Preadolescencia y desarrollo físico, consejos para los padres

8 consejos para padres con hijos preadolescentes

Preadolescencia y desarrollo físico, consejos para los padres

Cada vez con más frecuencia se escucha hablar de preadolescencia, es un periodo comprendido entre los 9 y los 12 años en el que el niño pasa de ser, precisamente, un niño a ser un adolescente.

Este concepto surge de la necesidad de designar ese periodo en que los niños están dejando de ser niños, pero aun no forman parte del grupo de los adolescentes.

Y cada vez preocupa más este periodo puesto que los niños de hoy en día maduran mucho antes de lo que lo hacían  los padres a su edad.

Consejos para padres con hijos preadolescentes

Es un periodo donde pueden surgir conflictos  difíciles de sobrellevar.

Los niños se ven más mayores y  quieren ser más independientes, mientras que los padres los siguen viendo como niños y les cuesta tolerar los cambios en su forma de ser y de actuar.

La normalización de ciertos comportamientos y la comprensión de los procesos que son típicos a estas edades nos ayudará a a atravesar esta etapa. Los siguientes consejos nos serán de utilidad a la hora de afrontar este periodo.

Consejos para padres con hijos preadolescentes

  • Autoconciencia ¿Cómo éramos nosotros de adolescentes? ¿Qué cosas nos preocupaban? Recordar nuestra propia adolescencia puede darnos una visión más empática.
  • Es aconsejable mantenernos informados, leer  algunos libros o  estar en contacto con profesionales que trabajen con niños y adolescentes. Podría resultarnos útil tanto para comprender a nuestros propios hijos como para tranquilizarnos y ayudarnos a normalizar algunos comportamientos.
  • Las normas y los límites siguen siendo importantes. Se flexibilizan y se ajustan a la edad y desarrollo del niño. Es importante que los adultos estén de acuerdo respecto a que normas son importantes y como hay que cumplirlas. Por otro lado los padres tienen que estar preparados para discutir ciertas normas y flexibilizar en algunos puntos.
  • Escuchar, escuchar y escuchar. Los preadolescentes y adolescentes huirán más que nunca de los sermones y las frases repetitivas. Sin embargo acudirán a sus padres si saben que no les sermonean ni critican continuamente.

Comunicación en la preadolescencia

  • Mucho ojo con las muestras de afecto, o por el contrario con las recriminaciones en público, sobre todo si son sus amigos. A veces podemos hacerlo sin darnos cuenta, por ejemplo decirle “eso son tonterías”. A  esta edad los niños son muy sensibles a la aprobación social y temen hacer el ridículo ante sus iguales.
  • Conoce a tu hijo DE NUEVO. Está en pleno cambio, de un día para otro puede cambiar en su forma de vestir, de actuar, de pensar…. Puede dejar de lado actividades y gustos que hasta ese momento le encantaban y aficionarse a otros gustos e intereses completamente diferentes.
  • Como padres no debemos sentirnos amenazados “por que nuestro hijo ya no nos hace tanto caso como antes”. A estas edades los amigos se convierte en una fuente de influencia poderosa, sin embargo podemos estar tranquilos, no reemplazan a los padres.
  • Respeto a la intimidad. Los preadolescentes y adolescente requieren respeto a su intimidad. Esto no significa que tengamos que desentendernos de que hacen o donde están. Podemos estar informados, por ejemplo sabiendo con que amigo esta y donde van, pero no necesitamos saber todos los detalles.

Ante todo tener paciencia, la mayoría de las situaciones problemáticas se resuelven con el paso del tiempo, la paciencia y el apoyo. Sin embargo, aunque muchos de estos comportamientos son normales y típicos de la edad no debemos bajar la guardia, la niñez y la adolescencia son periodos importantísimos en el desarrollo de la persona.

Como padres o como educadores debemos estar atentos a todos aquellos cambios que por excesivos o duraderos en el tiempo requieran de intervención profesional.

Cuando cualquier tipo de problemática este causando malestar intenso y duradero ya se en el niño o en la familia, consultar con un profesional de la pediatría o la psicología nos puede ayudar a superar ciertas dificultades

Identificar señales de preocupación en la preadolescencia

  • Cambios demasiado bruscos; peso, alimentación, estado de ánimo etc.
  • Cambios drásticos en sus rutinas o hábitos
  • Problemas para dormir
  • Propensión a la agresividad
  • Abandono o desinterés excesivo en ciertas actividades o personas
  • Absentismo escolar
  • Bajada brusca del rendimiento escolar
  • Habla o “bromea” sobre suicidio
  • Muestra ansiedad o preocupación excesiva
  • Indicios de que puede consumir o relacionarse con gente que consume ciertas sustancias: alcohol, tabaco, drogas etc.
  • Problemas con la ley
  • Desaparicion de dinero en casa

 

Los problemas situacionales o emocionales de un niño o un adolescente siempre deberían ser consultados y tratados por un profesional que nos ayude a manejar estas situaciones y, sobre todo, que ayude al niño o adolescente a sentirse bien.

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Preadolescencia y desarrollo físico, consejos para los padres

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Indice

  • ¿Qué es la preadolescencia?
  • Cambios físicos de la preadolescencia

¿Qué es la preadolescencia?

Durante la vida de tu hijo vas a notar cómo pasa por distintas etapas en las que debes saber cómo ayudarlo ante cualquier duda que pueda tener, ya que muchos de estos cambios ocurren sin el conocimiento de tu hijo y pueden hacerlo sentir extraño.

Dentro de las distintas etapas por las que tu hijo tiene que pasar hay una en especial en la que se da un cambio drástico en sus vidas, la preadolescencia, por la cual tú también pasaste y seguramente también te sentiste confundido.

La etapa de la preadolescencia suele empezar en distintas edades según el reloj biológico de cada niño, por lo que no se puede determinar la edad en la que tu hijo va a experimentarla, pero el rango se encuentra entre los 9 y los 12 años de vida.

En la infancia los niños no son conscientes de muchos aspectos personales propios, por lo que no suelen ni siquiera ser conscientes de cómo es su personalidad. Pero al entrar a la preadolescencia son conscientes de este desconocimiento, lo que les genera dudas y ansiedad.

Esta etapa es una transición entre la niñez y la adolescencia, por lo que tu hijo puede sentir que no pertenece realmente a ninguna de las dos, ya que deja de pensar como un niño, pero no cuenta con el aspecto de un adolescente.

Un preadolescente puede sentir miedo por ser aceptado en su entorno social, ya que puede haber comenzado con cambios físicos y cognitivos que lo hacen sentirse distinto a su grupo de amigos, alejándose de ellos al no sentirse identificado.

Lo anterior es algo totalmente normal ya que todos los niños entran a esta etapa en distintas edades, así que tu hijo puede tener 9 años y comenzar su preadolescencia mientras que sus amigos todavía no presentan ninguna señal.

Es importante que prestes mucha atención a las actividades de tu hijo cuando entre a la preadolescencia ya que comienza una etapa de descubrimiento por gustos y pensamientos, siendo muy sensible a la percepción y a las influencias, por lo que necesita de una guía para tomar un buen camino.

Es casi seguro que tu hijo también comience a aislarse de su familia, por lo que puede dejar de contarte sus experiencias o pensamientos, así que debes buscar la forma de no perder este contacto en su vida.

También es importante que no te conviertas en una madre o padre sobreprotector, ya que esto puede hacer que tu hijo se aleje más y te cueste ganar su confianza nuevamente, además de que necesita de su espacio para desarrollarse en esta etapa.

Durante esta edad es normal que tu hijo adopte comportamiento muy variados, además de que sus emociones también cambian constantemente, ya que las hormonas comienzan a atacar en la preadolescencia.

Cambios físicos de la preadolescencia

Las niñas suelen presentar cambios más notorios que los niños en esta etapa, pero ambos se sienten igual de confundidos con lo que experimentan, ya que no saben qué es lo que está pasando.

Las niñas comienzan con el crecimiento de su pecho, y aunque este todavía no toma la forma del pecho de una mujer adulta, ya se le puede observar la aparición del botón mamario, la elevación del pezón y de la mama.

El vello púbico también aparece dentro de esta etapa, aunque apenas comienza a apreciarse que aparece poca vellosidad en sus axilas y su área genital, pero este suele aparecer después de que su pecho crece.

La menstruación es una etapa muy importante en la vida de toda mujer, ya que puede ser muy impactante para una niña que no conoce nada al respecto, así que debes tener mucho tacto para explicarle por qué sucede esto.

La cadera también comienza a mostrar un aumento de tamaño, así que puedes notar que tu hija comienza a tomar la forma de una mujer que se seguirá desarrollando con el paso de los años y durante la adolescencia.

Los niños suelen tener un crecimiento en su área genital, además de también les aparece vello púbico en esta zona y en las axilas.

En los niños suele durar más tiempo la preadolescencia que en las niñas, ya que los cambios del cuerpo de la niña son más explosivos, mientras que los del niño son más graduales.

El acné es un rasgo característico de la preadolescencia, aunque no a todos les aparece, pero debes tener mucho tacto para cuidar a tu hijo con esta condición ya que puede hacerlo sentir mal el verse con tantos cambios y con acné.

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Hablemos de la preadolescencia: ¿cuáles son los principales cambios emocionales de esta etapa?

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La preadolescencia es una etapa que une la niñez con la adolescencia y marca el comienzo de la construcción de la identidad en nuestros hijos. Cada niño tiene su propia maduración, pero en términos generales, el período del que hablamos tiene lugar entre los 11 y 13 años.

Este es de considerable interés desde la perspectiva de la regulación emocional por varias razones. Por un lado, desde el punto de vista del desarrollo, esta fase se asocia con cambios biológicos y físicos significativos. Además, de una creciente necesidad de independencia, presiones académicas o laborales y relaciones sociales fluctuantes.

Estos desafíos, a menudo, van acompañados de una mayor labilidad emocional y de estrés.

¿Por qué sucede esto?

El propio desarrollo cerebral produce estos cambios y, por lo tanto, que los jóvenes no sean capaces de regular con éxito sus emociones, produciendo una mayor desregulación y probabilidad de padecer ansiedad o trastornos relacionados con el estrés.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Las regiones cerebrales involucradas en la generación y regulación del afecto, incluyendo el sistema límbico y la corteza prefrontal, experimentan un desarrollo estructural y funcional prolongado.

También es un momento de creciente vulnerabilidad a las psicopatologías de internalización y externalización asociadas con una mala regulación de las emociones, que incluyen depresión, ansiedad y comportamiento antisocial.

Por lo tanto, es de particular interés comprender cómo se desarrolla la regulación de las emociones durante este tiempo y cómo esto se relaciona con el desarrollo cerebral.

¿Qué caracteriza la preadolescencia?

En primer lugar, por un período de mayor reactividad emocional, inestabilidad y toma de riesgos. Existe una mayor hipersensibilidad al rechazo, una gran influencia de los amigos y del entorno, así como una especie de negación hacia el grupo original, es decir, hacia los padres.

En una investigación realizada hace unos años por Larson y cols (2002) se observó cómo los preadolescentes se volvían más negativos al inicio, pero con el paso de los años y tras la llegada a la madurez disminuía el porcentaje de estas emociones desagradables.

Las recompensas son otro punto a destacar en esta etapa, los preadolescentes muestran un mayor énfasis por estas, especialmente a nivel social. En comparación con los adultos, los jóvenes no suelen percibir o valorar el riesgo de la recompensa por su impulsividad y necesidad de refuerzo a corto plazo.

Fuente: Canva

Otros aspectos comunes de esta etapa

Existen diversos cambios que a continuación describiremos:

1. Aumento de las relaciones sociales

Pasan a ser su nueva prioridad. Los jóvenes tratan de agradar a sus amigos, ya que son su grupo de referencia. Estos adoptan sus propios pensamientos, actitudes y gustos, además se alejan de sus padres.

2. Sentimientos de miedo y vergüenza

Existe un aumento del sentido de pudor y de la vergüenza,  incluso del propio cuerpo.

3. Necesidad de intimidad

Es una etapa donde necesitan mayor intimidad, así como pasar tiempo solos, aislados o con sus amigos.

4. Labilidad emocional

Se producen cambios de humor constantes, fluctuación entra alegría y tristeza.

5. Egocentrismo y preocupación por la opinión de los demás

En esta etapa, aunque la atención se centra en uno mismo, se comienzan a preocupar mucho por la opinión de los demás, fundamentalmente la de su grupo de iguales.

6. Ataque al grupo original

En la búsqueda de su identidad, se produce un «ataque» al adulto. Cualquier mensaje que provenga de «ese mundo» será descalificado. Necesitan buscar nuevos modelos: ídolos, héroes, personajes de referencia.

7. Cambios de actitud o ideología

Llegan a producirse cambios de actitud y de ideología tan extremos que a veces son difícilmente entendibles. Necesitan desprenderse de todo lo que les pueda señalar como un niño e identificarse con los adultos. Aparecen los tatuajes y los piercings, y se produce el abandono de las tradicionales actividades extraescolares.

8. Malos hábitos

Se inicia el consumo de alcohol, del tabaco y en ocasiones, otras drogas.

9. Descubrimiento de la sexualidad

Con los cambios hormonales y físicos, arranca el descubrimiento de la sexualidad. Comienza la idea de tener pareja, vivir el enamoramiento, las sensaciones e impulsos sexuales. Por todo ello, es normal tener fantasías relacionadas con la actividad sexual o practicar la masturbación.

Estos comportamientos no deben preocuparnos, puesto que son aspectos propios del desarrollo. Es importante aprender a gestionarlos, mantener la calma y tener una buena comunicación para no entrar en conflictos constantes.

Los preadolescentes, a pesar de todo y aunque pueda parecer lo contrario, quieren estar amparados por adultos referentes, es decir, los padres. Necesitarán unos progenitores presentes que les entiendan y una sociedad que sepa guiarlos. Por tanto, será labor de todos nosotros intentar entender qué ocurre en este inicio de etapa tan compleja.

Natalia Martín
PhD en psiquiatría y neuropsicóloga
Natalia Martín Psicología

ConsejosPsicologíaAdolescencia (13-17 años) Preadolescencia (11-12 años)

Источник: https://saposyprincesas.elmundo.es/consejos/psicologia-infantil/preadolescencia/

Mantener una buena relación con su hijo preadolescente

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Mantenerse conectado cuando los niños llegan a la adolescencia y se vuelven más independientes puede resultar un desafío para los padres, pero esto es tan importante como siempre, o incluso más importante que antes.

Si bien las actividades escolares, los nuevos intereses y tener una vida social se vuelven más importantes a medida que los hijos crecen, los padres continúan siendo las anclas que les brindan amor, orientación y apoyo.

Y esa conexión les brinda una sensación de seguridad y los ayuda a generar la resiliencia que necesitan para enfrentar los vaivenes de la vida.

Qué esperar

Es probable que su hijo preadolescente se comporte como si no necesitara o quisiera su orientación y es posible que, por momentos, hasta parezca sentirse avergonzado. Este es el momento en el que los hijos comienzan a confiar más en sus pares y a pedir más espacio y privacidad (espere ver la puerta de su habitación cerrada con más frecuencia).

Por más difícil que le resulte aceptar estos cambios, intente no tomárselo como algo personal. Son todas señales de una mayor independencia.

La mejor manera de sobrellevarlas es encontrar un equilibrio: dele más espacio a su hijo expandiendo los límites, pero continúe haciendo cumplir los valores familiares y las reglas importantes de la casa.

Por ejemplo, si un hijo pide más privacidad podría permitirle ganarse el privilegio de tener una cerradura en la puerta de su cuarto si hace algunas tareas del hogar durante un determinado período de tiempo.

Pero no tiene que desentenderse de su hijo por completo. Usted continúa siendo una influencia importante; simplemente su hijo preadolescente tal vez responda mejor al ejemplo que usted le da que a las instrucciones. Por lo tanto, ponga en práctica lo que predica; y no predique tanto por un tiempo.

Si usted es un modelo de las cualidades que desea que su hijo adolescente aprenda y ponga en práctica (comunicación respetuosa, amabilidad, alimentación saludable y realización de las responsabilidades diarias sin quejarse), es más probable que su hijo las copie.

¿Qué puede hacer?

Las cosas pequeñas y sencillas pueden reforzar el vínculo. Hágase un tiempo en su horario para tener momentos especiales, aproveche las rutinas que ya comparten y demuéstrele que le importa.

He aquí algunos consejos:

  • Comidas familiares: Preparar una comida puede parecer trabajoso, especialmente después de un día extenso. Pero las comidas compartidas en familia ofrecen un tiempo valioso juntos. Por lo tanto, prográmelas y organícelas como lo haría con cualquier otra actividad. Aun cuando tenga que comprar algo precocido, siéntense a comer todos juntos. Apague el televisor e intente apagar el teléfono. Si no es posible hacerlo todas las noches, programe una cena familiar semanal que se adapte a los horarios de todos sus hijos. Haga que sea algo entretenido y que todos participen en la preparación y la limpieza. Compartir una actividad ayuda a generar una cercanía y conexión, y si todos hacen algo, tendrán una sensación de responsabilidad y trabajo en equipo.
  • Horario de ir a la cama y decir buenas noches: Es posible que su hijo ya no necesite que lo arropen, pero mantenga una rutina sistemática para la hora de irse a dormir que ayude a los preadolescentes a dormir lo suficiente para crecer sanos y fuertes. Busque una manera de poder relajarse juntos antes de irse a dormir. Lean juntos. Repasen los hechos destacados del día y conversen sobre el día siguiente. E incluso, si su hijo preadolescente ya está grande para la rutina de arroparlo cuando se acueste, nunca está demás un beso o un abrazo de buenas noches. Si no le resulta placentero, simplemente tóquele el hombro o la espalda mientras le desea unas buenas noches.
  • Compartan tiempo ordinario: Encuentre pequeñas actividades que le permitan pasar tiempo juntos. Invite a su hijo preadolescente a ir con usted a pasear al perro. Pregúntele si puede acompañarlo cuando sale a correr. Lavar el auto, hornear galletas, alquilar películas, mirar su programa favorito de televisión… todas son oportunidades de disfrutar de su compañía. Y son posibilidades para que los niños hablen de lo que están pensando. Incluso un viaje en auto es una oportunidad de vincularse. Mientras maneja, su hijo adolescente estará más predispuesto a mencionar un tema complejo. Como está concentrado en el camino, no es necesario que haga contacto visual y esto puede hacer que su hijo no se sienta incómodo.
  • Cree tiempo especial: Haga que sea una tradición celebrar los logros familiares, además de los cumpleaños o las fiestas. Poner énfasis y celebrar ocasiones menos importantes, como un buen boletín de calificaciones o haber ganado un partido de fútbol, ayuda a reforzar los lazos familiares.
  • Demuestre afecto: No subestime el valor de decirle y demostrarle a su hijo adolescente cuánto lo ama. Al hacerlo, los niños se sienten seguros y amados. Y está demostrando maneras sanas de mostrar afecto. Aun así, los preadolescentes tal vez comiencen a sentirse incómodos con las grandes demostraciones de afecto de sus padres, en especial si son en público. Tal vez rechacen un abrazo y un beso, pero debe comprender que no tienen un problema con usted. Simplemente reserve este tipo de demostraciones de afecto para los momentos en que los amigos no estén cerca. Y en público, encuentre otras maneras de demostrar que lo quiere. Una sonrisa o un saludo con la mano pueden ser una señal de cariño y a la vez se respetan los límites. Reconozca en voz alta las cualidades positivas y las habilidades de su hijo cuando las vea. Puede decirle: «¡Qué bello dibujo! ¡Es muy artístico!» o «Estuviste muy bien en la práctica de béisbol de hoy. Me encantó mirarte».
  • Involúcrese: Involúcrese en las cosas que su hijo emprenda. Si participa activamente podrán pasar más tiempo juntos y compartir experiencias. No es necesario que sea el líder del grupo Scout, el representante de los padres en la escuela o el entrenador del equipo de fútbol para participar activamente. Y es posible que su hijo desee hacer más actividades si usted no está a cargo de ellas. No pasa nada. Vaya a los partidos y los entrenamientos cuando pueda hacerlo; cuando no pueda, pregúntele cómo estuvo todo y escuche atentamente. Ayude a los hijos a superar las frustraciones y demuestre empatía si una mala jugada terminó haciendo que el equipo contrario ganara. Su actitud frente a los contratiempos le enseñará a aceptarlos y sentirse bien con ellos, además de juntar coraje para volver a intentarlo.
  • Manténgase interesado: Manténgase interesado en las ideas, los sentimientos y las experiencias de su hijo preadolescente. Si escucha lo que le está diciendo, le será más sencillo ofrecerle la orientación, la perspectiva y el apoyo que necesita. Y responder sin enjuiciar hará que sea más probable que su hijo acuda a usted si surge un problema complejo.
  • Administre los dispositivos electrónicos: A medida que los niños crecen, es más probable que tengan (y usen cada vez más) su propia tablet, computadora portátil o teléfono. Si bien el uso de dispositivos electrónicos es una manera útil de que los preadolescentes se mantengan conectados con sus amigos, el uso excesivo o sin restricciones puede dar lugar a desafíos y reducir la calidad y la frecuencia del tiempo para la familia. Establezca límites coherentes con sus valores y permita cierta libertad dentro de esos límites. Por ejemplo, no espíe las conversaciones en las redes sociales o los mensajes de texto, a menos que sea necesario para la seguridad y el bienestar de su hijo. Las aplicaciones, los programas y los módems (como Circle with Disney) pueden ayudar a hacer que se respeten los límites. Por último, asegúrese de ser un modelo de uso saludable de los dispositivos electrónicos.
  • Cambie su estilo de comunicación: La nueva independencia de su hijo preadolescente probablemente provoque algunos cambios en la comunicación. Si bien un niño pequeño agradecerá que usted resuelva un problema con su amigo conversando con la mamá, a un preadolescente esta solución le resultará difícil de aceptar. Para muchos preadolescentes, conversar sobre un desafío de la vida con sus padres ya no significa que estén buscando que los padres les den una solución; solo quieren ser escuchados y recibir apoyo. Tal vez sienta el deseo de resolver todos los problemas que su hijo preadolescente le mencione (o de llamar a sus profesores y sus amigos para enfrentar el problema directamente), pero en el caso de los problemas pequeños, recuerde que tal vez solo estén buscando un lugar para desahogarse y recibir el apoyo necesario para buscar una solución ellos mismos. Cuando escuche un problema que no requiera una solución de un adulto, puede decirle algo como: «Realmente es complicado. Entiendo por qué estás enojado. Cuentas conmigo si necesitas algo o si quieres seguir hablando de esto». Si quiere ayuda, se la pedirá. Pero su apoyo, escucha y empatía lo ayudarán a sentir que tiene las herramientas para encontrar la solución por sí mismo.

Revisado por: Maia Noeder, PhD

Fecha de revisión: julio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/preteen-esp.html

La preadolescencia, cómo afrontarla

Preadolescencia y desarrollo físico, consejos para los padres

Me ha parecido buena idea empezar el post con esta cita porque hace referencia al futuro. Y la idea de futuro es maravillosa, ya que engloba todo lo que es posible que ocurra.

Greene hace alusión a ese momento en la infancia en el que se abre una etapa, que bien podría ser la preadolescencia y todo lo que vendrá después, caracterizada por un proceso de constante cambio, de posibilidades, que pueden ser de lo más
emocionantes.

Y es que una cuestión importante, que no se debe perder de vista, tiene que ver con cómo los padres y las madres, interpretan y se enfrentan a esta etapa de la vida de sus hijos. La forma en que unos padres interpretan este período marca inevitablemente la manera de experimentarla en los niños.

La preadolescencia y todo lo que viene después: ¿es un problema?, ¿un desafío?; o, por el contrario, ¿un descubrimiento?

Voy a intentar dar algunas ideas para entender mejor este momento en la vida de cualquier niño.

Para empezar creo que existe una confusión bastante extendida sobre las etapas que conforman el periodo entre la infancia y la etapa adulta.

Es importante saber distinguir entre 3 momentos cruciales en esta transición ya que ese conocimiento ayudará a los padres a guiar a sus hijos por este proceso.

Los 3 momentos cruciales

  1. La infancia se abandona relativamente pronto. Sobre los 8 años pueden comenzar a experimentar los cambios que la preadolescencia, la primera etapa, demanda.

    Son, sobre todo, cambios musculo-esquelético, es decir, comienzan a crecer y hacerse más fuertes pero, psicológicamente, siguen siendo niños con intereses y actitudes de niños. Algunos experimentan modificaciones en su cuerpo propias de edades más tardías, antes de los 8 años, como el desarrollo de los pechos y la aparición del vello púbico.

    Cuando esto ocurre estamos hablando de una condición llamada “pubertad precoz” que requiere consejo médico.

  2. La segunda etapa es la pubertad, repleta de cambios físicos que van conformando el cuerpo del niño o niña que se convertirá en adulto.

  3. La pubertad no debe confundirse con la adolescencia, última etapa antes de la adultez, donde el niño tiene que ir aceptando psicológicamente lo que significan esos cambios corporales, es decir: cómo ser hombre o mujer en sociedad, enfrentarte a cambios internos en la forma de pensar, sentir, ver el mundo y, por supuesto, también afrontar la tarea de construir una identidad propia, entre otras. Con tantos hitos importantes que cumplir no debe extrañarnos que estén todo el día en tensión, lidiando con conflictos internos y externos. Vamos, insoportables.

Los cambios físicos y psicológicos

No sabe que va a experimentar cambios físicos y psicológicos cruciales y, ni mucho menos, qué hacer con ellos. Cuando comienzan a darse el grado de incertidumbre que puede sentir es máximo. Un día se levanta y ha crecido medio metro, otro día tienen granos en la cara, una mañana se encuentran con que les sale un pelo no sé dónde. Es un caos.

Lo primero que recomiendo a las madres y a los padres para ayudarles a afrontar esta etapa es hablar con ellos, contarles acerca de los cambios físicos que están experimentando en esta etapa preadolescente y los que están por venir. Y es que relaja mucho que alguien te diga lo que va a pasar.

Especialmente importante es esta información para las niñas, cuyos cambios corporales pueden ser poco aceptados por ellas y, como resultado de esa falta de aceptación, intentar cambiar su cuerpo a través de restricciones en la comida o por medio de cualquier otro método rápido que les lleva a situaciones perjudiciales.

La importancia del grupo de amigos

Otro asunto importante a tener en cuenta en la preadolescencia es que comienza a tener mucha importancia y, cada vez la tendrá más, el grupo de amigos. Las madres y padres se preocupan cuando ven a sus hijos iniciar una separación del grupo familiar a favor del grupo de amigos porque dejan de tener tanta comunicación con ellos.

¿Dé que hablan los jóvenes?

  • Para que cuenten sus secretillos a las madres y padres, sus miedos, los planes que el grupo propone y que no saben bien como valorar, la confianza en que sus padres son personas a las que recurrir en caso de necesidad es esencial. Esto se consigue, y lo comento cada vez que tengo ocasión, trabajando la escucha activa ante todo lo que el niño quiera comunicar: sus miedos, sus deseos, sus ilusiones o simplemente compartiendo cómo vive su día a día, sin asustarnos por lo que cuenta o censurarle determinados temas.
  • El niño tiene que tener la certeza de que puede contar cualquier cosa a sus padres que, de entrada, le prestaran su atención y le ayudaran a entender y valorar lo que les dice. La confianza es una expectativa que se va gestando con el paso del tiempo y para crearla, requiere cuidados, mimos y mucha atención a esos momentos donde el niño busca a sus padres para recabar información, estar apoyado, contar su día a día, etc. Vamos, estar ahí para ellos y ellas.

Hablando de normas…

Su flexibilización en la etapa preadolescente y en las siguientes es un asunto a tener en cuenta. Las normas en casa no pueden ser las mismas para un niño de 7 años que para uno de 11, en plena preadolescencia.

Ambas edades no conllevan las mismas necesidades y, por lo tanto, mantener unos límites demasiado estrictos y obsoletos en relación a su edad solo puede provocar conflictos innecesarios en casa.

Para no pasarse de permisivos será útil, entre otras cosas, hablar con algunas madres y padres de niños de edades similares pasa saber qué normas y límites hay establecidos en otras casas.

A veces los adultos nos olvidamos que fuimos preadolescentes y adolescentes y, que esa vivencia proporciona una información que es muy valiosa a la hora de ayudar a un niño a entender y gestionar todos los cambios que tiene por delante. Ahora como adulto volviendo la vista atrás, ¿qué te dirías si pudieras volver a la adolescencia y hablarte a ti mismo? ¿Qué te hubiera ayudado o sido útil para llevarla mejor?

Desde una confianza hacia los hijos e hijas cultivada muy tempranamente por las madres y padres, estos pueden acompañarlos en esta etapa, transmitiéndoles que, aunque tiene sus dificultades, es de lo más, si no lo más emocionante que van a vivir nunca.

Y vosotras Malasmadres, ¿estáis viviendo esta etapa?, ¿tenéis alguna duda?

Источник: https://clubdemalasmadres.com/afrontar-preadolescencia/

Criar preadolescentes: Todo lo que debe saber

Preadolescencia y desarrollo físico, consejos para los padres

A medida que nuestros hijos crecen, solemos pasar mucho tiempo pensando en lo que podría salir mal durante la adolescencia.

Nos preocupamos porque puedan ser conductores imprudentes, por el sexo sin protección, por el alcohol y las drogas, sin mencionar todo el proceso de solicitud para ir a la universidad.

Estamos tan enfocados en los desafíos de la adolescencia y en cómo responder a ellos, que tendemos a pasar por alto la etapa crucial que la precede.

La preadolescencia, a menudo conocida como los años de “transición” (definidos vagamente como el periodo entre los ocho o nueve años y los doce), es un momento de cambios monumentales en el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social de su hijo. Es un tiempo en el que aumenta la independencia, pero que también puede ser aterrador para los niños.

Entonces, si bien es completamente normal que su hijo comience a alejarse de usted y dependa más de sus amigos, los niños a esta edad siguen necesitando mucho apoyo y orientación de sus padres, incluso cuando le dicen lo contrario. Para poder ayudar, es importante comprender de qué manera están cambiando sus preadolescentes, tanto por dentro como por fuera.

Cambios físicos

Especialmente las niñas, están entrando a la pubertad a una edad más temprana de lo que solían hacerlo. No es de extrañar que comience a los 9, 10 u 11 años, y los niños tienden a ir un poco atrás de ellas.

Algunos padres sienten que sus hijos pequeños se han transformado en seres nuevos prácticamente de la noche a la mañana. “Mi hijo creció seis pulgadas y su voz cambió por completo cuando tenía once años”, dice Michael Levine, profesor de la Universidad de Rutgers.

“Guardé mensajes de su voz de niño pequeño en mi teléfono durante un año porque todo sucedió muy rápido. No estaba muy preparado para eso”.

La Dra. Laura Kirmayer, psicóloga clínica, dice que ese tipo de cambios físicos pueden provocar incomodidad, torpeza y dolores físicos reales por un crecimiento repentino extremo.

También pueden hacer que los niños se vuelvan realmente conscientes de sus cuerpos.

Y, aun así, pese a lo importantes que pueden parecer los cambios externos, no son tan fundamentales como lo que está sucediendo en el interior.

Cambios cognitivos

El principal cambio según la Dra. Kirmayer es una transformación total en la forma de pensar de su preadolescente.

A esta edad,  los niños pasan de la perspectiva más literal y ensimismada que han utilizado durante los primeros 8 años de sus vidas para ver el mundo, a lo que la Dra. Kirmayer llama un “estado metacognitivo”.

Es decir, que “empiezan a desarrollar la capacidad de ser conscientes de sus propios pensamientos, así como de los pensamientos de los demás”, explica.

Esto significa que, de repente, pueden pasar de estar completamente desinhibidos, a preocuparse por lo que otros niños piensan acerca de ellos, a querer encajar, a sentirse excluidos y compararse con sus compañeros.

“Están comenzando a darse cuenta de que hay otras opiniones, valores y puntos de vista distintos a los suyos”, dice la Dra.

Kirmayer, “y ese es un mundo completamente nuevo al que han estado expuestos hasta ahora, y que tienen que aprender a regular y tolerar”.

Cambios sociales

Dado que el sello distintivo a esta edad es que se adquiere una mayor conciencia de los demás, especialmente de los compañeros, el panorama social de la vida de su hijo cambia profundamente durante este período de maneras buenas y malas. Los principales factores sociales que surgen durante la preadolescencia incluyen:

Independencia: Debido al cambio en la forma en que se ven a sí mismos y a los demás, los preadolescentes están cada vez más en sintonía con sus compañeros y menos identificados con sus familias y sus padres. Luke Hruska cumplirá 10 años en agosto y este verano, cuando la familia se fue a sus vacaciones anuales a Watch Hill, Rhode Island, su madre, Flossie Crisp, dice que vieron un cambio dramático.

“Solía ​​ser el tipo de niño que en una fiesta de cumpleaños se quedaba al margen”, explica. “Este verano vi una gran transformación en él, parecía estar como borracho con esta recién descubierta nueva confianza en sí mismo, y salía en su bicicleta con sus amigos a las 6:30 de la mañana sin avisarnos.

Así que, sí tiene mucha más autoconfianza, pero de buenas y malas maneras, porque hay algo de arrogancia y pose”. A los 12 años, la hermana de Luke, Bea, ya está en la etapa de poner los ojos en blanco a sus padres.

“Definitivamente ha alcanzado la edad en la que se siente avergonzada de nosotros y cree que no la entendemos”, dice Crisp.

Jerarquía social y grupitos: “Los preadolescentes buscan más consejos y orientación de parte de su grupo de compañeros”, dice la Dra. Kirmayer.

“Al mismo tiempo, todos están pasando por grandes cambios físicos y cognitivos, y están sintiendo la incomodidad y la timidez que genera todo eso, y ahí es donde se puede caer en algunas de las dinámicas sociales que son realmente difíciles”.

Esta es la edad en que el acoso escolar realmente puede convertirse en un gran problema.

De hecho, la familia de Molly Cobhern se mudó a una ciudad diferente debido a su experiencia en la escuela media (middle school). “¡Mis años de preadolescencia fueron terribles!” dice Molly, quien ahora está en la preparatoria (high school).

En ese momento, su madre, Tina, admite que pensaba que el problema con la escuela era principalmente académico. No se dio cuenta de que Molly era el blanco de ataques de las “chicas malas” de su salón.

Por su personalidad, Molly no le tomaba el peso a lo malo que era, porque ella pensaba: “No me gustan estas chicas de todas maneras, yo estoy bien, estoy bien”.

Resulta que Molly no estaba bien. “Estaba molesta, enojada y frustrada, y esto impactó en su rendimiento académico. Y entonces hubo tensión en la casa por eso”, dice Tina.

“La estábamos culpando por las malas calificaciones, pero ella simplemente no estaba contenta. Le estaban llegando críticas de todos lados”. La familia se mudó después de que Molly terminó el sexto grado y su madre vio un gran cambio.

“Tenía 13 años cuando finalmente admitió que esto realmente la había afectado a un nivel más profundo”.

El código de género: El código de género es el aluvión de mensajes culturales que reciben las niñas y los niños todos los días, de parte de los medios de comunicación, de los padres y maestros, así como de los comerciales y las revistas de moda e Internet, diciéndoles lo que “significa” ser una niña o un niño: cómo deberían lucir, actuar, pensar y sentirse. “El código de género es claro y fuerte en este momento, al tiempo que sus cuerpos están cambiando”, dice la psicóloga de Harvard y consultora escolar Catherine Steiner-Adair, “y eso trae consigo todo tipo de problemas sobre lo que significa ser un niño y una niña que son perjudiciales para ambos géneros”.

Para las niñas, esta es la edad en que comienzan a surgir problemas de imagen corporal. Los estudios muestran que la autoestima en las niñas alcanza su punto máximo a los 9 años y en muchos casos disminuye drásticamente a los 12 años.

Las niñas son objetivadas y sexualizadas a una edad cada vez más temprana (solo eche un vistazo a una muñeca Bratz).

El problema y sus consecuencias se han generalizado tanto en la última década que en 2007, la American Psychological Association formó un Grupo de trabajo sobre la sexualización de las niñas. “Si creces como una niña que es objetivizada tempranamente, dice el Dr.

Douglas Bunnell, psicólogo clínico, “eso comienza a crear una representación interna de ti mismo. No se trata solo de que las personas sean susceptibles a la cultura, sino que en realidad se convierte en una parte central de la manera en que te ves a ti mismo”.

A los niños no les va mucho mejor cuando se trata de las señales culturales que reciben.

“Una de las cosas realmente difíciles para los niños a esta edad —dice la Dra.

Steiner-Adair— es que los mensajes de la cultura dominante son tan perjudiciales para ellos sobre su capacidad de amar, de tener amistades reales, de tener relaciones.

Estos mensajes les dicen que cualquier cosa que tenga que ver con sentimientos reales (amor, tristeza, vulnerabilidad) es femenino, y por lo tanto malo”.

Identidad propia: no se sorprenda si ve a su hijo probando una nueva personalidad cada dos semanas durante los años de la preadolescencia.

Si bien los niños sienten cierta presión para encajar, también están experimentando quiénes quieren ser, cómo quieren vestirse y hablar y qué tipo de humor piensan que es divertido. Pueden asumir el papel de líder una semana, del que se deja llevar a la siguiente y rebelarse la semana después de esa.

“Todavía están tratando de definir quiénes son”, dice la Dra. Kirmayer. “Entonces los ves probando diferentes tendencias. En realidad todavía están midiendo el terreno”.

Desarrollo emocional

Solo para agregar un poco más de dramatismo a los cambios que están teniendo lugar, el cerebro del preadolescente también está evolucionando con respecto al desarrollo emocional de formas que hacen que los niños sean más sensibles a sus propias emociones y a las de los demás. Desarrollan una mayor reactividad a las emociones, pero su desarrollo cerebral se retrasa en las regiones que son activas en la regulación de las emociones.

“Están jugando con la capacidad de interpretar las emociones de otras personas e incluso sus propias emociones”, dice la Dra. Kirmayer. “Es una etapa difícil, y muchos padres hablarán sobre cómo su hijo se pone repentinamente de mal humor.

Es normal que los niños de esta edad tengan estos cambios realmente intensos de emociones y de dinámicas interpersonales. Pero es histriónico. Un día es “eres mi mejor amigo” y al día siguiente es “ya no eres mi amigo”.

Puede ser realmente difícil para los padres”.

Imagínese mirar el mundo de una manera durante toda su vida y luego cambiar en el transcurso de unos cuantos meses la forma en que percibe las cosas, incluidos sus propios sentimientos y pensamientos y su lugar en el mundo. Es un nuevo territorio emocionante, a veces aterrador, en el que su preadolescente navega todos los días.

No es el mismo niño que era hace solo unos meses, pero aún necesita el apoyo y la orientación de sus padres.

Para preparar el escenario para una buena relación con su hijo a medida que avanza hacia la adolescencia, usted debe cambiar la forma en que se relaciona con él o con ella de acuerdo con los cambios sísmicos que ocurren en ellos.

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Источник: https://childmind.org/article/criar-preadolescentes-todo-lo-que-debe-saber/

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