El miedo en los niños

Miedos de los niños. Ayudarles a superar sus temores

El miedo en los niños

Reír, llorar, enfadarse… Experimentar emociones es algo común en niños y adultos. Sentir miedo, también. Es normal e incluso positivo, ya que supone un estado de alerta que protege de posibles riesgos.

Hay temores comunes en casi todos los niños, propios de cada etapa evolutiva, los cuales se superarán con un poco de ayuda de forma casi espontánea.

Solo debemos preocuparnos si los miedos perduran demasiado o provocan un estado de ansiedad desproporcionado.

Por qué tienen miedo los niños

Temer a los extraños, a separarse de sus padres, a la oscuridad, al colegio… son miedos evolutivos.

Son temores comunes a casi todos los niños, la mayoría pasajeros, de poca intensidad y propios de una etapa evolutiva concreta.

Están asociados a las distintas fases del desarrollo y van variando a medida que evolucionan las características cognitivas, sociales o emocionales de los niños.

Ahora bien, cada uno, en función de sus características personales y de sus experiencias, vivenciará dichos miedos de forma diferente o en distintos momentos que otros, o incluso no experimentará nunca un temor determinado. No reaccionará de la misma manera un niño que ha sido agredido por un perro que otro cuyas experiencias con animales han sido positivas.

Frecuentemente, los padres recurren al miedo para proteger a sus hijos de situaciones peligrosas (enchufes, animales, tráfico), pero también, les meten el miedo en el cuerpo innecesariamente para controlar su conducta. Es una práctica educativa que, aunque consiga que el niño obedezca en ese momento, puede originar a la larga problemas más serios.

Miedos de los niños según su edad

– Durante el primer año, lo que más los sobresalta es la pérdida de sustentación, los ruidos fuertes, los extraños y separarse de sus padres.

– A partir del segundo año, descubren que hay animales que les pueden hacer daño, que no les gusta la oscuridad, que se angustian cuando se hacen alguna herida y que los asusta lo desconocido. Por ello, siguen sin querer separarse de los padres.

– Con 3 y 4 años sus miedos se hacen más patentes. Su imaginación les juega malas pasadas y elucubran acerca de los monstruos que se esconden en la oscuridad. También los asusta el daño físico y aparece el miedo a los fenómenos naturales (truenos, viento, terremotos).

– Al llegar a los 5 y 6 años, mantienen el miedo a separarse de sus padres, a los animales, a la oscuridad y al daño físico, pero además se suma el miedo a seres malvados (ladrones, secuestradores) y personajes imaginarios (brujas, fantasmas, el “coco”, personajes de dibujos animados).

Tampoco les gustan los médicos, sobre todo si llevan bata blanca, y los preocupa la enfermedad y la muerte.

– El niño de 7 y 8 años sigue teniendo miedo a la oscuridad, a los animales y a los seres sobrenaturales, y añade su temor a hacer el ridículo por la ausencia de habilidades escolares, sociales o deportivas.
– De 9 a 12 años disminuye su miedo a la oscuridad y a los seres imaginarios, pero ahora son especialmente sensibles al colegio (exámenes, suspensos), a la aceptación social (integración en el grupo, aspecto físico), a la soledad, a la enfermedad y a la muerte.

La reacción del niño ante el miedo

Cuando son bebés pueden reaccionar con sobresalto o llanto; más tarde, además de llorar, intentan evitar a toda costa la fuente que les causa el temor, buscan la compañía de un adulto que los proteja.

A veces, simplemente, experimentan algún cambio en su conducta habitual, por ejemplo, pueden manifestar alguna regresión en sus hábitos, volviéndose a hacer pis en la cama o a chuparse el dedo cuando ya habían dejado de hacerlo.

Los miedos no son motivo de grandes preocupaciones, pero si son tan intensos y persistentes que repercuten negativamente en el desarrollo del niño, en su vida cotidiana o en sus estudios, y la familia, a pesar de sus esfuerzos, no sabe cómo manejar la situación, sería conveniente visitar a un profesional.

Cómo ayudar al niño a superar el miedo

· Primero, identificar lo que produce miedo. · Hablar sobre las cosas que le causan temor, que se sienta escuchado.· Tener un talante comprensivo. Procurar que no se sienta avergonzado ni regañado.

· Transmitirle seguridad y confianza, siempre con un tono relajado. · Alentarle a que se enfrente a sus temores de forma gradual, aunque al principio sea con nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas.

· Fomentar su autoestima y autonomía.

· Enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad: escuchar música, relajarse, o actividades que le mantengan ocupado (contar fichas, enumerar comidas favoritas). · Concederle algún poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una pequeña mascota). · Predicar con el ejemplo, de forma que tenga en nosotros un modelo adecuado de superación. · Ofrecer al niño una visión positiva del mundo. Hay que enseñarle a no preocuparse excesivamente por las cosas y a encontrar soluciones a los problemas que le surjan.

· Mucho humor. Un buen antídoto contra el miedo es transformar aspectos aterradores en características graciosas mediante dibujos y bromas.

Qué no hacer si el niño tiene miedo

· No se debe ignorar el miedo. Frases del tipo “no te asustes, no tienes motivo” o “tienes que ser valiente” le hacen sentirse incomprendido y solo ante el peligro, ya que si sus padres niegan su miedo, seguramente no le van a poder ayudar a superarlo. · Tampoco hay que reaccionar de forma exagerada.

El niño puede ver en ello más atención y concesiones de las normales, que le libran de tareas y obligaciones, reforzando accidentalmente los temores. · No burlarnos del niño, ni regañarle. La ridiculización no le hace menos miedoso, solo merma la confianza en sí mismo y hace que trate de ocultar su miedo.

· No evitarle los objetos y hechos que teme, ya que así supera momentáneamente el miedo, pero no le ayuda a vencerlo definitivamente. · Permitir al niño dormir en la cama con los padres debe ser algo muy excepcional, como motivo de fiesta, pero nunca como medio para solucionar el problema. · No mentir al niño.

La información sobre un hecho que le sobrepasa (por ejemplo, vacunarse) le puede ayudar a controlarlo. Simplemente hay que explicarle las cosas de manera sencilla para que las pueda entender.

· Si son niños especialmente temerosos, evitar las historias de ogros, fantasmas o brujas, o actividades que puedan asustarlos (películas de miedo, sustos…), sobre todo antes de irse a dormir.

· No transmitirles nuestros temores personales.

Virginia González. Psicóloga y maestra de Educación Infantil

Источник: https://www.conmishijos.com/educacion/comportamiento/miedos-de-los-ninos-ayudarles-a-superar-sus-temores/

¿Cómo abordar los miedos infantiles?

El miedo en los niños

El miedo es una de las emociones básicas que tenemos los seres humanos. Realmente se pasa muy mal cuando experimentamos dicha emoción.

Hay personas que “disfrutan” viendo películas de miedo, pero en estas situaciones, se dan unas características que hacen que el miedo se pueda controlar.

Cuando vemos largometrajes de terror, además de saber que no es real, tenemos la opción de “escapar” de esa situación, es decir, nos podemos tapar los ojos, podemos parar la película, etcétera. Esto no ocurre en la vida real.

Es por ello que cuando nuestros hijos nos dicen que tienen miedo es porque lo están pasando muy mal. Una de las características principales del miedo es la dificultad para controlarlo y la imposibilidad de escapar, de ahí que los niños se muestren tan dependientes cuando tienen miedo.

¿Cuáles son las características que muestra un niño cuando siente miedo?

  • Partimos de la base de que el miedo es una emoción básica, como lo es también la alegría, la tristeza, la curiosidad o la rabia.
  • Es una emoción de defensa: las emociones se pueden clasificar en dos grandes grupos: las emociones que permiten que nos aproximemos y las que nos hacen alejarnos. El miedo, sin lugar a dudas, nos hace defendernos y alejarnos.
  • Intensidad: los miedos son muy intensos y por eso los niños lo pasan muy mal cuando lo experimentan. Las emociones desagradables (miedo, tristeza, rabia) son más intensas que las agradables (alegría o curiosidad).
  • Escasa duración: decíamos que el miedo aparece de forma súbita, pero afortunadamente, suele durar muy poco tiempo. Los estudios llegan a la conclusión de que una emoción suele durar de media un máximo de dos minutos.
  • Ocurre irremediablemente: la voluntad no es suficiente para evitar tener miedo. Ya nos gustaría poder eliminar miedos y fobias sólo con pensarlo. Las personas que tienen miedo a montar en avión no se sienten cómodos volando por el simple hecho de saber que es el medio de transporte más seguro. Por lo tanto, queramos o no queramos, las emociones surgen, y el miedo no es una excepción. No podemos hacer nada para que nuestros hijos no sientan miedo, pero lo que sí que podemos hacer es enseñarles estrategias para gestionar y controlar dicho miedo. Debemos tener cuidado con proponernos eliminar los miedos, puesto que no se puede ni es conveniente.
  • Cuando sentimos miedo, reaccionamos: dado que todas las emociones se producen de manera automática e involuntaria, cuando nuestros hijos experimentan el miedo en su cuerpo están reaccionado, no están respondiendo. Esto quiere decir que no son dueños ni controlan sus reacciones.
  • El miedo es subjetivo: cada uno de nosotros tenemos miedo a diferentes lugares, animales, objetos, etc. Todos tenemos miedo pero a diferentes cosas o situaciones. Cualquier emoción es subjetiva.
  • Universal: todos los seres humanos tenemos miedo. Es verdad que hay diferencias entre niños, ya que hay niños más temerosos y sensibles y otros que son más valientes, pero todos tenemos miedos.
  • Los miedos se dan por cosas que vemos en el exterior o bien por algo que estamos imaginando: en ocasiones, nuestros hijos tienen miedo a algo que le están dando vueltas en sus cabezas (bronca que le ha echado papá, divorcio de sus padres, muerte, daño, etc). Muchas veces el miedo es imaginado y no real (un monstruo que hay detrás de la cortina).
  • La emoción de miedo no suele venir sola: lo normal es que el miedo venga acompañado de una sensación corporal (temblor, rigidez muscular), pensamientos negativos (me voy a morir, algo malo va a pasar, alguien me va a hacer daño) y acciones (querer marcharse del lugar temido).
  • Es contagioso: ¿habéis sido conscientes de lo rápido que se contagia una emoción en un grupo de personas? Cualquier emoción es fácilmente transmitida a los demás. Por ejemplo, al ver películas de miedo con un grupo de amigos, dicha emoción al ser experimentada por una persona acaba contagiándola al resto.
  • Necesario para la supervivencia: necesitamos del miedo para poder sobrevivir. Nos da información de aquellos lugares, animales y personas que pueden ser nocivos y, al activar el miedo, se pone en marcha la conducta de escape y protección.

Es verdad que hay diferencias entre niños, ya que hay niños más temerosos y sensibles y otros que son más valientes, pero todos tenemos miedos

Una vez que hemos visto las características que tiene el miedo, vamos a desarrollar algunas estrategias concretas y sencillas para poder ayudar a nuestros hijos en situaciones en las que están pasando miedo.

Veamos algunas de estas estrategias de intervención:

1) No racionalizar los miedos: ya hemos comentado que el niño no puede elegir tener miedo o no, ya que esta emoción surge de manera involuntaria, automática e inconsciente.

Es por ello que no conviene racionalizar los miedos con comentarios como “no entiendo cómo tienes miedo de un caniche”, “ves como cuando quieres, puedes” o “el colegio es muy divertido, te tiene que gustar”.

2) Legitimar los miedos: si el miedo es subjetivo, es decir, de cada persona, debe ser aceptado y legitimado siempre. Los niños no elijen tener miedo por placer, por lo tanto, debemos aceptar y respetar sus miedos, sean los que sean. Aquí no entra en juego nuestra opinión ni, como decíamos antes, debemos racionalizar los miedos.

3) Ayuda a tu hijo a reconocer sus miedos: uno de los primeros pasos que debemos dar para superar un miedo es reconocer que lo tenemos. Es ahí donde la ayuda del adulto es fundamental (mamá, papá, profesores, etc).

En aquellas situaciones donde el niño tenga miedo, debemos explicarle que el miedo viene acompañado de otros elementos.

Le diremos que el miedo se suele manifestar a través del cuerpo en forma de sensaciones (tensión muscular), pensamientos negativos (me va a pasar algo malo) y en acciones o conductas (tener ganas de salir corriendo hacia mamá o papá para que le protejan). De esta manera ayudaremos a nuestro hijo a poder reconocer el miedo.

4) Nombrar para dominar: si cada vez que el pequeño tiene miedo, lo que hacemos es tranquilizarle y etiquetar la emoción que está sintiendo, estamos favoreciendo el reconocimiento futuro de sus miedos.

Podemos decirle algo parecido a esto: “María, no te duermes porque tienes mucho miedo. Es algo muy normal. Mamá y papá también tenemos miedo a otras cosas. Te das cuenta cómo estás hecha una bolita en la cama y tienes los músculos agarrotados.

Eso se llama miedo cariño”.

5) Sintoniza con sus miedos y actúa de manera responsiva: para poder sintonizar con los miedos de nuestros hijos necesitamos ser empáticos y comprensivos con ellos. Una vez que hayamos identificado su miedo, debemos actuar de tal manera que nos hagamos cargo de lo que necesiten.

Dado que no son capaces por ellos mismos de solucionar dicha situación, les ayudaremos a tranquilizarles y a que vayan adquiriendo herramientas para afrontar sus miedos de manera autónoma.

Cada niño tiene una manera de tranquilizarse y de ahuyentar el miedo: siendo abrazado, contándole un cuento, haciéndole masajes, etc.

6) Comprender no es justificar: es importante que distingamos entre comprensión y justificación. El hecho de que comprendamos que nuestro hijo ha pegado a su hermano porque tenía miedo no quiere decir que estemos justificando dicha conducta, pero sí que nos debemos mostrar comprensivos y empáticos con él. Podremos castigar o reprochar su conducta, pero jamás a su persona.

7) Mirada incondicional: en la misma línea que lo que acabamos de decir, es imprescindible que nuestros hijos no se sientan evaluados por el hecho de tener determinado miedo.

Tenemos que mirar a nuestros hijos de manera incondicional. Les queremos por el simple hecho de existir y de ser nuestros hijos.

Que sean más o menos miedosos no aumentan ni disminuye nuestro amor hacia ellos.

8) No preguntar el porqué de sus miedos: dado que nosotros los adultos somos los expertos emocionales (o deberíamos serlo), no debemos preguntar nunca a los niños por qué sienten miedo. Somos nosotros los que les tenemos que dar una explicación de por qué tienen miedo.

En muchas ocasiones escuchamos a padres hacer este tipo de preguntas a sus hijos: ¿Por qué tienes miedo al examen de Sociales? Os propongo una alternativa más asertiva y respetuosa. “Miguel, lo que te pasa es que tienes miedo a suspender el examen de mañana. Es normal cariño. Siempre que nos examinamos o nos evalúan tenemos miedo”.

Es muy importante que les pongamos ejemplos de situaciones en las que nosotros también sentimos miedo.

En definitiva, ayudar a un niño a superar un miedo es algo difícil y que requiere de mucho tiempo y paciencia. Los miedos no se “eliminan” de la noche a la mañana. Lo más importante es que entendamos que nuestros hijos no tienen control sobre sus miedos y que nos necesitan a su lado.

Al igual que no le quitaríamos la muleta a un niño que se acaba de hacer un esguince de tobillo, debemos tener presente que el camino hacia la autonomía emocional es largo y costoso, requiriendo de grandes dosis de cariño y de paciencia.

¡Ánimo papis en vuestro viaje! ¡Coged aire y a por ello! Vuestros hijos os necesitan seguros, tranquilos y descansados. Sois sus superhéroes favoritos.

*Rafael Guerrero Tomás es psicólogo y Doctor en Educación. Director de Darwin Psicólogos. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Experto en Psicoterapia breve con niños y adolescentes. Miembro de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia.

Puedes seguir De mamas & de papas en , o suscribirte aquí a la Newsletter.

Источник: https://elpais.com/elpais/2018/03/27/mamas_papas/1522147783_436635.html

El miedo en niños y adolescentes en tiempos de coronavirus, conozcamos sus necesidades

El miedo en los niños

Aunque la mayoría de los niños recibieron con mucha alegría la noticia de que podían salir a la calle, no todos han tenido la misma reacción tras seis semanas de encierro obligado por la pandemia de la Covid-19. En esos días han absorbido gran cantidad de información sobre el coronavirus, saben lo que es, cómo protegerse y por qué proteger a los más mayores y ahora que pueden salir, muchos no quieren, tienen miedo.

El miedo, que nace en nuestra “almendra” cerebral (la amígdala), corre por libre, ya sea el racional y coherente como el no tan deseado irracional. Es un innegable momento de adversidad y entre otros, recordaremos sólo un poco a los clásicos, para empezar, al gran poeta latino Horacio:

Si buscamos en el diccionario encontraremos que miedo, entre otras acepciones, es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario, presente, futuro o incluso pasado, o también, la de un sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea. Como emoción primaria que es, derivada de la aversión natural al riesgo y la amenaza ante lo desconocido, la adversidad, lo no controlable e imprevisible, el miedo se ceba en los humanos como aviso de alerta y supervivencia. Volviendo a los clásicos, recordaremos a Séneca:

La amenaza se puede percibir hacia la vida, hacia la propia seguridad, la autoestima o el autoconcepto. Cuando gestionamos el miedo de forma funcional nos ayuda en la toma de decisiones de nuestras acciones y a saber cuánto estamos preparados para afrontarlas, pero una percepción de miedo elevado o con duración en el tiempo puede generar estados de ansiedad, tristeza, frustración y rabia.

Afrontar la adversidad y controlar el miedo

Mostrar fortaleza psicológica y valor es también ser conscientes de nuestro miedo y vulnerabilidad, desarrollando la capacidad de aceptar las situaciones adversas y difíciles, transitando con la flexibilidad de un junco, con calma y esperanza, realizando una gestión inteligente de nuestras emociones.

Tengamos presente que los adultos somos “los maestros” de nuestros niños, ellos nos observan y aprenden atentamente.

Practiquemos el autocontrol, modulando nuestras reacciones, conozcamos y aceptemos nuestras emociones, alejando los pensamientos irracionales y las conductas de pánico.

En los momentos más críticos tengamos presente nuestro sentido de la vida así como nuestros propósitos, recordemos el legado que nos dejó Viktor Frankl en su experiencia vital:

Apertura mental, curiosidad y creatividad con un cambio de perspectiva para aceptar lo que ocurre a nuestro alrededor y también aceptar la incertidumbre, como dijo Séneca:

Importante saber dar y recibir ayuda. Ser fuerte no consiste en “aguantarse y resignarse”. La ayuda valiosa es la que se ofrece sin avasallar ni enjuiciar.

Gracias a esta circunstancia adversa tenemos una gran ocasión para profundizar el contacto y la relación con nuestros menores, reconocernos a nosotros y conocerlos mucho mejor a ellos y poder transmitirles valores y principios, desde la solidaridad, pasando por la creatividad, la generosidad, la empatía, la flexibilidad, el disfrute y la reconexión con las cosas sencillas.

El núcleo para ser resilientes nosotros y enseñárselo a los menores con un aprendizaje significativo empieza siempre con la máxima de conocerse a uno mismo, de saber adaptarse a los cambios, saber aceptar y no darse por vencidos, ser conscientes de que todos sufrimos y apoyarnos en nuestras fortalezas. Facilitémonos la tarea de conocer más objetivamente a nuestros menores.

Más que en el miedo, que aunque sea con el humor negro de Woody Allen:

no por ello deja de alertarnos, queremos centrarnos en la felicidad, cuya celebración curiosamente fue el 20 de marzo, y más concretamente tal como la definía Aristóteles:

Detectar las necesidades de los niños para ofrecerles la mejor ayuda

En estos días de estado de alarma han sido tantas las personas en diversos campos y profesiones, muchos anónimos, otros conocidos, que han hecho actos tan bellos y tan buenos por los que les estamos reconocidos y agradecidos.

Y nosotros desde díde también queremos aportar algo bueno para la semilla de nuestro futuro, nuestros menores, por ello, se ha puesto a disposición de orientadores educativos y familias la aplicación díde

Para familias, con la versión dide familia, será gratuito hasta el 31 de mayo, y para profesionales con las versiones dide educación y dide salud, hasta el 31 de agosto

A través de díde, (plataforma online de detección temprana de dificultades de niños/as de dos a dieciocho años, con metodología por observación sin la intervención de los menores), podemos hallar signos que detectan entre otros:

  • Estado de ánimo ansioso
  • Bajo estado de ánimo
  • Baja tolerancia a la frustración
  • Desobediencia
  • Dificultad en la gestión de la ira
  • Conducta dominante y egocéntrica
  • Conducta negativista y desafiante
  • Desadaptación escolar
  • Desadaptación familiar
  • Situaciones de acoso escolar
  • Situaciones de ciberacoso

y otras tantas dificultades, hasta treinta y cinco que un día pudo todo empezar en un temor, en una inseguridad, en una incertidumbre, en una exigencia del niño de no fracasar ante las expectativas y que condujo a una merma en la autoestima entre otros inconvenientes.

De forma sencilla y no invasiva para nuestros niños, los padres y demás educadores pueden convertir en oportunidad la situación de confinamiento actual y aprovechar el mayor tiempo transcurrido con los menores pasando los cuestionarios online  para obtener un perfil completo de las necesidades y estado de los menores en todos sus ámbitos.

Gracias al conocimiento y observación de los padres del menor así como la de los docentes, tutor y orientador del mismo, siempre siguiendo la misma metodología de observación, se puede lograr en este momento de “parada”adelantar procesos y saber cómo apoyar y atender al menor en su diversidad, afrontando lo que necesitan para su mayor bienestar.  Como otros frentes en la existencia humana, tenemos que empezar por la piedra angular de conocerlos cómo son y cómo están. 

Seamos partícipes del Efecto mariposa: “El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”.

ENTRAR A LA PLATAFORMA DIDE

Источник: http://educaryaprender.es/miedo-ansiedad-en-ninos-adolescentes/

Temores infantiles. Los miedos más comunes en los niños

El miedo en los niños

Los temores infantiles son parte del proceso de aprendizaje. La misión de los padres es ayudarles a superarlos para que no se terminen convirtiendo en fobias y les perjudiquen en su día a día.

Es normal que tengan miedo a lo desconocido o a miedos clásicos como la oscuridad, los animales, los ruidos fuertes o a las personas extrañas.

Además tiene su lado positivo, estos miedos les ayudarán a ser conscientes de los peligros reales y una vez los hayan superado fortalecerán su autoestima.

Los 10 miedos más comunes en la infancia

Si bien un niño puede tener miedo a algo en concreto, el sonido de un juguete, una fotografía o un cuadro, una muñeca antigua, etc. lo habitual es que el origen de sus temores sea lo que a la mayoría de nosotros nos ha asustado alguna vez en nuestra vida. Por ello, los más típicos son los siguientes:

En esta guía te damos una serie de recomendaciones para evitar accidentes comunes en el hogar con la corriente y los enchufes, productos de limpieza, medicamentos y pinturas, objetos peligrosos, quemaduras y peligros en el agua (piscinas, playa y bañeras)

Miedo a la oscuridad

El temor a la oscuridad es el más frecuente en los niños y surge alrededor de los dos años. El niño que se encuentra en una habitación a oscuras se siente desubicado, su imaginación se dispara y cualquier ruido le asusta.

La mayoría de los niños precisan de una pequeña iluminación a la hora de irse a la cama para no sentir la oscuridad plena. Ayuda al niño a entender la oscuridad y hazle ver que es bonita, explícale porque por la noche ya no está el sol, que las estrellas y la luna iluminan el cielo, etc.

Una opción puede ser decorar el techo de su habitación con estrellas decorativas que brillan en la oscuridad. A pesar de no dar luz, el niño podrá jugar con su imaginación y perder ese miedo.

Miedo al agua o a nadar

El miedo al agua de la piscina o del mar nace de nuestra condición como seres humanos, puesto que sabemos que no podemos respirar bajo el agua.

Además, este temor suele aparecer tras una experiencia traumática con el medio acuático. Como adultos, no debemos forzar al niño a meterse al agua lanzándolo contra su voluntad.

Además, debemos intentar no bromear dentro del agua para evitar así crear una fobia al medio acuático.

Miedo a los ruidos fuertes: tormentas o fuegos artificiales

Los ruidos fuertes de las tormentas y los aullidos del viento pueden provocar al niño temor, una necesidad de que sus padres les protejan de la tormenta. La solución es tomarlo como un juego.

En el caso del clima por ejemplo, salir a la calle cuando llueve y jugar con el paraguas y la ropa de lluvia, que vea que también puede ser divertido.

Por otro lado, si tu hijo tiene miedo a los ruidos fuertes como el de los fuegos artificiales, acudid a un evento festivo y jugad con los colores de los fuegos. Si tiene miedo a los petardos, exponerlos a ellos de forma progresiva.

Miedo a los animales

Los niños en sí no tienen porque tener miedo a los animales, por ejemplo a los perros, a no ser que hayan tenido una mala experiencia. Por regla general, los niños se acercan a los perros y gatos, les acarician, hasta que un día un perro se revuelve, y le ladra o se le sube encima. Es cuando el niño coge miedo a los animales.

Tenemos que tener claro que los niños se asustan ante lo desconocido, y ellos no saben cómo va a reaccionar un animal. Como adultos, cuando veamos un perro podemos acercarnos a él, acariciarlo y decirle al niño lo bonito que es el perro, en vez de sobreprotegerlo cuando se cruce en nuestro camino un perro.

 La clave está en generar tranquilidad.

Miedo a las personas desconocidas

El miedo a los extraños en un temor saludable, de autoprotección. Ellos deben saber que no deben irse con gente que no conocen. El problema viene cuando teme a personas que no ve de forma regular, como familiares o amigos.

Intenta permanecer cerca de tu hijo con un comportamiento natural, para que el niño vea que son gente de confianza a la que no tiene que temer.

Si es vergonzoso, advierte a las otras personas para que hablen con él sobre actividades que les gusten al niño, de manera que poco a poco se vayan acercando.

Miedo a dormir fuera de casa

Los niños que tienen miedo de dormir fuera de casa probablemente tienen miedo a la oscuridad y a separarse de sus padres. Pasar la noche fuera de casa, ya sea en casa de un amigo o de campamentos puede ser una aventura, pero también puede generar miedo a los pequeños.

Para que esto no ocurra, debemos preparar la salida con antelación, haciéndole ver que se lo va a pasar muy bien y que ante cualquier problema, puede llamarnos por teléfono, que el niño tenga seguridad.

  Asegúrate de informarle de las actividades que podrá realizar al dormir fuera de casa o en el campamento y lanza mensajes motivadores para que sus ganas sean mayores que sus temores.

Los niños con temor a dormir fuera de casa pueden presentar nerviosismo, dolor de estómago, vómitos, manos frías y sudorosas o dolor de cabeza.

Es muy importante actuar ante la falta de sueño en los niños ya que, que puede afectarles en su alimentación, actividad física, bienestar emocional y rendimiento escolar. En esta guía explicamos la importancia del dormir las horas adecuadas, y varios consejos para conseguir un sueño saludable desde pequeños.

Miedos y terrores nocturnos: las pesadillas

Los terrores nocturnos o parasomnias, a diferencia de las pesadillas, no provocan que el niño se despierte. Cuando el niño se despierta no recuerda qué ha soñado.  Se suelen dar en niños a partir de los tres años y desaparecen en la adolescencia.

Si las pesadillas afectan prácticamente a todos lo niños, los terrores nocturnos afectan al 5% de la población infantil. Los terrores nocturnos son reacciones que tienen lugar en la fase más profunda del sueño. El niño se asusta, grita de forma angustiosa, suda y se le acelera el ritmo cardíaco.

Algunos incluso se levantan de la cama, y el consuelo no les afecta positivamente. Minutos después el niño se calma y sigue durmiendo sin acordarse de lo sucedido.

Por otro lado, las pesadillas son sueños con contenidos muy elaborados. Al despertarse el niño siente miedo y ansiedad, asociadas al recuerdo del sueño.

Son normal entre los niños entre 3 y 7 años. Si son muy frecuentes pueden estar asociadas a niños con alguna inseguridad o tras haber estado separados de su padres durante un tiempo.

Se superan con la edad sin necesidad de tratamiento psicológico.

Miedo a separarse de su madre/padre o a estar solo

El niño se preocupa cuando sus padres salen de casa (por motivos de viaje, de trabajo o simplemente se salen de la rutina diaria). Su temor es que les pase algo malo, que se pongan enfermos o que fallezcan.

Este temor puede interferir ya que los padres se sientan sobrecargados al estar el máximo tiempo posible con el niño, que no puedan salir de casa sin él o no puedan hacer planes de ocio dejándoles con un familiar.

Miedo a ir al médico o dentista

Para algunos niños la visita al pediatra o al dentista puede suponer síntomas de terror: lloros, gritos, malestar general, etc. El niño tiene temor a lo desconocido y al dolor que pueda provocarle la visita.

Si no ha sufrido una mala experiencia en el médico, es importante informarle de lo que va a ocurrir. Dile que el médico va a mirar su cuerpo y va a curarle, escuchar tu corazón y ver que está fuerte y grande.

Estas palabras le calmarán y le harán ver que la visita al médico no es un castigo, sino algo bueno para él.

Miedo a los monstruos y las caretas/disfraces

A los niños les pueden asustar las personas disfrazadas o las máscaras de monstruos. La razón se basa en que no saben qué es o quien está detrás de ese disfraz.

La solución es hacerles ver que detrás de ese disfraz hay una persona, que le muestre la cara para que él mismo lo compruebe, y además podemos intentar ponerle a él esa máscara y vea que es solo un complemento más.

Источник: https://quierocuidarme.dkvsalud.es/salud-para-ninos/temores-infantiles-los-miedos-mas-comunes-en-los-ninos

Cómo ayudar a los niños a manejar los miedos

El miedo en los niños

Los miedos son una parte inevitable de ser niño: esconderse detrás del sofá durante una tormenta eléctrica. Estar seguro de que hay algo en el armario: ¡un monstruo! Realizar esas interminables gimnasias nocturnas: ¡Cinco minutos más! ¡Un vaso más de agua! para evitar acostarse solos.

Cuando estos temores se acumulan, es nuestro instinto natural como padres calmar y consolar.

¡No hay nada debajo de la cama, te lo prometo! Pero, de manera realista, los padres no pueden, y no deberían, estar siempre allí para ayudar a los niños a calmarse.

Enseñarle a su hijo a manejar sus miedos sin la intervención de los padres lo ayudará a desarrollar la confianza y la independencia que necesitará para sentirse más en control y con menos miedo, tanto ahora como a medida que crece.

Autorregulación

Entonces, ¿cómo ayudamos a los niños a comenzar a sentirse más valientes? La clave es una habilidad invisible llamada autorregulación.

La autorregulación es esencialmente la capacidad de procesar y manejar nuestras propias emociones y comportamientos de una manera saludable.

Es lo que nos da la capacidad de hablarnos a nosotros mismos y calmarnos o sentir las cosas sin actuar en consecuencia.

La mayoría de los adultos practican la autorregulación sin pensarlo dos veces. Piense en sentir un poco de miedo antes de asegurarse de que realmente no hay nada de aterrador en una habitación oscura.

Pero para los niños, desarrollar la autorregulación requiere tiempo, práctica y espacio para aprender, lo que significa que los padres se tienen que sentir cómodos dejando que los niños se sientan un poco incómodos a medida que resuelven las cosas.

No le tema a los miedos

“Tener miedo a veces es una parte normal y saludable del crecimiento”, dice Elianna Platt, trabajadora social del Child Mind Institute.

Y, aunque lamentablemente a veces los niños enfrentan cosas que son realmente aterradoras, la mayoría de los miedos infantiles no representan una amenaza real: el “monstruo” en el armario es solo un abrigo viejo que ha querido donar, lo que significa que ellos realmente presentan una oportunidad ideal para que los niños trabajen en sus habilidades de autorregulación. Pero para que eso suceda, los padres primero tienen que enfrentar su propia ansiedad.

“Queremos dar a los niños la oportunidad de practicar situaciones difíciles”, dice Platt, “pero para muchos padres, es más fácil decirlo que hacerlo”. Cuando ve a su hijo angustiado, la respuesta natural es querer tranquilizarlo, especialmente si la solución parece fácil.

Aunque intervenir de inmediato puede ayudar a su hijo a tener menos miedo en ese momento (y sentirse mejor para usted), a la larga puede hacer que sea más difícil para él aprender a calmarse a sí mismo. “Si los niños reciben el mensaje de que mamá o papá siempre estarán allí para consolarlos, no hay muchos incentivos u oportunidades para aprender a hacerlo por ellos mismos”, señala Platt.

Cómo ayudar

Por supuesto, esto no significa retirar todo el apoyo. “No estamos hablando de meter a tu hijo en su habitación oscura y decirle: “¡Adiós! ¡Sé valiente! ¡Te veo en la mañana!”.

El objetivo, dice, es guiar suavemente a los niños hasta que estén listos para tomar las riendas. Queremos proporcionar el andamiaje que necesitan para sostenerse por sí mismos”, dice la Dra.

Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute.

Entonces, ¿cuál es la mejor manera de ayudarlos (sin ayudar demasiado)?

Ayude a su hijo a hablar sobre lo que lo asusta. Los niños pueden saber de qué tienen miedo, pero no siempre tienen las palabras para explicar. Hacer preguntas específicas puede ayudar.

Por ejemplo, si un niño le tiene miedo a los perros, podría decir: “¿Qué hace que los perros den miedo?”. “¿Te sorprendió o derribó un perro?”. “¿Hay algún perro al que le tengas miedo?”.

Una vez que comprenda mejor a qué le tiene miedo su hijo, tendrá una idea más clara de cómo ayudarlo a superarlo.

Algunos miedos comunes de la infancia son:

  • Estar solo
  • La oscuridad
  • Lo perros u otros animales grandes
  • Los insectos
  • Las alturas
  • Vacunas o ir al médico
  • Ruidos desconocidos o fuertes
  • Monstruos imaginarios: la “cosa” debajo de la cama, etc.

Valide lo que siente y siga adelante. Una vez que sepa cuál es el miedo, Diga a su hijo que cree lo que está diciendo, en serio.

“Cuando un niño dice que algo da miedo, hay muchas posibilidades de que nosotros, como adultos, no pensemos que da miedo”, dice la Dra. Busman. “Pero siempre queremos comenzar validando sus sentimientos”.

Por ejemplo, en lugar de decir ‘¡Ah, hijo, eso no daba miedo!’ o ‘No hay nada allí que dé miedo’ intente, “¡Guau, eso suena aterrador!” o “Sé que muchos niños se preocupan por eso”.

Una vez que haya ofrecido consuelo, es importante avanzar rápidamente, dice la Dra. Busman.

“No queremos detenernos en ofrecer confort en torno a lo que da miedo, porque incluso eso puede convertirse en un refuerzo y adquirir vida propia”.

En cambio, comience a hablar sobre cómo trabajarán juntos para ayudarlo a comenzar a sentirse más valiente y llegar al punto en que pueda manejar el miedo por sí solo.

Haga un plan. Trabaje con su hijo para establecer metas razonables. Por ejemplo, si generalmente necesita que usted se siente en la habitación con él hasta que se duerma, podrían acordar que al final de la semana intentará apagar la luz y quedarse dormido solo. Una vez que haya establecido el objetivo, hable sobre los pasos que tomará para alcanzarlo y sea paciente.

Por ejemplo, un plan podría ser:

  • Noche uno: Acuerden que leerá dos libros, apague las luces y encienda una lámpara  con luz tenue y luego siéntese en silencio con él (sin hablar ni jugar) hasta que se duerma.
  • Noche dos: Lea un libro, luego apague las luces y encienda la lámpara. Dejar la puerta entreabierta y estar afuera, pero no en la habitación.
  • Noche tres: Lea un libro, luego encienda la lámpara y cierre la puerta.
  • Noche cuatro: Lea un libro, luego apague las luces y cierre la puerta.

Ofrezca aliento y sea paciente. Finalmente, los padres deben recordar que el cambio lleva tiempo y el miedo es un sentimiento muy poderoso. Sea constante y elogie el arduo trabajo de su hijo: “Creo que fuiste muy valiente al quedarte en tu habitación durante media hora. ¡Veamos si puedes quedarte más tiempo mañana!”.

Hágale saber que cree que puede enfrentar sus miedos, incluso si aún no está tan seguro. “Decir cosas como, “¡Tú puedes hacerlo!’” o “¡Estás siendo tan valiente!” puede ayudar a que su hijo se sienta más seguro”, dice la Dra. Busman.

Los niños, especialmente los más pequeños, pueden necesitar algunos intentos antes de que las cosas se normalicen, así que no se rinda si su hijo todavía está pidiendo ese tercer vaso de agua o se esconde de los perros en la calle, incluso después de que haya empezado a trabajar para desarrollar la valentía.

No todos los miedos son iguales

Ayudar a los niños a aprender a manejar los miedos que enfrentan regularmente, como tener miedo a la oscuridad o tener miedo de ir al médico, es esencial, pero no todos los miedos son iguales.

“Los temores que no interfieren con la vida de un niño no siempre necesitan superarse”, dice la Dra. Busman. Por ejemplo, si a un niño no le gustan las películas de terror, está bien.

En realidad, puede ser un testimonio de sus habilidades de autodefensa, señala la Dra. Busman.

“Al decidir, ‘no me gustan estos, no voy a mirar’ es que su hijo le avisa: ‘Este es mi límite’ y así defiende sus necesidades”.

Por otro lado, si los temores de su hijo son persistentes, demasiado intensos o comienzan a interferir con su vida diaria, podría ser el momento de buscar ayuda. Las señales de que un miedo puede ser algo más incluyen:

Preocupación obsesiva: Su hijo se obsesiona con el objeto de su miedo, piensa o habla de él con frecuencia, incluso cuando el desencadenante no está presente. Por ejemplo, estar terriblemente ansioso meses antes de su próxima visita al dentista.

Miedos que limitan la capacidad de su hijo para disfrutar de su vida o participar en actividades. Por ejemplo, negarse a hacer un viaje al parque con su clase al porque podría haber perros en el parque.

Temores intensos y específicos que causan discapacidad.

Las señales de ansiedad severa, como ataques de pánico, conductas compulsivas, comportamiento disruptivo o abandono de actividades, la escuela o la familia.

Si los temores de su hijo parecen ser algo más serio, haga una cita para hablar con un profesional para ver si necesita más ayuda.

Источник: https://childmind.org/article/como-ayudar-a-los-ninos-a-manejar-los-miedos/

Embarazo y niños
Deja una respuesta

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!: