Maternidad y feminismo

Feministas contra los permisos iguales: premian a los padres mientras ignoran la biología maternal

Maternidad y feminismo

Los permisos de nacimiento, acogida y adopción se han ampliado hasta llegar a las 16 semanas desde este 1 de enero, mientras que permanecen inmutables para las madres. La plataforma PETRA muestra su rechazo y pide más tiempo para poder “maternar en condiciones óptimas”.

Una mujer monitorizada antes del parto. David F. Sabadell

“¿Se puede igualar lo que no es igual?”.

Es la pregunta que se hace la Asociación PETRA Maternidades Feministas, que se opone “frontalmente” a la nueva configuración de los permisos de nacimiento, acogida y adopción.

Unos permisos que el 1 de enero completaron el ciclo iniciado en 2018 por el cual se convierten en iguales e intransferibles: a partir de 2021, pasan a ser de 16 semanas para cada uno de los dos progenitores.

De este modo, los permisos para el segundo progenitor pasan en pocos años de 2 a 16 semanas, mientras que el de maternidad permanece en las 16.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, celebraba en “un avance histórico y pionero indispensable para cerrar la brecha de género en los cuidados” que supone una de las apuestas más firmes del Ministerio de Igualdad, que enmarca la dotación presupuestaria de esta medida en un plan más amplio que incluye más presupuesto para la etapa de los 0 a los 3 años y el llamado Plan Corresponsables, un paquete de medidas para facilitar la conciliación.

Rocío, Miquel, Yasmina, Oihan, Diego…

Han nacido en 2021, en el que los permisos por nacimiento serán iguales, intransferibles, remunerados al 100% y de 16 semanas de duración. Un avance histórico y pionero indispensable para cerrar la brecha de género en los cuidados.

— Irene Montero (@IreneMontero) January 1, 2021

Sin embargo, voces feministas consideran que hay poco que celebrar en los nuevos permisos. Porque, simplemente, no es lo mismo ser madre que ser padre, resume Ibone Olza, directora del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal y asesora de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en estos asuntos.

Para empezar, mientras se recomienda a las madres amamantar un mínimo de seis meses, se les da un permiso de tan solo cuatro, explica. Pero no es solo la lactancia. El embarazo, el parto, el posparto o el amamantamiento “son unas tareas biológicas enormes, y eso no está contemplado en estos permisos”, dice Olza, que cree que esta aproximación ignora los procesos biológicos de las madres. 

Unos permisos sensibles a esta diferencia biológica, argumenta, contemplarían bajas ya en el embarazo, no solo por la salud de las mujeres sino también por la de las propias criaturas: “La mitad de de los partos prematuros son por estrés materno, y lo que más estrés genera es el tema laboral”, explica.

Con la configuración de estos permisos, “una madre pobre no tiene ninguna prestación por maternidad mientras que a un hombre de posición acomodada le damos 16 semanas”, apunta Ibone Olza, experta en salud perinatal

El enfoque de los permisos iguales, asegura, queda desmontado cuando se parte de lo que llama la “mirada perinatal”. Con esta configuración, se da la paradoja de que “una madre pobre no tiene ninguna prestación por maternidad mientras que a un hombre de posición acomodada le damos 16 semanas; no le veo la lógica”, zanja.

Y, sin atreverse a dar una fórmula mágica para unos permisos que considere más justos, Olza cree que “la clave es poner en el centro las necesidades del bebé y las necesidades de la madre, ya que ser madre y ser padre son dos cosas distintas”. 

Contra la transferibilidad

La imposibilidad de transferir estos permisos, clave en la propuesta que ha salido adelante y que ha defendido la Plataforma por Permisos iguales e intransferibles por Nacimiento y Adopción (PPiiNA) —con una ya larga trayectoria en la lucha por estos permisos y crítica con la letra pequeña de la ley que los regula—, es uno de los motivos para la oposición de PETRA (cuyo nombre es un acrónimo de “permisos transferibles”). Según PETRA, 16 semanas son un tiempo muy escaso para posibilitar “una maternidad digna” en la que la madre y el bebé puedan establecer con tranquilidad un vínculo que es básico en la crianza humana. Tampoco facilita, como apunta también Olza, los seis meses de lactancia exclusiva que recomienda la Asociación Española de Pediatría y la OMS.

“Creemos que desde el feminismo se tiene que luchar por la ampliación de los derechos de las madres, por lo que nos sorprende que el feminismo luche por la ampliación de los derechos de los varones, cuando no ha habido una demanda”, dice Julia Cañero, activista de PETRA, que pide al menos un año de permiso para las madres y recuerda que las semanas para ellas llevan 30 años congeladas.

La asociación apunta que el criterio de la transferibilidad se aplica en la mayoría de los países europeos a las prestaciones y licencias parentales, y así es en los países que se suelen tomar como referencia en políticas de igualdad: los países nórdicos.

Las licencias parentales remuneradas en Europa alcanzan en Suecia los 16 meses; en Noruega, Finlandia y Alemania, los 14 meses; en Dinamarca, los 12.

En todos estos países, apuntan, la mayor parte de la licencia remunerada es transferible, de modo que las madres suecas pueden disponer, si así lo desean, de 13 meses remunerados para la crianza; las noruegas, finlandesas, danesas, alemanas, austriacas, eslovacas y checas, de 12 meses.

Aunque piden que los permisos sean transferibles, reconocen que la transferibilidad en unos permisos tan cortos es absurda. “Por eso lo primero que hay que plantear es permisos más amplios”, dice Cañero. 

Julia Cañero (PETRA): “Lo que vemos es que los padres no cuidan gratis, solo cuidan cobrando; esto no es una verdadera corresponsabilidad”

Para PETRA, lo que hace la Ley 6/2019, reguladora de estos permisos, es otorgar a los varones españoles el privilegio de tener los permisos paternos intransferibles y remunerados al 100% más largos de Europa mientras que las madres españolas no ven ampliada su baja en un solo día.

 “Nos parece bien que los padres se impliquen, pero no se puede hacer un experimento con los bebés; los padres tienen toda la vida para ser corresponsables con la casa y con la crianza”, dice Cañero.

 Además, añade que las familias monomarentales quedan en una evidente desventaja, ya que los pequeños nacidos en estas familias tendrán la mitad del tiempo de cuidado exclusivo, como han señalado las asociaciones de familias de un solo progenitor.

Cañero apunta que PETRA pide ampliar los permisos tanto para padres como para madres —su propuesta básica es de 32 semanas, es decir, la cantidad de semanas actual pero sumando transferibilidad, y la óptima de 52, de las que en ambos casos 6 serían intransferibles para ambos progenitores y el resto transferibles— y recuerda que las excedencias no remuneradas han estado siempre a disposición de todas las personas trabajadoras, pero los hombres no se acogen a ellas.

De hecho, en 2019 las madres solicitaron 42.857 excedencias para cuidar y los hombres solo 5.320. Sin embargo, se supera ya el presupuesto y la dotación de recursos al permiso remunerado de los padres (117.

775 permisos de nacimiento solicitados por hombres y 112.990 permisos por nacimiento solicitados por mujeres, según el INE).

 “Lo que vemos es que los padres no cuidan gratis, solo cuidan cobrando, esto no es una verdadera corresponsabilidad”, concluye Cañero.

Pagar a los hombres para que quieran cuidar

“Si preguntas a cualquier especialista en salud perinatal, lo que te va a decir es que lo que un bebé necesita en los primeros meses de vida es la proximidad de la madre; está bien que los padres tengan más tiempo para acompañar y apoyar durante la exterogestación, pero es más importante que las madres españolas dispongan de más tiempo de permiso remunerado”, explica Patricia Merino, autora de Maternidad, Igualdad y Fraternidad: Las madres como sujeto político en las sociedades poslaborales (Clave intelectual, 2017) y fundadora de la PETRA Maternidades Feministas.

Para Merino, “estos permisos no solo no son feministas, sino que son patriarcales porque dotan de aún más recursos y derechos a los varones, refuerzan el rol paterno y, además, ignoran la biología femenina y la maternidad como aportación social, y eso es lo que ha hecho toda la vida el patriarcado”. Merino hace otro apunte: no solo pierden de vista las necesidades de las madres y los recién nacidos, sino que tampoco cumplen con los objetivos que pretenden: terminar con la discriminación de las mujeres en el mundo laboral e implicar a los padres en la crianza. 

“Un varón, si está concienciado no necesita estos permisos para tener una visión igualitaria de la pareja, y si no lo está, la crianza temprana de un bebé no es el mejor momento”, apunta Patricia Merino

“Un varón, si está concienciado no necesita estos permisos para tener una visión igualitaria de la pareja, y si no lo está, la crianza temprana de un bebé no es el mejor momento para imponer medidas de ingeniería social”, explica Merino, que cree que “en cualquier caso, estos permisos posiblemente solo los van a tomar íntegros los hombres de nivel socioeconómico medio-alto, es decir, son antirredistributivos, y con el actual diseño, para la mayoría, finalmente son un largo permiso para acompañar a la madre”. 

El objetivo de acabar con la discriminación de las mujeres en el mundo laboral tampoco podrá alcanzarse con unos permisos iguales e instranferibles porque el principal problema de las mujeres es el propio mercado laboral, mantiene PETRA. La medida, argumentan, pierde toda eficacia desde el momento en que, ante la insuficiencia de los permisos, estas seguirán recurriendo a excedencias para criar o directamente desvinculándose del mercado laboral.

“Tenemos los empleos más precarizados, por lo que los hombres tienen mejores permisos por tener mejores salarios, es el problema de basar todo en el aspecto laboral”, dice Julia Cañero.

Además, añade, “las mujeres seguimos quedándonos embarazadas, por lo que en ese tiempo seguiremos faltando nosotras”.

“Lo que no puede ser es que se nos penalice a las mujeres para que el mercado laboral no nos penalice”, concluye. 

A partir del 1 de enero, los hijos nacidos en familias con dos progenitores podrán disfrutar de hasta 26 semanas completas de los cuidados de sus padres, pero no así los nacidos en familias con un solo progenitor.

El verdadero problema, dice Merino, es que “cuando por fin se asigna algo de presupuesto a un área —la protección social de la crianza— en la cual España está a la cola de la Unión Europea, esa partida vaya destinada a la reposición salarial de los varones”.

“Después de este esfuerzo presupuestario, y en la actual situación económica española, aún más debilitada después del covid, es muy improbable que haya en los próximos años presupuesto para poder invertir en prolongar el permiso de las mujeres ni en otras prestaciones contra la pobreza infantil y la feminización de la pobreza como las prestaciones por hijo a cargo, que son universales, y que existen hace décadas en Europa”, zanja.

Para Olza, los permisos son “una estafa”.

“El argumento de que para resolver la discriminación laboral hay que pagar a los hombre me parece erróneo”, dice la experta, que apunta también que existen muchas formas para que los hombres se impliquen en el cuidado sin usurpar el papel de las madre en los primeros meses y sugiere una configuración de los permisos que les de opciones para poder disfrutar de tiempo más adelante, por ejemplo para acompañar a los niños y niñas en sus periodos de adaptación escolar o para cuidarlos cuando están enfermos.

Cañero avanza que PETRA seguirá reclamando permisos más largos y visibilizar el papel diferenciado de las madres y la aportación social que supone. “No sabemos si las instituciones nos escucharán pero al menos queremos que la sociedad sea consciente de que no es una medida feminista”.

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37 Comentarios

Comentar #79354 23:05 9/1/2021

Pensaba que una reivindicación del movimiento feminista era que los padres se hicieran responsables del cuidado de los hijos. Pero leyendo este artículo me da la impresión que parte del movimiento feminista quiere volver a que los cuidados sean exclusivos de las madres y que el hombre se dedique a ir al trabajo y a ver el futbol.

Источник: https://www.elsaltodiario.com/maternidad/feministas-contra-permisos-iguales-intransferibles

Diez consejos para ser una madre desobediente y feminista:

Maternidad y feminismo

«Una mamá feminista es una mamá desobediente, insumisa, rebelde». Son palabras poco comunes cuando se piensa en el ideal de madre construido hace décadas por la sociedad y que se basa en la idea de una mujer abnegada, con una vida de sacrificio y entrega total a sus hijos.

Esther Vivas, escritora y periodista, parte de su propia vivencia para deconstruir esta concepción de la maternidad y lo plasma en su libro Mamá Desobediente (Capitán Swing), publicado en 2019 y que va ya por su novena edición.

«Pensar la maternidad desde el feminismo implica rescatarla de sus crisis y a nosotras de las crisis de la maternidad», dice la autora en el libro. Se trata de empoderar a las mujeres, reivindicar una maternidad emancipadora, donde las mujeres tengamos todo el tiempo el poder de decisión, y desterrarla de sus mitos y sus tabús.

Para ello, Esther Vivas comparte con magasIN diez consejos fundamentales para una maternidad feminista.

1. Desmitificar la maternidad

«Tenemos que acabar con los ideales de maternidad que nos han impuesto y que no reflejan la vivencia real de las madres. Acabar con la idea de la madre ‘ángel del hogar’ y la imagen de ‘súpermami’ que son ideales inasumibles y que generan malestar».

2. Acabar con la culpa

«A menudo como madres nos sentimos culpables porque no llegamos a todo, no respondemos al ideal de madre establecido y es importante señalar que la culpa no es nuestra.

La culpa de no llegar a todo, de no poder más, tiene que ver con un sistema y un mercado de trabajo que es hostil y da la espalda a la maternidad, a la crianza y a la lactancia.

La culpa no es nuestra, la culpa es del sistema».

3. Yo decido

«Las madres tenemos que reivindicar nuestra capacidad de decisión, reivindicarnos como sujetos de acción.

La sociedad ve a las madres como objetos pasivos, sin capacidad de decisión, se nos dice que tenemos que delegar esta experiencia en terceras personas, en expertos, en profesionales de la salud, se nos hace creer que no sabemos cuando en realidad nosotras somos las que mejor sabemos lo que necesita nuestra criatura».

4. Basta ya de infantilizar a las madres durante el embarazo

«Desde que te quedas embarazada a las mujeres se nos trata con paternalismo y hay que reivindicar que en mi embarazo mando yo. Tenemos que reconciliarnos con nuestro propio cuerpo y ser conscientes de que podemos gestar, parir y dar de mamar».

5. Reivindicar un parto respetado

«Hoy en día la violencia obstétrica es una realidad en los paritorios. Esta violencia consiste en un conjunto de prácticas de los profesionales de la salud en la atención al parto que generan dolor físico y emocional: inducciones al parto innecesarias, episiotomías por rutina y cesáreas evitables.

Hay una mirada medicalizada al parto, se entiende como una patología cuando en realidad el parto es un proceso fisiológico natural que lo que necesita es tiempo y respeto para la madre y la criatura.

Un parto instrumental no es malo pero debe realizarse de manera excepcional y las cifras demuestran que se hacen de manera rutinaria y superior a lo recomendado».

6. Dar la teta no es fácil

«Duele y si el bebé no se agarra es importante pedir ayuda. Vivimos en una ilusión de que en la sociedad actual se promueve la lactancia materna pero hay muy poco acompañamiento después de salir del hospital.

Cuando la madre llega a casa y se encuentra con las primeras dificultades de la lactancia a veces no tiene a quien recurrir o la persona a la que acude no tiene una información actualizada. Es fundamental reivindicar información y recursos para acompañar la lactancia.

Cada mujer elige si quiere dar el pecho, el biberón o un sistema mixto pero es muy importante tener información sobre las bondades de la lactancia materna para la criatura y las madres y acompañar a esas mujeres. Todavía hoy hay muchos prejuicios sobre la lactancia, elijas lo que elijas». 

7. Acabar con los tabús

«La infertilidad, el dolor tras una pérdida gestacional y la depresión posparto son grandes tabús que hay que desterrar. La maternidad es todo esto también y es importante visibilizar estas experiencias para no sentirnos ni tan solas ni tan culpables».

8. Más ayudas a la maternidad

«Necesitamos una sociedad que acoja la maternidad y la crianza. Necesitamos unos permisos de maternidad que sean compatibles con la lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses como recomienda la OMS. Es importante ampliar el permiso de los padres pero no se puede desligar del aumento del permiso de la madre que es muy escaso».

9. La maternidad no es una experiencia privada

«Hay un mantra que nos dice que la maternidad es una actividad que se debe llevar a cabo en el seno del hogar y a cargo de las mujeres, cuando la maternidad tiene un carácter público y político porque viene condicionada por el contexto socioeconómico en que nos encontramos.

Una mujer de clase media no vive la maternidad de la misma forma que una mujer sin recursos. Tenemos que mirar a la maternidad desde una perspectiva política, entendiendo que viene atravesada por una serie de desigualdades de género, de clase y de raza.

La maternidad hay que leerla desde una perspectiva política». 

10. ‘Maternizar’ la paternidad

«Hay que entender que la maternidad no es solo una responsabilidad de las madres sino de los padres y de la sociedad en general. Para que otra maternidad sea posible es necesaria otra paternidad. Hay que entender que el cuidado y la crianza nos implica a todos y hay que compartir este trabajo donde el Estado tiene también una responsabilidad».

Источник: https://www.elespanol.com/mujer/actualidad/20200618/consejos-madre-desobediente-feminista-embarazo-mando/498451574_0.html

Cinco consejos para ser madre feminista y rebelde

Maternidad y feminismo

¿Se puede ser combinar feminismo y maternidad? No solo se puede, sino que es una perspectiva desde la que debemos reivindicar todos aquellos escenarios donde la mujer continúa sin encontrar igualdad.

Feminismo y maternidad

Para combinar feminismo y maternidad, tenemos que exigir corresponsabilidad, eliminar la culpa por no llegar a ciertos ideales asociados a la maternidad y soltar lastre de prejuicios, luchar por un parto respetado y una lactancia informada y libremente elegida.

También reivindicar ayudas, terminar con tabúes y sobre todo, derribar los mitos y estereotipos que han girado siempre en torno a una maternidad dulcificada que socialmente se ha idealizado.

La maternidad es uno de los escenarios dondelas mujeres somos más juzgadas y criticadas. Somos juzgadas tanto si queremos tener hijos, como si no. Si decidimos no dar el pecho, o si lo damos por encima o por debajo del tiempo que se considera adecuado.

También si queremos conciliar trabajo y maternidad, si pedimos una reducción de jornada o una excedencia. Y somos, asimismo, juzgadas tanto si queremos un parto natural como si preferimos epidural. También si nos quedamos embarazadas muy jóvenes o muy mayores.

Juzgadas, siempre.

Consejos para ser madre feminista y rebelde

Ocurre, incluso, que podemos no encontrar corresponsabilidad y que además de cargar con la mayoría de lo que la maternidad y la crianza implica así como la carga mental asociada, somos permanentemente juzgadas. Es por ello que, sin duda, ser madre feminista es algo natural y necesario para continuar trabajando por la igualdady visibilizar todo lo que queda aún por hacer, también en este ámbito.

El feminismo no es algo que se aprenda como si fuera un temario de oposiciones ni que aparece de repente. Requiere estudio y reflexión, cuanto más lees y más te formas en feminismo, más cuenta te das de que hemos normalizado situaciones que representan una clara desigualdad. Pasan desapercibidas y continúan perpetuando una situación de desigualdad.

Ayuda no, corresponsabilidad

Ojo, es es importante aclararlo, porque parece que aún no tenemos claro. En la actualidad, ya hemos entendido que los padres no ayudan, sino que colaboran compartiendo su parte la crianza y el cuidado de los hijos y del hogar, pero ¿cómo se reparten esas tareas?

Sigue existiendo una desigualdad evidente. Normalmente, los padres se encargan de las actividades de carácter lúdico con los hijos-as como ir al parque, dar un paseo, ir al cine, jugar o leer cuentos.

Y el resto de tareas, las que tienen un carácter «obligatorio» y más logístico, son para nosotras.

Las madres son las que compran la ropa o el calzado cuando se les queda pequeño a los peques, acuden al médico y están al tanto del calendario de vacunación, llevan el control de las revisiones en el pediatra, los deberes…

La corresponsabilidad nunca va a existir mientras no haya un reparto equitativo de la crianza. Y mientras llega, seremos las madres las que tengamos que renunciar a parte de nuestra parcela personal.

La sociedad sigue normalizando esta situación y se continuarán manteniendo una crisis de cuidados que nos impida trabajar y teletrabajar, promocionarnos dentro de las empresas, estudiar y formarnos.

Tanto las instituciones públicas como las empresas privadas deben atender esta realidad y facilitarnos un camino en el que avanzar.

Los partos son nuestros

La violencia obstétrica continúa siendo una forma de violencia machista que a menudo se olvida cuando se habla de violencia contra la mujer.

En muchas ocasiones, las mujeres se encuentran frente a un parto donde son ellas las que se ponen a disposición de los profesionales, y no al revés.

Nos han robado durante años los partos, disfrazándolo de mejoras y avances sanitarios que nos han relegado de protagonistas a meras espectadoras.

La violencia obstétrica es considerada aquella que se ejerce contra la mujer, su parto y su bebé; que trae consigo tanto dolor físico como emocional.

Inducciones al parto injustificadas, episiotomías que se realizan únicamente por protocolo o cesáreas realizadas por una cuestión de tiempo y programación, sin razones médicas reales, la maniobra Kristeller o separar al bebé de la madre por protocolo, sin una necesidad médica, trato condescendiente cuando no agresivo, son algunos de estos signos de violencia.

Te ayudamos a prevenir y/o sanar la herida emocional del parto traumático con recursos y herramientas útiles para entender en qué consiste y detectar su sintomatología en el Seminario Online «El parto traumático»

Como sociedad hemos olvidado que el parto no es una enfermedad sino un proceso natural donde se deben respetar los tiemposque tanto la madre como el bebé necesitan y, por supuesto, solo intervenir en caso de complicaciones. De forma excepcional y no protocolaria.

Reivindicar el parto como nuestro, elaborar un plan de parto que no se quede olvidado en un cajón, fomentar el piel con piel o respetar los tiempos son pequeños pasos que dan grandes resultados. Como bien dice Michael Odent, prestigioso obstetra defensor del parto natural: «para cambiar el mundo hay que cambiar primero la forma de nacer».

Desligarnos de la maternidad idealizada

Es probable que en algún momento, desde que te convertiste en madre e incluso antes de que tu hijo naciese, hayas sentido que la maternidad no es exactamente como te la contaron. Socialmente solo se habla de las cosas buenas, pero en el momento que se pone sobre la mesa lo dura que es realmente la maternidad, llegan las acusaciones: «desnaturalizada, mala madre».

Y no, no somos peores madres por no abarcar todo. Ni por sentirnos desbordadas. Por querer tener tu tiempo para realizar actividades que solo te impliquen a ti .

No somos súper madres, un concepto que nos ahoga.

La idealización de la maternidad trae consigo pesados sentimientos de culpa que cargamos en soledad por miedo al qué dirán o cómo se interpretarán nuestros sentimientos.

La maternidad es un camino maravilloso (pero también muy duro) que no tenemos que abordar con ninguna etiqueta de «supermamá». De hecho, ¿te has dado cuenta de que cuando los padres ejercen su paternidad son «padrazos»? Pero qué poquitas veces oímos la etiqueta «madraza».

La culpa es un lastre

Otro sentimiento que es también muy habitual en las madres es la culpa, que se materializa desde numerosos ángulos:

  • La culpa por no llegar a todo.
  • Por tener que llevar a nuestros hijos a la escuela infantil demasiado pronto.
  • Cuando renunciamos a nuestro trabajo para quedarnos en casa, o cuando nos incorporamos al trabajo separándonos de nuestras crías.
  • Culpa por no poder dar lactancia materna exclusiva los seis meses que la OMS recomienda como mínimo, porque los permisos solo contemplan cuatro meses de baja.
  • Por desear tiempo para nosotras (aunque pocas veces lo encontremos) bien sea leer un libro, darnos una ducha a solas y sin prisas, o tomar un café con las amigas.
  • Nos sentimos culpables por sentirnos solas, por ser «quejicas», por la soledad en la que nos vemos reflejadas y que nos impide disfrutar de nuestra maternidad de una forma plena.

Y es que la conciliación de la que las empresas hacen gala y con la que los políticos se colocan medallas, resulta que no existe. La conciliación son las madres. Y a menudo no solo sentimos culpa, sino que nos perdemos en la vorágine de unos tiempos y exigencias que no son reales.

Infórmate sobre cuáles son los principales derechos de los padres y madres que trabajan por cuenta ajena y autónomos, y cómo actuar en caso de resultar vulnerados con el Seminario Online «Derechos de los progenitores trabajadores»

Pero la culpa no es tuya, es del sistema que se ha olvidado de acompañarnos y de protegernos. De darnos como madres el lugar que nos ocupa y facilitarnos las cosas en lugar de olvidarse de nosotras y dejarnos a la deriva de una maternidad que no está contemplada con medidas socioeconómicas reales. De un sistema que no valora los cuidados como aporte social.

Por una lactancia materna informada y libremente elegida

La lactancia materna ha sido un arma arrojadiza a lo ancho y largo del feminismo, y lo cierto es que la guerra creada en torno al tipo de alimentación por la que optamos para nuestros hijos, es una guerra inventada. Las etiquetas de buenas y malas madres adheridas a la leche materna o artificial es una forma estéril de enfrentarnos.

Información es lo que tenemos que perseguir y lo que realmente nos empodera. Solo ella nos permite optar por una u otra forma de alimentar a nuestros hijos e hijas, habiendo sido correctamente informadas de los beneficios de cada una de ellas para poder elegir de una forma consciente. Sin ser juzgadas ni señaladas.

La lactancia materna no es algo exclusivamente de las madres, sino una cuestión de salud pública. Y, por supuesto, también es corresponsabilidad de los padres. Hay un gran número de cosas que los padres pueden hacer mientras lactamos: recoger la casa, hacer comidas, ocuparse de los hermanos, ir a hacer la compra y un largo etcétera.

Si optamos por lactancia materna es vital que se realce la figura de asesora, para que ayude a la madre siempre que lo necesite y no tenga que pasar sola por los problemas que puedan presentarse, así como las situaciones difíciles que habrá que superar, como en el caso de luchar por mantener la lactancia tras la reincorporación laboral de la madre.

Descubre las claves para poder seguir amamantando tras la vuelta al trabajo con el Seminario Online «Lactancia y vuelta al trabajo»

Asimismo, es importante asistir a grupos de apoyo a la lactancia, donde se compartan experiencias, consejos y lazos de unión.

En la Tribu CSC, por ejemplo, podéis contar tanto con asesoramiento experto como con el abrazo del grupo, familias que como vosotros comparten sus experiencias para apoyarse y enriquecerse mutuamente.

El primer mes es gratuito y os da acceso a todos los cursos y seminarios de maternidad y crianza respetuosa de Criar con Sentido Común.

Es necesario también que podamos dar el pecho libremente donde nos apetezca y encontremos los recursos para prolongar la lactancia el tiempo que la mamá y el bebé necesiten. Porque el feminismo nunca estará reñido con la lactancia materna, la libertad de elegir es lo realmente reivindicativo.

Maternidad y feminismo: Tribu para cuidarnos

Pocas cosas son tan revolucionarias y feministas como el apoyo entre mujeres, la sororidad. Durante mucho tiempo, las mayores críticas hacia nosotras así como las más duras, han venido de otras mujeres.

Azuzando la idea de la competitividad entre mujeres.

Demos la vuelta a la tortilla, relacionemos feminismo con sororidad, busquemos el apoyo y la tribu para crecer juntas y crear comunidad, con respecto a la diferencia.

En la Tribu CSC encontramos un punto de encuentro que demuestra que la rivalidad comienza a quedar atrás.

Donde las familias plantean dudas y encuentran un rincón seguro y libre de juicios para debatir, compartir experiencias y consultar expertas y expertos actualizados para vivir una maternidad y crianza que sean objeto de disfrute, y no de lastre.

En conclusión, feminismo y maternidad no son conceptos compatibles sino que además, ambos se necesitan y complementan. La maternidad libremente elegida es un papel más donde la mujer no debería encontrarse nunca sola.

No debería tener que renunciar y, sobre todo, debería encontrar puertas abiertas, apoyo y corresponsabilidad. Y mientras todo esto llega, la educación en el seno de la familia será el mayor instrumento para caminar hacia una sociedad igualitaria.

Igualitaria, de verdad.

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Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/feminismo-y-maternidad/

Embarazo y niños
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