La obediencia a cada edad, del bebé al niño

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

Los límites son necesarios para el crecimiento del niño. Les protegen y les enseñan a frustrarse, con lo que aprenden que no todo se consigue ni todo se puede hacer, porque hay cosas que no son correctas.

Sin embargo los niños no nacen con un código de normas bajo el brazo que les dicte la forma de comportarse en este mundo al que acaban de llegar. El aprendizaje de estas reglas pasa necesariamente por la obediencia a una autoridad.

Para esto los primeros años de la vida de un niño son fundamentales

Indice

No obstante las normas varían necesariamente con la edad, por ello el gabinete psicológico de la Escuela Infantil Cangurito nos muestra las bases para conocer en para entender su comportamiento dependiendo del momento en que se encuentra el niño y saber qué concepto de disciplina conviene reafirmar.
 

La obediencia en niños de hasta 1 año

Las primeras limitaciones están muy relacionadas con las situaciones de riesgo. En esta etapa se impone una función protectora. Cuando es un bebé, nuestras prohibiciones le hacen entender que él y nosotros somos unas personas distintas, diferentes e independientes.

La palabra clave en estos momentos es “no”. Debe experimentar que los deseos no siempre se satisfacen en el momento, de inmediato. Alrededor de los 8 meses empieza a mostrar apego excesivo a figuras conocidas y miedo ante los extraños.

De ahí la importancia de esta función protectora en esta etapa y de los límites, porque empieza a estructurarse su mundo. Las normas en este periodo giran en torno al sueño, la comida, el peligro y el establecimiento de rutinas positivas.

Nuestras mejores ayudas son reconocer, interpretar y traducir sus necesidades y no dejarnos vencer por su llanto (cuando no tenga una base justificada).

 La obediencia en niños de 1 a 2 años

Las características del niño en esta edad son la curiosidad, la tenacidad, el atrevimiento, la actividad y la exigencia, entre otras. Ante lo cual debemos saber que: Hacia el año y medio ya tiene capacidad para entender razonamientos sencillos. Es por lo tanto el momento de explicarles el porqué de las normas.

A partir de los 18 meses empieza a conocer y a utilizar el “no”. Responden con una negativa a todo lo que se les dice. Sin embargo no debemos confundir esta actitud con la desobediencia Está poniendo a prueba su personalidad y ya siente que es alguien independiente.

Es necesario, por lo tanto que experimente por sí mismo, pero no sin dejar de inculcarle la obediencia. Ante ello tus mejores actitudes son:

– Firmeza: lo que se dice, se cumple.

– Razonamiento: explicarle por qué. Insistiendo siempre en lo concreto, ya que los niños de esta edad no entienden los planteamientos abstractos. La mejor forma es razonar a través de las consecuencias; pero siempre han de partir de su experiencia, porque no saben prescindir de ella.

 

La obediencia en niños de 2 a 3 años

Es la etapa por excelencia de afirmación del “no”. Se opone a todo y todo lo quiere hacer él mismo. No te preocupes si se equivoca, es muy bueno que intente hacer el mayor número de cosas por sí mismo, aunque debes tener cuidado con lo que puede resultar nocivo o peligroso.

Si hasta ahora has tenido que vigilarle de cerca, ahora has de ser como un espía que ve sin ser visto y controla sin que se note. Tu hijo necesitará probarse a sí mismo y hemos de dejarle hacer. En esta etapa suelen ser frecuentes las rabietas.

Tus mejores actitudes, en esta etapa son:

– Paciencia y serenidad: es una época de oposición y van a intentar imponer su voluntad.

– Distraer: es una forma de evitar que hagan algo que no les permitimos.

– Dar opciones: ahora ya entienden que no lo pueden hacer o tener. Es la ocasión de recordárselo:”Esto no… pero esto sí…”

– Reserva el no para lo realmente importante. El exceso de negativas no es educativo, sino que coarta y limita demasiado.

– Firmeza: mantén la disciplina que has establecido, por encima de todo. Es necesario para que se sientan seguros.

La obediencia en niños de 3 a 4 años

A esta edad comienza a experimentar los conceptos de justicia, orgullo y vergüenza. Es sensible a las reacciones de los adultos y ante éstas puede sentirse orgulloso o avergonzado.

Adquiere conciencia afectiva y de lo que puede y no puede hacer. Para él la obediencia sigue siendo el código moral predominante y obedecer es “ser bueno” y no hacerlo “ser malo”.

Acepta la norma por respeto a quien se la ordena.

¿Qué hacer para que los niños obedezcan?

Con el tiempo observarás que reta tu autoridad. Es normal. Forma parte de su proceso de desarrollo y así es como pide que se le impongan los límites.

Pero ¿cómo conseguimos que nos obedezca? Como en todo y especialmente si hablamos de niños, no hay fórmulas milagrosas y lo que puede funcionar en unos casos puede no ser eficaz en otros.

Sin embargo estas pautas pueden ayudarte en algunos momentos:

– Asegúrate que comprende lo que le ordenas y es capaz de realizar lo que le pides. La labor encomendada debe ser proporcionada a las capacidades propias de su edad. Emplea órdenes sencillas, cortas y claras y de una en una. Comienza con tareas fáciles y agradables, después podrás ir aumentando el nivel de exigencia.

– Explícale por qué debe obedecer o la razón por la que le prohíbes algo. Trata de evitar frases como: “¡Porque sí!” o “¡Porque lo digo yo!”. Enséñales a comportase; si no conocen las normas difícilmente podrán a cumplirlas.

– Motívale, explicándole, no sólo lo que tienen que hacer, sino las consecuencias positivas (o negativas) de su buen comportamiento (o desobediencia).

– Da ejemplo. Los adultos somos el espejo donde se miran los pequeños. Imitarán tu conducta porque es así como aprenden. Emplear un tono agradable no te resta autoridad y puede ser más efectivo. Procura no perder la calma en caso de desobediencia.

– Emplea el buen humor y el juego. Ponte a su altura cuando le ordenes, no sólo físicamente (poniéndote en cuclillas), sino en la forma de exponerlo. Convierte la orden en un juego (jugar a guardar los juguetes por tamaños), para que no asocie la obediencia con algo negativo.

– Elógiale y premia sus buenas conductas, no con recompensas materiales sino afectivas. Y hazlo inmediatamente después de que haya obedecido tu petición.

– Sé coherente. Si le exiges algo debe obedecerte. Sé paciente y no te anticipes a su acción haciéndolo tú. En ocasiones no es que no quiera hacerlo, sino que sus aún limitadas habilidades le impedirán hacerlo al ritmo que deseas.

– Ponte de acuerdo con tu pareja para que el niño no reciba órdenes contradictorias que puedan confundirle. Y cumple siempre lo pactado con tu pequeño. Si le has prometido una recompensa, cúmplela.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/ninos/desarrollo-infantil/la-obediencia-a-cada-edad-del-bebe-al-nino-676

Mi bebé de un año no me obedece

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

Continúa la nueva temporada de la Sección El viernes, la Psicóloga responde en Maternidad Continuum. Hoy responde a la consulta Vanessa Burguillo y así se presenta ella misma:

Soy Vanesa Burguillo. Soy Psicóloga y Terapeuta Ocupacional. Mi vida laboral siempre ha estado ligada a la infancia y la discapacidad. He trabajado en diferentes proyectos como Monitora y Coordinadora de Ocio y Tiempo Libre, Preparadora Laboral, Orientadora Laboral, Maestra en PCPI…

Esta actividad la he compatibilizado con otra de mis pasiones, la formación. Soy cofundadora de la Escuela de Ocio y Tiempo Libre ZAPE donde en este momento ejerzo como  Directora y Formadora, formando a futuros Monitores de Ocio y Tiempo Libre.

Pero,  por encima de todo, soy mamá de dos niñas de 3 años y 8 meses y de otros 3 peques que decidieron no  quedarse mucho tiempo con nosotros.

Y mi maternidad, que ha supuesto una revolución interior y un cambio en mi forma de concebir la crianza y la educación,  me  lleva, entre otros, a formarme, en diferentes espacios, en el acompañamiento respetuoso del crecimiento de lxs niñxs, y estar formándome, actualmente, como Asesora de Porteo “De Monitos y Risas”.

Consulta

Hola Pilar, antes que nada gracias por todo lo que compartes, en esta ocasión te pido ayuda para enseñarle a mi bebe de 1 año 3 meses a obedecerme un poquito, anda muy rebelde y me hace muchas rabietas, tengo una presión enorme de las personas que nos rodean por que me dicen que debo ser dura y me aconsejan inclusive pegarle para que me obedezca y yo NOOO quiero eso, pero entiendo que le debo enseñar limites y que debe entender que hay cosas que NO debe hacer, espero que me puedas ayudar, en verdad la estoy pasando dificil, gracias.

Respuesta

Hola

Muchas gracias por tu consulta. El tema que te preocupa, de límites y rabietas, es un tema que genera un gran debate, y que trae de cabeza a muchos padres y madres. También es un tema por el que continuamente nos sentimos juzgados en nuestro papel de padre o madre, como es tu caso. Por esto es normal que nos resulte, en ocasiones, complicado de manejar.

Pero también tienes cosas muy claras, como que de ninguna manera quieres pegar a tu bebé, así que ya tienes el camino algo avanzado.

Para empezar vamos a aclarar un término. ¿Realmente quieres que tu hijo obedezca? Según la RAE, Obedecer se define como “Cumplir la voluntad de quien manda”.

Es decir, acatar lo que una persona con más autoridad ordena, independientemente de cual sea nuestra voluntad.

Cuando enseñamos a un/a niñx a obedecer se lo estamos enseñando en cualquier circunstancia, es decir, siempre va a ser obediente ante una autoridad, su jefe, por ejemplo, y acatará las órdenes aunque éstas vayan contra su voluntad o deseo.

Y, por otro lado, estamos cortando su pensamiento crítico, por lo que no se planteará si la orden es adecuada o no, necesaria o no… simplemente la cumplirá. Por este motivo creo que es más correcto, y entiendo que es lo que tú quieres para tu bebé cuando realizas la consulta, el respeto a los límites o normas que existen en cada entorno, en lugar de la obediencia.

Los límites son necesarios para garantizar un entorno seguro y relajado para todas las personas que se encuentran en él. Éstos deben ser los mínimos posibles y claramente expresados.

A una determinada edad, diferente para cada niñx, ante el establecimiento de un límite, por ejemplo, surgen las rabietas.

Es importante resaltar que las rabietas son una manifestación de la autoafirmación e individualización del niño o niña, que ya se reconoce a sí mismo como alguien diferente a sus padres y así lo expresa, negando lo que se le propone.

Por tanto, todxs lxs niñxs, dentro de su desarrollo evolutivo, van a tener rabietas en su proceso de crecimiento. Y, como tal, después de un tiempo, cuando el lenguaje del peque, por ejemplo, le permite manifestar de otro modo las emociones que siente, las rabietas cesan.

Con las rabietas lxs niñxs no nos están probando ni nos están retando, están expresando sus emociones y su malestar.

[Tweet «Con las rabietas lxs niñxs no nos están retando, están expresando su malestar»]

Una de las formas de actuar ante una rabieta es intentar evitarla. Si sabemos que pasar por delante de un escaparate y ver el juguete que quiere y que no le compramos desencadenará una rabieta podemos intentar ir por la otra acera.

A veces tendremos que revisar también los límites que establecemos, para evitar rabietas. Puede ser que los límites no sean acordes a la edad del bebé o a su desarrollo.

A veces, como ejemplo, queremos que niños muy pequeños recojan sus juguetes cuando los usan, cuando aún no están en la edad que les permite hacerlo, o que se coman una cantidad de comida excesiva.

Otras veces mantenemos límites “heredados” de nuestra crianza autoritaria. Por ejemplo, “No se puede saltar en la cama”, o “No te puedes levantar de la mesa si no has acabado de comer”. ¿Realmente, si no existe peligro, pasa algo porque nuestrxs peques pasen un rato de risas saltando en la cama?.

El ambiente relajado también nos permite evitar rabietas. Esto lo conseguimos sacando fuera del alcance y de la vista de lxs peques las cosas que no queremos que usen, con las que jueguen o coman. Por ejemplo, en lugar de tener que repetir que el jarrón no se toca o que no se comen chuches entre semana, mantendremos esto fuera de la vista y del alcance del bebé.

Otra forma útil de que las rabietas no se produzcan es anticipando al niñx lo que va a acontecer, por ejemplo: “dentro de muy poco nos vamos a casa, vete recogiendo tus juguetes del parque y despidiéndote de tus amigos”, en lugar de gritar de pronto “Nos Vamos” cuando el peque o la peque están inmersos en su juego.

[pullquote]Cuando se desencadena un berrinche NUNCA debemos ignorarlo o reprimirlo (lo que conseguiríamos pegando al bebé, por ejemplo). Tenemos que acompañar su malestar, estar junto a él y poner nombre a las emociones que siente: ira, enfado, frustración…[/pullquote]

Pero, aún poniendo los medios para evitar las rabietas, éstas se producen. Cuando se desencadena un berrinche NUNCA debemos ignorarlo o reprimirlo (lo que conseguiríamos pegando al bebé, por ejemplo).

Tenemos que acompañar su malestar, estar junto a él y poner nombre a las emociones que siente: ira, enfado, frustración… Debemos intentar ponernos en su lugar, expresarle, por ejemplo, frases del tipo:

“Entiendo que te apetezca seguir viendo estos dibujos que te gustan tanto, pero ya habíamos acordado previamente que sólo verías un capítulo más, así que es hora de apagar la tele”

Acompañando el malestar de nuestrx peque le estamos transmitiendo que nos importa, que le queremos, que entendemos que lo está pasando mal y que está muy bien que exprese sus emociones como sabe en ese momento.

Para solventar la rabieta podemos proponer pactos, buscar alternativas o utilizar la imaginación y la fantasía. En ocasiones personajes ficticios que les hablan funcionan muy bien.

Habrá límites en los que podamos ceder, y no pasa nada por hacerlo, no vas a malcriar a tu bebé ni se te va a subir a la chepa si lo haces, y límites en los que será imposible, y en los que no nos queda otra que acompañar el malestar del bebé y el berrinche si se desencadena.

Así que te animo a que sigas haciendo caso a tus sentimientos, y a defenderlos ante aquellos que te proponen “mano dura”.

Espero que te sirva mi respuesta.
Un saludo

Источник: https://www.maternidadcontinuum.com/2014/12/mi-bebe-de-un-ano-no-me-obedece/

Mi hijo no obedece, ¿Qué puedo hacer? · El Teu Espai · Tu centro de Psicología y Logopedia

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

Muchas veces los padres se quejan de que sus hijos no les obedecen o que tienen que repetir las cosas muchas veces y no hacen caso y han de insistir en ello e incluso llegan a enfadarse por este motivo. Hasta que llegan a un punto que ya no saben lo que hacer.

Esta situación suele ser frecuente en las casas y ocurre muchas veces: peleas entre hermanos, malas contestaciones, no se quiere ir a dormir, no se quiere vestir solo o le repetirnos mil veces que se vaya a duchar entre otras…

La desobediencia es una negativa a hacer alguna cosa que se nos ha pedido en un periodo de tiempo limitado o/y a seguir una serie de normas establecidas ya sean padres, profesorado u otras personas con el fin  que el funcionamiento de la  escuela o casa sea el correcto.

¿POR QUÉ NO OBEDECE NUESTRO HIJO/A?

Habría innumerables motivos por los que los niños no obedecen, algunas de ellas serían:

  • Para llamar la atención: un niño puede ser desobediente para que sus padres le presten más atención.
  • Se muestra inseguro
  • Puede ser por mostrar celos, a veces hay diversas situaciones que generan celos como puede ser el nacimiento de un hermano y pueden realizar conductas negativas para de llamar la atención de sus padres para que tengan y pasen más tiempo con él ya que la llegada de un hermano implica la pérdida de atención de tenía anteriormente.
  • Algunos niños no sabe esperar ya que son inmaduros y han de aprender aun a guardar su turno.
  • Sobre los 2-3 años es normal que los niños tengan conductas oposicionistas ya que es una edad en la que los niños ponen a prueba la autoridad de sus padres.
  • Pero sobre todo, la más importante y la más frecuente es:porque lo que les pedimos que hagan es un rollo y tienen que dejar de hacer algo que les gusta para hacer algo que no les gusta (a nosotros también nos pasa!).

Normalmente cuando una conducta se aprende suele ser porque su conducta tiene consecuencias positivas, por ejemplo adquirir la atención de los padres que solo se le da cuando se comporta mal o no se hace caso y no cuando el niño se porta bien.

Es decir, los niños aprenden a ser obedientes dependiendo de los estímulos que les ofrecen los adultos y de cómo estos  reaccionan frente a su conducta.

Por esto es muy importante valorar y tener en cuenta todas las conductas correctas y no solo las negativas. Si solo se le presta atención cuando se porta incorrectamente nuestro hijo tiene así un gran reforzador para seguir comportándose mal.

Al tratar de modificar la conducta es muy importante analizar tanto la conducta y el comportamiento del niño como el de los adultos.

LOS PASOS PARA MODIFICAR LA CONDUCTA SERÍAN:

Cuando nuestro hijo no se comporte como nosotros queremos hemos de:

Antes de usar cualquier técnica, lo más importante es asegurarse de que la orden que hemos dado se ha oído, procesado y entendido.

Si yo desde la cocina le digo a mi hijo, ves a lavarte los dientes cuando el está en el sofá viendo los dibujos, la probabilidad de que obedezca es de 0,000001.

Si en cambio, yo voy al comedor, me acerco y le digo: ves a lavarte los dientes, aumento mucho la probabilidad pero todavía estaré muy lejos de la obediencia.

Si yo además de decírselo cerca y mirándole a los ojos, lo cojo de la mano y le digo: venga vamos al lavabo que tienes que lavarte los dientes, probablemente en un 90% de los casos me hará caso. Lo que quiero decir con esto, es que no puedo esperar que mi hijo/a me obedezca si le doy la orden desde la otra punta de la casa, porque no me habrá ni escuchado, ni procesado ni entendido y seguirá mirando los dibujos plácidamente.

Si llegados al último paso, sigue sin obedecernos, cosa que ocurrirá pocas veces, entonces tendremos que usar otras técnicas:

  • Retirar la atención, es decir, no ofrecerle nuestra atención ni hablarle si no nos desobedece. Si nos es muy complicado, podemos salir de la habitación. Y una vez la conducta de desobediencia finaliza volverle a ofrecer nuestra atención (mirarle, hablarle)
  • A la vez, se ha de reforzar todas las conductas correctas que realice su hijo de manera sistemática, ya sea de manera verbal o si hiciera falta en forma de premio.
  • Por otro lado, si la extinción o retirada de atención no fuera suficiente se podría tener alguna consecuencia negativa, como la retirada de actividades que les gusten como puede ser: ver la televisión, jugar con el ordenador o tablet o retirarle los juguetes.

Es importante resaltar que, en un principio generalmente, suele aumentar la frecuencia y la cantidad de la conducta desobediente si seguimos estas pautas ya que los niños están acostumbrados a que así suelen conseguir lo que quieren pero si perseveramos y somos constantes, posteriormente la conducta disminuirá.

AL DAR INSTRUCCIONES Y ÓRDENES SE HA DE TENER EN CUENTA:

  • Han de ser frases que los niños puedan entender.
  • Las ordenes han de ser claras, cortas y específicas
  • Se han de dar de una en una.
  • No deben contradecirse unas con otras

ESTRATEGIAS PARA QUE NUESTRO HIJO/A SE PORTE BIEN:

Sorpréndelos cuando se porten bien. Mostrar interés, alabar, reconocer y felicitar cada vez que vemos que nuestro hijo se porta bien, como por ejemplo cuando está tranquilo o cuando está con su hermano sin pelearse o está comiendo bien sentado.

Reconocer cualquier mejora aunque sea pequeña. Es imposible pasar de una mala a una buena conducta, pero si nos fijamos veremos que suelen haber pequeñas mejorías y estas también las hemos de reconocer, así el niño se motivará a continuar mejorando.

– Presentar alternativas para que su hijo pueda elegir. En vez de ordenar a que haga una determinada tarea se le pueden ofrecer dos alternativas y así él elegirá cual y lo hará de forma más contenta. Por ejemplo si queremos que haga los deberes podemos preguntarle, ¿quieres hacer los deberes antes o después de merendar?

– Utilizar la distracción. Cuando nuestro hijo tiene comportamiento de oposición lo mejor es no realizar ordenes explícitas y directas. Por ejemplo, si queremos que se vista lo mejor sería decirle, ¿qué cuento quieres que te explique mientras te vistes para salir a la calle?

Más adelante y cuando esto  esté resuelto  y nuestro hijo sea bastante obediente sabrá hacer las cosas y poco a poco la convivencia familiar será más pacífica y armoniosa. Recuerda que la mayoría de niños no hacen caso a la primera!

Источник: https://www.psicologosantacoloma.es/hijo-no-obedece-puedo/

La obediencia de los hijos entre los 2 y los 5 años

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

Que nuestros hijos no sigan las órdenes que les damos, es una situación frecuente y cotidiana que, en ocasiones, crea un ambiente familiar caracterizado por gritos, riñas, malas caras y sensación de frustración. Para evitar estos conflictos, es importante que los padres actuemos de forma adecuada.

El niño desobediente puede negarse a cumplir las órdenes que le damos de distintas formas:

  • No haciendo lo que le hemos indicado, como si no nos hubiera oído.
  • Diciendo «no» de manera explícita.
  • Con expresiones del tipo «ahora voy», «luego lo hago», que rara vez se cumplen
  • Expresando su desobediencia mediante rabietas o pataletas.

¿Pero, por qué es desobediente nuestro hijo?

  • Para llamar nuestra atención. En ocasiones, los padres estamos pendientes de nuestro hijo sólo cuando se comporta de manera inadecuada. Es muy posible que los niños se nieguen entonces a cumplir nuestras exigencias porque son los únicos momentos en que consiguen llamar nuestra atención, aunque sea para regañarlos o castigarlos.
  • Alrededor de los 2 años de edad, los niños suelen pasar por una época en que responden con un «no» a todo lo que se les pide. No debemos confundir esto con la desobediencia. Nuestro hijo ha comenzado a ser más independiente de nosotros y es necesario y saludable para su madurez que lo experimente. Aunque los padres debamos comprender esta actitud, no tenemos que excedernos en permisividad y trataremos de seguir inculcándole la costumbre de obedecer.

Otros factores que pueden estar motivando la desobediencia de nuestro hijo:

  • No escuchar lo que le pedimos porque está distraído en otra actividad.
  • Estar recibiendo demasiadas órdenes a la vez.
  • No comprender lo que le mandamos.
  • Estar habituado a que nosotros acabemos haciendo por él lo que le pedimos.
  • Saber que los padres repetiremos varias veces la indicación, antes de que él deba responder.

¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo obedezca?

  • Lo primero que debemos hacer es asegurarnos que es capaz de hacer lo que le pedimos. De lo contrario, deberemos ayudarle a cumplir nuestra petición.
  • Trataremos de que siempre tenga bien claras cuáles serán las consecuencias positivas y negativas de su obediencia o de su desobediencia.
  • Debemos acostumbrarnos desde un buen principio a no repetir la orden más de una vez y nunca debemos terminar realizando nosotros nuestra propia petición.
  • Le daremos instrucciones simples,  comprensibles para él y razonables para su edad. Podemos asegurarnos que ha entendido la petición haciéndosela repetir. También es importante que sean peticiones específicas, es decir, que quede bien claro el comportamiento que debe seguir. Por ejemplo: es mejor decir «no pongas los pies en el sofá», que «pórtate bien«.
  • Le daremos un número de instrucciones racional y se las diremos de una en una. Nunca le daremos la siguiente petición hasta que no haya cumplido la primera. Hemos de tener en cuenta que los niños menores de cinco años no son capaces de comprender más de tres peticiones a la vez.
  • Podemos también ofrecerle dos opciones que llevarán a un mismo resultado y le daremos a elegir una de ellas en lugar de dar órdenes o hacer preguntas. Por ejemplo: en vez de decirle «ve a lavarte los dientes» o preguntarle «¿quieres ir a lavarte los dientes?«, podemos plantear la siguiente opción: «¿te vas a lavar los dientes solo o prefieres que te acompañe?
  • Le explicaremos a nuestro hijo las razones por las que le pedimos o le prohibimos que haga algo. Esta información deberá ser apropiada para la edad del niño. Por ejemplo: a un niño de tres años le diremos que no puede tocar un cuchillo o unas tijeras cuando esté sólo, porque puede cortarse y hacerse mucho daño.
  • Expondremos de manera positiva el resultado de una conducta adecuada para motivar a nuestro hijo a cumplir aquello que más le cuesta o para que asimile una conducta nueva. Así podrá comprobar que obedecer la orden conlleva consecuencias positivas para él y esto le animará a seguir por este camino. Por ejemplo: podemos decirle «cuando te pongas la chaqueta, podrás salir a jugar» o «cuando te hayas ido a la cama, te contaré el cuento que tú prefieras«. Es importante que nosotros cumplamos con lo pactado.
  • Utilizaremos un tono de voz agradable. Es mejor si nos ponemos a la altura de nuestro hijo (en cuclillas) y le miramos directamente a los ojos (asegurándonos que él también nos mira).
  • Si intuimos que no se dispone a cumplir la orden, le preguntaremos si necesita ayuda o le ayudaremos directamente para que, poco a poco, se acostumbre a prescindir de nosotros y sea autosuficiente. En un principio podemos echar mano de juegos y mostrarnos de muy buen humor para que no identifique la obediencia con algo negativo. Por ejemplo: jugaremos a ver quién clasifica más rápido los juguetes por colores, tamaños… y le habremos dado un toque divertido a una tarea que puede provocar cansancio o desagradar.
  • Le recompensaremos cuando haya obedecido nuestra orden o petición, y nunca antes. Cuanto más inmediata sea la recompensa más efecto tendrá. Deberemos acostumbrarle a recompensasafectivas más que materiales. Le abrazaremos, le halagaremos y le expresaremos nuestra alegría sin miedo a exagerar. Podemos recompensar a nuestro hijo dedicándole una tarde a él solo, sin necesidad de compartirnos con otros hermanos, recados u obligaciones.Os proponemos un juego que puede resultar muy efectivo: pongamos por caso que a nuestro hijo le cuesta recoger los juguetes de su cuarto. En la pared de su cuarto colgaremos el dibujo de una escalera con 7 peldaños (por ejemplo, los días de la semana). Cada día que cumpla con la norma exigida colocaremos una pegatina de color en cada escalón. Irá ascendiendo por la escalera y cuando haya llegado al último peldaño, le recompensaremos con un premio pactado de antemano.

¿Y qué podemos hacer si nuestro hijo no nos obedece?

  • Podemos contar hasta cinco en voz alta para que comprenda que estamos esperando a que haga lo que le hemos pedido. Si en este tiempo nuestro hijo no ha obedecido, sin alzar la voz ni discutir, le guiaremos con nuestras manos para que lo haga. Por ejemplo: si se niega a bajar los pies del sofá, se los retiraremos nosotros. Si queremos que recoja los juguetes, le ayudaremos nosotros para que aprenda y pueda hacerlo solo.
  • Cuando nuestro hijo desobedezca «descaradamente» a pesar de reiterados avisos por nuestra parte, no debemos perder el control. Podemos recurrir a la técnica conocida como pausa obligadatiempo fuera. Pero al «tiempo fuera» aplicado como oportunidad para reflexionar y retomar la calma, no como herramienta punitiva. No le reprocharemos nada ni nos pondremos a discutir con él. Le invitaremos a ir a una habitación o a un rincón especialmente reservado para calmarse. Con libros, hojas y colores, muñecos de peluche.Tendrá un momento para calmarse y entonces aprovecharemos para reflexionar con él. Por ejemplo: si nuestro hijo llora y patalea cada noche porque no quiere ir a su cama a dormir, llevadlo con mucha calma al «rincón de calmarme» donde pueda relajarse. No se trata de un castigo sino de una oportunidad de tranquilizarse y valorar de nuevo su decisión.Si sois constantes y os mantenéis con firmeza, comprenderá que es una estrategia para darse una nueva oportunidad. Los niños aprenden por ensayo-error y tardan en generalizar las consecuencias de su conducta.
  • Reprimenda verbal y acción física: Si la desobediencia implica peligro para nuestro hijo o para los demás (cruzar la calle, poner los dedos en el enchufe, etc.), con un tono de voz firme y enérgico, le diremos: «¡no!» o «¡basta!» . Si es necesario, pararemos físicamente su acción. No entréis en discusiones con vuestro hijo pero sí en razonamientos: explica con objetividad las posibles consecuencias de su acción.

Lídia Ametller MartínezPsicóloga

Redacción Solohijos

Consejos prácticos relacionados con este artículo: La obediencia de los hijos entre los 2 y los 5 años. Consejos prácticos

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Источник: http://www.solohijos.com/web/la-obediencia-de-los-hijos-entre-los-2-y-los-5-anos/

Desarrollo del niño de los 12 a los 24 meses

La obediencia a cada edad, del bebé al niño

Cumplido el año, el desarrollo psicomotor del niño, sus progresos en el lenguaje y sus avances sociales son espectaculares.

Cada niño avanza a su propio ritmo y alcanzará unas habilidades antes que otras. Aún así, se puede establecer qué capacidades corresponden más o menos a cada edad.

Desarrollo psicomotor

A esta edad los pequeños suelen mostrar los primeros signos de querer andar. Recorren la casa gateando y algunos ya lo hacen de pie apoyándose en los muebles.

Incluso hay quienes ya pueden caminar solos, aunque lo normal es que lo hagan de la mano de papá o mamá o empujando un juguete con ruedas.

Además, ya pueden introducir objetos pequeños dentro de otros grandes, abrir los cajones y sacar cosas, e incluso intentar comer por sí mismos (con la mano o utilizando la cuchara, aunque con muy poca destreza).

Lenguaje

Suelen decir sus primeras tres o cuatro palabras: generalmente «mamá», «papá», «agua», «pan» o el nombre de algún otro objeto conocido.

Desarrollo social

Es la época del apego a mamá, por lo que generalmente no quieren estar con las personas poco conocidas. Muchos se muestran tímidos ante cualquiera que no viva con ellos o que no vean con asiduidad, incluidos abuelos y tíos.

Cuándo acudir al especialista

Si las comparaciones son odiosas, en estos casos mucho más. Que un niño de 18 meses no tenga la misma facilidad para andar que su primo de la misma edad no significa en absoluto que tenga problemas de desarrollo. Cada pequeño tiene su ritmo, y solo ante ciertos casos hay que acudir a un especialista:

A los 12 meses: Si no busca comunicarse con los adultos, ni siquiera visualmente.

A los 15 meses: Si no es capaz de sostenerse de pie, tampoco con ayuda (agarrado a un mueble o a otra sujección). También conviene visitar al pediatra si no muestra ningún interés por explorar juguetes nuevos.

A los 18 meses: Si no puede caminar. Otro síntoma de que puede tener algún problema en su desarrollo es que no reconozca ningún nombre de objetos cotidianos o que no sea capaz de obedecer órdenes sencillas del tipo: «Dame la pelota».

A los 24 meses: Si todavía no ha dicho sus primeras palabras, no reconoce su nombre o no entiende instrucciones poco complicadas como «siéntate ahí». También es conveniente hacer una visita al especialista si camina con mucha dificultad.

Cómo ayudarle

No hay que estimularle en exceso, obligándole a progresar demasiado rápido. Se trata de darle la libertad necesaria para mejorar.

Psicomotricidad

El desarrollo de sus capacidades psicomotoras llegará cuando su cuerpo esté preparado. Lo único que podemos hacer es no ponerle obstáculos: despejar la casa y evitar objetos que puedan dañarle (esquinas puntiagudas, objetos de cristal que se puedan romper con facilidad y demasiados muebles) para que el niño pueda experimentar a sus anchas y evolucionar sin cortapisas.

Embarazo y niños
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