Maternidad y relación de pareja

¿Por qué la llegada primer hijo nos lleva a una crisis de pareja?

Maternidad y relación de pareja
Publicado a las 14:33h en Pareja por Centre Grat 0 Comentarios

No es raro que cuando hablas con personas que acaban de tener un hijo te digan: “casi nos separamos”, “nos hemos peleado como nunca”,etc. Pero, ¿Por qué sucede que ser padres a menudo nos lleva a una crisis de pareja?

Tener hijos y crisis de pareja, ¿Inevitable?

Se dice mucho eso de que tener hijos te cambia la vida, pero nosotros añadiríamos que también te cambia la pareja. Cuando llega un hijo, el centro de todo pasa a ser esa pequeña criatura que es fuente de las más intensas alegrías y satisfacciones y también de algunos retos importantes.

La llegada del bebé supone tener que reformular la relación de pareja, ya que nos vemos obligados a re-estructurar el tiempo (individual y de pareja), la sexualidad, la convivencia, las relaciones con amigos, las relaciones con nuestras familias. Así que, como veis, aún cuando sea un momento de ternura y felicidad, también es un momento de cambio obligado y a veces esto nos pilla por sorpresa.

¿Qué le sucede a cada uno de los miembros de la pareja?

La nueva mamá experimenta toda una serie de cambios corporales y psicológicos durante el embarazo y después del parto. Su cuerpo se inunda de hormonas que la hacen estar muy emocional y afectan a su estado de ánimo. Después del parto, se puede sentir aislada y sola con un tesoro muy preciado entre sus brazos, sintiéndose abrumada por la responsabilidad.

El papá se puede sentir como un rey destronado, ya que su pareja pasa la mayor parte de su tiempo con el bebé.

El bebé tiene la atención constante de la madre y el padre fácilmente puede sentir que su pareja le presta mucha menos atención que antes.

La madre, cansada por menos horas de sueño y todas las necesidades que hay que cubrir del bebé, no entiende esta actitud negativa y rencorosa del padre. En este bucle, donde no se sabe decir qué es lo que empezó antes, se comienza a gestar el conflicto.

El cansancio, un factor que suma y quema

A todos estos cambios, le tenemos que sumar una buena dosis de cansancio, falta de sueño, incremento de las tareas de casa, menos tiempo para hablar. Esto crea  un terreno abonado para que las discusiones se incrementen o por el contrario, delante de la incomprensión que sientes por parte del otro, te alejes y se incrementen tus sentimientos de soledad.

Otras veces, esta crisis de pareja con la llegada del primer hijo/a son una amplificación de un malestar que ya existía previamente, pero que se ha puesto encima de la mesa al darse los cambios que hemos mencionado anteriormente.

¿Cómo hacer frente a todos estos cambios?

  1. Es importante adelantarnos. Prepararnos si en estos momentos estamos pensando en buscar un bebé o ya está en camino. Pensar que a nosotros no nos pasará, simplemente puede provocar que nos pille desprevenidos. Hablad previamente sobre cómo os organizaréis.

    Buscad a familiares, amigos o gente de apoyo que os pueda echar una mano con las tareas de casa, las comidas, la ropa, la limpieza, etc. Ahora os parece que habrá tiempo para todo, pero creednos, se necesita ayuda para criar un bebé.

    Esto no se aplica solo al momento después del parto, si no también posteriormente, ya que con la vuelta al trabajo (de uno o ambos), sumado a los cambios que hemos mencionado, se pueden crear conflictos muy fácilmente.

  2. Papis, leed, informaros sobre el embarazo, el parto, la lactancia, los cambios que implican en vuestra compañera.

    Saber os permitirá entender muchas de las cosas que después sucederán y además, esto creará más vínculo entre vosotros al poder compartir estos cambios.

  3. Pensad que es una etapa que pasará. Los primeros 3 años son los más demandantes por parte del niño/a. Esto nos ayuda a situarnos temporalmente y no ponernos derrotistas.

    Es importante hacer equipo, plantearlo como un reto familiar.

  4. No neguéis los cambios en la relación. Ya no sois dos y quedaros anclados en lo que era, simplemente hace que no pongáis en marcha soluciones. Comunicad el uno al otro vuestros miedos y dificultades.
  5. Salva al otro cuando lo veas desbordado.

    La ventaja de ser dos es que podemos intercambiar papeles. Es importante saber que nuestra pareja nos puede echar un cable cuando estamos muy agobiados.

  6. Buscad algún momento de pareja. Aunque sea un tiempo pequeño en comparación al que teníais anteriormente, es importante recordar que esta etapa como padres se originó en el amor de pareja.

  7. Deja de mirarte el ombligo y piensa que tu pareja también está pasando por muchos cambios. Si lo miras así, esto te puede ayudar a hacer acercamientos y tener detalles mutuos que os unan. Igual que se crean bucles negativos, es posible revertirlos y crear bucles positivos.
  8. Organizaros para que cada uno tenga un mini espacio para relajarse.

     Salir a correr, tomar un baño, quedar con un amigo/a para tomar un café. Somos como una olla exprés y necesitamos válvulas que nos permitan dejar ir presión. Estos pequeños detalles que implican 30-60 minutos, nos ayudan a desestresarnos y volver con más energía. Pensad que criar un hijo/a es una carrera de fondo, no un sprint.

    Si por hacerlo perfecto os desgastáis, eso no os ayudará.

Tener un hijo/a es un momento maravilloso, pero también es agotador física y psicológicamente. Por esta razón es importante que no escondamos que la parte dura también está. Saberlo nos permite prevenir y saber que para que la pareja salga reforzada nos tenemos que cuidar mutuamente.

María Martín Santacreu. Col 15745
Pablo Quiroga Vicuña. Col. 14679
Psicólogos Especialistas en Terapia de Pareja

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Источник: https://www.centregrat.com/es/por-que-con-llegada-hijo-supone-crisis-pareja/

Maternidad y relación de pareja

Maternidad y relación de pareja

La llegada de un bebé a la familia y la maternidad pueden causar multitud de problemas en la pareja. Saber los motivos por los que surgen y cómo lidiar con ellos puede hacer que esta situación sea más llevadera.

Índice

¿Por qué la llegada de un hijo puede romper una pareja?

Uno de los momentos más felices en la vida de una pareja es el nacimiento de los hijos, ya que se convierten en el símbolo claro de su unión. Pero conforme pasan los días y los meses, la maternidad afecta a la relación con la pareja y la estabilidad entra en crisis.

Cuidar, educar y seguir el ritmo a tu hijo necesita una dedicación y un compromiso que no todos los adultos tienen. Esto hace que se ponga a prueba la solidez de la pareja.

Normalmente, los problemas empiezan en el embarazo, muchas mujeres acuden a las consultas preguntando si hay algo que le puedan decir a su marido para que puedan entender cuáles son los cambios que se producen en el embarazo, por qué están más cansadas o por qué les cambia el humor y, a veces, sin venir a cuento, sueltan gritos sin ser necesarios. Pero lo complicado llega después del parto, cuando el bebé ya está en casa y las rutinas se tienen que cambiar por completo. Cosas que antes hacías ahora ya no puedes, y tienes que centrar tu vida en la de otra persona que depende de ti para sobrevivir.

Nadie te avisa de lo difícil que es la llegada de un hijo. Tampoco te dicen que dejas de hacer las cosas que te gustan, porque si no, no hay manera de seguir adelante. Nadie te avisa de que acabas por no tener tiempo ni para tu pareja.

Con el paso del tiempo te das cuenta de que ya no eres la misma persona que eras antes de la llegada al mundo del bebé. Puede que llegues al punto de pensar que si no están en casa tus hijos qué vas a hacer. Incluso puede pasar que te des cuenta de que ya no tienes tanto en común con tu pareja como antes. Este es el motivo por el que muchas parejas rompen, porque ven pasar los años y se dan cuenta de que cada día prácticamente es igual al anterior. Y cuando intentas tener un poco de tiempo para ti mismo, puede que tu pareja se queje de que también quiere un poco más de tiempo, pero no lo tiene. Esta situación muchas veces acaba con una discusión en la que la presión es insoportable y termina por explotar todo.

Diversos estudios demuestran que dos tercios de los padres primerizos reportan un declive en sus matrimonios durante el primer año de vida del bebé.

 

¿A quién le debo dar prioridad, a mi pareja o a mi hijo?

Diversos estudios han apuntado que la maternidad puede provocar que las mujeres se comporten de manera diferente y peculiar. A esto se le debe añadir los celos que los padres, de manera inconsciente, sienten hacia los peques.

El conflicto suele empezar porque muchas madres piensan que sus parejas no entienden la responsabilidad que implica ser padres y por qué su vida ha cambiado radicalmente; y los padres sienten que han sido desplazados a un “nivel familiar inferior”.

¿Cómo puedo hacer que mi relación de pareja no se resienta con la llegada de un bebé?

Hay una serie de consejos que puedes seguir si quieres que la llegada de un hijo no afecte a la convivencia, la comunicación y a las relaciones sexuales en pareja. Alguno de ellos son:

– Debéis mantener el interés y el esfuerzo por ambas partes: este es el punto más importante. Es fundamental que ambos pongáis intención, esfuerzo y disposición de ánimo, ya que sin ellos siempre se encontrarán excusas y no motivos.

Es normal que el día a día y la rutina te ciegue y no os paréis a organizaros mejor; no te dediques a lo urgente, dedícate a lo realmente importante.

Seguramente pasen etapas en las que sea más complicado dedicaros tiempo, pero si estáis coordinados y tenéis interés en encontrar tiempo para la pareja, se hará posible.

– Identificad las fuentes de conflicto e intentad solucionarlas: debes centrarte en la solución del conflicto y no en él. Es fundamental la empatía y la comprensión, no sólo de lo que a ti te ocurre, también de lo que le ocurre a tu pareja. Olvídate del yo para entender el tú.

– Haced un reparto de responsabilidad igualitaria: los quehaceres que tienen que ver con la familia pueden ocupar gran parte del día de un padre o de una madre y pueden llegar a estresaros, sobre todo si sólo es uno el que se ocupa de todo. Es necesario hacer un reparto de tareas para que ambos sientan cierta igualdad, que la mente ponga atención en los aspectos positivos de la pareja, dejando de lado los reproches.

– Volved a cuidaros: es importante dejar de ser padres unos minutos y que vuelvas a darte importancia a ti misma. No debes descuidarte, tampoco de anularte.

Ahora eres madre o padre, pero también sigues siendo persona. No te olvides de tus amistades de toda tu vida, o de tus metas personales o profesionales.

Es cierto que ya no tendrás tanto tiempo como antes, pero con esfuerzo y paciencia, llegaréis a conseguir todo.

– Pon atención para que tu mente vuelva a erotizarse: con ayuda de tu pareja, focaliza tu mente en el deseo. No dejes que tu mente sólo piense en las obligaciones y responsabilidades.

Piensa que eres un modelo para tus hijos y para la forma en la que se va a relacionar con su pareja en un futuro.

Este es el motivo por el cual, cuanto mejor sea la relación que tengas con tu pareja, mejor será la de tus hijos en el futuro.

– No dejéis de innovar. Reinventaros cada día: ser madre/padre es un trabajo a tiempo completo, ocupa todas las horas de nuestro día y el no tener un tiempo reservado para la pareja puede ser perjudicial para la intimidad de ambos.

Una buena manera de reforzar lazos y vínculos con tu pareja es hacer viajes o escapadas a solas, sin los niños. Así podréis desconectar de los problemas de casa y revivir los años como pareja sin hijos.

La rutina y la aventura son difíciles de unir, pero es necesario hacerlo para que se devuelva la pasión a la pareja.

– Buscad al menos 3 horas a la semana de intimidad para la pareja: debéis encontrar al menos 3 horas semanales para disfrutar de vuestra pareja, sin niños, sin obligaciones, sin responsabilidades.

En este tiempo se deben hablar de aspectos positivos y no de responsabilidades, este es un punto esencial. Este tiempo juntos os ayudará a crear un espacio libre de responsabilidades, que solo haya tiempo para reíros, contaros inquietudes, redescubrirse.

No te olvides de que, aunque ahora seas madre, también sigues siendo pareja y, como tal, debes cuidar de tu relación, tanto a nivel emocional como a nivel sexual. Tener una vida sexual activa tiene múltiples beneficios.

Uno de los más importantes es que ayuda a romper barreras y a generar intimidad y complicidad con la otra persona, algo indispensable para que la vida en común funcione.

– Ten rutinas saludables: gestos que te pueden parecer que no tienen importancia como salir de casa sin despedirse con un beso, llegar a casa saludando con un beso o daros un beso de buenas noches, marcan una gran diferencia en la relación.

– Hablad mínimo 20 minutos al día: esto no quiere decir que dejes de atender a tus hijos, sino que cambies las rutinas y, por ejemplo haz que se vayan a dormir media hora antes, para disponer de esos 20 minutos para compartir con tu pareja. Lo mejor es que en este tiempo habléis sobre temas personales o de pareja, no de responsabilidades de los niños. Es importante de que habléis de cómo os sentís, de las emociones, ya que esto facilita la empatía.

– Comienza a focalizar tu atención en aspectos positivos: algo que suele ser muy efectivo es realizar un ejercicio en común, el de tener 3 detalles semanales con la pareja.

Puede ser muy difícil identificar tu responsabilidad en los conflictos que hay en la relación y enfocar nuestras quejas más en la crítica.

Puede que llegue el punto de responsabilizar siempre al otro del malestar y que te olvides de los aspectos positivos de la otra persona.

 

¿Cuáles suelen ser las fuentes de conflicto en la pareja?

Hay dos cuestiones que normalmente son conflicto en las parejas y parecen deteriorar de forma más profunda el vínculo entre la pareja:

1. Tener un hijo para salvar una relación: sufrir problemas previos suele ser uno de los principales desencadenantes de las crisis de pareja durante el embarazo.

El pensamiento de que la llegada de un hijo puede ayudar con los problemas anteriores nunca es una buena idea, normalmente terminan por acentuarse si a estas se les suma el estrés que conlleva el embarazo y la maternidad/ paternidad por ambas partes, las necesidades que hay que cubrir y las decisiones que se deben tomar en esta etapa.

2. El dinero: si los temas económicos y de gestión suelen ser causa de conflicto habitual en la pareja, la llegada de un nuevo miembro de la familia y el aumento del gasto en el núcleo familiar pueden originar problemas.

3. Que sea un hijo no deseado: tener un hijo para satisfacer a la pareja puede convertirse en otro desestabilizador importante de la relación aunque no exista un problema previo por ambas partes. Cuando uno de los miembros de la pareja no desea ser padre/madre o no se sienta preparado para dar el paso conviene no forzarle solo por satisfacer el deseo de otra parte.

4. Desequilibrio en el reparto de cuidados: la mayoría de las veces son las madres las que se quejan de que sus parejas no se implican lo suficiente en la crianza de los hijos.

En este punto se debe poner el foco en el desequilibrio, ya que el cuidado de un niño puede ser agotador, extenuante, etc.

Por naturaleza las madres son las cuidadoras principales del niño durante su primer año de vida, pero más allá de esta etapa, hay multitud de tareas de las que las mujeres se suelen ocupar y deberían ser compartidas.

La corresponsabilidad es lo lógico, ya que aporta el equilibrio a la pareja, pero también es de vital importancia para tus hijos. Tu hijo necesita vincularse con sus dos progenitores y sentir que puede contar con ambos. Estará construyendo un mapa mental de los roles de género y el ejemplo familiar es su espejo.

5. Desacuerdos en cuanto a la crianza: este es otro gran motivo por el cual se pueden originar los conflictos de la pareja. Este suele ser el conflicto más peligroso ya que, además de deteriorar la pareja, afecta a la crianza de nuestros hijos.

La falta de acuerdo puede sugerir que cada progenitor tiene ideas diferentes sobre cómo quiere criar o educar a su hija, o de una falta de firmeza por alguno de los dos (ya que se habría llegado a un acuerdo previo y uno de los progenitores lo incumple).

Lo ideal es tener ideas parecidas en cuanto a la crianza, pero si ya es tarde para esto y no paráis de discutir sobre vuestras diferentes formas de concebir la educación, es el momento de sentarse a hablar y llegar a acuerdos para evitar males mayores.

La falta de sueño, el cansancio o los retos diarios en la crianza de los hijos son inevitables, pero afrontar estos retos en equipo o enfrentados puede marcar la diferencia.

TodoPapás es una web de divulgación e información. Como tal, todos los artículos son redactados y revisados concienzudamente pero es posible que puedan contener algún error o que no recojan todos los enfoques sobre una materia. Por ello, la web no sustituye una opinión o prescripción médica.

Ante cualquier duda sobre tu salud o la de tu familia es recomendable acudir a una consulta médica para que pueda evaluar la situación en particular y, eventualmente, prescribir el tratamiento que sea preciso.

Señalar a todos los efectos legales que la información recogida en la web podría ser incompleta, errónea o incorrecta, y en ningún caso supone ninguna relación contractual ni de ninguna índole.

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Источник: https://www.todopapas.com/padres/psicologia-y-sexualidad/maternidad-y-relacion-de-pareja-11413

La maternidad y la pareja

Maternidad y relación de pareja

Recuerdo haber oído alguna vez, cuentan por ahí, que hay parejas en crisis que deciden tener un hijo para intentar «arreglarse». No se me ocurre una forma peor de intentarlo.

Y no solo pensando en el bebé, que también, porque nadie debería nacer para arreglar nada; todos merecemos nacer para vivir y punto. Puestos a pedir, merecemos nacer en una familia equilibrada y amorosa, no en crisis y conflicto.

Pero es que pensando en la pareja se me ocurren pocas pruebas más duras que la pa/maternidad. Quizás sea el reto más grande al que nos enfrentamos como pareja, durante nuestra vida.

He visto parejas desintegrarse después de ser padres. Pueden surgir muchos puntos conflictivos con respecto a los hijos dentro de una pareja. La falta de sueño y el cansancio extremo hacen mella. La pareja, no diré que desaparece pero habitualmente se difumina bastante dentro de un proyecto mucho más grande: la familia.

Frecuentemente, la pareja queda relegada a un segundo plano durante años; es natural, diría yo, que aunque busquemos momentos de intimidad de vez en cuando para mirarnos a los ojos, la inmensa mayoría de nuestro tiempo lo dediquemos a la familia que hemos decidido formar.

Todas las parejas tienen menos tiempo para ellas y están más cansadas tras la maternidad, pero estas condiciones, aunque lleguen a resultar agotadoras, no deberían romper, por sí mismas, ninguna pareja.

De ser así, la mayoría de las parejas se disolverían en el primer año del primer bebé y, a pesar de las ojeras, ahí seguimos muchos batallando la vida juntos.

Hay dos cuestiones, sin embargo, que sí observo a menudo que son fuente de conflictos continuos para algunas parejas y que parece que deterioran de forma más profunda el vínculo entre padre y madre.

Desequilibrio en el reparto de cuidados

La mayoría de las veces son las madres gestantes las que se quejan de que la pareja (habitualmente cuando es hombre) no se implica lo suficiente en la crianza de los hijos, pero existen tantas variables como familias y cada una en su casa sabe cómo se organiza. Aquí el foco importante es el desequilibrio, porque el cuidado de los hijos es abrumador, agotador, extenuante… Podría seguir escribiendo adjetivos un rato largo.

No se trata de desnaturalizar: somos nosotras, en una pareja hetero, quienes engendramos, quienes parimos, quienes amamantamos… y, por naturaleza, somos la cuidadora principal que nuestro hijo necesita durante su primer tiempo de vida. Pero más allá de esta primera etapa (e incluso desde el primer día) hay multitud de tareas de las que nos tenemos que ocupar para atender a nuestros hijos, que pueden (y deberían) ser compartidas.

Quiero pensar (soy optimista de serie) que el reparto de tareas domésticas es más o menos igualitario en la mayoría de los hogares.

En la crianza de los hijos también hay cada vez más equilibrio entre los dos progenitores.

Pero si sientes que tu balanza se hunde, que en tu relación no está equilibrada, si te sientes criando en soledad, eso, inevitablemente, te aleja de tu pareja.

Imaginad por un momento que habéis planeado montar una empresa con un amigo. Habéis soñado lo bonito que sería, habéis diseñado el logo juntos, habéis hecho el estudio de mercado y, finalmente, os habéis lanzado a la piscina.

Pero, a la hora de la verdad, tu socio no se hace cargo del negocio. Sí, aparece por allí para constar en acta, se da una vuelta por su despacho y firma los documentos que le dejas en su bandeja.

Pero no puedes contar con él para atender a ese cliente, ni para llevar la contabilidad, ni para publicitar vuestra marca, ni para controlar la producción, ni para hacerse cargo de la logística… te cae muy bien tu amigo, pero acabas dándote cuenta de que lo mejor para ti es comprarle su parte de la empresa o disolverla y montártelo por tu cuenta.

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Pues el proyecto que un día construisteis juntos como pareja es esta familia que sois hoy en día. Si uno de los dos no se hace cargo de su parte, a la larga, ese desequilibrio puede acabar en una disolución de la empresa, una ruptura de la pareja.

Dicha ruptura puede ser oficial, cuando la pareja se divorcia o se separa; pero también puede estar encubierta, cuando no se produce la separación «con papeles» y siguen habitando en la misma casa, pero la relación se enfría y se deteriora hasta el punto de volverse inexistente.

Para llegar a este punto suelen producirse muchos conflictos, muchas llamadas de atención sobre lo que está ocurriendo… y si la persona que recibe los mensajes no los atiende, la relación continúa deteriorándose.

Atender a los hijos requiere un nivel de actividad realmente agotador que, quien delega en el otro progenitor, generalmente desconoce.

Recuerdo haber maldecido las dos veces que mi permiso maternal expiraba y debía incorporarme de nuevo a mi puesto de trabajo. Y, sin embargo, a los pocos días lo vivía como un momento de «descanso».

No tenía la sensación de ir a trabajar, sino de ir a descansar (¡y trabajo con niños!), porque el trabajo de «mamá» resulta mucho más agotador que la mayoría de empleos.

Si estáis en ese punto en el que los reproches por el desequilibrio en los cuidados son una constante, es hora de ponerle solución al tema. Los hijos crecerán, pasarán años con vosotros pero al final se irán de casa a hacer sus vidas. Y entonces podréis miraros a los ojos y pensar «hicimos un gran trabajo juntos» o «todos estos años me he sentido sola en este camino».

La corresponsabilidad no solo es lo lógico; aporta equilibro a la pareja pero también es de vital importancia para nuestros hijos. Porque necesitan vincularse con los dos y sentir que pueden contar con los dos. Y porque están construyendo su mapa mental de los roles de género y nuestro ejemplo es su espejo.

Desacuerdos en cuanto a la crianza

Otro de los temas que suele ser el origen de gran parte de los conflictos cuando nos convertimos en familia son los desacuerdos a la hora de decidir cómo criar y cómo educar a nuestros hijos.

Y este quizá sea el conflicto más peligroso porque, además de deteriorar la pareja, afecta a la crianza de nuestros hijos.

Hablaremos en otro post de las consecuencias que tiene para nuestros hijos la falta de entendimiento sobre cómo criarlos.

Mamá mete al bebé en la cama y papá piensa que debería dormir en su cuna. Una mamá le prepara a la niña un bocadillo de salchichón para merendar y la otra mamá opina que debería haber merendado fruta.

Mamá le dice al niño que tiene que hacer los deberes antes de salir y papá que puede hacerlos cuando vuelva.

Una mamá le dice al adolescente que puede jugar un rato a la Play y la otra mamá que está cansada de decirle que solo la puede usar los fines de semana…

La falta de acuerdo puede surgir de una diferencia de criterios (cada progenitor tiene ideas diferentes sobre cómo quiere criar o educar a su hijo) o de una falta de firmeza por alguno de los dos (han llegado a un acuerdo previo y uno de los progenitores lo incumple).

Siguiendo con el símil de la empresa, si tu socio y tú tenéis ideas muy distintas de cómo desarrollar el proyecto, el camino hacia el objetivo será mucho más complejo que si vuestros conceptos se asemejan. En cualquier caso, llegar a acuerdos para trazar una hoja de ruta común será indispensable si queréis llevar a buen puerto vuestro negocio.

Igual sucede con los hijos. Lo ideal sería tener ideas, al menos, parecidas en lo referente a la crianza. Pero si ya es tarde, si no paráis de discutir sobre vuestras formas de concebir la educación, es el momento de sentarse a hablar y llegar a acuerdos para evitar males mayores.

La falta de sueño, el cansancio extremo, los retos del día a día en la crianza de nuestros hijos son inevitables, forman parte de la ma/paternidad. Pero afrontar estos retos en equipo o enfrentados puede marcar la diferencia.

Autor/a

  • La crianza de nuestros hijos es cosa nuestra»No lo cojas tanto en brazos, que se va a acostumbrar». «Dale un bibi, que se crían igual de bien y tienes que descansar». «Tritúrale la comida, por Dios, que se va a atragantar». «Pues…
  • Mi maternidad (por Bel Torrecillas)¿Qué es para mí la maternidad, mi maternidad? Sin duda, para mí es, hoy por hoy, TODO. Me paro y pienso y sería incapaz de imaginar mi vida ahora sin ella… sin mi maternidad y…
  • Las palabras de mi maternidad (por Estibaliz Gundín)Mi hija vino a mi vida sin avisar. Mi interior pedía tener hijos desde hace años, pero las circunstancias vitales hacían que pospusiéramos esa decisión para más adelante, hasta que un día mi hija decidió por mí…

Источник: https://www.criarconsentidocomun.com/la-maternidad-y-la-pareja/

Ahora entiendo por qué muchas parejas se separan al tener hijos

Maternidad y relación de pareja

Creo que no descubro nada cuando digo que las parejas de hoy en día no duran como las de hace años. Es cierto que ahora también se casan menos, pero es que aunque empiecen un proyecto de vida juntos sin firmar ningún papel, muchas se rompen en poco tiempo y muchas cuando se tienen hijos.

¿Por qué? Porque tener hijos es muy fácil, pero cuidarlos, educarlos y seguirles el ritmo requiere de una dedicación y un compromiso que no todos los adultos tienen.

Y lo he visto en las parejas y, en persona he vivido lo duro que puede llegar a ser (quizás porque tenemos tres).

Vamos, que estoy en condiciones de decir que ahora entiendo por qué muchas parejas se separan al tener hijos.

Tener un hijo pone a prueba la solidez de una pareja.

Ya en el embarazo hay mujeres que me piden consejos, como hombre, por si hay algo que puedan decirles a sus maridos con el fin de hacerles entender cuáles son los cambios que se producen, por qué están más cansadas o por qué les cambia el humor y a veces, sin venir a cuento te sueltan un moco que no esperabas (un grito o arman una bronca por algo que no parece tener mucha importancia).

Y no sé muy bien qué decirles más allá del «dile que es hormonal y que tenga paciencia contigo, que no se lo tome como nada personal… ah, y dile que se vaya acostumbrando y que se comprometa con la decisión que también ha tomado, de ser padre».

Y es que lo más complicado llega después del parto, cuando el bebé ya está en casa y las dinámicas del hogar se modifican por completo. Cosas que hacía ella ahora las tiene que hacer él. Cosas que hacía él ahora no las hace nadie.

Y llegas a casa después de trabajar, porque el permiso de paternidad es un chiste de lo corta que es, y te encuentras a una mujer agotada, todo por hacer y te pide, por dignidad, que le sujetes al bebé mientras se pega una ducha rápida, que sabe que en tus brazos llorará en 5 minutos, porque es la tarde-noche y a esas horas está imposible.

Y lo coges, lo acunas, lo calmas un rato, lo sujetas en tu izquierda y dejas libre la derecha para empezar a recoger algunas cosas. «¡Ten cuidado, no hagas cosas con el bebé que se te puede caer!», oyes desde el lavabo.

Y sí, vale, pero es que si lo dejo llora y si no lo dejo esta noche cenamos con las manos, porque los platos están todos por lavar, y dormimos en bolas, porque la ropa sigue en la lavadora, tras un lavado que se llevó a cabo horas atrás, aún mojada.

Y esto es solo el principio, porque luego llegan las malas noches, el «levántate tú que yo no puedo más» y el «ve tú que yo mañana trabajo», el «no le dejes llorar, corre» y el «déjalo un rato que no le pasa nada», el «te está tomando el pelo» y el «los bebés no hacen eso», el «lo estás mimando demasiado» y el «no puedo soportar que sufra», el «pues mi madre me ha dicho…» y el «dile a tu madre que se calle la boca».

Y pasa el tiempo y vienen más hijos

Quizás no en vuestro caso, pero yo tuve uno, luego otro, y finalmente un tercero. Y cuando éramos dos discutíamos mucho, pero mucho, y realmente no recuerdo bien por qué era, pero eran todo cosas cotidianas y del día a día, y todo se debía a que ninguno de los dos dábamos más de nosotros.

Llegábamos a la tarde sin pilas y ambos exigíamos un poco más del otro. Y si no éramos nosotros, eran los niños quienes nos lo exigía.

Y llegábamos al punto de comparar, en una extraña e insana competición, a ver cuál de los dos estaba más cansado o tenía más motivos para estarlo: «pues yo he recogido toda la ropa y planchado», «pues yo he tenido al niño todo el día», «pues yo en el trabajo he tenido un día terrible», «pues yo…». Y recuerdo pensar para mí: como tengamos un tercer hijo, nos separamos seguro.

Y llegó el tercero y estamos igual de cansados, y a veces discutimos, pero no sé por qué, lo hacemos menos que cuando teníamos dos.

Pero apenas hablamos y apenas nada

Nadie nos dijo en qué consistía esto de ser padres. Nadie te avisa.

Nadie te dice lo difícil que es tener a unas criaturas con sus propios deseos e inquietudes, con mucha más energía que tú y unas necesidades que suelen ir en contraposición a las tuyas.

Nadie te dice que dejas de hacer las cosas que te gustan porque si no, no hay manera de seguir adelante. Nadie te dice que acabas por no tener tiempo ni para hablar con ella.

Que llega la noche y te tumbas en la cama y la espalda cruje por todas las vértebras.

Que en vez de mirarla y decirle cómo te ha ido el día le dices «bien, sin novedades» y te pones la tele, o una serie, o coges un libro, o te amorras al en el móvil: «¿Has leído el post que he escrito hoy?», «No cariño, no me ha dado tiempo… ¿has hecho aquello que te pedí?». «¿El qué?».

Y cruzamos solo unas cuantas frases que poco tienen que ver con nuestras inquietudes, deseos o esperanzas… ni siquiera con nuestra opinión sobre algo.

Acabamos por darnos las indicaciones oportunas para el día siguiente: lo que uno tiene que llevar al cole, lo que no tiene que llevar, «Ponle el chándal al uno», «Métele la carpeta al otro en la mochila», «Acuérdate de pasar por Correos a buscar el paquete que te dejaron hace más de una semana» y «Hay que comprar jabón de la lavadora, que no queda».

Y entre esas dos o tres frases y las indicaciones del WhatsApp van pasando los días, uno detrás de otro, casi sobreviviendo.

Alternando momentos en los que juegas con los niños con otros en los que no, momentos en que dejas la casa impoluta con otros en los que ya no puedes más y pasas de todo. Y ella te dice «¿pero te das cuenta cómo te lo han dejado todo en un momento?».

Y lo sabes, claro que lo sabes, pero era dejarles un rato y desconectar o ver cómo te salía parte del cerebro por las orejas, porque hay momentos en que vale la pena entrar en modo standby.

Como las noches, como digo, cuando sería un momento ideal para revitalizar la relación de pareja y la cabeza solo te da para mover el dedo de arriba a abajo en el móvil y para ir leyendo las novedades de las redes sociales…

así, hasta que se te cae el móvil en la cara y te das cuenta de que valdría más apagarlo y cerrar los ojos, hasta mañana, por si al día siguiente surge ese momento que llevas años esperando (o ya no), en que ambos podáis reíros juntos de algo y explicaros anécdotas de viva voz, y no por el móvil.

Ya no somos los mismos

Y han pasado 9 años desde que nació el primero y miramos atrás, y pensamos en nuestras vidas de pareja sin niños y nos damos cuenta de que ya no somos los mismos. Yo no soy el mismo. Ya no soy ese Armando… tú misma me lo dices.

Antes eras más alegre, más vivo, más cariñoso, más atento. Claro que lo era. Supongo que no tenía las mismas responsabilidades. Ahora trabajo mucho más, tenemos tres hijos a los que criar, cuidar y mantener y eso hace que se te arrugue el gesto y te salgan las canas.

La edad, por supuesto, pero las obligaciones más.

Si ahora los niños se fueran unos días de casa, ¿qué sería de nosotros? Si es que no sabríamos qué hacer… quizás ni sabríamos cómo disfrutar.

Trataríamos de hacer algo de lo que hacíamos cuando estábamos solos y probablemente nos sentiríamos hasta ridículos, como si ya no tocara. Y quién sabe si no nos daríamos cuenta de que ya no tenemos tanto en común como antaño.

Cuántas parejas se dan cuenta con el paso de los años, cuando vuelven a tener tiempo el uno para el otro, que ya no están con la persona de quien se enamoraron.

Por eso muchas parejas se rompen

Así que muchas parejas se rompen por eso, porque ven que pasan los años y que los días son prácticamente un calco al anterior.

Porque se dan cuenta de que la mayor parte de su energía la dedican solo a sus hijos: a llevarles aquí, llevarles allá, vestirlos, ducharlos, prepararles la comida, recoger la mesa, limpiar sus desórdenes, doblarles la ropa, prepararles las mochilas, ayudarles a hacer los deberes y así les dan las tantas, momento en el que solo apetece apagar el cerebro. ¡Claro que la gente solo ve televisión basura, si es que no apetece ni ponerte a pensar!

Y cuando intentan coger un poco de tiempo para sí, la pareja se queja porque ella también querría un poco más de tiempo, pero no lo tiene. Y discuten, y alguno no soporta más la presión, y dice que basta, que no pensaba que esto fuera tan duro y que necesita tiempo…

que ya no reconoce en la otra persona a aquella de quien se enamoró y peor, que se mira al espejo y ni siquiera es capaz de reconocerse a sí misma. O que esperaba que fuera con los hijos una persona tan cariñosa como lo fue con la pareja, y no lo es…

y chocan en la manera de educar, y discuten por ello.

Y ojo, no digo que lo justifique… a menudo falta implicación, o falta amor, o falta responsabilidad. Solo digo que lo entiendo.

Porque tenemos buen humor, que si no..

¿Y por qué mi pareja no se rompió? Pues no lo sé.

Solo se me ocurre que porque a pesar de todo, a pesar del riesgo de un buen día darnos cuenta de cuánto hemos cambiado y de cuánto hemos dedicado a nuestros hijos, lo hemos hecho porque hemos sentido que debíamos hacerlo así. Ninguno se ha sentido obligado a hacerlo, aunque sí hemos discutido mucho por, como digo, cansancio.

Yo creo que si seguimos juntos es porque los dos tenemos mucho sentido del humor.

Ella es alegre por naturaleza y yo soy más serio, pero dentro de mi seriedad, me tomo la vida con bastante filosofía y no necesito mucho para ser feliz.

Además, he aprendido a reírme de mí mismo y de nuestra situación, así que muchas veces, cuando aparecen las ganas de echar a gritar o de salir corriendo, me pongo a reír… supervivencia lo llamo yo.

Y así, hasta que nos hagamos viejos y la muerte nos separe o hasta el día en que nos miremos a los ojos y no veamos la razón para seguir juntos. No lo sé.

En Bebés y más | Estas son las nueve razones por las que las parejas discuten cuando son padres, Los padres que se pelean perjudican la capacidad de los hijos de reconocer y regular sus emociones, ¿Cómo afecta a la pareja la llegada del segundo bebé, más o menos que el primero?

Источник: https://www.bebesymas.com/ser-padres/ahora-entiendo-que-muchas-parejas-se-separan-al-tener-hijos

Literatura que ahonda en la crisis de pareja después del primer hijo

Maternidad y relación de pareja

La llegada de un hijo supone de forma inevitable un antes y un después para la relación de pareja. Lo describía perfectamente el escritor italiano Antonio Scurati en El padre infiel (Libros del Asteroide): “Dejamos de ser una pareja un instante después de habernos convertido en una familia”.

La idea también aparece en la imprescindible No, mamá, no (Alba) de la escritora británica Verity Bargate, una novela publicada originalmente en 1978 y que hasta 2017 no fue publicada en España.

Habla la protagonista de la novela desde la perspectiva que ofrece una segunda maternidad: “Éramos tan felices entonces, estábamos tan unidos, que al mirar la foto me parecía estar contemplando una pareja curiosamente familiar pero desconocida (…) En Córcega habríamos querido devorarnos mutuamente, habíamos deseado y dado y tomado hasta que, eso parecía, no quedó ya nada que desear o dar o tomar. Y Orlando había sido engendrado en ese limbo residual; un acto sin pasión, furtivo, rutinario, sin amor”.

Y en El nudo materno, las desgarradoras memorias de maternidad de Jane Lazarre, traducida al castellano por editorial Las Afueras más de cuatro décadas después de su publicación en EEUU: “Ser madre es algo horrible. Destroza la relación con tu marido. Te rompe la vida. No puedes abandonar a los hijos porque los quieres y cuando estás con ellos los odias”.

Hoy una corriente de escritores está profundizando en esa cara B de la maternidad y la paternidad, ese aparente sinsentido por el que algo que debería hacernos felices, completarnos, acaba dinamitando la relación de pareja. Ahí están novelas como la ya mencionada El padre infiel, La Uruguaya (Pedro Mairal, Libros del Asteroide), Feliz Final (Isaac Rosa, Seix Barral) o El cielo según Google (Marta Carnicero, Editorial Acantilado).

“Es algo que no se entiende hasta que se vive experiencia. Si la siguiente prioridad (a menudo, a bastante distancia), es uno mismo, la relación queda ya en tercer plano.

Perder esto vista, si el objetivo es conservarla, puede ser muy peligroso”, reflexiona Marta Carnicero, que en El cielo según Google narra la historia de una pareja, con la que es imposible no identificarse por momentos, que se derrumba tras la llegada a casa de una hija adoptada.

“Es que de pronto un vínculo invisible que existía en la pareja -el cariño, el amor, un lazo relativamente fácil de atar y desatar- se vuelve visible, real, fijo, es una persona, un tercero que llega a reclamar todo su espacio y ata por siempre a dos personas.

Tiene algo aterrador y avasallante, y también maravilloso, claro”, concede por su parte Pedro Mairal.

En La Uruguaya, Premio Tigre Juan 2017, diez ediciones ya en España, el argentino narra la huida hacia delante de un escritor entrado en la cuarentena, casado y con un hijo, sepultado por las responsabilidades y una relación de pareja que naufraga.

La dificultad de postergarse

“Nadie te advierte lo duro que es no dormir, renunciar a vos mismo a cada rato, postergarte. Porque no volvés a dormir ocho horas seguidas nunca más, tu banda sonora permanente pasa a ser La Reina Batata, para coger tenés que programar con un mes de anticipación un fin de semana sin niños (…)”, reflexiona en su monólogo interior Lucas Pereyra, el personaje protagonista de La Uruguaya.

“Cuando nace un hijo de pronto ya no sos ni dueño de tu vida ni de tu muerte. No te podés morir. Los hijos no te arruinan la vida, te arruinan la muerte. Perder esa libertad, tener gente a tu cargo de por vida…

”, enumera Pedro Mairal, que reconoce que empezó a tener miedo a volar cuando nació su hijo porque antes no le asustaba dejar huérfano a nadie.

Para el escritor argentino, ser padre “te modifica algo en el cerebro, es como un estrés pos traumático, un terremoto íntimo” que, reconoce, repetiría porque en su opinión está bien que los hijos destruyan la vida: “No era tan importante tu caprichosa vida, de todos modos, y ellos construyen su vida arriba de la tuya”.

Marta Carnicero, por su parte, considera que con la maternidad aparecen los “verdaderos” problemas, los que hacen aparecer “nuestra cara menos fácil, que se acusa con la rutina y la convivencia”.

Para la escritora, las preocupaciones de las parejas sin hijos “son de fácil arreglo” por la libertad de la que gozan a todos los niveles y por la posibilidad que tienen de centrarse en sus propias necesidades.

Con la llegada de un hijo la libertad desaparece y las necesidades de todos son las del recién llegado.

“Los proyectos personales a menudo quedan pospuestos sine die; el cansancio hace mella. Los momentos de ocio, cuando existen, se disfrutan de manera fragmentaria, y hay que aprender a vivirlos de esa forma si no se quiere sucumbir a la frustración.

Hace falta que los dos miembros tengan muy claro a qué se enfrentan; se necesita madurez para entender que lo que antes allanaba el camino (los ratos de intimidad que se daban de forma natural, la libertad de movimientos, la ausencia de responsabilidades) ahora hay que buscarlo”, afirma.

La incidencia del reparto de roles

El reparto de roles, las tareas que cada uno asume tras la llegada de un hijo, son una fuente de conflicto en las relaciones de pareja. En ellos profundiza la literatura, haciéndonos cómplices de los protagonistas de las novelas, casi obligándonos a empatizar con ellos, a sentirnos ellos.

En la mayoría de estas aproximaciones literarias es la mujer la que decide quedarse en casa al cuidado del recién nacido. El que se va a trabajar, el hombre habitualmente, resta importancia a estos cuidados y se queja de lo duro de su trabajo.

La que se queda en casa, la mujer, considera que irse a la oficina es un descanso.

“El que se queda en casa tiene siempre el mismo panorama; cada día es fotocopia del anterior, y la percepción es que el otro, el que se marcha a trabajar, tiene espacio para oxigenarse y ser uno mismo, en lugar de ser el “padre/madre de”.

Marcel llega a casa y se queja de que anda cansado; Júlia no entiende cómo puede ser que no valore esa libertad, cuando ella no tiene otra opción que quedarse (porque así lo pactaron de antemano) en casa con la niña. Todo ello la lleva a percibir su cansancio como mucho más legítimo.

Es fácil, en estas condiciones, culpabilizar al otro”, reflexiona Marta Carnicero a propósito de los protagonistas de El cielo según Google.

La Uruguaya es una excepción en ese caso. Es él, Lucas Pereyra, el que se queda al cuidado del hijo mientras su mujer sale a trabajar a diario. Él el que blasfema por el peso de los días iguales, por la rutina, por la dedicación ininterrumpida al cuidado de un niño pequeño, él el que se va desgastando y contaminándolo todo.

“Mi personaje cuando habla de la paternidad no muestra casi ningún lado positivo, y eso me cae un poco antipático, pero era lo que estaba sintiendo él, enceguecido por su frustración. Echarle la culpa a la familia por la propia frustración es uno de los grandes errores que llevan a la ruptura de parejas”, explica Mairal.

El escritor argentino asegura que no tuvo ninguna duda de reflejarlo así, “aunque sonara algo áspero”, porque en su opinión a Pereyra le sucede lo que a muchos hombres que recrean esquemas machistas: “se encuentra con su hijo una vez que está solo con él y lo tiene que cuidar en su departamento de hombre separado. Cocinarle, hacerlo dormir, jugar con él. Esa calidad de tiempo con un hijo, muchos hombres solo la conocen cuando se separan”.

Autoficción

La literatura ha visto un auge sin precedentes en los últimos años del género de la autoficción, en muchos casos relacionada con la experiencia de la maternidad y la paternidad: se escriben muchas obras que son un cruce entre la autobiografía y experiencias ficticias. También se recuperan muchas otras que abordan en primera persona el reverso menos colorido de la maternidad y que hasta ahora no habían encontrado su hueco en el mercado editorial español.

El cielo según Google, cuenta Marta Carnicero, parte de la historia de una excompañera suya de trabajo que pasó por un “larguísimo y arduo” proceso de adopción. “Recuerdo haber pensado que los padres estaban siendo constantemente examinados.

Le pregunté qué pasaría si la pareja se hubiese roto durante la adopción y me contestó que hubieran perdido a la niña. Me pareció un tema al que se podía sacar partido literario”, afirma.

Su excompañera nunca tuvo problemas con su pareja, pero su historia le sirvió de inspiración, también para reflejar el miedo que siente la pareja protagonista a perder a la niña cuando ambos son ya conscientes de que su relación está terminada. “La historia no es cierta, pero no creo que por ello resulte menos llena de verdad.

El escritor no se nutre sólo de experiencia, también de detalles: un gesto, una réplica, que acaban sirviendo para vestir el relato. En ese sentido, lo vivido, lo escuchado, conforman una cantera muy rica. En la selección de esos detalles, y en la forma de sacarles partido, está la gracia”, argumenta.

¿Cuánto hay de ficción y cuánto de realidad en la historia de Lucas Pereyra o, al menos, en sus reflexiones en torno a la paternidad?, pregunto a Pedro Mairal.

“Un 53%”, responde a modo de broma antes de reconocer que toma muchas cosas de su vida que exagera, tergiversa, falsea, atenúa y disimula para armar “un Frankenstein” formado por partes que son experiencias propias y otras partes extraídas de vivencias ajenas o inventadas que le sirven para crear un personaje real y que interese al lector: “Hago catarsis pero sin atarme a lo autobiográfico. Uso lo que me pasó, pero también lo que casi me pasó, lo que me hubiera pasado si seguía por ese camino, lo que temía que me pasara, lo que deseaba que me pasara. Ese abanico de variables que no suceden son también parte de mi vida”, concluye.

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Источник: https://elpais.com/elpais/2019/02/11/mamas_papas/1549881027_145078.html

Embarazo y niños
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