¿Es posible elegir a los embriones más inteligentes al realizar una FIV?

“Escoge la inteligencia de tu hijo”: el controvertido test para embriones fecundados in vitro

¿Es posible elegir a los embriones más inteligentes al realizar una FIV?

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Imagínate que tu o tu pareja decidan someterse al procedimiento de fertilización in vitro y los médicos te dijeran que tienen la posibilidad de conocer si vuestro embrión tendrá un coeficiente intelectual (CI) bajo o un alto riesgo de padecer ciertas enfermedades. De acuerdo a un reciente informe de NewScientist, esto podría ser una realidad muy pronto en los EEUU.

La autora de estos avances es la firma Genomic Prediction que, según el medio norteamericano desarrolló pruebas de cribado genético que podrían evaluar rasgos complejos como los mencionados. Las pruebas aun no han sido empleadas, pero la firma ya ha tenido conversaciones con clínicas para ponerlos a disposición de clientes.

En lo que se refiere a inteligencia, la firma ha dicho que ofrecerá la opción solo a embriones que arrojen altas probabilidades de desarrollar “discapacidad mental”.

Sin embargo, la misma técnica podría ser usada para identificar embriones con genes que los hace más predispuestos a tener un coeficiente intelectual más alto.

El cofundador de la compañía, Stephen Hsu, cree que las personas demandarán este servicio: “si no lo hacemos nosotros, otra compañía lo hará”.

Pruebas genéticas en la fertilización in vitro

Durante muchos años ha sido posible realizar pruebas genéticas más simples en embriones como parte de la FIV.

Por ejemplo, los padres con riesgo de tener un hijo con fibrosis quística tienen la opción de someterse a una FIV y seleccionar un embrión que no lleve el gen responsable de la enfermedad.

También es posible detectar otras afecciones causadas por un solo gen, así como las causadas por anomalías cromosómicas, como el síndrome de Down.

Sin embargo, la mayoría de las condiciones están influenciadas por cientos de genes, lo que ha hecho que sea imposible detectar embriones con un alto riesgo de enfermedad cardíaca, por ejemplo, o seleccionar embriones con una probabilidad baja de experimentar depresión. Esto aplica también a rasgos de la inteligencia.

En años recientes, se abrió nuevamente la posibilidad de conocer las probabilidades de tener ciertas condiciones o rasgos analizando varias regiones del ADN simultáneamente para calcular algo llamado “puntaje de riesgo poligénico”.

Controvertido enfoque

La referida firma es la primera en ofrecer el “puntaje de riesgo poligénico” para embriones antes que adultos. La firma principalmente promueve sus tests como una forma de descartar embriones con alto riesgo de ciertas condiciones médicas.

Pero lo de Genomic Prediction va más allá, y es más delicado desde el punto de vista ético: no es tan preciso como para decir el coeficiente intelectual de cada embrión, pero puede indicar cuáles son los valores atípicos genéticos, lo que brinda a los futuros padres la opción de evitar embriones con una alta probabilidad de coeficiente intelectual de 25 puntos por debajo del promedio, explicó Hsu al medio.

Las pruebas prenatales, incluso las que buscan evitar el síndrome de Down, ya han recibido posturas en contra. La organización Don’t Screen Us Out (no nos descarten) es una de ellas, que consultada por el medio ha indicado que “la inclusión y la diversidad” estarían siendo puestas en juego con las propuestas de evaluación de CI.

Naturalmente, el siguiente paso es que se use la prueba para ir a un paso más allá y seleccionar al embrión con mayor probabilidad de tener un coeficiente intelectual alto, lo que a su vez resultaría en un potencial intelectual “muy por encima del promedio”, para Hsu.

Implicaciones éticas

Por razones éticas, la firma no ayudará a padres a elegir embriones con CI altos. Pero expertos como Kevin Mitchel de Trinity College, en Irlanda, creen que el tema traerá cola y otros sí que lo harán, ya que es tecnológicamente factible.

Otras de las condiciones genéticas que el “puntaje de riesgo poligénico” puede detectar incluyen enfermedades del corazón, cáncer de mama, diabetes 1 y 2, o enfermedades inflamatorias intestinales.

Pero la historia no acaba allí: si los embriones son hijos de los mismos padres biológicos, estos no mostrarán gran variación en sus puntajes para varios rasgos.

Tampoco sabemos qué efectos pueden tener los genes envueltos en inteligencia o riesgo bajo de enfermedad del corazón.

Algunos estudios han indicado que personas con el puntaje más alto para habilidades académicas tienen altas probabilidades de tener autismo.

Las pruebas genéticas para rasgos complejos solía ser imposible. Esto por que afectaba a cientos de genes distintos, cada uno con influencia minúscula en la condición detectada. Pero gracias a estudios a cientos de miles de personas, se halló en julio más de 1000 regiones de ADN que juntas representaron una variación del 13% en rendimiento académico.

Y su influencia puede ser mayor en ciertas personas. Si bien una variante genética puede representar un porcentaje mínimo en el rango de la inteligencia de una población, puede hacer la diferencia en algunos.

El estudio de julio halló que el 60% de los que sacaron un puntaje genético en el quinto superior del grupo obtuvo un grado universitario, mientras que en el quinto inferior solo lo hizo un 10%.

Daniel Meza

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, tecnología que suma.

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Источник: https://nmas1.org/news/2018/11/22/inteligencia-puntaje

Ya estamos diseñando niños (más o menos): el secreto no está en la modificación, sino en la selección genética

¿Es posible elegir a los embriones más inteligentes al realizar una FIV?

Somos capaces de modificar genéticamente numerosos organismos. Es más, se hace diariamente con fines de investigación y hasta comerciales. Por otro lado, ¿y si no fuera necesario modificar genéticamente para diseñar un genoma «al gusto»? ¿Y si en vez de eso bastase solo con poder elegir qué genes queremos y cuáles no?

La idea de poder eliminar nuestros defectos es tentadora. De ahí a poder «hacer un ser humano a la carta» hay solo un paso. ¿Tenemos ya la tecnología para hacerlo? Sí, la tenemos. ¿Y la razón moral para permitirlo? La cuestión puede parecer sencilla, pero nada más lejos de la realidad.

La historia de Megan Simpson, un nombre ficticio, se hizo famosa hace casi una década. Su empeño por tener una hija le llevó a gastarse más de 40.

000 dólares en tratamientos de inseminación artificial, a pesar de que ya tenía otros tres hijos (varones) sanos. ¿Acaso es legal modificar genéticamente para elegir el sexo de un bebé? No, no lo es.

Precisamente, la palabra inseminación artificial hace referencia a cómo lo ha conseguido a pesar de que no parezca posible.

Me explico: la modificación consiste en utilizar técnicas avanzadas, como CRISPR Cas9 y cambiar el ADN del ser humano.

Esto es más fácil de hacer en un embrión, porque tiene menos células y es más simple hacerlo durante su etapa de desarrollo.

A pesar de que existen casos extraordinarios, lo cierto es que no es legal en casi ninguna parte del mundo modificar directamente el material genético de una persona.

Sin embargo, existe otro conjunto de técnicas, conocidas como selección embrionaria, que consisten en analizar el material genético de los embriones fertilizados y escoger los óptimos para ser implantados y que se desarrollen.

Este procedimiento se emplea en la fertilización in vitro. Dicha selección tiene como objetivo el asegurar la capacidad reproductiva, un derecho humano fundamental, pero en el proceso se pueden elegir otras características.

Aquí es donde encontramos el «truco».

No podemos modificar genes, pero sí elegirlos a la carta

La fecundación in vitro, o FIV, permite que parejas con problemas para concebir puedan tener hijos. Para ello existe un importante y extenso desarrollo tecnológico que da oportunidad a fecundar un embrión e implantarlo en la madre para su desarrollo.

Con estas técnicas se puede controlar el proceso de concepción hasta puntos que parecen sacados de la ciencia ficción. Por ejemplo, el hecho de poder elegir qué genes «queremos»: En la FIV se fecundan varios óvulos con espermatozoides en el laboratorio.

De los embriones obtenidos se seleccionan los candidatos óptimos y se implantan en el útero para su gestación. Esto, como decíamos, significa escoger los genes que deseamos.

La técnica más usada y exitosa de selección embrionaria es el DGP, o diagnóstico genético preimplantacional, con la que se analiza el material genético de los embriones para comprobar si tienen cierta enfermedad.

De esta manera escogemos a voluntad los embriones sanos.

En el proceso, sin embargo, debido a que muchas enfermedades están asociadas a los genes sexuales, también se suele conocer el futuro sexo del embrión.

Una vez determinados se eligen cuáles son los embriones óptimos según estos análisis y se implantan.

Esta técnica está especialmente determinada para parejas que saben de antemano que pueden transmitir una enfermedad congénita a su descendencia. Pero en algunos lugares esto se lleva más allá.

En España, por ejemplo, no es posible, salvo que sea necesario para salvar la vida y salud del futuro bebé, elegir el sexo del bebé. Sin embargo, en Estados Unidos sí que es posible elegir entre niño y niña.

Es más, las clínicas de fertilidad del Dr. Jeffrey Steinberg han protagonizado numerosas polémicas por centrar su modelo de negocio en esta posibilidad.

Así es como Megan Simpson, la mujer de la que hablábamos escuetamente al principio de este artículo, se hizo con una hija a pesar de contar con tres hijos sanos.

Esto mismo podría hacerse con otras características genéticas.

Todo esto puede hacerse sin necesidad de pasar la barrera de «modificar» genéticamente a un embrión.

Aunque todavía no hemos llegado a ese punto por cuestiones bioéticas, sería factible detectar cosas como una predisposición a tener cierta fisiología, protección a ciertas enfermedades, predisposición cognitiva…

hasta podría seleccionarse cosas como el color del pelo o de los ojos. Todo esto puede hacerse sin necesidad de pasar la barrera de «modificar» genéticamente a un embrión.

¿Y qué tendría de malo poder elegir?

Elegir sus genes, ¿qué tiene de malo? ¿Y de bueno?

A priori parece que la posibilidad de elección es siempre algo positivo. Imaginemos, por ejemplo, si pudiéramos elegir entre la variación genética de nuestro bebé el poder quitar cualquier rasgo que lo predispusiera a una enfermedad.

Actualmente, una fecundación in vitro ronda los varios miles de euros, con selección embrionaria incluida. El tratamiento y mantenimiento de personas con enfermedades genéticas eleva el gasto médico a cientos de miles de euros por caso.

Eso por no hablar de la cuestión ética sobre el sufrimiento que padecen las personas afectadas.

¿No sería maravilloso eliminar sistemáticamente la posibilidad de sufrir este tipo de enfermedades? Aquí es donde entramos, otra vez, en un tema espinoso.

La elección puede tener un gran potencial positivo, pero también puede resultar muy negativa.

Existen varias razones ecológicas y éticas que se oponen a la idea de la selección de carácteres positivos de manera artificial.

Comencemos por un concepto biológico básico: la biodiversidad. En concreto la biodiversidad genética. Existen numerosos estudios que demuestran que una mayor biodiversidad supone mayor calidad de vida para todos los seres de un ecosistema. Por el contrario, cuanto menor es la biodiversidad, se producen más enfermedades y problemas.

Esto, como decíamos, también se aplica a la genética: cuanta mayor diversidad genética existe en una población, mayor probabilidad de supervivencia y mayor calidad de vida.

Imaginemos que podemos seleccionar a nuestros hijos descartando y escogiendo sus genes.

¿Quién elegiría un gen asociado con una característica mediocre? Al final, dirigiríamos la población en cierta medida a una menor biodiversidad, reduciendo, por tanto, su capacidad de resiliencia.

Por otro lado, también existe otro problema biológico: la complejidad. A medida que conocemos mejor los diversos niveles de expresión genética nos damos cuenta de lo complicado que es entender cómo funciona.

La genética mendeliana, con caracteres concretos y definidos, se queda muy corta. Seleccionar un gen que es beneficioso, supuestamente, podría acarrear consecuencias inesperadas y terribles.

Por último, la selección genética interrumpe el proceso evolutivo, que es aleatorio y paulatino, y no sabemos qué consecuencias podría tener.

Si nos fijamos en las consecuencias sociales y éticas el panorama no es mucho mejor.

¿Qué ocurriría en una población como la china si todo el mundo pudiese escoger algo tan sencillo como el sexo de su prole? ¿Qué ocurriría en grupos minoritarios y ya puestos bajo una gran presión social? ¿Qué consecuencias puede acarrear dar la oportunidad a unos pocos, o a muchos, el elegir cualquier característica genética? Las implicaciones han sido discutidas ampliamente por expertos de todas las épocas. En cualquier caso, la realidad es que, a pesar de las consideraciones éticas, sociales, biológicas o las mismísimas leyes, podemos decir sin miedo a equivocarnos que ya hemos empezado a diseñar bebés a nuestro gusto.

Imágenes | Unsplash

Источник: https://www.xataka.com/medicina-y-salud/estamos-disenando-ninos-secreto-no-esta-modificacion-sino-seleccion-genetica

Embarazo y niños
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