¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

El aborto espontáneo, o natural, es la pérdida del bebé en las veinte primeras semanas de embarazo, ya que a partir de aquí si pasara algo se consideraría parto prematuro. La mayoría de los abortos suceden durante las primeras semanas de gestación.

El desarrollo del feto se detiene antes de que tenga capacidad para vivir fuera del útero materno y, en muchas ocasiones, algunas mujeres ni siquiera son conscientes de que están embarazadas ya que el aborto se produce antes de que lleguen a realizarse un test de embarazo.

La mayoría de los abortos, por tanto, se producen durante el primer trimestre, especialmente en las primeras 8 semanas, cuando ocurre la división e implantación del óvulo fecundado y la formación de las primeras estructuras y órganos del bebé.

Sin embargo, dependiendo de la semana en que ocurra se le denomina de una manera u otra.

Si se produce un aborto antes de las diez primeras semanas de embarazo se le denomina aborto precoz, entre la semana 11 y la 20 es conocido como aborto tardío, y pasadas las veinte semanas, ya es un parto prematuro.

Hoy, la mayoría de embarazos son deseados y la idea de que esta etapa tan maravillosa y deseada por tantas mujeres se pueda interrumpir por cualquier motivo puede llegar a convertirse en una pesadilla y algo insoportable para cualquiera de ellas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esto solo ocurre en un 15% de embarazos.

Síntomas de un aborto espontáneo

Existen dos síntomas de aborto que deben poner en alerta a cualquier mujer: sangrado vaginal y dolores abdominales. Aunque siempre deben ser motivo de consulta urgente, no siempre serán síntomas de aborto o parto prematuro.

Es cierto que las pérdidas vaginales con algo de sangre pueden ser algo normal, y la percepción del dolor, y más aún en el embarazo, muy subjetiva. Por este motivo, no podrían en sí mismos representar los síntomas de este proceso.

El sangrado es el primer síntoma de aborto espontáneo, el más característico y alarmante, aunque si es liviano, y dura poco tiempo, no tiene por qué existir peligro, pero si se trata de un sangrado más parecido al de la menstruación, y va acompañado generalmente de calambres y dolores parecidos también a los que sufrimos cuando tenemos el periodo, la probabilidad de aborto es muy alta.

El dolor abdominal o los cólicos representan el segundo síntoma más común de riesgo, y comienzan después de la pérdida de sangre. Estos dolores pueden ser suaves o fuertes, persistentes, o presentarse en forma de retortijones. Se sienten en la parte baja de la espalda como una presión, y ni los analgésicos pueden calmarlos.

Causas de un aborto

Numerosos estudios han demostrado que uno de cada cinco embarazos termina en aborto natural, es decir, en la interrupción espontánea del embarazo antes de las veinte semanas de gestación, ya que suelen estar causados por una malformación o anomalía en el embrión.

La mayoría se producen de manera fortuita, y nada tienen que ver con problemas genéticos en la madre o en el padre, o al menos eso explican los ginecólogos que distinguen entre dos tipos de abortos:

– Abortos espontáneos únicos: accidente que no tiene por qué volver a ocurrir y del que no se investigan las causas.

Este puede ser debido a una anomalía accidental de la fecundación, ya que en el 50% de los casos el embrión es portador de una alteración cromosómica incompatible con la vida, o bien puede suceder que el embarazo sea extrauterino, es decir, que la concepción del embrión se haya producido fuera de la cavidad uterina, normalmente en el interior de las trompas de Falopio.

– Abortos recurrentes o de repetición: cuando un embarazo fracasa por tercera vez consecutiva se considera aborto de repetición.

En estos casos, el diagnóstico debe ser más exhaustivo, aunque esto no significa que no vaya a llegar a término. De hecho, el siguiente a estos se logrará en el 80% de los casos.

Este tipo de abortos son debidos principalmente a una malformación uterina, trastornos endocrinos o causas genéticas.

A pesar de que existen muchas causas es importante saber que para prevenir el riesgo de aborto será necesario llevar un control médico adecuado, mantener una dieta sana y equilibrada rica en frutas y verduras bien lavadas, no tomar demasiada medicación (recetada siempre por el médico) y descansar adecuadamente.

Si pasan las semanas y todo va bien, hay que estar tranquilas, pues esto significa que nada malo le sucede al bebé, pero siempre prestando especial atención a los principales síntomas anteriormente mencionados para poder acudir al hospital cuanto antes y resolver la situación en el caso de que suceda lo contrario.

Cómo superar un aborto

Afrontar la pérdida de un bebé en un aborto involuntario es una experiencia traumática y dolorosa. Aunque el aborto se produzca en las primeras semanas, los padres seguramente ya habíais empezado a haceros ilusiones, planes, etc. Emociones como tristeza, el miedo, la rabia y la impotencia son normales en este proceso. No es bueno reprimirse, si sientes ganas de llorar debes hacerlo.

Cada persona necesita un tiempo para superar la pérdida y no se debe presionar para que los padres lo superen cuando aún no están preparados. La mejor opción es apoyarse en tu pareja, familiares o amigos si crees que puede ser de ayuda para ti, También podrías tratar de hablar con alguien que haya pasado por una situación parecida.

Es normal tener miedo al volver intentar un embarazo pero tienes que pensar que, a pesar de que hayas tenido un aborto, no tiene por qué volver a pasar.

Si ves que a pesar de darte un tiempo no superas este hecho traumático, se debe empezar a plantear la idea de pedir ayuda a un experto.

TodoPapás ha desarrollado un test de síntomas del embarazo que propone a la mujer una serie de síntomas relacionados con la gestación y, en función de sus respuestas, arroja como resultado una probabilidad dada.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

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Источник: https://www.todopapas.com/embarazo/interrupcion-embarazo/en-que-semana-hay-mas-riesgo-de-aborto-8335

Aborto espontáneo, más común de lo que piensas

¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

Un aborto espontáneo es la pérdida espontánea del feto antes de la semana 20 de gestación. Es un momento muy duro emocionalmente que suele ir acompañado de sentimientos de pérdida y duelo.

Es un tema que con frecuencia se trata como tabú y del que no se suele hablar, lo que puede añadir una sensación de soledad y desamparo e incluso llegar a sentir que se ha hecho algo mal.

Sin embargo, sufrir un aborto durante el primer trimestre del embarazo es algo común que ocurre a muchas mujeres, y que, en la mayoría de los casos, es independiente de lo que se haya podido hacer durante esos primeros meses de embarazo.

Se estima que entre el 10 y el 25% de los embarazos resultan en un aborto espontáneo. La mayoría ocurren durante las primeras siete semanas y el riesgo decrece tras la semana 12. De hecho, el 80% de los abortos espontáneos ocurren durante las primeras 13 semanas.

Causas y factores de riesgo de un aborto espontáneo

Aunque no siempre se sabe la causa exacta por la que se produce un aborto espontáneo, la más habitual es de origen genético, es decir, suele producirse por anomalías en los cromosomas.

Otra de las causas es por exposición a agentes teratógenos, que son agentes físicos, químicos o biológicos capaces de causar defectos congénitos y provocar abortos espontáneos o malformaciones fetales, como por ejemplo la radiación o algunos medicamentos como la aminopterina —usada en quimioterapia— o la tristemente famosa talidomida —responsable de miles de casos de malformaciones congénitas durante los años 50-60—.

Un factor de riesgo muy importante es la edad. El riesgo de aborto se incrementa a partir de los 30 años, haciéndose más grave entre los 35 y los 40 años, y mucho mayor a partir de los 40. Antes de los 30 años, el riesgo de sufrir un aborto es menor del 10%, mientras que a partir de los 42 años el riesgo es casi de un 75%.

Haber tenido uno o varios abortos anteriormente incrementa de nuevo la probabilidad. Si se ha sufrido ya un aborto, el riesgo de sufrir otro de nuevo es del 20%, pero si se han tenido ya tres o más abortos consecutivos, el riesgo aumenta hasta un 43%.

Ciertas enfermedades de la madre también pueden aumentar el riesgo de aborto, como por ejemplo diabetes, trombofilia, síndrome antifosfolipídico e hipertensión. También influyen el sobrepeso o la malnutrición.

Una infección seria, una lesión mayor, problemas inmunitarios u hormonales también pueden provocar un aborto espontáneo.

Por último, existen otros factores relacionados con el estilo de vida como alcoholismo, drogadicción, tabaquismo o tomar cantidades muy elevadas de cafeína.

Los abortos espontáneos tardíos —después de los 3 meses— pueden ocurrir por anomalías en el útero.

Síntomas del aborto espontáneo

Los síntomas más comunes son sangrado vaginal (con o sin coágulos), dolor abdominal intenso y cólicos.

El sangrado y los cólicos pueden desaparecer rápidamente o durar varias horas. Aunque, no todos los abortos espontáneos son iguales y no todas las mujeres experimentan los mismos síntomas.

Algunas veces no hay síntomas, la pérdida del embarazo se detecta por ultrasonido.

Si estás embarazada y sufres alguno de estos síntomas, llama a tu médico para que evalúe si has tenido un aborto y si precisas tratamiento.

Tipos de abortos espontáneos

  • Amenaza de aborto: Puedes tener cólicos moderados y sangrado vaginal, pero el cuello uterino permanece cerrado. La mitad de las veces el sangrado se detiene y el embarazo evoluciona con normalidad. La otra mitad de las veces resulta en aborto espontáneo.
  • Aborto inevitable: la hemorragia aumenta, el cuello uterino se abre y se presenta el aborto espontáneo.
  • Aborto incompleto: junto con el sangrado sale parte del tejido del embarazo, pero otra parte se queda dentro del útero. En estos casos suele ser necesario un tratamiento para eliminar el tejido restante del interior.
  • Aborto completo: todos los tejidos del embarazo salen del cuerpo.
  • Aborto retenido: se pierde el embarazo, pero los tejidos no salen del cuerpo. En este tipo de aborto no suelen presentarse cólicos o sangrado, pero el ultrasonido indica un embrión sin latido o un saco gestacional vacío, es decir, sin embrión.

Evaluación y diagnóstico

Cuando se presentan algunos de los síntomas descritos anteriormente, es necesario que el médico evalúe si se trata de un aborto espontáneo, un embarazo ectópico, un embarazo molar o un embarazo viable, pero con complicaciones. Normalmente se usan técnicas de ultrasonido y se analizan los niveles de la hormona hCG (gonadotropina coriónica humana) para examinar el contenido intrauterino y la viabilidad del embarazo.

Tratamiento

Ante un aborto espontáneo es importante que acudas a tu médico para asegurarte que no queden restos de tejido fetal en tu interior. El objetivo principal del tratamiento durante o después de un aborto es evitar la hemorragia y/o una infección.

Hay tres opciones de tratamiento que dependerán de cada caso:

  • Tratamiento expectante: esperar a que el aborto espontáneo termine por sí mismo.
  • Medicación
  • Intervención quirúrgica

Cuanto más temprana sea la fase del embarazo en la que se ha producido el aborto, más probabilidad de que el cuerpo expulse todo el tejido fetal por sí mismo y no sea necesario ningún procedimiento médico.

Así pues, este proceso suele ser emocionalmente doloroso para la mujer y/o  la pareja. Por eso es recomendable acudir a un especialista que evalúe la situación emocional y valore la necesidad de recibir apoyo terapéutico.

Sobre todo es importante entender que se trata de un proceso natural, que ocurre en muchas ocasiones y del que no podemos culpabilizarnos. Con la ayuda necesaria se supera esta fase y se puede lograr un embarazo sano y feliz.

Источник: https://www.gynea.com/aborto-espontaneo/

Qué es un aborto espontáneo

¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

Una cuarta parte de embarazos terminan en aborto espontáneo. El riesgo de aborto espontáneo de una veinteañera es de entre el 12% y el 15% y aumenta al 25% en mujeres de 40 años. Ese mayor riesgo se corresponde con el aumento de incidencia de anomalías cromosómicas que se produce con la edad.

Centenares de miles de mujeres viven cada año la experiencia de un aborto espontáneo en España. De hecho, una cuarta parte de embarazos terminan en aborto espontáneo. Sin embargo, haber tenido un aborto (incluso dos ) no significa que exista un problema subyacente que impida tener hijos en el futuro.

Se define así la interrupción espontánea del embarazo antes de las 24 semanas. Una cuarta parte de los embarazos terminan en aborto espontáneo. El periodo de mayor riesgo para que se produzca una interrupción espontánea del embarazo es el comprendido entre las 6 y las 8 semanas de gestación, es decir, en la primera etapa del embarazo.

Causas del aborto espontáneo

Aunque no se conocen bien las causas, se sabe que la mayoría de los abortos espontáneos que tienen lugar en el primer trimestre de embarazo son consecuencia de anomalías cromosómicas en el feto. La mayoría de ellas se producen fortuitamente, y no están relacionadas con problemas genéticos en la madre o el padre.

En el resto de casos, los abortos espontáneos pueden estar relacionados con: infecciones, exposición a agentes ambientales tóxicos o a altos niveles de radiación, problemas hormonales, anomalías en el útero, cuello uterino incompetente (que se dilata demasiado pronto, en mitad del embarazo, sin dolor ni síntomas de parto), tabaquismo, abuso del alcohol, consumo de drogas, trastornos del sistema inmunológico (como el lupus), enfermedad renal severa, cardiopatía congénita, diabetes no controlada, enfermedad tiroidea, algunos medicamentos (entre ellos el fármaco para el acné isotetrinoína), desnutrición severa…

Quedarse embarazada después de un aborto espontáneo

Al menos el 85% de las mujeres que tienen abortos espontáneos tienen luego partos normales y sin problemas. Haber tenido un aborto espontáneo no significa necesariamentte un problema de fertilidad. Por otro lado, de un 1%-2% de mujeres tienen lo que se conoce como abortos espontáneos repetidos (tres o más).

Algunos investigadores creen que esos casos están relacionadas con respuestas inmunitarias anómalas.

A las mujeres que han tenido dos abortos espontáneos seguidos se les aconseja utilizar algún método de control de la natalidad y acudir al ginecólogo para someterse a pruebas que intenten determinar la causa de esos abortos.

Pruebas médicas ante la amenaza de aborto

Si no se confirma el aborto pero tienes síntomas de aborto (pequeñas hemorragias), el médico puede pedirte que ingreses en un hospital para someterte a observación. En esa situación, suelen estar indicadas varias pruebas:
Niveles hormonales. Un análisis de sangre permite detectar los niveles de hormona del embarazo (hCG).

Hemograma. Permite comprobar si la hemorragia ha provocado anemia.
Determinación del grupo sanguíneo.

Si tu sangre es del grupo Rh negativo y el de tu pareja Rh positivo, pueden ponerte una inyección de Rh inmunoglobulina para evitar que desarrolles anticuerpos capaces de dañar al feto en éste o los siguientes embarazos.
– Ecografía. Muestra una imagen del útero y del embrión en desarrollo.

Si todo está bien y la gestación está lo bastante avanzada, se observa latido cardíaco del feto. Si el embarazo no está muy avanzado (menos de 6 ó 7semanas), no siempre es posible saber si todo prosigue normalmente, por lo que puede ser necesario repetir la ecografía a los 10 días.

Tipos de aborto espontáneo

Al palpar el cuello del útero, el médico evalúa la situación y utiliza términos diferentes para describirla.
Amenaza de aborto. Describe la hemorragia al comienzo de la gestación: el cuello del útero está cerrado. Lo más probable es que el embarazo siga adelante.
Aborto inminente.

Describe la hemorragia al comienzo de la gestación: el cuello del útero está abierto, lo que indica que el embarazo va a interrumpirse.
Aborto incompleto. El aborto ha comenzado, pero aún queda algún tejido en el útero. Generalmente, el cuello uterino está abierto.
Aborto consumado.

El embarazo ha terminado: el útero está vacío y el cuello del útero se ha cerrado.
Aborto retenido. El embarazo dejó de progresar hace varias semanas, pero no hubo hemorragia en aquel momento.

Este tipo de aborto suele provocar una pequeña pérdida de sangre de color marrón oscuro y el cese repentino de los síntomas normales de la gestación (náuseas, deseos frecuentes de orinar…).

Tratamiento para el aborto espontáneo

Si el aborto es consumado, no se requiere tratamiento. Los demás tipos de aborto espontáneo sí lo requieren, aunque en algunos casos el médico prefiera dejar primero que la naturaleza siga su curso.

La necesidad de tratamiento médico depende tanto del momento de la gestación, como de a intensidad de la hemorragia y de la decisión personal de la mujer.
En caso de aborto retenido o de hemorragia importante, puede ser necesario tratamiento médico o quirúrgico para eliminar el tejido restante.

Los medicamentos suelen ser eficaces cuando el aborto tiene lugar antes de las 7 semanas de embarazo o cuando queda una pequeña cantidad de tejido en el útero.

Aunque la hemorragia posterior se prolongue durante más tiempo, las investigaciones señalan que el empleo de fármacos (para provocar la contracción del útero y hacer que salgan los restos del embarazo sin necesidad de intervenir quirúrgicamente) reduce a la mitad el riesgo de infección.

El tratamiento quirúrgico consiste en una intervención, que se conoce como dilatación y evacuación o dilatación y legrado, de unos 5 minutos. En ella, se introduce un tubo de plástico flexible en el útero a través del cuello uterino y se retira el material del embarazo mediante succión.

Tener más de un aborto espontáneo

Tener más de un aborto suele ser causa de gran preocupación para muchas mujeres, que creen que ya nunca van a tener un embarazo normal. Sin embargo, e incluso después de dos abortos, la mayoría de las mujeres pueden volver a quedar embarazadas y dar a luz felizmente.

Tres abortos espontáneos consecutivos son razón suficiente como para someterse a ciertas pruebas que permitan descartar una causa específica.

Entre esas causas se citan trastornos hormonales, problemas genéticos, anomalías del útero o una enfermedad del sistema inmunitario denominada síndrome antifosfolipídico.

Entre las pruebas diagnósticas que se emplean para valorar la causa de los abortos repetidos están la biopsia endometrial (en la que se extrae una muestra de tejido del endometrio para su estudio): el histerosalpingograma (prueba con rayos X que permite ver el útero y las trompas): la histeroscopia (que permite visionar el interior del útero mediante un tubo flexible insertado desde la vagina y el cuello uterino), y la laparoscopia (procedimiento quirúrgico que permite visionar los órganos pélvicos mediante un tubo provisto de una cámara).

Abortos al final del embarazo

Cuatro quintas partes de los abortos tienen lugar en las 12 primeras semanas (primer trimestre) de la gestación. Los abortos espontáneos tardíos son mucho menos frecuentes y sus causas suelen ser distintas que las de los abortos tempranos. En cada caso, el especialista puede ofrecer asesoramiento específico.

Qué se siente después del aborto

Los efectos físicos del aborto suelen desaparecer con rapidez. La hemorragia cesa entre 7 y 10 días después, y la siguiente regla suele presentarse al cabo de unas 6 semanas.

Puede producirse una infección que prolonga la hemorragia o causa una secreción de aspecto desagradable. Un ciclo de antibiótico resuelve el problema.
Si los efectos físicos se superan pronto, el impacto emocional del aborto puede ser enorme.

El dolor psíquico puede ser tan intenso como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido. Muchas mujeres describen también una gran sensación de vacío.
Algunas parejas reaccionan de forma pasiva, con retraimiento y aislamiento.

Otras sienten deseos de hablar de ello. Una actitud no es más correcta que otra: cada pareja debe actuar según sus sentimientos.

Cuando volver a intentar un embarazo después de un aborto

Hay parejas que deciden volver a intentar el embarazo enseguida: otras necesitan más tiempo para recuperarse del golpe. La mayoría de especialistas recomiendan esperar algún tiempo (de un ciclo menstrual a 3 meses) antes de intentar concebir de nuevo.

El consejo de las mujeres que han pasado por un aborto espontáneo es el de concederse tiempo para sanar física y psíquicamente . Sobre todo, no te culpes de nada. La terapia psicológica puede ser de gran ayuda en este sentido.

Los grupos de apoyo pueden también aliviar la sensación de pérdida y soledad.

Por lo general, el aborto espontáneo se produce por alguna anomalía durante el embarazo, y pocas veces puede prevenirse.

No obstante, si el problema está relacionado con el cuello uterino (cuello uterino incompetente), el método conocido como cerclaje puede ser útil.

Marisol Guisasola. Periodista especializada en salud

Источник: https://www.conmishijos.com/embarazo/complicaciones/que-es-un-aborto-espontaneo/

Abortos espontáneos: sí, hay algo más que se puede hacer para evitarlos

¿En qué semana hay más riesgo de aborto?

  • Recién paridas que rechazan visitas: ¿maleducadas o responsables?

Hace 12 años sufrí un aborto espontáneo a las 14 semanas y media de gestación.

A la pérdida del embrión o feto antes de la semana 20 se le añade el término «recurrente o de repetición» cuando se produce tres o más veces seguidas, algo que le sucede a un 4% de las mujeres en edad reproductiva (1 de cada 4 embarazos), una estadística que se incrementa cuando la mujer cumple los 40 años (debido al deterioro genético de los óvulos).

En aquel momento, reconozco que ignoraba estas cifras. Es más, no conocía a nadie cercano, familiar o amiga, a quien le hubiera ocurrido.

Recuerdo que todo comenzó a última hora de la tarde, con pequeños retortijones en el vientre y pérdidas de sangre que gradualmente se convirtieron en abundantes coágulos y un intenso dolor que describiría como si me estuvieran abriendo en canal (y así era, el cuello del útero se estaba abriendo para expulsar el feto).

Aquel dolor casi me noquea, pero lo que me dejó kao fue la reacción del personal del hospital al que acudí a la mañana siguiente para realizarme una ecografía, la prueba que iba a confirmar si el embarazo seguía o no su curso. Sí, a pesar de todas aquellas pistas, todavía albergaba esperanzas.

Aún estoy viendo a aquella radióloga aplicándome el gel en mi estómago. Yo llegaba con ganas de hablar, de desahogarme, pero más allá de los cordiales «buenos días y túmbese ahí», de su boca no salió ni un comentario que mostrara algo de empatía.

La buena mujer tardó exactamente un segundo en decir: «Nada, no hay nada, lo has perdido. ¿Lo ves? El saco está vacío, lo has expulsado». Recibí aquellas palabras como un puñetazo en la boca del estómago. Mi respuesta fue un silencio sepulcral que finalmente se rompió con una pregunta: «¿Por qué? ¿He hecho algo que lo ha provocado?».

Mientras me apremiaba para que me levantara de aquella camilla (ya saben, 5 minutos por paciente), me contesto: «No te preocupes, los abortos espontáneos son muy comunes. Ahora, a descansar, y cuando el médico te diga, a volver a intentarlo».

Horrible. Solo puedo describirlo así.

Mucho se ha hablado de que si el piropo o los calendarios de mujeres desnudas colgados en los camiones o decorando los talleres de reparación cosifican a la mujer.

Pues bien, aquella profesional de la salud y sus comentarios me hicieron sentir como un auténtico pedazo de carne programado con el único fin de la procreación.

Tenía una sensación de estar vacía y una enorme tristeza contenida (aún estada demasiado asustada para llorar), pero se suponía que tenía que salir pitando de urgencias y borrar de un plumazo aquel imaginario que me había ido montando durante todas esas semanas: ¿será niño o niña? ¿a quién se parecerá, qué nombre le pondremos?

Parece que también debía obviar de sopetón los cambios físicos que el embarazo había producido en mi cuerpo, cargadito aún de gonadotropina coriónica (la hormona del embarazo), y ponerme rapidito a tener sexo para concebir cuanto antes, no me fuera a descuidar, alcanzar los 40 y la cosa se pusiera aún peor. Increíble, pero cierto.

FALTA DE PROGESTERONA

Ha pasado ya más de una década y, al final, efectivamente, todo pasa. No te queda otra. Hoy miro a mis retoños y apenas me acuerdo de aquello, pero siempre me pregunté cómo pueden sobrellevar una cosa así las mujeres a las que les vuelve a pasar, una y otra vez.

¿Y qué ocurre con aquellas que pasan por todo ello y nunca consiguen el embarazo? Me cuestiono si han cambiado en algo las cosas, tanto desde el punto de vista de la investigación como de la atención psicológica. ¿Acaso los padres no nos merecemos respuestas? ¿Sabemos algo más sobre qué los produce? ¿Se pueden evitar? ¿Existe algún tipo de seguimiento psicológico tras la pérdida?

Los expertos en la materia aseguran que, aunque aún queda mucho por hacer, sí que hay buenas noticias al respecto. Para empezar, hace unos años se esperaba a que la mujer pasara por tres abortos espontáneos para ponerse a valorar una explicación médica, ahora ya a partir del segundo aborto se inicia todo este proceso. En eso hemos avanzado.

También en la precisión sobre las causas que lo provocan. Lo confirma el Dr Jan Tesarik, director de la clínica MAR&Gen de Granada.

«Ya se conocía que en las mujeres más jóvenes la causa del aborto habitual es multifactorial, que influyen desde factores genéticos, anomalías anatómicas, desordenes autoinmunes, disfunciones endocrinas, varias formas de trombofilia (propensión a desarrollar coágulos sanguíneos), factores de estilo de vida (tabaco, alcohol) e infecciones maternales. Sin embargo, las últimas investigaciones apuntan a otra causa, probablemente mucho más frecuente: la insuficiencia de la secreción de progesterona«, cuenta el ginecólogo que, junto a su equipo, acaba de publicar las conclusiones de su estudio en la revista 'Current Opinion in Gynecology and Obstetrics'.

La progesterona es una hormona secretada naturalmente por los ovarios y la placenta en las primeras etapas de la gestación y que se considera vital para lograr un embarazo saludable.

«No secretar lo suficiente se considera una anomalía, conocida en el argot médico como 'insuficiencia de la fase lútea', que ha sido algo subestimada hasta ahora; ya que, tras la implantación, en la mayoría de los casos el embrión muere tan pronto que el embarazo ni siquiera puede ser confirmado», explica el doctor Jan Tesarik.

En la línea de este especialista están las conclusiones de un estudio a gran escala, realizado por la Universidad de Birmingham en colaboración con el centro de investigación para el aborto espontáneo Tommys National Centre.

Esta investigación, publicada la semana pasada, insta a la Seguridad Social británica a sufragar un suplemento hormonal de progesterona (que tiene un coste aproximado de 200 libras esterlinas) que, administrado en todas aquellas mujeres que presentan pérdidas de sangre durante las primeras semanas, ha demostrado que podría evitar más de 8.000 abortos espontáneos al año solo en el Reino Unido.

MÁS SEGUIMIENTO

Entonces, ¿se puede hacer algo más para pararlos? «Sí. La mayoría de los abortos ocurren entre la semana 15 y 20, por lo que el médico debería multiplicar los exámenes y análisis de sangre a la embarazada. Se deben hacer con más asiduidad y, especialmente, poner una particular atención en aquellas mujeres cuyos resultados muestran anomalías, explica el Dr Tesarik.

Por ejemplo, imaginemos que una mujer se está sometiendo a un tratamiento de reproducción y se observa una bajada inesperada de concentración de progesterona en la sangre. En este caso, habría que controlar esos niveles con más frecuencia.

«Una vez hemos transferido los embriones generados por la fecundación in vitro, cada 3 o 4 días o incluso antes de saber si la paciente está embarazada o no.

La cuestión es que hay que detectar cuál es el problema que provoca el aborto, antes de que este pueda causar la pérdida de embarazo, y actuar terapéuticamente de una manera adecuada», cuenta el especialista.

APOYO PSICOLÓGICO

¿Y desde el punto de vista de la asistencia emocional? ¿Se está haciendo todo lo que se debería? La realidad es que, aunque cada vez más profesionales tienen en cuenta el aspecto emocional en las pérdidas tempranas, queda muchísimo por hacer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Sabina del Río, directora del Centro de Psicología de la maternidad Calma, recuerda ciertas frases que decimos a menudo a modo de consuelo sin ser conscientes de que no ayudan en nada: «sois jóvenes», «mujer legrada, mujer embarazada», «bueno, estabas de muy poco», «es algo más frecuente de lo que te piensas», «no te preocupes, la naturaleza es sabia». Todo esto es un ejemplo de cómo desde la sociedad (y los mismos profesionales de la salud) no se considera necesario el apoyo psicológico y, por tanto, no se ofrece. Pero sí que se necesita.

La psicóloga explica que, «sobre todo en mujeres que están en tratamiento de reproducción asistida y a las que no se les encuentra ninguna causa aparente a sus abortos, estas pérdidas les genera mucha angustia y entran en un bucle sin fin buscando explicaciones y profesionales de distintas disciplinas que puedan ayudarlas: nutricionistas, hematólogos, inmunólogos, psicólogos, endocrinos…».

¿UNA VIDA SIN HIJOS?

Lo cierto es que hay una realidad que duele, por mucho que esté camuflada con odiosos latiguillos del tipo «son cosas que pasan». Sin ir más lejos, aún permanece en nuestra sociedad la costumbre de no contarle a nadie la buena nueva hasta pasados los tres primeros meses de embarazo (por lo que pueda suceder).

¿Qué pasa si sucede? ¿Finges que todo sigue igual, que no pasó nunca nada? Tragarse el dolor hace que muchas mujeres se sientan solas e incomprendidas, por eso acuden a foros en internet buscando apoyo de otras mujeres que estén pasando por lo mismo.

Sabina del Río cuenta que esto en ocasiones ayuda, pero otras veces es muy contraproducente. «Si una mujer siente angustia y que la situación le está desbordando, debe buscar ayuda de un especialista.

Sobre todo, buscar a alguien que nos ayude a poder verbalizar el dolor por la pérdida, el miedo a no conseguir nunca un embarazo, a soportar la presión social y a manejar determinadas situaciones que generan conflicto o miedo (como, por ejemplo, ver a otras mujeres embarazadas)», recomienda la psicóloga.

Sería ideal que el sistema de salud público se encargara de este seguimiento, pero ya sabemos que la atención psicológica en nuestra seguridad social brilla por su ausencia.

Es muy importante valorar el aspecto emocional de la mujer durante todo este proceso, acompañarla desde el inicio y, por supuesto, si se observa que la situación le está pasando factura psicológicamente, aconsejarla parar un tiempo para recuperarse y prepararse psicológica y emocionalmente para todo lo que puede seguir viniendo.

También queda otra opción, aunque tampoco es fácil. Sabía del Río reconoce que «es doloroso, pero a veces necesario empezar a barajar la opción de una vida sin hijos y trabajar el enorme duelo que esto puede suponer para una pareja que lleva mucho tiempo invirtiendo dinero, energía e ilusiones para conseguirlo».

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Источник: https://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2020/02/09/5e3bf9a3fdddff2d6d8b4648.html

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