Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

¿Cómo saber si mi bebé es intolerante a la lactosa?

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

La intolerancia a la lactosa en bebés es uno de los temas que cada vez preocupa más a las mamás, ya que cada vez se dan más casos. Ahora bien, no es lo mismo la intolerancia a la lactosa que la alergia a la leche de vaca. Son dos afecciones diferentes, por lo que tratar al bebé intolerante a la lactosa no es lo mismo que tratar a un bebé alérgico a la leche.

Es precisamente por eso por lo que en este artículo te daremos las claves para entender qué es la intolerancia a la lactosa en bebés y cómo se puede tratar.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa en bebés?

La intolerancia a la lactosa es la incapacidad que tiene el organismo para digerir la lactosa, que es un tipo de azúcar que se encuentra en la leche y en otros productos de origen lácteo.

Esta intolerancia se produce cuando el intestino delgado no produce suficiente enzima lactasa, que es la encargada de digerir la lactosa.

Al no tener suficiente enzima lactasa, la lactosa no se digiere completamente y permanece en el intestino (pasa al colon) y allí es fermentada por la flora intestinal, generando gas y sustancias que hacen que las heces sean más líquidas, todo esto causa problemas y molestias gastrointestinales.

Intolerancia a la lactosa en bebés prematuros

Los bebés que han nacido de forma prematura pueden presentar intolerancia a la lactosa con mayor facilidad. Esto ocurre porque estos bebés, por norma general, suelen tener un sistema digestivo inmaduro, lo que no les permite digerir correctamente la lactosa.

Los niños que han nacido a término, es decir, en fecha, no suelen mostrar signos de intolerancia a la lactosa hasta que no tienen, al menos, 3 años de edad. La verdadera intolerancia se muestra cuando son un poco mayores.

Aun así, tu bebé puede mostrar algunos síntomas que señalen una intolerancia a la lactosa. En estos casos, lo mejor siempre será acudir al pediatra para que determine qué es lo que realmente le ocurre a tu pequeño.

Cómo saber si mi bebé es intolerante a la lactosa

A pesar de que la lactosa no llega a ser tan peligrosa como las alergias, es importante detectar lo antes posible si tu bebé tiene problemas para tolerar la lactosa. Una buena forma de comprobar si tu bebé es intolerante a la lactosa es eliminar todos los productos lácteos de la dieta de tu hijo durante, al menos, dos semanas.

Tras estas dos semanas sin productos lácteos, vuelve a introducir algunos de ellos, pero poco a poco, de forma gradual. Si los síntomas vuelven a aparecer, es muy probable que el pequeño no tolere la lactosa.

Pero si quieres asegurarte antes, la mejor opción es acudir al pediatra para que le realice la prueba de hidrógeno en el aliento. Así comprobará si realmente es intolerante a la lactosa o no.

Síntomas de la intolerancia a la lactosa en bebés

Al igual que pasa con todas las afecciones y enfermedades, la intolerancia a la lactosa se presenta en bebés con síntomas muy concretos:

  • Diarrea
  • Cólicos abdominales
  • Hinchazón abdominal
  • Gases
  • Llanto descontrolado
  • Sonidos en la tripa
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Pérdida de peso

Los síntomas se suelen presentar entre 30 minutos y 2 horas después de comer o beber productos lácteos.

Cómo tratar la intolerancia en bebés

Si detectas alguna anomalía en tu bebé relacionada con la intolerancia a la lactosa, lo primero que debes hacer es acudir al pediatra.

El especialista será quien te dé las mejores indicaciones acerca de la intolerancia a la lactosa y de cómo tratar al bebé intolerante a la lactosa. El médico realizará los exámenes adecuados para comprobar si realmente es intolerancia a la lactosa.

Además, tras comprobar los resultados, el médico te dará las pautas para seguir el tratamiento.

A la más mínima duda, tendrás que suprimir los lácteos de la dieta del bebé, siempre con la supervisión y recomendación del pediatra, ya que él será la persona que te dará las indicaciones para que al bebé no le falte ningún nutriente en su alimentación diaria.

¿Puede seguir tomando calcio el bebé?

A pesar de tener intolerancia a la lactosa, el bebé puede y debe seguir consumiendo calcio, ya que hoy en día existen productos lácteos a los que se les ha eliminado la lactosa. Consulta con tu pediatra qué alimentos puede tomar para asegurar el aporte adecuado de calcio.

Además, el calcio no solo se obtiene de los lácteos. Existen muchos alimentos ricos en calcio que tu bebé podrá tomar, siempre y cuando ya haya comenzado a ingerir alimentos sólidos.

Los vegetales de hoja verde oscura, como las espinacas crudas o los berros crudos, son fuente de calcio.

Los frutos secos como las avellanas o las legumbres como las judías pintas son otras opciones que el bebé podrá tomar, ya sea sólido o en puré, todo depende de la edad del pequeño, para conseguir el calcio que necesita.

Claro está que antes de comenzar una nueva dieta para el bebé, tendrás que hablar con el pediatra para que te dé las indicaciones acerca de la alimentación del bebé. Te ayudará a que tu hijo esté muy sano y a que no le falte ningún nutriente.

Advertencia importante: la lactancia materna proporciona la mejor nutrición a los bebés. El pediatra es el que mejor te puede asesorar sobe el cuidado y la alimentación de tu hijo, y sobre los alimentos que debes añadir a la dieta conforme va creciendo.

Источник: https://www.enfamil.es/blogs/problemas-de-alimentacion/como-saber-si-mi-bebe-es-intolerante-a-la-lactosa

Intolerancia a la lactosa en niños: causas, diagnóstico y tratamiento

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

Los niños con intolerancia a la lactosa tienen problemas para digerir lácteos. Pero el hecho de padecer esta afección no ha de implicar tener que encontrarse mal. Generalmente basta con planificar una dieta saludable que contenga cantidades muy reducidas o nulas de lactosa.  

La gente con intolerancia a la lactosa tiene problemas para digerir la lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra en la leche y los derivados de la leche (o lácteos). Esta afección no implica ser alérgico a la leche, pero sí encontrarse mal después de beber leche o de comer cualquier otro alimento que contenga lactosa.                                

El cuerpo necesita digerir la lactosa para poderla utilizar como combustible. El intestino delgado suele fabricar una enzima denominada lactasa para descomponer la lactosa.                                    

La gente con intolerancia a la lactosa no fabrica suficiente lactasa en el intestino delgado. Cuando ingiere lácteos, la lactosa de los alimentos se deposita en su intestino, donde se formarán gases, provocando meteorismo, retortijones, sensación de plenitud y diarrea (heces blandas y sueltas).             

¿Quién la desarrolla y por qué?

Hay mucha gente con intolerancia a la lactosa; de hecho, una de cada 10 personas padece esta afección. 

Muchos casos de intolerancia a la lactosa son de origen genético: los genes de la persona la hacen más proclive a desarrollar esta afección durante la infancia o la adolescencia.       

La gente puede desarrollar intolerancia a la lactosa por otros motivos, debido a que algunas enfermedades del sistema digestivo pueden impedir que el intestino fabrique suficiente lactasa.

Por ejemplo, las personas afectadas por una enfermedad inflamatoria intestinal (EII) u otros problemas intestinales crónicos, suelen ser intolerantes a la lactosa.

La gente también puede desarrollar una intolerancia a la lactosa de carácter temporal si se medica con ciertos medicamentos o si padece una infección que cursa con diarrea.

La intolerancia a la lactosa se puede iniciar súbitamente, incluso en personas que nunca habían tenido problemas con los lácteos.

El organismo de cualquier persona empieza a fabricar menos lactosa aproximadamente a partir de los 2 años, de modo que cuanto mayor sea una persona, más probabilidades tendrá de desarrollar esta intolerancia.  

¿Cómo se manifiesta? 

Cuando una persona no tolera la lactosa, lo más probable es que su cuerpo empiece a presentar síntomas durante las dos horas posteriores a la ingesta de lácteos.

No todo el mundo reacciona al cabo de la misma cantidad de tiempo pero, cuando su organismo empiece a intentar digerir esos alimentos, normalmente empiezan a encontrarse mal, presentando síntomas como: dolor de estómago, retortijones, sensación de plenitud, gases o diarrea.                         

¿Cómo se diagnostica? 

Si crees que tu hijo podría presentar este tipo de intolerancia, deberías llevarlo al pediatra. Este le hará una exploración física y tal vez le pida que deje de ingerir lácteos durante un tiempo para comprobar si mejoran sus síntomas tras dejar los lácteos y vuelven a aparecer tras reintroducirlos.                            

Es posible que el pediatra le haga la prueba del aliento. Esta prueba consiste en medir la cantidad de hidrógeno que contiene el aire que sopla una persona. Cuando una persona no puede digerir la lactosa, las bacterias que viven en el intestino delgado utilizan esta sustancia para fabricar hidrógeno.

El pediatra pedirá a tu hijo que beba un líquido que contiene lactosa y que luego vaya soplando dentro de una bolsa o tubito cada 15 minutos. Si su aliento contiene demasiado hidrógeno, significará que no tolera la lactosa.           

¿Cómo se trata? 

Si le diagnostican una intolerancia a la lactosa a tu hijo, tu pediatra le indicará que deje de ingerir alimentos que contengan este azúcar. Un dietista o nutricionista os puede ayudar a saber qué es lo que puede y lo que no puede comer tu hijo. Va muy bien elaborar un listado de los alimentos que contienen lactosa y que tu hijo debería evitar.

Es posible que el pediatra indique a tu hijo que tome un medicamento cada vez que vaya a ingerir alimentos que contengan lactosa. Este medicamento contiene enzimas lactasa. Si se toma justo antes de ingerir alimentos con lactosa, ayuda al organismo a digerirlos mejor.  

Vivir con una intolerancia a la lactosa 

Hay personas con intolerancia a la lactosa que deben evitar todos los alimentos que contengan lactosa, pero hay otras que pueden ingerir algunos lácteos. Muchos de los afectados pueden beber leche sin lactosa y con calcio añadido.                         

Toda persona con intolerancia a la lactosa ha de planificar una dieta saludable que contenga cantidades muy reducidas o nulas de lactosa.

Si tu hijo puede tomar lácteos, es mejor que se limite a los que contengan una cantidad reducida de lactosa, como los quesos viejos y curados.

También le puede ayudar el hecho de ingerir alimentos que no contengan lactosa junto con otros que sí la contengan.

El yogur, que contiene cultivos bacterianos vivos es más fácil de digerir porque contiene bacterias sanas que fabrican la enzima lactasa. 

También te deberás asegurar de que tu hijo ingiere suficiente calcio, contenido en alimentos como el tofu, las verduras de hoja verde, la leche sin lactosa y los zumos o la leche de soja enriquecidos con calcio. Si tu hijo no parece ingerir suficiente cantidad de calcio, es posible que el pediatra le recete un suplemento de calcio. 

Si tu hijo ha de dejar la lactosa por completo, deberá aprender a leer siempre las etiquetas de los productos que vaya a ingerir, sobre todo de los alimentos envasados. Aparte de en la palabra “leche”, también se deberá fijar en ingredientes como la mantequilla, el queso y la nata. 

Acceso a la fuente de consulta:

Intolerancia a la lactosa. Kids'h Health. [Fecha de consulta: 15/06/2015]

Источник: https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/intolerancia-lactosa-ninos-causas-diagnostico-tratamiento

Intolerancia a la lactosa en bebés o a la leche de vaca

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

Intolerancia a la lactosa en bebés: La alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa se suelen confundir una con otra, pero no son lo mismo.  Infórmate en esta sección de cuál es la diferencia; eso te ayudará a comentar con el pediatra la salud de tu bebé, para que pueda decidir la mejor forma de encontrar una solución al problema.

¿Qué es lo que desencadena la alergia a la leche de vaca?

La alergia a la leche de vaca o APLV: La leche de vaca contiene muchos ingredientes diferentes, entre ellos proteínas como la caseína y el suero, azúcar de la leche (llamado lactosa) y grasas.

La reacción alérgica se produce porque el sistema inmunitario identifica las proteínas presentes en la leche de vaca como «dañinas», cuando de hecho deberían ser inocuas. Entonces libera sustancias químicas, entre otras histaminas; son estas sustancias químicas las que desencadenan los signos y síntomas de una reacción alérgica.

La intolerancia a la lactosa en bebés está causada por el azúcar, lactosa, presente en la leche de vaca.

En personas con intolerancia a la lactosa, el sistema digestivo no es capaz de digerir totalmente este azúcar de la leche, porque no produce suficiente cantidad de una enzima llamada lactasa.

Así que, en lugar de ser digerida y absorbida, la lactosa permanece en el intestino y alimenta a las bacterias de la flora, las cuales liberan ácidos y gases que causan los síntomas de intolerancia a la lactosa.

Intolerancia a la lactosa en bebés: ¿Quién la padece?

La alergia a la leche de vaca suele afectar a niños más pequeños que no han cumplido los 3 años de edad.  Esta alergia alimentaria desaparece en la mayoría de los casos cuando el niño crece, generalmente antes de que empiece a ir a la escuela.

En algunos casos, se puede desarrollar intolerancia a la lactosa debido a los daños intestinales causados por una enfermedad, una intervención quirúrgica o ciertos medicamentos (es lo que se llama deficiencia secundaria de lactasa).

En estos casos, la intolerancia a la lactosa puede ser temporal o permanente. En ocasiones aparece después de un episodio de gastroenteritis.

Solo en casos muy raros la intolerancia a la lactosa afecta a un lactante desde su nacimiento (es lo que se llama deficiencia congénita de lactasa). En este caso, la intolerancia a la lactosa se mantiene durante toda la vida.

Información importante; La deficiencia primaria de lactasa no suele aparecer en niños menores de 3 años, y es más frecuente en algunos grupos étnicos como los chinos y los hispanos.

¿Cuáles son los síntomas?

La alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa en bebés, pueden compartir algunos de los mismos signos y síntomas, entre ellos problemas de alimentación y digestión como los siguientes:

  • Gases
  • Diarrea
  • Barriga hinchada
  • Dolores de tripa y retortijones
  • Ruidos intestinales
  • Ganas de vomitar

Ahora bien, al estar implicado el sistema inmunitario en la alergia a la proteína de la leche de vaca, los lactantes con alergia a las proteínas de leche de vaca mostrarán también síntomas de alergia, como erupción cutánea con picor, sibilancias, moqueo o tos.  Estos síntomas no se observan en la intolerancia a la lactosa, ya que en este trastorno no está implicado el sistema inmunitario.

Otra diferencia es que con la alergia a la proteína de la leche de vaca, incluso una pequeña cantidad de proteínas de leche de vaca puede provocar una reacción alérgica en tu bebé.  Por el contrario, muchas personas con intolerancia a la lactosa pueden comer con frecuencia pequeñas cantidades de productos lácteos sin presentar síntomas.

¿Cómo se diagnóstica la intolerancia a la lactosa en bebés?

Las pruebas que se realizan para la alergia a la proteína de la leche de vaca y para la intolerancia a la lactosa son diferentes, por lo que es importante que comentes con detalle al pediatra los síntomas de tu hijo, quien decidirá qué pruebas son las más adecuadas para establecer el diagnóstico correcto.

Si se sospecha una alergia a la proteína de la leche de vaca, tu pediatra puede pedir pruebas de alergia como una prueba de punción cutánea o análisis de sangre, y recomendarte que pongas a tu bebé una dieta de eliminación seguida de provocación alimentaria.

Si tu pediatra piensa que puede ser intolerancia a la lactosa, puede pedir una prueba de hidrógeno en aliento, una prueba de tolerancia a la lactosa, una prueba de tolerancia a la leche o una muestra de heces.  Puedes obtener más información sobre estas diferentes pruebas en la página de la SEGHYNP.

¿Cómo se maneja este trastorno?

La alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa están causadas por dos problemas diferentes, por lo que la forma de manejar estos trastornos es ligeramente diferente.

La alergia a la proteína de la leche de vaca se trata eliminando por completo las proteínas de leche de vaca en la dieta de tu bebé, ya que incluso una pequeña cantidad de estas proteínas puede, en teoría, desencadenar una reacción alérgica.

En un principio, la intolerancia a la lactosa se puede tratar también eliminando por completo las proteínas de leche de vaca de la dieta.  Ahora bien, es muy raro que se necesite una dieta totalmente libre de productos lácteos a largo plazo.

  La mayoría de las personas con intolerancia a la lactosa pueden digerir una cierta cantidad de este azúcar, ya que siguen teniendo una pequeña producción de la enzima lactasa.

  Esto significa que algunos productos lácteos pueden ser reintroducidos con cuidado en la dieta; la cantidad tolerada depende de cada persona, por lo que es importante seguir las orientaciones de un dietista cuando se haga esto.  Algunos lactantes se beneficiarán de recibir una fórmula infantil sin lactosa.

En cualquier caso, es importante que no hagas ningún cambio en la dieta de tu hijo sin la supervisión de un profesional sanitario.  Asegúrate de hablar con tu médico si te preocupa que tu bebé pueda tener alergia a la leche de vaca o intolerancia a la lactosa.

Si se le diagnostica a tu bebé alergia a la proteína de la leche de vaca, infórmate bien de los cuidados que necesitará a largo plazo.

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Источник: https://www.pequesalus.com/intolerancia-a-la-lactosa-en-bebes/

Intolerancia a la lactosa

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

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Para muchos niños, tomarse una copa de helado o un vaso de leche fresca a la hora de comer supone una tarde de retortijones, gases y diarrea.

Es posible que los niños que tengan este tipo de molestias después de ingerir productos lácteos padezcan una intolerancia a la lactosa, una afección provocada por problemas para digerir la lactosa, el principal azúcar de la leche y de los productos lácteos.

La intolerancia a la lactosa ocurre cuando el cuerpo fabrica una cantidad insuficiente de la enzima lactasa, que es necesaria para descomponer la lactosa en dos azúcares de menor tamaño denominados glucosa y galactosa. Cuando no hay suficiente lactasa en el cuerpo, la lactosa no se descompone bien en el intestino delgado y pasa hacia el intestino grueso, donde las bacterias fermentan y la transforman en gases y ácidos.

Este proceso puede provocar retortijones, dolor abdominal, gases y diarrea al cabo de entre 30 minutos y 2 horas de ingerir cualquier alimento o bebida que contenga lactosa.

En algunos niños, éstos síntomas son muy graves y su sistema digestivo no tolera en absoluto la lactosa. En otros, los síntomas son más leves y solo deben reducir la cantidad de productos lácteos que consumen.

La intolerancia a la lactosa se puede controlar y se puede aliviar el malestar estomacal asociado a través de algunos cambios en la dieta. Si sospecha que su hijo podría padecer una intolerancia a la lactosa, llame a su pediatra.

¿Quién padece una intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa es más frecuente en personas de ascendencia asiática, africana, amerindia e hispana.

En la mayoría de la gente, la intolerancia a la lactosa es un problema de por vida. Pero en algunos pacientes puede ser una afección de carácter temporal que se inicia después de tomar ciertos antibióticos o de padecer infecciones gastrointestinales y que acaba por desaparecer.

Cómo se diagnostica

Los médicos suelen diagnosticar la intolerancia a la lactosa mediante una sencilla prueba de hidrógeno espirado (o prueba del aliento con hidrógeno). La persona sopla dentro de un tubo para dar una muestra de su aliento, y vuelve a dar otra muestra después de beber una solución de lactosa o de ingerir un alimento que contiene lactosa.

Si una persona sufre una intolerancia a la lactosa, la prueba indicará que su aliento presenta una concentración de hidrógeno y metano superior a la concentración promedio. Ésto se debe a que la lactosa no digerida provoca concentraciones más altas de estos gases en el sistema digestivo, lo que se puede detectar en el aliento.

Puesto que la toma de ciertos alimentos y medicamentos, y la exposición al humo del tabaco pueden afectar a la precisión de esta prueba, es posible que el pediatra recomiende tomar algunas precauciones antes de someterse a ella.

Aparte de la prueba de aliento, los pediatras suelen hacer un examen físico al paciente y analizar sus antecedentes médicos para descartar otras afecciones.

Para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, también se pueden hacer endoscopias, que permiten que el pediatra vea el esófago, el estómago y parte del intestino delgado utilizando una cámara diminuta.

Para hacer la endoscopia, el pediatra puede administrar al paciente un medicamento para ayudarle a relajarse y es posible que le ponga un espray en la garganta para dormírsela. Esto hace que la prueba resulte más cómoda.

A la mayoría de los pacientes se les administra anestesia y están completamente dormidos durante toda la prueba.

El pediatra introduce un tubo de plástico fino y flexible, llamado endoscopio, por la garganta del paciente, primero hacia el esófago y luego hacia el estómago.

Una diminuta cámara colocada dentro del endoscopio deja que el pediatra se fije en las anormalidades en las superficies del esófago y del estómago. Durante la endoscopia, el pediatra también puede utilizar unas pequeñas pinzas para extraer una parte de tejido a fin de hacer una biopsia.

La biopsia permite mostrar las lesiones provocadas por el reflujo ácido o por una infección, ayudando, así, a descartar otros problemas.

Los problemas para digerir la lactosa también pueden ocurrir en personas que padecen otras enfermedades del tubo digestivo, como la enfermedad celíaca, una afección en la que el intestino se lesiona debido a una sensibilidad anormal al gluten (una proteína que se encuentra en el trigo y otros cereales).

Vivir con una intolerancia a la lactosa

La gravedad de la intolerancia a la lactosa puede variar considerablemente entre los niños. Debido a que cada caso es distinto, no existe una sola forma de tratarla.

Cada niño debe encontrar las estrategias que le vayan mejor en función de sus síntomas y de la cantidad de lactasa que fabrique su cuerpo, si es que la fabrica.

Tal vez le ayude el hecho de llevar un diario alimentario para averiguar cuáles son los alimentos y las bebidas que el sistema digestivo de su hijo tolera y no tolera.

Existen muchos alimentos, bebidas y complementos digestivos para las personas con intolerancia a la lactosa (como la leche creada específicamente para quienes padecen esta enfermedad, que se vende en la mayoría de supermercados). Consulte al pediatra de su hijo para saber si debería tomar algún suplemento cuando beba o ingiera ciertos productos lácteos, como gotas o comprimidos que contengan la enzima lactasa.

Aunque los niños con casos graves de intolerancia a la lactosa deben evitar todos los productos lácteos, hoy en día los pediatras recomiendan que la mayoría de ellos consuma algunos productos lácteos para obtener suficiente calcio, vitamina D y proteínas.

Muchos niños pueden tomar pequeñas cantidades de productos lácteos, que deben ingerir junto con otros alimentos que no contengan lactosa.

Otros pueden tomar uno o dos vasos de leche cada día sin problemas, sobre todo si lo hacen combinándolos con alimentos no lácteos.

Así mismo, los niños con intolerancia a la lactosa pueden percibir que otros productos lácteos, como el yogur y los quesos, son más fáciles de digerir que la leche. La leche sin lactosa también es una forma fantástica de incorporar el calcio a la dieta de su hijo sin problemas.

Los afectados también pueden tomar un suplemento de la enzima lactasa.

Tomarlo antes de ingerir lácteos ayuda al cuerpo a digerir el azúcar lactosa que se encuentra en los lácteos y a evitar los síntomas de la intolerancia a la lactosa, como el dolor, los retortijones, la hinchazón, los gases y la diarrea.

Anime a su hijo a ingerir otros alimentos ricos en calcio que no contengan lactosa, como el brócoli, la col, la coliflor, el nabo, el salmón, las almendras, las habas de soja, la fruta deshidratada, el zumo de naranja enriquecido con calcio y el tofu.

Asimismo, considere la posibilidad de consultar a un dietista o nutricionista titulado para encontrar alternativas a los productos lácteos y una dieta equilibrada que proporcione a su hijo los nutrientes esenciales.

Revisado por: J. Fernando del Rosario, MD

Fecha de revisión: enero de 2015

Источник: https://kidshealth.org/es/parents/lactose-esp.html

Cómo detectar que un niño es intolerante a la lactosa

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

Como todos ya sabemos, la intolerancia a la lactosa consiste en una alteración del sistema digestivo, concretamente el intestino, que se ve incapaz de digerir correctamente la lactosa, un azúcar que forma parte de la leche.

Se trata de una condición que se manifiesta sobre todo en la edad adulta, pero también puede presentarse en la infancia.

A veces nos olvidamos de que un niño también puede ser intolerante a la lactosa, y por eso conviene que tengamos presentes algunos consejos para poder detectarlo correctamente.

Ya hemos hablado de cómo podemos afrontar con soluciones prácticas en la familia que un niño sea intolerante a la lactosa, con recomendaciones sobre la actitud a adoptar y cómo enseñar al pequeño a convivir con su condición, para que pueda controlar su alimentación por sí mismo incluso si los padres no están presentes. Pero, ¿sabemos cómo identificar que un niño es intolerante a la lactosa?

No hay duda de que el mejor modo de alimentar a un recién nacido o a un niño durante los primeros meses de vida es mediante la leche materna, pues es el alimento básico de todos los mamíferos ya que resulta completo nutricionalmente. La leche de la madre tiene un alto contenido en lactosa, por lo que los pequeños normalmente están preparados para digerirla sin problemas, y la mayoría continuará así al menos durante los años de su infancia y adolescencia.

Sin embargo, cada vez se detectan más casos de intolerancia a la lactosa en niños. Debido a que no es una condición muy frecuente en la infancia, conviene estar alerta ante al menos signo de que algo no va bien, para evitar confundir la intolerancia con otras causas que nos lleven a error y nos impidan tomar medidas tempranas.

Los síntomas más frecuentes del déficit de lactasa son flatulencia, dolor punzante, hinchazón o distensión abdominal, incomodidad general, diarrea y náuseas, y pueden aparecer poco después de una comida o incluso varias horas después.

En el caso de los niños más pequeños hay que estar muy al tanto ya que todavía no saben reconocer o expresar que se encuentran mal.

En cualquier caso, si un niño rechaza la toma de leche, podemos considerarlo como el primer signo de alarma.

Modos de actuar

Si hemos identificado uno o varios de los síntomas descritos en el infante tras la toma de productos lácteos, a continuación debemos concretar a qué se debe el rechazo de la leche por parte de su organismo. Y es que la intolerancia a la lactosa, especialmente en los niños, puede presentarse debido a distintas causas.

Como hemos señalado, la gran mayoría de recién nacidos no tiene ningún problema a la hora de digerir la leche, pero pueden surgir problemas a medida que el niño crece, sobre todo a partir de los tres años.

En muchas ocasiones la intolerancia se presentará de forma transitoria, derivada de otras afecciones: una reacción alérgica, agresiones intestinales bacterianas o virales, celiaquía, parásitos o enfermedades como la de Crohn, pueden causar una deficiente digestión de la lactosa.

Cuando un niño presenta síntomas de intolerancia, hay que retirar de la dieta todos los productos lácteos y sustituirlos por sus equivalentes vegetales o por lácteos sin lactosa, como la gama morada que ofrece Kaiku. Es muy importante no limitarse a eliminar los lácteos de la alimentación de los niños, debemos sustituirlos por productos que sí puedan digerir, ya que son una de las bases fundamentales en la nutrición durante la infancia.

Si el problema es temporal, cuando la causa mayor de rechazo de la lactosa se solucione, el niño podrá volver a consumir lácteos pasadas unas semanas o algunos meses, aunque con el hábito de tomar productos sin lactosa evitamos tener que someter al niño a pruebas que puedan causarle malestar. En cualquier caso, es conveniente acudir a profesionales sanitarios para concretar la causa específica.

Precauciones generales

A la hora de abordar el tema de la alimentación infantil, ante todo, hay que estar muy atentos y aplicar el sentido común.

Si un niño rechaza la leche y otros productos lácteos, o percibimos que sufre molestias generales después de comer, hay que intentar identificar el problema.

Es importante no confudir los síntomas de una intolerancia o problema digestivo con las posibles rabietas típicas de los niños, y ahí entra un poco la intuición de los padres.

Como precaución inicial, si pensamos que puede hacer una intolerancia a la lactosa, podemos retirar de la dieta los productos conflictivos durante unas dos semanas.

Al reintroducirlos poco a poco, podremos tener una idea más clara de si realmente el niño es intolerante o sufre otro malestar, ante cuyo caso siempre es recomendable acudir al médico para se le diagnostique con propiedad.

Lo importante es mantener una vigilancia constante a la alimentación de los pequeños, pero sin caer nunca en obsesiones que puedan causar situaciones de estrés o preocupación perjudiciales para la familia. El propio niño nos hará saber qué le sienta bien y qué no, aunque sea sólo observando su comportamiento. Hay que procurar no forzarle a comer nada que podamos intuir que le resulta perjudicial.

En el caso de la intolerancia a la lactosa hay que vigilar el consumo de productos lácteos y equivalentes ya que son la base de una buena nutrición infantil.

Productos sin lactosa como la gama morada de Kaiku resultan ideales en estos casos, ya que no sólo mantienen las propiedades de la leche, sino también todo su sabor, haciendo mucho más sencillo que sean aceptados por el gusto de los más pequeños.

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Liliana Fuchs es una joven murciana que se trasladó a Madrid después de licenciarse en Historia de arte. Hace años le detectaron intolerancia a la lactosa pero eso no ha impedido que siga disfrutando de una de sus pasiones, la cocina rica y saludable. Actualmente es editora en Directo al Paladar

Источник: https://www.directoalpaladar.com/espaciosinlactosa/como-detectar-que-un-nino-es-intolerante-a-la-lactosa

¿Por qué se produce?

La intolerancia a lactosa en muchos casos suele ser secundaria a una patología digestiva que produce un daño en los enterocitos, con lo que se pierde la sustancia que digiere la lactosa.

Cuando se recuperan los enterocitos la intolerancia desaparece, siendo, por tanto, un cuadro transitorio.

Las patologías que pueden producirla son: infecciones intestinales, enfermedad celíaca, intervención quirúrgica de intestino delgado, enfermedad inflamatoria intes­tinal…

En otros casos es una intolerancia primaria, siendo lo más frecuente el déficit racial (también llama­do hipolactasia del adulto).

Este proceso hace referencia a una pérdida de la actividad de la enzima de forma natural a partir de los 2 o 3 años.

Es un proceso que está genéticamente determinado y se produce hasta en un 15% de la población española, siendo más frecuente en población de ori­gen asiático o africano.

Otros tipos de intolerancia a la lactosa son excepcionales.

¿Qué síntomas produce?

Los síntomas más típicos son: dolor y distensión abdominal, flatulencia, náuseas y vómitos, diarrea (deposiciones blandas, ácidas y explosivas que irritan la zona del ano presentando enrojecimiento y escozor). No todas las personas tienen síntomas, y aquellas que los tienen los presentan de forma variable: algunas toleran ciertas cantidades de lactosa y otras presentan molestias con cantidades muy pequeñas.

¿Cómo se diagnostica?

En la mayoría de las ocasiones no se precisan pruebas complementarias, de tal manera que, en niños con una historia clínica compatible en los que remiten los síntomas al retirar la lactosa de la dieta entre dos y cuatro semanas, ya es suficiente para su diagnóstico.

En casos seleccionados el especialista valorará pruebas para confirmar el diagnóstico, siendo las más frecuentes:

  • Test de hidrógeno espirado tras sobrecarga de lactosa. Es una prueba sencilla, pero requiere de colaboración por parte del paciente (por lo que en los niños más pequeños no se podrá realizar) y no siempre su resultado se correlaciona con los síntomas del paciente.
  • Estudio de azúcares y sustancias reductoras en heces.

En ocasiones pueden ser necesarias pruebas para descartar enfermedades digestivas que puedan producir de forma secundaria este cuadro.

¿Cómo se trata?

Los síntomas se resuelven al quitar los lácteos no fermentados de la dieta. Estos lácteos pueden ser sustituidos por productos lácteos sin lactosa: fórmulas sin lactosa o de soja en bebés y leche sin lactosa en niños mayores.

En niños no se recomiendan las bebidas vegetales (bebidas de soja, de arroz, de almendras…) ya que no son adecuadas desde el punto de vista nutricional.

El queso (especialmente el más curado o los tipos emmental y gruyer) y el yogur se toleran mejor y hay personas que los pueden consumir con normalidad, ya que contienen menos cantidad de lactosa debido a la fermentación.

Existen pastillas de lactasa que en algunos adultos se utilizan de forma esporádica, sobre todo en circunstancias en las que no se puede asegurar la exclusión de la lactosa de la dieta (co­mida en restaurantes, cafeterías, celebraciones…). No se deben usar para realizar una dieta con lactosa normal, ya que poseen una cantidad limitada de lactasa y tienen un efecto momentáneo.

En los cuadros de déficit de lactasa secundaria, se eliminará la lactosa de la dieta de forma transi­toria, hasta que el paciente supere el cuadro que origina el déficit de lactasa.

Dieta sin lactosa

  • Evitar la leche (tanto la entera como la desnatada y semidesnatada) y, en caso de que no se toleren, también todos sus derivados: batidos, flanes, natillas, nata, postres, chocolate con leche, helados, bollería, pasteles, algunas mantequillas, salsas y platos como croquetas, canelones, bechamel, etc. Si la dieta sin lactosa se ha indicado que sea estricta es importante leer con atención las etiquetas, porque muchos productos envasados contienen pequeñas cantidades o trazas de lactosa: salchichas, embutidos, pan de molde, platos preparados, incluso algunos medicamentos.
  • Para asegurar que la ingesta de calcio sea la adecuada es necesario tomar 2-3 raciones de lácteos al día (de aquellos productos denominados “sin lactosa”) o de productos que se encuentren enri­quecidos en calcio. También hay calcio en otros alimentos: verduras (brecol o espinacas), legum­bres (judías, guisantes, garbanzos o soja), pescados y mariscos (salmón, langostinos, gambas, almejas, berberechos, sardinitas enlatadas que pueden comerse con su esqueleto).
  • Si se comprueba que la ingesta de derivados lácteos como quesos y yogur no producen sintomatología es conveniente tomarlos para asegurar aporte de calcio, además de que puede tener un efecto beneficioso para la flora intestinal.

Signos de alarma

  • Si su hijo no crece ni gana peso.
  • Si los síntomas empeoran o no mejoran a pesar del tratamiento con una dieta estricta sin lactosa.
  • Si presenta nuevos síntomas: fiebre, sangre en las deposiciones…

Источник: https://www.seghnp.org/familias/intolerancia-lactosa

Intolerancia a la lactosa en bebés y niños

Síntomas en niños intolerantes a la lactosa

El término intolerancia a la lactosa describe la dificultad de digerir el azúcar de la leche (científicamente: lactosa). Normalmente, la lactosa ingerida a través de los alimentos se descompone, con la ayuda de la enzima lactasa, en glucosa y galactosa y, de este modo, la puede aprovechar el organismo.

Las personas que padecen intolerancia a la lactosa o no producen esta enzima o la producen muy poco, de modo que su organismo no es capaz de aprovechar la lactosa y permanece sin digerir en el intestino, donde unas bacterias especiales la convierten en ácido láctico y varios gases.

Una intolerancia congénita a la lactosa es algo muy poco común. Esta intolerancia afecta a entre el 1 y el 3% de todos los bebés. Normalmente, el intestino delgado del bebé comienza a producir lactasa en el útero, de modo que su organismo puede aprovechar la leche materna de manera óptima inmediatamente después del nacimiento.

Intolerancia a la lactosa congénita y temporal

La intolerancia a la lactosa congénita se debe a un defecto genético. Los médicos también la denominan alactasia. El intestino del bebé es incapaz de producir lactasa. Esta forma de intolerancia a la lactosa ni pasa ni tiene curación, sino que dura toda la vida. Incluso las cantidades más pequeñas de lactosa son suficientes para causar las molestias de una intolerancia a la lactosa.

Sin embargo, también hay bebés sanos que solo sufren temporalmente la intolerancia a la lactosa. Suele aparecer pocos días después del nacimiento y desaparece en los primeros meses de vida, a más tardar cuando el tracto intestinal madura un poco más.

Síntomas típicos de una intolerancia a la lactosa

  • Llanto inconsolable después de tomar el pecho o el biberón
  • Diarrea persistente, a veces preocupante
  • Gases
  • Sonidos fuertes en la tripa
  • Dolor de barriga, cólicos intensos
  • Estreñimiento

Si los síntomas no se detectan a tiempo y se actúa en consecuencia, existe el riesgo de desnutrición con insuficiente aumento de peso y deshidratación.

¡Atención! Los bebés que sufren de intolerancia a la lactosa congénita tampoco pueden tolerar la leche materna. Esto se manifiesta ya en los primeros días de vida a través de una diarrea intensa. Es preciso actuar con rapidez. En el peor de los casos, el azúcar de la leche que no se descompone puede ir a parar a la circulación sanguínea del bebé y provocarle una intoxicación grave.

Si los padres observan estos síntomas en su bebé deben consultar inmediatamente a un pediatra.

El diagnóstico

Incluso aunque el médico disponga de varios procedimientos de comprobación, es relativamente difícil diagnosticar la intolerancia a la lactosa en los bebés. La mayoría de los exámenes dura varias horas durante las que el paciente generalmente debe permanecer en ayunas.

Con niños pequeños es imposible de llevar a cabo. Por este motivo, el primer paso que dan los médicos es dejar de dar de dos a cuatro semanas productos que contengan lactosa. Existen alimentos especiales sin lactosa. Paralelamente al cambio de dieta, se realiza un test genético especial que ayuda a demostrar de manera bastante fiable si existe una intolerancia a la lactosa en el bebé.

Bebés y niños pequeños afectados

El médico receta, en función del diagnóstico, un alimento especial adaptado a la edad del bebé, como por ejemplo leche de continuación de Milupa, Nutribén, etc. sin lactosa. Estos productos suelen estar hechos a base de proteína de soja de alta calidad y están totalmente libres de lactosa.

Al introducir la alimentación complementaria, los padres también deben prestar especial atención a los ingredientes, sobre todo en el caso de los alimentos preparados. No sólo las papillas de leche contienen lactosa, sino también las galletas, el yogur o las papillas dulces. No obstante, normalmente los productos de cereales, verdura, carne y fruta se pueden utilizar sin problemas.

Algunas marcas venden también papillas de leche especiales sin lactosa. En caso de duda, siempre es aconsejable consultar con el médico.

¿Cómo se asegura pues el aporte de calcio?

Los bebés y los niños necesitan mucho calcio para desarrollar huesos y dientes sanos. Por lo tanto, es importante que los niños con intolerancia a la lactosa reciban suficientes productos lácteos sin lactosa. Existen preparados especiales de leche en polvo para este propósito, que contienen todos los minerales y vitaminas necesarios.

Con el inicio de la alimentación suplementaria, los niños afectados pueden consumir parte del calcio necesario a través de otros alimentos como zanahorias, verduras y frutas. También se recomienda el agua mineral sin gas con un contenido especialmente alto de calcio.

¡Atención!: la leche sin lactosa y sus derivados tienen el mismo contenido de calcio que los productos de leche «normal».

¡No confundir la intolerancia a la lactosa con la alergia a la leche de vaca!

A menudo la intolerancia a la lactosa se confunde con la alergia a la leche de vaca, o incluso se utilizan como sinónimos. ¡Eso es un error!

Mientras que en la intolerancia a la lactosa falta la enzima lactasa en la enzima de la leche y, por lo tanto, el cuerpo no puede digerir la lactosa, una alergia a la leche de vaca es la reacción a ciertas proteínas lácteas (generalmente beta-lactoglobulina y caseína) en la leche de vaca. Los bebés con alergia a la leche de vaca toleran perfectamente la leche materna.

La alergia a la leche de vaca es una de las alergias alimentarias más comunes en bebés y niños pequeños. Los síntomas típicos son problemas gastrointestinales asociados a cólicos severos y erupciones cutáneas.

Источник: https://www.bebitus.com/magazine/bebe/alimentacion/intolerancia-a-la-lactosa-en-bebes-y-ninos.html

Embarazo y niños
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