpo, de observar (alergias, reacciones, tolerancia…) con el fin de que llegados al año de edad (siempre aproximado) ese bebé sea capaz de comer comida sólida e irla incorporándola como principal para dejar la leche como alimento complementario.

“Vale, mi bebé cumple todas las condiciones, pero se niega a comer”

Es una consulta común, bebés que no quieren papillas, ni probar texturas nuevas, etc.

Vamos a dar un repaso a algunos tips básicos para que el momento de la comida sea un momento agradable de relación y alimentación:

  • Tan importante es la presentación cómo la calidad del plato: No por hacer papillas debemos abandonar la presentación, las buenas formas, y la calidad nutricional.
  • Los horarios no son importantes a esas edades, es difícil pensar que después de una lactancia a demanda ahora vamos a desayunar a las 8h a comer a las 12h, merendar a las 16h  y a cenar a las 19h. No tiene mucho sentido, ¿verdad?. Recuerda que el bebé sigue tomando leche, con lo que quizás, si de manera relajada, le ofrecemos comida cuando nosotros comemos, sin que tenga 4 ojos mirándolo, la presión y la sensación para él será mucho más llevadera y seguramente mostrará más interés. Al final, los horarios y las rutinas se van a incorporar de manera natural, igual que lo están en nuestras vidas.
  • Un plato tiene que entrar por los ojos. Se llama empatía, ¿o tú te comerías según qué? Un bebé necesita colores y olores agradables, o sea que no se trata de coger la paella del domingo y pasarla por el turmix, sino de tener mucho cuidado en cómo siente la comida nuestro bebé. Debe ser un momento de explosión de los sentidos: olores, sabores, texturas… debe poder experimentar, ponerse contento y esperar ese momento con alegría, pero no todo vale. El plato tiene que tener un aporte nutricional óptimo, hay que huir de los procesados y los añadidos como los azúcares por “muy buena pinta que tengan”
  • No se vale ponerle una cuchara y no dejar que la use. Si has optado por las papillas, prepárate para la guerra con humor, pon un hule en la mesa y quítale la ropa a tu bebé. Usa la cuchara para ofrecerle la comida, pero NO SE LA METAS EN LA BOCA. Es muy necesario que tu bebé muestre sus ganas de comer o su sensación de saciedad, y con una cuchara atacando cada 10 segundos es muy difícil: puedes coger la cuchara y situarla a la altura de sus ojos, pero sin avasallar, ofreciendo, no enchufando, y que sea el bebé el que se incline hacia ella para comer. Si no lo hace o no muestra interés, es importante tener una segunda opción. Cuando coma, aparta la cuchara de su cara, deja que saboree y que trague tranquilamente, y no vuelvas a coger la cuchara hasta que haya tragado y respirado. Si él tiene su propia cuchara e intenta comer, deja que lo haga, permítele probar, confía en él, observa como aprende.
  • Los movimientos masticatorios reflejos aparecen sobre los 7 meses, con lo que, aunque hayas decidido empezar con papillas, ten en cuenta que el bebé necesita empezar a masticar. Es importante empezar a aumentar la consistencia de los alimentos sin prisa pero sin pausa. En breve publicaremos un post sobre la transición de los alimentos.
  • Cuando diga NO o cierre la boca, se acabó. No intentes convencerle, ni distraerle a ver si cuela, mucho menos a hacerle el truco de cambio de chupete-cuchara ni chantajearle con “mamá te va a querer mucho”, etc. Eso es forzar y si hay algo en lo que todos los organismos y profesionales de la nutrición están de acuerdo de manera unánime, es que NO SE DEBE FORZAR NUNCA a un niño a comer. Respeta su decisión, ofrécele el siguiente alimento o el pecho y de nuevo, si le apetece bien y sino, también.

Si aún cumpliendo con todo esto tu bebé se niega a comer:

  • Las comidas, además de nutrirnos tienen que ser momentos placenteros, de calma, de tranquilidad, de relación, ¿o a nosotras nos gusta comer con prisa, alimentos que no nos gustan o comer cuando no nos apetece? Pues eso. Si las comidas se están convirtiendo en momentos de rabietas, llantos, tensión y estrés, vamos por mal camino.
  • Si esto está pasando, lo más probable es que no estemos cumpliendo con lo comentado más arriba. Si tu bebé solo ver la comida se pone a llorar, apártala un par de días de su dieta y aliméntalo de nuevo exclusivamente con tu leche.  Intenta hacerlo en fin de semana, cuando estéis tranquilos, cuando no te tengas que ir a trabajar y puedas estar tú al 100%.
  • Un par de días más tarde, vuelve a empezar, ¡con alegría! Integra a tu bebé en la mesa con vosotros, deja que sea él el que pida probar, intenta no mezclar alimentos aún y ofrecerle dos o tres opciones de distintos colores, texturas y sabores. Pon una cuchara a su alcance y que pruebe. No pasa nada si no usa la cuchara, es sólo simbólica. Deja que meta las manos en el bowl y que se las chupe. Que pruebe poquito a poco y que se convierta en un momentazo para todos.
  • Si aún no come y tiene menos de 7 meses, es que probablemente no esté preparado. Espera un poco.
  • Si tiene más de 7 meses y no come absolutamente nada, aún poniendo en práctica lo comentado en este post, puede ser el momento de consultar con un profesional especializado para valorar la ingesta o con el pediatra para valorar otros motivos (lee + aquí)
  • Cuando empiece a comer, es de VITAL IMPORTANCIA que transmitas todo esto a las personas que están con él en los momentos de las comidas. Si ya has empezado a trabajar y se queda con la canguro, la abuela o la guardería, investiga cómo le están ofreciendo la comida y haz los cambios pertinentes. Respetar esta etapa tan importante es crucial para que cuando este bebé se convierta en niño, pueda gozar de autonomía y quiera probar sensaciones nuevas.

Si te has quedado con ganas de más, atenta, porque Iria Quintans , dietista nutricionista de Nutrienfamilia nos está preparando una entrada para explicaros la transición de los triturados a los sólidos ¡”comme il faut”!

*Es importante recalcar que en todo momento estamos hablando de bebés sanos que se encuentran dentro de la normalidad. Si no estás segura si es vuestro caso, no dudes en consultar con un profesional pediátrico.

Источник: https://blog.lactapp.es/bebe-no-come-nada-modo-papillas/

5 casos por los que tu bebé se niega a comer

El bebé rechaza la cuchara

No admite la cuchara, solo quiere comer potitos o alimentos salados, rechaza la comida en trozos o la verdura… Puede que tu hijo se encuentre en uno de estos casos o en varios a la vez. ¿Qué hacer? Sigue estos consejos.

Se niega a comer con cuchara

Esperabas con impaciencia esta nueva etapa. Por fin tu bebé iba a comer purés con cuchara, como un niño mayor, o casi.

Lo que ocurre cuando tiene el plato delante: se niega a abrir la boca cuando le ofreces la cuchara y, si insistes, vuelve la cabeza. Estás decepcionada y no sabes qué hacer ante ese rechazo que no te esperabas.

¿Qué debes hacer? Tranquilízate.

Aunque tarde en aceptar la cuchara, tu hijo no va a sufrir ninguna carencia: la mayor parte de los nutrimentos que necesita en esta etapa de la diversificación se los aportan las leches infantiles (o la leche materna si le das el pecho).

Ofrécele la cuchara en diferentes ocasiones, sin forzarlo. Si crees que todavía no está preparado, inténtalo dentro de una semana, los dos tenéis tiempo de sobra. Mientras, puedes meter los purés o las compotas en el biberón.

¿Trozos? ¡No gracias!

Tu hijo ya tiene dientessuficientes para introducir los trozos en su alimentación. Es una etapa importante de la diversificación y de la iniciación a los sabores y las texturas.

Lo que ocurre cuando tiene el plato delante: a tu bebé le encantaban las patatas en puré, pero ahora se niega a comerlas en trozos. ¡Qué raro!

¿Qué debes hacer? Aunque tu hijo mayor no reaccionara de este modo, no es nada excepcional. Puede que tu pequeño rechace los trozos porque se los das en un puré y teme la nueva textura.

El rechazo también puede ser consecuencia de un mal paso que ha quedado grabado en su memoria o de una ingestión difícil de un trozo anterior, demasiado grande para él. Por temor a pasar por el mismo trance, prefiere rechazarlo todo. Como ocurre a menudo con la alimentación de los niños, tu mejor aliado es el tiempo. Ofrécele la comida en trozos cada cierto tiempo, sin forzarlo.

Colócalos aparte en el plato y deja que los coja él mismo con los dedos. Cuando vea que es capaz de controlar la masticación y la deglución, aceptará los trozos.

Con la verdura, no hay manera

Para que tu hijo esté sano, le preparas verdura todos los días.

Lo que ocurre cuando tiene el plato delante: brócoli, judías verdes, zanahorias… en cuanto lo ve, aparta el plato. No les encuentra la gracia.

¿Qué debes hacer? Para garantizar el aporte de fibra, vitaminas y oligoelementos, basta con que tu bebé tome una o dos verduras o frutas al día. Si se niega, no te empeñes. Sé inventiva, pero nunca lo fuerces para que la comida no se coinvierta en motivo de rechazo sistemático.

Dásela de forma distinta. Si no le gusta la zanahoria cocida, a lo mejor la toma rallada. ¿No aguanta las judías verdes? Cómpralas extrafinas, sin hilos y, si es posible, ecológicas. Podrías añadir una nuez de mantequilla.

Pero no engañes nunca a tu hijo «camuflando» la verdura que no le gusta en el puré. ¡No se trata de eso!

Para que las acepte mejor, dásela en pequeñas cantidades, sin montar un número antes incluso de que haya empezado a comer.

Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos va en esta dirección: un niño se siente más inclinado a probar una verdura cuando sus padres no le hablan de los beneficios que tiene para su salud.

De modo que olvídate de la sopa que hace crecer o de las zanahorias que te hacen ver mejor.

Por último, recuerda que tu hijo tiene derecho a que no le guste una verdura. Tiene sus propios gustos, como tú. A lo mejor, dentro de unos años le gustan esos nabos que ahora tanto detesta.

Solo quiere comer dulce

Para que tu pequeño gourmet disfrute de una alimentación equilibrada y variada, le preparas verdura, carne y pescado según la comida del día.

Lo que ocurre cuando tiene el plato delante: ¿salado?, no gracias. Tu hijo dice que no tiene hambre. Pero, al llegar el postre, te pide otro petit suisse. Es evidente que es un goloso y sabe que cederás.

¿Qué debes hacer? Por miedo a que no coma lo suficiente, dejas que tome dos yogures para «compensar». Si quieres salir de ese círculo vicioso, tienes que poner fin a esa selección en su plato y a la doble ración de postre.

Es más fácil decirlo que hacerlo, pero tienes que convencerte de que tienes razón y pedir la colaboración de su padre. No se trata de obligarle a terminar el plato de verdura, sino simplemente de que coma la cantidad que consideres razonable. Varía los menús y, si se niega en rotundo, no le des postre.

Tu hijo no se dejará morir de hambre. Enseguida comprenderá que no comer alimentos salados no es una opción.

No le gustan los platos caseros

Durante la semana, los potitos son prácticos. Pero, cuando llega el fin de semana, quieres preparar productos frescos para tu bebé.

Lo que ocurre cuando tiene el plato delante: seguro que tu puré de zanahorias es delicioso, pero, al parecer, no tanto como el de los potitos.

Es una reacción que tiene fácil explicación: con los potitos, tu hijo está acostumbrado a un alimento «insípido» y a consistencias uniformes, sin sorpresas. Si crees que tu puré de zanahorias es mejor que el de los potitos, es porque el sabor es distinto…

Por eso precisamente tu bebé necesita tiempo para acostumbrarse. No desesperes: acabará sucumbiendo a tus platos caseros, como el resto de la familia.

Stéphanie Letellier
© Enfant.com

Источник: https://www.conmishijos.com/bebes/alimentacion/5-casos-por-los-que-tu-bebe-se-niega-a-comer/

Anorexia en el bebé: ¿Qué hago cuando no quiere comer?

El bebé rechaza la cuchara

Dra. Dª. Cristina Campoy Folgoso, Profesora del Departamento de Pediatría de la Universidad de Granada, Miembro del Comité de Nutrición (CoN) de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátricas (ESPGHAN).

Cuando el bebé no quiere comer (anorexia) ser por causa orgánica o funcional. El conocimiento de los tipos de rechazo a la comida en esta etapa de la vida del bebé y del comportamiento que deben tener los padres facilita la actitud ante este problema.

Normalmente, La anorexia en el lactante se debe a las infecciones

La anorexia en el lactante pequeño suele ser por causa orgánica, predominando las infecciones. Por tanto, el rechazo de la comida del niño pequeño sólo raras veces revela algún conflicto en su relación con la madre.

En las enfermedades febriles, la inapetencia suele acompañar a la fiebre. En las gastroenteritis, el niño se muestra negativo para la ingestión de alimentos mientras dura la enfermedad.

 Cuanto mayor es el bebé, las causas funcionales son más frecuentes.

Para casi todos los padres, el niño que come poco y sin ganas representa una gran contrariedad. Parece como si el pequeño, al rechazar la papilla preparada con tanto amor y cuidado, también rechazará a la madre y/o padre. «¡Mi niño no come!», dicen despechados o alarmados, como si el niño les estuviese jugando una mala pasada.

El niño no quiere comer

El niño, que durante 9 meses de gestación ha gozado de bienestar y equilibrio perfecto entre sí mismo y el espacio interior de la madre, tras el nacimiento, debe adaptarse a un ambiente nuevo temporalmente hostil. Para tranquilizarse, quiere sentirse unido a la madre igual que antes, teniéndola siempre a su lado.

Para el lactante, la comida no es simplemente nutrición, también tiene un profundo significado afectivo. Desde sus primeros días de vida, mientras es amamantado o chupa la leche infantil del biberón, el niño establece con la madre una profunda relación.

Da y recibe amor a través del contacto físico y psicológico establecido con ella.

La madre querría estar en condiciones de dárselo todo, pero no debe dejarse poseer totalmente y debe fijar algunos límites al deseo exclusivista -y a veces tiránico- de su hijo.

Esta recuperación de sí misma a veces puede crear en la madre un sentimiento de culpabilidad.

Está ansiosa y tensa e incluso pierde las cualidades indispensables en una madre: la calma y la serenidad.

Si el niño, que es muy sensible a los estados anímicos de la madre, percibe su ansiedad, se sentirá confuso e inseguro, se volverá a su vez ansioso y manifestará su ansiedad rechazando el pecho o el biberón, incluso tragando aire. Ante estas reacciones la madre se preocupa, creándose así un círculo vicioso del que le será difícil escapar.

El apetito del bebé, cuando no quiere comer

Normalmente, los bebés comen bien. Algunos comen más que otros, pero lo importante es que la cantidad que tome cada niño sea suficiente, cosa que se va a reflejar en el peso. En los primeros meses de vida, los incrementos de peso son bastante fijos y regulares.

Llegados los 14-16 meses, el apetito baja sensiblemente, ya que la aceleración del crecimiento disminuye y, por tanto, también las necesidades energéticas.

Además, a esta edad, el niño ya es capaz de desplazarse caminando y descubre así un fantástico y excitante mundo por explorar que le hace cambiar su escala de valores, por lo que la comida pasa a segundo término.

Posteriormente, el tener buen o mal apetito depende de los hábitos y constitución del niño. Debemos intentar que coma con los miembros de la casa, de forma relajada y distendida. Sentirse integrado en la familia, darse cuenta de que todos escuchan y contestan a sus peroratas reforzará su autoestima.

Casos especiales en la alimentación de los bebés

Caso especial es el de los llamados «lactantes neuropáticos», bebés que van a mostrar dificultades en el amamantamiento y en el reflejo de succión desde el primer mes de vida, con continuas interrupciones de la tetada por llanto sin motivo aparente, eructos, regurgitaciones, y reflejo gastrocólico exaltado. Estos niños tienen una mirada vivaz e inquieta y con el llanto suelen llevar la cabeza hacia atrás en hiperextensión.

El papel de los padres en la alimentación del niño

Errores dietéticos durante los primeros meses de vida también pueden conducir a una anorexia pertinaz. A veces, tras el destete, la modificación de la consistencia y sabor de los alimentos, así como la introducción de la fruta, verduras o papillas, son motivo de nuevas dificultades, comenzando de nuevo la resistencia del niño a la alimentación.

Además, el niño también puede manifestar cierto malestar por la interrupción de la relación íntima que durante la lactancia mantenía con la madre. La pérdida de apetito también se ha observado en niños con abandono físico por carencia afectiva y privación emocional.

Los padres no deben preocuparse demasiado por la cantidad de comida que ingieren sus hijos. No debe existir motivo de preocupación si el niño, a pesar de su aparente desgana, se manifiesta normalmente despierto, vivaz y activo fuera de horas de comida.

Si el niño no pierde peso y su aspecto es saludable, la postura más sabia es tomar las cosas con tranquilidad y dejarle en paz, pero sobre todo no hacer de la comida el parámetro o la medida para valorar la actitud general de niño, ni hacer que el momento de la comida sea un tiempo de «confrontación o enfrentamiento». Si persiste el enfrentamiento, los mecanismos de rechazo pueden reforzarse por ambas partes y lo que inicialmente era un rechazo de un tipo determinado de alimento, se puede generalizar. La ansiedad de muchos padres es determinante en la persistencia de una falta de apetito en sus hijos.

Tipos de rechazo a la alimentación del bebé

a) Los que hacen un «rechazo activo» (llanto, desvío de la boca al intentar aproximar el biberón o la cuchara, escupen el alimento o lo expulsan inconscientemente y vomitan si se les obliga a tragarlo).

b) Los que manifiestan un «rechazo pasivo» (permanecen quietos, dejan que introduzcan el alimento en su boca, sin tragarlo, y posteriormente cuando ya está llena entreabren la boca lo expulsan) consecuencia de un trastorno reactivo más marcado.

Источник: https://www.lechepuleva.es/bebe/no-quiere-comer

Embarazo y niños
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