¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

Contents
  1. Cómo estamos transmitiendo nuestro malestar emocional a nuestros hijos
  2. Pero, ¿qué ocurrirá en estos casos?
  3. ¿Cuál sería la mejor manera de hacerlo?
  4. Mi hijo siempre está enfadado: ¿qué hacer?
  5. «Mi hijo siempre está enfadado»: un problema común
  6. ¿Por qué ocurre? Análisis de la conducta
  7. Círculos viciosos
  8. Pautas de actuación
  9. 1. Utilizar la empatía
  10. 2. Aplicar técnicas para reducir la impulsividad
  11. 3. No prestarle atención si son enfados “injustificados”
  12. 4. Entender
  13. 5. Hacer cosas juntos
  14. Referencias bibliográficas:
  15. Gestionar emociones en niños: el enfado
  16. ¿Por qué nuestros hijos se enfadan?
  17. Los niños aprenderán a gestionar sus emociones con el ejemplo de sus padres
  18. ¿Cómo pueden nuestros hijos gestionar emociones como el enfado?
  19. ¿Cuándo nuestros hijos se enfadan con más facilidad?
  20. La educación positiva, clave para la gestión de emociones de nuestros hijos
  21. Ejemplos prácticos de educación positiva
  22. ¿Por qué se enfada mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que no se enoje tanto?
  23. Entender por qué se enfada mi hijo
  24. ¿Qué podemos hacer los padres?
  25. ¿Cuándo hay que buscar la ayuda de un profesional?
  26. ¿Tu hijo siempre está irritado?
  27. Origen de la irritabilidad
  28. Niños menores de 3 años siempre enfadados
  29. Niños de entre 6 y 12 años siempre enfadados
  30. Cómo podemos ayudar a un niño para que no se enfade
  31. Cómo gestionar los enfados de tus hijos (paso a paso)
  32. Gestiona los enfados de tus hijos en 4 pasos
  33. 1.Primero cálmate tú
  34. 2. Antes o mientras les escuchas con atención, interésate por sus sentimientos, nómbralos y legitímalos
  35. 3.Sigue escuchando con atención
  36. 4. Ayúdale a decidir qué va a hacer para solucionar o reparar lo que le ha pasado

Cómo estamos transmitiendo nuestro malestar emocional a nuestros hijos

¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

Cuando estamos preocupados o nos sentimos más nerviosos o ansiosos de lo normal podemos actuar, como padres, de diferente manera: Hay padres que intentarán ocultar plenamente a sus hijos las preocupaciones por las que están pasando, y así, protegerles. Otros padres buscarán un consuelo en los niños y les contarán todo el malestar que tienen.

Pero, ¿qué ocurrirá en estos casos?

En la primera forma de actuar, el niño percibirá que algo pasa, sus padres no están como siempre y él lo nota. Esta preocupación será transmitida y además el niño comenzará a imaginar las posibles causas de lo que está sucediendo, sintiéndose incluso culpable de la situación pensando que él pueda ser uno de los motivos.

En el segundo caso, estaremos colocando a nuestro hijo en un rol de adulto. Estamos buscando que este nos cuide y consuele. El niño se hará cargo de los estados de ánimo de sus padres y sentirá la obligación de cuidarlos.

En ambos casos se produce en el niño un alto nivel de estrés y se acabará sintiendo igual o más preocupados que sus padres. Ya que además, recordemos que los niños no saben regular sus emociones solos, sino que son sus figuras principales de cuidado quiénes les transmiten como hacerlo.

¿Cuál sería la mejor manera de hacerlo?

Adaptar a su nivel de comprensión y a su edad lo que está ocurriendo. Que entienda por qué mamá o papá están más tristes, enfadados o preocupados más de lo normal y así poder dar un sentido al ambiente que se está viviendo en casa.

Hay quienes piensan que la ansiedad es transmitida a través de los genes, es cierto, pero se necesita un detonante para que se desarrolle, y esta activación dependerá del ambiente en el que el niño se desarrolle.

Es decir, el estilo de crianza que el niño ha recibido, la forma en la que los padres gestionan las emociones o cómo reaccionan estos ante los problemas.

No es lo mismo reaccionar de manera catastrofista cuando nuestro hijo nos cuenta que ha tenido problemas en el cole con otro niño a reaccionar preguntándole e interesándonos por lo que ha pasado y buscando juntos soluciones.

Es importante tener en cuenta que la familia es un cimiento fundamental para el desarrollo emocional. Será el pilar que les transmita seguridad, confianza en sí mismo y afecto, siendo estos los ingredientes básicos para un correcto funcionamiento emocional.

Te preguntarás, ¿de qué manera transmito mi ansiedad a mis hijos? Se transmite a través de las preocupaciones constantes, esto hará, como hemos visto anteriormente, que el niño también se preocupe aún sin saber muy bien por qué, dándoles el mensaje implícito de que para que las cosas salgan bien hay que preocuparse.

La sobreprotección es una pieza básica en la transmisión de ansiedad a nuestros hijos. Como padres, tenemos la idea de tener que proteger a los niños de cualquier mínimo peligro que pueda aparecer es lo mejor que podemos hacer.

Los niños, por naturaleza, son exploradores del mundo, pero nosotros, los adultos, podemos reaccionar con miedo ante determinadas situaciones, respondiendo así a nuestro propio temor.

Así, enseñamos que el mundo es un lugar peligroso, pudiendo generar en él cuando sea adulto sentimientos de inseguridad.

En ocasiones nuestros propios deseos y necesidades son transmitidos a los niños. En ocasiones no somos conscientes y colocamos nuestra propia mochila de deseos y frustraciones en nuestros hijos. Deseamos que nuestro hijo juegue, por ejemplo, al fútbol. Disfrutamos viéndole jugar como si fuésemos nosotros los que jugamos.

Para nosotros es importante que haga deporte y además vemos que tiene potencial para ello. Pero un buen día llega y nos dice que se ha cansado del fútbol que no quiere ir más y que se quiere apuntar a pintura. Nosotros nos echamos las manos a la cabeza y lo vemos como algo descabellado, nos enfadamos y frustramos porque lo que queremos es que siga yendo a fútbol.

No hacemos caso a sus peticiones y excusamos esta idea con que el otro día tuvo problemas con un compañero, pero que ya pasarán porque son cosas de niños. Con esta actuación lo que estaremos haciendo es centrarnos en lo que nosotros queremos dejando de lado las necesidades del niño.

Esto generará mucho estrés en él ya que sentirá que tiene que ir para que así su papá o mamá estén contentos con él; pasará a ser una actividad de ocio a una obligación.

Como conclusión, el malestar emocional de los adultos es transmitido a nuestros descendientes. Nosotros somos los encargados de regular emocionalmente a nuestros hijos, por tanto, si yo no puede gestionar mis estados, va a ser complicado que mi hijo pueda hacerlo.

Somos modelos para ellos, por lo que las conductas que nosotros realicemos serán lo que ellos vivían como las conductas correctas. Por ejemplo, si yo cuando estoy enfadado lo que hago es tirar cosas al suelo, probablemente mi hijo cuando se enfade hará lo mismo.

El estrés y la ansiedad durante la infancia puede generar cambios a nivel cerebral permanentes con consecuencias negativas en la edad adulta. Es importante contar con el niño y explicarle las situaciones adaptadas a su edad.

No es necesario contarle todos los detalles, pero sí que pueda formar un puzle completo de lo que esté ocurriendo. Esto generará mayor tranquilidad y seguridad.

Lidia G. Asensi
Psicoterapeuta
 MásQuePsicología

ConsejosPsicologíaInteligencia emocional Sobreprotección

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/malestar-emocional-padres-hijos/

Mi hijo siempre está enfadado: ¿qué hacer?

¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

Hay etapas de la vida que pueden ser especialmente complicadas, tanto para niños/as como para padres/madres. Hablamos especialmente de la infancia y la adolescencia. ¿Qué podemos hacer si nuestro hijo/a está siempre está enfadado/a?

En este artículo encontrarás una serie de pautas orientativas para analizar este comportamiento y para poder encontrar soluciones eficaces que mejoren tanto tu bienestar como el de los más jóvenes de la casa.

«Mi hijo siempre está enfadado»: un problema común

Primero de todo debemos intentar analizar con detenimiento qué le está ocurriendo exactamente a nuestro hijo (no tanto la causa, que veremos más adelante, sino más bien la conducta en sí).

¿Realmente está enfadado? Muchas veces, detrás de un enfado o una rabieta se esconde algún otro tipo de sentimiento o emoción. Puede ser que detrás de la ira en realidad sólo haya tristeza, sentimientos de culpa, o incluso depresión.

En esos casos, deberá tratarse primero el problema de base, ya que facilitará un abordaje posterior de la conducta más observable (en este caso, los enfados), es decir, la conducta que manifiesta nuestro hijo. Acudir a un profesional que nos pueda orientar también puede ayudarnos.

Por otro lado, además de entender qué conducta está mostrando nuestro hijo (repetimos, si es realmente un enfado o no), también es importante analizar con detenimiento los antecedentes y los consecuentes de su conducta.

¿Por qué ocurre? Análisis de la conducta

Mucha gente no pasa de la fase de plantearse «mi hijo está siempre enfadado». Pero es importante ir más allá, debemos preguntarnos: ¿qué antecede a su enfado? ¿Son siempre las mismas situaciones/estímulos? O por contra, ¿estos cambian? ¿Puede ser que aparentemente “no ocurra nada”?

Por otro lado, será esencial analizar con detalle qué manifestaciones muestra nuestro hijo (lloro, rabia, nerviosismo, trastornos de conducta, ira, etc.), así como la frecuencia en que dichos comportamientos o estados aparecen.

Finalmente, debemos también fijarnos en las consecuencias que aparecen cuando nuestro hijo se enfada: es decir, ¿le prestamos atención? ¿Qué tipo de atención? ¿Existe castigo? O existe comprensión y empatía por parte del entorno?

Círculos viciosos

Es importante fijarse en esto porque puede ocurrir que se esté entrando en un círculo vicioso, cuando por ejemplo el niño muestra rabietas “injustificadas” o mal gestionadas, y que su entorno (por ejemplo los padres o la escuela) le “refuerce” dicha conducta al prestarle atención, sin provocar ningún cambio, perpetuando así el problema y sin llegar a abordarlo realmente.

Desde la psicología conductual, esto se entiende desde los mecanismos de reforzamiento negativo: sería por ejemplo darle una piruleta a nuestro hijo cuando quiere una y se enfada para que se lo demos, y nosotros así lo hacemos; es decir, nos quitaríamos esa “molestia” pero a la vez reforzaríamos que en un futuro volviera a ocurrir dicha situación.

Pautas de actuación

Una vez tengamos un mapa mental de estos factores que pueden estar influyendo y/o perpetuando la situación, deberemos intentar entender por qué aparecen estas conductas de enfado frecuentes en los niños y niñas.

¿Cómo lo hacemos? Aquí veremos brevemente algunas pautas que pueden ayudarnos:

1. Utilizar la empatía

Sea nuestro hijo un niño o un adolescente, debemos entender que puede estar pasando una época más sensible, y que tiene su forma de sentir, padecer y vivir las cosas a su manera.

Es por ello importante que utilicemos la empatía para intentar ponernos en su lugar. ¿Cómo podemos hacerlo? Aplicando la escucha activa: buscar momentos tranquilos para hablar con él y escuchar sus inquietudes.

Puede ocurrir que no nos quiera contar nada o que simplemente diga que no le pasa nada. Deberemos tener paciencia e ir indagando poco a poco (una buena idea es preguntar a su profesor/a si en la escuela se comporta igual), y en definitiva ganarnos su confianza para que se sienta libre de abrirse en caso de que necesite ayuda.

2. Aplicar técnicas para reducir la impulsividad

En el caso de que hayamos detectado las situaciones donde nuestro hijo suele enfadarse, es buena idea aplicar algunas técnicas que le permitan retirarse de dicha situación, para evitar que reaccione impulsivamente. Algunas de ellas pueden ser:

  • Contar hasta 10.
  • Retirarse de la situación a un espacio más tranquilo.
  • Practicar tres respiraciones profundas.
  • Repetir algunas palabras que le tranquilicen.

3. No prestarle atención si son enfados “injustificados”

Como comentábamos, a veces (no siempre), los niños aprenden a enfadarse para conseguir lo que quieren.

Esto es una respuesta disfuncional que acabará generando muchos conflictos; es por ello que ante situaciones donde nuestro hijo se enfade “sin razón”, o de forma “desproporcionada”, es recomendable que evitemos darle la atención que está buscando, y aplicar técnicas como la extinción (dejar de reforzar una conducta que se mantenía por refuerzo).

4. Entender

Todos, adultos y niños, pasamos por momentos y etapas donde estamos más irascibles. A veces esto es desencadenado por alguna situación particular, y otras pueden estar influyendo otro tipo de variables como tener un mal día, una época especialmente sensible, cansancio acumulado, estrés puntual, etc.

Es por ello que debemos intentar entender dichas conductas dentro de unos límites, sin dejar que estas evolucionen a unos enfados persistentes y disfuncionales.

5. Hacer cosas juntos

A veces es un buen momento para replantearnos si pasamos tiempo de calidad con nuestro hijo, y en caso de que estos momentos de conexión y juegos se hayan descuidado un poco, empezar a recuperarlos.

Si, por ejemplo, averiguamos que justamente nuestro hijo está enfadado porque en realidad está triste (por ejemplo, porque ha sacado malas notas en el cole, o porque se ha enfadado con sus amigos) (obviamente esto se tendrá que haber indagado), podemos plantearnos dedicarle más momentos en que pueda evadirse de ese sentimiento.

Esto no significa que descuidemos la causa que originó las conducta; es decir, siempre deberemos buscar momentos para tratar también el tema que le preocupa.

Algunos ejemplos de actividades que se pueden realizar conjuntamente (dependiendo de la edad del niño) son: dibujar, salir al parque, ir en bicicleta, hacer manualidades, mirar películas, leer juntos, etc.

Referencias bibliográficas:

  • Degwitz, M.V. (2018). ¿Qué hacer si tu hijo siempre está enfadado? Aleteia, Estilo de vida.
  • Del Pilar, M. (2009). Intervención musicoterapéutica para promover la prosocialidad y reducir el riesgo de agresividad en niños de básica primaria y preescolar en Bogotá, Colombia. International Journal of Psychological Research, 2(2), 128-136.

Источник: https://psicologiaymente.com/desarrollo/mi-hijo-esta-siempre-enfadado

Gestionar emociones en niños: el enfado

¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

Gestión de emociones Terapia de Aceptación y Compromiso

«Ahora voy»

«Porque tú lo digas»

«En casa de papá no tengo que hacerlo»

«Eso es una tontería»

«Y mi hermano, ¿qué?

¿Te suena? Podríamos añadir infinitas respuestas de nuestros hijos a nuestras preguntas o normas, sin embargo todas tienen algo en común: nuestro hijo está enfadado.

¿Por qué nuestros hijos se enfadan?

El enfado es una emoción necesaria y los niños lo deben experimentar para desarrollar su inteligencia emocional. No debemos calificar las emociones como buenas o malas, ni como positivas o negativas. No debemos enjuiciar todas las emociones porque son fisiológicas, están presentes y son necesarias.

Eso sí, es necesario que sea el niño el que acabe controlando sus emociones y no que las emociones le controlen a él/ella y eso es un aprendizaje que nosotros debemos tener presente

Los padres vivimos con angustia cuando los niños no obedecen. Nos producen ansiedad las conductas disruptivas de nuestros hijos y solemos utilizar frases como: «Siempre hace lo que quiere», «lo hace para fastidiarme» o «solo hace caso cuando le apetece».

Los niños muestran su desacuerdo según la edad. Lo hacen pataleando, llorando, protestando o gritando incluso, en ocasiones insultado o llegando a pegar. Y es que los niños no conocen otra forma de mostrar su desacuerdo y aquí entra nuestro papel fundamental como padres.

Los niños aprenderán a gestionar sus emociones con el ejemplo de sus padres

Como padres debemos ayudarles a reconocer sus emociones y a expresarlas de forma adecuada. Enseñarles a desarrollar su tolerancia a la frustración, su autoestima, su capacidad de resolver problemas, su autocrítica… ¿Cómo? Con amor, mucha paciencia y con tiempo, ya que no será un proceso rápido.

Cuando nuestros hijos lloren, pataleen, griten o incluso insulten, nuestra respuesta deber ser calmada. No podemos nunca entrar en emociones como la ira o el enfado porque esto va a producir una escalada progresiva de enfados a nivel familiar.

En ella tanto nuestro hijo como nosotros vamos a ir subiendo la intensidad de dicho enfado y la situación va a acabar convirtiéndose en una lucha en la que cada uno intenta imponer su criterio.

Al final, solamente conseguiremos como padres sentirnos mal y no lograremos ayudar a nuestros hijos.

¿Cómo pueden nuestros hijos gestionar emociones como el enfado?

Para que esto ocurra hace falta:

  1. Que el niño identifique el enfado. Cuando veamos que aprieta los labios y nos mira rabiosos podemos ayudarle diciéndole: «Te estás enfadando».
  2. Que le expliquemos lo que acompaña al enfado para que él se dé cuenta y le resulte más fácil pararlo: «Sé que te estás enfadando porque te estás poniendo rojo, estás apretando los labios y me estás mirando rabioso».
  3. Debemos enseñarle a expresar de forma adecuada sus emociones, así como a tener autocontrol. En aquí donde más nos van a necesitar y nosotros podemos intervenir explicándole cómo nos sentimos nosotros cuando nos enfadamos, qué emociones tenemos y lo bien que nos sentimos cuando respiramos y conseguimos relajarnos. Conseguimos que el enfado no sea dueño, no sea el jefe, sino que tú te conviertes en el jefe del enfado y no es el enfado el que te domina.

¿Cuándo nuestros hijos se enfadan con más facilidad?

Hay muchas situaciones en las que como padres podemos intuir que nuestro hijo se va a enfadar:

  • Cuando está cansado después de un largo día de juego, de colegio… Ahí les podemos decir: «Estás cansado, te ayudo a recoger y si quieres te acompaño para ir a dormir”.
  • En momentos en los que esté aburrido. Y le podemos decir: «Ayúdame a colocar la compra, así termino antes y después podemos hacer un postre juntos».
  • Si algo que les hacía ilusión y querían no ha salido bien o como ellos esperaban. En ese momento, podemos hacerles cambiar de pensamiento y les proponemos un plan: «¿Vemos una peli?»
  • Cuando nos piden algo que quieren y nosotros no se lo damos. Ahí les podemos explicar el por qué no se lo damos y cómo podrían llegar a tenerlo.
  • Si algo no les parece bien pero nosotros queremos que lo hagan como terminarse todo el plato de lentejas. Ahí podemos explicarles todo lo necesario es que se coma el plato de lentejas y de esa forma podrá elegir el postre.

Los padres tenemos que entender que quejarse, protestar y desobedecer forman parte del crecimiento natural y sano del niño

La educación positiva, clave para la gestión de emociones de nuestros hijos

Apostar por una educación positiva con nuestros hijos nos permitirá establecer un vínculo emocional con ellos desde la calma y el diálogo. Podremos enseñarles a gestionar ese tsunami emocional y sobre todo sabrán que estamos por y para ellos. Con una educación positiva nuestros hijos saben:

  • Lo que ellos hacen repercute en el resto de los miembros de la familia. Por tanto, sus buenas conductas nos producen alegría.
  • Sus esfuerzos tienen recompensa y eso les ayuda a sentirse capaces de hacer muchas cosas.
  • Que papá y mamá siempre van a estar ahí para él/ella.
  • Que su casa es un espacio seguro en el que se sienten protegidos y queridos.

Ejemplos prácticos de educación positiva

  1. Cuando nuestro hijo no quiere ir a dormir, nuestra respuesta: «Es mejor que pienses en ir a dormir porque sino mañana tendrás mucho sueño en clase y no podrás atender a tu profesor».
  2. Después de todo el fin de semana, los deberes los ha dejado para el último momento.

    «Entiendo que todo el fin de semana has estado jugando y ahora aunque tienes sueño tienes que terminar los deberes. Tal vez el próximo fin de semana te parezca mejor hacerlos el sábado por la mañana».

  3. Cuando llora o grita sin consuelo: «Cuando dejes de llorar o de gritar podemos sentarnos a hablar».

  4. Cenas interminables. «Si tardas mucho en terminar de cenar, tendremos poco tiempo para que te lea el cuento que te leo cada noche».
  5. Cuando termina de comer a tiempo, le decimos lo bien que lo ha hecho.

    «¡Qué bien! Has terminado de cenar justo a tiempo y ahora tenemos un rato para que te lea el cuento que quieras».

  6. Cuando hace los deberes sin ayuda. «Intenta resolver tú solo lo que estás haciendo y si no puedes, me lo dices y puedo ayudarte».

¿Te ha gustado el artículo? ¿Tienes dudas de cómo validar sus emociones? No lo dudes, déjame tu pregunta en comentarios o si prefieres puedes ponerte en contacto conmigo. 

Источник: https://katiaranzabal.com/gestion-de-emociones/gestionar-emociones-enfado/

¿Por qué se enfada mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que no se enoje tanto?

¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

¿Por qué se enfada mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que no se enoje tanto? Lo tiene todo y siempre anda gruñendo. ¿Es normal o al contrario, tiene algún problema que no entiendo? 

Es posible que en alguna ocasión te hayas planteado estas preguntas, yo misma también me las formulo como madre ante los enfados de alguno de mis hijos (porque no olvidemos que ante todo soy mamá).

En este artículo hablo sobre el enfado y las múltiples expresiones del mismo en los niños, qué les supone esta emoción tanto desde el plano fisiológico, psicológico como social o relacional. 

Entender por qué se enfada mi hijo

Como emoción que es, debo decir que todos, sin excepción, tenemos el derecho a enfadarnos de vez en cuando si algo nos ha salido mal, si alguien nos hace daño, nos quitan o roban algo, cuando algo nos disgusta o si pierde el equipo al que apoyamos. El problema radica en la expresión conductual del mismo.

Si, todos nos enfadamos, todos hemos sentido enojo en alguna ocasión. Incluso la persona más tranquila y calmada se ha sentido enfadada anguna vez, porque el enfado es una emoción básica que sentimos todos sin excepción.

Y como que los niños no son una excepción, ellos también se enfadan, y mucho. Se enfadan con o sin motivo. Se enfadan y tienen derecho a sentir esta emoción.

Pero cuando el enfado les domina, cuando se vuelve ira, cuando nubla el pensamiento y se vuelve destructivo debemos enseñarles a gestionarlo de manera que no haga daño, ni a ellos mismos ni a los demás. 

El enfado puede suponer para los niños problemas con la familia y los compañeros, e incluso puede repercutir en su rendimiento escolar.

Cuando nos enfadamos sufrimos cambios fisiológicos importantes que nos preparan para la acción (agresivo-defensiva):

  • aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial,
  • puede aparecer temblor, sudoración y tensión muscular,

La respuesta conductal o, lo que es lo mismo, la forma de expresar el enfado consiste en una respuesta agresiva. Se trata de algo innato ante la percepción de una amenaza física o verbal, real o imaginaria.

Pero no podemos reaccionar agresivamente ante cada situación de amenaza potencial porque no es sano para nosotros ni tampoco seguro.

Así que hay veces que a pesar de estar muy enfadados intentamos dominar esta emoción y no responder.

A nivel social la violencia, la agresión física o verbal acarrea problemas, dificultades con la familia y/o amigos, problemas con la justicia y un daño físico o emocional tanto en uno mismo como en los demás.

Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.

Está claro que en función de la edad la forma de manifestar el enfado, enojo o ira es diferente y que va evolucionando con nosotros a la vez que crecemos y desarrollamos capacidades y habilidades más sofisticadas.

¿Qué podemos hacer los padres?

La forma en que los padres respondemos a las situaciones emocionales influye de manera significativa en el aprendizaje del niño a manejar sus propias emociones. 

Pero nosotros los padres podemos ayudarles estimulando la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enfado, la rabia o la ira de alguna de las siguientes maneras:

  • Ayudándolos a desarrollar la empatía . Por ejemplo, le puedes preguntar a tu hijo: “¿Cómo piensas que se puede sentir María cuando le gritas y le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento . Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente.
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que tu hijo mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítalo. En cambio, si notas que no controla bien el enfado, acércate para ayudarle a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo, qué podría hacer la próxima vez que le suceda algo que suscite su enfado. Ayúdale a encontrar opciones como “avisar a un adulto” o “dar la espalda”, y luego aliéntalo a que la próxima vez reaccione eligiendo una de estas formas socialmente aceptadas.
  • Ayudándolos a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar exabruptos de ira. Pídeles que piensen y participen regularmente en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escuchar música, etc., que los mantengan alejados de aquello que los irrita.
  • Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando están enfadados.

¿Cuándo hay que buscar la ayuda de un profesional?

Aprender a controlar los sentimientos de enfado es una parte normal del crecimiento. Algunos niños adquieren habilidades efectivas para el control de la ira fácilmente, mientras que otros necesitan más práctica.

Si tu hijo tiene dificultades para calmarse cuando está enfadado o sufre episodios frecuentes en los que no puede evitar agredir física o verbalmente, es posible que necesite la intervención de un profesional en salud mental.

Un profesional podrá evaluar las causas subyacentes y los factores que activan el enojo y la frustración, y ayudar al niño a adquirir habilidades específicas para el control de la ira. Podrá, también, dar apoyo y orientación a los padres y a los profesores.

Fuente: The Parent Letter http://www.aboutourkids.org/

Источник: https://www.mamapsicologainfantil.com/por-que-se-enfada-mi-hijo-que-puedo/

¿Tu hijo siempre está irritado?

¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

A menudo nos encontramos con algún niño o niña que suele enfadarse por todo, con todos y constantemente. Esto es lo que se llama ser susceptible, y es que los niños susceptibles suelen ser quisquillosos y con facilidad para enfadarse por pequeñas cosas sin importancia, sentirse ofendido con facilidad por ejemplo con bromas.

Estos niños interpretan los gestos, miradas o los comentarios de otras personas como un ataque directo hacia ellos, lo que provoca que los niños reaccionen de manera impulsiva, desproporcionada e inapropiada ante estos comportamientos (enfado, llanto desconsolado, agresividad etc..). Si nos damos cuenta de que un niño se enfada con facilidad, hay que ayudarlo para poder controlar esas rabietas y así no se genere un problema mayor que pueda derivar a que a la larga el niño tenga problemas para relacionarse con otras personas.

El enfadarse con facilidad puede provocar rechazo por parte de otros niños, haciendo que el niño no pueda establecer vínculos de amistad en la escuela o en alguna clase extraescolar.

En casos extremos, el ser tan susceptible puede provocar que el niño termine sin tener amigos, siendo aislado socialmente, es por esto por lo que es importante que como padres intentemos controlar esto y ponerle una solución.

Es por esto por lo que si notas que tu hijo se enfada con mucha frecuencia y no tienes muy claro el motivo de esto y como conseguir evitarlo, desde Bekia te vamos a explicar el origen de estos enfados y cómo ponerles una solución a estas emociones.

Origen de la irritabilidad

Son muchas las cosas que pueden hacer que un niño se enfade. Para muchos padres esta condición puede hacer que les resulte difícil criar a sus hijos, que piensen que es agotador y que sin darse cuenta esto empiece a afectarles a ellos mismos haciendo que se enfaden con sus hijos provocando una lucha de egos en donde los progenitores siempre ganan con un «porque lo digo yo».

Es importante saber que estas emociones y ataques de enfado están estrechamente relacionados con la autoestima del niño, por lo que, si notamos que el niño sufre de este problema, lo más probable es que no tenga una buena autoestima, causado por un autoconcepto negativo de si mismo, numerosas inseguridades y el miedo de ser juzgado negativamente.

Normalmente, los niños que presentan estos problemas han sido criados en un ambiente donde sus principales figuras paternas o familiar han sido muy exigente con ellos.

No se sienten valorados por sus familiares, lo que hace que estén continuamente en alerta esperando que alguien haga una valoración crítica de ellos lo que hace que se encuentren siempre a la defensiva, irritados y enfadados.

Son muchas las cosas que pueden hacer que un niño se enfade

Niños menores de 3 años siempre enfadados

Lo que ocurre durante los tres primeros años de vida de nuestro hijo, configuraran su personalidad y el manejo de sus emociones. Desde que nacen hasta lo tres años se empieza a desarrollar la región orbitaria frontal de cerebro, que es la encargada de las funciones emocionales, entre ellas el estrés.

Aunque parezca increíble un bebé también puede estar estresado y el motivo principal de esto se suele deber casi siempre a que hay una ausencia de una figura adulta que se haga cargo del estado emocional del niño.

A esta edad un niño es totalmente dependiente de sus padres para saber cómo calmarse, en estos momentos de su vida no tienen las herramientas necesarias para poder tranquilizarse por él mismo lo que deriva a una falta de autocontrol que si una figura adulta no es capaz de regular se transferirá en estrés y en enfados.

Niños de entre 6 y 12 años siempre enfadados

Cuando los problemas con las rabietas continúan a esta edad es posible que haya un problema de autoestima involucrado en el niño. Quizás en su etapa anterior no supo controlar bien sus emociones y aunque los padres estuviesen con él, de alguna forma el niño no lo sentía así. Pero no hay que preocuparse ya que esto se puede cambiar.

Hay que intentar que el niño se desahogue contigo, que descargue su enfado, ya que el retener la irá puede provocar que esto continúe en el tiempo, hazle saber que te interesa el saber qué le pasa, compréndelo y ponte en su situación, haz acuerdos con él, pero sin sobrepasar unos límites, hazle notar que le comprendes pero que hay un límite que no puede traspasar.

Si nuestro hijo se enfada constantemente debemos reflexionar si somos demasiado exigente con é

Cómo podemos ayudar a un niño para que no se enfade

  • Se cariñosa con él, dale piropos, besos, abrazos, hazle notar a tu hijo que le quieres tal y como es.
  • Demuéstrale a tu hijo que tiene cualidades maravillosas, que las valoras y las respetas
  • Ten expectativas sobre tu hijo adecuadas a su edad, debes aceptarlo tal y como es, evita enfadarte con él y decirle siempre que no, cambia la frase por «en otro momento», «luego», «más tarde».
  • Evitar criticar y juzgar a tu hijo constantemente cuando hace algo más, utiliza mejor críticas constructivas y no destructivas. No inflijas castigos que dañen, humillen o le hagan sentir mal a tu hijo.
  • Refuerza con premios a tus hijos cuando hagan las cosas bien.
  • Si nuestro hijo se enfada constantemente debemos reflexionar si somos demasiado exigente con él, o si los castigos que le damos suelen hacerse en público delante de otros niños o personas que tienen estima nuestros hijos. Esto puede provocar que se sientan humillados y frustrados y que sean más susceptibles a estar enfadados siempre.

    La disciplina es totalmente necesaria a la hora de educar a tus hijos pero esta disciplina debe compensarse con amor y con un refuerzo positivo en el momento en que hagan algo bien, tus hijos deben notar que tienen más beneficios mostrando un comportamiento positivo que uno negativo, que la reacción de pasividad de los padres ante los actos positivos de los hijos pueden provocar que los niños no sepan cual es el comportamiento adecuado y que se cierren en banda a este, castigar o enfocarse únicamente en los comportamientos negativos provoca mucha frustración en los niños por lo que lo más adecuado será tener un comportamiento equilibrado y reaccionar tanto a las cosas buenas que hagan como a las malas.

    Источник: https://www.bekiapadres.com/articulos/hijo-siempre-enfadado/

    Cómo gestionar los enfados de tus hijos (paso a paso)

    ¿Por qué nos enfadamos con nuestros hijos cuando no hacen algo bien?

    ¿Sabes diferenciar si el enfado de tus hijos es una demanda de ayuda? ¿Quieres aprender a solucionar los conflictos en los que tus hijos se comportan de manera agresiva? Y no me refiero solo a los desbordes emocionales comunes en la primera infancia (las rabietas), este artículo va pensado también para niños mayores, porque enfadarnos, nos enfadamos toda la vida.

    La rabia es una emoción potente y bien gestionada nos empodera. Durante la infancia, el enfado es una de las herramientas que utilizan los pequeños para mostrar el dolor. Ese dolor, que puede venir de una frustración o incomprensión hacia alguna situación, se transforma en conflictos que muchas veces los padres no sabemos cómo gestionar.

    Una reacción habitual por parte del adulto puede ser la de actuar a la defensiva, imponer el mando sobre esa situación y juzgar la reacción del pequeño. Sin embargo, esto no hace más que empeorar las cosas.

    En este artículo quiero proponerte un camino para gestionar los enfados de tus hijos de una manera enriquecedora para las dos partes, ¿te atreves?

    Gestiona los enfados de tus hijos en 4 pasos

    Pongámonos en una situación de ejemplo: tu hijo viene cabreado (o frustrado) del colegio o de las actividades que haga durante el día y parece que todo lo paga contigo. Se enfada, te falta al respeto o te reta, parece que te quiera hacer enfadar y llamar tu atención. ¿Crees que este niño solo quiere molestar? Tal vez te quiera mostrar que le pasa algo pero, ¿y si fuera así?

    Si tu hijo actúa con esta agresividad, rotundamente sí, le pasa algo. Está claro que se siente mal y que a ti te gustaría saber qué le pasa, pero parece que no te lo ponga fácil.

    Por una parte le entiendes y sabes que algo le pasa, que necesita sacarlo. Por otra también quieres hacer respetar tus propios límites e igual te da miedo perder tu posición de autoridad si tu hijo viene desde el enfado (¿con tu madre/padre no te has de enfadar? ¿Ah, no?).

    También puede ser que no sepas cómo ayudarle, que te vengan grandes sus problemas, su emotividad, o que sencillamente estés sobrepasado.  En estas circunstancias, puede ser que acabes cabreándote tú también en vez de estar ahí para escuchar, lo cual ayudaría mucho más a resolver las cosas, tanto a su autoestima como a la tuya.

    Te entiendo, no es fácil, pero piensa que él no sabe cómo gestionar esta situación y tú estás ahí para guiarlo y orientarlo, y sí, puedes hacerlo. Respira hondo y dite: yo puedo. 

    En el momento puntual en que tu hijo te muestra su malestar o frustración, a través del enfado hacia ti, lo que necesita tu hijo es ser escuchado, sentir que sus sentimientos son legítimos, que tiene tu amor incondicional y que estás ahí para sostenerle.

    Por todo esto, lo que te aconsejo es:

    1.Primero cálmate tú

    Si te muestras en un estado sosegado y seguro, lo va a notar y se va a calmar también. Sé consciente que tú eres su soporte y su apoyo. No te lo tomes como algo personal ni dejes que tus pensamientos de inseguridad te invadan.

    Deja a un lado las prisas, las presiones y las creencias. Si ahora no puedes hacerlo, toma aire y busca un momento en que sí puedas escucharle, pero no lo demores mucho: tu hijo necesita tu sostén y tú te sentirás mejor actuando.

    Si en su expresión de sentimientos te agrede o te ataca, puedes defenderte, frenando su golpe, o apartándote ligeramente, diciendo que le quieres y que hablaréis cuando esté más calmado.

    Si insulta u ofende, te puede servir el decir “creo que no estás hablando tú, sino la rabia que sientes”.

    Repito: no lo tomes como algo personal, ni te dejes invadir por tus inseguridades (si tienes dificultad en esto podemos trabajarlo en terapia personal).

    2. Antes o mientras les escuchas con atención, interésate por sus sentimientos, nómbralos y legitímalos

    Si no puedes entenderle, pídele y ayúdale a que se calme antes de iniciar la conversación. Tal vez antes de poder expresarse necesita mostrar sus sentimientos, y esto es lo que ya está haciendo, mostrarte la intensidad de su dolor.

    Trata de ver el mundo desde sus ojos, desde su corazón de niño. Si por su actuación no captas cómo se siente, puedes probar preguntándole directamente cómo se siente o tal vez sugiriendo “tú  ¿estás…?” o decirle “te veo.. “. Por ejemplo: ¿estás decepcionado? Te veo furioso.

    ¿Qué te parece si me cuentas lo que te pasa y veo cómo puedo ayudarte?

    Observa si hay tristeza, porque muchas veces detrás de las explosiones de rabia lo que hay es una mala gestión de la tristeza (tristeza reprimida). En este caso puedes probar con preguntas como: ”Veamos si hay algo detrás de esta rabia…” o directamente “ ¿estás triste mi amor?

    Lo último que necesita una persona frustrada, dolida o enfadada, es que le juzguemos o le cerremos puertas. Prueba a mostrarte como alguien que está a su lado, que confía en él, que puede ayudarle a sostener ese dolor que ahora siente y que está sacando en forma de rabia.

    Legitima sus sentimientos y a la vez ayúdale a gestionarlos, simplemente sosteniéndolos.

    Así le ayudarás a diferenciarse del sentimiento. Se siente así, pero no es ese sentimiento. El sentimiento es un estado que tal como ha venido también va a pasar. Y tú le quieres y estás ahí incondicionalmente.

    Como estás en un estado de seguridad, le transmites seguridad. No has de resolver nada, solamente acoger sus sentimientos, lo cual no es fácil, pero puedes hacerlo. Seguro que alguna vez te has sentido como él se siente.

    No huyas, los sentimientos se vuelven de pronto fáciles de gestionar cuando los acogemos.

    También es importante que captes bien el ritmo de lo que necesita el niño y te adaptes a ello, que conectes con él y así tu intuición te guiará. Sopesa si les estás agobiando, atosigando, dile que estás ahí y muestra que puede acudir a ti, pero no le atosigues.

    Puedes usar el efecto de la resonancia para saber cómo se está sintiendo. Este efecto dice que se está sintiendo tal y como te hace sentir a ti.

    3.Sigue escuchando con atención

    Pongamos que en este paso ya está más tranquilo y empieza a contarte lo que ha pasado, lo que le preocupa, o cómo se siente. En este punto es importante que le escuches con atención, es decir, que dejes lo que estés haciendo, le mires a los ojos y pongas todo tu esfuerzo en comprender qué te está contando.

    No des ideas ni trates de resolver nada. Solo escucha, entiende su mensaje. No es necesario que estés de acuerdo, ni has de tener prisa por hacerle ver que tú no estás de acuerdo. Sólo céntrate en comprenderlo.

    Puede ser que tu hijo hable mucho. En ese caso, después de dejarle expresarse, puedes hacer preguntas para concretar lo que ha pasado.

    También puede ser que tu hijo no cuente apenas nada, pero puedas entrever los sentimientos en su expresión o en sus actos.

    Recuerda los recursos que te mencionaba un poco más arriba: “te veo triste”, “veo que realmente te ha afectado mucho esto que te ha pasado”, “me parece que ahora no tienes ganas de hablar y lo respeto.

    Que sepas que estoy aquí si me necesitas.” Y sencillamente te quedas ahí a su lado, sosteniendo el silencio. ¿Por qué no?

    A lo largo de la conversación puedes preguntarle: ¿cómo te sientes? o ¿cómo te has sentido? Esta información es la que más nos interesa, más que los detalles de qué ha pasado, quién tuvo la culpa o cómo va a resolverse. Esto vendrá más adelante.

    Si ves que va a ser bien recibido prueba con un abrazo. Este va a comunicar más que cualquier conversación, ya que lo que necesita tu hijo es saber que estás ahí y que a través de tu ejemplo él puede estar ahí habitando ese sentimiento sin correr ningún riesgo.

    Le estás dando permiso para sentir. Es probable que del enfado pase al llanto, pues había tristeza, miedo o tensión reprimida, pero quédate ahí simplemente. Eso es permitirle sentir.

    4. Ayúdale a decidir qué va a hacer para solucionar o reparar lo que le ha pasado

    Hecho todo esto, ya tendrás la parte más importante completada y además habrás sentado las bases para que tu hijo pueda empezar a pensar y a reflexionar. Entonces puedes ayudarle a decidir qué va a hacer para solucionar o reparar lo que sea que le está pasando o le haya pasado.

    También tú puedes disponer de tu tiempo para decidir qué vas a hacer. Según la situación que sea vas a tener que intervenir (estamos hablando de niños de 8 a 12 años que no son bebés pero tampoco son jóvenes). El responsable de cuidar de ellos, de protegerlos y de educarlos eres tú.

    Pero también puede ser que sea algo que puede resolver el propio niño. Si es así, dale esa oportunidad.

    A esa edad ya tienen una capacidad de razonamiento lógico y está empezando a formarse sus valores en función de los que sus cuidadores le transmitís. Como sabes, creo que es importantísimo permitir a los niños pensar.

    En esta línea sería buena idea que te frenes antes de empezar a aconsejar o a resolver la situación en sí – espera y confía en que él pueda encontrar sus propias soluciones. Y si necesita tu opinión, siempre se la podrás dar.

    Estás ahí escuchando atentamente, ¿no es así?

    Pero primero espera y maravíllate de ver a dónde puede llegar tu hijo por sí mismo.

    Es importante que el niño piense, decida y sea escuchado. También lo es que los padres se impliquen y actúen para informarse o para defenderlo. Desde mi opinión profesional, ni veo bien que los adultos nos saltemos las capacidades del niño y ya corramos a salvarlos, ni tampoco que los desatendamos y les dejemos ahí que se las arreglen solos.

    Es necesario encontrar un punto de equilibrio. Si crees que necesitas ayuda para aprender a gestionar estas situaciones complicadas, en mi consulta encontrarás el apoyo que necesitas. Puedes ver toda la información en este enlace.

    ¿Cómo gestionas los conflictos con tus hijos? ¿Qué situación crees que te sobrepasa?

    Источник: http://www.martaocana.com/2018/07/10/1527/

    Embarazo y niños
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