Niños que muerden ¿qué hacer?

¿Por qué los niños muerden?

Niños que muerden ¿qué hacer?

La mordida de un niño pequeño es un evento que atrae instantáneamente la mirada de los adultos provocando toda clase de comentarios, consejos, interpretaciones e incluso “remedios” para atacar esa conducta, a veces duramente juzgada. Hablamos de una situación que tanto a padres como cuidadores les resulta preocupante.

Diversos factores pueden causar que un niño muerda, sin embargo es posible prevenir estos incidentes, disminuirlos e incluso erradicarlos. Para ello es necesario partir desde el conocimiento y comprensión del niño, el ambiente y las interacciones que establece con los demás.

El niño

En los primeros años de vida no cuenta con la madurez suficiente para comunicar sus necesidades, regular su comportamiento y expresar sus deseos con palabras; por lo tanto, cuando el niño experimenta emociones intensas como frustración, enojo, ansiedad o miedo, es posible que reaccione de forma impulsiva mordiendo o lastimando a otros.

Tú debes estar atento a sus necesidades fisiológicas o emocionales para evitar que llegue a sentirse abrumado, desprotegido o estresado. La clave es conocer al niño, brindarle un acompañamiento cercano, ayudarlo a reconocer sus sensaciones y mostrarle alternativas saludables para desahogarse sin lastimar a otros.

El ambiente

Los niños necesitan estabilidad, estructura y rutina, son sensibles a los cambios en su ambiente, cuando hay modificaciones repentinas en su horario, alimentación o sueño pueden sentirse estresados y más aún si los cambios son significativos, como asistir a una estancia por primera vez, la llegada de un hermano o mudarse de casa. Ante situaciones así, el niño puede recurrir ocasionalmente a las mordidas para manifestar su ansiedad.

Considera también otros factores ambientales que pueden resultar irritantes, por ejemplo sonidos estridentes, mucha gente o en general exceso de estímulos.

Morder quizá sea una forma de decir que necesitan descanso o que alguien está invadiendo su espacio.

Recuerda que es importante respetar las necesidades de cada niño, procurar transiciones amorosas y en todo momento brindarles un espacio tranquilo y una presencia confiable.

Las interacciones

La presencia de un adulto debe representar seguridad para el niño, por ello en el momento de estar en relación con él evita juegos que impliquen agitarlo, lanzarlo o elevarlo bruscamente ya que podría sentirse indefenso ante estímulos que no puede controlar y por tanto, tratar de protegerse mordiendo.

Asimismo, es importante observar en todo momento las interacciones que se generan entre los niños, algunas veces demasiada proximidad o una convivencia muy intensa puede provocar reacciones de defensa al reclamar el espacio propio y desencadenar una situación en la que morder sea un recurso inmediato.

Cuando el impulso de morder surge en los niños ¿Qué podemos hacer? Descúbrelo poniendo en práctica las siguientes recomendaciones.

¿Qué necesitas?

Poner atención a las características del ambiente y no perder de vista las reacciones del niño.

Manos a la obra

Si un niño muerde, procede rápidamente y de manera firme para detener la situación, mantén la calma, atiende inmediatamente el dolor físico del niño que fue mordido y ayúdalo a expresar su frustración permitiendo que llore y consolándolo.

El niño que mordió necesitará espacio, condúcelo a un lugar tranquilo y permite que se desahogue de forma segura; puede golpear una almohada, lanzar una pelota con fuerza, llorar o quizá solo necesite ser contenido con un abrazo.
Ayúdalo a detectar lo que siente poniendo palabras a eso que expresó mordiendo y valida sus emociones “sé que te sientes enojado porque tu amigo te quitó tu juguete pero no se vale morder porque duele”.

Evita las siguientes acciones:

  • Lastimarlo.
  • Alarmarlo con gritos, regaños y amenazas.
  • Ignorarlo o alejarlo de ti.
  • Etiquetarlo diciéndole: “eres un niño malo”, “eres grosero”. “te gusta lastimar a los demás”.
  • Excluirlo o aplicar el famoso “tiempo fuera”.

“[…] Se puede enfatizar el enseñar a los niños que muerden a desarrollar y utilizar sus habilidades de comunicación expresiva en vez de morder, para que puedan aprender a “usar sus palabras” para comunicar sus sentimientos.” (Marion, 1998, p. 3).

Referencias

  • DeBord, K. (s.f.). Childhood Aggression: Where does it come from? How can it be managed. United States: North Carolina Cooperative Extension Service.
  • Marion, M. (1998). Ayudando a los niños a controlar el Enojo. ERIC: University of Illinois.
  • Moreno, M. D. (2009). Programa de intervención para tratar los comportamientos de morder dirigido a maestros. Innovación y experiencias educativas. (16), 1‐13.
  • ZERO TO THREE (s.f.). Chew on This: Responding to Toddlers Who Bite. Recuperado de http://main.zerotothree.org/site/PageServer?pagename=ter_key_social_biting&JSevSessionIdr009=4rzxepxog4.app2a#top

Источник: https://educacioninicial.mx/infografias/por-que-los-ninos-muerden/

Niños que muerden, ¿es normal?

Niños que muerden ¿qué hacer?

Los niños que muerden son una de las principales preocupaciones de los padres y madres con hijos de corta edad. Tanto si tu hijo es el mordedor o el mordido, en este post encontrarás los motivos de su conducta y las bases para resolver el conflicto de manera respetuosa y eficaz.

Un día cualquiera vas a recoger a tu hijo a la escuela infantil y al llegar notas algo raro en la cara de la cuidadora. Miras a tu hijo y también percibes algo extraño. A ver qué ha pasado, te dices a ti misma.

Con voz muy solemne, la cuidadora lanza su sentencia : «Mamá, el peque hoy…ha mordido» Y se desencadena la tragedia. Primero hay una fase de negación («es imposible, nunca lo ha hecho») porque no concibes que tu tierno bebé, la dulzura de tu vida, tu querubín angelical, haya cometido tamaña atrocidad.

Después, una vez que corre la noticia por el grupo de mensajería familiar, comienzan las teorías: « si es que le consentís demasiado», » la culpa es de la profesora, que no sabe manejarlos», » seguro que ha sido el otro niño que le ha hecho algo primero»… Y así se van sumando una tras otra al sentimiento de culpa, la vergüenza , el malestar por la victima del mordisco y la inquietud de no saber si tu precioso bebé ha iniciado un camino sin retorno hacia la delincuencia juvenil.

Esta situación pasa día si, día también, en jardines de infancia, parques , escuelas infantiles y aquel lugar donde haya , al menos, dos niños de entre un año y medio y cuatro de edad dispuestos a entrar en combate. ¿Quieres saber si es una conducta normal? ¿Te interesa conocer cómo actuar en esos casos? ¡Sigue leyendo!

¿Es normal que los niños muerdan?

Si, es normal. Y aquí podría dar por terminado este post. Porque no hay excepciones. Es una fase más en su desarrollo, que suele comenzar alrededor de los 18 meses y puede durar hasta los 3 o 4 años, en función de cada criatura.

No se trata de que ciertos niños muerdan (o peguen) y otros no lo hagan. Es que se trata de una regla universal. Y el que aun no lo haya hecho, lo hará, es cuestión de tiempo.

El verdadero problema lo tenemos los adultos, que extrapolamos esta conducta a nuestra realidad y la vemos como una agresión malintencionada o violenta, cuando no lo es.

En la inmensidad de los casos, los niños que muerden o pegan no lo hacen con la intención de causar un daño, sino que es una vía de expresión de una emoción o sentimiento cuando su lenguaje aun no está desarrollado.

Es totalmente lógico que nos sintamos mal tanto si nuestro hijo es el que muerde como si es el que recibe el mordisco. No queremos que nuestros hijos se peleen con otros ni que se hagan daño. Pero podemos abordarlo entendiendo que es una parte más de su infancia y gestionarlo de manera que no se convierta en un hábito de conducta.

Así que lo primero que debemos conocer son los motivos por los que un niño muerde o pega a otros, para así poder encontrar la solución y que nos genere menos angustia.

Foto de Emma Bauso de Pexels

¿Por qué lo hacen?

Vamos a ver los principales motivos por los que los niños pequeños muerden o golpean. Si comprendemos su conducta y nos damos cuenta de que en la mayoría de las ocasiones es una petición de ayuda, podremos afrontar estas situaciones desde la calma y con serenidad.

La erupción de los dientes

Parece muy obvio, pero muchas veces es en lo que menos pensamos. Cuando un niño muerde, sobre todo cuando es menor de 2 años, puede deberse a que le duelen las encías o que algún diente le está molestando.

Morder les alivia y les calma, y no tiene nada que ver con una conducta agresiva. Así que una buena estrategia si nos encontramos con un niño que muerde es revisar su dentición y ofrecerle mordedores u otros objeto para ver si con ellos consigue calmarse.

Falta de autocontrol

No debemos olvidar que los niños no son adultos en miniatura. Su desarrollo emocional y cognitivo aun está muy poco avanzado y les faltan multitud de recursos y herramientas para gestionar sus emociones.

Seguro que en alguna ocasión has tenido una discusión de tráfico en la que hayas sentido ganas de gritar o pegar a ese conductor que se ha saltado un semáforo y con el que casi tienes un accidente. O quizá en alguna reunión con tu jefe te haya entrado la tentación de tirarle el objeto más cercano a la cabeza.

Afortunadamente, tu cerebro tiene herramientas suficientes para gestionar ese enfado, calmarte, respirar profundo y expresar tu molestia de una manera más o menos contenida. Sin embargo, los niños pequeños no disponen de esos recursos, viven en un mundo totalmente emocional y no pueden aplicarse esos filtros de conducta.

Nosotros, como adultos, podemos comprender esa falta de autocontrol, empatizar con ellos y enseñarles esas herramientas para que poco a poco las vayan aprendiendo e incorporando a su vida

Desarrollo del lenguaje

Aunque cada niño lleva un ritmo de desarrollo distinto, se establece que alrededor de los 30 meses de edad el lenguaje está prácticamente controlado.

Hasta entonces, los niños se encuentran con situaciones en las que sienten una emoción muy fuerte y no pueden expresarla, bien porque aun no pueden articular palabras o bien porque desconocen cómo se llama lo que están sintiendo. Esto les genera una enorme frustración, ya que no son capaces de comunicarse con nosotros. Y es ahí cuando se expresan de la manera más primitiva y rudimentaria que conocen: pegando o mordiendo.

Para ayudarles en esos momentos, es muy importante que validemos lo que sienten y les ayudemos a ponerle nombre, como veremos más adelante.

Sueño, alegría, enfado

En la inmensa mayoría de las ocasiones los niños pequeños van a pegar o morder en alguna de estas 3 situaciones: cansancio, alegría o enfado. Y te pongo 3 ejemplos muy frecuentes, que yo misma he experimentado con mi hijo, de situaciones en las que es más probable que un niño muerda o golpee:

  • Justo antes de dormir , cuando más cansados están, o después de una sesión de juegos intensa
  • Cuando están muy excitados jugando, en una fiesta en la que hay muchos niños, o cuando llegamos a casa y vienen corriendo a recibirnos
  • Cuando les decimos que «no» a algo, en una disputa por algún juguete, cuando intentamos que hagan algo que no quieren hacer

La próxima vez que tu hijo/a muerda o pegue, antes de actuar piensa : ¿está cansado? ¿está super excitado o contento? ¿está enfadado o siente frustración?. Vas a ver como , casi seguro, respondes con un «si» a alguna de estas preguntas.

Lo cual nos lleva a la siguiente conclusión: tu hijo/a no pega o muerde porque sea malo/a ni porque quiera hacer daño. Lo hace por un motivo que nada tienen que ver con la agresividad. Y este cambio de mirada va a ser lo que nos guíe en nuestra actuación al respecto.

Pexels

¿Como actuar?

El hecho de que comprendamos los motivos de la conducta de nuestros hijos no significa que no tengamos que hacer nada. Se trata de un comportamiento que no es correcto y debemos enseñar al niño a gestionar sus emociones. Así que a continuación vamos a ver lo que NO debemos hacer ante estas situaciones y algunas ideas sobre cómo actuar.

Lo que NO hacer

Nuestra misión es hacerle ver que su conducta no se puede tolerar y que no puede morder o golpear. Pero podemos hacerlo de manera respetuosa.

Así que cuando nuestro hijo/a muerda o golpee a alguien, o incluso a nosotros mismos, estas son las cosas que no debemos hacer:

  • Gritar
  • Insultar
  • Hacer burla
  • Moverle bruscamente
  • Humillar
  • Golpear o morder al niño
  • Castigar
  • Menospreciar

Con cualquiera de estas acciones lo único que conseguiremos es hacer que se sientan mal, minar su autoestima y boicotearnos a nosotros mismos. Porque no podemos pedir a un niño que aprenda a comportarse de manera no violenta utilizando para ello la violencia física o verbal. Los niños aprenden con nuestro ejemplo. Si quieres que se calme, primero has de calmarte tu.

Otra acción que debemos evitar es etiquetar a los niños que muerden o golpean. Colgar el sambenito a un niño y llamarle «malo», «mordedor» o «descontrolado» no ayuda a solucionar el problema, si no que lo empeora. Recuerda que no es lo mismo ser malo que portarse mal. Y los niños perciben muy bien esa diferencia.

Tampoco es buena idea hacerle sentir culpable exagerando su acción, fingiendo que lloramos o negándonos a hablar con ellos como signo de rechazo.

Lo que SI hacer

Veamos ahora las estrategias que nos pueden ayudar a corregir la conducta de los niños que muerden de una manera respetuosa:

  1. Ante todo, mucha calma

    Debemos transmitirles seguridad. Así que respira profundo, ponte a su altura y háblale con voz firme pero tranquila, sin gritos ni nerviosismo. Mirar a los ojos es la mejor manera de conectar con el niño y captar su atención.

  2. Cuanto más me grites, más bajito te hablaré

    Si el niño está muy alterado o empieza un berrinche, debemos evitar entrar en la espiral de a ver quién grita más. Así que bajar nuestro volumen de voz hará que su tono vaya descendiendo hasta igualarse con el nuestro. Este fenómeno se debe a las neuronas espejo y es muy interesante.

  3. Anticípate

    Nadie conoce mejor a tu hijo que tu. Con el paso de los meses ya podrás «verle venir» , así que en cuanto notes señales de que va a morder o golpear de un momento a otro…no dejes que suceda. Distraerlo con otra actividad, separarlo de la situación potencialmente conflictiva o intentar calmarle antes de que sea tarde es la mejor herramienta de la que dispones.

  4. Sácale del lugar del conflicto

    Si tu hijo/ a ha agredido a otro niño lo mejor es que le cojas (sin violencia, sin zarandeos, sin empujones) y le saques de esa situación llevándolo a otro lugar. Un cambio de escenario va hacer que su nivel de excitación baje y pueda calmarse con más facilidad

  5. Ponle nombre a lo que siente

    Como hemos visto anteriormente, en muchas ocasiones lo que les pasa es que no entienden o no saben expresar lo que sienten.

    Validar sus emociones con un simple «se que estás muy cansado», «entiendo que te has enfadado» o «creo que estás demasiado excitado» va a servir tanto para que aprendan a identificar lo que les pasa como a que se sientan comprendidos por nosotros.

  6. Explicarle que no debe comportarse así

    Y cuanto más pequeño sea el niño, con menos palabras. Un escueto «no me gusta que muerdas/golpees»o «no voy a dejar que hagas eso» es más que suficiente para que lo entiendan. Según vayan creciendo, podemos ir incorporando razonamientos tales como que no se debe morder, que hacen daño o que si golpean a otros niños no van a querer jugar con el/ella.

  7. Dejarle experimentar las consecuencias naturales

    Cada actuación tiene una consecuencia. No se trata de un castigo, si no de mostrarle lo que sucede cuando muerde o golpea. Si muerde a otro niño en el parque, nos vamos a casa. Si me golpea mientras estamos jugando, dejamos de jugar. Sin castigar ni gritar, simplemente mostramos lo que pasa cuando actúa de una manera que no es correcta.

  8. Ofrece alternativas

    Si tu hijo se encuentra en una situación de enfado o angustia puedes darle herramientas que le ayuden a calmarse en lugar de agredir a otros. Golpear un cojín para liberar la tensión, tumbarse y respirar controlando los movimientos para poder relajarse o soplar muy fuerte hasta que su nivel de ansiedad baje pueden ser estrategias útiles.

  9. Repetir, repetir y repetir

    La maternidad es una carrera de fondo. Y te verás repitiendo lo mismo una y otra vez como si estuvieras encerrada en aquella película del día de la marmota. Así que paciencia y perseverancia porque tendrás que reincidir una y otra vez hasta que lo asimile y aprenda a controlarse. Mucha empatía y mucho cariño harán que la tarea te resulte más sencilla.

Foto de Ali Meddah de Pexels

Los niños que muerden o golpean suponen un desafío para muchos padres, madres y educadores. Entender que son pequeños y empatizar con lo que sienten nos van a ayudar a poner remedio a tan desagradable situación.

No debemos olvidar que en ese momento ellos también lo están pasando mal, es un momento desagradable que no saben controlar y nos piden nuestra ayuda para que les guiemos y les demos las herramientas que les faltan.

Que sepamos abordar estas situaciones de manera respetuosa y con cariño servirá para que no se conviertan en un hábito de conducta para el resto de su infancia.

Así que la próxima vez que te veas en tan embarazosa circunstancia, respira, conecta con tu hijo/a y piensa que tan solo es una etapa que debéis transitar juntos y que con tu ayuda y tu cariño conseguirá superar.

¿Cuál es tu reacción cuando tus hijos muerden o golpean? ¿Te has sentido mal alguna vez por no poder controlar su comportamiento? Te leo en los comentarios.

Si te ha parecido interesante no dejes de compartirlo en tus redes. Muchas gracias por leerme.

Publicado inicialmente el12 marzo, 2020 @ 12:00 am

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Источник: https://mamahacemagia.com/ninos-que-muerden-es-normal/

Qué hacer con los niños que muerden en la guardería

Niños que muerden ¿qué hacer?

A las educadoras nos preocupan mucho los niños que se expresan mordiendo pues, aunque estemos vigilantes, son tan rápidos que muchas veces no llegamos a tiempo de evitarlo. Además, es una conducta que hace daño a los demás niños y genera mucho malestar entre los padres.

Para que esta conducta no se llegue a convertir en un hábito, es importante ofrecerle al peque otras maneras de expresarse y relacionarse con sus compañeros.

Si sólo se le riñe y penaliza sin mostrarle alternativas, tan sólo estamos castrando su expresión emocional, pero no dándole salida a través de otras maneras, de otras  conductas.

Cómo actuar tanto educadoras, como padres, tíos, abuelos…. Es importante que tanto en casa como en la guardería (Jardín, Maternal…) se actúe igual:

Pautas para atender al niño que muerde

  • No gritarle, No pegarle en la boca ni reñirle diciéndole ¡Eres malo/a! ¡Siempre igual! ¡Estoy harta siempre hagas lo mismo! Pues no sirve más que para humillar.
  • Ponerse a su altura y decirle con cara seria y tono contundente, pero sin chillar y sin estar enfadada «Eso no se hace. Has hecho daño a tu amigo/hermano, mira como llora. Con la boca se dan besos. Dale un beso para curar pues le has hecho daño».

Si le gritamos y le exigimos el beso puede que el niño/a no quiera hacerlo por miedo y porque se sentirá bloqueado.

Es importante tener una actitud de serenidad pero no de amenaza, el beso es para curar el daño, para que conozca otra manera no dañina de usar la boca  y para inculcarle respeto por el otro. Pero el respeto por el otro no lo llegará a entender sino es también tratado con respeto.

Digamos que el mensaje sería  has hecho algo malo, repáralo con un beso y te voy a enseñar con respeto y paciencia otra manera de actuar.

  • Si en ese momento se intuye el motivo de la mordida, debemos ofrecerle al niño cómo debería haberse expresado sin morder. Nuestro tono ya no debe ser contudente, ni de enfado. Usemos un tono más bien reconciliador y una expresión amorosa «Qué querías ¿Qué te de diera su juguete? Pues se lo pides, por favor me dejas tu muñeco». «¿Te sentías asustado porque jugaba muy cerca, pues le dices no me molestes, o te vienes a jugar aquí que esta zona es más tranquila». «¿Hoy estás de mal humor? Pues patalea con los pies, pega a la almohada, o muerde este juguete (un mordedor) así no harás daño a nadie. A esto sí le puedes morder.»
  • Aunque no se sepan los motivos de la mordida, es necesario darle un mensaje alternativo para que vaya aprendiendo cómo podría haberse expresado sin dañar. Da igual tenga 10 meses, como 18, como 2 años o 3. Aunque sean bebés ¡Sí entienden! Captan perfectamente el mensaje que le estamos transmitiendo. Y mientras le mostramos otra manera de expresar sus sentimientos, recordad no usar actitud de enfado!
  • Evitar con los padres, con los hermanos juegos del tipo «Te voy a comer», «Te quiero tanto que te como» tan típicos en estas edades (ya que realmente estan para comérselos de guapos, dulces, inocentes…) pues potencian el poder de la boca y claro, para ellos ya tiene suficiente significado.
  • Elogiar, alabar cuando el niño resuelve sin morder. «Muy bien, le has cogido su juguete sin hacerle daño» «Muy bien, muerdes el mordedor y así no haces daño». «¿ Estas cuidando tu muñeca? ¿Lo haces con besitos? Con la boca se dan besitos, seguro que tu muñeca está muy contenta de tus cuidados».
  • Aprovechar cuando coma para resaltar que se muerde la comida «Ves se muerde la manzana para comer, ñam, ñam. Eso sí se hace. A la manzana no le haces daño, si lo haces a tu hermano/amigo sí»
  • Necesita la misma actitud de respeto y amorosidad que todo niño. No etiquetarlo de niño/a difícil, ni conflictivo/a.

He visto niños/as que tras estar meses (¡sí meses!) transmitiéndoles este mensaje después de morder instintivamente a un compañero besarle acto seguido e incluso acariciarle para curar sin haber intervenido ningún adulto.

Niños mordiendo sus ropas o cojines  (como mi hija) en un momento de euforia emocional, en vez de morder a otro niño. Niños/as muy orales (y por tanto mordedores) que poco a poco han bajado la intensidad de sus mordidas.

Hablar con los padres

Tratar el tema con los padres de los niños mordidos con naturalidad y honestidad.

Es muy normal les disguste hagan daño a su peque y lo muestren a las educadoras con quejas, enfados, o reprochando no hacen bien su trabajo.

Pero sin entrar en enfrentamientos les transmitís que son peculiaridades normales del mundo infantil (como las rabietas, el gusto por los cuentos, el No!, el control de esfínteres, etc.).

No les habléis mal del niño/a mordedor para aliviar su enojo de padres heridos, pues con ello estáis animando a que los padres critiquen o juzguen cómo lo hacen otros padres, a que crean su hijo se relaciona con niños conflictivos o malos, o que sientan que su hijo es un víctima mientras los otros tienen más poder, que su hijo es un blando porque no se defiende.

Todos los padres deben comprender que son reacciones (como el pegar, empujar, llorar, besarse) que se dan en esta fase del desarrollo de sus hijos, al igual que entre los adultos existen las envidias, los engaños, el orgullo, el resentimiento, la venganza… Aspectos y sentimientos que dañan y que usamos los mayores, y en cambio, son inconcebibles e inexistentes en el mundo infantil!

Transmitir a los padres seguridad, que estáis trabajando el tema diariamente y que necesitáis de su paciencia y colaboración.

Se requiere tiempo y constancia. No basta con actuar así cuatro días y al quinto estar hartos/as porque sigue mordiendo. El niño/a necesita más tiempo para aprender nuevas alternativas y constancia en el mensaje, es decir, repetirle siempre lo mismo.

Sé que resulta cansado para las educadoras pues además de atender y educar al niño que muerde hay que atender al que ha sido mordido, y que además, hemos de estar por mil cosas más (pues tenemos otros 10 o 18 niños por atender).

Sé que resulta cansado para los padres pues al quinto día llegan a pensar que su bebé de 10 meses o niño de 2 años no les entiende, se rinden y acaban por etiquetarlo de imposible o conflictivo y con ello dejan de actuar. Eso es un grave error pues es como dejar de echar semillas en una tierra muy fértil. No se recogerá ningún fruto por haberse rendido demasiado pronto.

¡Constancia, tiempo, coherencia, respeto por el niño, amorosidad, confianza y presencia! Nadie dijo que educar fuera fácil, ni para los padres ni para los profesionales de la educación.

Descubre más trucos y consejos con los recursos que hemos preparado sobre el morder en la infancia.

Источник: https://edukame.com/que-hacer-con-los-ninos-que-muerden-en-la-guarderia

Por qué muerden los niños y cómo lograr que dejen de hacerlo

Niños que muerden ¿qué hacer?

*Esta nota fue publicada originalmente en 2015 (11 de agosto).

Es normal escuchar que a un adolescente o púber, lo echaron por problemas de conducta en el colegio, o en la universidad por su bajo rendimiento, pero yo creía que no era posible que expulsaran a un niño/guagua del jardín.

Como dice el dicho «no pasa hasta que te pasa», así fue… aunque no lo crean (es tragicómico), en abril de este año echaron a mi hijo de dos años y 5 meses del jardín. ¿Las razones?

Mordió a una niña en el cachete y los papás de la “víctima” alegaron que era su hija o el mío.

Por lo que decidieron que la mejor opción, en vez de trabajar con él o descubrir por qué lo hizo, era dejarlo fuera de su jardín, discriminándolo totalmente.

Como mamá primeriza y además joven (21 años), entendía que mi hijo estaba lejos de ser un criminal, pero no sabía qué tan normal o común era que los niños entre los 2 y 3 años muerdan.

Mientras buscaba un nuevo jardín para Santiago, empecé a investigar todo sobre las mordeduras.

Les contaba a mis cercanos la experiencia y nadie me creía, recibí muchos comentarios diciendo «mi hijo/a también mordía, es típico«, incluso mi hermana en el jardín infantil tenía una loca obsesión por morder a mi prima, y no digamos que lo sigue haciendo o es una persona anormal (hasta donde yo sé).

Encontré un jardín infantil cercano a mi casa: Giramundos. Cuando Santiago entró, jamás conté que lo habían echado, no quería que estuviera marginado, ni menos con la etiqueta de niño “problemático”.

Partió muy bien, como hijo único y además la guagua de toda la familia, no sabía relacionarse mucho con sus compañeros, pero de a poco se fue adaptando. Pero pasó una semana y Santiago nuevamente había mordido a un niño. La gran diferencia ahora fue que la parvularia me dijo: “Él exquisito, fue le hizo cariño y le pidió perdón”.

Luego el otro niño tomó venganza y a la semana siguiente lo “atacó”, poco tiempo después mi hijo volvió a hacerlo, por lo que empezamos a tomar medidas y a trabajar en conjunto, para ver cómo lo resolvíamos.

Lo primero fue identificar por qué mordía. Hay cerca de diez causas sobre por qué un niño puede tener esta conducta: cuando se sienten amenazados como una forma de autodefensa, de manera experimental, etc. Una de éstas era que tenía problemas para comunicarse por lo que no podía expresar su enojo ni sus emociones y eso provoca que se frustren y muerdan.

Empezó el plan de acción, que para mi hijo funcionó, quizás pueda serle útil a alguna mamá, así que aquí va (no soy psicóloga ni mucho menos, sólo una mamá que probó distintas cosas y encontró unos consejos interesantes para compartir):

1. No subestimarlos

Quise partir por este punto porque creo que es uno de los principales errores que los padres cometen, subestimar a sus hijos. “No si es muy chico, no entiende”, grave error.

 Los niños entienden la mayoría de lo que uno les dice.

Por ejemplo, que yo le diga que eso está mal, pero que lo vuelva a hacer, no significa que él no haya comprendido, puede ser que está probando los límites.

Entonces, en creer que ellos entienden todo está la clave. Conversar en vez de castigar, hablar para lograr resolver. En el caso de mi hijo, fue fundamental para ayudarlo, el que me expresara cómo se sentía.

También es importante ser claros, cuando son más chicos hay que ser más concisos con las palabras “Mira, esto es para jugar” no ponernos científicos explicándoles de qué materiales está hecho el juguete, ni menos explicarles la inmortalidad del cangrejo.

2. Verbalizar sus emociones

Los niños, al igual que todos los adultos sienten. Muchas veces tienen pena, rabia, frustración o miedo, sin embargo no entienden qué significa eso.

Para mí, fue clave enseñarle que es normal que se enoje, pero eso no significa que siempre vamos a hacer lo que él quiere y por lo tanto cuando se siente así le dije que me dijera “no mamᔠo “no”, en vez de morder.

Cuando me daba cuenta que algo lo estaba molestando o inquietando mucho, y lo identificaba como una situación de “riesgo», lo sentaba al lado mío y le explicaba. Actualmente se enoja y me tengo que aguantar la risa cuando llega su reto “Ño mamá ño” (y con su dedito apuntándome).

3. Usar un panel de emociones

Nuestra santa Javiera (la educadora a cargo de Santi), nos dio una increíble idea. Como parte de nuestra rutina hacer un panel de emociones.

¿Qué es eso? En mi caso, compré un block, y con una hoja lo separé en los días de la semana, con papel lustre dibujé y corte caritas: triste, enojado, feliz y miedo (puedes seleccionar las emociones que quieras).

Antes de acostarnos nos sentábamos al lado de esta hoja que estaba pegada en la pared y conversábamos como se había sentido en el día. ¿Feliz? ¿Por qué? ¿Qué hiciste en el jardín que te puso así?

4. Acompañarlos en sus pataletas

Puede pasar a menudo que cuando no les das en el gusto, y les dices que es normal que se enojen, hacen una pataleta. Cuando contaba esto mucha gente opinó: “Déjalo sólo en su pieza”, “no lo pesques”.

Para mí la mejor opción fue acompañarlo, sentarme al lado de él y explicarle que me quedaría ahí hasta que dejara de llorar y gritar.

Esto hace que finalmente los niños sean más seguros de sí mismos y no se sientan solos.

5. No reaccionar agresivamente

Es importante nunca responderle a tu hijo con reacciones agresivas como golpes o morderlo devuelta, porque finalmente estaríamos comunicándoles que la agresividad es la forma apropiada para expresar nuestras emociones, en este caso: nuestro enojo.

6. Ayudar a la víctima

Es importante atender primero al niño mordido, antes del que muerde. Porque así él se dará cuenta, que no tiene toda la atención.

Finalmente, creo que la paciencia es la clave para el éxito. El proceso de enseñanza y aprendizaje puede ser lento o rápido, pero el amor y cariño siempre deben acompañarnos.

Muchas veces es difícil y nos vemos sobrepasados, pero en ese minuto lo ideal es contar hasta tres y seguir adelante, porque de lo que he aprendido con mi hijo, es que es un constante desafío, pero te dan ganas de luchar cada día para darle lo mejor de ti. 

Источник: https://eldefinido.cl/actualidad/plazapublica/5660/Por-que-muerden-los-ninos-y-como-lograr-que-dejen-de-hacerlo/

Hábito de morder

Niños que muerden ¿qué hacer?

Los niños pequeños hacen las cosas más adorables: Dar abrazos inesperados, reírse a carcajadas y acurrucarse junto a uno cuando están cansados.

Pero como cualquier padre de un niño pequeño sabrá, también son capaces de hacer cosas no tan agradables, como patear, gritar… o morder.

Las mordidas son bastante comunes en la primera infancia, pero esto no le servirá de mucho consuelo si su hijo muerde.

Después de todo, a nadie le gusta que a su hijo se lo considere una amenaza dentro del grupo de juego.

Y lo peor de todo es que los niños que son considerados «mordedores» pueden ser expulsados de los centros de cuidado de niños; un problema al que ningún padre trabajador desea enfrentarse.

Quizás crea que morder es simplemente otra etapa que tendrá que superar, pero este no siempre es el caso. Existen maneras de llegar al fondo del hábito de morder de su hijo pequeño. Aquí encontrará la forma de ayudar a erradicar este tipo de comportamiento.

Por qué muerden los niños pequeños

Las mordidas son muy comunes en la primera infancia. Los bebés y los niños pequeños muerden por una variedad de motivos, como la salida de los dientes o el deseo de explorar un juguete o un objeto con la boca. A medida que comienzan a comprender la relación entre la causa y el efecto, también pueden llegar a morder a una persona para ver si logran obtener una reacción.

Para los niños pequeños, las mordidas también son una forma de llamar la atención o de expresar cómo se sienten.

La frustración, el enojo y el miedo son emociones fuertes y los niños pequeños no tienen un dominio del lenguaje que les permita enfrentarlas.

Por eso, si no pueden encontrar las palabras que necesitan con rapidez o no pueden expresar lo que están sintiendo, tal vez muerdan como una forma de decir: «¡Préstame atención!» o «¡Esto no me agrada!».

Las mordidas son levemente más comunes en los varones y suelen ocurrir con más frecuencia cuando tienen entre uno y dos años de edad. A medida que mejora el dominio del lenguaje, las mordidas suelen aminorar.

Cómo evitar las mordidas

En el caso de las mordidas, es importante abordar la conducta inmediatamente después de que ocurre. La próxima vez que su hijo muerda, pruebe los siguientes pasos:

  • Primer paso: Mantenga la calma y muéstrese firme. Enfrente al niño diciéndole firmemente «¡No se muerde!» o «¡Si muerdes, lastimas!». Asegúrese de usar una frase simple y sencilla para que el niño la comprenda. Deje en claro que morder está mal, pero evite darle explicaciones extensas hasta que su hijo sea lo bastante mayor como para comprender. Mantener la mayor calma posible lo ayudará a resolver la situación con más rapidez.
  • Segundo paso: Consuele a la víctima. Dirija su atención a la persona que recibió la mordida, en especial si se trata de otro niño. Si hay una lesión, limpie la zona con agua y jabón. Busque ayuda médica si la mordida es profunda o si hay sangrado.
  • Tercer paso: Consuele al niño que mordió, si es necesario. Con frecuencia, los niños pequeños no se dan cuenta de que las mordidas lastiman. No hay problema en consolar a un niño que tal vez se sienta acongojado por haber lastimado a alguien. Pero intente no reforzar esta conducta negativa si muerde para llamar la atención.
  • Cuarto paso: Ofrezca alternativas. Cuando todo se haya calmado, sugiera alternativas a las mordidas, como usar las palabras «no», «basta» y «eso es mío» cuando el niño quiera comunicarse con otros.
  • Quinto paso: Redireccione. A esta edad, distraer a los niños logra maravillas. Si el nivel de emociones y de energía está muy elevado o si el niño está aburrido, ayúdelo a poner su atención en una actividad más positiva, como bailar al son de la música, pintar o jugar a un juego.

En general, no es necesario aplicar medidas de disciplina porque la mayoría de los niños no se dan cuenta de que morder lastima.

Si intentó los pasos anteriores y el comportamiento no se detiene, es probable que resulte eficaz poner al niño en penitencia durante un tiempo. A los niños más grandes se los puede llevar a un área especial, como la silla de la cocina o el primer escalón de una escalera, y dejarlos allí durante uno o dos minutos para que se calmen.

Como regla general, el tiempo de penitencia debe ser de un minuto por cada año de edad. Las penitencias más breves pueden ser eficaces, pero las más extensas no tienen ningún beneficio y, a veces, pueden ser contraproducentes si el niño se levanta (y se rehúsa a regresar) antes de que usted le indique que la penitencia finalizó.

Источник: https://kidshealth.org/CookChildrens/es/parents/stop-biting-esp.html

Embarazo y niños
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