Pulpo nervioso

El cerebro del pulpo: uno de los animales más inteligentes

Pulpo nervioso

Vivimos en un planeta repleto de seres vivos fascinantes. Más allá del humano, que ha sido capaz de construir civilizaciones enteras con entramados tecnológicos y sociales sin ningún parangón, otras especies también muestran destrezas y características increíbles.

Existen aves capaces de volar a decenas de kilómetros por hora, mamíferos cuyo tamaño supera al de un pequeño edificio y felinos que pueden detectar presas en la más absoluta oscuridad. Habilidades dignas del superhéroe de cualquier cómic.

Pero entre la extensa biodiversidad que aún puebla la tierra, lamentablemente cada vez menor, habita un animal cuyas propiedades son especialmente reseñables: el pulpo, del que se han identificado unas 300 variedades distintas (cefalópodos).

En este artículo nos detendremos a analizar qué lo hace tan fascinante, con un especial énfasis en la anatomía y las propiedades del cerebro del pulpo, órgano que lo dota de una cognición única.

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¿Cómo es el cerebro del pulpo?

Lo primero que llama la atención al observar el cerebro del pulpo es que se trata, con gran diferencia, del más grande de entre todos los que poseen los invertebrados. Así, domina en la cúspide de la pirámide a toda una categoría cuyos representantes se cuentan por decenas de miles (unos 55.000).

Además, dispone del mayor ratio en la ecuación del peso relativo de su cerebro respecto al cuerpo, dentro de esta misma clasificación, un indicador común para inferir la inteligencia de cualquier ser vivo. Esta es una representación del mismo, que aparece en The Anatomy of the Nervous System of Octopus Vulgaris, de J. Z.

Young:

La proporción entre el tamaño del cuerpo del pulpo y su cerebro es similar a la que puede verse en mamíferos como las ballenas, las cuales han podido demostrar grandes dotes intelectuales y habilidades sociales sofisticadas.

Además, el número de neuronas (en bruto) es cercano al de un perro, animal que ha acompañado al hombre desde el albor de los tiempos y que se alza como uno de sus compañeros más fieles.

Este hecho supone una excepción evolutiva que ha atraído el interés de toda la comunidad científica.

Su cerebro nuclear, inserto en una cápsula de cartílago dentro de la cabeza (no tiene ningún hueso), representa solo un discreto porcentaje de la extensión total del sistema nervioso.

El resto de neuronas que lo conforman se ubican en sus tentáculos, dispuestas como ganglios interconectados (minicerebros), y dando forma a una complejísima constelación de células (100.000.000-500.000.

000) que reaccionan de forma tremendamente rauda a circunstancias ambientales detonantes, lo que conforma un sistema único en la zoología.

Si analizamos la distribución de su sistema nervioso, observamos que únicamente el 10% del mismo se ubica en la zona previsible para los mamíferos: el interior de la cabeza.

El 30% se localiza en dos grandes lóbulos (15% para cada caso) que lindan con su superficie lateral (tras ambos ojos) y que tienen como función el procesamiento de los estímulos visuales.

Por último, el 60% restante se encuentra repartido entre todos los tentáculos, de manera que el mayor porcentaje de neuronas del que dispone este animal está presente en casi la totalidad de su masa corporal.

En el cerebro del pulpo, alineados de forma contigua, se encuentran órganos que permiten al animal orientar su posición en el espacio en los lugares que la luz no puede alcanzar (pues algunos viven en las profundidades abisales), lo que se complementa con un par de ojos extraordinariamente adaptados a la oscuridad (y similares en cuanto a estructura a los de los humanos). Hablamos de los estatocistos; que comparten con especies como los bivalvos, los equinodermos y los crustáceos.

En términos generales, el pulpo cuenta con un cerebro múltiple, y no solo con una estructura nerviosa ubicada en el interior de su cabeza. Este órgano se distribuye a lo largo de todo el cuerpo formando ganglios que controlan cada una de sus extremidades, y que lo dotan de una enorme capacidad adaptativa.

Se trata de una estructura distinta a la de los mamíferos, una «alternativa» evolutiva que nos podría proporcionar información sobre formas de conciencia que todavía escapan a nuestra comprensión (y que recientemente han sido usadas para diseñar inteligencias artificiales robóticas).

La inteligencia del pulpo

Si nos remontamos a la historia evolutiva de los pulpos, encontramos que representan un ejemplo de inteligencia extraordinario no solo en la categoría a la que pertenecen, sino en el reino animal en su conjunto.

Son seres vivos más antiguos que los propios dinosaurios, que han contado con la oportunidad de sobrevivir durante millones de años para forjar destrezas cognitivas refinadas, y que constituyen uno de los mayores ejemplos de intelecto pretérito a los que podemos acceder.

Los estudios que se han realizado sobre esta cuestión han demostrado que son capaces de usar herramientas (como cáscaras de coco en las que guarecerse) y aprender a través de la observación de otros pulpos resolviendo algún problema, manteniendo lo asimilado durante días sin necesidad de ensayarlo. Además, el pulpo (en sus más de 300 especies) tiene una capacidad única: y es que cada uno de sus tentáculos puede “pensar” por sí mismo.

Más concretamente, cuando un pulpo observa una situación ante la que ha de actuar (una presa de la que alimentarse o un depredador del que huir), pone en marcha una reacción en la que participa cada una de las partes de su cuerpo, con el fin de determinar el patrón más eficiente de conducta. De esta forma, y debido a la multiplicidad posicional de la que dispone (pues carece de articulaciones), es capaz de seleccionar una enorme variedad de acciones para resolver problemas (desde abrir frascos hasta salir de laberintos complejos).

El proceso que se pone en marcha es distinto al de los seres humanos.

En nuestro caso, las exigencias de la situación se cotejan con un esquema corporal restringido (osamenta rígida y pobremente articulada), lo que se traduce en reacciones limitadas para resolver situaciones.

El pulpo es tan flexible que no precisa considerar sus límites corporales, por lo que solo almacena patrones conductuales que se activan cuando lo necesita, ofreciendo con ello una respuesta más rápida y eficaz para lidiar con las demandas ambientales.

Además de todo ello, el cerebro distribuido en los tentáculos puede establecer comunicación con el resto de las extremidades del pulpo, de modo que se coordinan sin enredarse (lo que supondría un riesgo vital).

Esto se debe a que cada uno de los ganglios no solo se conecta con el cerebro centralizado, sino que también lo hace con los demás, posibilitando con ello una motricidad fina extraordinaria.

Todo se ve potenciado por el hecho de que el cerebro ubicado en la cabeza apenas participa en el momento en el que actúan las ventosas del resto de sus apéndices, que cuentan con su propio albedrío.

Se ha observado que la sección de uno de los tentáculos (pueden mutilarse a sí mismos al intentar escapar) no implica que este pase a «morir» inmediatamente, sino que seguiría moviéndose y actuando con propósito durante aproximadamente una hora, confirmando que dispone de autonomía. Por este motivo, pese a estar separados del cuerpo, pueden asumir decisiones como camuflarse (salvaguardarse del peligro) y reconocer otro tentáculo distinto como una parte de sí mismo (a través de una especie de receptores químicos ubicados en las ventosas).

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La personalidad del pulpo

Además de poseer gran inteligencia, existen evidencias de que los cefalópodos disponen de rasgos estables de personalidad que los diferencian de una manera muy notable, y que incluso tienen tendencia a agruparse según el grado de similitud (demostrando preferencias de tipo social). Algunos de ellos son huraños y pasan la mayor parte del tiempo encerrados en cuevas, las cuales taponan con rocas para aumentar su privacidad (su elasticidad les permite «colarse» en casi cualquier agujero).

También existen pulpos muy agresivos, hasta el punto de ser capaces de atacar y devorar a otros pulpos.

Por otra parte, pueden formarse una idea de los seres humanos con los que se sienten cómodos o incómodos, que les gustan o les desagradan; forjando un recuerdo que se mantiene meses o incluso años (mostrando un amplio almacén de memoria a largo plazo). Al ser animales que no tienen una larga esperanza de vida, puede decirse que crean memorias que se extienden a lo largo de su ciclo de existencia.

Por último, se ha demostrado que los pulpos son proclives a jugar con otros miembros de su especie, siendo esta una conducta que ha sido clasificada como indicador de elevada inteligencia en el ámbito de la etología.

Y es que se trata de una acción que no pretende garantizar la supervivencia ni se explica como una reacción ante contingencias ambientales inmediatas, sino que tiene como fin el disfrute y el ocio sin mayor pretensión.

Este hábito recreativo se observa de manera exclusiva en las especies más complejas, sobre todo entre las vertebradas.

Otras cosas fantásticas de los pulpos

Hasta este punto, ha quedado claro que los pulpos son animales fascinantes. Más allá de su historia (la cual se remonta 33.000.

000 de años), de su sorprendente inteligencia y de su capacidad para tener una personalidad propia; disponen también de una serie de características adicionales que los convierten en uno de los animales mejor adaptados y preparados para la supervivencia (al fin y al cabo lo llevan haciendo desde hace mucho, mucho tiempo).

Así, por ejemplo, son capaces de camuflarse en el entorno de modo perfecto, de propulsar tinta para eludir un depredador que les haya podido detectar, de atacar a sus presas con un pico poderoso y de envenenar con toxinas paralizantes a cualquier pez excesivamente confiado. Podría decirse que es uno de los grandes reyes del océano… de hecho ¡incluso tienen la sangre de color azul! Y bombeada por un total de tres corazones, nada más y nada menos.

En conclusión, los pulpos nos recuerdan que vivimos en un mundo maravilloso, y que la naturaleza es capaz de moldear auténticas obras de ingeniería cuya presencia fascinará siempre al curioso ser humano. Es nuestra responsabilidad velar por la salud de nuestro planeta, para que puedan seguir estimulando la imaginación de las generaciones venideras.

Referencias bibliográficas:

  • Guglielmino, E. y Tsagarakis, N. (2010). An octopus anatomy-inspired robotic arm. International Conference on Intelligent Robots and Systems, 18(22), 3091 – 3096.
  • O’Brien, C.E., Ponte, G. y Fiorito, G. (2018). Octopus. Animal Behavior, 4(2), 1 – 8.

Источник: https://psicologiaymente.com/neurociencias/cerebro-del-pulpo

¿Tienen los pulpos un cerebro en cada tentáculo?

Pulpo nervioso

Los pulpos se encuentran por derecho propio entre las criaturas más extrañas del planeta, tanto que incluso se les ha llegado a atribuir una procedencia extraterrestre.

Tienen tres corazones, ocho extremidades ultraflexibles y versátiles y una gran inteligencia. Pueden abrir frascos, resolver acertijos e incluso escapar de sus acuarios de formas ingeniosas.

Pero los científicos aún no saben cómo este animal es capaz de controlar tan eficazmente sus ocho complejísimos tentáculos.

«Los brazos de pulpo son completamente únicos. En primer lugar, hay ocho, cada uno con más de 200 ventosas que pueden sentir, saborear y oler los alrededores. Y todo es movible.

Las ventosas pueden agarrar y los brazos pueden girar de forma casi ilimitada de muchas formas», describe Tamar Gutnick, investigadora de pulpos que anteriormente trabajó en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST).

«Esto plantea un gran problema computacional para el cerebro y su sistema nervioso, que tiene que estar organizado de una manera realmente inusual para manejar toda esta información», subraya.

Neuronas como un perro

En efecto, los pulpos tienen un sistema nervioso extenso, con más de 500 millones de neuronas, similar en número a las de un perro. Pero a diferencia de los perros y otros vertebrados, donde la mayoría de las neuronas están en el cerebro, más de dos tercios de las neuronas de los pulpos se encuentran dentro de sus brazos y su cuerpo.

Con un sistema nervioso de construcción tan extraña, los científicos han sospechado durante mucho tiempo que los brazos de los pulpos pueden tener una mente propia y actuar de forma autónoma al cerebro central.

La investigación ha demostrado que los tentáculos usan bucles reflejos para crear movimientos coordinados, y algunos pulpos pueden incluso distraer a los depredadores descartando extremidades que continúan moviéndose durante largos períodos de tiempo.

«Algunos científicos piensan en los pulpos como criaturas de nueve cerebros, con un cerebro central y ocho cerebros más pequeños en cada brazo», dice Gutnick. Pero su nueva investigación, publicada en la revista «Current Biology», sugiere que los brazos y el cerebro están más conectados de lo que se pensaba.

Los investigadores enseñaron a los pulpos a insertar sus brazos por los tubos laterales izquierdo o derecho de los laberintos en forma de Y. Ambos lados del laberinto estaban cebados con comida, pero la comida del lado incorrecto estaba bloqueada por una red. Aquí, un pulpo coge correctamente el tubo lateral derecho y obtiene una recompensa de comida – Tamar Gutnick

En un laberinto

El equipo ha demostrado que los pulpos son capaces de aprender a asociar la inserción de un solo tentáculo en un lado específico de un laberinto de dos opciones con recibir una recompensa de comida, incluso cuando ni la recompensa ni el brazo en el laberinto son visibles para el pulpo. Pero lo que los autores destacan es que mientras que el proceso de aprendizaje tiene lugar en la parte central del cerebro, la información necesaria para que el cerebro elija el camino correcto solo es detectada por el tentáculo en el laberinto.

«Este estudio deja claro que los brazos del pulpo no se comportan de forma totalmente independiente del cerebro centralizado, hay un flujo de información entre el sistema nervioso central y periférico», asegura Gutnick. «En lugar de hablar de un pulpo con nueve cerebros, en realidad estamos hablando de un pulpo con un cerebro y ocho brazos muy inteligentes».

Los científicos probaron si los brazos individuales podían proporcionar al cerebro dos tipos diferentes de información sensorial: propiocepción (la capacidad de sentir dónde está una extremidad y cómo se mueve) e información táctil (la capacidad de sentir la textura).

Los seres humanos tienen un fuerte sentido de propiocepción.

Los receptores sensoriales ubicados dentro de la piel, las articulaciones y los músculos brindan información al cerebro, que almacena y actualiza constantemente un mapa mental de nuestro cuerpo.

La propiocepción nos permite caminar sin mirarnos los pies y tocarnos la nariz con un dedo con los ojos cerrados. Pero no se había probado si los pulpos tienen la misma habilidad.

Para comprobarlo, los investigadores crearon un laberinto opaco simple en forma de Y y entrenaron a seis pulpos mediterráneos comunes para asociar el camino derecho o izquierdo con una recompensa de comida.

En lugar de explorar lentamente la forma interna del laberinto, los pulpos utilizaron inmediatamente movimientos rápidos de sus tentáculos, empujando o desenredando su tentáculo directamente a través del tubo lateral hacia la caja con la posible recompensa.

Si empujaban su brazo hacia el área derecha, podían recuperar la comida, pero si su brazo entraba en el área equivocada, la comida era bloqueada por una red y los científicos eliminaban el laberinto. Cinco de los seis pulpos aprendieron la dirección correcta para obtener la comida.

«Esto nos muestra que los pulpos claramente tienen algún sentido de lo que está haciendo su brazo, porque aprenden a repetir la dirección del movimiento que resultó en una recompensa de comida», explica Gutnick.

Luego, el equipo exploró si los pulpos podían determinar el camino correcto cuando usaban un solo brazo para sentir la textura del laberinto. Los investigadores presentaron otros seis pulpos con un laberinto en forma de Y donde un tubo lateral era áspero y el otro tubo lateral era liso. Para cada pulpo, elegir el lado áspero o el lado liso del laberinto conducía a una recompensa de comida.

Después de muchas pruebas, cinco de los seis pulpos pudieron navegar con éxito por el laberinto, independientemente de si la textura correcta estaba ubicada en el tubo lateral izquierdo o derecho, lo que demuestra que habían aprendido qué textura era la correcta para ellos. Esta vez, los pulpos optaron por un movimiento de búsqueda más lento dentro del laberinto, primero determinando la textura de un tubo lateral y luego decidiendo si continuar por ese tubo lateral o cambiar de lado.

El equipo descubrió que para ambos tipos de laberintos, una vez que los pulpos habían aprendido la asociación correcta, podían moverse con éxito por el laberinto con brazos que habían usado antes.

«Esto descarta aún más la idea de que cada brazo podría estar aprendiendo la tarea de forma independiente: el aprendizaje ocurre en el cerebro y luego la información está disponible para cada brazo», dice Gutnick.

Pero la investigadora no está segura de dónde se almacena esta información dentro del cerebro, y es una pregunta que queda para experimentos futuros. «El cerebro de los pulpos es muy diferente, todavía es una caja negra para nosotros -reconoce-, hay mucho más que aprender».

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Источник: https://www.abc.es/ciencia/abci-tienen-pulpos-cerebro-cada-tentaculo-202011100208_noticia.html

El sofisticado cerebro de los pulpos y su similitud con el de los humanos

Pulpo nervioso

El sofisticado cerebro de los pulpos, por tanto, evolucionó de forma completamente independiente al nuestro, y su organización tiene muchas diferencias con la del cerebro de vertebrados. Esto los convierte en un animal fascinante para los biólogos.

Por Nicolás Palanca

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Los pulpos son animales curiosos. Tienen un aspecto muy extraño, un plan corporal que no se parece nada al nuestro, con su cabeza (que en realidad es el cuerpo) globosa y blanda, ojos enormes y observantes y ocho brazos hábiles que tantean constantemente sus alrededores.

Poseen además algunas capacidades extraordinarias, como la de cambiar de color con una precisión exquisita o la de cambiar su forma para meterse en recovecos muy pequeños. Y, sin embargo, el aspecto más fascinante de estos animales es su inteligencia.

Los pulpos han demostrado tener ingenio y destreza, siendo capaces de operar tapones de rosca, escapar de su acuario para comerse un pez del tanque vecino y regresar o usar chorros de agua para apagar las luces de su acuario, no se sabe muy bien si por alguna razón en concreto o sólo para fastidiar a sus cuidadores.

Son capaces de resolver laberintos, reconocer gente, aprender mediante observación y usar materiales de su entorno, como cáscaras de coco, para crearse refugios. Aunque probablemente no sean capaces de predecir el futuro, los aciertos del pulpo Paul en el mundial del 2010 siempre dejarán la duda en el aire.

Es por ello que estos animales, pese a ser invertebrados con un parentesco muy lejano con nosotros, son considerados «vertebrados honorarios» a la hora de establecer reglas éticas para su uso en experimentación.

No es de extrañar, pues, que los pulpos hayan inspirado tantos seres alienígenas en la ciencia ficción y el terror, ya que son lo más parecido a una inteligencia alienígena que tenemos sobre el planeta Tierra. Sus parientes cercanos, animales como caracoles o almejas, muestran muy pocos signos de inteligencia.

El sofisticado cerebro de los pulpos, por tanto, evolucionó de forma completamente independiente al nuestro, y su organización tiene muchas diferencias con la del cerebro de vertebrados.

Esto los convierte en un animal fascinante para los biólogos: ¿cómo dos cerebros que han evolucionado de forma separada durante tanto tiempo desarrollan capacidades similares, como aprendizaje por ensayo y error, reconocimiento de individuos, memoria a largo y corto plazo, etc.

? El estudio de los parecidos y las diferencias entre los dos tipos de organización nerviosa nos puede decir mucho acerca de cuáles son las reglas base del desarrollo de un cerebro, qué cosas son primitivas, fijas y limitan las direcciones en las que se desarrolla un sistema nervioso, y qué partes son más flexibles y pueden adaptarse a las exigencias cognitivas.

Serotonina y comportamiento social

Una investigación, publicada en la revista “Current Biology”, revela algunas posibles similitudes entre el cerebro de los pulpos y los vertebrados, similitudes que podrían estar conservadas en muchas otras ramas del reino animal.

Los autores, Eric Edsinger y Gül Dölen, del Marine Biological Laboratory en Woods Hole y la Universidad de Baltimore respectivamente, estaban interesados en una porción de SERT, una molécula que se localiza en la membrana de las células, la barrera que separa el medio interno del externo.

Su función es recoger serotonina del exterior y transportarla al interior de la célula. La serotonina, a su vez, es un neurotransmisor, una molécula que las células usan para enviarse señales entre ellas, y el SERT se utiliza para reciclar la serotonina liberada.

De esta forma, una neurona liberará serotonina para transmitir un mensaje a otra, parte de la cual quedará flotando en el espacio entre neuronas, SERT recoge estas sobras para reutilizarlas y para evitar que la célula receptora esté constantemente estimulada.

En muchos animales vertebrados e invertebrados, la serotonina fomenta el comportamiento social. Es decir, cuando las neuronas sensibles a la serotonina reciben la molécula y son activadas, tienden a producir comportamientos más afectuosos y confiados.

Los autores querían saber si la porción de la proteína que «toma» la serotonina y la introduce dentro de la célula existía en pulpos y, en tal caso, si se parecía a la existente en otros animales.

Para ello, usaron la secuencia del gen que contiene las instrucciones para crear esa porción de proteína (cuyo nombre en código es SLC6A) y la compararon con los genomas del pulpo y de otros organismos de todo tipo.

Lo que encontraron es que este gen o genes parecidos existían todo a lo ancho del reino animal: moscas, humanos, peces, anémonas y sí, también pulpos, conservaban este gen. Lo que es más importante, las secuencias del humano y el pulpo para esta molécula coincidían 100%.

Esto es sorprendente en animales que han evolucionado por caminos separados durante más de mil millones de años, ya que el genoma iría sufriendo pequeñas mutaciones aleatorias que cambiarían el gen.

En este caso esas mutaciones existieron, pero el gen es tan importante que los animales que las poseían no eran viables y murieron con poca o ninguna descendencia. Un caso así indica a los biólogos que el gen y la proteína que codifica son muy básicos e importantes, y necesitan mantenerse íntegros para funcionar.

Similitudes entre pulpos y humanos

Así que el pulpo tiene una molécula similar a nuestro transportador de serotonina, y muy bien conservada, pero: ¿tendrá la misma función de recibir serotonina? y ¿tendrá la serotonina una función similar en el pulpo que en el humano? No olvidemos que estamos hablando de dos sistemas nerviosos muy distintos, y los pulpos no son criaturas especialmente sociables. Para responder estas preguntas, los investigadores decidieron estimular el transportador SERT en pulpos vivos. Resulta que una sustancia sintetizada por los humanos, el MDMA, también conocida como éxtasis, se une a SERT al igual que la serotonina, y compite con ella para unirse al receptor. Como parte de los receptores SERT están entretenidos con el MDMA, hay más serotonina que no se recupera, y las neuronas receptoras de serotonina reciben más neurotransmisor, respondiendo con más intensidad. En resumen, el MDMA aumenta los efectos de la serotonina en el cerebro, lo cual concuerda con los efectos habituales de la droga.

Así que los autores del artículo decidieron darles éxtasis a los pulpos y determinar si tenía efectos parecidos a los humanos.

El experimento estaba diseñado de la siguiente forma: pusieron una serie de pulpos en jaulas con tres secciones, un «vestíbulo» central donde entraba el animal, en un lado un objeto (en este caso una figura de Star Wars), y en otro una jaula más pequeña con otro pulpo, a veces macho y otras veces hembra.

A los pulpos se les dejaba en esa jaula durante 30 minutos y se medía el tiempo que pasaban en cada sección. Encontraron que, en general, los pulpos de ambos sexos pasaban bastante tiempo con el otro pulpo si este último era hembra, mientras que si era macho tendían a preferir la sección del objeto y evitar al otro pulpo.

Esta preferencia por la compañía de hembras en una especie que se tiene por poco sociable es un resultado curioso y todavía no explicado de este experimento, a veces se descubren cosas interesantes mientras se investiga otra cosa.

Dada esta base, los autores realizaron otro experimento: les realizaron la prueba de la caja a una serie de pulpos, sólo que en este caso el otro individuo que había dentro de la jaula era siempre macho. Como era de esperar, los pulpos evitaron a su congénere y pasaron más tiempo con el objeto.

A estos mismos pulpos a los que se les aplicó la primera prueba, se los dejó descansar un cierto número de horas, se les administró MDMA mediante un baño en agua con la sustancia, y se les repitió la prueba.

Después del tratamiento, los mismos pulpos pasaron mucho más tiempo en la sección de jaula que contenía al otro pulpo, y no sólo eso, en vez de los contactos normales de, por ejemplo, tantear con un brazo, los pulpos con MDMA se mostraban mucho más cariñosos, tanteando al otro animal con toda su superficie ventral.

En resumen, los efectos del MDMA en pulpos son sorprendentemente parecidos a los que tiene en humanos y otros vertebrados.

Este estudio da una impactante demostración del alto grado de conservación de este mecanismo neuronal, que parece ser idéntico y tener funciones parecidas a lo largo y ancho del reino animal.

Nos ha desvelado que existen factores muy constantes en la forma en la que trabaja el sistema nervioso, factores que han permanecido sin cambiar desde que el animal más complejo era un gusano en el fondo del mar.

Quizá responda a una necesidad común de los animales de reducir la agresividad en determinados momentos (por ejemplo, durante épocas de apareamiento), o quizá el efecto de la serotonina de aumentar la sociabilidad es algo secundario que acompaña a funciones más primitivas de este neurotransmisor.

Nos abre preguntas interesantes: ¿usan los pulpos la serotonina para regular su sociabilidad o es un sistema primitivo que los investigadores «hackearon» al proporcionarles MDMA y con ello hacerlos más sociables de lo que un pulpo ha sido nunca? Finalmente, nos habla de las similitudes profundas que existen entre todos los animales, incluidos los humanos, más allá de las diferencias superficiales.

Enlace al artículo original: A Conserved Role for Serotonergic Neurotransmission in Mediating Social Behavior in Octopus: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0960982218309916

Источник: https://cinv.uv.cl/cerebro-pulpos-similitud-humanos/

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