Preadolescencia y escuela, problemas y consejos

Niñez intermedia (9 a 11 años)

Preadolescencia y escuela, problemas y consejos

Es probable que su hijo muestre ya claras señales de una creciente independencia de la familia y un mayor interés en los amigos.

Tener buenas amistades es muy importante para el desarrollo de su hijo; sin embargo, la presión de sus pares puede ser muy fuerte en esta etapa.

Los niños que se sienten bien consigo mismos son más capaces de resistir la presión negativa de los pares y toman mejores decisiones por sí mismos.

En esta etapa de su vida, es importante que los niños adquieran el sentido de la responsabilidad mientras van desarrollando su independencia. También podrían comenzar los cambios físicos de la pubertad, especialmente en las niñas. Otro cambio significativo para el cual los niños deben prepararse a esta edad es el comienzo de la escuela secundaria media (middle school).

Los siguientes son algunos aspectos del desarrollo en la niñez intermedia:

Cambios emocionales y sociales

Los niños a esta edad:

  • Establecen amistades y relaciones más fuertes y complejas con sus amigos o pares. A nivel emocional, es cada vez más importante tener amigos, especialmente los de su mismo sexo.
  • Sienten más la presión de sus pares.
  • Están más conscientes de su cuerpo a medida que se acerca la pubertad. A esta edad comienzan a surgir problemas con la imagen que tienen de su cuerpo y la alimentación.

Razonamiento y aprendizaje

Los niños a esta edad:

  • Enfrentan mayores retos académicos en la escuela.
  • Se vuelven más independientes de la familia.
  • Comienzan a entender más el punto de vista de los otros.
  • Aumentan su capacidad de atención.

Estas son algunas cosas que usted, como padre, puede hacer para ayudar a su hijo en esta etapa:

  • Dedíquele tiempo a su hijo. Hable con él de sus amigos, sus logros y los retos que deberá enfrentar.
  • Involúcrese en la escuela de su hijo. Asista a los eventos escolares; reúnase con sus maestros.
  • Motive a su hijo, tanto en la escuela como en la comunidad, a participar en actividades de grupo como algún deporte, o a que realice trabajo voluntario.
  • Ayúdelo a desarrollar su propio sentido de lo correcto y lo incorrecto. Hable con él acerca de las cosas peligrosas que sus amigos lo pueden presionar para que haga, como fumar o actividades físicas riesgosas.
  • Ayúdelo a desarrollar el sentido de la responsabilidad, asígnele tareas en la casa, como limpiar o cocinar. Hablen sobre el ahorro y enséñele a no malgastar el dinero.
  • Conozca a las familias de los amigos de su hijo.
  • Hable con su hijo sobre el respeto hacia los demás. Anímelo a ayudar a las personas necesitadas. Hable con él sobre qué hacer si alguien se comporta de manera descortés u ofensiva.
  • Ayude a su hijo a establecer sus propios objetivos. Anímelo a hablar de las habilidades y destrezas que le gustaría tener y de cómo adquirirlas.
  • Establezca reglas claras y respételas. Hable con su hijo de lo que espera de él (de su comportamiento) cuando no esté bajo la supervisión de adultos. Si usted explica la razón de las reglas, su hijo podrá saber qué hacer en la mayoría de los casos.
  • Utilice la disciplina para guiarlo y protegerlo, en lugar de usar castigos que lo hagan sentirse mal consigo mismo.
  • Cuando lo elogie, hágalo pensar en sus logros. Decirle “debes estar orgulloso de ti” en lugar de “estoy orgulloso de ti” puede animarlo a que tome buenas decisiones cuando no tenga a nadie que lo elogie.
  • Hable con su hijo sobre los cambios físicos y emocionales normales de la pubertad.
  • Anímelo a leer todos los días. Hable con él sobre sus tareas.
  • Sea afectuoso y honesto con su hijo, y hagan cosas en familia.

La seguridad de los hijos es lo primero

Al tener más independencia y menos supervisión de un adulto, los niños corren más riesgo de sufrir lesiones por caídas y otros accidentes. Estos son algunos consejos para ayudar a proteger a su hijo:

  • Proteja a su hijo cuando viaje en automóvil. La Administración Nacional de Seguridad Vial recomienda que el niño use la sillita de seguridad elevada en el automóvil hasta que alcance el tamaño adecuado para que le ajuste bien el cinturón de seguridad del vehículo. Recuerde que su hijo debe seguir viajando en el asiento de atrás hasta que cumpla los 12 años, ya que es lo más seguro para él. Los accidentes automovilísticos son la causa más común de muerte por lesión accidental entre los niños de esta edad.
  • Esté al tanto de dónde está su hijo y si habrá adultos presentes en ese lugar. Pónganse de acuerdo sobre cuándo lo debe llamar, dónde puede encontrarlo y a qué hora espera que regrese a su casa.
  • Asegúrese de que su hijo use un casco para andar en bicicleta, en patineta o en patines; al andar en motocicleta, trineo o un vehículo todoterreno; o para practicar deportes de contacto.
  • Muchos niños llegan a casa de la escuela antes de que sus padres vuelvan del trabajo. Es importante establecer reglas y planes claros que guíen a su hijo cuando esté solo en casa.

Cuerpos saludables

  • Ofrézcale a su hijo una variedad de frutas y verduras; limite los alimentos altos en grasas sólidas, azúcar agregada o sal, y prepare alimentos saludables para las comidas en familia.
  • No coloque televisores en la habitación de su hijo. Limite el tiempo que su hijo pasa frente a la pantalla, como cuando está frente a la computadora o juega videojuegos, a no más de 1 o 2 horas al día.
  • Anime a su hijo a que haga una hora diaria de actividad física que sea adecuada para su edad, que disfrute y que sea variada. Asegúrese de que su hijo haga por lo menos tres veces a la semana tres tipos de actividad: aeróbica, como correr; de fortalecimiento muscular, como escalar; y de fortalecimiento de los huesos, como saltar la cuerda.
  • Asegúrese que su hijo duerma la cantidad recomendada cada noche. Niños de 6 a 12 años: de 9 a 12 horas cada 24 horas.

Источник: https://www.cdc.gov/ncbddd/spanish/childdevelopment/positiveparenting/middle2.html

Mantener una buena relación con su hijo preadolescente

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Mantenerse conectado cuando los niños llegan a la adolescencia y se vuelven más independientes puede resultar un desafío para los padres, pero esto es tan importante como siempre, o incluso más importante que antes.

Si bien las actividades escolares, los nuevos intereses y tener una vida social se vuelven más importantes a medida que los hijos crecen, los padres continúan siendo las anclas que les brindan amor, orientación y apoyo.

Y esa conexión les brinda una sensación de seguridad y los ayuda a generar la resiliencia que necesitan para enfrentar los vaivenes de la vida.

Qué esperar

Es probable que su hijo preadolescente se comporte como si no necesitara o quisiera su orientación y es posible que, por momentos, hasta parezca sentirse avergonzado. Este es el momento en el que los hijos comienzan a confiar más en sus pares y a pedir más espacio y privacidad (espere ver la puerta de su habitación cerrada con más frecuencia).

Por más difícil que le resulte aceptar estos cambios, intente no tomárselo como algo personal. Son todas señales de una mayor independencia.

La mejor manera de sobrellevarlas es encontrar un equilibrio: dele más espacio a su hijo expandiendo los límites, pero continúe haciendo cumplir los valores familiares y las reglas importantes de la casa.

Por ejemplo, si un hijo pide más privacidad podría permitirle ganarse el privilegio de tener una cerradura en la puerta de su cuarto si hace algunas tareas del hogar durante un determinado período de tiempo.

Pero no tiene que desentenderse de su hijo por completo. Usted continúa siendo una influencia importante; simplemente su hijo preadolescente tal vez responda mejor al ejemplo que usted le da que a las instrucciones. Por lo tanto, ponga en práctica lo que predica; y no predique tanto por un tiempo.

Si usted es un modelo de las cualidades que desea que su hijo adolescente aprenda y ponga en práctica (comunicación respetuosa, amabilidad, alimentación saludable y realización de las responsabilidades diarias sin quejarse), es más probable que su hijo las copie.

¿Qué puede hacer?

Las cosas pequeñas y sencillas pueden reforzar el vínculo. Hágase un tiempo en su horario para tener momentos especiales, aproveche las rutinas que ya comparten y demuéstrele que le importa.

He aquí algunos consejos:

  • Comidas familiares: Preparar una comida puede parecer trabajoso, especialmente después de un día extenso. Pero las comidas compartidas en familia ofrecen un tiempo valioso juntos. Por lo tanto, prográmelas y organícelas como lo haría con cualquier otra actividad. Aun cuando tenga que comprar algo precocido, siéntense a comer todos juntos. Apague el televisor e intente apagar el teléfono. Si no es posible hacerlo todas las noches, programe una cena familiar semanal que se adapte a los horarios de todos sus hijos. Haga que sea algo entretenido y que todos participen en la preparación y la limpieza. Compartir una actividad ayuda a generar una cercanía y conexión, y si todos hacen algo, tendrán una sensación de responsabilidad y trabajo en equipo.
  • Horario de ir a la cama y decir buenas noches: Es posible que su hijo ya no necesite que lo arropen, pero mantenga una rutina sistemática para la hora de irse a dormir que ayude a los preadolescentes a dormir lo suficiente para crecer sanos y fuertes. Busque una manera de poder relajarse juntos antes de irse a dormir. Lean juntos. Repasen los hechos destacados del día y conversen sobre el día siguiente. E incluso, si su hijo preadolescente ya está grande para la rutina de arroparlo cuando se acueste, nunca está demás un beso o un abrazo de buenas noches. Si no le resulta placentero, simplemente tóquele el hombro o la espalda mientras le desea unas buenas noches.
  • Compartan tiempo ordinario: Encuentre pequeñas actividades que le permitan pasar tiempo juntos. Invite a su hijo preadolescente a ir con usted a pasear al perro. Pregúntele si puede acompañarlo cuando sale a correr. Lavar el auto, hornear galletas, alquilar películas, mirar su programa favorito de televisión… todas son oportunidades de disfrutar de su compañía. Y son posibilidades para que los niños hablen de lo que están pensando. Incluso un viaje en auto es una oportunidad de vincularse. Mientras maneja, su hijo adolescente estará más predispuesto a mencionar un tema complejo. Como está concentrado en el camino, no es necesario que haga contacto visual y esto puede hacer que su hijo no se sienta incómodo.
  • Cree tiempo especial: Haga que sea una tradición celebrar los logros familiares, además de los cumpleaños o las fiestas. Poner énfasis y celebrar ocasiones menos importantes, como un buen boletín de calificaciones o haber ganado un partido de fútbol, ayuda a reforzar los lazos familiares.
  • Demuestre afecto: No subestime el valor de decirle y demostrarle a su hijo adolescente cuánto lo ama. Al hacerlo, los niños se sienten seguros y amados. Y está demostrando maneras sanas de mostrar afecto. Aun así, los preadolescentes tal vez comiencen a sentirse incómodos con las grandes demostraciones de afecto de sus padres, en especial si son en público. Tal vez rechacen un abrazo y un beso, pero debe comprender que no tienen un problema con usted. Simplemente reserve este tipo de demostraciones de afecto para los momentos en que los amigos no estén cerca. Y en público, encuentre otras maneras de demostrar que lo quiere. Una sonrisa o un saludo con la mano pueden ser una señal de cariño y a la vez se respetan los límites. Reconozca en voz alta las cualidades positivas y las habilidades de su hijo cuando las vea. Puede decirle: «¡Qué bello dibujo! ¡Es muy artístico!» o «Estuviste muy bien en la práctica de béisbol de hoy. Me encantó mirarte».
  • Involúcrese: Involúcrese en las cosas que su hijo emprenda. Si participa activamente podrán pasar más tiempo juntos y compartir experiencias. No es necesario que sea el líder del grupo Scout, el representante de los padres en la escuela o el entrenador del equipo de fútbol para participar activamente. Y es posible que su hijo desee hacer más actividades si usted no está a cargo de ellas. No pasa nada. Vaya a los partidos y los entrenamientos cuando pueda hacerlo; cuando no pueda, pregúntele cómo estuvo todo y escuche atentamente. Ayude a los hijos a superar las frustraciones y demuestre empatía si una mala jugada terminó haciendo que el equipo contrario ganara. Su actitud frente a los contratiempos le enseñará a aceptarlos y sentirse bien con ellos, además de juntar coraje para volver a intentarlo.
  • Manténgase interesado: Manténgase interesado en las ideas, los sentimientos y las experiencias de su hijo preadolescente. Si escucha lo que le está diciendo, le será más sencillo ofrecerle la orientación, la perspectiva y el apoyo que necesita. Y responder sin enjuiciar hará que sea más probable que su hijo acuda a usted si surge un problema complejo.
  • Administre los dispositivos electrónicos: A medida que los niños crecen, es más probable que tengan (y usen cada vez más) su propia tablet, computadora portátil o teléfono. Si bien el uso de dispositivos electrónicos es una manera útil de que los preadolescentes se mantengan conectados con sus amigos, el uso excesivo o sin restricciones puede dar lugar a desafíos y reducir la calidad y la frecuencia del tiempo para la familia. Establezca límites coherentes con sus valores y permita cierta libertad dentro de esos límites. Por ejemplo, no espíe las conversaciones en las redes sociales o los mensajes de texto, a menos que sea necesario para la seguridad y el bienestar de su hijo. Las aplicaciones, los programas y los módems (como Circle with Disney) pueden ayudar a hacer que se respeten los límites. Por último, asegúrese de ser un modelo de uso saludable de los dispositivos electrónicos.
  • Cambie su estilo de comunicación: La nueva independencia de su hijo preadolescente probablemente provoque algunos cambios en la comunicación. Si bien un niño pequeño agradecerá que usted resuelva un problema con su amigo conversando con la mamá, a un preadolescente esta solución le resultará difícil de aceptar. Para muchos preadolescentes, conversar sobre un desafío de la vida con sus padres ya no significa que estén buscando que los padres les den una solución; solo quieren ser escuchados y recibir apoyo. Tal vez sienta el deseo de resolver todos los problemas que su hijo preadolescente le mencione (o de llamar a sus profesores y sus amigos para enfrentar el problema directamente), pero en el caso de los problemas pequeños, recuerde que tal vez solo estén buscando un lugar para desahogarse y recibir el apoyo necesario para buscar una solución ellos mismos. Cuando escuche un problema que no requiera una solución de un adulto, puede decirle algo como: «Realmente es complicado. Entiendo por qué estás enojado. Cuentas conmigo si necesitas algo o si quieres seguir hablando de esto». Si quiere ayuda, se la pedirá. Pero su apoyo, escucha y empatía lo ayudarán a sentir que tiene las herramientas para encontrar la solución por sí mismo.

Revisado por: Maia Noeder, PhD

Fecha de revisión: julio de 2018

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/preteen-esp.html

La preadolescencia, cómo afrontarla

Preadolescencia y escuela, problemas y consejos

Me ha parecido buena idea empezar el post con esta cita porque hace referencia al futuro. Y la idea de futuro es maravillosa, ya que engloba todo lo que es posible que ocurra.

Greene hace alusión a ese momento en la infancia en el que se abre una etapa, que bien podría ser la preadolescencia y todo lo que vendrá después, caracterizada por un proceso de constante cambio, de posibilidades, que pueden ser de lo más
emocionantes.

Y es que una cuestión importante, que no se debe perder de vista, tiene que ver con cómo los padres y las madres, interpretan y se enfrentan a esta etapa de la vida de sus hijos. La forma en que unos padres interpretan este período marca inevitablemente la manera de experimentarla en los niños.

La preadolescencia y todo lo que viene después: ¿es un problema?, ¿un desafío?; o, por el contrario, ¿un descubrimiento?

Voy a intentar dar algunas ideas para entender mejor este momento en la vida de cualquier niño.

Para empezar creo que existe una confusión bastante extendida sobre las etapas que conforman el periodo entre la infancia y la etapa adulta.

Es importante saber distinguir entre 3 momentos cruciales en esta transición ya que ese conocimiento ayudará a los padres a guiar a sus hijos por este proceso.

Los 3 momentos cruciales

  1. La infancia se abandona relativamente pronto. Sobre los 8 años pueden comenzar a experimentar los cambios que la preadolescencia, la primera etapa, demanda.

    Son, sobre todo, cambios musculo-esquelético, es decir, comienzan a crecer y hacerse más fuertes pero, psicológicamente, siguen siendo niños con intereses y actitudes de niños. Algunos experimentan modificaciones en su cuerpo propias de edades más tardías, antes de los 8 años, como el desarrollo de los pechos y la aparición del vello púbico.

    Cuando esto ocurre estamos hablando de una condición llamada “pubertad precoz” que requiere consejo médico.

  2. La segunda etapa es la pubertad, repleta de cambios físicos que van conformando el cuerpo del niño o niña que se convertirá en adulto.

  3. La pubertad no debe confundirse con la adolescencia, última etapa antes de la adultez, donde el niño tiene que ir aceptando psicológicamente lo que significan esos cambios corporales, es decir: cómo ser hombre o mujer en sociedad, enfrentarte a cambios internos en la forma de pensar, sentir, ver el mundo y, por supuesto, también afrontar la tarea de construir una identidad propia, entre otras. Con tantos hitos importantes que cumplir no debe extrañarnos que estén todo el día en tensión, lidiando con conflictos internos y externos. Vamos, insoportables.

Los cambios físicos y psicológicos

No sabe que va a experimentar cambios físicos y psicológicos cruciales y, ni mucho menos, qué hacer con ellos. Cuando comienzan a darse el grado de incertidumbre que puede sentir es máximo. Un día se levanta y ha crecido medio metro, otro día tienen granos en la cara, una mañana se encuentran con que les sale un pelo no sé dónde. Es un caos.

Lo primero que recomiendo a las madres y a los padres para ayudarles a afrontar esta etapa es hablar con ellos, contarles acerca de los cambios físicos que están experimentando en esta etapa preadolescente y los que están por venir. Y es que relaja mucho que alguien te diga lo que va a pasar.

Especialmente importante es esta información para las niñas, cuyos cambios corporales pueden ser poco aceptados por ellas y, como resultado de esa falta de aceptación, intentar cambiar su cuerpo a través de restricciones en la comida o por medio de cualquier otro método rápido que les lleva a situaciones perjudiciales.

La importancia del grupo de amigos

Otro asunto importante a tener en cuenta en la preadolescencia es que comienza a tener mucha importancia y, cada vez la tendrá más, el grupo de amigos. Las madres y padres se preocupan cuando ven a sus hijos iniciar una separación del grupo familiar a favor del grupo de amigos porque dejan de tener tanta comunicación con ellos.

¿Dé que hablan los jóvenes?

  • Para que cuenten sus secretillos a las madres y padres, sus miedos, los planes que el grupo propone y que no saben bien como valorar, la confianza en que sus padres son personas a las que recurrir en caso de necesidad es esencial. Esto se consigue, y lo comento cada vez que tengo ocasión, trabajando la escucha activa ante todo lo que el niño quiera comunicar: sus miedos, sus deseos, sus ilusiones o simplemente compartiendo cómo vive su día a día, sin asustarnos por lo que cuenta o censurarle determinados temas.
  • El niño tiene que tener la certeza de que puede contar cualquier cosa a sus padres que, de entrada, le prestaran su atención y le ayudaran a entender y valorar lo que les dice. La confianza es una expectativa que se va gestando con el paso del tiempo y para crearla, requiere cuidados, mimos y mucha atención a esos momentos donde el niño busca a sus padres para recabar información, estar apoyado, contar su día a día, etc. Vamos, estar ahí para ellos y ellas.

Hablando de normas…

Su flexibilización en la etapa preadolescente y en las siguientes es un asunto a tener en cuenta. Las normas en casa no pueden ser las mismas para un niño de 7 años que para uno de 11, en plena preadolescencia.

Ambas edades no conllevan las mismas necesidades y, por lo tanto, mantener unos límites demasiado estrictos y obsoletos en relación a su edad solo puede provocar conflictos innecesarios en casa.

Para no pasarse de permisivos será útil, entre otras cosas, hablar con algunas madres y padres de niños de edades similares pasa saber qué normas y límites hay establecidos en otras casas.

A veces los adultos nos olvidamos que fuimos preadolescentes y adolescentes y, que esa vivencia proporciona una información que es muy valiosa a la hora de ayudar a un niño a entender y gestionar todos los cambios que tiene por delante. Ahora como adulto volviendo la vista atrás, ¿qué te dirías si pudieras volver a la adolescencia y hablarte a ti mismo? ¿Qué te hubiera ayudado o sido útil para llevarla mejor?

Desde una confianza hacia los hijos e hijas cultivada muy tempranamente por las madres y padres, estos pueden acompañarlos en esta etapa, transmitiéndoles que, aunque tiene sus dificultades, es de lo más, si no lo más emocionante que van a vivir nunca.

Y vosotras Malasmadres, ¿estáis viviendo esta etapa?, ¿tenéis alguna duda?

Источник: https://clubdemalasmadres.com/afrontar-preadolescencia/

Por qué los preadolescentes y adolescentes pueden frustrarse con la escuela, y qué decir para ayudar

Preadolescencia y escuela, problemas y consejos

La escuela puede ser realmente difícil para algunos niños. Y a medida que las clases se vuelvan más complejas en los grados superiores, las frustraciones e inseguridades de los estudiantes pueden aumentar. Su preadolescente o adolescente podría empezar a cuestionar la importancia de la escuela, o podría amenazar con abandonar una asignatura o la escuela.

A pesar de lo preocupante que esto pueda ser, su hijo probablemente no lo hace solo para exasperarlo. Entender con qué está lidiando su hijo puede ayudarlo a encontrar soluciones para hacer de la escuela un lugar más tolerable. Y lo que usted diga, y cómo lo diga, puede ayudar a cambiar la actitud de su hijo.

A continuación se presentan algunas situaciones comunes y sugerencias para manejarlas.

Su hijo no está interesado en las asignaturas o lecciones

Cómo podría lucir: Al revisar las clases que se ofrecen o el horario del próximo semestre, su hijo se queja: “¿Estás hablando en serio? ¿Para qué sirven todas estas clases?”.

Usted podría estar tentado a decir: “Bueno, la escuela considera que todas son materias importantes”.

En cambio, intente decir: “¿Qué te gustaría aprender el próximo año? ¿Qué piensas que podría serte útil? Revisemos las descripciones juntos y veamos cuáles te parecen interesantes”.

¿Por qué decir esto?: Es posible que los chicos no sepan de qué se trata la asignatura solo por su título. Cuando su hijo vea qué temas se abordarán, podría parecerle más interesante.

O tal vez su hijo pueda cambiarse a otra clase. Cuando los estudiantes pueden elegir las asignaturas que cursarán se sienten más motivados. Algunas materias puede que sean obligatorias, pero destaque las opciones que tiene. Por ejemplo, puede que todos los estudiantes tengan que tomar una materia de ciencias, pero podrían decidir si es física, biología o química.

Su hijo está obteniendo malas calificaciones

Cómo podría lucir: El maestro de su hijo lo llama a casa (de nuevo) para hablar sobre una mala calificación en matemáticas. Su hijo estalla: “¡No me importa! Simplemente no puedo hacer estas cosas. ¡Detesto ese lugar!”.

Usted podría estar tentado a decir: “Lo siento, pero tu obligación es ir a la escuela”.

En cambio, intente decir: “Sé que las matemáticas te resultan difíciles, pero tu frustración me indica que te importa. Si no te importara, no reaccionarías así. Y ya que te importa, vamos a encontrar la manera de hacer que la clase de matemáticas sea mejor. Reunámonos con tu maestro y buscar soluciones”.

¿Por qué decir esto?: Que a los chicos les vaya mal en la escuela constantemente, puede frustrarlos e incluso desmotivarlos. Escuchar ideas y estrategias que aún no han probado puede motivarlos a seguir adelante.

Su hijo piensa que la escuela solo es necesaria para ingresar a la universidad

Cómo podría lucir: Las clases de preparación para el SAT están agotando a su hijo. Usted podría escuchar: “De todas maneras nunca me van a aceptar en la universidad, así que no sé para qué tengo que ir a la escuela”.

Usted podría estar tentado a decir: “Tú irás a la universidad. ¡Y estos exámenes son para ayudarte a ingresar!”.

En cambio, intente decir: “Presentar el SAT no significa que tengas que ir a la universidad. El propósito del bachillerato es abrirte distintas oportunidades para el futuro. Eso podría incluir ir a la universidad, o no. Esos exámenes son difíciles.

Así que vamos a asegurarnos de que recibas el apoyo necesario para demostrar lo que sabes. Y si no te gusta la idea de ir a la universidad, entonces podemos hablar con el equipo de orientación sobre las diferentes opciones disponibles una vez que te gradues”.

¿Por qué decir esto?: Los preadolescentes y adolescentes tienden a vivir en el momento, y puede que tengan dificultad para imaginar el futuro con claridad.

Eso les dificulta analizar los costos y beneficios de sus decisiones.

Lo que usted puede hacer ahora es ayudar a su hijo a tomar decisiones que mantengan las opciones abiertas en el futuro, cuando su joven adulto esté preparado para pensar a largo plazo.

Su hijo siente que nadie lo entiende

Cómo podría lucir: Su hijo tiene dificultades con la lectura, tal como le sucedió a usted, y realmente se le está dificultando la escuela. Usted podría escuchar: “Es demasiado difícil para mí. Seguro que no fue así para ti”.

Usted podría estar tentado a decir: “Lo logré porque trabajé duro y no me compadecía de mí mismo. Y salí adelante”.

En cambio, intente decir: Mis dificultades con la lectura también hicieron que la escuela fuera difícil para mí. Sentía envidia de otros niños a los que se les hacía fácil. Pero dime, ¿cómo te sientes en la clase de inglés?

¿Por qué decir esto?: Escuchar y validar las emociones de su hijo puede ayudarlo a sentirse menos solo y evitar que sienta lástima de sí mismo. Esto demuestra que a usted le importa y que no asume que sus experiencias son exactamente las mismas. Esa comprensión puede ayudarlo a colaborar en la búsqueda de soluciones a los desafíos específicos de su hijo.

Su hijo lo ha intentado e intentado, y está a punto de rendirse

Cómo podría lucir: Después de muchos meses de amenazar con abandonar la escuela, su hijo se puso firme y dijo: “No regresaré”.

Usted podría estar tentado a decir: “Oh sí, claro que lo harás”.

En cambio, intente decir: “¿Y ahora qué? Comprendo que te has sentido frustrado por mucho tiempo. Hemos intentado muchas cosas, pero darse por vencido y no hacer nada no es una opción. ¿Qué deberíamos hacer ahora?”.

¿Por qué decir esto?: Los jóvenes adultos a menudo se sienten fortalecidos cuando tienen más control de su futuro después de años de sentirse derrotados. Revisen juntos alternativas en su localidad, como los programas de las escuelas magnet y charter. Revise los cursos de preparación para el GED. Considere investigar escuelas en línea.

Puede que usted tenga que guiar a su hijo a través del proceso de explorar sus opciones, pero el proceso le demostrará que hay alternativas disponibles. Y juntos podrían decidir que después de todo, la actual escuela es la mejor opción.

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Источник: https://www.understood.org/es-mx/learning-thinking-differences/understanding-childs-challenges/talking-with-your-child/why-your-teen-or-tween-may-be-frustrated-with-school-and-what-you-can-say-to-help

Consejos para padres con hijos preadolescentes

Preadolescencia y escuela, problemas y consejos

No son pequeños pero tampoco mayores.

Existen multitud de foros en los que padres preocupados preguntan a qué edad empieza la preadolescencia (¿10 años? ¿12 años?), y dado que los tiempos han cambiado, que aparentan ser mayores de lo que éramos nosotros a su edad y que no sabemos, por ejemplo, cómo enseñar a nuestros hijos a protegerse en las redes sociales, conviene que eches un ojo a estos consejos para padres con hijos preadolescentes.

¿A qué edad empieza la preadolescencia?

Ésta es la pregunta del millón. La versión oficial dice que es un período comprendido entre los 9 y los 12 años pero, como todo en la vida, esto no es matemático, depende de cómo sea tu hijo.

Ten por seguro que será preadolescente cuando en “la construcción de su yo intervengan cambios corporales, conductuales y emocionales” tal y como explica la psicóloga infantil Sara Tarrés en 'Cambios emocionales en la preadolescencia' de Guía Infantil.

Quizás se muestre demasiado frío (y cortante), seguramente conteste con monosílabos y, por supuesto, no querrá que muestres afecto por él/ella en público, menos si hay alguien de su edad cerca. Su comportamiento ambivalente puede ser desconcertante e incluso desagradable.

Los tiempos han cambiado

Los niños de hoy están viviendo experiencias muy diferentes a las que nosotros vivimos, en parte por la aparición de internet y las redes sociales (no dejes de leer 'Cómo detectatar los 4 tipos de bullying más comunes' o '¿Qué es el sexting y cómo proteger a los adolescentes?').

La buena noticia es que, en muchas ocasiones, demuestran mayor madurez y una actitud de confianza. Aún así hay una brecha generacional enorme.

Como padres, estamos tratando con problemas que nuestros propios padres jamás soñaron, y a menudo nos sentimos menos preparados de lo que estaban ellos cuando nosotros nos convertimos en preadolescentes.

Criar a un niño ya no se basa en establecer normas estrictas. De hecho, el portal de psicología Cepvi advierte en el artículo 'Pre-adolescentes: cómo modificar su comportamiento' que “los padres que utilizan un castigo intenso, suelen fomentar en sus hijos comportamientos agresivos y violentos”.

Muy pocos hemos educado a nuestros hijos para que obedezcan ciegamente.

Sin embargo, sabemos que es mucho mejor tener niños que piensen, reflexionen y usen la cabeza, a prohibir y convertir a los chavales en ignorantes que no pueden ver las consecuencias de sus actos y que en cuanto se les presenta la ocasión, deciden saltarse las reglas.

1. Cenad juntos

Procura encontrar un hueco en el día para pasar tiempo y hablar con tus hijos. El mayor reto con los preadolescentes es captar su atención. Si estableces el hábito de charlar sobre cómo le ha ido el día durante la cena, conseguirás establecer un poco de complicidad entre vosotros.

2. Fuera móvil en la mesa y el coche

Empieza por ti, sírvele de ejemplo. Si te conectas a o chateas por Whatsapp al comer o al volante, tu hijo imitará tu comportamiento. Pon la norma de que nadie puede interactuar en el mundo digital mientras estéis en espacios como el coche o la mesa, de esta forma favorecerás la conversación.

3. Demuestra cariño sutilmente

La psicoterapeuta de 'Mother of Family Therapy', Virginia Satir dice que “necesitamos cuatro abrazos diarios para sobrevivir. Ocho abrazos diarios para mantenernos y doce abrazos diarios para crecer”.

Los preadolescentes suelen evitar las muestras de afecto, a pesar de que las necesitan. Ante esto puedes buscar alternativas para demostrarle cariño, como por ejemplo revolverle o alisarle el pelo cariñosamente o darle un toquecito en la nariz.

No hace falta que sea constantemente, pero sí debe estar presente.

4. Actualízate

El mundo tecnológico cambia constantemente. Salen nuevas apps; las redes sociales que antes estaban de moda, ahora no lo están; hoy mola un videojuego y mañana no. Muchos preadolescentes saben que sus padres no tienen ni idea de tendencia digital y ellos no van a ser quienes se lo expliquen porque “es guay” que tus padres no sepan.

Por tanto, debes acostumbrarte a estar al día de lo último en apps, redes sociales, gadgets, videojuegos, etc. y comprobar cómo lo están utilizando tus hijos para poner límites.

Te recomendamos que visites nuestra sección Actualízate donde abordamos temas como ¿Por qué mis hijos están como locos con Dubsmash?, ¿Qué es Instagram Live?, etc.

5. Conoce a sus amigos

No puedes elegir a los amigos de tu hijo, pero sí saber quiénes son. Dado que posiblemente te van a apartar de su mundo, saber quiénes son, con quién están y lo que están haciendo es clave.

¿Lo mejor? Conviértete en el padre que organiza los mejores planes, así tus hijos se acostumbrarán a que estés presente cuando está con sus amigos.

Y, ojo, presta atención: si tus hijos están hablando de alguien del que nunca le has oído hablar, sugiérele que le invite al próximo plan para conocerle en persona.

6. Saber qué les gusta

Lo sabemos, hablar de Pokémon o Yokai-Watch, de los últimos rs o de cualquier cosa relacionada con Minecraft es aburrido, pero es importante que tus hijos sientan que muestras interés por las cosas que les gustan. Si estás dispuesto a comprender por qué les importa lo que les importa construirás una gran relación que se prolongará a lo largo de los años.

7. Compartid un hobby

¿Qué tal si, por ejemplo, empezáis a correr juntos? No sólo es una forma de inculcarle un hábito saludable si no que ayudará a apaciguar sus revolucionadas hormonas pre-adolescentes y a activar tu metabolismo. Si no es correr, opta por otra cosa (como ir a clases de pintura), lo importante es hacer algo que genere un vínculo, un punto común, algo especial que defina vuestra relación.

8. Deja que fracase (o tenga éxito)

Asúmelo, tu hijo ya no necesita que le vigiles por si mete los dedos en el enchufe, se come una moneda o se cae a la mínima.

Ese tiempo ya pasó, pero a los padres de preadolescentes nos cuesta romper el hábito de protegerles. Lo mejor es que te vayas acostumbrando a dar espacio a tus hijos para que prueben cosas por su cuenta.

De este modo, cuando sea el momento de dejarlos ir, sabrás que podrán valerse por sí mismos cuando estén solos.

Derechos de imagen: Karen Borter, Julie phillips

Источник: https://www.eldiario.es/educo/adolescentes-consejos-parentalidad-positiva-familia-tips_132_3520698.html

Embarazo y niños
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