Uno de cada diez niños no es feliz en España

Infancia | Naciones Unidas

Uno de cada diez niños no es feliz en España

La Segunda Guerra Mundial dejó a la infancia en Europa en una situación muy precaria. Ante este reto, se creó una nueva agencia de las Naciones Unidas con el fin de proporcionar a estos niños comida, ropa y asistencia sanitaria.

En 1953, UNICEF se convirtió en una organización permanente dentro del sistema de la ONU y puso en marcha una exitosa campaña a nivel mundial de lucha contra la frambesia (o pian), una enfermedad que provoca desfiguraciones y que afectaba a millones de niños, pero que se puede curar con penicilina.

Declaración de los Derechos del Niño

En 1959, La Asamblea General de la ONU adoptó la Declaración de los Derechos del Niño en la que se establecen sus derechos a la protección, la educación, la atención sanitaria, la vivienda y a una nutrición adecuada.

Educación

Tras más de una década centrada en los aspectos relacionados con la salud de la infancia, UNICEF amplió sus actividades para hacer frente a todas las necesidades que tiene un niño.

De este modo, comenzó su constante preocupación por la educación, que se inició con el apoyo a la formación del profesorado y con el equipamiento de las aulas en los países que acababan de alcanzar su independencia.

En 1965 la organización recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor en pro de «la promoción de la confraternidad entre las naciones». Hoy en día, UNICEF trabaja en 190 países y territorios para ayudar a toda la infancia, centrando principalmente sus esfuerzos en llegar a los niños más vulnerables y excluidos.

La Convención sobre los Derechos del Niño

La labor de UNICEF está guiada por la histórica Convención sobre los Derechos del Niño (1989). La Convención ha sido el tratado internacional de derechos humanos que de manera más amplia y rápida se ha ratificado de toda la historia.

 La Convención cambió la forma de ver y tratar a los niños, es decir, dejaron de ser objetos pasivos que necesitaban cuidados y caridad, para verlos como seres humanos con un conjunto diferenciado de derechos.

La aceptación sin precedentes de la Convención demuestra claramente el gran compromiso a nivel mundial de hacer avanzar los derechos de la infancia.

Hay mucho que celebrar desde la aprobación de la Convención, como el descenso de la mortalidad infantil hasta el aumento de la escolarización, aunque todavía queda mucho por hacer.

Estado Mundial de la Infancia

Todo niño tiene derecho a la salud, la educación, la protección. Además, las sociedades deben participar en ampliar las oportunidades de desarrollo durante la vida de los niños. Aun así, a millones de niños en todo el mundo se les niega o limita el acceso a este tipo de oportunidades por el país, el sexo o las circunstancias en las que han nacido.

La pobreza afecta a los niños de manera desproporcionada. En todo el mundo, 1 de cada 5 menores vive en un contexto extremo de carencias, sobreviviendo con menos de US$ 1,90 al día.

Sus familias no pueden pagar la atención sanitaria que necesitan o la nutrición que precisan para su correcto desarrollo.

Privaciones que dejan una huella duradera; en 2019, casi 149 millones de niños menores de cinco años sufrieron retraso en el crecimiento.

A pesar del gran progreso en escolarización que se ha visto en muchas partes del mundo, más de 175 millones de niños no están matriculados en educación preescolar.

El perderse esta etapa educativa fundamental para su desarrollo tiene un impacto enorme, y cementa las profundas desigualdades a las que se enfrentan desde el comienzo de sus vidas.

Actualmente, según un informe de la UNESCO de 2017, 6 de cada 10 niños abandonan la escuela primaria sin alcanzar niveles mínimos de lectura y matemáticas. Un desafío que es agravado por la duración cada vez mayor de los conflictos armados.

Los niños y los conflictos armados

Hace más de veinte años que el mundo se unió para condenar y movilizarse contra el uso de niños en los conflictos armados.

Desde entonces, se ha liberado a miles de ellos gracias a los planes de acción dispuestos por el Consejo de Seguridad de la ONU y a otras acciones diseñadas a acabar y evitar el reclutamiento y utilización de niños por fuerzas y grupos armados.

Sin embargo, todavía existen importantes retos para conseguir proteger a todos los niños cuyas vidas y desarrollo se ven amenazadas por un conflicto bélico.

Cerca de 250 millones de niños viven hoy en países o zonas afectadas por conflictos armados. En Siria, diez años de guerra han acabado con la vida de más de 400.000 personas, según las estimaciones del antiguo enviado especial para Siria, Staffan de Mistura.

En total, más de 7.000 niños han muerto o han sido mutilados desde que estallara este conflicto en 2011.

En Afganistán, solo en la primera mitad de 2019, el número de víctimas infantiles representaron casi un tercio del total de víctimas civiles, con 327 fallecimientos y 880 heridos.

En Somalia, los niños siguen siendo los más perjudicados por el conflicto y la inestabilidad que vive su país desde los años 80.

Sólo en 2018, más de 5 200 niños y niñas fueron víctimas de graves violaciones de sus derechos. Y esto solo representa el número de casos denunciados.

Más de 3 millones no asistieron a la escuela en 2018, cientos de miles sufren desnutrición y muchos han sido mutilados.

Millones de niños y niñas de todo el mundo, muchos de ellos solos o separados de sus familias, son desplazados por los conflictos armados. Como resultado, estos niños se encuentran en una situación de riesgo y vulnerabilidad extrema en – o alrededor – de campamentos y otras zonas de refugiados.

Es necesario que se actúe con urgencia para aliviar la difícil situación en la que viven los menores desplazados por estos conflictos.

El Secretario General de la Naciones Unidas anima a los Estados Miembros a respetar los derechos de los niños refugiados y desplazados y a prestarles los servicios de apoyo necesarios. 

La violencia contra los niños

El derecho de los niños y niñas a la protección contra la violencia está consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño. Sin embargo, mil millones de niños sufren cada año alguna forma de violencia emocional, física o sexual. Y en lo que tardas en leer este texto, digamos cinco minutos, un niño muere cada cinco minutos como resultado de la violencia.

La crueldad contra los niños no conoce límites de cultura, clase o educación. Ocurre en las instituciones, las escuelas y el hogar. La violencia entre niños también es una preocupación, al igual que el aumento del acoso cibernético.

Los niños expuestos a la violencia viven aislados, en soledad y aterrorizados, sin saber dónde encontrar ayuda, especialmente cuando el culpable es alguien cercano.

El género, la discapacidad, la pobreza, la nacionalidad, el estatus migratorio o el origen religioso de los niños aumenta el riesgo de estar expuestos a situaciones de violencia, siendo especialmente vulnerables los más jóvenes, ya que son menos capaces de expresarse y buscar apoyo.

En 2006, un estudio de las Naciones Unidas proporcionó una serie de recomendaciones sobre cómo poner fin a la violencia contra los niños. En 2009, el Secretario General nombró un Representante Especial para asegurar el seguimiento efectivo y vigilar la implementación de estas.

Actualmente, muchos Estados ya cuentan con legislación específica para prohibir la violencia física, mental y sexual contra los niños y niñas, y para apoyar a las víctimas.

Además, alrededor del mundo se han diseñado campañas orientadas a concienciar sobre el impacto de la violencia en la infancia y se están abordando la intimidación, la violencia sexual y las prácticas nocivas contra ellos.

Todo esto apoyado por una mayor disponibilidad de datos sobre la prevalencia y la naturaleza de la violencia contra los niños.

En los últimos años se han logrado progresos importantes, pero aún queda mucho por hacer. La inclusión de una meta específica (16.2) en la Agenda 2030 ha demostrado el compromiso del mundo para poner fin a todas las formas de violencia contra los niños y niñas. Debemos seguir trabajando para asegurar que esta noble visión se convierta en una realidad para cada niño del planeta.

Los niños y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Durante 15 años los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) sirvieron de guía para atajar muchos de los problemas que afectan a las vidas de los niños, los jóvenes y sus familias.

En este período se alcanzaron grandes progresos, como la reducción en el número de muertes infantiles prevenibles, el aumento en la escolaridad, la reducción de la pobreza extrema, y el mayor acceso a agua potable y a alimentos nutritivos.

Sin embargo, este progreso ha sido irregular y muchos de los retos más apremiantes a nivel global no fueron debidamente cubiertos por los ODM. Entre esos problemas se incluyen hacer frente a las desigualdades, promover un crecimiento económico inclusivo, proteger a los niños frente a la violencia y combatir el cambio climático.

Con la llegada de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en septiembre de 2015, los líderes mundiales se comprometieron a acabar con la pobreza para 2030. Pero si no se intensifican los esfuerzos, en el año 2030:

  • casi 52 millones de niños y niñas morirán antes de cumplir los cinco años entre 2019 y 2030. 
  • los niños en África subsahariana tendrán 16 veces más posibilidades de morir antes de los cinco años que aquellos que vivan en países de ingresos altos.
  • nueve de cada diez niños en situación de pobreza extrema vivirán en África subsahariana.
  • más de 60 millones de niños en edad escolar se quedarán sin escolarizar; aproximadamente el mismo número que en la actualidad. Más de la mitad de ellos vivirán en África subsahariana.
  • se habrá obligado a contraer matrimonio a más de 150 millones de niñas antes de que cumplan 18 años.

Estas profundas desigualdades y peligros no solo violan los derechos de cada niño, poniendo en peligro su desarrollo y futuro, sino que además perpetúan ciclos intergeneracionales de desventajas y desigualdades que socavan la estabilidad de las sociedades e incluso la seguridad de las naciones. 

Los niños y el sistema de la ONU

El sistema de Naciones Unidas se pone al servicio de la infancia por medio de distintas organizaciones: desde el trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que se centra en la educación, a los esfuerzos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por abolir el trabajo infantil, pasando por el programa de niños y juventud del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Oriente Medio (UNRWA); o a las iniciativas de alimentación y salud escolar apoyadas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA), así como las campañas para la erradicación de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Recursos

Источник: https://www.un.org/es/global-issues/children

1 de cada 10 niños españoles no son felices: ¿por qué?

Uno de cada diez niños no es feliz en España

Qué difícil es ser feliz. Los adultos nos perdemos en este loco mundo de WhatsApps, laberintos familiares, complicaciones laborales, hipotecas y tarjetas de crédito, pero los niños tampoco se quedan atrás. Desde que son muy pequeños se les imponen cargas, responsabilidades y dificultades que, en muchas ocasiones, no les permiten lograr esa felicidad.

De hecho, aunque muchos dirían que todo niño —cubiertas sus necesidades y sin problemas extraordinarios— es feliz, ese no es el caso: el 9,6% de los pequeños no los son, tal y como aseguran sus padres y como recoge el II Estudio Imaginarium sobre Felicidad e Infancia. No todo son noticias negativas: el 22,8% de los críos es feliz, el 5,5% muy feliz e incluso el 17,1% se considera «el más feliz de la Tierra».

El informe, coordinado por un comité de sabios —en el que han participado psicólogos clínicos, expertos en educación, coaches—, trata de buscar esos motivos para la felicidad y para saber cómo llegar a ella.

Sin embargo, tal y como explica una de esas expertas del comité, Sonia Pérez, también tendremos que hacer que los niños sepan qué es la felicidad, hacerles conscientes de ella y que sepan expresarla.

«La mayoría de los padres creen que sus hijos no son conscientes de lo que tienen, de su felicidad, o no lo saben transmitir», afirma.

«La solución está en que se trabajen las emociones y la expresión para que el niño sepa ser agradecido y expresar lo feliz que es. Esa consciencia es algo que se trabaja desde chiquititos a través del juego, tratando de gestionar las emociones y las frustraciones, aprendiendo a saber relacionarte con los demás gracias a tus retos, tus logros y no de las pantallas.»

EL MOTIVO DE LA INFELICIDAD..

Entonces, ¿por qué son los niños infelices? Según la psicóloga clínica y especialista en infancia Ana Saro, también parte del comité de expertos del estudios, «un niño no es feliz cuando no tiene tiempo para jugar, cuando trae problemas del colegio, cuando no pasa tiempo con sus padres, cuanto tiene problemas para socializar con amigos y compañeros. Además, según van creciendo, cuando los amigos van tomando un papel preponderante y hay un problema».

Así lo afirma el estudio: la causa de la infelicidad del 28,3% de los niños es pasar poco tiempo con sus padres, el del 20,8%, no tener tiempo para jugar y el del 18,6%, los castigos.

Unas cifras que varían según el paso del tiempo; de hecho, cuanto más mayores más infelices: en la franja de 1-2 años, el 7,9% no son infelices, según sus padres; de 3-4 años, el 10,7%; de 5-8 años el 16,6%, de 9-12 años, cerca de la adolescencia, un 22,7%.

Y, cuanto más mayores, más acusan a la falta de tiempo con sus padres el hecho de no ser felices.

… Y LOS MOTIVOS DE LA FELICIDAD

Los padres y el tiempo de ocio son claves para lograr (o recuperar) la felicidad.

Leo Farache, director del proyecto educativo Gestionando Hijos y miembro del comité de expertos, así lo afirma: «Si esas son las primeras causas lo tenemos fácil: pasar el tiempo con más calidad o que juguemos más. En general, los padres son sabios: reconocen las fuentes de felicidad e infelicidad y ven cómo solucionarlo».

Si esas son las primeras causas lo tenemos fácil: pasar el tiempo con más calidad o que juguemos más».Leo Farache, director de Gestionando Hijos

El concepto de tiempo de calidad es uno de los que más se repiten en los últimos años; de hecho, en el Estudio el 98,7% de los padres cree que la felicidad de sus hijos pasa por compartir tiempo de calidad con ellos, y dos de cada tres que no pasan suficiente con ellos. Para seis de cada 10, sus hijos les echan en falta.

Pero ¿por qué de calidad? ¿No basta con pasar tiempo, a secas, con los hijos? «Es un concepto un poco tramposo», reconoce Farache. «Tiene que haber suficiente tiempo, para empezar, pero luego ese debe ser bueno, no teniendo al niño con la tablet en el restaurante. Creo que es importante concienciar de que en la oportunidad de educar tiene que haber tiempo, con conciencia».

Para los padres, la clave de la felicidad es el entorno escolar y familiar. Que su hijo se sienta querido en ambos es fundamental para el 53,4% de los padres, y el tiempo que compartan y aprovechen con ellos, para el 37%.

«En general, los padres reconocen que no tienen suficiente tiempo, algunos que sí pero que no es de calidad. Muchos ya están actuando en consecuencia: aportando calidad y reforzando el que tienen».

¿Y CÓMO SE LOGRA LA FELICIDAD DE UN NIÑO?

Según el informe, los padres tratan de compensar ese escaso tiempo con sus hijos… con más tiempo: la mayoría se decanta por pasar más horas con ellos y hacer más planes en común. Sólo el 0,46% compensa «comprándole algún capricho».

También, como no, el juego es fundamental para el niño, su desarrollo y su alegría.

La experta en juego y educación Inma Marín, presidenta de International Play Association en España (Asociación Internacional por el derecho de los niños a Jugar), cree que «el entrenamiento de la felicidad se hace jugando».

«Para los niños, jugar es su forma de expresión, es la forma de crear su felicidad y a la vez de expresarla. En él se ve el éxito y el esfuerzo, la autoestima crece de manera saludable, y también la espera, la paciencia… Para el niño jugar es vivir y a ser feliz se aprende viviendo».

Para el niño jugar es vivir y a ser feliz se aprende viviendo».Inma Marín, presidenta de la Asociación Internacional por el derecho de los niños a Jugar

Para la experta, el juguete es «el mediador entre el niño y el juego», y escoger el ideal es fácil: «El juguete es bueno cuando es disparador del juego. Cada niño según edad, etapa, personalidad…

va a escoger unos u otros para desarrollarse».

Dentro de estos, los que hacen más felices a los niños son las bicis y demás vehículos (para el 38,7%), los de construcción y lógica (28,9%) y los que «implican música, manualidades u otras formas de arte (28,1%)».

Como resume gráficamente la experta: «El juego nació unos días antes que la humanidad, porque los animales ya jugaban y siguen jugando. El juguete nació el día después: el balón, la flor del diente de león».

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Источник: https://www.huffingtonpost.es/2017/10/26/1-de-cada-10-ninos-espanoles-no-son-felices-por-que_a_23256672/

¿Cuáles son las principales causas de infelicidad entre los niños españoles?

Uno de cada diez niños no es feliz en España

No pasar junto a sus padres todo el tiempo que necesitan: esa es la principal causa de infelicidad de los niños en España.

Carecer de tiempo suficiente para jugar y ser castigados por sus malos comportamientos son las otras dos razones más frecuentes. De todos modos, solo uno de cada diez niños españoles no es feliz.

Esas son las conclusiones del II Estudio sobre felicidad e infancia, una encuesta realizada por la empresa Imaginarium.

Niños en vacaciones: por qué es positivo que se aburran un poco

El estudio, basado en las respuestas de 4.

713 madres y padres de niños de hasta doce años de edad, señala que casi la totalidad de los encuestados (casi el 99 %) cree que la felicidad de los niños pasa por compartir con ellos tiempo de calidad, pero solo el 68 % dice hacerlo.

Dos de cada cinco adultos sienten que sus hijos les echan en falta en determinados momentos del día, y cuatro de cada cinco están convencidos de que compartirían más tiempo de calidad con sus hijos si sus horarios laborales fuesen más flexibles.

Según la percepción de sus padres, la felicidad de los niños disminuye con el paso de los años: entre los niños de hasta dos años, solo el 8% son infelices, pero la cifra aumenta con la franja etaria hasta trepar al 23% en los niños de entre 9 y 12 años.

Es decir, casi un cuarto de los preadolescentes no son felices.

A medida que los menores crecen «los desafíos a los que se enfrentan también son mayores, sobre todo cuando la parte de socializar con iguales se convierte en algo fundamental en sus vidas», apunta la psicóloga clínica Ana Saro en el documento.

A todo esto, ¿qué es la felicidad? Se trata de un concepto subjetivo y muy difícil de definir. Por otra parte, a mucha gente le cuesta tener consciencia de la propia felicidad y solo la reconoce cuando la ha perdido.

En este sentido, el citado estudio destaca que, siempre según la opinión de sus padres, la mitad de los niños españoles son felices pero tienen dificultades para expresarlo.

Solo un 18% son felices y lo saben y valoran la suerte que tienen, mientras que otro 12% de los menores «solo son conscientes cuando les explican lo afortunados que son y los esfuerzos que se hacen por ellos».

La felicidad infantil y las condiciones de vida

Por su parte, ya en 2012 Unicef presentó el informe El bienestar infantil desde el punto de vista de los niños. Como lo aclara desde el título, el trabajo dejaba de lado la tendencia de analizar a los pequeños a partir de la mirada de los adultos: los consultaba a ellos. Se focalizaba en alumnos de 1º de la ESO, es decir, de 12 o 13 años.

El documento definía el bienestar subjetivo infantil como «el conjunto de percepciones, evaluaciones y aspiraciones de los niños acerca de sus propias vidas», y destacaba algunas características de los niños que se podrían considerar «más felices»: disponen de más bienes materiales y culturales, y en general viven en un solo hogar familiar, en el cual consideran que tienen su propio espacio; ambos progenitores están presentes y ambos tienen un nivel de estudios elevado.

Estos niños, además, viven con al menos dos adultos que tienen trabajo remunerado, en el último año han estado al menos una semana de vacaciones fuera de casa, y se sienten más seguros y más escuchados, tanto en el hogar como por sus profesores y por el ayuntamiento. En el extremo opuesto se encuentran los niños que se quedan «al margen». Muchas de sus condiciones de vida también respetan ciertos patrones y se constituyen de esa forma como causas de infelicidad.

Estos niños sienten que no pueden participar en las decisiones que se toman en su hogar, se sienten inseguros allí o en la escuela, en el último año han cambiado las personas con las que viven, han repetido algún curso escolar, tienen progenitores que no han completado la educación primaria, y muchos de ellos han nacido fuera de España. Es común también que en el hogar no haya ningún adulto con trabajo remunerado. Cuando estos niños necesitan medios tecnológicos como ordenadores, teléfonos móviles o internet, a menudo no acceden a ellos.

En este sentido, por cierto, un informe reciente del Comité Español de Unicef y la Universidad Autónoma de Barcelona ha alertado sobre el hecho de que, cada año, «demasiados» niños y adolescentes quedan fuera del sistema educativo español, el cual «tiene poca capacidad de incluir a los ‘diferentes’».

Lo difícil de medir la felicidad

Más allá de estas causas de infelicidad, de acuerdo con los citados informes, la gran mayoría de los niños en España son felices. Según la encuesta de Imaginarium, los niños que no son felices constituyen el 10 % del total. Si se trata de una cifra alta o baja, depende, como se suele decir, del cristal con que se mire.

El proyecto Children’s World -una «encuesta internacional sobre el bienestar infantil» organizada por la Fundación Jacobs, con sede en Suiza- recogió las respuestas 53.

000 niños, de entre 8 y 12 años, de un total de quince países. España fue uno de esos quince países, representada por 3.801 niños, todos de Cataluña.

Al igual que en el informe de Unicef, en este caso se consultó a los niños y no a los adultos.

Cuando se les preguntó por el grado de bienestar que sentían en sus vidas, el 56,8% de los niños españoles indicó la puntuación más alta (10 sobre 10), lo que dejó a nuestro país en el décimo lugar de esta clasificación y por debado de la media (61,5%).

El país donde más niños dieron la mayor puntuación a su bienestar fue Turquía (78 %), seguido por Rumanía, Colombia, Israel, Argelia, Sudáfrica, Noruega, Estonia y Nepal.

Por debajo de España quedaron Polonia, Reino Unido, Alemania, Etiopía y Corea del Sur (donde apenas el 39,5 % de los niños dio esa respuesta).

Queda claro que, si la felicidad es difícil de definir, parece aún más complicado medirla y compararla.

En la última lista del World Happines Report, el «Informe sobre la Felicidad Mundial» que se actualiza cada año a partir de datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), España ocupa el puesto 34 y -con excepción de Noruega e Israel-, está por encima de todos los países que la superan en el Children’s World.

Es cierto que en un caso se habla de felicidad de toda la población y en el otro, solo en la infancia, la diferencia entre ambas da una idea de las dificultades que plantea una medición de la felicidad y el bienestar.

Pese a esas dificultades, parece evidente la importancia de atender a las necesidades más elementales de los niños, como sus cuidados básicos, salud y educación, así como el hecho de que sus padres compartan con ellos tiempo de calidad.

Son objetivos para procurar la felicidad, ese concepto tan difícil de definir pero que se hace sentir, sobre todo cuando no está.

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Источник: https://www.eldiario.es/consumoclaro/madres_y_padres/principales-causas-infelicidad-ninos-espanoles_1_3040803.html

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